PAC 2: El surgimiento de la escritura.
La escritura es, junto al dominio del fuego, los metales y la agricultura, el factor más
característico de los albores de la humanidad. Todos los mencionados antes son importantes
hitos en el avance del ser humano, pero ninguno es similar a la escritura. Es aquel que marca la
diferencia entre la Prehistoria y la Historia, el momento en el cual las memorias colectivas como
especie dejan de depender sólo de restos materiales y pasan a ser algo más, ya que los modos de
vida quedan reflejados de forma permanente: ya sean herencias, registros de propiedades,
oraciones y súplicas a los dioses y reyes, e incluso los primeros chistes de la historia, como por
ejemplo: “Un perro entra a una taberna y dice: ‘No puedo ver nada. Voy a abrir ésta” 1.
Los primeros sistemas de escritura en la historia de la humanidad surgieron en Mesopotamia,
una región que abarca el territorio actual de Irak, Siria, y parte de Turquía e Irán. Uno de los
sistemas de escritura más antiguos que se conocen es la escritura cuneiforme, desarrollada por
los sumerios alrededor del 3300 a.C. Originalmente, la escritura cuneiforme consistía en una
serie de pictogramas que representaban objetos concretos, pero con el tiempo se convirtió en un
sistema de escritura más abstracto que representaba sonidos y conceptos.
Otro de los primeros sistemas de escritura fue el jeroglífico egipcio, desarrollado por los
antiguos egipcios alrededor del 3200 a.C. Los jeroglíficos egipcios eran una combinación de
imágenes, símbolos y signos fonéticos, y se escribían principalmente en papiro, una planta
acuática que crecía a lo largo del río Nilo.
En la antigua China, alrededor del 1500 a.C., se desarrolló la escritura china, que consistía en un
sistema de caracteres ideográficos. Cada carácter representaba un objeto o concepto y podía ser
combinado con otros caracteres para formar palabras y oraciones. Los caracteres chinos se
escribían originalmente en huesos de animales y caparazones de tortugas, en lo que se conoce
como la escritura de huesos.
En la antigua civilización del valle del Indo, que floreció alrededor del 2600 a.C. en la región
que hoy es Pakistán y parte de la India, se desarrolló un sistema de escritura conocido como
escritura del valle del Indo. Este sistema de escritura aún no ha sido completamente descifrado,
pero se han encontrado miles de inscripciones en sellos, tabletas y objetos de cerámica que
sugieren que se utilizaba para registrar transacciones comerciales y administrativas. (Cervelló,
2015, p. 367)
Estos primeros sistemas de escritura marcaron el comienzo de la historia escrita y sentaron las
bases para el desarrollo de la literatura, la ciencia, la filosofía y la cultura en general. En este
artículo nos centraremos en las más antiguas, surgidas en torno a los ríos Nilo, Tigris y Eúfrates:
los jeroglíficos y la escritura cuneiforme.
1
Este en concreto está incompleto, pero al contrario que otros que sí están enteros, no es de mal gusto.
Debemos, sin embargo, hacernos la siguiente pregunta ¿Cuándo surge la escritura?¿En qué
contexto? Podemos tomar los sistemas escritos como algo singular, producto circunstancial de
una época de muchos cambios en las formas de vida humanas. Sin embargo, tal y como sostiene
Tunca (2004, p. 79) “El nacimiento de la escritura mesopotámica no es un fenómeno puntual,
aunque tampoco es una invención”. Debemos puntualizar esto. La vida en las comunidades fue
volviéndose cada vez más compleja, cada vez más grande y difícil de manejar, con grandes
cantidades no sólo de personas sobre las que legislar y gobernar, sino también de productos que
contabilizar y hacer inventario. Es en ese contexto donde podemos ubicar el nacimiento de la
escritura, para que las palabras ya no desaparezcan y puedan ser llevadas de un lado a otro de
las ciudades-estado o de los pequeños reinos que fueron surgiendo a las orillas de los ya
mencionados ríos Nilo, Tigris y Eúfrates.
Los primeros testimonios que nos han llegado de estas dos civilizaciones podemos encontrarlas
en yacimientos como Susa o Nuzi en caso de Mesopotamia, bajo la forma de tablillas o esferas
de arcilla. En el caso de Egipto es mucho más concreto: los primeros restos documentales, los
más antiguos, los encontramos en la tumba U-j en Abydos, en la zona del Alto Egipto.
Mapas del reino del Alto Egipto y del reino sumerio, donde surgieron los primeros pictogramas
antecesores de los jeroglíficos y de la escritura cuneiforme.
Partiendo de esa base, podemos encontrar diversas similitudes entre las dos formas de escritura,
que son múltiples. La primera es su origen. Ambas, tanto jeroglíficos como la escritura
cuneiforme, tienen su origen en unos pictogramas desarrollados por necesidad. En estos
pictogramas se describían conceptos, pero eran derivaciones de su significado o versiones
resumidas, como describe Cervelló (2015, p. 386), como por ejemplo un rectángulo con
múltiples líneas horizontales y verticales atravesándolo representaba “finca”, “campo” o
incluso “nomo”2.
El grado de abstracción al que nos enfrentamos en estas primeras etapas del lenguaje escrito es
muy bajo, y tendían a representarse las cosas tal cual eran, pero con cierto esquematismo para
que fuese fácil dibujarlos, comprenderlos y repetirlos. En el caso mesopotámico podemos
encontrar símbolos similares, que evolucionaron primero en direcciones iconográficas, solo para
evolucionar, con el tiempo, no-figurativas. Con el tiempo llegaron a aparecer los primeros
números, de los que hablaremos más tarde. (Tunca, 2004, p. 75). Los primeros símbolos
bailaban entre la funcionalidad y lo simbólico, pudiendo señalar cuatro grandes características:
La disposición, la calibración, el soporte y el sentido. (Cervelló, p. 380).
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Cada una de las divisiones territoriales que conformaban el antiguo Egipto.
Evolución de los pictogramas sumerios hasta la escritura cuneiforme.
Pictogramas hallados en la tumba U-j de Abydos, precedentes inmediatos de los
jeroglifos.
Otras similitudes que podemos hallar está en el origen mítico de la escritura para ambas
civilizaciones, aunque las diferencias entre ambas a la hora de tratar esto eran, como poco,
enormes.
Tras estos signos pictográficos que hemos descrito, las escrituras que estamos describiendo
dejan muy claro que les queda evolución hasta llegar a las que conocemos. En el caso de los
jeroglíficos, no será hasta estadios más cercanos a la unificación llevada a cabo por el rey
Narmer en el 3100 a.C, y en el caso de Mesopotamia será un proceso evolutivo que será llevado
a cabo por los imperios que, sucesivamente, ocupen la zona.
Los antiguos (egipcios, mesopotámicos, griegos, etc…) fueron conscientes, a su manera, de que
hubo ciertos hitos en el largo camino de la humanidad que fueron claves para su evolución,
como por ejemplo muestra el mito de Prometeo y el robo del fuego en la mitología griega. Así,
los egipcios le atribuyen la escritura al dios que todo lo sabía, Thot, la deidad de la sabiduría, la
magia y las matemáticas La palabra, al igual que el aliento, fue un don que los dioses le
otorgaron a la humanidad.
En el otro lado del arco tenemos a los sumerios. Para ellos, la palabra oral provenía igualmente
de los dioses, y con ella Enlil había dado forma al mundo, era la regla por la que el orden divino
se perpetuaba en el cosmos. Pero la palabra escrita era de origen humano, y para tal le dieron un
origen en el ciclo épico de Enmekar, el rey de Uruk que tuvo un gran feudo contra el señor de
Aratta3. En dicho relato, ambos reyes intercambiaban una serie de retos y desafíos, hasta que el
mensajero que transportaba las nuevas quedó exhausto y sin más capacidad para transportar
3
Ciudad legendaria que podemos ubicar en Asia Menor
mensajes. Es ahí cuando el protagonista de la historia inventa las tablillas de arcilla, para que el
mensajero pueda escribir las palabras que se le ordena que transporten. (Glassner, 2000).
¿Es importante, pues, saber cuál es el origen que estas civilizaciones le daban a la escritura? En
el fondo, como siempre, sí. Es sabido que para los egipcios, lo divino impregnaba todos los
aspectos de su vida, y la palabra no fue menos. Hay que entender, en este caso particular, que la
escritura se reveló como una parte esencial del aspecto místico del reino del Nilo, ya que las
palabras tenían un enorme poder según la cosmología egipcia. La escritura, y por tanto aquellos
que se dedicaban a ella, poseía un rango privilegiado porque vivían de un don de los dioses.
Para los mesopotámicos, la escritura era un signo de la inteligencia humana, de su capacidad de
supervivencia más allá de los dioses, quienes tenían el destino de los hombres en sus manos.
Los dioses egipcios eran el tronco que vertebraba su mundo, los mesopotámicos eran los
jugadores que movían las piezas de ajedrez. Mundos radicalmente opuestos.
Es natural preguntarse, con la cercanía cronológica y geográfica, si alguna de estos sistemas de
escritura impulsó el nacimiento del vecino. Lo razonable, de hecho, es que viendo cómo se
conforman los signos y que surgió ligeramente antes en el área mesopotámica, que pudo
perfectamente servir como cauce para que surgiese. Sin embargo, hay varios fallos a este punto
de vista. El primero es que ambos sistemas de escritura son muy diferentes en su génesis.
Los jeroglíficos nacieron, como ya hemos dicho, en el área de influencia de la cultura de
Nagada II (3750-3300 a.C). Este sistema de escritura era una combinación de imágenes,
símbolos y signos fonéticos, y se escribía principalmente en papiro, una planta acuática que
crecía a lo largo del río Nilo. Los jeroglíficos egipcios eran utilizados para registrar información
importante, como eventos históricos, transacciones comerciales, textos religiosos y literatura.
La escritura cuneiforme surge alrededor del 3500 a.C entre los ríos Tigris y Eúfrates. La
escritura cuneiforme sumeria inicialmente consistía en una serie de pictogramas que
representaban objetos concretos, pero con el tiempo se convirtió en un sistema de escritura más
abstracto que representaba sonidos y conceptos. Se escribía principalmente en tablillas de arcilla
utilizando una cuña o punzón, de ahí su nombre "cuneiforme", que significa "en forma de cuña".
Este sistema de escritura fue utilizado por varias civilizaciones de la antigua Mesopotamia,
incluyendo a los sumerios, acadios, babilonios y asirios, y se utilizó para registrar una amplia
gama de información, como leyes, contratos, poemas, mitos y registros históricos.
Con estas breves descripciones podemos inferir las diferencias que las separaban. No eran
formas de comunicación parecidas más allá del empleo de símbolos y pictogramas en un inicio,
aunque con el tiempo fueron separando sus caminos cada vez más. Además, los signos no
coinciden en ninguno de sus significados, ningún jeroglífico es similar a un signo cuneiforme
(Cervelló, p. 408). Además, está la cuestión de la localización. Si bien es cierto que podemos
hallar registros escritos que coincidan con el origen de la escritura en múltiples yacimientos
mesopotámicos, no sucede así con la escritura egipcia. Como bien explica Cervelló (p. 410), la
única fuente de origen de la escritura egipcia podemos encontrarla en las tumbas de Abydos,
siendo más precisos, en la tumba U-j de la necrópolis de la ciudad.
La siguiente pregunta también es muy interesante: ¿Para qué se empleaban estos sistemas en sus
inicios? ¿Respondieron a las mismas necesidades en dos mundos culturales completamente
distintos? La respuesta a esta pregunta es no.
La escritura surge en Mesopotamia como una necesidad ante la forma de gobierno que se formó
en los primeros reinos de la zona: ciudades-estado cuyos centros administrativos y religiosos se
hallaba en los templos. Para poder dar forma al caos de ofrendas y tributos que recibían, surgió
la escritura, para poder dejar constancia de todos los productos recibidos y mantener el orden
(Cervelló, p. 411). El trabajo de Tunca (2004) resume muy bien que no sólo se dedicó a las
tablillas, sino que se desarrollaron otras formas de soporte como esferas de arcilla que servían
como contrato para las personas no versadas en la escritura (Tunca, p.74).
El origen de la escritura en el antiguo Egipto, por otra parte, es de un origen mucho más
solemne. Las primeras inscripciones podemos encontrarlas en las tumbas de Abydos (no sólo en
U-j, sino en toda la tumba U y similares), con la clara intención de preservar la memoria del
difunto y contar su vida. Además, y esto será algo que se desarrollará durante todo el antiguo
Egipto a lo largo de todas sus fases, en las paredes se inscriben hechizos y conjuros para
proteger el tránsito del difunto a la otra vida. Podemos decir, pues, que la magia que ya hemos
mencionado con anterioridad fue un motivo esencial. Los conjuros y oraciones que componían
la tradición pasaron a inscribirse en las paredes para que sirviesen de protección a los que iban a
iniciar el camino a la Duat, el más allá egipcio.
Los soportes también fueron muy, muy variados según la civilización. Nos ha quedado
medianamente claro que el material más empleado por los mesopotámicos era la arcilla, fuere la
forma que fuere, como deja claro Tunca (2004), en tablillas o esferas llamadas calculi. En el
caso de los egipcios, los materiales fueron más variados: bien cerámicas de asas onduladas,
pintadas con pintura negra, o bien etiquetas de hueso o piedra con las inscripciones grabadas,
para poder ser encajadas a modo de amuleto en recovecos dispuestos a lo largo de la estancia,
así como jarras y piezas del ajuar.
Conclusión
La aparición de la escritura, fuere por las causas que fuere, fue el último paso que dio la
humanidad para abandonar definitivamente el umbral de la Historia y entrar en ella. No se
abandonó la tradición oral, pero la organización de las culturas que desarrollaron la escritura
ganó mucho en organización. La escritura supuso una revolución después de la revolución
neolítica.
Bibliografía
- Cervelló, J. (2015). “Cap. 5: El origen de las escrituras egipcias”, pp. 367-395
- Tunca, O. (2004). “L’origen i el naixement de l’escriptura a Mesopotàmia, pp. 72-81
- "Le récit sumerien de l'invention de l'écriture". En: Glassner, J. J. Ecrire à Sumer : l'invention
du cunéiforme. [Paris] : Editions du Seuil, cop. 2000. p. 21-44.