ARTE DE EGIPTO
DE LA ÉPOCA PREDINÁSTICA AL ARTE FARAÓNICO
LA FASCINACIÓN POR EGIPTO:
El patrimonio de Egipto perduró, por su materialidad, siempre ha estado ahí,
siempre ha sido estudiado y expoliado. Durante la Antigüedad clásica fue muy
importante, hubo faraones romanos, visión bíblica…, Edad Media, Edad
Moderna, Estudios científicos de los siglos XVIII y XIX, visión romántica de
mediados del S XIX y los grandes descubrimientos del S XX y la “Description de
l´Égypte”
La campaña napoleónica de Egipto y Siria (1798-1801): usa las pirámides como
referente visual, como un ente que siempre ha estado ahí, algo casi
sobrenatural. Napoleón y los soldados, “desde lo alto de estas pirámides
cuarenta siglos de historia os contemplan” – cita de Nap.
La descripción de Egipto se basaba en el estudio de las piezas que llegaban.
Como en el 1799 con el descubrimiento en la desembocadura del Nilo de la
Piedra Rosetta por Champolión. Escrito en tres idiomas, que permitió
descodificar los jeroglíficos egipcios, antes eran conocidos, pero no se podía
saber qué contaban, no se tenía una cultura textual. + Demótico (lenguaje
popular del S II a.C.).
En el siglo XX, se comenzó un estudio científico de los hallazgos. Tumba de
Tutankamón… no muy importante, la exuberancia de las tumbas de otros
faraones importantes sería extrema.
La ciudad de Memphis es el límite, está justo en el punto en el que el Nilo se
ramifica. El bajo Egipto es toda la zona del delta del Nilo, la anterior a Memphis,
de Memphis al sur es Alto Egipto (donde están las grandes ciudades).
IMPORTANCIA DEL NILO
LA IMPORTANCIA DEL NILO:
El rio Nilo, ordena todos los aspectos de la vida, está condicionada hasta la
fundación de la Presa de Asuán por el cauce del Nilo (única fuente de agua). El
“Ajet” es la estación de la inundación (junio-octubre). Las aguas del Nilo cubren
los cultivos con una capa de nutrientes y sedimentos (limo), fertilización del
terreno.
Durante el “Peret”, se da la estación de la siembra (octubre-febrero). La tierra
reblandecida es fácil de cultivar (trigo, cebada, lino, papiro, frutas y legumbres).
Y, por último, la “Shemu”, es la estación de la recolección, en ella se realiza la
siega y la recolección. El sol y el calor agrietan la tierra, con lo que se airea y se
prepara para recibir el agua en Ajet.
Se conservan tres nilómetros: el de Elefantina, que está en Nubia y es una isla,
en Asuán (también en El Cairo y Ombo). Sirve para medir el nivel del Nilo, para
poder controlar administrativamente la producción, y saber cuánta tierra podrá
ser cultivada. Esto es para calcular el nivel de impuestos (cuanta más
producción más impuestos).
LA RELIGIÓN EGIPCIA:
PLANOS Y CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA RELIGIÓN EGIPCIA:
Las religiones pueden estar basadas en el Monoteísmo, idea presente a lo largo
del tiempo en textos de las clases más altas. Se cree que sobre todos los
hombres hay un dios Omnipotente y providente. O en el Politeísmo, que expone
que puede darse en cada ciudad o nomo tiene un dios titular que es
considerado supremo y protector de sus habitantes y también tríadas.
En algunos centros religiosos, la síntesis, especialmente en épocas de
centralización política o cultural, se intentó unificar las diversas creencias
locales en una religión más estructurada. Esto implicaba combinar mitos, dioses
y rituales de distintas regiones en un sistema coherente. La intención es de
regular, codificar y estandarizar las creencias. Por ejemplo: El culto a Amón-Ra
en Tebas, que fusionó al dios solar Ra con el dios local Amón, es una muestra de
esta síntesis.
Otra característica que se da en Egipto es la “Zoolatría”: adoración de animales
concretos: No se veneraba a la especie en general, sino a individuos específicos
considerados encarnaciones vivas de un dios. Ejemplos: El buey Apis en Menfis,
encarnación del dios Ptah. El cocodrilo sagrado en Kom Ombo, asociado a
Sobek. El gato de Bastet, en Bubastis. Estos animales vivían en templos, eran
cuidados por sacerdotes y, tras su muerte, eran momificados y enterrados con
rituales solemnes.
Tambien el “Animismo”, la creencia en espíritus menores: Se pensaba que el
mundo estaba lleno de genios, espíritus o fuerzas invisibles que habitaban en
objetos, lugares o fenómenos naturales. Aunque no formaban parte del panteón
oficial, estos seres influían en la vida cotidiana, y se les rendía culto mediante
amuletos, ofrendas o rituales domésticos.
Igualmente, es clave la divinización de seres humanos: Algunos personajes
históricos fueron elevados al rango divino por su sabiduría, poder o contribución
a la sociedad. Ejemplos: Imhotep, arquitecto y médico, fue divinizado como dios
de la medicina o Ramsés II, faraón de gran prestigio, fue venerado como una
figura semidivina. Esta práctica reforzaba el poder político y la conexión entre lo
humano y lo divino.
LA CREACION DE LOS DIOSES Y EL UNIVERSO:
1. Atum-Ra (sol, creador de la vida).
2. Shu (aire) y Tefnut (humedad)
3. Geb (tierra, fertilidad), Nut (cielo)
4. Osiris (agricultura e inframundo), Seth (Caos y
sequía)
5. Isis (maternidad, salvación), Neftis (hogar y
noche).
6. Hijo de Neftis y Seth: Anubis (muerte, chacal)
7. Hijo de Isis y Osiris: Horus
Según el “Libro de los muertos”: después de la muerte
hay un juicio o “sicostasis”, presidio por Anubis (dios de
los muertos), se juzgan los valores en vida y
dependiendo de ellos se dictaminará su destino. Anubis pesa la virtud del
difunto en una balanza (corazón y pluma). Si el peso es negativo, el muerto es
EL FARAÓN:
devorado por Ammit (un ser híbrido, que representa a los animales más
peligrosos potencialmente para el ser humano, felino, cocodrilo, e hipopótamo).
EL FARAÓN
Tiene varios elementos característicos en la vestimenta:
Tocado alargado y blanco: Alto Egipto (Sur) o Tocado rojo con: Bajo Egipto
(fértil).
Ambos: Doble corona del reino unido
Corona azul o casco de guerra
Nemes: vinculado a lo funerario
Y había una distinción de los faraones en el imperio:
Los dioses-reyes: los dioses habían reinado en Egipto. El último dios-rey
habría sido Horus.
Los reyes-dioses: en la I y II dinastía se considera que el rey desciende
directamente de Horus y se le considera hijo de Ra.
En el Imperio Antiguo, el faraón es titulado “Dios” o “Gran Dios”.
En el Imperio Medio, el faraón es titulado “Buen Dios”.
En el Imperio Nuevo, el faraón es titulado “Hijo” o “Vicario” de Amón-Ra.
LOSORIGENES
LOS ORIGENES DEL
DRL ARTE
ARTE EGIPCIO:
EGIPCIO
PERIODO
PERIODOPREDINÁSTICO (h. 4000-3200
PREDINÁSTICO a.C.) a.C.)
(h. 4000-3200
Cultura neolítica (economía basada en la agricultura y la ganadería)
Diferentes asentamientos organizados como sistemas tribales, no
unificadas.
Destaca Nagada: Nagada I o Amratiense, Nagada II o Gerzense.
PERIODO PROTODINÁSTICO (3200-3100/3065 a.C.)
Coincide con la cultura de Nagada III o Semaniense.
Dinastía 0 (agrupa todos los faraones anteriores a la lista de Manetón).
Protagonismo de la ciudad de Hieracómpolis.
PERIODO ARCAICO O ÉPOCA TINITA (3100/3065-2700 a.C.)
El mítico rey Menes (¿Narmer, Horus Aha?) unifica Egipto y funda Menfis.
Coincide con las Dinastías I y II (3100-2700 a.C.)
Capital en la ciudad perdida de Tinis. Necrópolis en Abidos y Menfis.
LOS ESCRIBAS TIENEN IMPORTANCIA POR QUE DEJAN POR ESCRITO
PERIODO PREDINASTICO:
- Las cerámicas de la cultura Nagada I:
Perteneciente al periodo predinástico del Antiguo Egipto, se caracterizan por
sus bordes negros y superficies pulidas, resultado de técnicas de cocción
reductiva que les conferían una estética distintiva. Estas piezas no solo
cumplían funciones utilitarias, sino que también reflejaban aspectos simbólicos
y rituales de la sociedad. En este contexto, aparecen figuras votivas o “exvotos”
con extremidades muy pegadas al cuerpo, lo que sugiere una estilización
intencionada que podría estar vinculada a creencias religiosas o mágicas.
Se observa una marcada atención a los genitales, tanto masculinos como
femeninos, lo que indica una posible veneración de la fertilidad o la
reproducción como elementos centrales en su cosmovisión. Además,
algunas piezas presentan incrustaciones que enriquecen su valor estético
y simbólico. Estas manifestaciones culturales muestran una sorprendente
concordancia con elementos de la cultura mesopotámica contemporánea,
especialmente en el uso de símbolos corporales y objetos rituales, lo que
sugiere posibles contactos o paralelismos en el desarrollo de las primeras
civilizaciones del Oriente.
- Objetos que podrían hacer referencia a diversas divinidades:
Entre los objetos predinásticos egipcios que podrían estar vinculados a prácticas
religiosas o cultos divinos, destaca el peine ceremonial atribuido al dios Seth.
Este tipo de pieza, lejos de tener un uso cotidiano, parece haber sido concebido
con fines rituales o simbólicos. Su elaboración en marfil, un material valioso y
delicado, junto con una decoración frágil y minuciosa, sugiere que se trataba de
un objeto reservado para ocasiones especiales o ceremonias religiosas.
La asociación con Seth, una deidad compleja vinculada al caos, la fuerza y la
protección, refuerza la idea de que estos peines no eran simples utensilios, sino
elementos cargados de significado espiritual. Su diseño y material también
indican una intención de perdurabilidad y prestigio, lo que los convierte en
testimonios valiosos de la religiosidad y el arte refinado de las culturas
predinásticas egipcias.
- Cerámica de Nagada II:
Durante el periodo de Nagada II, también conocido como cultura Gerzense, las
manifestaciones artísticas alcanzan un mayor grado de complejidad y
refinamiento en comparación con la etapa anterior de Nagada I. Las cerámicas
y objetos decorativos muestran una ornamentación más elaborada, con motivos
figurativos que reflejan aspectos sociales y religiosos de la época. Entre estas
representaciones destacan las figuras de danzantes, que aparecen en actitud
dinámica y estilizada, con rasgos anatómicos intencionadamente
enfatizados.
Un ejemplo claro es la prominencia de los pechos en las figuras
femeninas, lo que sugiere un interés simbólico por la fertilidad, la
feminidad o incluso por roles rituales específicos. Esta evolución en la
iconografía indica no solo un avance técnico en la producción artística,
sino también un cambio en la cosmovisión y en la manera en que las
comunidades Gerzense concebían el cuerpo, el movimiento y lo sagrado.
- Tumba 100 de Hieracómpolis:
En ella se encuentra un ejemplos de las pinturas pertenecientes al periodo
Gerzense (Nagada II) se distinguen por el predominio de tonos ocres, aplicados
sobre superficies que revelan una estética sobria pero cargada de simbolismo.
Las formas representadas son extremadamente sencillas, reducidas a su
mínima expresión, lo que demuestra una intención comunicativa basada en la
forma más que en la expresividad.
Esta economía de detalles no resta fuerza al mensaje visual; al contrario, lo
potencia. En estas composiciones aparecen elementos recurrentes como barcos,
que podrían aludir a travesías rituales o sociales; figuras danzantes, que evocan
ceremonias o celebraciones; y personajes destacados, como uno que porta una
maza símbolo inequívoco de poder, confrontación o lucha y otro que se muestra
erguido entre animales, posiblemente en actitud dominante o sagrada. La
presencia de la maza sugiere un contexto de conflicto o autoridad, reforzando la
idea de que estas imágenes, aunque esquemáticas, transmiten narrativas
complejas sobre el orden social, la espiritualidad y la relación entre humanos y
naturaleza.
CULTURA DE NAGADA III O SEMANIENSE (PROTODINASTICO):
- Puñal de Gebel El-Arak.
Procede probablemente de Abidos, y está ubicada hoy en día en el museo del
Louvre. Data de hacia el 3300 a.C.-3200 a.C. Es un cuchillo ceremonial con hoja
de sílex y mango realizado en colmillo de hipopótamo. Este cuchillo pudo servir
para alguna ceremonia o sacrificio.
En el mango de marfil de hipopótamo observamos una sensación de
horror vacui con la decoración en relieve, con un campo compositivo
muy limitado, que da esta sobrecarga del espacio. Se representa una
variedad de escenas bélicas, son escenas tanto de (1) lucha entre
hombres con lucha cuerpo a cuerpo, (2) una batalla naval, en la parte
inferior, (3), en el anverso un domador de bestias.
La expresividad se transmite por el dinamismo, son figuras de
pequeño tamaño que requieren gran minuciosidad en el
trabajo. En las batallas navales, se ve el abordaje a barcos. La
figura que doma a los leones porta el atributo del bonete de
Uruk, sumerio, puesto que el apogeo de estos, toman
influencia, tratando de codificar la imagen regia en Egipto (“lo
que funciona, perdura”). Bajo este aparecen varios animales, pudiendo ser un
bestiario.
- Paleta de Caza:
Esta se encuentra de manera fragmentada, entre el British y el Louvre. Las
paletas se suelen realizar en pizarra, y son la expresión de la materialización de
carácter suntuosidad en objetos cotidianos, que se usaban para la molienda en
otros contextos, son tablas.
Cuando llega una ceremonia, en la oquedad central se molía elementos
vegetales, dándole ese carácter suntuoso. Se decoran sobre todo con elementos
de carácter bélico, esta representa a soldados luchando contra leones, vemos a
leones lanzarse contra soldados y a distintos arqueros, aparecen algunos
híbridos con cola de perro.
- Paleta del campo de Batalla
Se encuentra actualmente en el British Museum. Se representa que
los prisioneros de la parte superior son llevados hacia un gobernante
(parte perdida) (en el estandarte aparece un ave – animismo de
Horus que guía a estos personajes). Se han identificado en el
anverso jirafas. Usa la curva cóncava y convexa en el devorado y el
león, seguido de una representación de un árbol de la vida.
- Paleta del toro.
Actualmente se encuentra en el Museo del Louvre. En
cuanto a la representación, en la parte superior aparece la
forma de toro abatiendo un enemigo. En la parte inferior, en
la cara frontal, se representa una muralla en cuyo interior
aparece un león (símbolo de la ciudad que el líder ha
conquistado), mientras que en la otra cara se muestran
cinco brazos que surgen de cinco estandartes y que sujetan
una soga que posiblemente acababa en el cuello de los
enemigos (esta parte está perdida).
- Paleta de los Chacales:
Es de las pocas que se conserva completa, en el museo del Louvre, en ambas
caras aparecen los chacales. Es una representación animalística sin mensaje
claro, lo curiosos es la integración de las orejas en los bordes.
- Maza del Rey Escorpión.
Procede de Hieracómpolis. Aunque ahora se encuentra en el Ashmolean
Museum (Oxford). Data de hacia el 3100 a.C. durante el reinado de este rey
“Horus Escorpión II” en la dinastía 0. Es de caliza y actualmente está muy
fragmentada. Incorpora tanto escritura jeroglífica como la primera
representación clara de un faraón. Aparece la corona de un Alto Egipto y el
papiro como representación alusiva al Bajo Egipto, además de una
representación de enemigos colgados.
Identificando registros desde
arriba, lo primero que
observamos es una
concatenación de estandartes y
en el siguiente registro se
encuentran flores que representan el papiro (emblema bajo Egipto - planta que
lo simboliza). En el centro el faraón con el tocado y su esclavo/súbdito/sirviente,
puede representar algún intento de conquista o unificación por parte de este
Horus Escorpión II. Esto se supone por los enemigos colgados, pero no se
puede saber con certeza puesto que conservamos un tercio.
Probablemente la maza sea de parada, es decir, puesto que esta no va a ser
utilizada en batalla, probablemente se va a utilizar en un rito o ceremonia,
también por su materialidad (como el Casco Meskalamdug).
DINASTIA I (h. 3100- 2900 a.C.) – ARCAICO/TINITA
Faraones: Menes (¿Narmeer?, ¿Horus Aha?, posibles interpretaciones del mismo
faraón, quien consolida la unificación de alto y bajo Egipto y funda Memphis.)
Otros faraones: Djer, Djet, Den, Qaa…
DINASTIA II (2900-2700 a.C)
Faraones como Nebra, Nycher, Hetepsejemuy
- Paleta de Narmer:
Es una paleta de unos 50 cm de altura, procedente de Hieracómpolis, está
hecha en esquisto, mineral pizarroso verde. Y se encuentra actualmente en el
museo egipcio y data de hacia el 3100 a.C., data del reinado de Narmeer. En
cuanto a la representación, está el faraón en las 2 caras, en cada una con uno
de los tocados. Es por tanto una paleta ceremonial. Bajorrelieve.
En ambos se le ve con perspectiva jerárquica como vencedor de los enemigos.
La parte superior esta adaptada a los toros que en ella se refleja, que pueden
ser representación de Athor. El “serej” es un cartucho con el nombre de faraón,
que permite diferenciarlo, que finalmente se estandariza y es canon en las
representaciones. Tiene 3 elementos fundamentales, el palacio como marco,
que tenían entrantes y salientes para dinamizar la fachada, y representan una
fachada y un patio. El símbolo del faraón en el patio. Y el halcón como símbolo
de Horus, dios titular de los faraones de las primeras dinastías.
Los símbolos son la ballena “nar” y el cincel “mer”. UNIENDOLOS: NAR-MER,
son sus emblemas para el nombre que siempre aparecen en el patio, puesto
que es el centro de representación y lugar del soberano, dentro entonces, la
representación figurativa de este. Aquí Horus no aparece, pero se suele colocar
el halcón encima divinificando al faraón.
Desde el frente, el registro de arriba representa al faraón, con la corona roja,
tras él, su sirviente con las sandalias, probablemente ejemplo de ceremonia,
frente al faraón su emblema, y debajo un sirviente y capataz, y posteriormente,
unos estandartes, al final, en el lado opuesto a el soberano, los cadáveres
ordenados, decapitados, y con la cabeza entre las piernas de sus enemigos.
En la parte central dos sirvientes, que sujetan la cabeza de dos felinos, que
entrelazan sus cabezas decorando el espacio cóncavo de la muela, esto genera
dinamismo. Se ha visto como unión de Bajo y Alto Egipto (dos leones = dos
símbolos de poder). Finalmente, en la parte inferior, el tercer registro, el toro
personificando al soberano envistiendo a un enemigo (se sabe debido a que
esta
desnudo), representando el poder, y rompiendo un
muro, conquista.
ATHOR
maza
Pergaminos, Horus
y vencido,
sirviente con zoomorfo
sandalias y el
lleva faldellín Sujeta a un
decorado y cautivo
cola de toro Cautivos
con
dinamismo
- Maza de Narmer:
La Maza de Narmer representa al faraón Narmer presidiendo una ceremonia con
la Corona Roja del Bajo Egipto, mientras la diosa Nejbet, en forma de buitre, lo
protege desde lo alto. La Cabeza de Maza de Narmer es un artefacto ceremonial
tallado en piedra caliza, datado alrededor del año 3000 a.C., perteneciente al
período Naqada III. Fue hallada en Hieracómpolis
Aparece Narmer con la Corona Roja, el faraón aparece sentado en una capilla,
portando la Corona Roja, símbolo del Bajo Egipto. Esto indica que la escena
representa un acto oficial o ritual en esa región. La Diosa Nejbet, encima de
Narmer se encuentra Nejbet, representada como un buitre con las alas
desplegadas. Esta diosa es la protectora del Alto Egipto, y su presencia sugiere
una protección divina, especialmente en contextos de guerra o poder real.
Y los portadores de sombrillas, debajo del rey hay dos figuras que portan
sombrillas reales, símbolo de estatus y autoridad.
- Babuino con rotulo de Narmer
Los babuinos son un tipo de simio bastante peligroso y territorial,
bastante agresivo. La obra tiene 52 cm de altura, a escala real, que
representa al animal y tiene incorporado el “serej” (aquí sí que está
representado el halcón posado “Horus”, la ballena, la maza y el palacio con el
patio),
La escultura procede de Abidos, y data de h. 3100 a.C., durante el reinado de
Narmer. Aparece probablemente en honor a algo dentro en un ajuar funerario,
por lo que no sería un exvoto, pero no se sabe cómo interpretar. Representa una
figura sedente y zoomorfa.
- Tablillas del faraón Den:
Son etiquetas, de pequeño tamaño. Son las etiquetas de marfil en el caso
de las sandalias y de ébano para aceite. Su función es la identificación
para elementos para festividades, como el “Heb Sed”, del faraón Den,
festival que se suele celebrar en noviembre o diciembre, y hay muchos
ritos y celebraciones.
La de las sandalias, (color más claro), aparece el faraón Den con el tocado de
Nemes que se representa golpeando a un cautivo oriental,
con una maza y en cuanto a la vestimenta un faldellín que se
remata con cola toro, como en Narmer. Encima del serej,
también aparece Horus posado. En la de ébano, se presenta
el “Heb Sed” era el festival de renovaba la energía del faraón
de manera simbólica tras unos años de reinado, en estrado,
bajo un palio, , y para la vestimenta, porta el nemes,
funerario en una y en la otra un tocado.
- Arquitectura funeraria:
NECROPOLIS REALES:
Son dos los lugares de enterramiento en las que las encontramos, los Abidos
(Alto Egipto), y Menfis (Bajo Egipto). Aparece la “mastaba” que significa banco
en árabe, como elemento constructivo para la arquitectura funeraria que tiene
mayor importancia. Se excavan y se depositan los cuerpos bajo el nivel del
suelo por protección, intentando evitar el expolio, puesto que, al ser gente de
poder, se sabía que dentro había riqueza. Los materiales fueron adobe secado al
sol (ladrillos no se cuecen), y piedra caliza para enmarcar vanos.
La excavación a las cámaras y su acceso es un pozo vertical para evitar el
acceso, hay ejemplos con varios pozos y no todos con cámara para engañar, es
arquitectura excavada con proyección en alzado monumentalizándola. En el
exterior, hay distintos estancias y capillas para depositar ofrendas. Se dan
diferentes teorías, sobre las tumbas y cenotafios, o para cuerpos y órganos
separados.
El sillar de caliza permite una mayor riqueza dando mayor rigidez a vanos y
partes vulnerables, pero solo cubre, no es arquitectura que sostenga. La puerta
no es acceso, son falsas puertas, recuerdan al acceso de los palacios y da la
sensación d poder. Alrededor de mastabas otras más pequeñas que podían ser
para sirvientes, familiares o como depósitos.
+ Un cenotafio es un monumento funerario erigido en honor a una persona o
grupo de personas cuyos restos no se encuentran en el lugar donde se levanta
dicho monumento. La palabra proviene del griego kenos (vacío) y taphos
(tumba), lo que literalmente significa “tumba vacía”
- NECROPOLIS DE ABIDOS:
La tumba “V”, cuenta con cámaras más largas, cortas y seriadas, en filas.
Las O, Y, X, y Q cuenta con una gran estructura y cámaras alrededor.
Al lado de estas podía haber aparcamiento para naves votivas que se
aparcaban al lado de la mastaba. De 20 m cada uno aproximadamente, la flota
simboliza el comercio, el ganar flotas, una administración más rápida, ganar
territorios, un medio efectivo para las necesidades de los faraones… la idea de
las trascendencias unida a la barca solar lleva el disco de Ra (Ej. otra cultura:
laguna estigia Caronte)
- Mastaba de la reina Merneith en Abidos tumba “Y”
Pertenece a la esposa de Djet y madre-regente de Den,
identificada por un cilindro sello encontrado fuera de Abidos,
antes se pensaba que fue una faraón, alrededor de su
mastaba había otras para los sirvientes y dos estelas
exteriores que recuerdan el nombre de la enterrada. El muro
se pone separando la mastaba de la reina de sus sirvientes,
ese amurallamiento, es esposa de faraón y regente de otro, es
descendencia divina, está dividiendo lo divino, y sacralizado de lo real.
- Mastaba del faraón Qaa (TUMBA Q):
No se excava en el terreno, pero se cubre con losas muy grandes, no hay
separación por muro. Es totalmente compacta, no hay
perforaciones. A finales de la dinastía I algunas incluyen tanto la
tumba como el resto bajo tierra con una escalera, hay
enterramientos de esposas y sirvientes al mismo nivel que el
faraón, las cámaras quedan selladas con grandes losas para
evitar saqueos, la mastaba superior ahora arquitectura maciza.
La piedra que no había en Mesopotamia hace que se mantenga,
se busca la eternidad, que perdura porque lo hacen con esa intención, la
trascendencia y el recuerdo.
- NECROPOLIS DE MENFIS:
La necrópolis de Menfis conforma también Giza y Saqara entre otros
yacimientos. El mundo de los muertos se encuentra siempre en la orilla
occidental, donde muere el sol, y se oculta.
- Mastaba del faraón Djet (el rey serpiente) en Saqara (tumba
3504)
En esta, los entrantes y salientes tienen la misma intención de dinamizar, y
para lograr un intento de recuerdo como el de los palacios, es decir, se trata de
dinamizar. La cámara mortuoria se encuentra excavada. La planta del edificio
está rodeada por cabezas de toro esculpidas, esta
perimetrada.
Hay otras cámaras menores a ras de suelo. La multiplicidad de toros como
manifestación de poder. Manifiesta también multiplicidad de cámaras. Son
estructuras más grandes, se especializan se asemeja a lo palatino. En un
sarcófago se representa la arquitectura funeraria (Ej.: Hay uno en el Louvre)
- Estela de Djet (rey serpiente):
Se encontró en la Necrópolis de Abidos, ahora expuesto en el museo en
el Louvre. Data de hacia el 3050 a.C., durante el reinado Horus Dyet
(dinastía I). Procede de las estelas del exterior de la tumba que tienen la
intención de identificar al difunto. El “Serej” representa el palacio, con 3
torres entrantes y salientes, el halcón (Horus) y la serpiente como
emblema en el patio.
Equilibrio de la composición entre zonas de relieve y las vacías,
precursora características arte egipcio.
- Estatuas del Faraón Jasejemuy:
Las estatuas del faraón Jasejemuy representan una etapa crucial en la historia
del antiguo Egipto, al ser este el último soberano de la Dinastía II. Su reinado se
caracteriza por la reunificación del Alto y el Bajo Egipto, que consolidó el poder
central. Como parte de su legado, Jasejemuy mandó construir un gran complejo
sagrado en la ciudad de Hieracómpolis, lugar de donde proceden. No solo
reflejan su autoridad, sino el estilo artístico y ceremonial de la época.
Desde el punto de vista formal, muestran un marcado hieratismo, con una
expresividad contenida y solemne. El faraón aparece sedente, y porta la corona
del Alto Egipto, símbolo de su dominio sobre esa región. El trono en el que se
sienta tiene un respaldo bajo, lo que sugiere una tendencia al geometrismo en
las formas, característica del arte de ese período.
En cuanto a la indumentaria, Jasejemuy viste una túnica muy fina
de lino, cruzada en el pecho y con cuello en forma de V o pico. Este
tipo de vestimenta está relacionada con el Heb Sed. La elección de
esta prenda no es casual, sino que refuerza el carácter ritual y
simbólico de la escultura, vinculando al faraón con la tradición y la
legitimidad de su mandato.
PERIODO IMPERIO ANTIGUO: LAS GRANDES
PIRAMIDES Y LAS ARTES FIGURATIVAS:
EL IMPERIO ANTIGUO:
La capital se coloca en Memphis, y se dan las dinastía III, IV, V, VI, se consolida
el gobierno faraónico. Tiene una duración de 600 años (h. 2700-2180).
III: Zoser, Nebka I, Jabanebka, Huni
IV: Snefru, Keops, Redjedef, Kefrén, Nebka II, Mikerinos, Shepseskaf
V: Userkaf, Sahura, Neferirkara, Shepseskara, Neferefra, Neuserra, Menkauhor,
Yedkara, Unas
VI: Teti, Pepi I, Merenra I, Pepi II, Merenra II
Las pirámides:
Durante el transcurso del Antiguo Egipto, la figura del faraón experimentó una
transformación simbólica significativa. Inicialmente identificado como hijo del
dios Horus, el faraón pasó a ser considerado también hijo del dios solar Ra. Esta
doble filiación reforzaba su papel como intermediario entre lo divino y lo
terrenal, y consolidaba su autoridad tanto en el plano religioso como político.
La construcción de monumentos funerarios adquirió una importancia central en
la organización del Estado. Estos proyectos absorbían gran parte de los recursos
del país y contribuían a la monumentalización del paisaje egipcio. Las
pirámides, evolución arquitectónica de la mastaba, se convirtieron en emblemas
de esta nueva escala constructiva. Su orientación hacia los puntos cardinales no
era casual, sino que respondía a una cosmovisión ordenada frente al caos,
reflejando el deseo de armonía y permanencia.
Desde el punto de vista simbólico, las pirámides evocaban la montaña
primigenia, el lugar mítico donde se originó la creación según la religión egipcia.
Además, su forma y su blancura permitían captar los rayos solares,
estableciendo una conexión directa con el dios Ra. Aunque muchas han perdido
su revestimiento original, estaban cubiertas por una capa de caliza blanca
pulimentada que, bajo el sol, hacía que el edificio brillara intensamente,
reforzando su vínculo con la luz divina.
En cuanto a su estructura, las pirámides estaban construidas con bloques de
caliza en su interior, mientras que el revestimiento exterior era de caliza blanca,
material que ha sido expoliado con el paso del tiempo. Este contraste entre el
núcleo y la superficie no solo respondía a criterios estéticos, sino también
simbólicos, al representar la pureza y la perfección asociadas al faraón y su
relación con Ra.
PIRAMIDES ESCALONADAS DE LA III DINASTIA
- El complejo funerario de Djoser/Zoser en Saqara
Este es origen del empleo de la piedra en la totalidad de los edificios, su
arquitecto Imnothep fue divinizado en el Reino nuevo, quien la planifico. El
complejo de Zoser está estructurado en torno a dos grandes patios y en el
centro la pirámide, aparte de otras estructuras del complejo
funerario, desarrollando la especialización. Esta en un recinto
amurallado con quince accesos, todos falsos menos 1. Los
propíleos, dan una entrada monumental, y a continuación un
pasillo flanqueado por una doble hilera de 20 pilastras en el
único acceso al recinto funerario.
Esta tiene función de guiar y enfocar la entrada, son todos de gran tamaño,
suponiendo una zona monumentalizada. Las columnas son en tambores,
troceadas. A continuación, la tumba y capilla sur, un pozo de 28 metros de
profundidad (pudo haber enterramiento vasos canopos), se propuso que puede
ser un cenotafio, cuya fachada mira desde la lejanía con un friso de cabezas de
cobras en el exterior. El patio del Heb Sed, para la celebración del rito.
Casa norte y sur: de funcionalidad incierta. Probablemente para recibir tributos
o para el Heb Sed. Patio del “serdab”. Es el recinto donde se cuenta con una
pequeña cámara cerrada en la que se introdujo una estatua del faraón con un
pequeño agujero. La creencia era que en esta estatua habitaba el “ka”. Es una
cámara con un orificio con una escultura del faraón, y queda parte de su alma
aquí, la otra en la momia para verla en momentos de celebración o visita. Suele
estar sedente. Lleva el nemes, la importancia es el rostro.
Queda el macizo occidental, aun por excavar, finalidad incierta ¿más
enterramientos de sirviente? ¿almacén?
La pirámide: tiene una altura 60 m, con una base 109 x 121 m. Data de
entre el 2660 – 2648 a.C. Esta realizado totalmente en piedra, no en
adobe. Utiliza una mastaba preexistente de Sanajt-Nebka. La pirámide
es el elemento central del complejo funerario, tumba del faraón. En una
serie de cámaras subterráneas también se encuentran enterramientos
de esposas, familiares, sirvientes y el ajuar. Surge de la superposición
de 6 mastabas, pero conserva el recubrimiento. Se emplea piedra caliza
íntegramente, con esa caliza blanca pulimentada, reflejaba los rayos de
sol. Es muy monumental en comparación con el Zigurat de Ur, de 21 m,
siendo de cronología posterior, representando una tecnificación,
llevando a gran impacto visual tremendo por el tamaño de estas.
Crea una serie de cámaras interiores, unidas por corredores angostos. Algunas
de las cámaras subterráneas estaban recubiertas por baldosas de fayenza
verdosa, que es brillante. Es posible que también se recubrieran los muros del
palacio real. Imágenes en relieve calizo del faraón con posturas dinámicas.
- La pirámide enterrada de Sekhemkhet (Djeserti)
La estructura en cuestión tenía una altura proyectada de 70 metros y una base
cuadrada de 115 x 115 metros. Se trata de una construcción monumental de
hacia año 2648 a.C., durante el reinado del hijo del faraón Zoser, quien gobernó
hacia el 2660 a.C. Esta edificación representa un intento ambicioso de continuar
con el legado arquitectónico funerario iniciado por su padre.
Sin embargo, la obra quedó inacabada. El sucesor de Zoser falleció antes de
que se completara, y en ese momento apenas se habían terminado las ábsides
del complejo. Aunque se había levantado la primera muralla perimetral, las
cámaras funerarias aún no estaban construidas. Esto sugiere que el proyecto
estaba en una fase temprana de desarrollo cuando fue abruptamente
interrumpido.
Zoser había codificado la arquitectura funeraria por necesidad, estableciendo un
modelo que combinaba simbolismo religioso, poder político y visión
arquitectónica. Aunque su hijo no logró concluir la obra, el diseño y los
elementos que alcanzaron a construirse dejaron una huella duradera. La
arquitectura funeraria egipcia quedó codificada a partir de este intento,
influenciando las construcciones posteriores y consolidando un estilo que
perduraría durante siglos.
LAS TRES PIRAMIDES DE ESNEFRU
- La falsa pirámide de Meidum
Algunos investigadores que defienden que fue empezada a
construir en el reinado de Huni y terminada en el de Esnefru.
Tiene 93,5 m. de altura y 147 x 147 m de base. Data del S. XXVI
a.C.. Tiene un núcleo central a modo de torre a partir del cual se
proyecta una estructura escalonada de 8 alturas. Mas adelante
se recubrió con piedra caliza, dejando las paredes lisas. Hay una
cámara mortuoria en su interior y un templo funerario con 2
estelas.
Se construye alcanzando primero desde el núcleo la altura y luego
construyendo hacia abajo los escalones, de los que solo se conservan los
últimos por que el resto se desplomaron. Al no ser construida homogéneamente
por capas, los elementos concéntricos inferiores no soportaron por tanto son los
3 niveles superiores los quedan.
- Pirámide romboidal o acodada de Dahshur:
De 105 metros de altura y una base de 188 x 188 m.
en Memphis, cerca de Saqara. Única pirámide
proyectada con caras lisas. La cronología es la
misma del reinado de Meidum durante el XXVI a.C.
Hubo que corregir el grado de inclinación en mitad
de las obras porque la estructura se mostraba
inestable.
Una de las pocas pirámides que conserva gran parte del recubrimiento de caliza
blanca de Tura (cantera de Menfis). Se da una correspondencia casi perfecta de
las cuatros caras con los puntos cardinales. Al tener caras lisas, cambia el
método constructivo frente a las pirámides anteriores. Hay un complejo
completo (pirámide, pirámide subsidiaria, 2 templos y calzada). La calzada
comunica el embarcadero, con el templo mortuorio, etc.
Se ve la tecnificación puesto que se consigue en un
mismo reinado llevar a cabo un proceso de cambio del
modelo constructivo. Se llama acodada por que tuvo
distintos proyectos, el primero planteo una inclinación de
58 grados y luego se baja a 54 grados. El acceso a la
cámara supone que hay que realizar primero una bajada,
sigue siendo en este caso arquitectura excavada, pero es muy estrecho el
pasillo, de 100 m de largo.
Una vez realizada la bajada, había que subir a una primera cámara mortuoria y
mas elevada al nivel del suelo una segunda. Se cierra y cubre desde los 2
paramentos por aproximación de hiladas (aproximando las tiradas del muro, y
acaban tocándose, sustentando el peso), el resultado son cámaras muy
verticales.
- Pirámide Roja de Dahshur:
Llamada así porque estaba hecha con caliza roja de las canteras locales, aunque
cubierta con caliza blanca. Es la primera pirámide
perfecta, sin reconstrucciones ni rectificaciones y con
suficiencia estructural. Cuenta con 221 x 218 m de
base y de altura, 104 m. XXVI a.C. El grado de
inclinación bajo y base amplia, rectificando lo que
paso en la anterior. Un corredor conduce hasta dos
antecámaras. La segunda comunica con la cámara
sepulcral, cuyo acceso está situado a gran altura para
disuadir a los ladrones. Arquitectura por aproximación de hiladas.
+ Piramidón: pieza de forma piramidal que recubre la punta de la pirámide.
Pocos se conservan originales, la mayor parte tienen jeroglíficos. Tiene un
simbolismo interesante.
- Necrópolis de Giza.
Una vez Esnefru ya alcanza la perfección,
Keops, su sucesor, lo monumentaliza y lleva la
altura a casi 150 m. cada una con su
respectivo del valle, donde se supone que se
realizaba la momificación. Keops, Kefrén y
Micerinos, en orden descendiente de tamaño.
Dromos y pasillo funerario comunicando, con
el templo mortuorio, donde se realizan las
celebraciones y cultos al faraón y la pirámide
donde está el cuerpo. En la de Keops,
necrópolis de oriente y occidente con las 3 pequeñas pirámides. Frente a la de
Kefrén la esfinge.
- Keops
De unos 146 m, con 230x230 de base. Se inicio hacia el
2589 a.C. se ha calculado que fue planificada y mejoró
frente a la de Roja de Dahshur. Se calcula que fueron
necesarios unos 2.300.000 sillares para su construcción. Hay
un replanteamiento de la ubicación de la cámara funeraria, y
con una orientación perfecta a los puntos cardinales. Ha
perdido el recubrimiento en la práctica totalidad. En el
embarcadero estaba la barca solar famosa que se ha
trasladado a Giza.
Es un edificio monumental blanco que rompe en el paisaje. Por supuesto la
necrópolis son mastabas pues no todo el mundo puede permitirse una pirámide.
La pirámide tiene un cerramiento en muro de losas, separándolo físicamente.
Las pirámides le pertenecen a el enterramiento de las madre y dos esposas de
Keops. Cada una con su cámara funeraria.
En el templo alto/funerario, en el que se rendía culto al faraón una vez fallecido.
Intrínsicamente vinculado a la pirámide, pues es el lugar de encuentro con el
difunto, constituyendo un patio con columnas y cámaras, los barcos del faraón,
embarcaciones funerarias enterradas junto a la pirámide.
Entrada a 18 m de altura en la cara norte, para
disimularla fue sellada con bloques de piedra caliza, la
cubrieron hasta que la pirámide fue expoliada por los
mamelucos. La gran galería de 46 metros, 6 de ancho,
por 8 de altura conduce a la cámara del rey, con el
sarcófago y paredes de granito rojo para soportar la
estructura. Desprovista de decoración que se
conserven. Esta si se cubre de manera adintelada y
encima una cuña para que distribuya el peso. La cámara
de la reina cuenta con un nicho en el que probablemente se encontraría la
estatua del “ka” del faraón.
Construcción: Sillares desde cantera se montan en barcos, los dejan en el canal
mas cercano, y los comienzan a superponer, hay hipótesis de muros con rampa
en zigzag, poleas, una rampa larga o otra helicoidal… no se sabe muy bien cuál
es la técnica.
Kefrén:
Fue levantada bajo el reinado de este faraón, hijo de
Keops, cuarto de la IV Dinastía. Esta situada junto a la de
Keops, en una parte más elevada de la meseta de Gizeh,
por lo que, aunque es algo más pequeña que la de Keops,
alcanza los 143,5 metros de altura, parece mas alta. Se ha
conservado en la cúspide el remate superior en caliza
blanca y la inferior en granita. S. XXVI a.C.
Posee dos puertas de acceso, ambas en la cara norte, cuya
explicación aún se discute y ostenta el ángulo de inclinación
más ambicioso. La concepción de su estructura interna es en
cambuí mas sencilla. La cámara mortuoria está excavada
directamente en la roca, en la base y eje vertical de la pirámide
y se accede a ella por un largo pasillo. Está cubierta con un
techo de dos enormes losas de granito colocadas a dos aguas,
con el objetivo de repartirse el peso, que custodia un sarcófago
de granito negro saqueado en época remota.
Se conserva la calzada que comunicaba ambos templos, el
templo del valle y el templo funerario, en el que se han
conservado pilares con grandes sillares.
El templo funerario:
Medía unos 100 metros de largo y, en torno a él, se encontraban las barcas
rituales del dios Ra. Estaba destinado al culto permanente del farón deificado,
era de acceso restringido y estaba adosado a la cara oriental de la pirámide.
Tiene una cubierta a dos aguas de granito rojo
Planta rectangular, en la que se dividen las tres zonas públicas (salón de
entrada, patio descubierto, con pilares de sección cuadrangular y, a
continuación, cinco salas similares que custodiaban, cada una, una imagen del
faraón). Delante de los salones de entrada se encuentran el vestíbulo y las
celdas destinadas al depósito de las vísceras y los ritos funerarios.
En el área privada se encontraba la sala de los cinco nombres, el primero el
nombre que asume el faraón, los otros cuatro se asocian a los dioses, hijo de
Ra, hijo de Horus, …, los almacenes y el santuario (con monolito y mesa de
ofrendas).
Es a partir de la III dinastía donde comienzan a adoptar lo de hijo de Ra.
Una ancha calzada procesional de 500 metros de largo, techada y decorada con
relieves en sus paredes, comunicaba el templo funerario con el Templo del Valle,
construido con sillares de carácter monolítico.
El templo del Valle y la esfinge
Estaba flanqueado por cuatro grandes esfinges de
ingreso (la que se ha conservado puede ser una de
ellas) y poseía una sala hipóstila con suelos de alabastro
blanco y muros de granito oscuro. La luz penetraba por
un desnivel que había entre los arquitrabes y la
techumbre. En este templo se celebrarían los ritos de
momificación. Nada más acceder por el pasillo hacia la
pirámide veríamos la esfinge. Es una sala hipóstila, es
decir, sustentada en soportes.
En el templo no se ha encontrado ninguna decoración.
La esfinge sería un símbolo de protección, relacionada con el Más allá. Es un
Nemes, cuerpo de león y cabeza de león, por lo que se estaría haciendo
referencia al faraón, puede ser la idea de soberanía, puede representar la idea
del faraón. No hay acumulación de sillares, se fue excavando la colina donde se
encontraba, en un pequeño promontorio. Se observan distintas capas
estratigráficas, y tiene una gran monumentalidad.
Se encontraron diferentes pozos, pero sin salida, por lo que no tenía una función
funerario, no tenía más función que la de representar al faraón, infundir miedo.
Los pozos habrían sido realizados por saqueadores a lo largo de la historia.
- Micerinos:
De 65 metros de altura; cabe destacar el abovedamiento de su cámara
funeraria. En el interior de la pirámide hay una sala con cinco nichos que serían
depósito de las imágenes de los cinco nombres del faraón.
La asimilación al palacio aparece tras un pasillo en
dirección descendente, desde la entrada elevada, y
con dirección al núcleo de la pirámide. Este lo continua un pasillo sin desnivel,
que encontramos con una sala con entrantes y salientes, lo que recuerda a los
palacios y el carácter palatino (vivienda del faraón tras la muerte, asimilación
arquitectónica). Y tras un pasillo, una sala que da dos entradas posibles a la
cámara mortuoria de Micerinos, una a la parte superior, la bóveda, y otra al
interior. Esta tiene bóveda, mostrando el avance (dintel-Keops, a 2 aguas-
Kefrén).
LAS MASTABAS DE SHEPSESKAF Y LA REINA KHENTKAUS
Hay mastabas practicables, con accesibilidad al interior, y cámaras a nivel de
suelo. De ladrillo cocido.
LA PIRAMIDE DE RANEFEREF
El templo mortuorio tuvo la primera sala hipóstila conocida vinculada a un
templo funerario y no en el del valle y por primera vez se incluye el llamado
santuario del Cuchillo, un espacio para la realización del sacrificio ritual.
PIRAMIDE DE UNAS EN SAQQARA
Es la primera pirámide en la que el corredor (en el que
sobresalen unas jambas) y en la capilla funeraria se recogen
por primera vez lo que los expertos denominan como “los
textos de las pirámides”. Tenían como fin al asegurarle al
faraón el viaje de la vida a la muerte. Es de los primeros textos
funerarios y se encuentra recogido en las paredes. En el
imperio medio aparecerán los textos de los sarcófagos y en el
imperio nuevo ya, el libro de los muertos.
FRISO DE LAS OCAS DE MEIDUM
Durante la IV dinastía. Procede de Meidum (de la Mastaba de Nefermaat y Atet,
en el Alto Egipto). Están en el museo de El Cairo. Durante el siglo XXV a.C. Esta
pintura es al temple sobre estuco, siendo un friso. Aparecen 3 parejas de ocas
representadas con naturalismo, con una composición simétrica, en el
paramento de piedra. La pintura de pigmentos minerales y emulsión de yema
de huevo o goma.
Son 6 aves dispuestas simétricamente, las 2 mas externas picando y las
centrales emparejadas de manera especular. Utiliza una paleta cromática
variada, a pesar de que, no hay gradación de color porque no hay ese avance
en la técnica. Pero esa riqueza de color viene de esa paleta tan rica, dada por
distintos pigmentos. Desde naranjas, blancos negros, dos grises, dos ocres. Hay
una clara intencionalidad de representar naturaleza.
Nivel simbólico, es una caza de ocas. Es escena de la vida cotidiana, que son los
que predominan en los espacios funerarios.
PIRAMIDE DE UNAS EN SAQQARA (PINTURA):
Se ha conservado las pinturas. No tiene una paleta tan rica como Meidum, es
mucho más geométrica la decoración y se da por todo el paramento. El
zigzagueo es una forma de representación del agua, pero quitando eso no tiene
completa ninguna interpretación de este. Sigue con colores ricos, evidencia que
a pesar de no conservarse en las 3 pirámides importantes de Giza, evidencia
que había pinturas en las pirámides.
PROCESO DE TRABAJO ESCULTURA EGIPCIA:
Los procesos de escultura son representados hasta en propio
relieve (ej.: relieve realizando un bulto redondo con un cincel y
un percutor). A la hora de volcar la información, el tener una
retícula permite lograr organización y limpieza, enmarcando y
enjaulando los volúmenes, y esto en el arte egipcio nos permite
realizar dibujos a mayor tamaño. Es la manera de coordinar y
volcar la información calculando el espacio y realizando un
relieve adecuado.
El canon, va en relación con las 18 retículas/figuras, siguen este
canon a la hora de sentarse que mide 14 al estar sentado, 4 se
quedan paralelas al suelo.
LA MASTABA DE TI EN SAQQARA:
La mastaba de Ti en Saqara, construida hacia
el 2400 a.C. durante la V dinastía, incluía un
complejo funerario con capilla, serdab y
cámara sepulcral. El templo funerario estaba
vinculado simbólica y arquitectónicamente a
la cámara mortuoria, permitiendo el culto al
difunto y la comunicación con el más allá.
Dentro de esta encontramos un relieve en
barcas donde encontramos 3 barcas en una escena de caza, ti de tamaño
superior. Por el lado izquierdo peces, por el derecho hipopótamo. Hay tal nivel
de detalle en esta que aparecen en la barca más alejada las nasas
representada. Aparece la tipología de canoas y aparecen cuerdas y lanzas, para
la caza de hipopótamos y el zigzagueo representa el agua…
Otro relieve llamativo es en el que aparecen cabras, vacas y bueyes, en el que
hay un pastor que les hace tirar del arado, cosa que observamos por la
aparición de varios látigos. Cerca de este, aparece otro con porteadores, siendo
estos mujeres llevando frutos y presumiblemente una caja o jaula vacía.
Tambien existe un representando escribas utilizando una pierna ligeramente
puesta en firme para tener un soporte para la escritura.
En la mastaba también encontramos otro relieve de portadores, en este caso
uno que lleva aves en las manos (similares o garzas), y aparecen más
portadoras con una jaula de patos.
Estas son realizadas siendo figuras muy muy planas, un bajorrelieve, en el que
la perspectiva y la profundidad por el color, es decir, están policromados. Estos
reflejan sobre todo elementos de la vida cotidiana, que nos dan información de
lo que en esta sucedía.
- Sirvientes procedentes de las tumbas de la V dinastía:
Representaciones de sirviente de la vida terrenal que los
acompañarían en la otra vida a los faraones siendo aspectos
amables de la vida cotidiana. Primero aparecieron como relieves,
más adelante como esculturas exentas de bulto redondo (son
simbólicamente “exvotos”). Eran de entre 10 y
20 centímetros.
Son representadas una molinera y una cervecera
de caliza policromada, que datan de h. el S. XXV
a.C. procedentes tanto de Giza como de Saqara.
Presumiblemente se realizaron en serie para estas tumbas.
- ESCULTURAS PARA EL “KA”:
En las tumbas egipcias, la llamada puerta falsa era un elemento
arquitectónico que simulaba una entrada, pero no podía abrirse, y funcionaba
como un umbral simbólico entre el mundo de los vivos y el del más allá.
Frente a ella se colocaba un altar de ofrendas, donde los familiares y sacerdotes
depositaban alimentos, bebidas y objetos rituales que, según la creencia, eran
absorbidos por el difunto en su forma espiritual.
Junto a este conjunto se encontraba a menudo una oquedad destinada al ka,
que debía seguir recibiendo sustento tras la muerte. Así, lo que a primera vista
parece un volumen de falsedades era en realidad un dispositivo ritual que
aseguraba la continuidad de la existencia del difunto: el ka permanecía
vinculado al mundo material, mientras otras partes del alma emprendían su
viaje hacia la eternidad.
- Estatua de Djoser/Zoser
La materialidad de este ka es caliza pintada, aunque no conserva
mucha pigmentación, y cabe destacar el pelo que es una peluca
tallada que acompaña al nemes. Es representado sedente,
manteniéndose la representación del faraón entronizado en una
postura determinada como Jasejemuy, que podía estar acompañada
o no de centro y flagelo.
Al no separarse los volúmenes del cuerpo se tiene un hieratismo y
monolitismo, se ve estas esculturas como unidad. Igualmente se
respeta la cuadricula, y se geometriza la forma del cuerpo como se
ve en esta escultura. Modula luego el escultor ligeramente algunos
músculos. Comienza también es este rostro sin emoción a detallar
ligeramente la nariz.
- Estatua de princesa Redji:
La estatua de la princesa Redji, realizada en granodiorita y hallada en Saqqara
hacia el siglo XXVI a.C., constituye un ejemplo de escultura egipcia del Imperio
Antiguo. Su representación responde a los cánones de la época: los brazos
pegados al cuerpo refuerzan la sensación de rigidez, mientras que la utilización
de postizos permitía acentuar rasgos idealizados y garantizar la durabilidad de
la imagen.
La figura se caracteriza por una marcada geometrización, con
volúmenes simplificados y proporciones regidas por esquemas
matemáticos que transmiten orden y eternidad. La frontalidad
asegura que la estatua se presente directamente al espectador, sin
dinamismo lateral, subrayando su función ritual más que estética.
El hieratismo, convierte a la princesa en una presencia intemporal,
destinada a servir de soporte al ka y perpetuar su identidad en el
más allá. En conjunto, la obra no busca el realismo individual, sino
la representación simbólica y eterna del poder y la condición
sagrada de la difunta, integrándose en el programa funerario de
Saqqara como un objeto de culto y mediación entre el mundo
humano y el divino.
- Estatuas de Sepa y Nesa:
Procedente de Saqara, fueron realizadas durante la III
dinastía, en caliza policromada. Trata de reproducir en
bulto redondo los códigos de relieve, es decir, los
canones.
Se mantiene entre las piernas el bloque de caliza,
permitiendo un bloque sólido, que mantenga sin que se
rompa este ejemplo de incipiente escultura de bulto
redondo. El bastón se pega al cuerpo para minimizar el
error, por tanto, el báculo y bastón se pegan al cuerpo
(la representación es el mismo bastón que porta en los
relieves de la mastaba)
- Relieve de Hesire:
Se conservan 6 paneles de madera desde el S. XXVII, es decir,
la III dinastía. Siendo Hesire, prefecto de los escribas del rey de
la III dinastía, lo que le proporciono grandes ingresos y estas
representaciones, aparecen en la representación los
instrumentos vinculados a su profesión y acciones en vida
(cálamo o tablilla), representando quien era.
Igualmente aparecen distintas pelucas y atuendos, era gran
tumba con pisos funerarios, y estos paneles aparecen
decorando la parte superior en la mastaba, se conservan 6 de
los 11 que eran.
- Estatua de Keops:
De Abidos, está realizada en marfil, pertenece a la IV dinastía.
Probablemente por el tamaño, la intencionalidad fuese una
ofrenda a Osiris.
Porta la corona roja del bajo Egipto, lleva el faldellín plisado, y aparece por
primera vez una incipiente sonrisa, se lleva la mano derecha sobre pecho
para sostener el flagelo. Esta es de 7’5 cm de altura, y se representa
entronizado, sedente, muy frontal, geometrizado y con inexpresividad.
- Estatua de Kefrén:
Esta fue Encontrada en el templo del valle de su complejo en
Giza, realizada de diorita. Se encuentra sedente en un trono
flanqueado por leones y con los lazos shema-taui (formados por
lotos o papiros, como símbolo de la unificación del alto y bajo
Egipto, entrelazadas, tiene como simbología hacer ver que posee
los dos territorios…) en los laterales.
De 1’68 m., porta si lo vemos de lado una representación de un
Horus zoomorfo detrás de cabeza abrazándola, haciendo ver que
es el padre de faraón.
Continua la geometrización en piernas, pero en el torso hay
mayor atención al volumen. La aparición del puño cerrado hará
ver un ¿posible báculo?. Tambien aparece un bíceps más
marcado… Fisionomía más realista (pómulo, nariz…)
El Nemes se dobla como si fuese realmente tratamiento textil, gracias al
impacto de la luz. Y vuelve a aparecer un postizo, esta vez de la barba. Una
mano apoyada pierna izquierda y la otra puño más abierto, perdida de este
elemento.
Iconográficamente en el frente del trono las garras de león poder en la realeza,
significación de poder.
- Las triadas de Micerinos.
En el año 1908, se encontró en el templo del valle de Micerinos hasta 8 de
tríadas del faraón representado junto a Hathor (madre diosa, con cornamenta
de toro y en el centro un disco solar) y las provincias de Egipto (nomos), cada
nomo tenía su representación visual.
Estas triadas tienen unos 80 cm y están muchas en pizarra muy
bien trabajada que se puede confundir con diorita.
En la representación de Hermópolis Magna, la diosa Hathor está
sentada y preside la composición, que tiene una clara isocefalia.
Ella está más prominente con proyección del relieve de sus
piernas que casi tocan el borde del estrado que los sujeta. Si
Hathor se pusiera de pie sería más alta (logran así
una perspectiva jerárquica). Ella está en el centro y
sujeta por la cintura a Micerinos. Este lleva una
maza en su mano derecha. Representación del
nomo de la liebre en menor tamaño, sobre la cabeza del de la
izquierda. Altura total: 84,5 cm.
En la representación del nomo de Tebas, Micerinos toma el lugar predominante,
esta adherido al soporte, no es bulto redondo, y tanto en esta como la anterior,
lleva el corona del Alto Egipto. Hay mayor atención a la representación de la
clavícula, rodilla, costillas y bíceps en Micerinos. En Hathor, apreciar la
representación pecho, vientre, y del fin del vestido a la altura del tobillo.
En la de Cinópolis (nomo del perro), las manos de las diosas tocan con los
brazos del rey, sujetándolo. La manos se apoyan en el bíceps que se ve que son
2 manos derechas, manera simbólica de abrazar al faraón central,
protegiéndole, respaldando al pueblo y dioses están con él. Altura total: 96 cm.
- Micerinos y su esposa.
La escultura de Micerinos y su esposa (también atribuida
por algunos investigadores a su madre), tallada en
pizarra con una ejecución de gran calidad técnica. La
obra, de unos 139,5 cm de altura, muestra al faraón con
los atributos regios: la peluca postiza y la barba
ceremonial, además del tocado nemes, que subraya su
condición divina y su rol como soberano.
La figura femenina, situada a su lado, lo abraza por la
cintura en un gesto que no es meramente afectivo, sino
simbólico: reproduce las posturas de las diosas
protectoras, reforzando la legitimidad y la sacralidad del
rey. Los rasgos faciales pómulos y nariz marcados siguen
el canon egipcio, que buscaba la idealización más que el
retrato individual, representando los cuerpos con
proporciones armónicas y belleza intemporal.
Esta idealización responde a la función de la estatua: no era un retrato realista,
sino un soporte eterno para el ka, en el que la perfección física garantizaba la
permanencia del poder y la divinidad. La hipótesis de que la figura femenina
pudiera ser la madre de Micerinos, y no su esposa, añade un matiz interesante
sobre el papel de las mujeres en la legitimación dinástica. En conjunto, la obra
encarna la solemnidad, frontalidad y hieratismo característicos del arte egipcio,
y su excelente factura en pizarra la convierte en un testimonio excepcional de la
escultura funeraria del Imperio Antiguo.
- Rahotep y Nofret:
Atribuida a un personaje que se piensa pudo haber sido hijo o
sobrino de Esnefru, está realizada con menor empeño y calidad
que las obras destinadas a los faraones. El conjunto mantiene el
hieratismo y la frontalidad propios del canon, con los hombres
representados con la piel rojiza y las mujeres con la piel blanca,
siguiendo la convención cromática que diferenciaba géneros y
roles. Compone un alto relieve, cabeza adherida y el resto se
halla proyectado, pero no tiene gran importancia.
La geometrización de las formas, junto con el uso de un material
de menor calidad, transmite cierta rigidez y simplicidad. Las
piernas y tobillos cilíndricos acentúan esa estilización
esquemática, alejándose del naturalismo, y los ojos con
incrustaciones aportan un detalle de realismo que contrasta con la austeridad
del resto del cuerpo. Gran mantenimiento de la policromía.
El con un faldellín, ella con un vestido como el de Hathor en las triadas, se
marcan pechos y rodillas. Toman poder las joyas, el colgante, ella collar y
diadema. Pintura al estuco y diadema muy detallada, se interpreta que servía
para mantener la peluca, avance de realismo, no son figuras cónicas, pero no
son faraones si no que tienen vinculo al poder.
- El escriba sentado del Louvre
La escultura, realizada en caliza policromada hacia el siglo XXV a. C., se
organiza compositivamente en forma triangular y representa a un escriba en
actitud de trabajo. La figura muestra una policromía conseguida mediante una
fina capa de estuco sobre la piedra, sobre la que se aplican pigmentos con
aglutinante, lo que otorga viveza a los colores.
El personaje aparece con piel rojiza y cabello corto natural, sin
idealización: se trata de un hombre mayor, con el pecho caído y un
rostro más realista que solemne. Los ojos, excavados para
incrustaciones, combinan cuarzo en la esclerótica, cristal de roca
en el iris y azabache en la pupila, logrando una mirada intensa y
naturalista.
La postura es la típica del escriba, con el faldellín tensado como
base, sujetando el papiro con tres dedos y la mano en forma de
pinza donde estaría el cálamo, cuya ausencia resulta significativa.
En conjunto, la obra transmite equilibrio y solemnidad, pero
también un marcado naturalismo que subraya la función intelectual del escriba
más allá de la idealización física.
- El escriba sentado del Museo egipcio de El Cairo.
La escultura se organiza en una composición triangular y
mantiene la idea amable de acompañar al difunto al más allá
como sirviente, encargándose de lo administrativo. Los ojos
presentan incrustaciones (cuarzo, cristal de roca y azabache)
que aportan gran realismo y vitalidad a la mirada.
El rostro y el cabello están trabajados con detalle, reforzando
la individualización del personaje. Los brazos aparecen
completamente despegados del torso, lo que supone un
avance técnico respecto a obras anteriores y permite una
representación más natural del cuerpo humano. Todo ello
incrementa la calidad artística y acentúa el naturalismo,
alejándose de la idealización y mostrando al escriba como un individuo
concreto, con rasgos propios y una función clara en el mundo funerario .
- El alcalde del Pueblo (sacerdote Kaaper)
Realizado en madera de sicomoro (un tipo de enredadera). Este procede
de Saqqara, durante la V dinastía, de hacia el S. XXV a.C. El naturalismo
aparece, alejando la obra de los canones estilizados, con una barriga
realista, esto sucede debido a que tiene poder, pero no se idealiza la figura
como si fuese un faraón.
Se separa la vara que antes estaba pegada al cuerpo, el hueco de las piernas se
talla. Se le representa con un faldellín, y el hecho de que despega el brazo, deja
ver mayor técnica, gracias a que el sicomoro es más barato que la piedra
aunque no muy barato, por lo que se divide en al menos 3 fragmentos, que
permiten la representación de esta actitud de caminar.
Los ojos esta incrustados y se utilizan pasadores para sujetar los brazos, y la
talla de este se facilita, logrando más flexibilidad. Cabe recordar los
tratamientos madera y que separar del cuerpo los brazos da mayor
expresividad. Estaría estucado ¿perdida de policromía y peluca?
- El enano Seneb y su familia
La escultura de Seneb, procedente de Giza y datada en la VI
dinastía (siglo XXIII a. C.), está realizada en caliza policromada.
Seneb, personaje que alcanzó riqueza y honores y se casó con una
aristócrata, aparece representado sobre un estrado, con las piernas
cruzadas. En el espacio donde deberían figurar sus extremidades
inferiores se colocan un hijo y una hija, a su lado se sitúa su
esposa, ocupando un volumen equivalente y generando una
composición medianamente simétrica.
La obra busca una representación realista, apartándose del canon
idealizado habitual, pues muestra la deformidad física de Seneb
mediante el menor tamaño de sus extremidades. Este recurso
iconográfico permite integrar la discapacidad dentro de un marco familiar y
social, subrayando tanto la dignidad del personaje como su rol administrativo y
su posición privilegiada. La policromía y el detallado trabajo del rostro y del
cabello refuerzan el naturalismo, mientras que la disposición de la familia
transmite equilibrio y continuidad, asegurando la presencia de Seneb y sus
allegados en el más allá.
- Cabezas de sustitución:
En el contexto de la IV dinastía, se han planteado dos
hipótesis para explicar la existencia de esculturas que
representan únicamente la cabeza del difunto.
Por un lado, se interpreta que estas piezas podían
funcionar como soporte del ka, es decir, como un
sustituto espiritual en caso de que la momia resultara
dañada. La cabeza, al concentrar la identidad y los
rasgos individuales, aseguraba que el difunto
mantuviera un soporte material para su esencia vital.
Por otro lado, se sugiere una explicación más práctica y económica: cuando el
fallecido no disponía de recursos suficientes para costear una estatua completa,
se encargaba únicamente la cabeza esculpida, que cumplía la función simbólica
de preservar la identidad en el más allá sin necesidad de una representación
corporal completa.
- Estatua de Pepi I
La escultura de Hieracómpolis, datada hacia el siglo XXIII a. C.,. Se realizó
mediante fundición por láminas de cobre repujadas, lo que significa que
no era maciza, sino formada por piezas ensambladas. Esta técnica,
aunque permitía cierta maleabilidad del metal, también implicaba rigidez,
pero ofrecía la posibilidad de separar y ensamblar las extremidades de
manera individual, lo que supuso un avance técnico notable.
La figura responde al canon estético e idealizado propio de un
faraón, con rasgos de frontalidad y hieratismo que transmiten
solemnidad. Se representa con el bastón adelantado y la pierna
en posición de paso, sin el bloque de soporte habitual, lo que
refuerza la idea de movimiento y de caminar hacia el futuro.
Porta la corona blanca del Alto Egipto, símbolo de poder y legitimidad.
Junto a esta pieza, se conserva otra escultura en alabastro, en la que
el faraón aparece acompañado de un halcón y sostiene los atributos
regios: cayado y flagelo, emblemas de autoridad y dominio.
- Pepi II en las rodillas de su madre Anjesenpepi II.
La escultura en alabastro del siglo XXIII a. C. representa a la
madre de Pepi II sentada en un trono, que a su vez funciona
como asiento simbólico para el joven faraón. Se trata de una
obra de pequeño tamaño, pero cargada de significado político y
dinástico: la madre aparece como regente, creadora el poder
del hijo. La composición incluye dos estrados que sujetan los
pies, generando un juego de volúmenes entre tronos y
pedestales que refuerza la solemnidad de la escena.
La frontalidad de la madre contrasta con el perfil del hijo, y
viceversa, creando un diálogo visual entre ambas figuras. Pepi II
aparece representado como adulto, aunque en dimensiones
reducidas, y porta los atributos del faraón, mientras que la
madre, con los brazos separados, transmite firmeza y
centralidad. En cambio, los brazos del hijo no se separan del
cuerpo debido a su extrema finura. Se aprecia además un orificio en la cinta,
posiblemente destinado a una incrustación, lo que sugiere un detalle técnico
añadido. El rostro de la madre muestra una sonrisa serena, reforzando la idea
de protección y legitimidad, mientras que el conjunto transmite tanto la función
maternal como la continuidad del poder real en el Egipto del Imperio Antiguo.
TEMA 3. Periodo Imperio Medio. (XI – XII
dinastía)
Tebas era la capital del imperio medio reunificado, pero no pudo imponer un
estilo arquitectónico homogéneo como hizo Menfis en el Imp. Antiguo. Las
características del arte menfita inspiraron a los artífices del arte del periodo. La
influencia tebana, aporto nuevos espacios abiertos y en terrazas.
- El abandono de las pirámides
Las pirámides son abandonadas. Desaparecen. Aunque no de forma definitiva ni
repentina, las pirámides dejarán de ser la tendencia general más usada. Así, en
la XI dinastía, se formularán nuevos tipos de construcciones.
Una de las nuevas tipologías constructivas y funerarias será, por ejemplo, los
hipogeos: Construcción subterránea y abierta en el acantilado de la roca, sobre
el flanco de la montaña.
- Hipogeos.
El concepto de lugar de enterramiento es como un lugar que ha de ocultarse,
todo lo contrario a las pirámides. No pretende destacar, se oculta de manera
absoluta: Tras usarse como enterramiento, se convierte en una parte más del
paisaje. Ya no hay una concepción de las creaciones funerarias como creaciones
monumentales.
El interior de los hipogeos, su articulación interna, sigue conservando algunos
cánones de las pirámides: Unas salas con cierta direccionalidad, decorados,
salas con distintas funciones…
Se abandona la luz en favor de la oscuridad. Se crea una arquitectura fúnebre
completamente excavada. Oscura. De nuevo, un juego de luces y sombras, de
lo abierto y lo cerrado.
Como desarrollo de los hipogeos, encontramos las tumbas “en saff”, o tumbas
en serie. Se sigue conservando su carácter subterráneo, pero no en pro de un
ocultamiento: Ya el hipogeo no se esconde, se monumentaliza la fachada, se
muestra y enaltece. De nuevo, cambia el concepto.
- Complejo funerario de Mentuhotep II:
Construido entre el 2055-2005 a.C. Para el
quinto faraón de la dinastía XI. Complejo
novedoso en Deir el-Bahari, al occidente de
la nueva capital y dedicado a Hathor.
Orientado al este para honrar a Ra.
Intento de integrar el complejo, abierto y
simétrico en el paisaje.
El conjunto integraba en su centro una
gran estructura maciza con forma
piramidal, rodeada de terrazas con
pórticos columnados. Al santuario
principal se accedía por una calzada ascendente y descubierta, aunque hoy está
totalmente destruido.
En el interior, se encontraba una sala cuadrada de columnas que, a través de un
amplio patio con pilares, conducía a la sala hipóstila. Al fondo de un largo
pasadizo se hallaba la tumba del faraón, excavada en la pared rocosa, junto a
nichos destinados a las princesas reales, sacerdotisas de Hathor. Las
dimensiones del patio recuerdan al complejo de Zoser y los espacios abiertos a
la Dinastía V, mientras que la tipología remite a los hipogeos tebanos.
La arquitectura mostraba abundancia de elementos de soporte y aligeramiento
de los espacios. En la entrada se levantaban los primeros pilares osiríacos,
donde el faraón aparecía representado como Osiris en forma de momia, junto a
capiteles hathóricos con la cabeza de la diosa.
A pesar de la ostentosidad de las rampas y niveles en la vía litúrgica, la cámara
funeraria permanecía excavada en la roca. Se unificaban patios amplios y
luminosos, semejantes a grandes solares, con interiores lúgubres y ocultos,
dominados por columnas osiríacas. Los espacios se jerarquizaban y articulaban
en favor de una simbología precisa.
Uno de los rasgos esenciales era el juego de luces y sombras: la luz tamizada y
filtrada creaba un ambiente medido, un auténtico bosque de columnas donde la
penumbra se volvía parte de la experiencia. Las columnas no solo cumplían una
función constructiva, sino también simbólica.
En conjunto, se aprecia un cambio de mentalidad: la arquitectura se abre, se
relaciona con el entorno y deja de estar pensada únicamente para ser vista,
convirtiéndose en un espacio de tránsito entre lo luminoso y lo oculto, lo
terrenal y lo funerario.
(mención a pirámides de Amenemhat I o III, la segunda tiene el Piramidón de
basalto)
- Pirámide de Sesostris I:
Durante el reinado de Sesostris I se produjo una
recuperación de la tipología piramidal clásica de la
IV dinastía, en detrimento de los hipogeos
tebanos. Sin embargo, las condiciones materiales
eran distintas: la escasez de recursos llevó a
emplear materiales menos perdurables, lo que
explica la menor conservación de los restos.
El faraón mandó construir su pirámide junto a la de
su padre, Amenemhat I, en un gesto de continuidad dinástica y legitimación
política. Esta pirámide fue llamada “la pirámide que domina los dos países”,
subrayando su carácter simbólico como garante de la unidad del Alto y Bajo
Egipto. El núcleo se levantó con un sistema en forma de estrella, cuyos
compartimentos se rellenaban con arena y escombros. Para reducir costes, el
centro se construyó en adobe y únicamente se utilizó piedra tallada en el
revestimiento exterior.
El templo funerario no introdujo grandes novedades, aunque la calzada que lo
conectaba estaba flanqueada por pilares con estatuas del faraón, reforzando la
idea de presencia y poder. El complejo incluía además diez pirámides satélite,
destinadas a otros enterramientos.
En cuanto a la arquitectura interna, se diseñó un sistema más complejo de
cámaras con el objetivo de proteger la tumba de saqueos. Este recurso refleja la
creciente preocupación por la seguridad del enterramiento y la tensión entre
ostentación exterior y ocultamiento interior. La combinación de patios abiertos
con corredores y cámaras ocultas responde a una jerarquización simbólica de
los espacios, donde la luz y la monumentalidad acompañaban el acceso,
mientras que la penumbra y la complejidad arquitectónica resguardaban la
cámara funeraria.
- Pirámide Sesostris III
La pirámide de Amenemhat III en Dahshur, conocida
como la “Pirámide Negra”, constituye un ejemplo
paradigmático de la transformación de la
arquitectura funeraria en el Reino Medio. A
diferencia de las pirámides del Reino Antiguo,
donde la cámara mortuoria se situaba en el centro
del alzado piramidal, aquí se desplaza y se excava
directamente en la roca, buscando mayor seguridad
frente a saqueos y un simbolismo distinto.
El núcleo de la pirámide se levantó con adobe y se recubrió con bloques de
piedra caliza pulida, aunque el revestimiento se perdió con el tiempo, dejando
expuesta la masa oscura que le dio su nombre. El complejo funerario se
enriquecía con siete pirámides satélite destinadas a esposas y princesas, lo que
subraya la importancia de la familia real en la legitimación del poder. Además,
el templo principal se situaba al sur, integrando el conjunto en un esquema
ritual más amplio.
En este periodo, los Textos de los Sarcófagos, inscritos en ataúdes de madera,
sustituyen a los antiguos Textos de las Pirámides, democratizando la protección
mágica y extendiéndola más allá del faraón hacia nobles y cortesanos. Todo ello
refleja un cambio profundo: la pirámide deja de ser únicamente un monumento
de centralización del poder real y se convierte en un espacio compartido, donde
la autoridad del faraón se proyecta en red con su entorno familiar y con una
comunidad más amplia que participa del mismo imaginario funerario.
- Complejo funerario de Hawara.
El complejo funerario de Hawara, levantado por
Amenemhat III cerca del oasis del Fayum. Su
segunda pirámide, construida con un núcleo de
adobe recubierto de piedra caliza, incorporaba un
sofisticado sistema de pasajes, trampas y
cámaras de seguridad destinados a proteger la
cámara mortuoria frente a saqueos. Lo que lo
hacía excepcional no era solo la pirámide en sí,
sino el vasto conjunto que la rodeaba: un
entramado de templo, palacio, capillas y patios
que conformaban un espacio ritual y
administrativo de enorme complejidad. Esta disposición, con múltiples salas,
impresionó a los historiadores griegos, quienes lo describieron como “el
laberinto”.
- Tumba del príncipe Sirenpowe II:
Los hipogeos muestran una evolución arquitectónica que combina
monumentalidad exterior. A diferencia de las pirámides, aquí la fachada se
convierte en un acceso sobrio y macizo, que da paso a una vía profunda y
perpendicular que penetra en la montaña, simbolizando el tránsito hacia el
mundo subterráneo. Los espacios internos se organizan en salas y corredores
sostenidos por columnas lotiformes, cuyo diseño evoca la flor de loto
En el caso de Asuán, la monumentalidad se acentúa con pilares monolíticos
tallados directamente en la roca, que transmiten una sensación de solidez y
eternidad, reforzando la idea de que la tumba debía ser un espacio inmutable
frente al tiempo.
(mención necrópolis de beni hassan)
- Templo Osiris en Abidos
El templo funerario de Seti I en Abidos, concluido por su hijo Ramsés II, se erigió
como un monumental cenotafio dedicado a Osiris, el dios de la regeneración y
soberano del más allá. Abidos era considerado desde tiempos muy antiguos
como el lugar donde había sido enterrada la cabeza de Osiris, lo que lo convirtió
en un centro de peregrinación y culto nacional. El templo destaca por su planta
en forma de L, sus siete capillas consagradas a distintas divinidades entre ellas
Osiris
Detrás del templo se encuentra el Osireion, un
edificio subterráneo construido con enormes
bloques de granito, que se interpretó como un
santuario vinculado directamente al mito de
Osiris. Su monumentalidad y su carácter
enigmático impresionaron tanto a los antiguos
egipcios como a los visitantes griegos, quienes
reforzaron la idea de Abidos como un “pasaje
hacia el más allá”. La combinación del templo
de Seti I y el Osireion convirtió a Abidos en un
espacio único donde se entrelazaban la
legitimidad política del faraón, la devoción religiosa…
- Capilla blanca en Karnak:
El pequeño quiosco de Sesostris I en Karnak, levantado en el recinto del dios
Amón, constituye una joya arquitectónica por su proporción y elegancia.
Construido en caliza y alzado sobre un zócalo, presenta una planta cuadrada
con dos accesos mediante rampas escalonadas. Su estructura se organiza en
cuatro filas de cuatro pilares cuadrados, todos ellos recubiertos de relieves que
exaltaban la figura del faraón y su relación con la divinidad. Estos pilares
sostienen una techumbre adintelada coronada por un bocel (media gola),
recurso decorativo que suaviza la transición hacia la cubierta, y una gárgola
leontocefálica que añadía un elemento simbólico de protección. El interior se
articula en torno a un pilar central sustentante, reforzando la idea de equilibrio
y eje axial.
La obra, célebre por la calidad de sus relieves, fue en parte desmantelada en
época de Amenofis III, quien reutilizó sus bloques en los cimientos de un pilono
de Karnak. Reconstruido en época moderna, el quiosco se aprecia hoy como un
ejemplo de arquitectura períptera en versión egipcia: ligero, aéreo y bien
proporcionado, concebido como un espacio ceremonial más que como un
templo cerrado.
- Templo de Medinet Maadi:
El templo consagrado a la diosa de las cosechas se caracteriza por una
arquitectura sobria y funcional, pensada para subrayar la relación directa entre
el espacio sagrado y la vida cotidiana de los egipcios. La entrada se configura
mediante un atrio delimitado por dos muros, que actúa como transición entre el
exterior profano y el interior ritual. Desde allí se accede a una reducida sala
hipóstila cubierta, sostenida únicamente por dos columnas papiriformes, cuyo
simbolismo vegetal remite a la abundancia y a la regeneración de los campos.
Tras la sala hipóstila se disponen tres santuarios posteriores, cada uno dedicado
a una faceta del culto agrícola y funerario, reforzando la idea de multiplicidad
en la veneración de la diosa. La simplicidad del esquema arquitectónico
contrasta con la riqueza simbólica: el atrio como umbral, las columnas
papiriformes como evocación de la fertilidad, y los santuarios como núcleos de
poder divino.
TEMPLOS VOTIVOS DEL IMPERIO MEDIO:
Durante el Imperio Medio la arquitectura egipcia se vio marcada por influencias
asiáticas y por la consolidación del culto a Amón como religión nacional. El
faraón se presentaba como emanación directa de esta divinidad, y los templos
se convirtieron en instrumentos de propaganda del poder centralizado y del
origen divino del monarca. La estructura templaria se codificó con mayor rigor,
y muchos de ellos se dedicaban a un doble culto, reflejando la complejidad
religiosa del periodo. Los templos votivos podían adoptar dos formas
principales: como edificaciones exentas de “bulto redondo” o como speos,
templos excavados en la roca. En ambos casos, se alcanzó un desarrollo pleno
de la decoración y la ornamentación, que, aunque no siempre novedosa, se
perfeccionó y se multiplicó en detalle.
La organización arquitectónica seguía un canon axial muy definido, que
jerarquizaba los espacios desde los pilonos y las fachadas hasta el altar y el
santuario. La experiencia del peregrino se concebía como un recorrido ritual: la
avenida axial de acceso conducía hasta los pilonos y la fachada, muchas veces
acompañados de obeliscos que destacaban en el paisaje vertical. Estos
elementos tenían un fuerte simbolismo: el obelisco figuraba la luz solar,
mientras que los pilonos recreaban la montaña primordial del génesis. Tras el
acceso angosto custodiado por los pilonos, se abría el patio hípetro, espacio
abierto que daba paso a la sala hipóstila, un bosque de columnas donde la luz
se degradaba y creaba un ambiente de misterio. Finalmente, en el extremo de
la vía axial se encontraba el santuario, en penumbra y protegido por espacios
laberínticos, que reforzaban su carácter sagrado y enigmático. La arquitectura
del Imperio Medio, por tanto, combinaba monumentalidad, simbolismo y un
refinado control de la luz y el espacio para subrayar la legitimidad del faraón y
la centralidad del culto.
- Templo de Karnak:
La construcción del conjunto de Karnak comienza hacia el
año 2200 a.C. y se prolonga hasta el 360 a.C., abarcando
numerosas dinastías desde la XII hasta la XIX. Karnak no es
un templo único, sino un vasto complejo compuesto por
múltiples edificaciones, dedicado a la veneración de la
tríada divina formada por Montu, Amón y Mut.
Originalmente, el espacio estaba organizado en tres
conjuntos de templos, uno para cada divinidad, destacando
por su tamaño y monumentalidad el conjunto consagrado a
Amón, que se convirtió en el núcleo principal del recinto.
La organización planimétrica del complejo responde a una
jerarquización muy marcada de los espacios, articulada
mediante la sucesión de patios abiertos y salas cerradas, y
sobre todo por el uso de grandes pilonos que coronan y
estructuran las vías de peregrinación. Estos pilonos, junto
con las murallas que delimitaban el perímetro, separaban el
espacio sagrado del resto del mundo, reforzando la idea de
ciudad sacra amurallada. A pesar de las múltiples
modificaciones sufridas a lo largo de los siglos, aún se reconocen los elementos
esenciales: los monumentales pilonos, el patio hípetro, la sala hipóstila y el
sancta sanctorum. La escala colosal, ya presente en las pirámides, se mantiene
aquí, pero trasladada a los pilonos, cuya función era destacar en el paisaje y
coronar la vía axial que conducía al santuario.
En el interior del santuario de Amón se añadió un pequeño templo dedicado a
Ramsés II. No se trataba de un templo funerario personal, sino de un gesto
simbólico: el faraón quiso inscribirse en el conjunto, buscando la justificación
divina de su reinado y reforzando la teocracia. La decoración y ornamentación
monumental se enriquecía con esculturas de gran tamaño, que acompañaban la
arquitectura y reforzaban su carácter propagandístico. La zona más célebre de
Karnak es su sala hipóstila, considerada la obra culminante del juego de luces y
sombras. En su origen, las columnas y muros estaban policromados, de modo
que al efecto lumínico se sumaba el cromático. El visitante se adentraba en un
laberinto donde la luz se degradaba progresivamente, creando un espacio
suntuoso y místico. Sin embargo, la axialidad nunca se perdía: dos grandes
columnas centrales, más altas que el resto, marcaban el camino hacia el sancta
sanctorum, recordando al peregrino su objetivo final.
El conjunto estaba acompañado por un gran lago exterior, cuya función exacta
sigue siendo discutida por los historiadores. Probablemente se buscaba crear un
paisaje idílico y bello, reforzando el carácter sacro del recinto. En la orilla
oriental del Nilo, Karnak se concebía como una ciudad sacra amurallada,
residencia de sacerdotes autárquicos. La disposición de las estancias seguía un
eje axial, y una avenida de esfinges, el dromos, conducía al acceso principal,
flanqueado por un pilono formado por dos muros trapezoidales en talud,
rematados en gola. Estos pilonos funcionaban como gigantescas puertas
macizas, con escaleras interiores que permitían su mantenimiento y el acceso a
la cubierta. Decorados con relieves, se acompañaban de obeliscos y estatuas
que reforzaban su monumentalidad.
Tras el pilono se accedía a un patio porticado o sala hípetra destinada a
ceremonias, seguido por una imponente sala hipóstila cubierta, sostenida por
un gran número de columnas, que daba paso al santuario de iluminación tenue
en el fondo. Esta configuración se repite en el templo de Khonsu, donde el
acceso estaba restringido según el grupo social: el pueblo llano podía llegar solo
hasta el pilono, mientras que las élites y sacerdotes penetraban en los espacios
más interiores. Dentro del perímetro también se encontraba un lago sagrado,
cuya función exacta sigue sin estar clara por falta de fuentes, aunque se
interpreta como parte del simbolismo ritual.
El templo de Amón en Karnak tiene sus raíces en el Imperio Antiguo y se
mantuvo en el Imperio Medio, como lo evidencian las intervenciones de
Sesostris I, de las cuales solo ha perdurado la célebre Capilla Blanca. Durante el
Imperio Nuevo, Karnak se consolidó como el centro religioso más influyente de
Egipto, gracias al protagonismo del dios Amón. Tutmosis I rodeó el templo con
un muro y añadió un pilono norte-sur, además de una sala hipóstila con
columnas papiriformes que desapareció posteriormente. Hatshepsut construyó
la Capilla Roja, destinada a albergar la barca de Amón durante las procesiones,
mientras que Ramsés II levantó una nueva sala hipóstila tras el segundo pilono,
reforzando la monumentalidad del conjunto.
Uno de los espacios más sobrecogedores es la gran sala hipóstila, conocida
como el “bosque de columnas”. Está compuesta por 130 columnas de fuste
cilíndrico, dispuestas en hileras que sostienen el techo del recinto. Las columnas
varían en altura, lo que permite la entrada de luz cenital a través de aberturas
superiores, creando un juego lumínico que intensifica la experiencia ritual. Este
efecto de luces y sombras se prolonga hasta el sancta sanctorum, donde la
penumbra refuerza el misterio y la sacralidad del espacio.
- Luxor:
El templo de Luxor, situado en la orilla
oriental del Nilo, se consagró a Amón-Ra y
responde a un proyecto unificado. El núcleo
de su construcción se debe a Amenofis III y a
Ramsés II, aunque posteriormente los nubios
de la Dinastía XXV levantaron el muro de
cerco y un antepatio de columnas, y
Alejandro Magno restauró la sala de la barca.
El templo se encuentra a unos tres
kilómetros al sur de Karnak y responde al
esquema clásico del templo egipcio, aunque
con la particularidad de incorporar un
embarcadero fluvial que permitía transportar
la imagen del dios por el Nilo en las fiestas
que la llevaban desde Karnak hasta Luxor. El
acceso se realizaba por una avenida de
esfinges que lo conectaba directamente con
Karnak, y la entrada estaba flanqueada por
dos colosos de Ramsés II y dos obeliscos. La
articulación del templo seguía la sucesión de patios, salas hipóstilas y cámaras,
culminando en el santuario.
El pilono principal daba paso al llamado “patio solar”, un gran espacio cuadrado
porticado, rodeado en tres de sus lados por una doble hilera de sesenta y cuatro
columnas papiriformes. Abierta al patio se encontraba la sala hipóstila cubierta,
que prolongaba la profundidad mediante hileras de las mismas columnas,
diseñadas como haces de papiro con capiteles cerrados. Amenofis III dotó a este
espacio de monumentalidad y elegancia, reforzando la axialidad del conjunto.
Tras esta sala se sucedían los camarines para las ofrendas, el santuario de la
barca y las capillas de culto, hasta llegar al sancta sanctorum, donde se
custodiaba la imagen de Amón. En la avenida procesional se encontraba
además la capilla reposadero de Tutmosis III, destinada a tres barcas sagradas,
con un pórtico tetrástilo de columnas fasciculadas con capiteles papiriformes. El
conjunto estaba acompañado por seis colosos: cuatro de pie y dos sedentes,
que reforzaban la monumentalidad del acceso.
El templo de Luxor y el de Karnak estaban conectados mediante una vía axial,
aunque no compartían el mismo espacio sacro. La primera parte del templo, la
primigenia, corresponde a Amenofis III, mientras que la segunda parte fue
añadida por Ramsés II. La obra de Amenofis III rompe con la idea tradicional
hasta el momento: su proyecto incluía una avenida de esfinges en el lugar
donde más tarde Ramsés II levantaría su templo. Tras los pilonos, acompañados
de colosos y obeliscos como protectores colosales del acceso, se entraba a una
sala de columnas, la antigua sala hipóstila, concebida con mera función
procesional. En ella se destruyeron el resto de las columnas, conservándose
únicamente las centrales, que marcaban la direccionalidad axial.
Estas columnas direccionales ya existían en otros templos, aunque
acompañadas por bosques de columnas menores en los laterales. Sin embargo,
en Luxor se magnifica su protagonismo, pues la vía axial se convierte en el
elemento articulador del espacio. Tras el patio hípetro se encontraba una sala
hipóstila “común”, con los recurrentes bosques de columnas. Frente a los
pilonos se hallaban los célebres colosos de Memnón de Amenofis III, que en
origen representaban al faraón y a su esposa, actuando como custodios y
acompañantes de la vía axial.
- Deir El-Bahari:
El templo de Deir el-Bahari, situado en la orilla
occidental de Tebas, fue dedicado a la reina
Hatshepsut, hija de Tutmosis. El edificio, de forma
grandiosa, retoma la lógica del hipogeo rupestre,
disponiéndose en tres terrazas superpuestas
unidas por rampas centrales y flanqueadas por
pórticos columnados que se adentran en la
montaña. La decoración mural desarrolla un
programa iconográfico centrado en la legitimación
de la reina, con escenas de su nacimiento divino y
de la expedición comercial al país de Punt,
además de repertorios tradicionales con esfinges,
ambones y barcas sagradas.
La disposición axial del conjunto, orientada hacia el este, establece una relación
simbólica con el sol naciente y con la divinidad, integrando el templo en el
paisaje montañoso de manera armónica. El acceso se realizaba por una avenida
de esfinges que conducía al primer patio, delimitado por muros y pórticos, y
culminaba en el santuario excavado en la roca. Esta tipología, retomada más
tarde en el templo de Ramsés II en Abu Simbel, muestra la continuidad del
modelo del hipogeo rupestre como forma de monumentalidad funeraria. La
construcción del templo de Hatshepsut tuvo también profundas implicaciones
políticas: la reina lo utilizó como instrumento de propaganda para legitimar su
poder, representándose como hija divina de Amón y como soberana legítima.
Sin embargo, tras su muerte, muchas de sus imágenes fueron destruidas en un
intento de borrar su memoria, lo que añade un matiz histórico de conflicto y
reinterpretación a la monumentalidad de Deir el-Bahari.
- Medinet Habu
El conjunto de Medinet Habu, situado en la orilla occidental de Tebas, reúne
varios templos y complejos de gran relevancia histórica y arquitectónica. Se
trata de un templo períptero de pilares cuadrados, concebido para albergar la
barca de Amón durante la celebración de la Fiesta del Valle. Este espacio,
aunque de dimensiones reducidas, cumplía una función ritual esencial en las
procesiones que vinculaban los templos de la orilla oriental con los de la
occidental. En las inmediaciones, Amenofis III erigió un imponente complejo
funerario, acompañado por los célebres colosos de Memnón.
El elemento más monumental de Medinet Habu es el complejo
funerario de Ramsés III, concebido como templo funerario y
rodeado por una muralla fortificada de adobe que integraba
los templos de sus predecesores. La monumental puerta de
acceso, flanqueada por dos torres cuadradas, recuerda las
fortalezas orientales y refuerza la idea de poder militar y
protección. Su distribución y organización es similar a la del
Ramesseum: se accede por un pilono de adobe que conduce a
un patio porticado, donde los colosos del rey se adosan a los
pilares del lado norte. Una rampa lleva al segundo pilono y a
otro patio, que anuncia la sala hipóstila con doce columnas
palmiformes. El conjunto estaba rodeado de cámaras
dedicadas al culto de familiares y divinidades, además de
complejas dependencias administrativas. Adosado a la muralla
se encontraba el palacio real de tres pisos, que subraya la
función dual del complejo como espacio religioso y residencia regia, integrando
en un mismo recinto la monumentalidad funeraria, el culto divino y la
administración del poder.
- Abu Simbel:
Los speos son templos funerarios excavados directamente en la roca, y el
ejemplo más destacado es el conjunto de Abu Simbel, mandado construir por
Ramsés II en la Baja Nubia. El templo mayor se presenta con una imponente
fachada en forma de pilono, tallada en la roca con paredes en talud de 33
metros de altura por 38 de ancho. Originalmente estuvo policromada, y en ella
se representan cuatro colosos sedentes del faraón, entronizado, sonriente, con
el nemes y la doble corona. A sus pies aparecen figuras menores de su familia,
reforzando la legitimación dinástica. El acceso conduce a un vestíbulo y a
cámaras para ofrendas, con una disposición que va disminuyendo en tamaño
hacia el santuario, simbolizando el camino del faraón hacia las tinieblas del
ultratumba. La primera sala cuenta con ocho pilares-escultura con la figura del
faraón divinizado como Osiris, mientras que los relieves de las paredes narran
sus victorias en Libia, Siria y Nubia. Al fondo se encuentra el santuario, rodeado
de dos capillas, con cuatro estatuas sedentes talladas en la roca que
representan a Ra, Amón, Ptah y al propio Ramsés, equiparado a los dioses.
El templo menor de Abu Simbel, excavado al norte
del mayor, está dedicado a Hathor y a Nefertari,
esposa del faraón. Su fachada monumental está
decorada con seis colosos de igual tamaño: cuatro
de Ramsés II con el nemes y la barba postiza,
alternados con dos de Nefertari representada como
Hathor. Todas las figuras avanzan la pierna
izquierda, gesto de movimiento y vitalidad. Este
diseño constituye un medio de propaganda política
en la frontera del imperio, divinizando al faraón y a
su linaje. Tras el vestíbulo, la primera sala se
sostiene por seis pilares con columnas adosadas de
capiteles hathóricos. Las salas siguientes están
decoradas con escenas de Ramsés y Nefertari
ofreciendo sacrificios a los dioses, culminando en el
santuario con la estatua de Hathor. Este templo, al
igual que el mayor, fue trasladado más arriba de su
emplazamiento original para evitar su inundación tras la construcción de la
presa de Asuán, respetando su orientación para conservar el efecto lumínico
original.
La fachada del templo de Nefertari se acompaña de jeroglíficos que enmarcan
las hornacinas de los colosos, reforzando la iconografía del poder. En los seis
colosos se observa una diversidad de coronas y atributos: Ramsés aparece con
la corona del Alto Egipto, con la doble corona, mientras que Nefertari porta los
atributos de Hathor. Esta iconografía, vigente desde los inicios de Egipto, se
emplea como símbolo de legitimación política y divina, reafirmando la conquista
y el dominio del territorio.
El templo mayor de Ramsés II sigue el mismo modelo de speo que el de
Nefertari, con una disposición axial que conduce desde la sala hipóstila hasta el
sancta sanctorum. En su interior se mantiene el juego de luces y sombras, con
columnas y relieves que acompañan la peregrinación hacia el santuario. Está
dedicado a Amón, Ra y Ptah, además de al propio Ramsés, que busca
equipararse a esta tríada divina y justificar su reinado teocrático. Las
representaciones osiriacas del faraón lo muestran encarnando directamente
atributos divinos.
La fachada del templo mayor es más simple que la del menor, sin marcos ni
nichos, dejando que la escultura prevalezca sobre la arquitectura. Los cuatro
colosos sedentes de Ramsés, de aún mayor tamaño, dominan la entrada,
acompañados por figuras menores de su familia y representaciones animales,
como monos, que evocan la fauna del territorio. La voluntad es claramente
pública. El interior reproduce la secuencia procesional con salas y cámaras que
culminan en el sancta sanctorum, donde la luz y la iconografía reiteran el
mensaje de poder divino. El traslado de Abu Simbel, realizado en el siglo XX
para salvarlo de la inundación provocada por la presa de Asuán.
PERIODO DE AMARNA:
Destrucción y reutilización de templos: Tras la muerte de Akenatón, sus
construcciones fueron abandonadas y sus materiales reutilizados, La ortodoxia
amoniana destruyó templos anteriores para reafirmar su culto, especialmente
en Karnak.
- Cenotafio y templo de Seti I en Abidos
El templo de Seti I en Abidos se presenta con una fachada porticada que da
acceso a dos salas hipóstilas, cuya cabecera está orientada hacia la tumba de
Osiris, reforzando la conexión simbólica con el dios del más allá. En su interior
se disponen siete capillas axiales dedicadas a distintas divinidades, entre ellas
Osiris, Isis, Horus y Amón, lo que refleja la importancia del culto múltiple en este
santuario. En una de las paredes de la segunda sala hipóstila se encuentra la
célebre Lista Real de Abidos, inscripción que recoge los nombres de los faraones
desde Menes hasta Seti I, constituyendo una fuente fundamental para la
historiografía egipcia.
Junto al templo se halla el Osireion, un cenotafio singular
concebido como la falsa tumba de Osiris. Su estructura se
organiza mediante una rampa ascendente que conduce a
un núcleo central: una isla artificial rectangular semi-
subterránea rodeada por un canal de agua. Este espacio
estaba flanqueado por dos hileras de pilares monolíticos de
granito de Asuán que sostenían dinteles y daban acceso a
numerosas celdas. La monumentalidad del Osireion,
excavado en la roca y con un diseño enigmático, refuerza la idea de Abidos
como centro sagrado vinculado al mito osiríaco y como lugar de legitimación
política y religiosa.
- Ramesseum
El Ramesseum, templo funerario de Ramsés II, se erigió en piedra caliza con una
planta rectangular organizada en torno al eje lineal clásico de los templos del
Imperio Nuevo. Su fachada estaba formada por un pilono monumental,
ligeramente desviado del eje para orientarse hacia Luxor, que daba acceso a un
patio ceremonial donde en el pasado se levantaban dos colosos sedentes del
faraón. Tras un segundo pilono se abría un segundo patio, porticado con
estatuas osiriacas, que conducía a la gran sala hipóstila. Esta sala estaba
sostenida por columnas fasciculadas campaniformes y su cubierta estaba
decorada con estrellas, evocando el cielo nocturno, antes
de llegar al santuario, hoy destruido.
A la izquierda del templo se encontraba un palacio real y
un templo dedicado a la madre de Ramsés II, integrados
en el conjunto y rodeados por un muro que delimitaba
dependencias administrativas y rituales. El Ramesseum,
además de su función funeraria, fue un espacio de
propaganda política y religiosa, donde la monumentalidad
arquitectónica y escultórica reforzaba la imagen del faraón como soberano
divinizado y garante del orden cósmico.
- Valle de los Reyes
El Valle de los Reyes constituye la necrópolis real
de los faraones de las dinastías XVIII, XIX y XX,
excavada en la ladera de la cordillera occidental
de Tebas. El emplazamiento fue elegido por
Tutmosis I, quien encargó la construcción de una
tumba secreta en el valle con el objetivo de
protegerla de los saqueadores. Las estructuras se
caracterizan por su austeridad exterior: carecen
de fachadas monumentales y se disimulan en la
roca, mientras que en el interior se desarrollan
hondos hipogeos que simbolizan la progresiva
concepción osiríaca del más allá, entendida como
el viaje nocturno que el faraón realiza por el
mundo subterráneo.
Las tumbas evolucionaron en profundidad y altura, con paredes recubiertas de
yeso para disimular las irregularidades de la caliza y los bancos de sílex. En la
dinastía XVIII se añadió tras el acceso una escalinata descendente, y las
cámaras estrechas giraban en ángulo recto, siguiendo un patrón rectilíneo con
doble eje y duplicación de altura. La separación entre las tumbas reales y los
templos funerarios refleja la creciente influencia de los sacerdotes, que
impulsaron la escisión: las tumbas se situaban en el valle, mientras que los
templos funerarios se levantaban en la llanura. Para los familiares se creó el
Valle de las Reinas, como necrópolis complementaria. El hallazgo más
importante del valle fue la tumba intacta de Tutankamón, descubierta por
Howard Carter en 1922, que permitió conocer con detalle el ajuar funerario y la
riqueza simbólica de la realeza egipcia. (mención valle de las reinas)
ESCULTURA
Durante este periodo, aunque se mantienen los arquetipos y la influencia de los
talleres menfitas, se aprecia una creatividad propia que se aleja del idealismo
rígido y del tradicionalismo. Las imágenes se vuelven más toscas y de menor
calidad técnica, pero ganan en realismo, vitalidad y originalidad, dando lugar a
una mezcla de estilos. Se introduce una mayor libertad de movimiento y una
tendencia a intercalar aspectos de la vida local, lo que se traduce en figuras
alargadas y desproporcionadas, insertas en el espacio del fondo y alejadas del
canon estricto de proporciones.
La talla se vuelve más torpe y esquemática, con composiciones abigarradas y
un acabado pictórico inferior respecto a épocas anteriores. Sin embargo, este
aparente “descenso” técnico es también una apuesta por la expresividad. Tallas
en madera.
- Wepwawet-em-hat de Assiut:
La escultura destaca por los rasgos marcados del rostro y
por unos ojos de mirada fija que transmiten intensidad. El
modelado del cuerpo revela gran destreza técnica, aunque con características
propias de la época, como los dedos de las manos excesivamente largos, un
rasgo estilístico que se repite en otras obras del Imperio Medio. Junto a estas
piezas, las estatuillas de siervos cumplían una función funeraria práctica:
acompañar al difunto en la vida de ultratumba, realizando tareas cotidianas en
su nombre.
- Las estelas de Naga-ed-Der y de Gebelein:
Muestran la evolución de la decoración pictórica en
las tumbas del sur del país. En ellas se transgreden
los convencionalismos del Alto Egipto,
especialmente en el uso del color.
Se emplean combinaciones estridentes y nuevos
matices cromáticos que anticipan desarrollos futuros
en la pintura egipcia, marcando un cambio respecto
al canon menfita más sobrio y equilibrado.
- En la tumba de Anjtifi en Mialla
Se representan escenas de duelo dispuestas en registros, con diversos
personajes acompañados de imágenes prototípicas de ganado vacuno. Destaca
el tratamiento singular de la piel de los animales, con un moteado característico
que aporta realismo y vitalidad a la composición. La tumba de Ity en Gebelein
presenta un programa iconográfico muy similar, con escenas de duelo y
ganado, lo que confirma la difusión de este estilo en la región.
IMPERIO MEDIO.
(Las esculturas que se conservan son, en su mayoría, de los monarcas Sesostris
I, Sesostris III y Amenemhat III, representados en tamaño real y colosal,
sentados o de pie)
- La estatua sedente de Mentuhotep II,
Conservada hoy en El Cairo y procedente de su tumba en Deir el-Bahari,
constituye una pieza emblemática de la XI dinastía. De tamaño natural y
realizada en arenisca policromada, representa al faraón vestido con una corta
capa blanca de jubileo y portando la corona del Bajo Egipto. El contraste
cromático entre el rojo y el negro del cuerpo, junto con la corpulencia de la
figura y los rasgos faciales marcados, refuerzan su carácter solemne. Los
grandes ojos expresivos aportan intensidad a la imagen, mientras que las
enormes piernas y los dedos desproporcionados del pie remiten a un cierto
arcaísmo, evocando tradiciones más antiguas.
La iconografía del faraón se mantiene fiel a los modelos establecidos
desde las primeras dinastías: figura sedente, hierática y monolítica,
acompañada de los atributos clásicos como la barba postiza y la
corona. Este continuismo refleja la voluntad de legitimar el poder
mediante símbolos ancestrales, recordando la dualidad de Egipto
entre el Alto y el Bajo. No existe una intención realista en la representación,
pues prima el símbolo y la idealización, incluso en los rasgos
desproporcionados. La policromía, sin embargo, introduce un recurso expresivo
adicional, aportando contraste y vitalidad a la imagen, y reforzando el
significado ritual y político de la escultura. En conjunto, la obra sintetiza
tradición y simbolismo, reafirmando la figura del faraón como garante del orden
y heredero de una iconografía inmutable.
- Las estatuas sedentes de Sesostris I:
Fueron realizadas en piedras duras y se colocaban tanto en tumbas
como en templos, siguiendo la tradición de monumentalizar la
figura del faraón. Destacan especialmente las diez estatuas
sedentes halladas en su templo funerario de Lisht, de tamaño
superior al natural y sin terminar. A pesar de ello, son técnicamente
perfectas y muestran al soberano en la postura clásica sedente, con
faldellín corto plisado y el nemes. El estilo escultórico refleja
juventud y rasgos idealizados, en consonancia con los ideales del
Imperio Medio, y contrasta con el hieratismo más rígido del Reino
Antiguo, introduciendo un mayor naturalismo y cierta
individualización en los rasgos.
- Las efigies de Sesostris III,
Procedentes del templo de Montu en Medamud y realizadas
en granito y otras piedras duras, muestran un cambio notable
en la representación faraónica. El soberano aparece con una
expresión severa y fatigada, bajo unos rasgos faciales tan
característicos que no precisan inscripción para reconocerle.
Estas esculturas reflejan diferencias de representación según
la edad y cambios en el papel del faraón, con una tendencia
hacia la expresividad y el individualismo en el retrato. Aunque
se mantiene la iconografía tradicional —postura sedente,
atributos regios—, se rompe el hieratismo con un mayor
detalle y búsqueda de verosimilitud. En el caso de Sesostris
III, se destacan rasgos personales como sus grandes orejas,
cuidadosamente modeladas, que aportan realismo y
singularidad, mostrando cómo el arte del Imperio Medio
comienza a conjugar símbolo y retrato.
- Estatuas de Amenemhat:
Las estatuas de Amenemhat III, pertenecientes a la XII dinastía, reflejan un
cambio notable en el estilo escultórico. Aunque se mantiene el canon tradicional
y los convencionalismos compositivos heredados, se introduce una nueva forma
de modelar el cuerpo y el rostro, con mayor atención a los volúmenes y a la
individualización de los rasgos. Este equilibrio entre innovación y continuidad
caracteriza el arte del Imperio Medio, que busca dotar de mayor expresividad a
las imágenes faraónicas sin romper con la tradición simbólica.
Entre las piezas más destacadas se encuentra la
monumental esfinge del templo de Tanis, donde el rostro
barbado del soberano se integra en la cabeza del león. En
esta obra, las crines del animal sustituyen al nemes
habitual de las representaciones faraónicas, creando una
fusión entre la iconografía real y la fuerza simbólica del
león. La esfinge de Amenemhat III constituye un ejemplo
excepcional de cómo la escultura egipcia podía
reinterpretar los símbolos tradicionales, reforzando la
imagen del faraón como figura poderosa y protectora,
capaz de encarnar tanto la realeza como la energía animal.
- La estatua-cubo de Hotep,
Perteneciente a la XII dinastía, constituye un ejemplo singular de
escultura privada. De tamaño medio y calidad acorde a su
dimensión, presenta una representación frontal del personaje
con las piernas flexionadas frente al cuerpo y envuelto en una
capa. Las rodillas se elevan a la altura de los hombros, mientras
los brazos reposan sobre ellas. El rostro, de gran detalle y
suavidad, transmite una expresión de introspección y
preocupación, acentuada por la inmovilidad del conjunto. La
figura queda inscrita en un bloque cúbico del que solo sobresalen
la cabeza y los pies, lo que le da nombre a este tipo de escultura.
En los espacios laterales y entre las piernas se inscriben fórmulas
votivas, junto con el nombre y los títulos del personaje, reforzando su memoria
y rango. En algunos casos, la estatua se integra en un baldaquino con respaldo
moldurado, indicativo de prestigio. Este tipo de retrato busca una
representación veraz del individuo, más allá de la estética idealizada, con la
voluntad de establecer una memoria perdurable que narre la historia que el
representado quería dejar tras de sí.
- Las estatuas de sirvientes
Propias de la XI dinastía, se realizaban en madera
policromada debido a su bajo coste, sustituyendo a
las tallas en piedra. Aunque ejecutadas de manera
tosca, resultan muy expresivas y se producían
tanto en ejemplares individuales como en
conjuntos. Estas piezas documentan aspectos
etnográficos de la época, como la célebre
representación de la “tropa de soldados egipcios”
y la “tropa de arqueros nubios” halladas en la
tumba de Mesehti en Assiut. La incorporación de
motivos militares en la temática funeraria añade
una dimensión nueva al repertorio escultórico.
Estas obras, alejadas de la esfera áulica, nos
permiten comprender la cotidianeidad de Egipto: su vida, sus prendas, su
estética y su moda. En ellas se refleja la voluntad de retratar en el más allá la
vida terrenal, asegurando que las actividades cotidianas y las imágenes de la
comunidad acompañaran al difunto en su viaje eterno.
- Los relieves del templo mortuorio de Mentuhotep II:
En Deir el-Bahari, constituyen un ejemplo temprano de la transición hacia un
lenguaje artístico más refinado. En ellos se aprecia todavía cierta rigidez
heredada del Reino Antiguo, pero ya se introducen matices de mayor
expresividad en los rostros y en la disposición de las figuras. La iconografía se
centra en la exaltación del faraón como figura divina y militar, reforzando su
papel como garante del orden y vencedor en la guerra.
Con el Imperio Nuevo, la escultura y el relieve alcanzan un grado superior de
perfección. Se produce un refinamiento del canon de las figuras, con mayor
suavidad en las formas y cambios en los rasgos faciales que aportan
individualización y expresividad. Estas obras se crean para ubicarse en templos
y tumbas, empleando materiales caros y dúctiles, y se conciben en una escala
heroica, acorde con el papel del faraón como dios de la guerra y soberano
absoluto.
En este periodo también se desarrollan
representaciones monumentales de las
reinas, como las figuras de Hatshepsut en
Deir el-Bahari o las de Nefertari en Abu
Simbel, que muestran cómo la iconografía
femenina se integra en el discurso político y
religioso. Estas esculturas y relieves no solo
transmiten belleza y solemnidad, sino que
refuerzan la legitimación del poder, la
sacralidad del linaje y la continuidad de la
tradición egipcia en un lenguaje artístico
cada vez más depurado y monumental.
- La estatua sedente de Hatshepsut,
Realizada en caliza endurecida y de tamaño algo mayor que
el natural, muestra a la reina sentada en un trono y vestida
con las insignias de faraón, sin renunciar a sus rasgos
femeninos. Las estatuas de basalto verde de Tutmosis III,
conservadas en El Cairo, presentan al faraón con nemes y
sin barba, con una expresión sonriente que refleja el
clasicismo propio de comienzos del Imperio Nuevo.
En el mismo museo se encuentra la estatua arrodillada
de Tutmosis III, solemne y hierática, de refinada ejecución
y delicados rasgos, evocando las esculturas de su
predecesora Hatshepsut y mostrando un individualismo que
se extiende al ámbito regio y privado.
- La cabeza de estatua de Amenofis III:
Revela un refinamiento paulatino de los rasgos,
estilizando facciones y tendiendo a la abstracción en el
tratamiento del cuerpo. Realizada en arcilla estucada y
pintada, destacan los ojos oblicuos extremadamente
alargados y la boca de labios carnosos. A ello se suman la
cabeza de estatuilla de Tiyr en esteatita verde y la cabeza de retrato de
la reina Tiy en madera, donde desaparece la idealización: los rasgos se alejan
de las convenciones, con ojos oblicuos, labios carnosos y una expresión
displicente.
- La estatua de Senenmut:
Cubriendo con su capa a la princesa Neferure, en granito negro,
constituye una ingeniosa forma de integrar en un mismo bloque la
imagen de un adulto y un niño, con porte casi regio.
Por su parte, la estatua sedente de Amenhotep hijo de Hapu lo
representa como escriba, con la cabeza suavemente inclinada y
expresión ensimismada; existe otra versión que lo muestra
anciano, con las manos sobre los muslos en actitud orante.
PERIODO DE AMARNA
- Coloso de Amenofis IV:
Con Amenofis IV, que cambió su nombre a Akenatón y
estableció a Atón como único dios, se produce una ruptura
radical. El coloso de Amenofis IV, en arenisca y ubicado
originalmente en el templo de Atón en Karnak, presenta rasgos
desproporcionados que rompen el canon armónico anterior, con
un realismo extremo en las deformidades. Se conservan
también una cabeza de retrato de una princesa y el
célebre busto de Nefertiti, modelo oficial en caliza enyesada
y pintada, de percepción simétrica y expresión atemporal.
El fragmento de pintura mural del palacio del sur representa
aves y plantas acuáticas con suaves tonos degradados,
aportando naturalidad inédita. Las dos princesas sentadas, con
cráneos alargados y cuerpos desnudos deformados, coloreados
en tonos superpuestos, se apartan de las convenciones
pictóricas anteriores. El relieve de una pareja real destaca por el tratamiento
juvenil de los rostros y las vestimentas plisadas.
- Tutankamón
La estatua del ka de Tutankamón, de tamaño real y
refinada factura, lo muestra de pie sobre una pantera o
sobre una embarcación de papiro, con un significado
simbólico de tránsito y poder. El trono de Tutankamón, en
madera recubierta de pan de oro, plata, pasta vítrea y
piedras duras, presenta en el respaldo un disco solar que
representa a Atón, con una escena exquisita de
luminosidad cromática.
La célebre máscara funeraria, en oro macizo con piedras semipreciosas y pasta
vítrea, cubría el rostro del faraón con rasgos idealizados. El sarcófago interno,
también en oro macizo y piedras semipreciosas, muestra su joven rostro
barbado enmarcado por el nemes con la cobra y el buitre, acompañado del
cetro y el flagelo, símbolos de la majestad.
- Escultura de Seti I y Ramsés II
La estatua de Seti I como portaestandarte presenta un rostro que
evoca las imágenes de comienzos del Imperio Nuevo, con
vestimenta plisada. El colosalismo caracteriza también las
imágenes de su sucesor. Las estatuas sedentes de Ramsés II,
talladas in, enmarcan la entrada de su templo; y las proporciones
menos estilizadas que otras esculturas de su reinado.
En la fachada del templo menor dedicado a Hathor, destacan las
dos monumentales estatuas de Nefertari, alternando con las del
monarca, talladas directamente en la roca. Se conservan también
una estatua de granito negro y otra de Meritamón en caliza
endurecida, con decoración pictórica casi intacta, mostrando a la
reina serena y vestida de gala con peluca y corona de uraeus.
Finalmente, la estatua de Ramsés en esquisto verde lo representa echado en el
suelo en actitud de ofrenda a la divinidad.
- Relieves del Imperio Nuevo
Los relieves de Seti I en Karnak destacan por su suavidad
estilística y fuerza narrativa. Las escenas de guerra contra
asiáticos y libios se ordenan en registros cronológicos,
incorporando detalles topográficos inéditos. Se mantiene la
estructura heráldica tradicional: el faraón, de tamaño
colosal, aparece de pie o en carro, atacando a masas de
enemigos. Los relieves de Ramsés II en Abidos, en caliza,
decoran la primera sala hipóstila de Abu Simbel y relatan
campañas bélicas, con especial importancia a la batalla de
Kadesh.
Una escena sobresaliente lo muestra golpeando a un jefe
libio en huecorrelieve muy marcado. Los relieves de Medinet
Habu de Ramsés III son profundos huecorrelieves con
escenas de guerra y caza: el faraón aparece colosal,
agarrando enemigos por el cabello en su victoria sobre los pueblos del mar, o
exterminando animales salvajes en cacerías desde su carro.
- Pintura Tebana
Las pinturas tebanas de las tumbas muestran gran diversidad temática. En la
tumba de Ramose se representan escenas fúnebres con plañideras de largas
cabelleras rizadas. En la de Mena, se observa gran profusión de detalles con
escenas de caza y pesca. La tumba de Userhet muestra caza en el desierto
desde su carro, mientras que la de Rekhemire incluye banquetes y trabajos
artesanales del templo de Amón. La tumba de Najt ofrece bellísimas escenas
de música y danza femenina en banquetes de la nobleza.
La tumba de Nefertari, esposa de Ramsés II,
presenta figuras de dioses y diosas al modo clásico, pero la reina se representa
con gran naturalidad, adornada con joyas de vivos colores. Por primera vez se
emplea la degradación tonal en su cuerpo para darle volumen, y se percibe la
transparencia de su vestido blanco. En primer plano se destacan incluso los
dedos gordos de sus pies, detalle realista y novedoso. La tumba de Ipy
muestra escenas de vendimia con imágenes realistas y expresivas, dispuestas
de manera irregular y autónoma, alejadas de la rigidez regia. Lo mismo ocurre
en la tumba de Senedyem, donde se representan con vivos tonos escenas de
su viaje al más allá en la puerta de su cámara mortuoria.
EL OCASO DEL ARTE FARAONICO:
Durante el periodo ptolemaico (304–30 a.C.), los últimos templos egipcios se
levantaron bajo dominio griego, manteniendo la esencia de las formas
tradicionales, aunque impregnados de influencias helenísticas. La capital,
Alejandría, se convirtió en un centro de innovación arquitectónica, donde se
introdujeron tipologías propias del mundo griego, pero sin abandonar del todo la
herencia faraónica.
La organización de los templos respondía a una tipología de estancias sucesivas
y simétricas en torno a un eje central, lo que reforzaba la axialidad
característica de la arquitectura egipcia. Sin embargo, se produjo un abandono
del colosalismo que había dominado en épocas anteriores, en favor de una
búsqueda de proporción y pureza en las formas, más cercana al ideal clásico
griego.
Una de las novedades más significativas fue la incorporación del mammisi,
pequeños santuarios o “casas de nacimiento” destinados a la celebración de
ceremonias relacionadas con el alumbramiento de los dioses. Estos espacios
añadían un componente ritual nuevo al conjunto templario, vinculado a la
regeneración divina.
En el aspecto decorativo y estructural, predominaban las columnas
campaniformes, aunque en este periodo nacieron también los capiteles
compuestos, que combinaban elementos campaniformes con palmeriformes o
hathóricos. Esta fusión de estilos refleja la síntesis entre tradición egipcia y
aportes helenísticos, dando lugar a una arquitectura que, aunque en sus últimos
momentos, seguía siendo profundamente simbólica y monumental en su
esencia.
- El Templo de Horus en Edfú (237–57 a.C.),
Uno de los más importantes del periodo ptolemaico, se vincula directamente
con la Leyenda de Isis, Osiris y Horus. Según el mito, tras la muerte de Osiris y
su resurrección en Abydos, Isis concibió a Horus y lo protegió en la isla de File.
Ya adulto, Horus desafió a su tío Seth y lo venció en Edfú, mientras que más
tarde desposó a Hathor en Dendera.
El templo de Edfú quedó durante siglos sepultado bajo la arena,
hasta que fue desenterrado sobre las ruinas de un santuario de
Tutmosis III. Su construcción y decoración fueron impulsadas por
varios soberanos ptolemaicos. La disposición arquitectónica sigue
el esquema clásico: un pilono monumental, un amplio patio
porticado, dos salas hipóstilas que evocan bosques de columnas,
cámaras de ofrendas y rituales, y un santuario rodeado de capillas.
La iluminación se organiza como un recorrido simbólico: desde la
claridad inicial hasta la penumbra del sancta sanctorum, donde se
encontraba la estatua del dios.
El pilono está formado por dos torres divididas en cuatro pisos con
cámaras internas, unidas por una larga escalera. El patio porticado
se abre con columnas en tres de sus lados. La primera sala
hipóstila, con doce columnas dispuestas en cuatro grupos de tres, se conecta
con dos espacios laterales: la llamada “casa de la mañana” o purgatorium,
destinada a la purificación de los sacerdotes y una biblioteca. La segunda sala
hipóstila, más antigua, era el “vestíbulo de las apariciones”. Desde allí se
accedía a tres salas que conducían a la terraza del templo.
El conjunto incluía también un mammisi, pequeño santuario de nacimiento
divino, con una sala central rodeada por una galería perípteras de columnas con
capiteles compuestos, unidas por un sotabanco decorado. El muro que rodea el
templo conserva relieves alusivos a la batalla entre Seth y Horus, reforzando la
dimensión mítica y simbólica del lugar.
- El Templo de Isis en File
Constituye uno de los últimos grandes santuarios del Egipto faraónico,
profundamente ligado al mito de Osiris e Isis. Según la tradición, la diosa velaba
la tumba de su esposo en una isla vecina. Con la construcción de la presa de
Asuán, la isla original quedó sumergida y los templos fueron desmontados y
reconstruidos en un islote más elevado, preservando así su memoria.
Sobre un primer núcleo levantado por Taharqa dedicado a Amón, se construyó
el templo principal de Isis y Horus niño. A diferencia de otros templos egipcios,
su trazado no sigue un eje central continuo: el recorrido hacia el santuario se
quiebra varias veces, generando una marcada asimetría debida a la integración
de varios templos preexistentes en el conjunto.
El acceso comienza en un embarcadero y el pabellón de Nectanebo I, con
columnas campaniformes rematadas por ábacos hathóricos. Desde allí parte un
imponente dromos procesional, excepcional por sus columnas dobles con
capiteles variados de época romana (Augusto y Tiberio), inspirados en los
pórticos griegos (stoa). Este camino culmina en el solemne primer pilono de
Nectanebo, flanqueado por dos leones de granito y obeliscos. Tras él se abre un
patio central con pórtico columnado que da acceso a varias salas y, en el lado
oeste, a un pequeño mammisi con pronaos y tres cámaras, dedicado al culto de
Isis como madre de Hathor.
El segundo pilono, más elevado, conduce a
la parte privada del templo. Allí se disponen
diez columnas policromadas y un techo
ricamente decorado con temas astrológicos
que evocan las leyes celestes de Isis. El
conjunto incluye doce salas vinculadas a
los signos del zodiaco, reflejando la unión
entre religión y astrología, además de una
cripta independiente.
El templo de File fue uno de los últimos
lugares donde se mantuvo el culto a Isis,
hasta que fue prohibido por el emperador
Justiniano en época bizantina. Su
arquitectura, mezcla de tradición egipcia y
aportes helenísticos y romanos, lo
convierte en un testimonio excepcional de la persistencia y adaptación de la
religión egipcia en sus últimos siglos.
- Templo de Hathor en Dendera
El templo de Hathor en Dendera se concibió como un enorme sistro,
instrumento musical mágico atribuido a la diosa. Carece de patio y está rodeado
por una muralla inacabada de adobe, con orientación perpendicular al Nilo. Su
fachada adintelada y rematada en gola se sostiene por seis columnas que
simbolizan sistros, con capiteles hathóricos en sus cuatro lados, unidas a media
altura por un muro intercolumnio.
En el interior, la primera sala hipóstila cuenta con 18
columnas hathóricos dispuestas en tres filas de seis, con
un techo pintado con representaciones cósmicas y
astronómicas. En sus paredes aparecen emperadores
romanos ataviados como faraones ofreciendo dones a
Hathor. La segunda sala hipóstila, llamada “sala de las
apariciones”, se organiza con seis columnas y está
bordeada de habitáculos destinados al culto. Finalmente,
el sancta sanctorum alberga la imagen y la barca de la
diosa, rodeado por un pasillo con salas anexas.
El vestíbulo del santuario era el punto de partida de las
procesiones: la estatua de Hathor se colocaba sobre un
naos portátil y se ofrecía a los rayos solares. En la terraza,
en el extremo norte, se encontraba la tumba de Osiris,
donde se custodiaba un fragmento de su cuerpo
despedazado y donde se halló el célebre zodiaco circular.
El conjunto incluía dos mammisi: el primero, de Nectanebo
I con añadidos ptolemaicos, y el segundo, de época
romana, construido bajo Nerón y ornamentado por Trajano y Adriano.
- Templo de Kom Ombo
El templo de Kom Ombo, levantado en época ptolemaica bajo el reinado de
Ptolomeo VI (siglo II a.C.), ocupaba una posición militar
estratégica y tuvo también gran importancia agrícola.
Se erigió sobre los restos de un santuario
primitivo y posteriormente Augusto añadió el
pilono de entrada.
Este templo es único en Egipto por su carácter
doble, con una doble veneración teológica:
estaba consagrado a Sobek, dios cocodrilo de
la fertilidad, y a Horus. La bipartición
arquitectónica y simbólica se refleja en sus
dos entradas, dos patios, dos salas hipóstilas y
dos santuarios, aunque muchas partes son
comunes y yuxtapuestas. El monumental pilono
de acceso está decorado con bajorrelieves del
emperador Domiciano portando ofrendas.
El recorrido procesional sigue una clara direccionalidad: atrio, primera sala
hipóstila o pronaos con columnas de loto y papiro, segunda sala hipóstila con
relieves de procedimientos rituales, y tres salas que anuncian el sancta
sanctorum, donde se conmemoraba la colocación de la primera piedra del
templo por el faraón. Frente al conjunto se encontraba el mammisi, santuario
del nacimiento de Horus, que completaba el programa religioso.
ESCULTURA DEL PERIODO PTOLEMAICO:
Cuando los Ptolomeos llegaron al poder todavía eran populares los modelos
artísticos mantenimiento de la antigua religión egipcia por parte de los nuevos
reyes macedonios y artistas autóctonos siguieran ejecutando esculturas exentas
y relieves que perpetuaban fielmente el estilo.
En el periodo ptolemaico se observa un claro deseo de aunar los cánones
egipcios con los griegos, creando un lenguaje artístico híbrido que legitimaba a
los nuevos soberanos en el marco de la tradición faraónica. Los templos y
relieves muestran a faraones y reinas en actitudes y vestimentas propias del
repertorio egipcio, pero con rasgos helenísticos que introducen matices de
naturalismo y diferenciación.
Un ejemplo paradigmático es el relieve del templo de Karnak, donde Alejandro
Magno aparece representado con indumentaria faraónica realizando una
ofrenda a Amón. La composición mantiene la frontalidad y el tocado nemes,
característicos de los retratos faraónicos, pero incorpora elementos griegos
como los rizos del cabello, que sobresalen del tocado.
En conjunto, estas representaciones reflejan cómo los Ptolomeos y los monarcas
helenísticos buscaron integrarse en la religiosidad egipcia sin renunciar a su
propia herencia cultural. La síntesis entre lo egipcio y lo griego se convierte en
un recurso político y artístico, capaz de reforzar la autoridad y de proyectar una
imagen universal del poder.
- Estatua de reina ptolemaica
Conservada en el Museo Egipcio de El Cairo, esta escultura
inconclusa en piedra caliza pintada mantiene gran parte de su
colorido original. Representa a una mujer con túnica plisada
ceñida, decorada con una cinta roja que recuerda al nudo de Isis,
resaltando las formas del cuerpo. La figura aparece erguida, con
la pierna izquierda adelantada y el brazo derecho pegado al
cuerpo, mientras el izquierdo se dobla sobre el pecho
sosteniendo un cetro floral. Lleva peluca con restos de pintura
negra y se adorna con collar, brazaletes y anillos de pan de oro.
El rostro idealizado muestra ojos almendrados y boca pequeña,
aunque la base inconclusa impide identificar con certeza a la
reina.
- Estatua de Ahmes
Se trata de un destacado sacerdote, representado en la tradicional
pose masculina egipcia: pierna adelantada, brazos pegados al cuerpo
y puños cerrados. Tallada en esquisto, se apoya en una base
paralelepípedo y en una amplia losa que sustituye la columna dorsal
con inscripciones votivas. Viste falda lisa sostenida por cinturón con
inscripciones de rango. Su cabeza afeitada y el rostro de rasgos finos y realistas
muestran gran nivel técnico, con torso marcado por hendiduras que definen la
musculatura. Aunque sigue la tradición egipcia, aparecen evidencias
helenísticas como rizos y atuendos de moda griega.
- Tumba de Petosiris
Los relieves de la tumba del sumo sacerdote de Thot combinan textos
mortuorios jeroglíficos con escenas de vida cotidiana y portadores de ofrendas.
Destaca el tratamiento de los pliegues en los atuendos y la combinación
cromática, reflejando la fusión entre tradición egipcia y aportes griegos en la
representación.
- Relieves en templos ptolemaicos
En Edfú, Kom Ombo, File y Dendera se conservan relieves que muestran a reyes
y reinas ptolemaicos según la tradición egipcia. Sobresalen los de la fachada del
pilono de Edfú, en huecorrelieve, donde el faraón aparece a gran escala ante
Horus y Hathor, reforzando la legitimación dinástica.
- Escena de la coronación de Ptolomeo IX
En el templo que ordenó edificar, se representa la ceremonia de
coronación con las dos regiones del imperio. El faraón aparece con
tronco de frente, al estilo egipcio, portando la doble corona,
pectoral y falda corta, reafirmando la continuidad iconográfica.
- Relieve de Isis en File
Mandado construir por Ptolomeo XII, muestra a
Hathor con volúmenes femeninos suaves y
rasgos redondeados, adornada con joyas. Una
representación similar se encuentra en el muro
sur de la sala de los nacimientos en Dendera,
reforzando la importancia de la diosa en el culto
tardío.
- Estela de Ptolomeo V
Conservada en el Museo Egipcio de El Cairo, mantiene su
brillante colorido. En la parte central aparece el cielo,
mientras el monarca, con corona azul, se representa frente al
toro Bucis, cuyo cuerpo está recubierto de lámina de oro. El
faraón ofrece el sheket ante el altar, acompañado de siete
columnas con jeroglíficos alusivos a Cleopatra, la divinidad y
el soberano. A pesar de la riqueza cromática, la obra
transmite cierta ausencia de vitalidad.