La
ye n d a
Le
¿Qué es la leyenda?
• Es una forma narrativa que surge de la
tradición oral y por lo tanto se alimenta de la
cultura mágica que los habitantes de ciertos
lugares ya sean urbanos o rurales.
• Se caracteriza por tener un origen incierto, a
veces surgen de mitos regionales y se va
distorsionando en cada narración.
• La temática es variada, se pueden encontrar
leyendas amorosas, históricas, bélicas,
mágicas, entre otras.
¿Cuáles son las características de la
leyenda?
• Religiosidad: Habla de favores recibidos
hechos por divinidades.
• Fantasía: menciona hechos donde abunda la
magia y la superstición.
• Mítica: Explica el origen del hombre y del
mundo.
• Didáctica: Presentan una enseñanza moral del
bien o el mal para valorar el relato.
• Reflexiva: Invita a meditar sobre el relato.
• Personajes: Pueden ser conocidos por
personas, por el narrador; populares o
antiguos o míticos etc.
• Temas: Maravillosos, míticos, religiosos,
bélicos, cotidianos etc.
t ru e n o
s a d e l
La ca
Leyenda (totonaca-México)
Cuentan los viejos que entre Totomoxtle y Coatzintlali existía una
caverna en cuyo interior los antiguos sacerdotes habían levantado
un templo dedicado al Dios del Trueno, de la lluvia y de las aguas de
los ríos.
Eran tiempos lejanos en los que aún no llegaban los hispanos ni las
portentosas razas, conocidas hoy como Totonacas, que poblaron el
lugar que después llamaron Totonacan.
Y siete sacerdotes se reunían cada tiempo en que era menester
cultivar la tierra y sembrar las semillas y cosechar los frutos, siete
veces invocaban a las deidades de esos tiempos y gritaban
entonaban cánticos a los cuatro vientos o sea hacia los cuatro
puntos cardinales, porque según las cuentas esotéricas de esos
sacerdotes, cuatro por siete eran 28 y veintiocho días componen el
ciclo lunar.
Esos viejos sacerdotes hacían sonar el gran tambor del trueno y
arrastraban cueros secos de los animales por todo el ámbito de
la caverna y lanzaban flechas encendidas al cielo. Y poco
después atronaban el espacio furiosos truenos y los relámpagos
cegaban a los animales de la selva y a las especies acuáticas que
moraban en los ríos.
Llovía a torrentes y la tempestad rugía sobre la cueva durante
muchos días y muchas noches y había veces en que los ríos
Huitizilac y el de las mariposas, Papaloapan, se desbordaban
cubriendo de agua y limo las riberas y causando inmensos
desastres. Y cuanto más arrastraban los cueros mayor era el
ruido que producían los torrentes y cuanto más se golpeaba el
gran tambor ceremonial, mayor era el ruido de los truenos
cuanto más relámpagos significaba mayor número de flechas
incendiarias.
Pasaron los siglos...
Y un día arribaron al lugar grupos de gentes ataviadas de un modo
singular, trayendo consigo otras costumbres, y otras leyes y otras
religiones.
Se decían venidos de otras tierras allende el gran mar de
turquesas (Golfo de México) y tanto hombres, como mujeres y
niños, tenían la característica de estar siempre sonriendo como si
fueran los seres más
felices de la tierra y tal vez esa alegría se debía a que después de
haber sufrido mil penurias en las aguas borrascosas de un mar en
convulsión habían
por fin llegado a las costas tropicales, donde había de todo, así
frutos como animales de caza, agua y clima hermoso.
Se asentaron en ese lugar al que dieron por nombre, en su
lengua Totonacan y ellos mismos se dijeron totonacas.
Pero los sacerdotes, los siete sacerdotes de la caverna del
trueno no estuvieron conformes con aquella invasión de los
extranjeros que traían consigo una gran cultura y se fueron a la
cueva a producir truenos,
relámpagos, rayos y lluvias y torrenciales aguaceros con el fin
de amedrentarlos.
Llovió mucho y durante varios días y sus noches, hasta que
alguien se dio cuenta de que esas tempestades las provocaban
los siete hechiceros, los siete sacerdotes de la caverna de los
truenos.
No siendo amigos de la violencia, los totonacas los embarcaron en
un pequeño bajel y dotándoles de provisiones y agua los lanzaron
al mar de las turquesas en donde se perdieron para siempre.
Pero ahora era preciso dominar a esos dioses del trueno y de las
lluvias para evitar el desastre del pueblo totonaca recién asentado
y para el efecto se reunieron los sabios y los sacerdotes y gentes
principales y decidieron que nada podría hacerse contra esas
fuerzas que hoy llamamos sencillamente naturales y que sería
mejor rendirles culto y pleitesía,
adorar a esos dioses y rogarles fueran magnánimos con ese pueblo
que acababa de escapar de un monstruoso desastre.
Y en ese mismo lugar en donde había el templo y la caverna y se
ejercía el culto al Dios del trueno, los totonacas u hombres
sonrientes levantaron el asombroso templo del Tajín, que en su
propia lengua quiere decir lugar de las tempestades. Y no sólo se
rindió culto al Dios del Trueno sino que se le imploró durante
365 días, como número de nichos tiene este
monumento invocando el buen tiempo en cierta época del año y
la lluvia, cuando es menester fertilizar las sementeras.
Hoy se levanta este maravilloso templo conocido en todo el
mundo como pirámide o templo de El Tajín en donde
curiosamente parecen generarse las tempestades y los truenos y
las lluvias torrenciales.
Así nació la pirámide de El Tajín, levantada con veneración y
respeto al Dios del Trueno, adorado por aquellas gentes que
vivieron mucho antes de la llegada de los extranjeros, cuando el
mundo parecía comenzar a existir.
a d e la
ley e n d
La illa
va in
Leyenda (totonaca-México)
La leyenda de la vainilla
(Papantla, Veracruz)
Los totonacas emigraron de Teotihuacán y se asentaron en las costas de
Veracruz. Allí construyeron el reino de Totonacapan.
Los jefes de aquel señorío levantaron adoratorios a sus
deidades, entre las que sobresalía Tonacayohua, que
cuidaba la siembra, el pan, y los alimentos. En la cumbre
de una de las más altas sierras cercanas a Papantla, tenía
su templo Tonacayohua de cuyo aderezo y ritos estaban
encargadas seis jóvenes pobres que desde niñas eran
dedicadas especialmente a ella y que hacían voto de
castidad de por vida. En tiempos del rey Tenitztli, nació de
una de sus esposas, una niña bellísima a la que llamaron
Tzacopontziza que significa Lucero del Alba. Su padre la
consagró al culto de la diosa para que ningún mortal se le
acercara.
Un joven príncipe llamado Zkatan-Oxga, el Joven Venado, se
prendó de ella. Sabía que poner sus ojos en la doncella era
sacrilegio penado con el degüello. Un día que Lucero del Alba
salió del templo para recoger tortolitas y ofrendarlas a la
diosa, su enamorado la raptó y huyó con ella a lo más abrupto
de la montaña. De pronto se les apareció un espantable
monstruo que los envolvió con oleadas de fuego y los obligó a
retroceder. Al llegar al camino, ya los sacerdotes los esperaban
airados y, príncipe y princesa fueron degollados de un sólo
tajo.
Sus cuerpos, aún calientes fueron llevados hasta el adoratorio.
Allí, tras extraerles los corazones, fueron arrojados en el altar
de la diosa. En el lugar que se les sacrificó, la hierba menuda
empezó a secarse, como si la sangre de las dos víctimas allí
regada tuviera un maléfico influjo. Pocos meses después
principió a brotar un arbusto, pero tan prodigiosamente, que
en unos cuantos días se elevó varios palmos del suelo y se
cubrió de espeso follaje. Cuando alcanzó su crecimiento total,
comenzó a nacer junto a su tallo una orquídea trepadora. Una
mañana se cubrió de mínimas flores y todo aquel sitio se
inundó de aromas.
Atraídos por tanto prodigio, los sacerdotes y el pueblo no
dudaron ya de que la sangre de los dos príncipes se había
transformado en un arbusto y orquídea. Y su pasmo subió de
punto cuando las florecillas se convirtieron en largas y
delgadas vainas, que al entrar en sazón, al madurarse,
despedían un perfume todavía más penetrante, como si el
alma inocente de Lucero del Alba se hubiera convertido en la
fragancia más exquisita.
La orquídea fue objeto de
reverencioso culto; se le
declaró planta sagrada y se
elevó como ofrenda divina
hasta los adoratorios
totonacas. Así, de la sangre
de una princesa, nació la
vainilla que en totonaco es
llamada Caxixanat ( flor
recóndita ) y en azteca
Tlixóchitl ( flor negra ).
d a d e l
le ye n
L a u n a
l y la L
So
Leyenda (México)
Cuando Sol y la Luna se encontraron por primera vez, se
apasionaron perdidamente y a partir de ahí comenzaron a
vivir un gran amor.
Sucede que el mundo aun no existía y el día que Dios decidió
crearlo, les dio el toque final… ¡El brillo!
Quedo decidido también que el Sol iluminaría el día y que la
Luna iluminaría la noche, siendo así, estarían obligados a vivir
separados. Les invadió una gran tristeza y cuando se dieron
cuenta de que nunca más se encontrarían. La Luna fue
quedándose cada vez más angustiada. A pesar del brillo dado
por Dios, fue tornándose Solitaria.
El Sol a su vez, había ganado un título de nobleza “Astro Rey”,
pero eso tampoco lo hizo feliz.
Dios viendo esto, les llamó y les explicó:
-No debéis estar tristes, ambos ahora poseéis un brillo propio.
Tú Luna, iluminarás las noches frías y calientes, encantarás a
los enamorados y serás frecuentemente protagonista de
hermosas poesías. En cuanto a ti, Sol, sustentarás ese título
porque serás el mas importante de los astros, iluminarás la
tierra durante el día , proporcionarás calor al ser humano y tu
simple presencia hará a las personas más felices.
La Luna se entristeció mucho más con su terrible destino y lloró
amargamente… y el Sol, al verla sufrir tanto, decidió que no
podría dejar abatirse más, ya que tendría que darle fuerzas y
ayudarle a aceptar lo que Dios había decidido.
Aún así, su preocupación era tan grande que resolvió hacer un
pedido especial a Él:
-Señor, ayuda a la Luna por favor, es más frágil que yo, no
soportará la soledad.
Y Dios en su inmensa bondad… creo entonces las estrellas para
hacer compañía a la Luna.
La Luna siempre que esta muy triste recurre a las estrellas, que
hacen de todo para consolarla, pero casi nunca lo consiguen.
Hoy, ambos viven así… separados, el Sol finge que es feliz, y la
Luna no consigue disimular su tristeza.
El Sol arde de pasión por la Luna y ella vive en las tinieblas de su
añoranza.
Dicen que la orden de Dios era que la Luna debería ser siempre
llena y luminosa, pero no lo consiguió… porque es mujer, y
una mujer tiene fases.
Cuando es feliz consigue ser Llena, pero cuando es infeliz es
menguante y cuando es menguante ni siquiera es posible
apreciar su brillo.
Luna y Sol siguen su destino. Él, solitario pero fuerte; ella,
acompañada de estrellas, pro débil.
Los hombres intenta, constantemente. Conquistarla, ¡cómo si
eso fuese posible! Algunos han ido incluso hasta ella, pero
han vuelto siempre solos. Nadie jamás consiguió traerla hasta
la tierra, nadie, realmente, logró conquistarla, por más que lo
intentaron.
Sucede que Dios decidió que ningún amor en este mundo
fuese del todo imposible, ni siquiera el de la Luna y el del Sol…
Fue entonces que Él creo el eclipse.
Hoy Sol y Luna viven esperando ese instante, esos raros
momentos que les fueron concedidos y que tanto cuestan,
pero sucedan.