Sexto Paso
“Estuvimos enteramente
dispuestos a dejar que Dios
nos liberase de nuestros defectos.”
ESTE es el Paso que separa
los hombres
de los niños.”
cuerpo
alma
espíritu
No creó al hombre para que se
destruyera a sí mismo con el
alcohol,
sino que le dotó de
instintos para ayudarle a
mantenerse vivo.
El instinto de conservación esta en el hombre
al ser una orden de Dios, para que no
comieran del árbol que les produciría la
muerte, es por esto que Adán y Eva
entendieron que no debían comer de este árbol
ya que solo así podrían vivir.
El de adquisición, esta en el hombre ya que
Dios le entrego todo el huerto del Edén que
tenia lo necesario para que ellos pudieran
vivir.
Alimentación. Dios le enseño al hombre
que tenia que comer para poder existir.
Reproducción. Dios les ordeno al decir:
"Fructificad y multiplicaos; llenad la
tierra".
Dominación. Igualmente Dios les ordena:
"..llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread
en los peces del mar, en las aves de los
cielos, y en todas las bestias..".
Cada persona normal
quiere comer, reproducirse y llegar a ser
alguien en la sociedad.
Y desea gozar de un nivel razonable de
seguridad mientras intenta alcanzar estas
cosas.
De hecho Dios le ha creado así.
Lucas 21 . 34
"Tengan cuidado, no sea que se les
´´endurezca el corazón´´
por el vicio,
la embriaguez y las preocupaciones de esta
vida.
De otra manera, aquel
día caerá de improviso sobre ustedes,
Orgullo
El orgullo mata el espíritu
avaricia
gula Lujuria
pereza ira envidia
Lucas 14.23
Entonces el amo le dijo al criado
Ve por los caminos y los cercados,
y obliga a otros
a entrar ,
para que se llene mi casa
Primer Paso
“Admitimos que éramos impotentes ante el
alcohol,
que nuestras vidas se habían vuelto
ingobernables.”
¿A quién le gusta admitir la derrota total? A casi
nadie, por supuesto
Todos los instintos naturales se rebelan contra la
idea de la impotencia personal.
Es verdaderamente horrible admitir que, con una
copa en la mano,
hemos deformado nuestra mente hasta tener una
obsesión por beber tan destructiva que sólo un acto
de la Providencia puede librarnos de ella.
No hay otro tipo de bancarrota como ésta.
El alcohol, ahora convertido en nuestro acreedor
más despiadado,
nos despoja de toda confianza en nosotros mismos
y toda voluntad para resistirnos a sus exigencias.
Una vez que se acepta esta dura realidad, nuestra
bancarrota como seres humanos es total.
Pero al ingresar en A.A.
pronto adoptamos otra perspectiva sobre esta
humillación absoluta.
Nos damos cuenta de que sólo por medio de la
derrota total podemos dar nuestros primeros pasos
hacia la liberación y la fortaleza.
La admisión de nuestra impotencia personal
resulta ser a fi n de cuentas la base segura sobre la
que se puede construir una vida feliz y útil.
Sabemos que son pocos los beneficios que un
alcohólico que ingrese en A.A. puede esperar,
si no ha aceptado, desde el principio, su debilidad
devastadora y todas sus consecuencias.
Mientras no se humille así,
su sobriedad—si es que la logra—
será precaria.
No encontrará la verdadera felicidad.
Esta es una de las realidades de la vida de A.A.,
comprobada más allá de toda duda por una vasta
experiencia.
El principio de que no encontraremos una fortaleza
duradera hasta que no hayamos admitido la derrota total
es la raíz principal de la que ha brotado y florecido nuestra
Sociedad.
Al vernos obligados a admitir la derrota, la
mayoría de nosotros nos rebelamos.
Habíamos acudido a A.A. con la esperanza de que
se nos enseñara a tener confianza en nosotros
mismos.
Entonces, se nos dijo que, en lo concerniente al
alcohol,
la confianza en nosotros mismos no valía para
nada; que de hecho era una gran desventaja.
Nuestros padrinos nos dijeron que éramos
víctimas de una obsesión mental
tan sutilmente poderosa que ningún grado de
voluntad humana podría vencerla.
Se nos dijo que sin ayuda ajena no podía
existir tal cosa como la victoria personal
sobre esta obsesión.
Complicando implacablemente nuestro dilema,
nuestros padrinos señalaron nuestra creciente
sensibilidad al alcohol—una alergia, la llamaban.
El tirano alcohol blandía sobre nosotros una espada
de doble filo:
primero, nos veíamos afligidos por un loco deseo
que nos condenaba a seguir bebiendo y luego por
una alergia corporal que aseguraba que acabaríamos
destruyéndonos a nosotros mismos.
Eran muy contados los que, acosados de esta
manera, habían logrado ganar este combate mano a
mano.
Las estadísticas demostraban que los alcohólicos casi nunca
se recuperaban por sus propios medios.
Y esto aparentemente había sido verdad desde que el
hombre pisó las uvas por primera vez.
Durante los años pioneros de A.A.,
únicamente los casos más desesperados podían tragar y
digerir esta dura verdad.
E incluso estos “moribundos” tardaban mucho en darse
cuenta de lo grave de su condición.
Pero unos cuantos sí se dieron cuenta y cuando se aferraban
a los principios de A.A.
con todo el fervor con que un náufrago se agarra al
salvavidas, casi sin excepción empezaban a mejorarse. Por
eso, la primera edición del libro “Alcohólicos Anónimos”,
publicado cuando teníamos muy pocos miembros,
trataba exclusivamente de casos de bajo fondo.
Muchos alcohólicos menos desesperados probaron
A.A., pero no les dio resultado porque no podían
admitir su impotencia.
Es una tremenda satisfacción hacer constar que
esta situación cambió en los años siguientes.
Los alcohólicos que todavía conservaban su salud,
sus familias,
sus trabajos e incluso tenían dos coches en su
garaje, empezaron a reconocer su alcoholismo.
Según aumentaba esta tendencia, se unieron a ellos
jóvenes que apenas se podían considerar alcohólicos en
potencia.
Todos ellos se libraron de esos diez o quince años de
auténtico infierno por los que el resto de nosotros
habíamos tenido que pasar.
Ya que el Primer Paso requiere que admitamos que
nuestras vidas se habían vuelto ingobernables,
¿cómo iban a dar este Paso personas como ésas?
Era claramente necesario levantar el fondo que el
resto de nosotros habíamos tocado hasta el punto que
les llegara a tocar a ellos.
Al repasar nuestros historiales de bebedores,
podíamos demostrar que, años antes de darnos
cuenta, ya estábamos fuera de control,
que incluso entonces nuestra forma de beber no era
un simple hábito,
sino que en verdad era el comienzo de una
progresión fatal.
A los que todavía lo dudaban, les podíamos decir, “Tal vez
no seas alcohólico.
¿Por qué no tratas de seguir bebiendo de manera controlada,
teniendo en cuenta, mientras tanto, lo que te hemos dicho
acerca del alcoholismo?”
Esta actitud produjo resultados inmediatos y prácticos.
Entonces se descubrió que cuando un alcohólico había
sembrado en la mente de otro la idea de la verdadera
naturaleza de su enfermedad,
esta persona nunca podría volver a ser la misma.
Después de cada borrachera, se diría a sí mismo,
“Tal vez esos A.A. tenían razón…”
Tras unas cuantas experiencias parecidas, a menudo
años antes del comienzo de graves dificultades,
volvería a nosotros convencido.
Había tocado su fondo con la misma contundencia
que cualquiera de nosotros.
La bebida se había convertido en nuestro mejor
abogado.
Por qué tanta insistencia en que todo A.A.
toque fondo primero? La respuesta es que muy
poca gente tratará de practicar sinceramente el
programa de A.A. a menos que haya tocado
fondo. Porque la práctica de los restantes once
Pasos de A.A. supone actitudes y acciones que
casi ningún alcohólico que todavía bebe podría
siquiera soñar en adoptar.
¿Quién quiere ser rigurosamente honrado y
tolerante? ¿Quién quiere confesar sus faltas a
otra persona y reparar los daños causados? ¿A
quién le interesa saber de un Poder Superior, y
aun menos pensar en la meditación y la
oración? ¿Quién quiere sacrifi car tiempo y
energía intentando llevar el mensaje de A.A. al
que todavía sufre?
No, al alcohólico típico, extremadamente
egocéntrico, no le interesa esta perspectiva—a
menos que tenga que hacer estas cosas para
conservar su propia vida. Bajo el látigo del
alcoholismo, nos vemos forzados a acudir a
A.A. y allí descubrimos la naturaleza fatal de
nuestra situación.
Entonces, y sólo entonces, llegamos a tener la
amplitud de mente y la buena disposición para
escuchar y creer que tienen los moribundos.
Estamos listos y dispuestos a hacer lo que haga
falta para librarnos de esta despiadada
obsesión
Segundo Paso
“Llegamos a creer que un
Poder superior
a nosotros mismos
podría devolvernos el sano juicio.”
Tercer Paso
“Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras
vidas
al cuidado de Dios,
como nosotros lo concebimos.”
Cuarto Paso
“Sin miedo hicimos un minucioso inventario
moral de nosotros mismos.”
Quinto Paso
“Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos,
y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de
nuestros defectos.”
En este punto ya nos dimos cuenta que el alcohol
era solo un
Síntoma
de problemas mas profundos
ahora nos damos cuenta que nuestros
instintos
estaban fuera de control y se
volvieron defectos y
Estos nos llevaron a la bebida
Sexto Paso
“Estuvimos enteramente
dispuestos a dejar que Dios
nos liberase de nuestros
defectos.”
ESTE es el Paso que separa
los hombres
de los niños.”
cualquier persona que tenga suficiente buena
voluntad y sinceridad para aplicar repetidamente el
Sexto Paso a todos sus defectos de carácter—sin
reserva alguna—
ha llegado a alcanzar un gran desarrollo espiritual
y, por lo tanto, merece que se le describa como un
hombre que sinceramente
intenta crecer a la imagen y semejanza de su
Creador.
permitir que dios nos libere de nuestros
defectos
Es la decisión de los hombres
Los niños solo quieren dejar de beber
Los hombres quieren crecer a la imagen de
su creador
"Sin duda, yo estaba vencido, totalmente
derrotado.
Mi fuerza de voluntad no me servía para nada
frente al alcohol.
Simplemente,
no podía dejar de beber,
y no parecía que ningún ser humano
pudiera conseguir que lo hiciera.
Pero cuando llegué a estar dispuesto a poner
mi casa en orden
y luego pedí
a un Poder Superior,
Dios como yo Lo concebía,
que me liberase de mi obsesión por beber,
esa obsesión desapareció".
El ser humano no tiene poder
de cambiar vidas humanas
Dios es el único
Habiendo tenido una completa liberación del
alcoholismo,
¿por qué no podríamos lograr,
por los mismos medios,
la liberación absoluta de cualquier otra
dificultad o defecto?
Este es el enigma de nuestra existencia,
cuya completa solución puede que exista
sólo en la mente de Dios.
En esto su poderoso instinto de sobrevivir
puede cooperar
plenamente con el deseo de su Creador
de darle una nueva vida.
Dios desea que pongas de tu esfuerzo
Así como teníamos el impulso destructivo
cuando bebíamos
Ahora
Quiere que con ese mismo animo
lo busquemos a el
Dios tiene el 90
y tu con un diez por ciento
Novena tradición
A menos que cada miembro de A.A. siga
como mejor pueda nuestros Doce Pasos de
Recuperación sugeridos, es casi seguro que
ha firmado su propia sentencia de muerte.
Sus borracheras y su disolución no son
castigos impuestos por gente con autoridad;
son el resultado de su propia desobediencia
a principios espirituales.
El resultado fue sorprendente
cuando descubrimos el mundo espiritual
Eso fue el despertar espiritual
Pero el deseo debe ser
permanecer en
Ese mundo de espíritu
2 capitulo
Algunos de nuestros lectores alcohólicos
pudieran creer que son capaces de librarse
sin una ayuda espiritual.
Eso es porque, una vez que fuimos informados por
aquéllos que habían solucionado su problema de
alcohol,
no nos quedaba nada más que hacer sino recoger el
juego de herramientas espirituales puesto a nuestros
pies.
Descubrimos, por así decirlo, el paraíso y fuimos
propulsados hacia una cuarta dimensión de la
existencia, como jamás la hubiéramos podido
imaginar.
El hecho importante consiste simplemente en
esto: Tuvimos y conocimos una experiencia
espiritual profunda y eficaz que revolucionó
nuestra actitud hacia la vida, hacia nuestro
prójimo y todo lo que concierne a Dios.
Aquello que ocupa el centro de nuestra vida
de hoy es la absoluta certeza de que nuestro
creador ha entrado en nuestros corazones y
nuestras vidas de un modo milagroso. Ha
empezado a realizar aquellas cosas que no
pudimos hacer nosotros mismos.
No creó al hombre para que se destruyera a sí
mismo con el alcohol, sino que le dotó de
instintos para ayudarle a mantenerse vivo.
No existe la menor evidencia, al menos en
esta vida, de que nuestro Creador espere que
eliminemos totalmente nuestros instintos
naturales.
no es de extrañar que a menudo les dejemos
que se conviertan en exigencias que
sobrepasan sus propósitos originales
este es el punto en el que nos desviamos del
grado de perfección que Dios desea que
alcancemos en esta tierra.
Puesto que la mayoría de nosotros nacemos con
una abundancia de deseos naturales, no es de
extrañar que a menudo les dejemos que se
conviertan en exigencias que sobrepasan sus
propósitos originales. Cuando nos impulsan
ciegamente, o cuando exigimos voluntariosamente
que nos den más satisfacciones o placeres de los
que nos corresponden, este es el punto en el que
nos desviamos del grado de perfección que Dios
desea que alcancemos en esta tierra.
Si se lo pedimos, Dios ciertamente nos perdonará nuestras
negligencias. Pero nunca nos va a volver blancos como la nieve
Dios solamente nos pide que nos esforcemos lo más que podamos
para hacer progresos en la formación de nuestro carácter.
Jos 1.7
Por lo tanto, el Sexto Paso—“Estuvimos enteramente dispuestos a
dejar que Dios nos liberase de nuestros defectos”—es la forma en que
A.A. expone la mejor actitud posible que se puede tomar para dar un
comienzo en este trabajo de toda la vida.
Mt 6.33 mt 7.24
Así que la diferencia entre los niños y los hombres
es la diferencia entre aquel que se esfuerza por alcanzar un objetivo
marcado por él mismo
y aquel que aspira alcanzar el objetivo perfecto que es el de Dios.
Si esperamos poder valernos de este Paso para solucionar problemas
distintos del alcohol, tendremos que hacer un nuevo intento para
ampliar nuestra mente.
La única pregunta que tendremos que hacernos es, “¿Estamos
dispuestos?”
Tal vez todavía nos veremos obligados a decir en algunos casos,
“Aún no puedo abandonar esto…,” pero nunca debemos decirnos,
“¡Jamás abandonaré esto!” Deshagámonos ahora de una posible
trampa peligrosa
que hemos dejado en el camino.
Tal vez puedo posponer indefinidamente el enfrentarme a algunos de
mis problemas.” Por supuesto, esto no servirá. Esta manera de
engañarse a uno mismo tendrá que seguir el mismo camino que otras
muchas justificaciones agradables. Como mínimo, tendremos que
enfrentarnos a algunos de nuestros peores defectos de carácter, y
ponernos a trabajar para eliminarlos tan pronto como podamos.
Al decir “¡Nunca, jamás!” cerramos nuestra mente a la gracia de
Dios. La demora es peligrosa y la rebeldía puede significar la muerte.
Este es el punto en el que abandonamos los objetivos limitados, y nos
acercamos a la voluntad de Dios para con nosotros.
Juan 4.24.
Dios es Espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo de
un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios.
Juan 6.63.
El espíritu es el que da vida; la carne para nada
aprovecha; las palabras que yo os he hablado son
espíritu y son vida.
Lucas 4.44.
Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan
vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.
• Traumas psicosexuales.
· Sadismo:
Desviación sexual en la cual la gratificación y la
excitación sexual se logra al infligir dolor o humillación a
su pareja.
· Masoquismo:
Desviación sexual en la cual la gratificación sexual y la
excitación sexual se logra cuando la persona es
psicológica o físicamente maltratado por su pareja o por sí
mismo.
· Voyerismo:
Desviación sexual que se caracteriza en lograr la
excitación sexual al observar, sin que este sea visto,
a otras personas haciendo algún acto sexual.
· Exhibicionismo:
Desviación sexual en la cual el sujeto muestra sus
genitales a otras personas en un lugar y en una
situación social absolutamente inapropiada, lo cual
es vivido como excitante. El exhibicionista suele
ser hombre.
· Pedofilia:
Desviación sexual en la cual se logra
excitación a través de fantasía o contactos
sexuales con menores de edad.
· Zoofilia:
Desviación sexual en la cual, ya sea en
fantasía o en la realidad, los animales son
usados para lograr excitación sexual.
1juan 1.7-10
Pero si vivimos en la luz, así como Dios está en la luz,
entonces hay unión entre nosotros, y la sangre de su Hijo
Jesús nos limpia de todo pecado.
8. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a
nosotros mismos y no hay verdad en nosotros;
9. pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar
en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados
y nos limpiará de toda maldad.
10. Si decimos que no hemos cometido pecado, hacemos
que Dios parezca mentiroso y no hemos aceptado
verdaderamente su palabra.