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Significado y Efectos del Bautismo

El bautismo es el sacramento fundamental que borra el pecado original, infunde la gracia santificante, nos incorpora a Cristo y a su Iglesia, y es necesario para la salvación. A través del bautismo, morimos al pecado y resucitamos a una vida nueva en Cristo.
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Significado y Efectos del Bautismo

El bautismo es el sacramento fundamental que borra el pecado original, infunde la gracia santificante, nos incorpora a Cristo y a su Iglesia, y es necesario para la salvación. A través del bautismo, morimos al pecado y resucitamos a una vida nueva en Cristo.
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El sacramento del

Bautismo
El bautismo es
el fundamento
de toda la vida
cristiana es el
“sacramento de
la fe”, “el pórtico
de la vida en el
espíritu, “la
puerta de los
sacramentos” y
“la puerta de la
Iglesia”, como
se le llama
desde antiguo.
El primer
sacramento de la
iniciación cristiana
recibe, ante todo,
el nombre de
Bautismo, en
razón del rito
central con el cual
se celebra:
bautizar significa
“sumergir”
“introducir” dentro
del agua.
Quien recibe el bautismo es sumergido en
la muerte de Cristo y resucita con Él “como
una nueva criatura” (2 Cor 5, 17).
Se llama también “baño de regeneración y
renovación en el Espíritu Santo” (Tit 3, 5), pues
por él nacemos por el agua y el Espíritu Santo
(Jn 3, 5).
Se llama “iluminación”, porque el bautizado se
convierte en “hijo de la luz” (Ef 5, 8), pues al
recibir la catequesis queda iluminado.
Los sacramentos de la
iniciación cristiana son:

el Bautismo, que es el inicio de


la nueva vida en Cristo;

la Confirmación, que da
fortaleza y plenitud a esa vida;

y la Eucaristía, que nos


alimenta con el Cuerpo y la
Sangre de Cristo para unirnos a
Él y transformarnos hasta
identificarnos con Él.
Todos nacemos con
el pecado heredado
de los primeros
padres (pecado
original), y en
consecuencia
privados de la gracia;
pero Cristo, por el
Bautismo, nos libra
del pecado original y
de los demás
pecados, con su
muerte y
resurrección.
Por el bautismo
morimos al
pecado y
resucitamos a la
vida nueva de la
gracia (cfr. Rom
6, 3-11).
El bautismo es el
sacramento que aplica a
cada bautizado los frutos
de la Redención,

para que muramos al


pecado y resucitemos
a la vida sobrenatural
de la gracia
El Bautismo se instituye
por mandato de
Jesucristo:

“Vayan, pues, y hagan


discípulos a todas las
gentes, bautizándolas
en el nombre del Padre
y del Hijo y del Espíritu
Santo” (Mt 28, 19).

“El que crea y sea


bautizado, se salvará;
pero el que no crea, se
condenará” (Mc 16,
16).
Por lo tanto, el
Bautismo es el
sacramento
instituido por
Jesucristo, que
nos hace
discípulos suyos
y nos regenera a
la vida de la
gracia.
Para bautizar se
necesita hacer una
ablución (lavar) con
agua natural (esta
es la materia del
sacramento).

Y decir con la
intención que lo
hace la Iglesia las
palabras: “Yo te
bautizo en el
nombre del Padre y
del Hijo y del
Espíritu Santo”
(esta es la forma
del sacramento)
¿Qué efectos produce el Bautismo en quien lo
recibe?

1.- Borra el pecado


original con el que
todos nacemos y si el
que se bautiza es un
adulto le borra los
pecados personales y
la pena que por ellos se
debería pagar.
2.- Infunde la gracia
santificantePor el
La gracia es una
participación de la
naturaleza divina,
junto con las
virtudes teologales y
los dones del
Espíritu Santo. Con
estos dones el alma
se hace dócil y
pronta a los
impulsos del Espíritu
Por la gracia,
Dios Padre,
Dios Hijo y Dios
Espíritu Santo
establecen su
morada en el
alma, que es
templo del
Espíritu Santo.
3.- Confiere carácter
sacramental.
Nos marca con una cierta
señal espiritual e indeleble,
que explica el que este
sacramento sólo se pueda
recibir una vez.

El carácter bautismal nos configura a Cristo, nos


da una participación de su sacerdocio, nos
capacita para continuar en el mundo su misión
como fieles discípulos suyos, y nos distingue de
los infieles.
4.- El Bautismo nos
Incorpora a Jesucristo.
Tanto la gracia como el
carácter son efectos
sobrenaturales del
bautismo, que nos unen
a Cristo como se unen
los miembros con la
cabeza. Cristo es
nuestra Cabeza y el
carácter nos vincula a Él
para siempre, mientras
que la gracia nos hace
miembros vivos.
5.- El Bautismo nos
Incorpora a la Iglesia. Por
el bautismo nos
convertimos en miembros
de la Iglesia, con derecho a
participar en la Sagrada
Eucaristía y a recibir los
demás sacramentos; sin
estar bautizado no se
puede recibir ningún otro
sacramento.
La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, y el
bautismo nos incorpora a Cristo, que es la
Cabeza, y a su Cuerpo, que es la Iglesia.
San Juan en su
Evangelio nos hace
saber que el
bautismo es
necesario para
salvarse:
"En verdad, en
verdad te digo que si
uno no nace del agua
y del Espíritu, no
puede entrar en el
Reino de lo cielos"
(Jn 3, 5).
Cuando no es posible recibir el bautismo, se
puede alcanzar esta gracia por el llamado
bautismo de deseo -un acto de perfecto amor
a Dios, o la contrición de los pecados- y por el
bautismo de sangre o martirio, que es dar la
vida por Cristo.
Para los niños
también es necesario
el bautismo. Por eso
hay que bautizarlos
cuanto antes. Sin
duda que es el
mayor regalo que se
les puede hacer,
pues desde ese
momento son "para
siempre miembros
de Cristo, sacerdote,
profeta y rey" (Ritual
del Bautismo).
Normalmente
bautiza el
párroco, u otro
sacerdote o
diácono con su
permiso, pero
en caso de
necesidad
puede hacerlo
cualquiera.
Dios ha dado todas
las facilidades en la
administración de
este sacramento; y
así, incluso lo puede
hacer un no
bautizado, en
peligro de muerte
con tal que tenga
intención de hacer
lo que hace la
Iglesia y lo realice
correctamente, y
bautiza de verdad.
Para bautizar se
derrama agua
natural sobre la
cabeza diciendo,
con intención de
bautizar: "Yo te
bautizo en el
nombre del Padre y
del Hijo y del
Espíritu Santo". Al
bautizar hay otros
ritos, pero lo
esencial es esto.
Al recibir el bautismo
quedamos obligados a
vivir como hijos de Dios
Padre, a conocer y a
imitar a Jesucristo su Hijo
y a vivir la santidad bajo
los impulsos del Espíritu
Santo.
Esto es lo que los papás
y padrinos deben ir
fomentando y alentando
durante la vida del nuevo
bautizado
Debemos agradecer a
Dios el haber sido
bautizados y tomar
conciencia de que el
bautismo nos impone la
exigencia cristiana de
conservar y crecer en
la vida de la gracia,
cumpliendo fielmente
los mandamientos de la
ley de Dios y de la
Iglesia.
El Bautismo nos une a
los demás en la fe, nos
da la conciencia de que
formamos una familia con
los demás bautizados y
que nos debemos ayudar
en el camino que nos
conduce hacia Dios.
Somos también
responsables de la vida y
marcha de la Iglesia

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