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Buenas Prácticas de Manufactura en Alimentos

buenas prácticas de manufactura

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Buenas Practicas de Manufactura

• Las Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) son un conjunto de


principios, normas y procedimientos que establecen cómo deben
producirse, manipularse, almacenarse y transportarse los alimentos
para garantizar que sean seguros y de calidad para el consumo
humano.
• Su función principal es prevenir la contaminación en cualquiera de sus
formas: física (objetos extraños), química (residuos o sustancias
tóxicas) y biológica (bacterias, virus, hongos).
• las BPM buscan estandarizar procesos, de modo que todos los
manipuladores trabajen bajo las mismas condiciones y protocolos,
reduciendo riesgos y manteniendo la uniformidad en el producto
final. Estas prácticas son la base para implementar sistemas más
avanzados como HACCP o normas internacionales de gestión de
calidad alimentaria como ISO 22000.
• Aplica a todas las organizaciones en la cadena alimentaria que buscan
asegurar la inocuidad de los alimentos, desde la producción hasta el
consumo. Esta norma ayuda a las empresas a controlar los riesgos de
seguridad alimentaria y a demostrar su capacidad para producir
alimentos seguros.
• las BPM está respaldada por leyes y regulaciones nacionales e
internacionales.
• En Colombia, por ejemplo, el Decreto 3075 de 1997 establece los
requisitos sanitarios que deben cumplir todos los establecimientos
dedicados a la fabricación, procesamiento, preparación, envase,
almacenamiento, transporte, distribución y comercialización de
alimentos.
• Cumplir con la legislación no es solo una obligación legal, sino
también una garantía de confianza para los clientes y consumidores,
evitando sanciones, cierres o pérdida de reputación.
• Las instalaciones donde se manipulan alimentos deben diseñarse con
un flujo de trabajo lineal, evitando cruces entre áreas limpias y áreas
sucias para prevenir la contaminación cruzada. Los pisos, paredes y
techos deben ser de materiales lisos, resistentes, no absorbentes y
fáciles de limpiar.
• La iluminación debe ser suficiente y preferiblemente con luz blanca,
para poder detectar fácilmente suciedad o irregularidades en los
alimentos.
• La ventilación ayuda a controlar temperatura, humedad y olores,
reduciendo la presencia de microorganismos. Las ventanas y puertas
deben contar con mallas o sistemas que impidan el ingreso de plagas.
El entorno exterior debe mantenerse limpio y libre de acumulaciones
de basura o agua estancada.
• El manipulador es un punto crítico en la seguridad alimentaria. Debe
vestir uniforme limpio y completo, incluyendo gorro o cofia que cubra
todo el cabello, bata o delantal, calzado cerrado y, en algunos casos,
tapabocas.
• El lavado de manos es obligatorio antes de iniciar labores, después de
ir al baño, tras manipular desperdicios o tocar superficies
potencialmente contaminadas.
• Está prohibido portar joyas, relojes, uñas largas o esmalte, ya que
pueden desprender partículas o acumular microorganismos. Tampoco
se debe fumar, comer o beber en áreas de producción. Es
fundamental que el personal se someta a controles médicos
periódicos para detectar enfermedades que puedan transmitirse a
través de los alimentos.
• El proceso inicia desde la recepción de insumos. Es necesario verificar
que cada materia prima cumpla con los criterios de calidad:
apariencia, color, olor, textura, temperatura y fecha de vencimiento.
Los productos que no cumplan estos requisitos deben ser rechazados
para evitar riesgos en la producción.
• El almacenamiento debe hacerse en condiciones adecuadas:
alimentos secos en lugares frescos y ventilados, productos
refrigerados entre 0 °C y 5 °C y congelados a -18 °C o menos. Para
evitar pérdidas y contaminación, se aplica la rotación de inventarios
mediante el método PEPS
• Todos los procedimientos deben estar documentados en POE
(Procedimientos Operativos Estandarizados) para garantizar que cada
trabajador realice las tareas de la misma manera. Es vital controlar
temperaturas y tiempos en cada etapa: cocción, enfriamiento,
conservación y recalentamiento.
• La prevención de la contaminación cruzada incluye separar alimentos
crudos y cocidos, usar utensilios y tablas de corte diferenciados
(marcados por colores), y evitar que jugos de alimentos crudos entren
en contacto con productos listos para el consumo.
• La limpieza elimina la suciedad visible, mientras que la desinfección
reduce la cantidad de microorganismos a niveles seguros. Todo
establecimiento debe tener un Plan Maestro de Limpieza y
Desinfección, en el que se especifique qué se limpia, cómo se limpia,
con qué productos, con qué frecuencia y quién lo hace.
• Las plagas como roedores, cucarachas, moscas o hormigas
representan una amenaza seria para la inocuidad. La prevención se
logra manteniendo las áreas limpias, evitando acumulación de
residuos y sellando accesos como grietas o huecos.
• Cuando es necesario aplicar control químico, debe realizarse con
productos autorizados y en condiciones que eviten la contaminación
de alimentos o superficies. Es fundamental llevar un registro de las
inspecciones, los métodos aplicados y los resultados obtenidos para
garantizar un control efectivo y trazable.
• La documentación es la evidencia de que se cumplen las BPM. Incluye
registros de control de temperatura, recepción de materias primas,
limpieza y desinfección, mantenimiento de equipos y control de
[Link] trazabilidad permite rastrear cada producto desde su origen
hasta el consumidor final, lo que facilita la identificación de
problemas y la ejecución de un plan de retiro en caso de detectar
lotes defectuosos o contaminados.
• Más allá de las normas escritas, la inocuidad debe ser parte de la
cultura organizacional. Esto implica capacitar continuamente al
personal, mantener comunicación clara sobre procedimientos,
colocar señalización recordatoria y reconocer las buenas prácticas de
los [Link] esta cultura reduce riesgos y aumenta la
confianza del consumidor. Los casos reales de brotes alimentarios por
incumplir BPM sirven como ejemplo de la importancia de cumplir
cada detalle.

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