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Richard Strauss: Vida y Estilo Musical

Richard Strauss fue un compositor y director de orquesta alemán que floreció entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Evolucionó desde un estilo muy modernista en sus primeras óperas como "Salomé" y "Elektra" hacia un neoclasicismo más sereno en obras posteriores como "Der Rosenkavalier". Mantuvo una relación tensa con el régimen nazi alemán debido a que su nuera era judía, aunque compuso la música para los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936.

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Richard Strauss: Vida y Estilo Musical

Richard Strauss fue un compositor y director de orquesta alemán que floreció entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Evolucionó desde un estilo muy modernista en sus primeras óperas como "Salomé" y "Elektra" hacia un neoclasicismo más sereno en obras posteriores como "Der Rosenkavalier". Mantuvo una relación tensa con el régimen nazi alemán debido a que su nuera era judía, aunque compuso la música para los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936.

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RICHARD STRAUSS (1864-1949)

APRECIACIÓN GENERAL

El extraordinario compositor y director de orquesta alemán


Richard Strauss es una de las figuras más importantes en
la música de dos siglos. Iniciando su carrera en la última
década del siglo XIX llegará a ser uno de los músicos más
representativos de la transición entre el post-romanticismo
y el modernismo. Considerado como el más importante
heredero y continuador de la obra wagneriana su obra es
inmensa y variada, destacando sobre todo en el repertorio
sinfónico y en la ópera. Evoluciona desde un inicio muy
moderno a un hermoso neoclasicismo y a la serena belleza
de las obras creadas cuando ya era un músico octogenario.
INFANCIA Y JUVENTUD

Strauss nació el 11 de junio de 1864 en Múnich, en una familia de la alta sociedad de Baviera
dedicada a la industria cervecera. Su padre, Franz Strauss, era intérprete solista de corno
francés en la Ópera de la Corte de Múnich. Parte de su familia eran músicos, por lo que
recibió una excelente educación musical en su juventud. Empezó a estudiar piano a los cuatro
años con su madre, y violín a los siete con su tío. Apenas con seis años de edad realizó su
primera composición y desde ese momento no dejó de escribir hasta su muerte.
Durante su adolescencia Strauss asistió a ensayos con la Orquesta de la Corte de Múnich,
recibiendo clases particulares de teoría musical y orquestación del director Wilhelm Friedrich
Meyer. En 1882 ingresó en la Universidad de Múnich, donde estudió cursos de Estética,
Filosofía e Historia del Arte. Un año después marchó a Berlín, donde obtuvo un puesto como
director asistente de Hans von Bülow, que quedó muy fuertemente impresionado por la
Serenata para instrumentos de viento, compuesta por Strauss a los 16 años. Strauss aprendió
el arte de la dirección de orquesta observando a Bülow en los ensayos y se convertiría en uno
de los más grandes directores de orquesta del siglo XX sin haber jamás realizado estudios
formales de dirección.
El éxito de su poema sinfónico Don Juan en 1888 consagró a Strauss como uno de los
compositores más importantes del momento, con gran prestigio a nivel internacional, y que
habría de acompañarlo hasta su muerte.
RICHARD STRAUSS DIRIGIENDO
MATRIMONIO Y PRIMEROS
ÉXITOS

En 1894 se casó con la soprano Pauline de Ahna. Pauline al parecer tuvo un


carácter irascible y excéntrico, pero su matrimonio fue esencialmente feliz y
tranquilo, y su mujer una gran fuente de inspiración para él. A lo largo de su vida,
desde sus primeras canciones hasta las Cuatro últimas canciones de 1948, muchas
de ellas compuestas para su mujer, Strauss muestra gran preferencia por la voz de
soprano, y todas sus óperas contienen un importante papel de soprano. El
matrimonio Strauss tuvo un hijo, Franz, en 1897, quien se casó con Alice von Grab.
El matrimonio dio dos nietos al compositor, Richard y Christian. Strauss estuvo
entrañablemente unido a su familia durante toda su vida.
En 1889 fue nombrado asistente del Festival de Bayreuth, así como director del
Teatro de la Ópera de Weimar, dirigiendo con frecuencia obras de Wagner, Gluck y
Mozart. En 1894 se estableció en la ópera de Múnich, y en 1897 fue contratado por
el kaiser Guillermo II de Alemania como director de la Orquesta Real de Prusia, en
Berlín.
Strauss conoció en esta época al compositor austriaco Gustav Mahler, con el que
mantuvo amistad hasta la muerte de este en 1911, en una relación a veces
problemática y no exenta de rivalidades, a pesar de la influencia mutua entre ambos
SU FASE MODERNA A INICIOS DEL
SIGLO XX

En 1903, Strauss fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Heidelberg, ampliando cada
vez más su reconocimiento a nivel mundial.
Aunque Strauss continuará componiendo poemas sinfónicos, una vez entrado el siglo XX su principal
dedicación fue la ópera. El estreno de “Salomé” en 1905 constituyó un primer escándalo y situó a Strauss
en el centro de la vanguardia musical del momento, lo que se acentuó aún más con su siguiente ópera,
“Elektra” (1909), en la que inició su colaboración con el dramaturgo Hugo von Hofmannsthal como
libretista. Recibido en Francia como uno de los compositores más renovadores del momento y admirado
por Claude Debussy, Strauss también se relacionó con los futuros integrantes de la Segunda Escuela de
Viena, especialmente con Arnold Schönberg, a quien ayudó y apoyó profesionalmente en sus primeros
años, y quien sentiría gratitud y admiración por él durante toda su vida. No obstante, Strauss se distanció
de la nueva vanguardia musical rechazando el atonalismo. Su siguiente ópera, “Der Rosenkavalier” (“El
caballero de la rosa”) (1911), muestra una vuelta hacia un estilo más clásico, que se acentuará después de
la Primera Guerra Mundial, convirtiéndose en un músico de hermosa tendencia neoclásica.
El alejamiento de Strauss de las vanguardias más radicales del momento no perjudicó su reputación
internacional, gracias a la cual viajó con frecuencia para interpretar sus propias obras, considerado
frecuentemente como un «clásico viviente». En 1919 fue nombrado director de la Ópera Estatal de Viena,
uno de los primeros teatros de ópera del mundo, cargo en el que contaba como predecesor a Mahler. En
1920 actuó por primera vez en Sudamérica; dos años después emprendió una gira por Estados Unidos, y
posteriormente realizó giras con la Orquesta Filarmónica de Viena por Brasil y Argentina. En 1924
dimitió como director de la ópera vienesa, por diferencias con Franz Schalk.
“SALOME” 1905
SALOMÉ (ESCENA FINAL)
“ELEKTRA” 1909
“DIE FRAU OHNE SCHATTEN” 1919
LAS ÓPERAS “NEGRAS”

Las óperas de Richard Strauss, que son sin duda lo más relevante de su
aporte histórico se han clasificado en dos grupos básicos: las óperas
“negras”: aquellas de tema violentamente expresionista, psicoanalítico y
sexual, como “Elektra”, “Salome” y “Die Frau ohne Schatten” (“La mujer
sin sombra”). Estas óperas son herederas directas en su lenguaje de las
obras más avanzadas de Wagner, utilizan una orquesta de gigantescas
proporciones y llevan a la voz humana, particularmente a la de soprano, a
los últimos límites posibles de resistencia, fuerza y potencia. Se considera
al rol de Elektra el más difícil creado para soprano dramática, superando
hasta a la Isolde wagneriana, mientras que para cantar a Salome, la soprano
no solo debe tener una voz prodigiosamente dramática de timbre juvenil,
sino la presencia de ánimo y la preparación actoral para enfrentar un
desnudo total como lo requiere el libreto y luego la escena final de
necrofilia.
LAS ÓPERAS “ROSAS”

Se ha acuñado esta segunda clasificación para las óperas que Strauss


compone a partir de 1910, alejándose voluntariamente del brutal
expresionismo de su primer estilo, creando un mundo musical neoclásico
de inmensa belleza. Pertenecen a este grupo “Der Rosenkavalier” (“El
caballero de la rosa”), “Ariadne auf Naxos” (“Ariadna en Naxos”) o
“Arabella”. Estas óperas han sido siempre tan populares como las “negras”.
En el estreno de “Der Rosenkavalier” en Dresden en 1911, el delirio
público fue tal que se tuvieron que crear frecuencias de trenes especiales
para que permitieran a la audiencia de toda Europa viajar para ver la ópera,
en lo que bautizaron las líneas ferroviarias el “Der Rosenkavalier express”
“DER ROSENKAVALIER” 1911
“ARIADNE AUF NAXOS” 1916
“ARABELLA” 1932
SU RELACIÓN CON LA ALEMANIA
NAZI Y AGOTAMIENTO MUSICAL

En marzo de 1933 llegó al poder Adolf Hitler, cuando Strauss tenía 68 años. La relación de Strauss con el gobierno
nazi ha sido objeto de innumerables comentarios, discusiones y estudios. Strauss fue nombrado en 1933 presidente
de la Cámara de Música del III Reich, responsable entre otros actos de la prohibición de la música de compositores
judíos. Strauss intentó evitar sin éxito desde su puesto la prohibición de la música de Mahler o de Debussy. Strauss
había empezado a trabajar con el escritor judío Stefan Zweig en el libreto de su ópera La mujer silenciosa, razón
por la cual empezó a ser objeto de presiones por parte del partido nazi y por Goebbels en particular. A partir de
entonces, Strauss manuvo una tensa relación con el partido, y fue sometido a una vigilancia más estrecha aún. No
obstante, su Himno Olímpico fue interpretado en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, bajo la dirección del
propio compositor.
Durante el III Reich, la conducta contradictoria de Strauss, que se consideraba apolítico, parece que estuvo en gran
parte motivada por el hecho de que su nuera Alice era de origen judío, por lo que el compositor intentó utilizar su
influencia para protegerla a ella y a sus nietos. En 1942 la abuela de Alice fue internada en el campo de
concentración de Theresienstadt, y Strauss viajó un día hasta el campo, diciendo en la puerta: «Mi nombre es
Richard Strauss», con la intención de llevarse a la prisionera, consiguiendo solo que los guardias de la puerta lo
echaran.​
En 1942 la familia se trasladó a Viena, buscando la protección de un dirigente nazi local. No obstante, en 1944 la
nuera y uno de los nietos del compositor fueron detenidos por la Gestapo durante dos noches, siendo liberados
finalmente tras la intervención del compositor.
Strauss terminó en 1945 la composición de Metamorfosis, una obra para veintitrés solistas de cuerda. La partitura
termina con una cita de la Marcha Fúnebre de la Sinfonía número 3 «Heroica» de Beethoven, acompañada por las
palabras «In memoriam». Metamorphosen es considerada una de las obras maestras del repertorio de cuerda. Esta
obra fue concebida y escrita durante los días más oscuros de la Segunda Guerra Mundial. Se especula que la pieza
expresa el lamento de Strauss por, entre otras cosas, la destrucción de la cultura alemana, incluido el bombardeo de
SU ACTITUD ANTE LA ALEMANIA
NAZI

“¿Cree usted que yo me conduzco en todos mis actos pensando


que soy «alemán»? ¿Cree usted que Mozart era consciente de ser
«ario» cuando componía? Solo conozco dos tipos de personas: las
que tienen talento y las que no lo tienen”
En abril de 1945, Strauss fue detenido por soldados estadounidenses
en su casa de Garmisch. Mientras descendía la escalera, anunció al
teniente Milton Weiss del Ejército de Estados Unidos: «Soy Richard
Strauss, el compositor de El caballero de la rosa y Salomé». El
teniente Weiss, que era también músico, asintió con la cabeza en
señal de reconocimiento; en el césped del jardín fue colocada una
marca para proteger al compositor. Strauss compuso su Concierto
para oboe (1945) para el oboísta estadounidense John de Lancie, que
estaba entre los soldados que ocuparon la zona.
ULTIMOS AÑOS

Los terribles acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial afectaron a Strauss,


viejo y cansado. Sus últimas obras recuperan una intensidad emocional ausente en
muchas obras anteriores,​ incluyendo, entre otras, el Concierto para trompa número
2, Metamorfosis, el Concierto para oboe y sus magistrales e inquietantes “Cuatro
últimas canciones”, compuestas poco antes de su muerte.
Richard Strauss murió a la edad de 85 años el 8 de septiembre de 1949 en
Garmisch. Su mujer, Pauline, murió ocho meses después, a los 88 años. Durante su
vida, Strauss fue considerado uno de los más grandes compositores de su época, y
su música tuvo una profunda influencia en el desarrollo de la música del siglo XX.
La crítica musical coincide en considerar los últimos trabajos de Strauss, que toman
como modelo a «el divino Mozart al final de una vida llena de agradecimiento»,
como los mejores realizados por un compositor octogenario.​ Strauss declaró con
una humildad rara en él: «Quizás no sea un compositor de primera categoría, pero
sí un compositor de segunda categoría de primer nivel». El pianista canadiense
Glenn Gould describió en 1962 a Strauss como «la figura musical más grande que
ha vivido en este siglo». Su inmensa e importantísima aportación a los géneros de
la ópera, la música sinfónica y la canción continúa hoy más vigente que nunca.
OBRA SINFÓNICA: POEMAS
SINFÓNICOS

La principal contribución de Strauss a la música sinfónica es a través de sus poemas sinfónicos, género en el que llegó a ser un
maestro indiscutible. Según se ha escrito, Don Juan (1889), terminado a los 24 años, es la primera obra maestra de Strauss.
Muerte y transfiguración (1889), compuesta casi al mismo tiempo que Don Juan, se basa en una idea del propio Strauss: un
enfermo recuerda su vida en su lecho de muerte, y cuando la muerte le sobreviene, sus deseos antes no cumplidos son
finalmente alcanzados.
Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel (1895) constituye quizá el poema sinfónico más representativo de Strauss, y una
obra excelente para conocer su estilo, a medio camino entre el humor y el lirismo. Aunque según su título está compuesto en
forma de rondó, los distintos episodios de la vida del héroe picaresco popular Till Eulenspiegel aparecen minuciosamente
retratados, para terminar con la ejecución del protagonista y con un último destello humorístico. Strauss no oculta su gran
simpatía por el héroe picaresco, en una obra crítica y burlona.
Así habló Zaratustra (1896) es sin duda la obra más conocida de Strauss, al menos por el impactante comienzo que fue utilizado
en la película 2001: Una odisea del espacio de Stanley Kubrick. Strauss narra musicalmente de forma libre y fantástica algunos
de los pasajes de la obra de Friedrich Nietzsche, en una obra de gran impacto directo. Hay que señalar también la enorme
influencia de la música de Strauss, especialmente la de sus poemas sinfónicos, en las futuras bandas sonoras cinematográficas.
Para Don Quijote (1897), su versión de la obra de Cervantes, por la que sentía gran admiración, escoge nuevamente una forma
clásica, en este caso las variaciones, utilizando además dos instrumentos solistas: un violonchelo, que representa a Don Quijote,
y una viola, que encarna a Sancho Panza.
En Una vida de héroe (1898), narra las peripecias de un héroe abstracto (el Campo de Batalla del Héroe, la Compañera del
Héroe, etcétera). Este héroe se ha identificado a veces con el propio Strauss, sin que él pareciera desmentirlo. En esta obra,
compuesta para una amplísima orquesta, se acerca a sus óperas más vanguardistas por su audacia armónica.

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