Postura Calvinista de la Parusia
LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO
En tanto que los profetas no distinguen claramente una doble venida de Cristo, el Señor mismo y los
apóstoles hacen claro, de manera muy abundante, que la primera venida: será seguida por una
segunda. Jesús se refirió a su regreso más de una vez hacia el fin de su ministerio público, Mat. 24:40;
25:19, 31; 26: 64; Juan 14:3. Al tiempo de su ascensión los ángeles señalaron hacia su futuro regreso,
Hecho 1: 11. Además, los apóstoles hablaron de la segunda venida en numerosos pasajes, Hech. 3: 20,
21; Fil. 3: 20; 1 Tes. 4:15, 16; II Tes. 1:7, 10; Tito 2: 13; Heb. 9:28. Varios términos se usan para denotar
este grande acontecimiento, de los cuales los siguientes son los más importantes:
(1) Apocalupsis (revelación, que indica la remoción de lo que ahora obstruye nuestra visión de Cristo, 1
Cor. 1:7; II Tes. 1:7; 1 Ped. 1:7,13; 4:13;
(2) epiphaneia (aparición, manifestación), un término que se refiere a la venida de Cristo como si saliera
de un escondido fondo con las ricas bendiciones de salvación, II Tes. 2:.8; 1 Tim. 6:14; II Tim: 4:1, 8;
Tito 2:13; y
(3) parusía (literalmente significa presencia), lo que señala hacia la venida que precede a la presencia
o que resulta en la presencia, Mat. 24:3,27,37; 1 Cor. 15:23; 1 Tes. 2:19; 3: 13; 4: 15; 5:23; II Tes.
2:1-9; Sgo. 5: 7, 8; II Ped. 1:16; 3:4, 12; 1 Juan 2:28.
LA SEGUNDA VENIDA SERÁ UN SOLO EVENTO
Los dispensacionalistas de la actualidad distinguen entre una doble futura
venida de Cristo, aunque algunas veces procuran preservar la unidad de la
idea de la segunda venida: hablando de esas dos futuras venidas como de
dos aspectos de aquel gran acontecimiento. Pero puesto que estas dos, en
realidad, se presentan como dos eventos diferentes, separadas por un
período de varios años, teniendo cada una un propósito propio, pueden
difícilmente ser consideradas como un solo evento. La primera de estas es la
parusía o simplemente “la venida”, y resulta en el rapto de los santos,
presentado algunas veces como un rapto secreto. Esta venida es inminente,
es decir, puede ocurrir en cualquier momento, puesto que no hay eventos
predichos que deban preceder al momento en que ella ocurra.
La opinión dominante es que en este tiempo Cristo no descenderá a la tierra, sino
permanecerá en las alturas de aire. Aquellos que mueren en el Señor serán resucitados
de entre los muertos, los santos que vivan serán transfigurados, y juntos, serán
arrebatados para encontrar al Señor en el aire. De aquí que a este regreso se le llame
también “la venida por sus santos”, 1 Tes. 4:15, 16. Esta será seguida de intervalo de
siete años, durante los cuales el mundo será evangelizado, Mat. 24:14, Israel convertido;
Rom. 11:26, la gran tribulación ocurrirá, Mat. 24:21, 22, y el anticristo o el hombre de
pecado será revelado, II Tes. 2:8-10. Después de estos acontecimientos hay otra venida
del Señor con sus santos, 1 Tes. 3:13, venida a la cual se llama “la revelación” o “el día
del Señor”, y en éste bajará hasta la tierra. Esta venida no puede considerarse
inminente, debido a que tiene que ser precedida por varios eventos predichos. En esta
venida Cristo juzgará a las naciones que vivan, Mat. 25:31- 46, e introducirá el reino
milenial.
De esta manera tenemos dos diferentes venidas del Señor, separadas por un período de
siete años, de las cuales la primera es inminente y la otra no, la una está seguida por la
glorificación de los santos, y la otra por el juicio de las naciones y el establecimiento del
reino. Esta construcción de la doctrina de la segunda venida es muy conveniente para
los dispensacionalistas, puesto que los capacita para defender el concepto de que la
venida del Señor es inminente, pero no está autorizada por .la Escritura y lleva consigo
implicaciones sin apoyo bíblico. En II Tes. 1 2:1, 2, 8 los términos parusía y “día del
Señor” se usan indistintamente, y de acuerdo con Il Tes. 1: 7,10 la revelación
mencionada en el versículo 7 sincroniza con la parusía que trae la glorificación de los
santos, de la cual habla el versículo 10. Mat. 24:29-31 representa la venida del Señor en
la cual los elegidos serán reunidos juntamente, acontecimiento que seguirá
inmediatamente después de la gran tribulación que se menciona en el contexto, en tanto
que según la teoría que estamos considerando, esto debería ocurrir antes de la
tribulación.
Y por último, según esta teoría, la iglesia no pasará por la gran tribulación,
que se explica en Mat. 24: 4-26 y que sincroniza con la gran apostasía; pero
la explicación bíblica en Mat. 24:22; Luc. 21:36; II Tes. 2: 3; 1 Tim. 4: 1-3; II
Tim. 3: 1-5; Apoc. 7: 14 es por completo diferente. Sobre la base bíblica
debería sostenerse que la segunda venida de Cristo, y la tratan como una
desautorizada novedad. Dice Frost: “No se conoce por lo general, y todavía
es un hecho indisputable que la doctrina de una pretribulacion, resurrección y
rapto es una interpretación moderna - y estoy tentado a decir, una invención
moderna”. Según el, esto arranca de los días de Irving y Derby. Otros
premilenialista, es decir, Alejandro Reese, levantan un argumento muy fuerte
en contra de toda esta idea, en su obra titulada “The Approaching Advent Of
Christ”.
LOS GRANDES EVENTOS QUE PRECEDERÁN A LA PARUSÍA
De acuerdo con la Escritura, deberán ocurrir antes del regreso del Señor varios eventos
importantes, y por tanto, no puede considerarse inminente. A la luz bíblica no puede
sostenerse que no haya eventos predichos que deban sobrevenir antes de la segunda
venida. Como puede esperarse, en vista de lo que se dijo precedentemente, Frost, a
pesar de su dispensacionalismo, rechaza la doctrina de la inminencia. Prefiere hablar de
la venida de Cristo como “amenazante”. El apoyo para la doctrina de la inminencia del
retorno de Cristo se encuentra en declaraciones bíblicas que indican que Cristo viene
después de “un muy poquito”, Heb 10:37; o “prestamente”, Apoc. 22:7; en exhortaciones
hechas para velar, y esperar su venida, Mat. 24: 42; 25: 13; Apoc. 16:15; Y en el hecho
de que la Escritura condena a la persona que dice, “mi Señor se tarda” (o, que “tarda su
venida”), Mat. 24:48. Jesús en verdad enseñó que su venida estaba cerca, pero esto no
es lo mismo que enseñar que era inminente.
En primer lugar debe tenerse presente que al hablar de la venida del Señor, El mismo
siempre tiene presente la venida escatológica. Algunas veces se refiere a su regreso en
poder espiritual en el día de Pentecostés; algunas veces a su venida en juicio en la
destrucción de Jerusalén. En segundo lugar El y los apóstoles nos enseñan que diversos
acontecimientos importantes tenían que ocurrir antes de su retorno físico del ultimo día,
Mat. 24:5-14. 21, 22, 29-31; II Tes. 2: 2-4. Por lo tanto no habría podido muy bien
considerar y explicar su venida como inminente. Es evidente también que, cuando habló
de su venida como cercana, no quería dar a entender que estaba a la mano,
inmediatamente. En la parábola de los talentos enseña Jesús que el Señor de los criados
vino a hacer cuentas con ellos “después de mucho tiempo”, Mat. 25:19. Y la parábola de
las minas fue dicha con el propósito íntimo de corregir la noción de que el reino de Dios
habría de aparecer inmediatamente, Luc. 19:11. En la parábola de las diez vírgenes el
novio se representa como “tardándose”, Mat. 25:5.
Esto está en armonía con lo que Pablo dice en II Tes. 2:2. Pedro predijo que los
burladores se presentarían diciendo, “¿dónde está el día de su venida?” y enseña a sus
lectores a esperar las predicciones de la cercanía de la segunda venida desde el punto
de vista divino, según el cual un día es como un millar de años, y mil años son como un
día, II Ped. 3:3-9. Enseñar que Jesús consideraba la segunda venida como
inminentemente a mano seria hacer que el presentara equivocado, puesto que casi dos
mil años ya han pasado desde aquel tiempo. Ahora puede preguntarse, ¿Cómo
podemos prepararnos para esperar su venida? Jesús nos enseña en Mat. 24:32,33 a
esperar su vendida por medio de sus señales: “Cuando veáis todas estas cosas sabéis
que El está cerca”. Además, no necesitamos interpretar la exhortación a velar, como si
se nos invitara a escudriñar los cielos en busca de señales inmediatas de la aparición
del Señor. Deberíamos más bien ver en ello una admonición para estar despiertos,
alertas, preparados y activos en la obra del Señor, pues de otro modo seremos
sorprendidos por repentina calamidad. Los siguientes grandes eventos deben preceder a
la venida del Señor.
EL LLAMAMIENTO DE LOS GENTILES
Varios pasajes del Nuevo Testamento señalan al hecho, de que el evangelio
del reino debe ser predicado a todas las naciones antes de que regrese el
Señor, Mat 24:14; Marc. 13:10; Rom. 11:25. Muchos pasajes dan testimonio
del hecho de que los gentiles entraran al reino en grandes números durante
la nueva dispensación, Mat. 8:11; 13:31, 32; Luc 2:32; Hech. 15:14; Rom.
9:24-26; Ef. 2:11-20, y otros pasajes. Pero estos que hemos indicado,
claramente se refieren a la evangelización de todas las naciones como la
meta de la historia. Por ahora, difícilmente podría decirse que el evangelio ya
ha sido proclamado entre todos los pueblos, ni que la obra o los trabajos de
un solo misionero, en cada una de las naciones del mundo, llenan todos los
requerimientos de la afirmación de Jesús.
Por otra parte, es igualmente imposible sostener que las palabras del Salvador
demandan la predicación del evangelio a cada individuo de las diferentes naciones del
mundo, Sin embargo, sí requieren que aquellas naciones, como naciones, sean
evangelizadas por completo, de tal manera que el evangelio se convierta en una
potencia en la vida del pueblo, una señal que demanda decisión. Debe predicársele para
testimonio, de tal manera que se pueda decir que se les ha dado oportunidad de elegir a
Cristo y a su reino o, declararse sus contrarios. Estas palabras implican con claridad que
la gran comisión debe ser conducida en todas las naciones del mundo, para hacer
discípulos de todas las naciones, es decir de entre el pueblo de todas las naciones. No
justifican sin embargo la esperanza de que todas las naciones consideradas en globo
acepten el evangelio, sino nada más que habrá adherentes en todas las naciones, y esto
servirá para introducir la plenitud de los gentiles.
Al fin de esta dispensación será posible decir que todas las naciones ya fueron
informadas del evangelio, y que el evangelio testificará en contra de las naciones que no
lo aceptaron. Se entenderá desde luego, de lo que ya fue dicho en lo precedente, que
muchos dispensacionalistas tienen un concepto muy diferente del asunto. No creen que
la evangelización del mundo se necesite, ni que tendrá lugar, en forma completa antes de
la parusía, la cual es inminente. Según ellos, realmente, comenzará por el tiempo de la
parusía. Indican que el evangelio de que se habla en Mat. 24:14 no es el de la gracia de
Dios en Jesucristo, sino el evangelio del reino, que es por completo diferente, las buenas
nuevas de que el reino está otra vez a la mano. Después de que la iglesia haya sido
removida de la escena terrenal y con ella se haya ido el Espíritu que en ella mora - lo que
realmente significa restaurar las condiciones que reinaban en el Antiguo Testamento -,
entonces el evangelio con que Jesús empezó su ministerio volverá a ser predicado.
Al principio lo predicarán aquellos que fueron convertidos mediante la remoción de la iglesia,
y después, quizá por el Israel convertido y un mensajero especial o de manera particular,
durante la gran tribulación por el resto creyente de Israel. Esta predicación será
maravillosamente eficaz, mucho más efectiva que la predicación del evangelio de la gracia de
Dios. Durante este período serán convertidos los 144,000 y la gran multitud que nadie podrá
contar, de la que se habla en Apoc. 7. y de esa manera la predicación de Jesús en Mat. 24:14
quedará cumplida. Debe recordarse que esta estructura es una que los antiguos
premilenaristas no aceptan, que todavía en la actualidad se rechaza por algunos de los
actuales premilenaristas, y la cual, en verdad, no se nos recomienda. La distinción entre un
doble evangelio y una doble segunda venida del Señor es insostenible. El evangelio de la
gracia de Dios en Jesucristo es el único evangelio que salva que la promesa tiene aplicación,
no al Israel según la carne, sino a Israel y que da entrada al reino de Dios. Y es
absolutamente contrario a la historia de la revelación que un regreso a las condiciones del
Antiguo Testamento, incluyendo la ausencia de la iglesia y del Espíritu Santo, pudieran ser
más eficaces que la predicación del evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo y el don del
Espíritu Santo.
LA CONVERSIÓN DE LA PLEROMA DE ISRAEL
Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento hablan de la futura conversión de Israel,
Zac. 12:10: 13:1; II Cor 3:15, 16; y Rom. 11:25-29 parece que relaciona esta conversión
con el fin del tiempo. Los premilenaristas han explotado esta enseñanza espiritual para
su propósito particular. Sostienen que habrá una restauración nacional y una conversión
de Israel, que la nación judía será reestablecida en la tierra santa, y que esto tendrá
lugar inmediatamente antes o durante el reino milenial de Jesucristo. Sin embargo, es
muy dudoso que la Escritura autorice la esperanza de que Israel sea finalmente
reestablecido como una nación, y que como nación se vuelva al Señor. Algunas
profecías del Antiguo Testamento parecen predecirlo, pero estas deberían leerse a la luz
del Nuevo Testamento. ¿Justifica el Nuevo Testamento la esperanza de una futura
restauración y conversión de Israel como nación? Tal cosa no se enseña, ni
necesariamente está implicada en pasajes como Mat. 19:28, y Luc. 21:24, que son los
que se citan frecuentemente a favor de esa doctrina.
El Señor habló muy claramente de la oposición de los judíos al espíritu de su reino, y de la certeza de
que ellos, que en un sentido serían llamados los hijos del reino, perderían su lugar en él, Mat.
8:11,12; 21:28-46; 22:1-14; Luc. 13:6-9. Informó Jesús a los malvados judíos que el reino sería
quitado de ellos y dado a una nación que diera los frutos consiguientes, Mat. 21:43. Y aun cuando
habló Jesús de las corrupciones que en el curso del tiempo invadirían la iglesia, de las tribulaciones
que ella encontraría, y de la apostasía en que por último desembocaría, con todo no señala el Señor
hacia una restauración proyectada ni hacia una conversión del pueblo judío. Este silencio de Jesús
es muy significativo. Ahora podría decirse que Rom. 11:11-32 ciertamente enseña la futura
conversión de la nación de Israel. Muchos comentadores adoptan este concepto, pero aun cuando
estuviera en lo correcto el tema se presta a considerable duda: En los capítulos 9-11 el apóstol
discute el problema de cómo las promesas de Dios a Israel pueden ser reconciliadas con el
rechazamiento que de ellas ha hecho gran parte de Israel. Primero que todo, señala en los capítulos
9 y 10 que la promesa tiene aplicación, no al Israel según la carne, sino al Israel espiritual; y en
segundo lugar que Dios todavía tiene sus .elegidos de entre Israel, que hay entre ellos un resto de
acuerdo con la elección de gracia, 11: 1-10. Y aun el endurecimiento de la mayor parte de Israel no
es el propósito final de Dios, sino, más bien, un medio que en su mano trae salvación a los gentiles,
para que estos, a su vez, gozando las bendiciones de la salvación, provoquen a Israel a celos.
El endurecimiento de Israel siempre será parcial nada más, porque a través de todas las
subsiguientes centurias siempre habrá algunos que acepten al Señor. Dios continuará
reuniendo a su resto de elegidos de entre los judíos durante toda la nueva dispensación
hasta que la plenitud (pleroma, es decir, el número de los elegidos) de los gentiles haya
entrado, y de esa manera (mediante este proceso) todo Israel (su pleroma, es decir, el
número completo de verdaderos israelitas) será salvo. “Todo Israel” debe ser entendido
como una designación, no de toda la nación, sino de todo el número de los elegidos de
entre el pueblo del pacto antiguo. Los premilenaristas toman el versículo 26 con el
significado de que, después de que Dios haya completado su propósito con los gentiles,
la nación de Israel será salva, pero el apóstol dijo al principio de su discusión que las
promesas eran para el Israel espiritual; no hay evidencia de un cambio de pensamiento
en la sección intermedia, de manera que venga como una sorpresa el versículo 11:26; Y
el adverbio houtos no puede significar “después de eso”, sino solamente “según este
proceso”. Con la plenitud de los gentiles llegará también la plenitud de Israel.
LA GRAN APOSTASÍA Y LA GRAN TRIBULACIÓN
Estos dos deben mencionarse juntas, debido a que están entretejidas en el discurso
escatológico de Jesús, Mat. 24:9-12, 21-24; Marc. 13:9-22; Luc. 21:22-24. Las palabras de
Jesús indudablemente encontraron un cumplimiento parcial en los días que precedieron a
la destrucción de Jerusalén, pero, evidentemente, tendrán un cumplimiento mayor en el
futuro, en la tribulación que sobrepasará a cuanto hasta hoy se haya experimentado, Mat.
4:21; Marc. 13:19. Pablo también habla de la gran apostasía en II Tes. 2:3; 1 Tim. 4:1; II
Tim. 3:1-5. El ya vio algo de aquel espíritu de apostasía en su propio día, pero quiere dejar
la impresión clara sobre sus lectores de que tomará mucho más grandes proporciones en
los días finales. Aquí de nuevo, los actuales dispensacionalistas difieren de nosotros. No
consideran la gran tribulación como precursora de la venida del Señor (la parusía), sino
creen que seguirá a la venida, y que por lo tanto la iglesia no pasará por la gran tribulación.
La hipótesis es que la iglesia será arrebatada, para estar con el Señor antes de que la
tribulación con todos sus terrores confunda a los habitantes de la tierra.
Prefieren hablar de la gran tribulación como “el día de la tribulación de
Jacob”, puesto que será un día de gran tribulación para Israel más bien que
para la iglesia. Pero las bases que aducen para este concepto no son muy
convincentes. La fuerza que algunos de ellas parecen tener la derivan de su
propia preconcebida noción de una doble segunda venida de Cristo, y por lo
tanto no tienen ningún significado para aquellos que están convencidos de
que o hay en la Biblia evidencia de semejante doble venida. Jesús menciona
en verdad la gran tribulación como una de las señales de su venida y del fin
del mundo, Mat. 24:3. De esa venida (parusía) es de la que El habla a través
de todo este capítulo, como podrá verse por el repetido uso de la palabra
parusía, versículos 3, 37, 39.
No es sino razonable aceptar que El estaba hablando de la misma venida en el versículo
30, una venida que está de acuerdo con el versículo 29 y que seguirá inmediatamente
después de la tribulación. Esta tribulación afectará también a los elegidos: estarán ellos
en peligro de ser extraviados, Mat. 24:24; por causa de ellos los días de aquella angustia
serán acortados, versículo 22; serán reunidos de entre todos los rincones del mundo en
la venida del Hijo del hombre; y se les anima para vigilar cuando estas cosas
acontezcan, puesto que su redención se acerca, Luc. 21:28. No hay garantía para limitar
los elegidos a los elegidos de Israel, como los premilenaristas lo hacen. Pablo
claramente explica la gran apostasía como precedente a la segunda venida, II Tes. 2:3, y
le recuerda a Timoteo el hecho de que tiempos difíciles vendrán en los días finales, I
Tim. 4:1, 2; II Tim. 3:1-5. En Apoc. 7:13, 14 se dice que los santos en el cielo han venido
de gran tribulación: y en Apoc. 6:9 encontramos a esos santos orando por sus hermanos
que aun están sufriendo persecución.
LA REVELACIÓN VENIDERA DEL ANTICRISTO
El término anticristos se encuentra solamente en las Epístolas de Juan, es decir en I
Juan 2: 18-22; 4:3; II Juan 7. Hasta donde la forma de la palabra tiene que ver, puede
describir (a) a uno que toma el lugar de Cristo; entonces “anti” se toma en el sentido de
“en lugar de”; o (b) uno que, aunque asuma la apariencia de Cristo, se opone a El;
entonces “anti” se usa en el sentido de “en contra”. Esto último queda mas en armonía
con el contexto en el que la palabra ocurre. Del hecho de que Juan use el singular en
2:18 sin el artículo, se hace evidente que el término, “anticristo” ya estaba, considerado
como un nombre técnico. Es incierto, si Juan al usado en el singular tenía en mente
algún notable anticristo, del cual los otros a quienes se refiere serían meramente
parecidos o precursores, o nada más daba a: entender la personificación del principio
corporificado en varios anticristos, el principio del mal que milita en contra del Reino de
Dios.
El anticristo representa claramente, un determinado principio, 1 Juan 4:3. Si tenemos en
mente esto, también entenderemos que, aunque Juan es el primero en usar el término
“anticristo”, el principio o espíritu indicado por la palabra se menciona claramente en
escritos anteriores. Precisamente así como hay en la Escritura un marcado y claro
desarrollo en la delineación de Cristo y del reino de Dios, así también hay una revelación
progresiva del anticristo. Las representaciones difieren, pero aumentan en precisión a
medida que la revelación de Dios progresa. En la mayoría de los profetas del Antiguo
Testamento vemos el principio de injusticia que operaba en las naciones sin Dios que se
mostraban hostiles a Israel y que fueron juzgadas por Dios. En la profecía de Daniel
encontramos algo más específico. El lenguaje usado allí proporciona muchos de los
hechos que encontramos en la descripción que Pablo hace del hombre de pecado en II
Tesalonicenses.
Daniel encuentra al principio malvado que no reconoce a Dios, corporificado en un
“pequeño cuerno”, Dan. 7:8, 23-26, y lo describe muy claramente en 11:35 y siguientes.
Aquí, hasta el elemento personal no falta del todo, aunque no es enteramente cierto que
el profeta esté pensando de algún rey particular es decir, Antíoco Epífanes, un tipo de
anticristo. La venida de Cristo dará lugar, naturalmente, a este principio en su específica
forma anticristiana y Jesús lo explica como incorporado en varias personas. Habló el
Señor de Pseudoprophetai y Pseudochristoi, y que tomaran posiciones en contra de el y
de su reino, Mat. 7:15; 24; 5, 24; Marc. 13:21, 22. Luc. 17:23. Para corregir el concepto
erróneo de los Tesalonicenses, Pablo llama la atención al hecho de que el día de Cristo
no puede venir, al menos que venga primero la apostasía, y el hombre de pecado se
revele, el hijo de perdición. Describe Pablo a este hombre de pecado como el que se
opone y se exalta en contra de todo lo que se llama Dios o es adorado; de tal manera
que se sienta en el templo de Dios como si fuera Dios, II Tes. 2:3, 4. Esta descripción
nos recuerda, naturalmente, a Dan. 11:36 y siguientes, y señala con claridad al anticristo.
No hay ninguna buena razón para dudar la identidad entre el hombre de pecado de
quien habla Pablo y el anticristo mencionado por Juan. El Apóstol ve el misterio de
iniquidad ya trabajando, pero asegura a sus lectores que el hombre de pecado no
vendrá hasta que aquel (o, el que) lo detiene sea quitado de en medio. Cuando este
obstáculo, cualquiera que él sea (se interpreta de varios modos}, sea removido,
aparecerá aquel cuya venida es según operación de Satanás, con todo poder y señal y
maravillas mentirosas, versículos 7-9. En este capítulo el elemento personal está
considerado por completo. El Libro de Apocalipsis encuentra el poder y principio
anticristiano en dos bestias que vienen, una del mar y otra de la tierra, Apoc, 13: La
primera, se piensa generalmente que se refiere a los gobiernos, poderes políticos, o
algún imperio mundial; el segundo aunque no con la misma unanimidad se piensa que
se refiere, a la falsa religión, a los falsos profetas, a la falsa ciencia y particularmente, a
los dos primeros. Este principio oponente, u opuesto, es el que Juan en sus epístolas
llama finalmente “anticristo”.
Históricamente ha habido diferentes opiniones respecto al anticristo. En la antigua iglesia
muchos mantuvieron que el anticristo sería un judío con pretensiones de ser el Mesías, y
gobernando a Jerusalén. Muchos comentadores recientes son de opinión que Pablo y
otros, equivocadamente, pensaron que el emperador romano sería el anticristo, y que
Juan claramente tenía a Nerón en la mente en Apoc. 13:18, puesto que las letras en las
palabras hebreas para “emperador Nerón” son equivalentes exactamente a 666, Apoc.
13:18. Desde el tiempo de la Reforma muchos entre quienes también hay eruditos
Reformados miraron al papa de Roma, Y en algunos casos, aun sobre algún
determinado papa, como el anticristo. Y el papado, en realidad, revela diferentes rasgos
de anticristo tal como está dibujado en la Escritura. Pero difícilmente podría identificarse
con el anticristo. Es mejor decir que hay elementos de anticristo en el papado.
En forma positiva, sólo podemos decir,
(a) que el principio anticristiano ya estaba en operación en los días de Pablo y de Juan según
el propio testimonio de ellos;
(b) que alcanzaría su más alto poder hacia el fin del mundo;
(c) que Daniel lo pinta como poder político, Pablo como poder eclesiástico, y Juan, en el Libro
del Apocalipsis, lo pinta de ambos modos; los dos pueden ser revelaciones sucesivas del
poder anticristiano; y
(d) que probablemente este poder se concentrara por ultimo en un solo individuo, la
personificación de toda maldad. El problema del carácter personal del anticristo todavía
está sujeto a debate. Algunos sostienen que la expresión “anticristo”, “el hombre de
pecado”, “el hijo de perdición”, y las figuras alusivas en Daniel y Apocalipsis son nada más
descripciones de un principio ateo y anticristiano, el cual se manifiesta en la oposición del
mundo hada Dios y su reino, a través de toda la historia del reino, una oposición algunas
veces débil, otras veces más fuerte, pero mucho más fuerte hacia el fin del mundo.
Estos no esperan ningún anticristo personal. Otros sienten que es contrario a la
Escritura: hablar del anticristo únicamente como poder abstracto. Sostienen que tal
interpretación no hace justicia a los datos bíblicos, los cuales hablan, no sólo de un
espíritu abstracto, sino también de verdaderas personas. Según ellos, “anticristo” es un
concepto colectivo, la designación de una sucesión de personas, que manifiestan un
espíritu ateo o anticristiano, por ejemplo, los emperadores romanos que persiguieron la
iglesia y los papas que se comprometieron en un trabajo parecido de persecución. Pero
ni siquiera ellos piensan en un anticristo personal que será en sí mismo la concentración
de toda maldad. Sin embargo la opinión más general en la iglesia es que, en último
análisis el término “anticristo” denota una persona escatológica, que será la encarnación
de toda maldad y que, por lo mismo, representará un espíritu que siempre ha estado más
o menos presente en el mundo, y que ha tenido diversos precursores o tipos en la
historia. Este concepto prevaleció en la iglesia primitiva y parecería ser el concepto
bíblico.
Lo siguiente puede decirse en favor suyo:
(a) La delineación del anticristo en Daniel 11 es más o menos personal, y puede referirse a
una definida persona como un tipo de anticristo.
(b) Pablo habla del anticristo como “el hombre de pecado” y “el hijo de perdición”. 'Debido al
uso peculiar hebreo de los términos “hombre” e “hijo” estas expresiones en sí mismas no
pueden ser conclusivas, pero el contexto claramente favorece la idea personal. Se opone,
se instala como Dios, tiene una revelación definida, es el que se opone a la ley, etc.
(c) Aunque Juan habla de muchos anticristos como ya presentes, también habla del
anticristo, en el singular; como uno que todavía vendrá en el futuro, 1 Juan 2:18.
(d) Aun en Apocalipsis, en donde la explicación es ampliamente simbólica, el elemento
personal no falta, por ejemplo en Apocalipsis 19:20, que habla del anticristo y su
subordinado, diciendo que fueron arrojados en el lago de fuego. Y
(e) puesto que Cristo es una persona, no es sino natural pensar que el anticristo también
será una persona.
SEÑALES & MARAVILLAS
La Biblia habla de varias señales que serán anunciadoras del fin del mundo y de la venida
de Cristo. Menciona
(a) guerras y rumores de guerras, hambres y terremotos en diversos lugares, que se
llaman principio de tribulación, una tribulación como si se tratara de un nuevo parto del
universo al tiempo de la venida de Cristo;
(b) la venida de falsos profetas, que extraviarán a muchos, y de falsos cristos, que harán
grandes señales y portentos para engañar, si posible fuera, aun a los elegidos; y
(c) de pavorosos portentos en el cielo abarcando, al sol, la luna y las estrellas, cuando los
poderes de los cielos serán conmovidos, Mat. 24:29, 30; Marc. 13:24, 25; Luc. 21:25,
26. Puesto que algunas de, estas señales son de la clase que repetidamente, ocurre
en el orden natural de acontecimientos, surge, naturalmente, la pregunta, ¿de qué
manera podrán ser reconocidas como señales especiales del fin?
Se acostumbra llamar la atención al hecho de que diferirán de los
acontecimientos similares y previos, en intensidad y en extensión. Pero, de
consiguiente, esto no satisface por completo, porque quienes vean tales
señales nunca podrán saber, de no haber otras indicaciones, si las señales
que ellos están atestiguando no serán seguidas por otras señales similares, y
aun más grandes en extensión e intensidad. Por lo tanto, también debe
llamarse la atención el hecho de que habrá, cuando el fin: esté cercano, una
notable conjunción de todas estas señales, y que los acontecimientos
naturales estarán acompañados con fenómenos sobrenaturales, Luc. 21:25,
26. Jesús dijo: “Cuando vieres todas estas cosas, sabed que está cercano, a
las puertas”, Mat. 24:33.
LA PARUSÍA O SEGUNDA VENIDA PROPIAMENTE DICHA
Inmediatamente después de los portentos que acabamos de
mencionar la señal del Hijo del hombre será vista, viniendo en las
nubes del cielo, Mat. 24:30. En relación con esto deben notarse los
siguientes puntos:
EL TIEMPO DE LA SEGUNDA VENIDA
El tiempo exacto de la venida del Señor es desconocido, Mat. 24:36, y todos los intentos
de los hombres para encontrar la fecha exacta demuestran estar equivocados. La única
cosa que puede decirse con certeza, fundados en la Biblia, es que El volverá al fin del
mundo. Los discípulos le preguntaron al Señor, “¿cuál será la señal de tu venida y del fin
del mundo?” Mat. 24:3. Ellos ligaron a los dos juntamente, y el Señor no les hizo ver en
alguna forma que estuvieran equivocados, sino que más bien aceptó lo correcto de la
pregunta en su discurso. El explicó los dos, sincronizándolos, en Mat. 24:29-31, 35-44;
compárese Mat. 13:39,40. Pablo y Pedro hablan también de los dos como coincidentes, 1
Cor. 15: 23,24; II Ped. 3: 4-10. Un estudio de las concomitancias de la segunda venida
conduce al mismo resultado. La resurrección de los santos será una de tales
concomitancias, 1 Cor. 15:23, I Tes. 4:16, y Jesús nos asegura que El levantará a sus
santos en el último día, Juan 6:39, 40, 44, 54. Según Thayer, Cremer-Koegel, Walker,
Salmond, Zahn y otros, esto no puede significar más que el día de la consumación, - el fin
del mundo.
Otra de esas concomitancias será el juicio del mundo, Mat. 25:31-46, particularmente
también el juicio de los malvados, II Tes. 1:7-10 el cual los premilenaristas colocan al fin
del mundo. Y, por último, ese juicio nos llevará también a la restauración de todas las,
cosas, Hech. 3:20, 21. La enérgica expresión “restauración de todas las cosas” es
demasiado fuerte para referirse a cosa alguna que no sea la perfecta restauración de,
aquel' estado de cosas que existió antes de la caída del mundo. Señala a la restauración
de todas las cosas a su primera condición, y esto no se encuentra en el milenio de los
premilenaristas. Aun el pecado y la muerte continuarán asesinando sus víctimas durante
aquel período. Como ya fue indicado en lo que precede, varias cosas, deben ocurrir
antes de que el Señor regrese. Esto debe tenerse presente al leer aquellos pasajes que
hablan de la venida del Señor o del último día, como cercano, Mat. 16:28; 24:34; Heb.
10:25, Sgto. 5:9; 1 Ped. 4:5; 1 Juan 4:18. Estos pasajes encuentran su explicación,
parcialmente, en el hecho de que considerada desde el lado de Dios con quien un día es
como mil años y mil, años como un día, la venida está siempre cerca;
parcialmente en la explicación bíblica del tiempo del Nuevo Testamento como que
constituye los últimos días o el último tiempo; parcialmente en el hecho de que el Señor
al hablar de su venida no siempre tiene en mente su retorno físico al final del tiempo,
sino que puede referirse a su venida en el Espíritu Santo; y parcialmente en la
característica visión profética, en la que no se hace ninguna ,distinción clara entre la
próxima venida del Señor, en la destrucción de Jerusalén y en su venida para juzgar al
mundo. Los sectarios con frecuencia han hecho el intento de fijar el tiempo exacto de la
segunda venida, pero sus intentos han sido siempre decepcionantes. Jesús dijo
explícitamente: “Pero de aquel día y de aquella hora nadie lo sabe, ni los ángeles del
cielo, ni el Hijo, sino el Padre solamente”, Mat. 24: 36. La afirmación respecto al Hijo,
probablemente, significa que este conocimiento no está incluido en la revelación que El
tenía que traer en su carácter de Mediador.
LA MANERA DE SU SEGUNDA VENIDA
Los siguientes puntos merecen acentuarse aquí:
SERÁ UNA VENIDA PERSONAL
Esto se sigue de la afirmación de los ángeles hecha a los discípulos en el monte de la
ascensión: “Este Jesús, que fue recibido arriba de vosotros en el cielo, así vendrá de la
misma manera como le habéis visto ir al cielo”, Hech. 1:11. Jesús en persona estaba
dejándoles, y Jesús en persona volverá. En el sistema actual modernista no hay lugar
para un regreso personal de Jesucristo. Douglas Clyde Macintosh ve el retorno de Cristo
en la progresiva dominación de los individuos y de la sociedad bajo la moral y los
principios religiosos de esencia cristiana, es decir, por el Espíritu de Cristo. William
Newton Clarke dice: “No debe esperarse ningún retorno visible de Cristo a la tierra, sino
más bien el prolongado y lento avance de su reino espiritual. Si nuestro Señor no
quisiera sino completar su venida espiritual ya comenzada, no tendría necesidad de un
advenimiento visible para hacer perfecta su gloria sobre la tierra”.
De acuerdo con William Adams Brown “pudiera ser que no mediante una repentina
catástrofe como aconteció en la primitiva esperanza cristiana, sino por medio del más
lento y más seguro método de conquista espiritual, el ideal de Jesús todavía gane el
asentimiento universal que se merece, y su espíritu domine al mundo. Esta es la verdad
por la cual la doctrina del segundo advenimiento permanece”. WaIter Rauschenbusch y
Shailer Mathews hablan en términos parecidos acerca dé la segunda venida, Uno y todos,
interpretan las fulgurantes descripciones de la segunda venida de Cristo como
representaciones figuradas de la idea de que el Espíritu dé Cristo continuará siendo una
influencia permanente y siempre creciente en la vida del mundo. Esto, sin decir que tales
representaciones no hacen justicia a las descripciones que se encuentran en pasajes
corno Hech. 1:11; 3:20, 21, Mat. 24:44; 1 Cor. 15:22; Fil. 3:20; Col. 3:4; 1 Tes. 2:19; 3: 13;
4:15-17; II Tim.4:8; Tito 2:13; Heb. 9:28. Los modernistas mismos admiten esto cuándo
hablan de estos pasajes como representativos del antiguo modo judío de pensamiento.
Tienen nuevas y mejores luces sobre el tema, pero esta es una luz que se hace cada vez
más tenue en vista de los acontecimientos mundiales de la actualidad
SERÁ UN REGRESO FÍSICO
Que el regreso del Señor será físico se deduce de pasajes como Hech. 1:11; 3: 20, 21;
Heb. 9:28; Apoc. 1:7. Jesús volverá a la tierra en el cuerpo. Hay algunos que identifican
el anunciado regreso del Señor con su venida espiritual en el día de Pentecostés; y
entienden que la parusía significa la presencia, espiritual del Señor en la iglesia. Según
la explicación de ellos el Señor volvió en el Espíritu Santo en el día de Pentecostés, y
está presente ahora (de aquí que se habla de parusía) en la iglesia. Ponen énfasis
especial en el hecho de que la palabra parusía significa presencia. Pues bien es por
completo evidente que el Nuevo Testamento había de un regreso espiritual de Cristo,
Mat. 16:28; Juan 14:18, 23; Apoc. 3:20; pero este regreso, sea a la iglesia en el día de
Pentecostés o a los individuos en su renovación espiritual, Gál. 1:16, no puede
identificarse con lo que la Biblia explica como la segunda venida de Cristo.
Es verdad que la palabra parusía significa presencia, pero el Dr. Vos señala
correctamente que en su uso religioso escatológico también significa llegada,
y que en el Nuevo Testamento la idea de llegada es sobresaliente. Además,
debe conservarse en la mente que hay otros términos en el Nuevo
Testamento, que sirven para designa la segunda venida, es decir apokalupsis,
epiphaneia y phanerosis, cada una de las cuales señala a una venida que
puede ser vista. Y por último, no debe olvidarse que las Epístolas se refieren
a la segunda venida, repetidas veces, como a un evento que está todavía en
el futuro, Fil. 3:20; 1 Tes. 3:13; 4: 15,16; II Tes. 1:7-10; Tito 2:.13. Esto no
encaja con la idea de que la venida ya fue un evento del pasado.
SERÁ UNA VENIDA VISIBLE
Esto está íntimamente relacionado con lo precedente. Puede decirse que, si la venida
del Señor ha de ser física, también será visible. Esto parecería deducirse como asunto
de lógica, pero los ruselistas, o del amanecer milenario, no piensan así. Sostienen que
el regreso de Cristo y la inauguración del milenio tuvieron lugar invisiblemente en 1874,
y que Cristo vino en potencia en 1914 con el propósito de remover la iglesia y
desarraigar los reinos del mundo. Cuando el año de 1914 pasó sin el aparecimiento de
Cristo, buscaron una: manera de salir de la dificultad con la teoría acomodaticia de que
El había permanecido escondido, debido a que el pueblo no manifestaba suficiente
arrepentimiento. Por tanto, Cristo ha venido, y ha venido en forma invisible. La Escritura
a pesar de todo, no nos deja en duda respecto a la visibilidad del regreso de nuestro
Señor. Numerosos pasajes lo testifican, por ejemplo, Mat. 24:30; 26:64; Marc. 13:26;
Luc. 21:27; Hech. 1:11; Col. 3:4; Tito 2: 13; Heb. 9:28; Apoc. 1: 7.
SERÁ UNA VENIDA REPENTINA
Aunque la Biblia nos enseña por una parte que la venida del Señor será precedida por
diversas señales, nos enseña por otra parte, de manera igualmente enfática, que la
venida será repentina, más bien inesperada, y tomará a la gente por sorpresa, Mat.
24:37-44; 25: 1-12; Marc. 13: 33-37; 1 Tes. 5:2, 3; Apoc. 3:3; 16:15, Esto no es
contradictorio, porque las señales predichas no son de tal clase como para designar el
tiempo exacto. Los profetas señalaron ciertas señales que precederían a la primera
venida de Cristo, y sin embargo, su venida tomó a muchos por sorpresa. La mayoría del
pueblo no puso atención a ninguna clase de señales. La Biblia nos hace sentir que la
medida de la sorpresa a la hora de la segunda venida de Cristo estará en razón inversa a
la medida de la vigilancia de los que le esperan.
SERÁ UNA VENIDA GLORIOSA Y TRIUNFANTE
La segunda venida de Cristo, aunque personal, física y visible, será muy
diferente de su primera venida. No volverá en el cuerpo de su humillación,
sino en un cuerpo glorificado y con ropajes reales, Heb. 9: 28. Las nubes del
cielo serán su carruaje, Mat. 24: 30, los ángeles su guardia personal, II Tes.
1:7, los arcángeles sus heraldos, I Tes. 4:16, y los santos de Dios sus
gloriosos servidores, 1 Tes. 3:13; II Tes. 1:10. Vendrá como Rey de reyes y
Señor de señores, triunfante sobre todas las fuerzas del mal, habiendo
puesto a sus enemigos debajo de sus pies, I Cor. 15:25; Apoc. 19:11-16.
EL PROPÓSITO DE LA SEGUNDA VENIDA
Cristo volverá al fin del mundo con el propósito de introducir la Edad Futura, el
estado eterno de cosas, y El hará esto mediante la inauguración, y el
cumplimiento de dos poderosos eventos es decir, la resurrección de los
muertos y el juicio final, Mat. 13:49, 50; 16:27; 24:3; 25:15-46; Luc. 9:26;
19:15,26, 27; Juan 5: 25-29; Hech. 17:31; Rom. 2:3-16; 1 Cor 4:5; 15: 23; lI
Cor. 5:10; Fil. 3:20, 21; 1 Tes. 4:13- 17; II Tes. 1:7-10; 2:7, 8; II Tim 4:1,8; II
Ped. 3:10-13; Judas 14:15; Apoc. 20:11-15; 22: 12. En la explicación
acostumbrada de la Escritura, como ya lo hemos advertido en lo precedente el
fin del mundo, el día, del Señor, la resurrección física de los muertos y el juicio
final coinciden. Aquel gran punto crítico traerá también la destrucción de todas
las fuerzas, del mal que son hostiles al Reino de Dios, II Tes. 2:8; Apoc. 20:14.
De no haber habido algunos que pusieron a Apoc. 20:1-6 como norma según
la cual debería interpretarse todo el Nuevo Testamento, es de dudarse que
alguien que se acercara a los pasajes citados, los hubiera leído de otra
manera, tan diferente así, que los aparta de su sentido pertinente. Según los
premilenaristas la segunda venida de Cristo servirá, principalmente, para
establecer el reino visible de Cristo y dé sus santos sobre la tierra, y para
inaugurar el día verdadero de salvación para el mundo. Esto envolverá el
rapto, la resurrección de los justos, las bodas del Cordero, y los juicios sobre
los enemigos de Dios. Pero seguirán otras resurrecciones y juicios a diversos
intervalos, y la última resurrección y el juicio final estarán separados de la
segunda venida por los mil años. Las objeciones a este concepto ya han sido
dadas en parte en lo que precede y en parte se mencionará en los capítulos
siguientes.
CONCEPTOS MILENIALES
Hay algunos que relacionan el advenimiento de Cristo con la idea de un milenio, sea
inmediatamente antes o inmediatamente después de la segunda venida. Aunque esta
idea no es parte integral de la teología Reformada, a pesar de todo merece
consideración aquí, puesto que se ha hecho muy popular dentro de muchos círculos. La
teología Reformada no puede prestarse a ignorar el grande esparcimiento de los
conceptos mileniales de la actualidad, sino que debe definir la posición que con respecto
a ellos ocupa. Algunos de aquellos que esperan un milenio en el futuro, sostienen que el
Señor regresará antes del milenio, y por lo mismo se llaman premilenaristas; en tanto
que otros creen que su venida seguirá después del milenio, y por lo mismo son
conocidos como postmilenaristas. Sin embargo, hay grandes números que no creen que
la Biblia autorice la esperanza de un milenio, y se ha hecho costumbre de estos últimos
llamarse amilenaristas.
El concepto amilenial es, tal como su nombre lo indica, puramente negativo.
Sostiene que no hay suficiente base escritural para la espera de un milenio, y
está firmemente convencido de que la Biblia favorece la idea de que la
dispensación presente del reino de Dios será seguida inmediatamente por el
Reino de Dios en su forma consumada y eterna. Se da cuenta del hecho de
que el Reino de Jesucristo está representado como un reino eterno y no
temporal, Isa. 9:7; Dan. 7:14; Luc. 1:33; Heb. 1:8; 12:28; II Ped. 1:11; Apoc.
11:15; Y que entrar al reino del futuro es entrar uno mismo al estado eterno,
Mat. 7:21, 22, entrar a la vida, Mat. 18:8, 9 (compárese el contexto
precedente), y ser salvo, Marcos 10:25, 26.
Algunos premilenaristas han hablado del amilenialismo como de un nuevo
concepto y como una de las más recientes novedades, pero esto, en verdad,
no está de acuerdo con el testimonio de la historia. El nombre por cierto es
nuevo, pero el concepto al que se aplica es tan antiguo como la cristiandad.
Ha tenido, al menos, tantos abogados como el quilianismo los tuvo entre los
Padres de la iglesia de los Siglos II y III, que se supone que fueron el cenit
del quilianismo. El amilenialismo ha sido el concepto más ampliamente
aceptado, es el único que se expresa o se implica en las grandes
confesiones históricas de la iglesia, y siempre ha sido el concepto que
prevalece en los círculos Reformados.
EL PREMILENIALISMO
Puesto que el premilenialismo no siempre ha tomado la misma forma, sería, bueno
indicar brevemente la forma que por lo general asumió en el pasado (sin hacer notar
toda clase de aberraciones), y luego seguir hasta llegar a una descripción más detallada
de las teorías más en boga del premilenialismo actual.
EL PREMlLENIALISMO DEL PASADO
El concepto de Ireneo puede darse como el que refleja mejor el de los primeros siglos
cristianos. El mundo presente durará seis mil años, que corresponden a los seis días de
la creación. Hacia el fin de este período los sufrimientos y persecuciones de los píos se
acrecentarán en gran manera, hasta que por último la encarnación de toda maldad
aparezca en la persona del anticristo. Después de que ese personaje haya completado
su obra destructiva y se haya sentado atrevidamente en el templo de Dios, Cristo
aparecerá en gloria celestial y triunfará sobre sus enemigos. Esto será acompañado por
la resurrección física de los santos y el establecimiento del reino de Dios sobre la tierra.
El período de bendición milenaria, durará mil años, y corresponderá con el séptimo día
de la creación, - el día de descanso. Jerusalén será reconstruida; la: tierra dará sus
frutos en rica abundancia, y la paz y la justicia prevalecerá.
Al fin de los mil años se producirá el juicio final, aparecerá una nueva creación en la cual
los redimidos vivirán para siempre en la presencia de Dios. Como bosquejo general, esta
representación típica de los conceptos escatológicos de los primeros siglos cristianos,
sin embargo, estos siglos difieren en algunos detalles, durante todas las siguientes
centurias, y hasta el Siglo XIX el pensamiento milenial permaneció esencialmente el
mismo, aunque hubo extrañas, aberraciones en algunas sectas. Sin embargo, el estudio
continuado condujo a más amplio desarrollo y más grande claridad en la presentación de
algunos de los particulares respectivos. Los principales rasgos del concepto común
pueden declararse algo así como lo que sigue: La esperada venida de Cristo al mundo
esté cerca, y será visible, personal y gloriosa. Sin embargo, será precedida por ciertos
eventos, tales como la evangelización de todas las naciones, la conversión de Israel, la
gran apostasía, la gran tribulación y la revelación del hombre de pecado.
Por lo tanto, tiempos oscuros y de tribulación están reservados todavía para la iglesia puesto
que tendrá que pasar por la gran tribulación. La segunda venida puede ser un grande,
singular, sobresaliente y glorioso acontecimiento, pero estaría acompañado de otros varios
que tendrán que ver con la iglesia, con Israel y con el mundo. Los santos que hayan muerto
serán levantados y los que vivan serán transfigurados, y juntos serán trasladados para
encontrar al Señor que Viene. El anticristo y sus malvados aliados serán destruidos: e Israel,
el antiguo pueblo de Dios se arrepentirá, será salvo, y restaurado a la tierra santa. Entonces el
reino de Dios, que fue predicho por los profetas, se establecerá en un mundo transformado.
Los gentiles se volverán a Dios en grandes números y serán incorporados al reino. Una
condición de paz y de justicia prevalecerá en toda la tierra. Después de que expire en la tierra
el reino de Cristo, se levantará el resto de los muertos; y esta resurrección será seguida por el
juicio final y la: creación de un cielo nuevo y de una tierra nueva. Hablando en sentido general,
puede decirse que este es el tipo de premilenialismo defendido por hombres como Mede,
Bengel, Auberlen, Christlieb, Ebrard, Godet, Hofmann, Lange, Stier, Van Oosterzee, Van
Andel, Alford, Andrews, Ellicott, Guinness, Kellogg, Zahn, Moorehead, Newton, Trench y otros.
No hay ni que decir que estos hombres difieren en algunos detalles.
EL PREMILENIALISMO ACTUAL
En el segundo cuarto del Siglo XIX se introdujo una nueva forma de premilenialismo bajo la influencia
de Darby, Kelly, Trotter, y sus seguidores en Inglaterra y América un premilenialismo casado con el
dispensacionalismo. Los nuevos conceptos fueron popularizados en los Estados Unidos de América,
de manera especial, por medio de la Biblia de Scofield, y se han' diseminado ampliamente por medio
de obras como las de Bullinger, F.W. Grant, Blackstone, Gray, Silver, Haldeman, los dos Gaebe1ein,
Brookes, Riley, Rogers y un ejército de otros más. Presentan realmente una nueva filosofía de la
historia de la redención, en la que Israel juega un papel sobre saliente y la iglesia no es sino un
interludio. Su principio conductor los hace dividir la Biblia en dos libros, es a saber, el libro del reino y
el libro de la iglesia. Leyendo sus descripciones acerca de los procesos de Dios con los hombres uno
se pierde en una enredada maraña de pactos y dispensaciones sin un hilo de Adriadna que lo guíe
con seguridad, Su tendencia divisiva se revela también en su programa escatológico. Habrá dos
segundas venidas, dos o tres (si no es que cuatro) resurrecciones, y también tres juicios. Además,
habrá dos pueblos de Dios, que de acuerdo con algunos, estarán eternamente separados, Israel que
vivirá en la tierra, y la iglesia que vivirá en el cielo. Lo que sigue dará alguna idea del bosquejo
premilenial que goza actualmente de mayor popularidad: