Mateo nos da un relato hermosamente organizado
de la vida y ministerio de nuestro Señor. El libro se
puede dividir en diez secciones, en las cuales se
alternan el hacer y el enseñar. Cada sección de
enseñanza concluye con la expresión “Cuando
terminó Jesús estas palabras” o alguna frase
similar de transición. Los capítulos se pueden
dividir de la siguiente manera:
Narración – Enseñanza - Transición
Mateo presenta a JESÚS como rey y se enfoca en el
reino. En el Antiguo Testamento la nación judía era el
reino de Dios sobre la tierra:
“Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y
gente santa” (Éxodo 19:6).
Muchas personas en los días de Jesús esperaban el
Libertador enviado por Dios que los liberaría del yugo
romano y establecería de nuevo el glorioso reino de
Israel. Mateo describió a Jesús como el Hacedor y el
Maestro.
Registró por lo menos 20 milagros específicos y seis
mensajes importantes:
- El Sermón del Monte (capítulos 5–7),
- La comisión de los apóstoles (capítulo 10),
- Las parábolas del reino (capítulo 13),
- La lección sobre el perdón (capítulo 18),
- La denuncia de los fariseos (capítulo 23)
- El discurso profético en el Monte de los Olivos
(capítulos 24; 25).
Por lo menos el 60 por ciento de este libro enfoca las
enseñanzas de Jesús.
El mensaje del reino de los cielos fue predicado primero
por Juan el Bautista (Mateo 3:1–2). El Señor Jesús
también predicó este mensaje desde el mismo comienzo
de su ministerio (Mateo 4:23). Envió a los doce
apóstoles a proclamar lo mismo (Mateo 10:1–7).
No obstante, las buenas nuevas del reino requerían
de la gente una respuesta moral y espiritual, y no
simplemente la aceptación de un gobernante.
Juan el Bautista llamó al arrepentimiento. De la misma
manera, Jesús dijo claramente que no había venido para
derrocar a Roma, sino a transformar los corazones y
vidas de los que confiaban en él. Antes de poder entrar
en la gloria del reino, Jesús sufrió la cruz.
Este bosquejo nos ayudará a ver la biografía de Jesucristo, el
Rey, según se presenta en este Evangelio.
I. La Revelación del Rey; Capítulos 1–10
A. Su persona: 1–4
B. Sus principios: 5–7
C. Su poder: 8–10
(Nota: El mensaje durante este período de su ministerio fue:
“El reino de los cielos se ha acercado” [3:2; 4:17; 10:7].)
II. La Rebelión Contra el Rey: Capítulos 11–13
A. Se rechaza a su mensajero: 11:1–19
B. Se niega sus obras: 11:20–30
C. Se rechaza sus principios: 12:1–21
D. Se ataca a su persona: 12:22–50
E. Resultado: los “misterios del reino”: 13
III. El Retiro del Rey: Capítulos 14–20
(El Señor procura dejar las multitudes para estar a solas con sus discípulos.)
A. Antes de la confesión de Pedro: 14:1–16:12
B. La confesión de Pedro: 16:13–28
(Primera mención de la cruz: 16:21)
C. Después de la confesión de Pedro: 17:1–20:34
(Segunda mención de la cruz: 17:22)
(Tercera mención de la cruz: 20:17–19)
IV. El Rechazo del Rey: Capítulos 21–27
(“… El reino de Dios será quitado de vosotros …”: 21:43)
A. Su presentación pública como Rey: 21:1–16
B. Su conflicto con los gobernantes: 21:17–23:39
C. Su mensaje profético: 24–25
D. Su sufrimiento y muerte: 26–27
V. La Resurrección del Rey: Capítulo 28
Una palabra más respecto a este Evangelio.
Mateo organizó su material según el orden de sus
temas, en lugar de hacerlo en orden cronológico.
En los capítulos 8–9 agrupó diez milagros en lugar
de ponerlos en secuencia histórica dentro de la
narración del Evangelio. Hay otros eventos que él
omite totalmente. Mateo no contradice de ninguna
manera los otros tres Evangelios, sino que
sencillamente sigue su propio modelo.
Mateo no sólo fue un constructor de puentes que
presentó un nuevo libro, el Nuevo Testamento, y un
biógrafo que presentó a un nuevo Rey, Jesucristo;
sino que al escribir su libro también logró una tercera
tarea.
El Creyente: Presenta a un nuevo pueblo
Este nuevo pueblo, por supuesto, era la iglesia.
Mateo es el único escritor de los Evangelios que usa
la palabra iglesia (16:18; 18:17). La palabra griega
que se traduce “iglesia” significa asamblea llamada.
En el Nuevo Testamento, en su mayor parte, esta
palabra se refiere a una asamblea local de creyentes.
En el Antiguo Testamento Israel era el pueblo
escogido de Dios, empezando con el llamamiento de
Abraham (Génesis 12:1ss; Deuteronomio 7:6–8). Es
más, Esteban llamó a la nación de Israel “la
congregación (asamblea) en el desierto” (Hechos
7:38), porque eran el pueblo llamado por Dios.
Pero la iglesia del Nuevo Testamento es un pueblo
diferente, porque se compone tanto de judíos como
de gentiles.
En esta iglesia no habría distinciones raciales
(Gálatas 3:28). Aun cuando Mateo escribió
principalmente para los judíos, tiene en su libro un
elemento universal que incluye a los gentiles.
Por ejemplo, líderes gentiles vinieron a adorar al
niño Jesús (Mateo 2:1–12).
Jesús realizó milagros para personas gentiles, e
incluso las elogió por su fe (8:5–13; 15:21–28).
Hay una alabanza a la reina de Seba por su
disposición a hacer un largo viaje para oír la
sabiduría divina (12:42).
En una hora de crisis en su ministerio, Jesús acudió
a una profecía respecto a los gentiles (12:14–21).
Incluso en las parábolas Jesús indicó que las
bendiciones que Israel rehusó serían dadas a los
gentiles (22:8–10; 21:40–46).
En el discurso en el Monte de los Olivos dijo que el
mensaje sería “testimonio a todas las naciones”
(24:14); y la comisión del Señor incluye a todas las
naciones (28:19–20).
En la iglesia al principio, sólo había creyentes judíos
y prosélitos (Hechos 2–7). Cuando el evangelio fue
llevado a Samaria (Hechos 8) vinieron a la iglesia
personas que eran en parte judías y en parte
gentiles. Cuando Pedro fue a la casa de Cornelio
(Hechos 10), los gentiles fueron aceptados
plenamente en la iglesia.
La conferencia en Jerusalén (Hechos 15) llegó a la
determinación de que el gentil no tenía que
convertirse en judío antes de poder convertirse en
creyente.
Pero Mateo vio todo esto con antelación.
Cuando los miembros de la iglesia primitiva, tanto
judíos como gentiles, leían su libro, recibían ayuda
para resolver sus diferencias y crear unidad.
Mateo dijo claramente que este nuevo pueblo, la
iglesia, no debería mantener exclusividad racial o
social. La fe en Jesucristo une a los creyentes en el
cuerpo de Cristo: la Iglesia.
La experiencia del mismo Mateo con el Señor se
registra en Mateo 9:9–17; y es un bello ejemplo de la
gracia de Dios. Su nombre anterior era Leví, hijo de
Alfeo (Marcos 2:14). “Mateo” significa don de Dios. Al
parecer, el nombre le fue puesto para conmemorar
su conversión y llamamiento a ser discípulo.
Recordemos que los cobradores de impuestos eran
las personas más detestadas en la sociedad judía.
Para empezar, se les consideraba traidores a su
propia nación porque se vendían a los romanos para
trabajar para el gobierno.
Cada cobrador de impuestos le compraba a Roma el
derecho de cobrar impuestos, y mientras más
cobraban, más podían guardarse.
Se les consideraba ladrones tanto como traidores y
su constante contacto con gentiles les dejaba en
situación dudosa respecto a su pureza ceremonial.
Jesús reflejó la noción popular respecto a los
publicanos al colocarlos en la misma categoría que
las prostitutas y otros pecadores (Mateo 5:46–47;
18:17), pero fue obvio que era “amigo de publicanos
y de pecadores” (11:19; 21:31–32).
Mateo abrió su corazón a Jesucristo y llegó a ser
una nueva persona. Esta decisión no fue fácil para
él. Era nativo de Capernaum y esta población
había rechazado al Señor (11:23).
Era probablemente un hombre de negocios muy
conocido en su ciudad y sus antiguos amigos con
toda probabilidad se volvieron en contra suya.
Ciertamente perdió muchos ingresos cuando lo
dejó todo para seguir a Cristo.
Mateo no sólo le abrió su corazón a Cristo, sino
también su casa. Sabía que la mayoría de sus
antiguos amigos, si no todos, vendrían a verlo
después de que empezó a seguir a Jesucristo; así
que aprovechó la situación y los invitó para que
conocieran a Jesús.
Hizo un gran banquete e invitó a todos los otros
cobradores de impuestos (algunos de los cuales tal
vez eran gentiles) y a los judíos que no estaban
guardando la Ley (pecadores).
Según la tradición, Mateo ministró en Palestina por varios años
después de la ascensión del Señor y luego hizo viajes
misioneros a los judíos que se hallaban dispersos entre los
gentiles. Se dice que hizo obra en Persia, Etiopía y Siria y
algunas tradiciones incluyen Grecia. El Nuevo Testamento
guarda silencio en cuanto a su vida, pero sí, sabemos esto:
dondequiera que las Escrituras han ido en este mundo, el
Evangelio escrito por Mateo continúa ministrando a los
corazones.
JESUS FUE PROCLAMADO REY EN EL CORAZÓN DE
MATEOS
“Por que me decís Señor, si no hacéis lo que yo os digo?”
¿ES JESÚS EL REY DE TU VIDA?