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Importancia de los Sacramentos en la Fe

Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo, que continúan su obra de salvación y comunican la vida divina a quienes los reciben con las disposiciones adecuadas. La gracia santificante, recibida principalmente a través de los sacramentos, permite al hombre alcanzar la vida eterna y se manifiesta en la justificación y en la participación de la vida divina. Los sacramentos de iniciación cristiana, como el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, son fundamentales para la vocación a la santidad y la misión de evangelizar.
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Importancia de los Sacramentos en la Fe

Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo, que continúan su obra de salvación y comunican la vida divina a quienes los reciben con las disposiciones adecuadas. La gracia santificante, recibida principalmente a través de los sacramentos, permite al hombre alcanzar la vida eterna y se manifiesta en la justificación y en la participación de la vida divina. Los sacramentos de iniciación cristiana, como el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, son fundamentales para la vocación a la santidad y la misión de evangelizar.
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Sacramentos

Toda la vida litúrgica de la Iglesia gira en torno al Sacrificio Eucarístico y los


sacramentos. (SC 6)
Sacrame
ntos
Fresco de las catacumba
de los Santos
Pedro y Marcelino:
Roma principios
del siglo IV.
La escena representa el encuentro de Jesús con la
mujer hemorroísa. Esta mujer, que sufrió durante
largos años, se curo al tocar el manto de Jesús
gracias “a la fuerza que había salido el Él” (Mc 5, 30)
Los sacramentos de la Iglesia continúan ahora la
obra de salvación que Cristo realizó durante su vida
terrena. Los sacramentos son como “fuerzas que
salen” del cuerpo de Cristo para curarnos las heridas
del pecado y darnos la vida nueva de Cristo. Esta
figura simboliza pues el poder divino y salvífico del
Hijo de Dios que salva al hombre entero, alma y
cuerpo, a través de la vida sacramental.
En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la
otra orilla y se aglomeró junto a Él mucha gente; Él
estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la
sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le
suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto
de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se
salve y viva». Y se fue con él. Le seguía un gran gentío
que le oprimía. Entonces, una mujer que padecía flujo
de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido
mucho con muchos médicos y había gastado todos sus
bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor,
habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por
detrás entre la gente y tocó su manto.
Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus
vestidos, me salvaré». Inmediatamente se le secó la
fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba
sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la
fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y
decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?» Sus
discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te
oprime y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"» Pero Él
miraba a su alrededor para descubrir a la que lo
había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había
sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se
postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo:
«Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada
de tu enfermedad».
Mientras estaba hablando llegan de la casa del
jefe de la sinagoga unos y le dice: «Tu hija ha
muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?» Jesús
que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la
sinagoga: «No temas; solamente ten fe». Y no
permitió que nadie le acompañara, a no ser
Pedro, Santiago y Juan, el hermano de
Santiago. Llegan a la casa del jefe de la
sinagoga y observa el alboroto, unos que
lloraban y otros que daban grandes alaridos.
Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis?
La niña no ha muerto; está dormida». Y se
burlaban de Él. Pero Él después de echar fuera a
todos, toma consigo al padre de la niña, a la
madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña.
Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá
kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo,
levántate». La muchacha se levantó al instante y
se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron
fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho
en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a
ella de comer.
Marcos 5, 21-43
La acción de este sacramento, Señor,
penetre en nuestro cuerpo y nuestro espíritu,
para que sea su fuerza, no nuestro sentimiento,
quien mueva nuestra vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Definición
Los sacramentos son signos eficaces de la gracia,
instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia por
los cuales nos es dispensada la vida divina. Los
ritos visibles bajo los cuales los sacramentos son
celebrados significan y realizan las gracias
propias de cada sacramento. Dan fruto en
quienes los reciben con las disposiciones
requeridas.
CEC 1131
La gracia
DON sobrenatural
Santificante
que Dios nos
concede para poder
alcanzar la vida
eterna, y esta
gracia se nos
confiere,
principalmente, por
medio de los
sacramentos.
La gracia
Santificante
Es algo que Dios nos regala, nadie ha hecho
nada con su propio esfuerzo para obtenerla. El
primer paso siempre lo da Dios. Es don
sobrenatural porque lo que se está comunicando
es la vida de Dios que va más allá de toda la
naturaleza creada.
Solamente por medio de la gracia, el hombre
puede alcanzar la vida eterna, que es el fin para
el que fue creado. Esta regalo de Dios exige la
respuesta del hombre.
La gracia
Santificante
Es un don sobrenatural infundido por Dios en nuestra
alma – merecida por la Pasión de Cristo - que
recibimos por medio del Bautismo, que nos hace,
justos, hijos de Dios y herederos del cielo. El Espíritu
Santo nos da la justicia de Dios, uniéndonos - por
medio de la fe y el Bautismo – a la Pasión y
Resurrección de Cristo. Cuando perdemos esta gracia
al pecar gravemente, la recuperamos en el sacramento
de la Reconciliación. Al recibir alguno de los otros
sacramentos se nos aumenta esta gracia.
Cf. CEC 1996 ss
La gracia
Santificante
• Borra el pecado, es decir nos hace justos. La
justificación es el paso del pecado a una vida de
gracia.
• Nos hace posible la participación de la vida divina. Al
borrarse el pecado, se nos comunica la vida de Dios,
nos da una vida nueva.
• Por medio de la gracia, nuestras buenas obras
adquieren méritos sobrenaturales. La Sagrada
Escritura hace muchas referencias sobre estos méritos
(Cfr. 1Tim. 4,7; Lc. 6, 38; 1Cor. 3, 8; Rom. 2, 6-8). Las
promesas hechas por Cristo sobre los méritos de las
buenas obras hizo que esto fuera declarado como
verdad de fe (Cfr. Dz. 834).
La gracia y los
Los sacramentos son medios de salvación,
Sacramentos
son la continuación de las obras salvíficas
que Cristo realizó durante su vida terrena,
por lo tanto, siempre comunican la gracia,
siempre y cuando el rito se realice
correctamente y el sujeto que lo va a recibir
tenga las disposiciones necesarias, sin oponer
resistencia. La recepción de la gracia
depende de la actitud que tenga el que lo
recibe.
La gracia y los
Sacramentos
Las disposiciones del que lo recibe son las
que harán que se reciba mayor o menor
gracia. La acogida que el sujeto esté
dispuesto a dar a la gracia de Cristo, juega
un papel muy importante en la eficacia y
fecundidad del sacramento. La disposición
subjetiva, es lo que se conoce como «ex
opere operantis». Esto quiere decir «por la
acción del que actúa».
La gracia y los
Sacramentos
Los sacramentos son los signos eficaces de la gracia,
porque actúan por el sólo hecho de realizarse, es decir,
«ex opere operato» = por la obra realizada, en virtud
de la Pasión de Cristo. Esto fue declarado por el
Concilio de Trento como dogma de fe. Ellos son la
presencia misteriosa de Cristo invisible, que llega de
manera visible por medio de los signos eficaces,
materia y forma. Cristo se hace presente real y
personalmente en ellos. Por ser un acto humano, al
realizarse con gestos y palabras y un acto divino –
realizado por Cristo, de manera invisible – el cristiano
se transforma y se asemeja más a Dios. CEC 1128
Sacramentos
de Iniciación
Cristiana
El Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía son los
sacramentos de la iniciación cristiana. Fundamentan la
vocación común de todos los discípulos de Cristo, que es
vocación a la santidad y a la misión de evangelizar el
mundo. Confieren las gracias necesarias para vivir según
el Espíritu en esta vida de peregrinos en marcha hacia la
patria. (CEC 1533)
El Bautismo
Confirmació
n

La recepción de este Sacramento es


necesaria para la plenitud de la
gracia bautismal .
Eucaristía
Sacramentos
Curación
Por los sacramentos de la iniciación cristiana, el
hombre recibe la vida nueva de Cristo. Ahora bien,
esta vida la llevamos en "vasos de barro" (2
Co 4,7). Actualmente está todavía "escondida con
Cristo en Dios" (Col 3,3). Nos hallamos aún en
"nuestra morada terrena" (2 Co 5,1), sometida al
sufrimiento, a la enfermedad y a la muerte. Esta
vida nueva de hijo de Dios puede ser debilitada e
incluso perdida por el pecado. (CEC 1420)
Sacramentos
Curación
El Señor Jesucristo, médico de nuestras almas y
de nuestros cuerpos, que perdonó los pecados al
paralítico y le devolvió la salud del cuerpo
(cf Mc 2,1-12), quiso que su Iglesia continuase, en
la fuerza del Espíritu Santo, su obra de curación y
de salvación, incluso en sus propios miembros.
Este es finalidad de los dos sacramentos de
curación: del sacramento de la Penitencia y de la
Unción de los enfermos. (CEC 1421)
Penitencia

"Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados,


les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les
quedan retenidos" (Jn 20, 22-23)
Nombres…
• Sacramento de la Conversión
• Sacramento de la Penitencia
• Sacramento de la Confesión
• Sacramento del Perdón
• Sacramento de la Reconciliación

CEC 1423
Tres realidades del
Sacramento de la
Pecado –Penitencia
Penitencia - Misericordia
Palabras para
comprender la
conseguir unaPenitencia
• Hata: Fallar el blanco; no • Shûb: Volver, retornar al
finalidad: lugar o la persona que uno
Muestra el pecado como se ha alejado de lo que uno
falta, ofensa a Dios y a lo se ha alejado previamente.
que Él ha establecido. • Niham: Sentir desagrado,
• Pèsa: Rebeldía e infidelidad arrepentimiento por la
contra Dios acción realizada
• Awón: Apartarse del • Metanoia: Cambio de
camino; separarse del mentalidad
camino recto preparado por • Paenitere: Hacer
Dios. penitencia
Doctrina del Nuevo
Testamento
Jesucristo:
 Anunció el perdón y llamó a la conversión (cf. Mt
4, 17)
 Hizo a los pecadores objeto de su amistad y los
trató con especial benevolencia (cf. Mt 9, 10-13)
 Perdonó a cuantos aceptaron su perdón:
Pedro (Jn 21, 15-1)
Zaqueo (Lc 19, 1-10)
Pecadora (Lc 7, 36-50)
Ladrón arrepentido (Lc 23, 43)
Doctrina del Nuevo
Testamento
Jesucristo:
Entregó su vida por los pecadores y reconcilió a
todos los hombres con Dios (cf. Rom 3; 5, 12s)
Institucionalizó el perdón instituyendo los
sacramentos de a Eucaristía, Bautismo y
Penitencia
Confirió la potestad de perdonar los pecados
mediante el sacramento de la Penitencia a Pedro
(cf. Mt 16, 17-19) y a los apóstoles (cf. Mt 18, 15-
18) y se la donó después de la resurrección (cf. Jn
20, 21-23)
"Los que se acercan al sacramento de
la penitencia obtienen de la
misericordia de Dios el perdón de los
pecados cometidos contra El y, al
mismo tiempo, se reconcilian con la
Iglesia, a la que ofendieron con sus
pecados. Ella les mueve a conversión
con su amor, su ejemplo y sus
oraciones" (LG 11). (CEC 1422)
Signos del Sacramento de
la Penitencia o Confesión
• Confesión de los pecados de parte del
penitente.
• Absolución sacramental de parte del Ministro:
Dios Padre misericordioso que reconcilió
consigo al mundo por la muerte y resurrección
de su hijo y derramó el Espíritu Santo para la
redención de los pecados te conceda por el
ministerio de la Iglesia el perdón y la paz. Yo
te absuelvo de todos tus pecados, en nombre
del padre y del hijo y del Espíritu Santo. Amén
Los efectos espirituales del
sacramento de la
— la reconciliación con Dios por la que el penitente
Penitencia
recupera la gracia;
— la reconciliación con la Iglesia;
— la remisión de la pena eterna contraída por los
pecados mortales;
— la remisión, al menos en parte, de las penas
temporales, consecuencia del pecado;
— la paz y la serenidad de la conciencia, y el consuelo
espiritual;
— el acrecentamiento de las fuerzas espirituales para el
combate cristiano.
(CEC 1496)
Pasos del Sacramento
de la Penitencia según el
Catecismo del Padre Astete
inspirados en Lucas 15

• Examen de conciencia
• Contrición de corazón
• Propósito de enmienda
• Confesión de boca
• Satisfacción de obra
1. Contrición profunda por
parte del penitente
Entre los actos del penitente ocupa el primer lugar la
contrición, «que es un dolor del alma y un detestar
el pecado cometido, con propósito de no pecar en
adelante».
En efecto, «al reino de Cristo se puede llegar
solamente por la íntima y total
transformación y renovación de todo el
hombre: de todo su sentir, juzgar y
disponer que se lleva a cabo en él a la
luz de la santidad y caridad de Dios,
santidad y caridad que, en el Hijo, se
nos han manifestado y comunicado con
plenitud».
1. Contrición profunda por parte del penitente

De esta contrición del corazón depende


la verdad de la penitencia.
Así, pues, la conversión debe penetrar
en lo más íntimo del hombre para que le
ilumine cada día más plenamente y lo
vaya conformando cada vez más a
Cristo.
2. El rito de acogida del
penitente
El primer gesto simbólico que hace el
pecador es dirigirse al ministro que
representa a Jesucristo. Con este gesto,
al que conviene dar su debido realce, el
pecador imita al hijo pródigo:
«Me levantaré e iré a mi padre»
(Lc 15,17).

La celebración prosigue con la acogida


del penitente.
2. El rito de acogida del penitente

Esta primera parte está formada por tres


elementos:

a) Un gesto amable de acogida;

b) La señal de la cruz acompañada de la


fórmula “En el nombre del Padre
y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén” y

c) Una monición invitando a la confianza


en Dios.
3. La lectura de la Palabra de
Dios
La Palabra de Dios ilumina y da el
sentido a lo que se celebra. El sacerdote
puede, por tanto si lo juzga oportuno,
recordar algún versículo de la Palabra de
Dios, de tal manera que disponga al
penitente a vivir el encuentro con el Dios
de la misericordia.
4. La confesión de los pecados
La confesión de los pecados es el primero de
los gestos sacramentales imprescindibles que
hace el pecador que celebra la Penitencia.
“La confesión tiene que ser explicada
y realizada más como expresión
personal y concreta de la conversión
(yo soy pecador en tal y tal cosa... y de esto
quiero convertirme) que como una
información dada al confesor (he hecho
tal y tal cosa)”.
4. La confesión de los pecados

La confesión de las culpas nace del verdadero


conocimiento de si mismo ante Dios y de la contrición de
los propios pecados.
Este examen interior del propio corazón y la acusación
externa deben hacerse a la luz de la misericordia divina.
La confesión, por parte del penitente, exige la voluntad
de abrir su corazón al ministro de Dios; y por parte del
ministro, un juicio espiritual mediante el cual, como
representante de Cristo y en virtud del poder dado a él,
por el mismo Cristo, pronuncia la sentencia de
absolución o retención de los pecados.
5. La exhortación del ministro
Después que el penitente ha confesado sus
culpas se entabla un pequeño diálogo entre él y el
ministro.
Esta es, sin duda, una de las partes de la
celebración que, en la práctica, más depende aún
de las costumbres preconciliares y más lejana
está casi siempre del Ritual de Pablo VI de lo que
es un Sacramento.
5. La exhortación del ministro

La primera deficiencia acostumbra a ser que tanto los


ministros como muchos penitentes olvidan que la
celebración es primordialmente un Sacramento - un rito
sacramental para simbolizar el retorno del pecador a Dios
en Cristo - y tienden a ver el conjunto de la acción sobre
todo como un espacio de tiempo en el que
primordialmente se dan o reciben consejos espirituales
para orientar mejor la vida cristiana.
Es decir, en la mentalidad de muchos, la dirección
espiritual prima aquí sobre los gestos sacramentales.
El ritual es a este propósito muy equilibrado. Habla
ciertamente de que el ministro da unos consejos
oportunos; pero no se trata de hacer una plática.
6. La satisfacción o la penitencia
La “satisfacción” o “penitencia” es funda-
mentalmente un gesto con el que el pecador
simboliza e inaugura su “conversión” o
cambio de vida.
A través de unas obras opuestas a su pecado el
penitente simboliza o manifiesta que quiere
emprender un camino nuevo y distinto del que
anduvo hasta aquí con su vida de pecado.
“Olvidando lo que queda atrás y
lanzándose a lo que está adelante”
(Flp 3, 13).
6. La satisfacción o la penitencia

Hay que procurar que la satisfacción


o la penitencia sean acciones que de
verdad “signifiquen” que el
pecador quiere cambiar de vida y
que desea seguir una conducta con-
traria a la que acaba de manifestar
en su confesión.
7. El acto de contrición
Una vez aceptado el cumplimiento de la
satisfacción el ritual indica que el penitente debe
“manifestar” su contrición. Esto se realiza
mediante una oración que el penitente recita
antes de recibir la absolución.
La recitación del acto de contrición "significa",
pues, el dolor del penitente que quiere retornar a
Dios. Por ello es un gesto muy importante que
realiza el penitente. Para la realización de este
signo de dolor y de contrición el Ritual propone
diversas fórmulas, y admite también otras.
8. La imposición de manos
Cuando el penitente ha terminado la oración
que manifiesta su arrepentimiento, el sacerdote
empieza a realizar su función propia de
instrumento o imagen de Cristo.
Para lograr el pleno significado del Sacramento
es muy importante que el sacerdote espere a
que el penitente haya terminado el acto de
contrición antes de empezar los ritos
absolutorios.
8. La imposición de manos

En el acto de contrición, en efecto, el


penitente expresa su propia actitud de
conversión; en los ritos absolutorios, en
cambio, se manifiesta la acción de
Cristo en el interior del Sacramento.
Por ello no conviene de ningún
modo que la parte sacramental
significativa de la acción de Cristo
quede como recubierta por el acto de
contrición.
8. La imposición de manos

El sacerdote empieza extendiendo las


manos sobre el penitente, o por lo menos la
mano derecha.
La imposición de manos es un impor-
tante y tradicional gesto bíblico que
significa la transmisión de la vida y
santidad divinas.
La tradición de la Iglesia ha conservado este
gesto principalmente como signo de la
comunicación del Espíritu Santo.
9. Las palabras de la absolución
La fórmula completa de la absolución es la siguiente:
Sacerdote:
«Dios Padre misericordioso, que por la
muerte y resurrección de su Hijo, reconcilió
consigo al mundo y derramó el Espíritu
Santo para el perdón de los pecados, te
conceda el perdón y la paz, por el ministerio
de la Iglesia.
Y yo te absuelvo de tus pecados, en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo».
Penitente:
9. Las palabras de absolución

Con las manos impuestas sobre la cabeza del


penitente, o por lo menos con la mano derecha
extendida, el sacerdote recita una expresiva
fórmula que es como la culminación de todo el
proceso sacramental, y que por ello el pecador
debe escuchar con la máxima "devoción"
posible.
Esta fórmula sacramental, es un texto que
expresa muy bien el misterio de la
reconciliación cristiana que se opera a través
del Sacramento.
10. Ritos conclusivos
Con los ritos significantes de la acción de
Cristo en el Sacramento (imposición de manos
y palabras de la absolución) la Penitencia
Sacramental llega a su culminación.
Pero, como es habitual en las celebraciones
litúrgicas, a esta parte principal siguen unas
breves plegarias de conclusión.
Este rito debe ayudar a vivir la Penitencia
sobre todo corno don de Dios.
10. Ritos conclusivos

Es importante despedir al penitente en un ambiente de


alegría. Las parábolas de la misericordia en el Evangelio
expresan la alegría del Señor frente a la conversión de
los pecadores:
«Les aseguro que del mismo modo se
llenarán de alegría los ángeles de Dios por
un pecador que se convierta» (Lc 15, 10);
«Pero tenemos que alegrarnos y hacer
fiesta porque este hermano tuyo estaba
muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido
y ha sido encontrado» (Lc 15, 32).
Unción de los
Enfermos
"¿Está enfermo alguno
entre vosotros? Llame a
los presbíteros de la
Iglesia, que oren sobre él
y le unjan con óleo en el
nombre del Señor. Y la
oración de la fe salvará al
enfermo, y el Señor hará
que se levante, y si
hubiera cometidos
pecados, le serán perdo-
nados" (St 5,14-15).
"Con la sagrada unción de los
enfermos y con la oración de los
presbíteros, toda la Iglesia entera
encomienda a los enfermos al Señor
sufriente y glorificado para que los
alivie y los salve. Incluso los anima a
unirse libremente a la pasión y muerte
de Cristo; y contribuir, así, al bien del
Pueblo de Dios" (LG 11). (CEC 1499)
Signos del Sacramento de
la Unción de los Enfermos
• La Unción con el oleo de los enfermos:
• Unción en la frente y en la mano de los
enfermos acompañado de una fórmula:
Por esta Santa unción y por su
bondadosa misericordia te alivie el
Señor con la gracia del Espíritu Santo.
(Unción en la frente)
Para que libre de tus pecados te
conceda la salvación y te conforte en la
enfermedad. (Unción en la palma de las
dos manos)
Efectos del Sacramento
de la Unción de los
Enfermos
— la unión del enfermo a la Pasión de Cristo, para su
bien y el de toda la Iglesia;
— el consuelo, la paz y el ánimo para soportar
cristianamente los sufrimientos de la enfermedad o de
la vejez;
— el perdón de los pecados si el enfermo no ha podido
obtenerlo por el sacramento de la penitencia;
— el restablecimiento de la salud corporal, si conviene a
la salud espiritual;
— la preparación para el paso a la vida eterna.
CEC 1532
Quiénes lo
administran…
• Obispos
• Presbíteros
Sacramentos
Toda la vida litúrgica de la Iglesia gira en torno al Sacrificio Eucarístico y los
sacramentos. (SC 6)
Sacramentos al
Servicio de la
Comunidad
Otros dos sacramentos, el Orden y el
Matrimonio, están ordenados a la
salvación de los demás. Contribuyen
ciertamente a la propia salvación, pero
esto lo hacen mediante el servicio que
prestan a los demás. Confieren una misión
particular en la Iglesia y sirven a la
edificación del Pueblo de Dios. (CEC 1534)
Orden
Sacerdotal
El Orden es el sacramento gracias al
cual la misión confiada por Cristo a sus
Apóstoles sigue siendo ejercida en la
Iglesia hasta el fin de los tiempos: es,
pues, el sacramento del ministerio
apostólico. Comprende tres grados: el
episcopado, el presbiterado y el
diaconado. (CEC 1536)
SENTIDO E INSTITUCIÓN DEL ORDEN
Es el que hace posible que la misión, que Cristo le dio
a sus Apóstoles, siga siendo ejercida en la Iglesia
hasta el fin de los tiempos. Es el Sacramento del
ministerio apostólico.

NATURALEZA
“Este es el sacramento por el cual unos hombres
quedan constituidos ministros sagrados, al ser
marcados con un carácter indeleble, y así son
consagrados y destinados a apacentar el pueblo de
Dios según el grado de cada uno, desempeñando, en
la persona de Cristo Cabeza, las funciones de
enseñar, gobernar y santificar” (CEC 1008).
Los ministros ordenados
ejercen su servicio en el pueblo
de Dios mediante la enseñanza
(munus docendi), el culto divino
(munus liturgicum) y por el
gobierno pastoral (munus
regendi). (Cf. CEC 1592)
LOS GRADOS DEL ORDEN

Existen tres grados en el


Sacramento del Orden:

1. Episcopado
2. Presbiterado
3. Diaconado
1. El Episcopado, entre los diversos ministerios,
ocupa un lugar preponderante, pues por medio
de una sucesión apostólica, que existe desde el
principio, son los que transmiten la semilla
apostólica.
Los primeros apóstoles, después de recibir al
Espíritu Santo en Pentecostés, comunicaron el
don espiritual que habían recibido a sus
colaboradores, mediante la “imposición de
manos”.
El Concilio Vaticano II, “enseña que por la
consacración episcopal se recibe la
‘plenitud’ del Sacramento del Orden”.
Se puede decir que es la “cumbre del
ministerio sagrado”. (Cfr. LG 20; CEC 1555).
Episcopado

Su poder para consagrar no excede a la de los


presbíteros, pero sí tienen otros poderes que los
sacerdotes no tienen, como son:

• Elpoder de administrar el sacramento del


Orden y de la Confirmación.

• Son los que normalmente bendicen los óleos


que se utilizan en los diferentes sacramentos.

• También poseen el poder de predicar en


cualquier lugar.
Episcopado

• Normalmente, el Obispo tiene el gobierno de una


diócesis o Iglesia local que le ha sido confiada,
siempre bajo la autoridad del Papa, pero al mismo
tiempo, “tiene colegialmente con todos
sus hermanos en el episcopado la
solicitud de todas las Iglesias” (Cfr. CEC
1566).

• Es quien dicta las normas en su diócesis sobre los


seminarios, la predicación, la liturgia, la pastoral,
etc.

• Además, son los Obispos los encargados de


otorgar a los presbíteros el poder de predicar la
palabra de Dios y de regir sobre los fieles.
Episcopado

Existen Obispos con territorio, que son los que


están al frente de una diócesis y Obispos sin
territorio, que son, generalmente, todos aquellos
que colaboran en el Vaticano, en una misión específica.
Algunos Obispos son nombrados Cardenales, en
virtud de su entrega y su labor especial a la Iglesia. El
Papa es quien los nombra y no se necesita de una
celebración especial. En cuanto al poder del
Sacramento, es igual que la de los Obispos, ambos
tiene la plenitud del ministerio, por ser Obispo.
Los Arzobispos son aquellos Obispos encargados
de una arquidiócesis, es decir, que dado lo extenso del
territorio se ve la necesidad de dividir una diócesis, en
varias Diócesis.
2. El Presbiterado. A pesar de no poseer la
plenitud del Orden y dependan de los Obispos,
los presbíteros o sacerdotes, están unidos a
ellos en el honor del sacerdocio y, en virtud del
Sacramento del Orden, quedan consagrados
como verdaderos sacerdotes de la Nueva
Alianza, a imagen de Cristo, sumo y eterno
Sacerdote. (Cfr. Hb.5, 1-10; 7,24; 11, 28).
Además, por el Sacramento del Orden, los
presbíteros participan en la universalidad de la
misión confiada por Cristo a los Apóstoles.
Presbiterado

Tienen los poderes de:


a) Consagrar el pan y el vino.
b) Perdonar los pecados.
c) Ayudar a los fieles, transmitiendo la doctrina de
la Iglesia y con obras.
d) Pueden administrar cualquier sacramento en el
cual el ministro no sea un Obispo.
e) Los sacerdotes son los que ayudan a los
Obispos en diferentes funciones. Por ello,
cuando un sacerdote llega a una Diócesis tiene
que presentarse ante el Obispo, y éste será
quien le otorgue los permisos necesarios.
3. El Diaconado. Son aquellos a quienes se les
imponen las manos “para realizar un
servicio, y no para ejercer el
sacerdocio”.

A ellos les corresponde:

a) Asistir al Obispo y a los presbíteros en diferen-


tes celebraciones.
b) En la distribución de la Eucaristía, llevando la
comunión a los enfermos.
c) Asistir a la celebración del matrimonio y bende-
cirlo, cuando no haya sacerdote.
Diaconado

d) Proclamar el Evangelio
e) Predicar
f) Administrar el Bautismo
g) Dar la bendición con el Santísimo
h) Bendición e imposición de las cenizas
Diaconado Permanente
El diaconado, generalmente, se recibe un tiempo
antes de ser ordenado presbítero, pero a partir del
Concilio Vaticano II, se ha restablecido el diaconado
permanente como un grado particular dentro de la
jerarquía de la Iglesia.

Este diaconado, que puede ser conferido a hombres


casados o solteros, ha contribuido al enriquecimiento
de la misión de la Iglesia. (Cfr. LG. 29).
Signo Principal
• Imposición de las manos
• Plegaria de Ordenación

El rito esencial del sacramento del Orden


está constituido, para los tres grados, por la
imposición de manos del obispo sobre la
cabeza del ordenando, así como por una
oración consecratoria específica que pide a
Dios la efusión del Espíritu Santo y de sus
dones apropiados al ministerio para el cual
el candidato es ordenado (cf Pío XII, Const.
ap. Sacramentum Ordinis, DS 3858). (CEC
1573)
Matrimonio

"Maridos, amad a
vuestras mujeres como
Cristo amó a la
Iglesia[...]
Gran misterio es éste,
lo digo con respecto a
Cristo y la Iglesia"
(Ef 5,25.32)
SAN PABLO Y EL MATRIMONIO
"La alianza matrimonial, por la que el
varón y la mujer constituyen entre sí un
consorcio de toda la vida, ordenado por su
misma índole natural al bien de los
cónyuges y a la generación y educación de
la prole, fue elevada por Cristo Nuestro
Señor a la dignidad de sacramento entre
bautizados“ (CEC 1601)
Matrimonio: comunión de personas
La primera característica del matrimonio es la unidad.
Por el pacto de amor conyugal, por el que hombre y mujer
"no son ya dos, sino una sola carne" están
llamados a crecer en la fidelidad a través de la recíproca
donación total.
La segunda característica es la indisolubilidad, que
nace de la donación total, exigida por el bien de ellos
mismos y de sus hijos. Por su propia naturaleza no se
puede romper el vínculo que es perpetuo y exclusivo hasta
la disolución natural, que viene con la muerte de cualquiera
de los dos. La comunión conyugal nace de la
complementación natural que existe entre el hombre y la
mujer y se alimenta de la voluntad de los esposos de
compartir todo lo que tienen y lo que son.
Bienes del Matrimonio
• Amor
• Procreación
• Educación Cristiana de los Hijos
Matrimonio: Comunión de personas

Cristo renueva el designio divino y ofrece un


"corazón nuevo" a los esposos para que puedan
compartir el amor pleno, siendo fieles entre sí en
generosa obediencia a Dios "lo que Dios ha
unido, no lo separe el hombre".
Uno de los deberes más preciosos y urgentes de
las parejas cristianas de nuestro tiempo es dar
testimonio de la indisolubilidad y fidelidad
matrimonial.
Matrimonio y Eucaristía
El deber de santificación de los cónyuges
cristianos tiene su raíz en el Bautismo y su
máxima expresión en la Eucaristía.
La Eucaristía es fuente del matrimonio, signo y
realización de la Alianza de Cristo con su Iglesia.
Matrimonio y Eucaristía

La unidad de los esposos es fruto de la unión con


Cristo a través de la Eucaristía y no puede haber
verdadero matrimonio cristiano sin Eucaristía. La
Eucaristía es el sustento y renovación permanente
de la alianza matrimonial y elemento central y
principal de la vida conyugal, familiar y eclesial.
La vida cristiana vivida eucarísticamente en el
matrimonio y la familia, se convierte en el lugar
donde Cristo es conocido, amado e imitado.
Trabajo Pastoral en torno al
Sacramento del Matrimonio
Hay un largo e indispensable camino a recorrer antes de
llegar a la celebración ritual del matrimonio.
Recordemos que el matrimonio entre cristianos es un
"sacramento de fe", y que por lo tanto exige antes
de su celebración, la conversión a Jesucristo (cf SC 9,
59).
"Solamente en un clima de fe se puede entender que los
esposos cristianos son llamados a ser signos del misterio
de unidad y amor fecundo entre Cristo y la Iglesia y a
participar del mismo. Y solamente con una viva
conciencia de Iglesia los contrayentes irán ante la
asamblea a hacer pública manifestación de su amor para
vivirlo en el Señor" (Episcopado Español).
Trabajo Pastoral en torno a este Sacramento

La preparación tiende a conducir a los novios a la


madurez del amor y de la fe.

Lo primero que hay que hacer es acoger con


bondad a los que piden el matrimonio.

Nunca se debe coaccionar la libertad. Hay que


respetar el derecho a casarse libremente.
CELEBRACIÓN DEL
SACRAMENTO DEL MATRIMONIO

El matrimonio en la fe y ante la Iglesia es


acontecimiento personal y eclesial que se
hace fiesta y oración en el rito litúrgico. Pero
para que esto sea así se necesita también
una adecuada catequesis sobre el sentido de
los símbolos y preparar la liturgia de la
celebración.
Celebración del Sacramento del Matrimonio

 La unión de las manos, es un gesto venerable y


antiguo, que significa la posesión mutua de los
esposos, su deseo de querer vivir juntos, la unión de
sus vidas en un mismo destino.
El gesto de darse las manos se ha revalorizado al
hacerlo simultáneamente con las palabras del
consentimiento, que así resulta más expresivo.
Sería más significativo si al tomarse de las manos se
miran a los ojos mientras se dan el mutuo
consentimiento.
El ritual recomienda que los esposos se sitúen,
durante la celebración, de tal modo que no den la
espalda a la asamblea.
Celebración del Sacramento del Matrimonio

5. El consentimiento, es el momento central de la


celebración, en que los novios manifiestan su
compromiso mutuo de amor y fidelidad permanentes.
Toda la celebración debe crear el clima litúrgico
conveniente para realizar la parte central del rito
matrimonial: la manifestación del consentimiento.
Para la manifestación del consentimiento hay cinco
fórmulas distintas aunque con el mismo contenido; los
esposos deben conocerlas y escoger la que les parezca
mejor. El consentimiento se debe pronunciar en voz alta
de manera que pueda ser escuchado por la asamblea
(se debe preparar un micrófono para este fin).
Consentimiento
Matrimonial
Los protagonistas de la alianza matrimonial son
un hombre y una mujer bautizados, libres para
contraer el matrimonio y que expresan
libremente su consentimiento. "Ser libre" quiere
decir:
— no obrar por coacción;
— no estar impedido por una ley natural o
eclesiástica.
(CEC 1625)
La Iglesia considera el intercambio de los
consentimientos entre los esposos como el
elemento indispensable "que hace el
matrimonio". Si el consentimiento falta,
no hay matrimonio. (CEC 1626)
El consentimiento consiste en "un acto humano,
por el cual los esposos se dan y se reciben
mutuamente" ,"Yo te recibo como
esposa" — "Yo te recibo como
esposo" (Ritual de la celebración del
Matrimonio, 62). Este consentimiento que une
a los esposos entre sí, encuentra su plenitud en
el hecho de que los dos "vienen a ser una sola
carne" (cf Gn 2,24; Mc 10,8; Ef 5,31). (CEC 1627)
Celebración del Sacramento del Matrimonio

 La confirmación del consentimiento, la


pronuncia el sacerdote como testigo de la
Iglesia, pidiendo a Dios que confirme la
decisión de los esposos.
Celebración del Sacramento del Matrimonio

 Los anillos, que se imponen los mismos


esposos, ha sido una costumbre universal­
mente extendida. En un principio hacía parte de
los esponsales; después quedó incorporada al
ritual del matrimonio, como "señal de fidelidad y
amor" recíprocos y signo externo de la alianza
matrimonial. El sacerdote invoca la bendición de
Dios, para que la alianza, se mantenga con
fidelidad perenne.
Otras
celebraciones
sacramentales
litúrgicas
Exequias
cristianas
Todos los sacramentos, principalmente los de la
iniciación cristiana, tienen como fin último la
Pascua definitiva del cristiano, es decir, la que a
través de la muerte hace entrar al creyente en la
vida del Reino. Entonces se cumple en él lo que
la fe y la esperanza han confesado: "Espero la
resurrección de los muertos y la vida del mundo
futuro" (Símbolo de Niceno-Constantinopolitano).
(CEC 1680)

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