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Biografía y Pensamiento de Descartes

René Descartes, nacido en 1596 en Francia, fue un filósofo que desarrolló su pensamiento a partir de la duda radical, buscando una base indudable para la filosofía. Su obra más conocida, el 'Discurso del Método', establece el cogito como principio fundamental de su filosofía, afirmando 'pienso, luego soy'. A pesar de su éxito, enfrentó críticas y persecuciones, y murió en 1650 en Suecia tras aceptar ser preceptor de la reina Cristina.
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Biografía y Pensamiento de Descartes

René Descartes, nacido en 1596 en Francia, fue un filósofo que desarrolló su pensamiento a partir de la duda radical, buscando una base indudable para la filosofía. Su obra más conocida, el 'Discurso del Método', establece el cogito como principio fundamental de su filosofía, afirmando 'pienso, luego soy'. A pesar de su éxito, enfrentó críticas y persecuciones, y murió en 1650 en Suecia tras aceptar ser preceptor de la reina Cristina.
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FACULTAD

DE UNIVERSIDAD CATÓLICA DE
TEOLOGÍA TRUJILLO
RENÉ DESCARTES (1596 - 1650)
I. BIOGRAFÍA
Nació en 1596 en Turena-Francia, hoy en día llamada Descartes en su
honor; después de que su madre abandonara la ciudad de Rennes, donde se
había declarado una epidemia de peste bubónica. Pertenecía a una familia de
baja nobleza; su padre fue Joachim Descartes, consejero en el Parlamento de
Bretaña. Su madre, Jeanne Brochard, muere cuando René tenía pocos
meses, quedó al cuidado y crianza de su abuela, su padre y su nodriza. Su
padre comenzó a llamarle su “pequeño filósofo” porque el pequeño René se
pasaba el día planteando preguntas.
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René Descartes se educó en el colegio jesuita de La Flèche (1604-1612), por entonces
uno de los más prestigiosos de Europa, donde gozó de un cierto trato de favor en atención
a su delicada salud. Los estudios que en tal centro llevó a cabo tuvieron una importancia
decisiva en su formación intelectual; conocida la turbulenta juventud de Descartes. Las
huellas de tal educación se manifiestan en toda la ideología filosófica del sabio.
El programa de estudios propio de aquel colegio era muy variado: giraba esencialmente en
torno a la tradicional enseñanza de las artes liberales, a la cual se añadían nociones de
teología y ejercicios prácticos útiles para la vida de los futuros gentilhombres. Aun cuando
el programa propiamente dicho debía de resultar más bien ligero y orientado en sentido
esencialmente práctico (no se pretendía formar sabios, sino hombres preparados para las
elevadas misiones políticas a que su rango les permitía aspirar).
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Descartes criticaría amargamente la educación recibida. Es perfectamente posible, sin embargo,
que su descontento al respecto proceda no tanto de consideraciones filosóficas como de la natural
reacción de un adolescente que durante tantos años estuvo sometido a una disciplina, y de la
sensación de inutilidad de todo lo aprendido en relación con sus posibles ocupaciones futuras
(burocracia o milicia). Tras su etapa en La Flèche, obtuvo el título de bachiller y de licenciado en
derecho por la facultad de Poitiers (1616), y a los 22 años partió hacia los Países Bajos, donde
sirvió como soldado en el ejército de Mauricio de Nassau. En 1619 se enroló en las filas del
Maximiliano I de Baviera.
Según relataría el propio Descartes en el Discurso del Método, durante el crudo invierno de ese
año se halló bloqueado en una localidad del Alto Danubio, posiblemente cerca de Ulm; allí
permaneció encerrado al lado de una estufa y lejos de cualquier relación social, sin más compañía
que la de sus pensamientos. En tal lugar, y tras una fuerte crisis de escepticismo, se le revelaron
las bases sobre las cuales edificaría su sistema filosófico: el método matemático y el principio del
cogito, ergo sum.
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Víctima de una febril excitación, durante la noche del 10 de noviembre de 1619
tuvo tres sueños, en cuyo transcurso intuyó su método y conoció su profunda
vocación de consagrar su vida a la ciencia.
Tras renunciar a la vida militar, Descartes viajó por Alemania y los Países Bajos
y regresó a Francia en 1622, para vender sus posesiones y asegurarse así una
vida independiente; pasó una temporada en Italia (1623-1625) y se afincó luego
en París, donde se relacionó con la mayoría de científicos de la época.
En 1628 decidió instalarse en Holanda, país en el que las investigaciones
científicas gozaban de gran consideración y, además, se veían favorecidas por
una relativa libertad de pensamiento.
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Los cinco primeros años los dedicó principalmente a elaborar su propio sistema
del mundo y su concepción del hombre y del cuerpo humano. En 1633 debía de
tener ya muy avanzada la redacción de un amplio texto de metafísica y física
titulado Tratado sobre la luz; sin embargo, la noticia de la condena de Galileo le
asustó, puesto que también Descartes defendía en aquella obra el heliocentrismo
de Copérnico, opinión que no creía censurable desde el punto de vista teológico.
En 1637 apareció su famoso Discurso del Método, presentado como prólogo a
tres ensayos científicos. Por la audacia y novedad de los conceptos, la genialidad
de los descubrimientos y el ímpetu de las ideas, el libro bastó para dar a su autor
una inmediata y merecida fama, pero también por ello mismo provocó un diluvio
de polémicas, que en adelante harían fatigosa y aun peligrosa su vida.
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Los fundamentos de su física mecanicista, que hacía de la extensión la
principal propiedad de los cuerpos materiales, fueron expuestos por
Descartes en las Meditaciones metafísicas (1641), donde desarrolló su
demostración de la existencia y la perfección de Dios y de la inmortalidad del
alma, ya apuntada en la cuarta parte del Discurso del método.
Conforme crecía su fama y la divulgación de su filosofía, crecieron las
críticas y las amenazas de persecución religiosa por parte de algunas
autoridades académicas y eclesiásticas, tanto en los Países Bajos como en
Francia.
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Cansado de estas luchas, en 1649 Descartes aceptó la invitación de la reina
Cristina de Suecia, que le exhortaba a trasladarse a Estocolmo como preceptor
suyo de filosofía. Previamente habían mantenido una intensa correspondencia, y,
a pesar de las satisfacciones intelectuales que le proporcionaba Cristina,
Descartes no fue feliz en "el país de los osos, donde los pensamientos de los
hombres parecen, como el agua, metamorfosearse en hielo".
Estaba acostumbrado a las comodidades y no le era fácil levantarse cada día a
las cuatro de la mañana, en plena oscuridad y con el frío invernal royéndole los
huesos, para adoctrinar a una reina que no disponía de más tiempo libre debido a
sus obligaciones. Los espartanos madrugones y el frío pudieron más que el
filósofo, que murió de una pulmonía en 1650, cinco meses después de su llegada.
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II. OBRAS PRINCIPALES
1. Reglas para la dirección de la mente (1628). En estas regulae Descartes
presenta por primera vez los principios del Método, que serán posteriormente
compendiados en el Discurso del Método.
2. Discurso del Método (1637). Se presentó originalmente como prólogo de tres
tratados: Dióptrica, Meteoros y Geometría.
3. Meditaciones metafísicas (1641). En las que se demuestra la existencia de Dios
y la inmortalidad del alma.
4. Tratado sobre las pasiones del alma (1649). Es un tratado de moral que intenta
describir el mecanismo psicofísico que explica el sentido o la orientación de las
acciones humanas.
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III. SU PENSAMIENTO
1. EL PROBLEMA CARTESIANO
LA DUDA
Descartes se encuentra en una profunda inseguridad. Nada le parece merecer confianza. Todo el
pasado filosófico se contradice; las opiniones más opuestas han sido sostenidas; de esta pluralidad
nace el escepticismo (el llamado pirronismo histórico). Los sentidos nos engañan con frecuencia;
hay, además, el sueño y la alucinación; el pensamiento no merece confianza, porque se cometen
paralogismos y se cae con frecuencia en el error. Las únicas ciencias que parecen seguras, la
matemática y la lógica, no son ciencias reales, no sirven para conocer la realidad. ¿Qué hacer en
esta situación? Descartes quiere construir, si esto es posible, una filosofía totalmente cierta, de la
que no se pueda dudar; y se encuentra sumergido hasta lo más hondo en la duda. Y esta ha de
ser, justamente, el fundamento en que se apoye; Descartes parte, al empezar a filosofar, de lo
único que tiene: de su propia duda, de su radical incertidumbre.
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Hay que poner en duda todas las cosas, siquiera una vez en la vida, dice
Descartes. No ha de admitir ni una sola verdad de la que pueda dudar. No basta con
que él no dude realmente de ella; es menester que la duda no quepa ni aun como
posibilidad. Por eso hace Descartes de la Duda el método mismo de su filosofía.
Únicamente si encuentra algún principio del cual no quepa dudar, lo aceptará para
su filosofía. Recuérdese que ha rechazado la presunta evidencia de los sentidos, la
seguridad del pensamiento y, desde luego, el saber tradicional y recibido. El primer
intento de Descartes es, pues, quedarse totalmente solo; es, en efecto, la situación
en que se encuentra el hombre al final de la Edad Media. Desde esa soledad tiene
que intentar Descartes reconstruir la certeza, una certidumbre al abrigo de la duda.
Descartes busca, en primer término, no errar. Comienza la filosofía de la precaución.
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LA TEOLOGÍA
Respecto a la teología, que tiene una superior certidumbre, Descartes comienza por afirmar
la situación de desvío que ha encontrado en su tiempo. No se ha de ocupar de ella, aunque
sea cosa sumamente respetable. Precisamente por ser demasiado respetable y elevada. Las
razones que da son sin temáticas de todo ese modo de pensar del final de la Escolástica.
«Yo reverenciaba nuestra teología, y pretendía tanto como otro cualquiera ganar el cielo;
pero habiendo aprendido, como cosa muy segura, que su camino no está menos abierto a
los más ignorantes que a los más doctos, y que las verdades reveladas que conducen a él
están por encima de nuestra inteligencia, no hubiera osado someterlas a la flaqueza de mis
razonamientos, y pensaba que para intentar examinarlas y acertar era menester tener alguna
extraordinaria asistencia del cielo y ser más que hombre» (Discurso del método, 1° parte).
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Descartes subraya el carácter práctico, religioso, de la teología; de lo que se trata es
de ganar el cielo; pero ocurre que se puede ganar sin saber nada de teología; lo cual
viene a poner de manifiesto su inutilidad. Conviene reparar en que Descartes no da
esto como un descubrimiento suyo, sino al revés: es algo que ha aprendido; por
tanto, cosa sabida ya y transmitida, y además perfectamente segura; es, pues, la
opinión del tiempo.
En segundo lugar, es asunto de revelación y que está por encima de la inteligencia
humana. La razón no puede nada con el gran tema de Dios; sería menester ser más
que hombre. Es, claramente, cuestión de jurisdicción. El hombre, con su razón, por
un lado; del otro, Dios, omnipotente, inaccesible, sobre toda razón, que alguna vez se
digna revelarse al hombre. La teología no la hace el hombre, sino Dios; el hombre no
tiene nada que hacer ahí: Dios está demasiado alto.
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2. EL HOMBRE
EL COGITO
Desde los primeros pasos, Descartes tiene que renunciar al mundo. La naturaleza, que tan
gozosamente se mostraba por los sentidos al hombre renacentista, es algo totalmente
inseguro. La alucinación, el engaño de los sentidos, nuestros errores, hacen que no sea
posible hallar la menor seguridad en el mundo. Descartes se dispone a pensar que todo es
falso; pero se encuentra con que hay una cosa que no puede serlo: su existencia.
«Mientras quería pensar así que todo era falso, era menester necesariamente que yo, que
lo pensaba, fuese algo; y observando que esta verdad: pienso, luego soy, era tan firme y
tan segura que todas las más extravagantes suposiciones de los escépticos no eran
capaces de quebrantarla, juzgué que podía admitirla sin escrúpulo como el primer principio
de la filosofía que buscaba» (Discurso del método, 4° parte).
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En efecto, si estoy en un error, soy yo el que está en ese error; si me engaño, si dudo,
soy yo el engañado o el dudoso. Para que al afirmar «yo soy» me equivocara,
necesitaría empezar por ser, es decir, no puedo equivocarme en esto. Esta primera
verdad de mi existencia, el cogito, ergo sum de las Meditaciones, es la primera verdad
indubitable, de la que no puedo dudar, aunque quiera.
No hay nada cierto, sino yo. Y yo no soy más que una cosa que piensa, mens,
cogitatio. Ego sum res cogitans, dice taxativamente Descartes. Por tanto, ni siquiera
hombre corporal, sino solo razón. Por lo visto, no es posible retener al mundo, que se
escapa; ni siquiera al cuerpo; solo es seguro y cierto el sujeto pensante. El hombre se
queda solo con sus pensamientos. La filosofía se va a fundar en mí, como conciencia,
como razón; desde entonces, y durante siglos, va a ser idealismo el gran
descubrimiento y el gran error de Descartes.
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Esta solución es congruente. Dios había quedado fuera por quedar fuera de
la razón; esto era lo decisivo. No puede extrañarse, pues, que se encuentre
en la razón el único punto firme en que apoyarse. Esto, en medio de todo, no
es nuevo; lo que ahora ocurre es que la razón es asunto humano; por eso la
filosofía no es simplemente racionalismo, sino también idealismo. Se va a
tratar de fundar en el hombre, mejor dicho, en el yo, toda metafísica; la
historia de este intento es la historia de la filosofía moderna.
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EL CRITERIO DE VERDAD
El mundo no ha resistido la duda cartesiana; al primer encuentro con ella, se
ha perdido, y solo queda firme el yo. Pero Descartes no ha hecho más que
empezar su filosofía, poniendo el pie allí donde el terreno es seguro. A
Descartes le interesa el mundo; le interesan las cosas, y esa naturaleza a que
se aplica la ciencia de su tiempo. Pero está preso en su conciencia,
encerrado en su yo pensante, sin poder dar el paso que lo lleve a las cosas.
¿Cómo salir de esta subjetividad? ¿Cómo continuar su filosofía, ahora que ha
encontrado el principio indubitable?
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Antes de buscar una segunda verdad, Descartes se detiene en la primera. Es una
verdad bien humilde; pero le servirá para ver cómo es una verdad. Es decir, antes de
emprender la busca de nuevas verdades, Descartes examina la única que posee
para ver en qué consiste su veracidad, en qué se le conoce que lo es. Busca, pues,
un criterio de certeza para reconocer las verdades que pueda encontrar (Ortega).
Y encuentra que la verdad del cogito consiste en que no puede dudar de él; y no
puede dudar porque ve que tiene que ser así, porque es evidente; y esta evidencia
consiste en la absoluta claridad y distinción que tiene esa idea. Ese es el criterio de
verdad: la evidencia. En posesión de una verdad firme y un criterio seguro, Descartes
se dispone a reconquistar el mundo. Pero para esto tiene que dar un largo rodeo. Y el
rodeo cartesiano para ir del yo al mundo pasa, cosa extraña, por Dios. ¿Cómo es
esto posible?
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3. DIOS
EL GENIO MALIGNO
Habíamos visto que Descartes abandona la teología, que Dios es incomprensible; y
ahora, de modo sorprendente, entre el hombre y el mundo se interpone la Divinidad,
y Descartes va a tener que ocuparse de ella. Es menester explicar esto. Descartes
sabe que existe, y lo sabe porque penetra, de un modo claro y distinto, su verdad. Es
una verdad que se justifica a sí misma; cuando se encuentre con algo semejante
tendrá que admitir forzosamente que es verdad. A menos que esté en una situación
de engaño, que sea víctima de una ilusión y haya alguien que le haga ver como
evidente lo más falso. Entonces la evidencia no serviría para nada, y no se podría
afirmar más verdad que la de que yo existo; y esta porque, naturalmente, si me
engañan, el engañado soy yo, o, lo que es igual, yo, el engañado, soy.
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El hombre quedaría definitivamente preso en sí mismo; sin poder saber con certeza
más que de su existencia. ¿Quién podría engañarme de tal modo? Dios, si existiera;
no lo sabemos, pero tampoco lo contrario. (Se entiende que desde el punto de vista
del conocimiento racional y filosófico, aparte de la revelación, que Descartes excluye
del ámbito de la duda.) Pero si Dios me engañara de ese modo, haciéndome creer lo
que no es, sumiéndome en el error, no por mi debilidad, ni por mi precipitación, sino
por mi propia evidencia, no sería Dios; repugna pensar tal engaño por parte de la
Divinidad. No sabemos si hay Dios; pero si lo hay, no puede engañarme; quien
podría hacerlo sería algún poderoso genio maligno. Para estar seguros de la
evidencia, para podernos fiar de la verdad que se muestra como tal, con sus
pruebas claras y distintas en la mano, tendríamos que demostrar que hay Dios. Sin
esto, no podemos dar un paso más en la filosofía, ni buscar más verdad que la de
que soy yo.
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LA DEMOSTRACIÓN DE DIOS
Descartes prueba, en efecto, la existencia de Dios. Y la demuestra de varias
maneras, con argumentos de muy distinto alcance. Por una parte, dice
Descartes, yo encuentro en mi mente la idea de Dios, es decir, de un ente
infinito, perfectísimo, omnipotente, que lo sabe todo, etc. Ahora bien, esta idea
no puede proceder de la nada, ni tampoco de mí mismo, que soy finito,
imperfecto, débil, lleno de duda e ignorancia, porque entonces el efecto sería
superior a Ia causa, y esto es imposible.
La idea de Dios, por consiguiente, tiene que haber sido puesta en mí por algún
ente superior, que alcance la perfección de esa idea; es decir, por Dios mismo;
con lo cual se prueba su existencia.
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La otra demostración es la que desde Kant se suele llamar ontológica, esto es, el
argumento de San Anselmo en el Proslogion. Sin embargo, hay hondas diferencias
entre el sentido de este argumento y la prueba cartesiana.
Descartes dice: yo tengo la idea de un ente perfectísimo, que es Dios; ahora bien, la
existencia es una perfección, y la encuentro incluida esencialmente en la idea de ese
ente; es, pues, necesario que Dios exista.
Las dos pruebas cartesianas, cuya relación es íntima, tienen un elemento común: yo
tengo la idea de un ente perfecto, luego existe. Lo distinto de ellas es la razón por la
cual la idea prueba la existencia: en la primera se afirma que solo Dios puede poner
su idea en mí; en la segunda se muestra que esa idea de Dios que yo poseo implica
su existencia. Las dos pruebas, por tanto, se requieren y apoyan recíprocamente.
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En rigor, el punto de partida de la demostración cartesiana es la realidad del yo, comparada con
la idea clara y distinta de la Divinidad. La finitud e imperfección mías se oponen a la infinitud y
perfección de Dios, cuya idea encuentro en mí. Mediante la elevación al infinito de cuanto hay
en mí de positivo y la anulación de los límites, me elevo intelectualmente hasta Dios.
Pero la clave de la prueba cartesiana es el sentido que Descartes, y con él casi todo el siglo
XVII, da a la palabra idea. La idea no es, simplemente, algo que se le ocurre al hombre;
tampoco algo que este piensa y que debe coincidir con la realidad; es la realidad misma, vista.
Esto es lo decisivo, el fundamento de su doble prueba; pero a la vez es lo más problemático de
ella, y no es de este lugar una investigación detenida del problema que envuelve.
Hemos visto la necesidad de Dios y las razones que Descartes da para probar su existencia; y
ahora puede uno preguntarse cuál es el sentido ontológico de ese extraño argumento del «genio
maligno».
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LA COMUNICACIÓN DE LAS SUSTANCIAS
Si estamos engañados por un poder perverso, si nuestra mayor evidencia es solo error, esto
quiere decir que mis ideas no tienen verdad, que son solo «ideas», sin que nada les
corresponda fuera de ellas. Estaría entonces preso en mí, sustancia pensante que no podría
alcanzar las otras cosas, concretamente la sustancia extensa que es el mundo. Este
problema de la verdad y del conocimiento, planteado en términos cartesianos, es el de la
comunicación de las sustancias, que tan dificultosa resulta partiendo del yo, cosa pensante,
absolutamente distinta y heterogénea de toda cosa extensa, aun de la realidad cercanísima
de mi cuerpo.
“Conocí de ahí que yo era una sustancia cuya esencia o naturaleza toda no es sino pensar, y
que, para ser, no tiene necesidad de ningún lugar ni depende de ninguna cosa material; de
suerte que este yo, es decir, el alma, por la cual soy lo que soy, es enteramente distinta del
cuerpo...” (Discurso del método, 4° parte).
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LA RAZÓN Y EL SER
Descartes ha cuidado tan bien de subrayar la distinción o independencia de su alma razonante,
que ahora no puede salir al mundo. Las ideas de la res cogitans pueden ser, a pesar de toda su
evidencia, puras quimeras, sin la menor relación con la res extensa, separada por un abismo
metafísico: fantasmagorías claras y distintas. Esta imposibilidad de que el yo conozca con verdad
el mundo no solo afecta a este conocimiento, sino a la índole misma de la res cogitans.
Razón no es la facultad de producir ideas sin verdad y sin realidad; si no es capaz de apoderarse
del mundo, si no hace que el yo logre envolver la extensión entera de las cosas, en este modo
extraño que se llama saber, y tener su verdad, no merece llamarse razón. Por tanto, es menester al
hombre, para ser en realidad lo que es cartesianamente —una cosa que piensa, un ente racional—
lograr un conocimiento de las cosas, trascender de sí propio, ser capaz de verdad. Y es Dios quien
da la seguridad de que eso es así; no engaña al hombre; es decir, hace que sus ideas claras y
distintas sean verdaderas; en otros términos, que cuando las ideas lo sean plenamente, sean más
que ideas, y reflejen la realidad de las cosas.
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Dios es la sustancia infinita que funda el ser de la sustancia extensa y la sustancia pensante. Las
dos son distintas y heterogéneas; pero convienen en ser, en el mismo radical sentido de ser creado.
Y en esta raíz común que encuentran en Dios las dos sustancias finitas se funda la posibilidad de su
coincidencia, y, en definitiva, de la verdad. Dios, fundamento ontológico del yo y de las cosas, es
quien hace posible que el mundo sea sabido por el hombre.
Desde ese punto de vista es como adquieren la plenitud de su sentido las pruebas de Descartes.
Las ideas que tengo de las cosas pueden muy bien ser solo un producto mío, algo dependiente de
mi naturaleza pensante, y nada más; y estas ideas pueden ser, por eso, verdaderas o falsas; nada
me asegura que exista lo que significan, que les corresponda nada fuera de mi subjetividad que las
piensa. La idea de Dios, en cambio, es de tal índole perfecta, de tal modo ajena a mi naturaleza y a
mis posibilidades, que no puede proceder de mí; me viene de fuera; por tanto, de otra cosa que no
soy yo, de algo que trasciende de ella misma. Esta idea de Dios me pone, pues, frente a una
realidad distinta de mí. Por eso ejerce una acción liberadora sobre el hombre haciéndole salir de sí
propio para encontrarse con la realidad efectiva de lo que no es él.
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EL PROBLEMA DE LA SUSTANCIA
Pero aquí surge una gravísima cuestión, que afecta en su raíz a la ontología cartesiana. El yo y
el mundo son dos sustancias creadas, finitas, y su fundamento ontológico es Dios, la sustancia
infinita; pero ahora hay que preguntar: ¿qué es res, qué es sustancia? La sustancia se define,
pues, por la independencia; ser sustancia es no necesitar de otra cosa para existir; se trata de
una determinación negativa, que no nos dice lo que es ser sustancia positivamente.
Por otra parte, Descartes advierte que en rigor el único ente independiente es Dios, puesto que
los entes creados lo necesitan, y la palabra sustancia no se aplica unívocamente a Dios y a ellos,
sino solo analógicamente. Pero aquí comienza, justamente, la dificultad. La mente y el mundo se
llaman sustancias porque solo necesitan a Dios para existir —dice Descartes—; tienen, pues,
una independencia relativa, atenuada. Pero Descartes agrega que a la sustancia sola, sin más,
no podemos conocerla, porque no nos afecta, y solo la aprehendemos por algún atributo, por
ejemplo la extensión o el pensamiento.
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4. EL MUNDO
LA RES EXTENSA
El mundo físico está determinado en Descartes por la extensión. Junto a la res infinita que es
Dios aparecen las dos sustancias finitas, la sustancia pensante —el hombre— y la sustancia
extensa —el mundo—. Son dos esferas de la realidad que no tienen contacto ni semejanza
alguna entre sí. Y esto plantea el problema de su comunicación, consecuencia del idealismo,
que es el problema del siglo XVII. El mismo hecho del conocimiento o el ser del hombre
plantea ya esta cuestión.
¿Cómo puedo yo conocer el mundo? ¿Cómo puede pasar lo extenso a mí, que soy inextenso
e inespacial? Más aún: ¿cómo puedo actuar yo sobre mi propio cuerpo para moverlo, siendo
dos realidades dispares y sin posible interacción? Tiene que ser Dios, fundamento ontológico
de las dos sustancias finitas, quien efectúe esta imposible comunicación de las sustancias.
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BIOLOGÍA
Este mecanismo es extendido por Descartes a toda la física, a sus estudios de óptica y
meteorología, y aun a la biología. Los animales son para él puras máquinas autómatas,
res extensa. Máquinas, claro es, perfectísimas, como obras de la mano de Dios, pero sin
semejanza con la sustancia espiritual y pensante que es el hombre. En este, la glándula
pineal es el punto en que el alma y el cuerpo pueden accionarse mutuamente.
El alma orienta desde allí el movimiento de los espíritus animales, y también a la inversa;
pero posteriormente reconoció la imposibilidad de explicar la evidente comunicación. En
su Tratado de las Pasiones, Descartes inicia la serie de los intentos de explicar el
mecanismo de la psique humana mediante la combinación de algunos motores psíquicos
fundamentales. Esta es, reducida a su más mínima expresión, la teoría cartesiana del
mundo.
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5. RACIONALISMO E IDEALISMO
Descartes funda su especulación en el criterio de evidencia. Esta evidencia
no se refiere a la percepción ni a los sentidos, que nos engañan con
frecuencia, sino a la claridad y distinción de las ideas; es la evidencia de la
razón. Por tanto, el método cartesiano es el racionalismo. La única instancia
con valor para el hombre es la razón, que es común a todos. El hombre es
sustancia pensante. Esta es una de las raíces de la ciencia apriorística del
siglo XVII. Y el racionalismo cartesiano es también la causa del espíritu
igualmente apriorista y antihistórico que informa todo el siglo siguiente y
culmina en forma dramática en la Revolución francesa.
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Por otra parte, el sistema de Descartes es idealista. ¿Qué quiere decir esto? El
idealismo es la tesis opuesta al realismo metafísico.
El realismo en Grecia y la Edad Media cree que las cosas tienen un ser por sí, que
yo existo simplemente entre ellas, y la verdadera realidad son las cosas, res. Ser
quiere decir ser en sí, ser independiente de mí.
El idealismo, por el contrario, piensa que no sé nada seguro más que yo mismo (el
cogito); que solo sé dan las cosas en cuanto las veo, las toco, las pienso, las quiero,
etc. (cogitatio no significa solo pensar, sino todo acto psíquico); es decir, en cuanto
están en relación conmigo y soy testigo de ellas. Las cosas aparecen como siendo
para mí; son, pues, por lo pronto, ideas mías, y la realidad que les corresponde es
esa ideal. El yo funda el ser de las cosas, corno ideas suyas; esto es el idealismo.
“Formamos líderes con Alma y Valores”

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