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El Negro Evangelico: I. La Contrarrevolución Evangélica Y Su Sentido Social Y Político

El documento analiza el fenómeno del apoyo de votantes negros, especialmente evangélicos, a Bolsonaro, a pesar de su racismo. Se explora la relación entre religiosidad, clase social y el crecimiento del pentecostalismo en Brasil, destacando su influencia en las masas empobrecidas y su conexión con la cultura negra. Además, se discuten las características del neopentecostalismo, que promueve una teología de la prosperidad y una visión dualista de la lucha entre Dios y el diablo, legitimando así la desigualdad social.

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El Negro Evangelico: I. La Contrarrevolución Evangélica Y Su Sentido Social Y Político

El documento analiza el fenómeno del apoyo de votantes negros, especialmente evangélicos, a Bolsonaro, a pesar de su racismo. Se explora la relación entre religiosidad, clase social y el crecimiento del pentecostalismo en Brasil, destacando su influencia en las masas empobrecidas y su conexión con la cultura negra. Además, se discuten las características del neopentecostalismo, que promueve una teología de la prosperidad y una visión dualista de la lucha entre Dios y el diablo, legitimando así la desigualdad social.

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4

EL NEGRO EVANGELICO

El capítulo anterior procuró desentrañar las razones


que llevaron a millones de blancos pobres a votar,
en contra de sus propios intereses, por Bolsonaro.
Pero no fueron solo los blancos pobres quienes
votaron en dos ocasiones por Bolsonaro. También
muchos negros, sobre todo los evangélicos, votaron
y lo apoyaron. La cuestión aquí es, quizás, aún más
compleja de comprender que la que examinamos
anteriormente. Después de todo, Bolsonaro es un
racista de la vieja escuela que bromea sobre los
negros, asociándolos constantemente, por ejemplo,
con la animalidad. ¿Por qué un negro pobre votaría
por Bolsonaro? Esta es la cuestión que abordaremos
ahora, y, seguidamente, con las historias de vida de
algunos de ellos.

I. LA CONTRARREVOLUCIÓN EVANGÉLICA Y SU
SENTIDO SOCIAL Y POLÍTICO
Para Max Weber, el sociólogo de las religiones más
influyente e importante de todos los tiempos, la
religiosidad guarda una relación íntima con la clase
social, es decir, con la posición relativa de los fieles
en la jerarquía social. Las versiones más racionales
y éticas de la religiosidad suelen estar relacionadas
con la vida urbana –en especial con los
comerciantes y artesanos calificados, con su
cotidianeidad calculable, regular y previsible. En
cambio, los campesinos y las clases populares
perciben su vida diaria como dominada por fuerzas
externas incontrolables, como la naturaleza y la
opresión social asociada al trabajo no calificado,
dependiente y servil.
El pentecostalismo, desde su vertiente original en
Estados Unidos, nace como oposición al
protestantismo histórico y al proceso de
secularización que le fue subsiguiente. Como es
sabido, la tesis weberiana para explicar el proceso
de secularización parte de la contradicción interna
del protestantismo ascético, que construye un
"camino hacia la salvación" basado en el éxito
mundano. Al interpretar el camino hacia la salvación
eterna como derivado del éxito mundano y visible,
es decir, de la riqueza material, el ascetismo
protestante pasa a exigir del fiel la "dominación del
mundo" social y natural como precondición para ser
salvo
Para que el mundo sea dominado, sin embargo,
necesita ser conocido. Es necesario saber cómo
funciona el mundo social y natural para tener éxito
en él. Ahora bien, la ciencia es precisamente la
dimensión creada para el conocimiento y control del
mundo externo. Existe una fuerte correlación entre
el advenimiento del protestantismo y el ascenso de
la ciencia experimental. La visión científica del
mundo, sin embargo, elimina poco a poco el
"misterio", elemento indispensable de cualquier
forma de religiosidad. El establecimiento de la
ciencia como esfera simbólica poseedora de sentido
hegemónico implica el debilitamiento –no la muerte–
de la visión religiosa. Es por cuenta de sus
contradicciones internas que el protestantismo es
visto como la partera del mundo moderno, secular –
y, entre otras consecuencias, un mundo donde la
ciencia sustituye a la religión como proveedora de
sentido.
Esto, obviamente, no ocurrió sin resistencias.
Especialmente en Estados Unidos –la patria del
puritanismo ascético–, se desarrollaron desde el
siglo XVIII tendencias revivalistas de la religiosidad,
las cuales son la cuna histórica del posterior
movimiento pentecostal. Estos movimientos eran
plurales, y había una oferta religiosa significativa
comandada por nuevos profetas que pululaban en
varios lugares. Uno de ellos fue Charles Parham,
figura emblemática de la novedad pentecostal, que
se convirtió en el primer predicador en hacer la
conexión entre experiencias extáticas –con
manifestaciones de trance y glosolalia (el hablar en
"lenguas extrañas")– y el "bautismo con el Espíritu
Santo".64
Uno de los seguidores de Parham, William
Seymour –que se haría conocido como el "profeta
negro de la Calle Azusa"– asistía a sus clases en el
corredor y no en el aula, a causa del racismo de
Parham, y decidió fundar su propia denominación en
la Calle Azusa, en Los Ángeles. La Calle Azusa se
convirtió, a partir de entonces, en una especie de
galvanizador y campo de experiencia de una
religiosidad que valoraba la tradición negra: en
rasgos como la oralidad de la liturgia, testimonios
orales, inclusión del éxtasis, sueños y visiones,
inclinación hacia el chamanismo religioso, uso de
coreografía y mucha música en los cultos.65
Esta conexión con la cultura negra explica, en
buena parte, la influencia irresistible de este tipo de
religiosidad entre nosotros. Aquí podemos ya
visualizar que el anclaje social de este tipo de
manifestación religiosa se dirige a los desterrados,
humillados e inmigrantes. Son personas que no
logran sentirse pertenecientes a la realidad social,
puesto que esta los humilla y no los reconoce. Son
personas que están en el mundo social, pero no se
sienten parte de ese mismo mundo. Nacía entonces
una religiosidad, hecha con precisión de sastre, para
los abandonados y excluidos. Como siempre, la
religiosidad mágica es el arma de los desposeídos,
de aquellos que no tienen futuro. Como diría Pierre
Bourdieu, en una de sus frases magistrales: "La
esperanza mágica es la visión de futuro de los que
no tienen futuro".
Creada en Estados Unidos a principios del siglo
XX, esta forma de protestantismo popular se ha
globalizado rápidamente entre las masas
empobrecidas del Sur global. Descendientes del
metodismo wesleyano y del Holiness Movement
(Movimiento de Santidad), los pentecostales, a
diferencia del protestantismo histórico, creen que
Dios, a través del Espíritu Santo –responsable del
componente mágico de este tipo de religiosidad–
continúa actuando directamente en el mundo
práctico. Esta acción se materializa en curaciones,
exorcismo de demonios y realización de milagros.
La diferencia entre religiosidad ética y
religiosidad mágica es la más importante del
universo religioso. La religiosidad ética, producto
singular de la cultura occidental –que nace en el
judaísmo antiguo e influye directamente al
cristianismo y al islam– crea una tensión ética entre
el mundo trascendente y el mundano. Dios y sus
mandamientos morales, en la religiosidad ética,
pretenden cambiar el mundo profano tal como es.
Pretenden criticarlo y revolucionarlo. Por ejemplo,
Jehová exige a los fieles que no maten, no roben y
no deseen a la mujer del prójimo porque en la
humanidad hay quienes tienen deseos asesinos,
deseos de apropiación de las cosas ajenas y deseos
libertinos respecto a la mujer del prójimo. La
religiosidad ética abre la posibilidad de cambiar el
mundo social y nuestro comportamiento en él. Es
intrínsecamente revolucionaria, aunque los
compromisos con los poderes mundanos hayan sido,
históricamente, la regla.
Con la magia, tenemos el efecto contrario. En la
magia, no hay oposición entre la dimensión religiosa
trascendente y la dimensión mundana, sino
proximidad y contigüidad. Los entes trascendentes
están cerca, y sus favores deben conquistarse del
mismo modo como lo hacemos con los poderosos de
este mundo: con regalos, adulaciones, elogios y
halagos. No existe la tensión ética que posibilite
transformar al fiel mágico en algo que aún no es. La
regla aquí es la de los rituales: se vive de la
repetición, de la tradición y del eterno ayer que
sacraliza el mundo tal como es.
Además, como la moralidad mágica no presupone
reflexión –una vez que es mera compulsión por la
repetición– no existe el drama típico de la
conciencia moral ética, que está representado por la
pregunta: ¿debo seguir lo que Dios manda, o seguir
aquello hacia lo que ya me inclino desde siempre?
Esta es la primera forma de conciencia moral
individual de la historia –el drama consciente de la
elección de caminos alternativos de vida. En la
magia, no hay alternativa, ni drama de elección, ni
conciencia moral. La magia es, por tanto,
intrínsecamente conservadora. No hay crítica social
posible a partir de ella. Y fue este tipo de
protestantismo mágico, en fuerte oposición al
protestantismo histórico –la forma de religiosidad
ética más consecuente de que se tiene noticia– el
que tomó Brasil por asalto a partir de fines del siglo
XX.
La novedad americana pronto llegó, como
siempre sucede, rápidamente a Brasil. Varios
misioneros inspirados por la Calle Azusa llegaron
aquí pocos años después, como Louis Francescon,
Daniel Berg y Gunnar Vingren, los pioneros del
pentecostalismo en Brasil.66 Los estudiosos dividen
en tres fases la historia del pentecostalismo y
neopentecostalismo brasileño. La primera ola ocurre
a partir de 1910, con la venida de los misioneros
extranjeros para enseñar los fundamentos de la
nueva religión. La segunda ola se da en las décadas
de 1940 y 1950, sobre todo en São Paulo. La tercera
ola gana impulso a partir de las décadas de 1970 y
1980, en especial con la Iglesia Universal del Reino
de Dios –comandada con mano de hierro por el
autodenominado obispo Edir Macedo. El contexto de
la tercera ola es carioca.67
El pentecostalismo clásico brasileño, típico de la
primera ola, está representado por la Congregación
Cristiana de Brasil y por la Asamblea de Dios, la
mayor denominación pentecostal de Brasil. Sus
características principales son el anticatolicismo, el
don de hablar en "lenguas extrañas", la creencia en
el regreso inminente de Cristo y en la salvación
paradisíaca, y el radical sectarismo y ascetismo. La
segunda ola tuvo inicio en los años 1950
principalmente en São Paulo, a partir de dos
misioneros americanos que formaron el Evangelio
Cuadrangular, trayendo a Brasil la evangelización
masiva basada en la cura divina.68
Tal énfasis en la cura divina fue el gran
mecanismo para el crecimiento del pentecostalismo
brasileño, como, por lo demás, ocurrió en todo el
mundo.69 Lo que separa las dos olas es el énfasis
diferencial en los dones del Espíritu Santo. La
primera ola enfatiza el don de lenguas; mientras la
segunda privilegia la cura divina. Existe gran
influencia recíproca entre las diversas
denominaciones, y, en un proceso de ensayo y
error, todo aquello que se muestra exitoso tiende a
ser imitado por las otras denominaciones.
La tercera ola se inicia en los años 1970 y gana
fuerza en las dos décadas siguientes. Su principal
símbolo es la Iglesia Universal del Reino de Dios,
que está marcada por el antiecumenismo –fuerte
oposición a los cultos afro–, fuerte jerarquía y
centralización, uso de medios de comunicación
masivos, énfasis en la cura y en el exorcismo de
demonios. Y, como característica más marcante, las
técnicas para retirar dinero de los fieles a cambio de
bienes simbólicos mediante pago directo en
efectivo. Combinado a este giro mundano y
emprendedor tenemos el rechazo consecuente a
toda forma de ascetismo mundano.
Si los énfasis de las iglesias anteriores
privilegiaban las "lenguas extrañas" y la cura divina,
en la tercera ola neopentecostal la centralidad es
del exorcismo de demonios. La singularidad de la
Universal se basa en el énfasis de la lucha entre
Dios y el demonio, y le corresponde al pastor decir
quién es uno y quién es el otro (la divinidad puede
ser asociada, incluso, a Bolsonaro, si el pastor así lo
desea, después de todo, él tiene "Mesías" en el
nombre). El contexto conservador de la magia es
llevado al paroxismo en la teodicea neopentecostal.
Como no existe ninguna separación entre la esfera
mundana y la trascendente, la esfera mundana es
percibida como subordinada a la esfera
trascendente, perdiendo, por tanto, cualquier
autonomía e independencia.
Esto significa que si alguien está enfermo y no
encuentra remedio, no es culpa del descuido de la
sociedad desigual ni de la falta de adecuado
financiamiento del sistema público de salud, sino del
diablo que invadió su cuerpo. Se elimina, desde el
inicio, cualquier posibilidad de crítica social a la
dimensión mundana. El "sacrificio del intelecto", que
Weber percibía en toda forma de religiosidad, es
aquí llevado al límite lógico. El mundo social, por
más injusto y perverso que sea, no solo no es
criticable sino que pasa a ser, incluso, sacralizado.
Se trata de la más perfecta legitimación de la
meritocracia y del mundo desigual, ya que
invisibiliza las causas de la opresión social.
La teodicea de la prosperidad neopentecostal es,
en alto grado, una religiosidad "afirmativa del
mundo" –a diferencia de su negación, como ocurre
en la religiosidad ética. Como corolario, tenemos la
liberalización de las costumbres y del llamado al
consumo material. La principal novedad del
neopentecostalismo es su inversión de la "negación
del mundo" pentecostal clásica en una decidida
"afirmación del mundo" debido al mayor peso del
componente mágico y pragmático. El éxito del
neopentecostalismo ha contribuido a influenciar
todo el mercado religioso pentecostal. La propia
competencia por el control de medios de
comunicación masivos, entre las diversas
denominaciones, trae una urgencia económica que
tiende a ser suplida con los diezmos y ofrendas en
dinero.
Lo que de hecho singulariza a la Iglesia Universal
es la exacerbación de una lucha cósmica dualista
entre Dios y el diablo por el dominio de la
humanidad. Una guerra, por tanto. Al menos cuatro
características principales derivan de esta lucha: 1)
el enfrentamiento no es solo espiritual, sino
práctico, involucrando la dimensión sociopolítica y el
intento de dominar el mundo social según sus
preceptos, mediante la influencia en la política
partidaria y por el proselitismo en los medios de
comunicación masiva; 2) la ruptura con la salvación
extramundana y su ascetismo y rechazo del mundo,
teniendo como sustituta la teodicea de afirmación y
dominación del mundo. Al contrario de la
resignación, los neopentecostales son triunfalistas e
intervencionistas; 3) como consecuencia lógica de
esta inversión de perspectivas, tenemos la creación
de la teología de la prosperidad para el goce del
dinero y de los placeres mundanos; 4) y, como
corolario, la idea de que el servicio a Dios es
mediado por el pago en dinero: el diezmo –por
supuesto– pero sobre todo "ofertas" en profusión.

II. DIOS Y EL DIABLO EN LA TIERRA DEL SOL


Los grandes sociólogos de la religión, como Max
Weber y Pierre Bourdieu, analizan el campo religioso
del mismo modo como analizan otros campos
sociales. Como cualquier empresa en el mercado
económico, que utiliza estrategias para conquistar
el mayor número de consumidores, la empresa
religiosa usa lo que esté a su alcance para captar el
mayor número de fieles. El vertiginoso éxito de la
vertiente neopentecostal fue causado por una
conjunción de dos factores: el aprovechamiento
consecuente de la idea de la batalla trascendental
entre la divinidad y el diablo –que ya habitaba el
imaginario popular influenciado por la religiosidad
africana– con el uso superficial del vocabulario
judeocristiano de modo de parasitar su prestigio.
En general, el pentecostalismo se basa en el
episodio bíblico citado en Hechos de los Apóstoles,
capítulo 2, en el que el Espíritu Santo se habría
revelado a los cristianos por medio de la lengua de
fuego. Partiendo de esta vertiente interpretativa, el
pentecostalismo defiende la presencia concreta de
Dios en el mundo por medio del Espíritu Santo, en
especial por el don de la cura y del hablar en
"lenguas extrañas" (como vimos, glosolalia). La
glosolalia, sin embargo, fue perdiendo prestigio en
comparación con el don de la cura, la liberación de
los demonios y la teología de la prosperidad.
En la segunda ola pentecostal y en la tercera ola
neopentecostal, ocurre un desplazamiento simbólico
de la relación con las "lenguas de fuego" en favor de
la fuerza de las palabras proferidas en nombre de
Dios. Se pasa a creer que la palabra dicha en
"nombre de Jesús", una especie de orden verbal de
Dios, tiene el poder de curar. También en el
exorcismo de demonios la palabra oral es
fundamental. El pastor ordena la salida del demonio
y es apoyado por la multitud, que grita: "¡Sal, sal!" o
"¡Quema, quema!". La alusión a "quemar" permite
percibir el paso de las lenguas de fuego al poder de
la palabra dicha con fe. El ejemplo de la fuerza de
las palabras vendría del Dios del Libro del Génesis,
que crea el universo por medio del verbo, es decir,
de la palabra.70 Este hecho abre la posibilidad de
vincular la Biblia no más a la escritura y a la
conversión racional, sino, al contrario, aproximarla a
la tradición oral como agente mágico transformador
de la realidad.
Es el énfasis en la tradición de la oralidad lo que
permite al neopentecostalismo acercarse –como el
sustituto perfecto– a las religiones afrobrasileñas, en
las cuales la palabra se reviste de poder mágico. En
el candomblé, la palabra dicha es "emanación de
axé", mecanismo de movimiento de fuerzas
sagradas, siendo Exu percibido como emanación de
este poder que puede ser conferido por medio de
ofrendas. En el neopentecostalismo, el poder del
habla reinterpreta y resignifica el fuego de la lengua
del Espíritu Santo en el sentido del poder de
intervención mágica de Exu. La fuerza del habla,
mucho más allá de la mera predicación de la
palabra escrita divina –típica de las versiones más
éticas y racionales del cristianismo– se transforma,
en el neopentecostalismo, en la emanación mágica
de un poder autorreferente y autoconstituido.71
El neopentecostalismo, por tanto, opera una
"antropofagia" de la fe enemiga72 por la centralidad
del "trance religioso", reintroduciendo la proximidad
inmediata con lo sagrado que había sido expurgado
del campo cristiano en nombre de la conversión
racional. La novedad del movimiento pentecostal,
radicalizada en el neopentecostalismo, fue
introducir el éxtasis religioso y su fondo mágico al
centro del cristianismo a partir de la figura del
Espíritu Santo como emanación material de la
divinidad.
Lo que está detrás de este movimiento es, sobre
todo, una redefinición de la noción de "yo" y de la
personalidad del fiel, es decir, de su proceso
singular de subjetivación. En el neopentecostalismo,
así como en varias versiones del protestantismo, el
cuerpo es pensado como morada de Dios en su
dualidad de cuerpo y alma. De ahí la legitimidad
cristiana de la guerra contra la posesión del cuerpo
por el demonio, sustituyéndola por la posesión del
Espíritu Santo.
En el candomblé, la persona es vista como
fragmentada y a ella se agregan varias entidades
bajo la forma de un "argumento de santo". Este
argumento varía de acuerdo con el orixá de frente.
Los rituales de iniciación buscan, por medio del
sacrificio de animales y otros ritos, fijar en el Ori de
la persona este argumento, hasta que, con el
tiempo –normalmente siete años–, no haya más
necesidad de los rituales, significando la inmanencia
de su orixá en la propia persona, haciendo el trance
superfluo.73
De este modo, la fragmentariedad inicial se funde
en una unidad a medida que va componiendo su
"argumento de santo". Los ritos sacrificiales de
animales sirven, precisamente, para garantizar una
continuidad de la comunicación entre las
divinidades y los hombres. La muerte del animal
permite abrir un canal de comunicación para que la
gracia divina pueda fluir hasta los hombres. La
posesión indica la eficacia de ese canal. Cuando la
divinidad "viene", como en la posesión, el hombre
"va" –es decir, pierde la conciencia. A pesar de la
complementariedad, uno no puede superponerse al
otro.74
El neopentecostalismo, en sus rituales de
exorcismo, utiliza este lenguaje y este universo
simbólico para crear una nueva relación del fiel con
Dios. Si en las religiones afrobrasileñas la persona
se completa por la incorporación de un panteón
sagrado, en el neopentecostalismo la sacralidad del
yo ya está presupuesta –basta que el individuo se
libere de las eventuales tentaciones que vienen "de
afuera". Así, si en las religiones afrobrasileñas el
"yo" se forma por "adición" de las diversas
divindades que lo rigen, en el neopentecostalismo el
"yo" se forma por la permanente "sustracción", en la
expulsión de los demonios que amenazan la ya
existente divinidad del "yo".75
Para Ronaldo de Almeida,76 los ritos de expulsión
de los demonios en el neopentecostalismo son mera
inversión simbólica de los ritos africanos. Si en las
religiones afro la posesión ocurre como una fiesta
de sacralidad del ritual, en el neopentecostalismo la
posesión es el polo negativo de lo sagrado por
significar la irrupción del mal. La inversión, como
sabe muy bien el psicoanálisis, mantiene lo principal
en común, solo invirtiendo los términos de la
relación. Lo decisivo, por tanto, que es la creencia
en la posesión y en la subordinación de la lógica
profana por la trascendental, se mantiene. Lo que la
inversión posibilita al neopentecostalismo es la
criminalización del competidor religioso.
No por acaso son los Exus y las Pombagiras los
representantes del diablo en el contexto del
neopentecostalismo y sus sesiones de "descarga".
Esta aproximación de la simbología cristiana y
africana ya formaba parte de la historia secular del
sincretismo brasileño. En las religiones afro, el
sentido de los Exus es dado por el contexto. Los
Exus pueden ser "atados" por el orixá para
obedecer, pudiendo ser, por tanto, tanto demonio
como orixá. Esta es la confesión que el pastor
neopentecostal exige de estos espíritus: no que él
sea el demonio, sino que ellos revelen no ser sujetos
a la negociación como se imaginaba,77 exigiendo la
victoria del pastor sobre ellos.
Esta es una estrategia que busca conquistar a los
adeptos de este tipo de religiosidad. La religiosidad
africana, por tanto, sigue intacta en el
neopentecostalismo –lo que explica el odio a la
religiosidad afro exactamente por la proximidad y
competencia más cercana–, pero es "recubierta",
superficialmente como una pátina, con el
vocabulario de alto prestigio simbólico –en todo
Occidente– del cristianismo y del judaísmo.
En un país racista como el nuestro, el
neopentecostalismo se alimenta, vicariamente,
también de esa tradición nefasta que ayuda a
criminalizar al negro y todas sus prácticas, incluso
las religiosas. Por tanto, el neopentecostalismo es
ideal para quien pretende "blanquearse" –con todo
lo que eso significa en Brasil, y que no se refiere
solo al color de la piel– por la aceptación de la
norma moral vigente del dominador blanco que
implica el estigma del negro (su vecino o hermano)
y su criminalización.

III. ENTREVISTAS: EL NEGRO EVANGÉLICO

Vanderson
Vanderson, 34 años, negro, pobre y residente en
la conocida favela de São Paulo, Jardim Ângela, es
un caso típico del público evangélico que
examinamos. Como casi todos los adolescentes de
las clases populares, Vanderson tuvo que trabajar
muy temprano, y ya tenía libreta firmada a los 14
años. Preguntado sobre su vida en esa época,
Vanderson responde
Trabajé desde temprano. Tuve pronto el registro
en libreta con 14 años. Entré en el Grupo Pão de
Açúcar, ¿no? Compañía Brasileña de Distribución.
Antes de eso, llegué a trabajar en feria, también.
Aquí en el Jardim Ângela, que tiene una feria los
domingos. También llegué a trabajar en la feria allá
en Moema. Un poco para allá, un poco para acá,
después conseguí ese empleo fijo en el Pão de
Açúcar, en el mercado. Allá llegué a trabajar creo
que unos 6, 7 años, más o menos. Y ahí fue solo
entrar en empresa, salir de empresa, entrar en
empresa, salir de empresa.
La carrera del empleo precario, que implica el
cambio constante de empleos de poca calificación,
es una especie de destino inevitable para gran parte
de la población brasileña. Con poco estímulo en
casa y habiendo frecuentado escuelas precarias,
adolescentes como Vanderson están desarmados
para la competencia social y pasan a ser explotados
como trabajadores no calificados. Vanderson llegó a
cursar algunos años en la universidad, lo que él cree
que contribuyó mucho a ampliar sus horizontes de
vida. Imaginaba que podría continuar los estudios,
pero ahí, como casi siempre sucede en esa clase
social, vinieron los hijos –y todo quedó como mero
sueño y utopía:
Ahí hubo un período en que ingresé a la facultad,
¿no? Llegué a hacer en la Uninove tecnología de
comercio exterior. Después cambié a tecnología en
logística, y después de seis meses fui a tecnología
en comercio exterior. Era un curso de duración de
dos años [se refiere a un curso técnico], sin
embargo, cuando lo estaba haciendo, llegando a un
año y medio, fui despedido de la empresa donde
trabajaba y no tuve cómo continuar. Pero mi
intención era dar continuidad y hacer
administración, ¿no? Si hacía dos años más,
obtendría el certificado de administración. Pero ahí
ya no pude más. Después vienen los "crias", vienen
los "hijos", ahí listo, ahí ya no da más.
Como siempre, son las urgencias de la vida las
que toman por sorpresa al joven de las clases
populares. En las familias de clase media, el joven
se prepara –en general, con todo el tiempo del
mundo– para incorporar conocimiento considerado
legítimo por la sociedad, y solo después para formar
una familia. Esta es la trayectoria típica de un joven
de clase media. Para el joven de las clases
populares, las urgencias se imponen en el día a día
y comprometen el punto esencial para cualquier
trayectoria social de éxito: el cálculo del futuro y el
enfoque en lo esencial
La pertenencia a la Asamblea de Dios no vino de
los padres, como en muchos casos que serán
examinados aquí. Vanderson ya era adulto y, por
presión de su novia en aquel entonces, comenzó a
frecuentar el culto y le gustó. Continuó en la iglesia
incluso después de que el noviazgo terminara.
Cuando le pregunté si la igreja lo ayuda, Vanderson
respondió lo siguiente
Yo creo que sí. Sin embargo, como llegué a
frecuentar la facultad, el abanico se abre más aún.
Pero la igreja ayuda mucho. Sin duda. Ayuda
principalmente a saber transitar los caminos
correctos. Porque hay muchos caminos que tú crees
que serían buenos, como: "¡Ah, ve por la cabeza de
fulano, ve por la cabeza de zutano!", solo que ahí el
final es solo dolor. La iglesia es muy importante
para esa fase de consejería, de enseñanza basada
en la palabra, misma. En términos de saber dónde
andas, con quién andas, cómo andas. En términos
de compañía, también. En ese aspecto, yo creo que
la igreja es muy importante.
Una vez más, aquello que es enseñado de modo
insensible en los hogares de clase media desde
temprana edad –como la importancia de la disciplina
y del enfoque en el estudio y el trabajo– se consigue
en la vida adulta por la tardía socialización religiosa
de muchos miembros de las clases populares. Con
la diferencia marcante del menor respeto a la
individualidad, dada la rigidez de la moral religiosa
basada, supuestamente, en la "palabra de la Biblia".
La guía espiritual para iluminar el difícil camino de la
vida se consigue con el sacrificio del intelecto
exigido –en mayor o menor grado– por toda forma
de religiosidad. Por cuenta de eso, una
individualidad reflexiva y crítica es tan difícil en este
contexto.
Cuestionado sobre la reciente expansión de las
iglesias evangélicas, incluso en la esfera política,
Vanderson responde:
Particularmente hablando, yo lo encontré bueno.
Lo encontré muy bueno. Sin embargo, ella fue
creciendo y la calidad fue quedando al final, ¿no?
Principalmente esas iglesias neopentecostales. Aquí
en el barrio, en los años 1990, era muy peligroso,
había muchas pandillas. Hoy son las facciones.
Antiguamente era pandilla. Pandilla de la calle tal,
pandilla de la calle no sé dónde. Entonces, yo
pensaba: "Nuestra, cuanta más iglesia, menos
bares, menos pandilla, menos violencia y tal". Antes
iglesia que boca de drogas.
La rigidez moral se aplica en un contexto de tanta
violencia y vulnerabilidad social que explica su
aceptación de tan buen grado. Es una forma de
garantizar para sí y para los hijos una vida "fuera
del crimen" y de la violencia que él involucra. Es un
salvavidas para aquellos que se encuentran
amenazados, por todos lados, por los llamados de
corto plazo. Además, y aún más importante, está el
hecho de que esta moralidad, a pesar de su rigidez,
"eleva" moralmente a aquellos que fueron más
humillados por la vida. En ese escenario, podemos
comprender el apoyo irrestricto de Vanderson, y de
tantos de su medio social, a la politización de la
iglesia en Brasil.
Yo creo que es hasta bíblico. Tanto es que
muchos políticos de la época, de la clase alta,
fueron importantes para la expansión del Evangelio,
¿no? Si no fuera también por el propio imperio de
Roma, el Evangelio no se habría difundido tanto.
Está claro que es Dios en control, pero el Imperio
Romano ayudó mucho en esa expansión. Yo no lo
encuentro pecado. Para mí, cuantos más creyentes
en la política, más cerca del pueblo estaría la
política. La iglesia tiene todo el deber, todo el
derecho de participar. Además, nosotros, como
brasileños, participamos muy poco de la política.
Pero yo creo en esto: cuantos más creyentes el
camarada que entre allá en medio de la política,
mejor. No estoy de acuerdo con lo que sucedió en
aquel comienzo de año con aquella manipulación de
masa [se refiere al Ocho de Enero y al intento de
golpe], utilizando a los pobres hermanos creyentes,
inocentes, para hacer desorden allá. No todos eran
creyentes, allí. Había mucho revoltoso. Ahora, lo que
no puede es aquello de iglesia tener partido, como
vemos en nuestro país, por desgracia. Ciertas
denominaciones ya tienen hasta partido político.
Como muchos, Vanderson considera la
partidización de la iglesia un mal, pero tolera y
hasta aplaude la "evangelización" de la sociedad y
de la política. Él no parece ser consciente de la
evidente contradicción. Esto será algo que se
repetirá en muchas de las entrevistas que
discutiremos aquí más abajo. La referencia a la
politización de la iglesia abrió la oportunidad para
preguntar en qué candidato votó Vanderson para
presidente.
¡Oxe, claro que Bolsonaro! El "menos peor". Era
lo que yo decía: "Mira, yo estoy votando en el
menos peor". Para gobernador, voté en Tarcísio.
Candidatos a diputado, no recuerdo. Yo voté en
unos "chiquillos" aquí, que intentan ser políticos
aquí del barrio. Algunos que conozco: "Yo te
conozco desde pequeño, entonces, tienes mi voto".
La idea de que Bolsonaro es el "mal menor" es
una postura muy frecuente en el medio evangélico.
Muchos encuentran difícil defenderlo, sobre todo por
cuenta del intento de golpe bajo su comando y por
su papel en la pandemia –pero lo hacen, así como
Vanderson. A partir de ahí, podemos ver todo tipo
de acrobacias para justificar el voto. Bolsonaro
tiende a ser "normalizado" con sus defectos siendo
percibidos como defectos de todos los involucrados
en la política. Vemos cómo la criminalización de la
política fue, y aún es, fundamental en su estrategia
y atractivo político. Cuando pregunté sobre su
evaluación del gobierno de Bolsonaro, Vanderson
respondió lo siguiente:
¿Del gobierno de Bolsonaro? A pesar de que él ha
dicho muchas tonterías, como es de costumbre,
después de todo, si un político no dice tantas
tonterías, no es político brasileño –yo lo encontré
muy honesto y bueno en términos de pautas.
Aunque en esto la pandemia haya dificultado
mucho, ¿no? Pero yo voté por él, de buena. Solo
encontré errado ese último lance suyo, de querer
militarizar. Eso ya no estuve de acuerdo. Sin
embargo, sabemos que nuestra política tiene
muchos barones, ¿no? Entonces yo no tenía nada
que decir, excepto esa última mancha que él tuvo,
al final, intentando quedarse en el poder. La verdad
es que otros partidos también siempre quieren eso.
El resumen de la respuesta de Vanderson puede
elaborarse de la siguiente manera: servir, Bolsonaro
no sirve –pero, como nadie sirve, él está en el
promedio general. Las tonterías que dice, las
muertes que causó en la pandemia y hasta el
intento de golpe de Estado, todo queda en segundo
plano, ya que él sería "honesto", a pesar de todo. La
contradicción evidente permitió una profundización
que vendría en la respuesta siguiente, sobre qué
valor o idea de Bolsonaro Vanderson encontraría
interesante.
Entonces, voy a ser sincero. No por ser creyente,
sino porque conocí y conozco a muchas personas
que vinieron del PT. Y tampoco por cuenta de ese
asunto de "derecha, izquierda" y tal. Para mí, puede
venir cualquier camarada, cualquier político que
venga a disputar voto por el PT, PSOL, esas
"broncas" ahí, que yo voto siempre del lado blanco
de la cosa –¡del lado negro, del lado rojo, en fin!
Porque sus pautas son muy complicadas. Cualquier
cristiano, no solo evangélico, debería percibir más.
Porque a ellos no les importa. Ellos quieren destruir
la sociedad, liberar marihuana. El asunto de ellos es
solo ese, ¿entendió? Yo voté en Bolsonaro más por
eso. Porque yo sabía que era el único que iba a
enfrentarse de frente con los "petralhas", como se
dice por ahí.
El antipetismo popular muestra aquí toda su
fuerza, y ella es evangélica. Si en la clase media el
falso moralismo de la corrupción selectiva es
decisivo, en las clases populares lo decisivo es la
ganancia compensatoria del narcisismo de la
pequeña diferencia, que está embutido en la rigidez
moral y regresiva de las iglesias evangélicas. Vale,
como estamos viendo, cualquier malabarismo para
conciliar visiones que entreguen al creyente aquello
que más necesita: autoestima en un mundo que lo
humilla desde su nacimiento.
Preguntado sobre la pauta LGBT+, Vanderson
revela la estrategia típica del moralismo evangélico
de acusar a las minorías oprimidas de estar pidiendo
privilegios inadmisibles.
Ellos piden leyes, y más leyes, y más leyes solo
para beneficio propio, siendo que todos somos
"todos iguales ante la ley". La clase política tiene un
tipo de ley para ellos, que los defiende. La clase
LGBT+ quiere una ley que los defienda también. Ahí
viene la clase racial: es el negro, los "blancos". Los
negros, los morenos, los pardos quieren leyes para
ellos. Después viene el feminismo, ¿no? Las mujeres
quieren ganar el mismo salario que los hombres.
Imagínate, ¡si cada uno va jalando para su lado!
Vaya leyes. No va a poder ni pestañear más que
estarás "infringiendo la ley del grupo tal".
¿Entendió? Lo que nosotros vemos es eso, conflictos
de intereses. Esa es la realidad. Ellos no piensan en
toda la sociedad. Ellos quieren una ley solo para
ellos. ¿Ya pensaste si los motociclistas quisieran una
ley solo para ellos, los taxistas otra ley? ¿Dónde
iríamos a parar? Entonces, lo que percibo es esto:
personas queriendo privilegio demás.
Principalmente los de esas clases de LGBT+. No
tengo nada contra, cada uno hace lo que quiere y
no es de mi cuenta, sigue tu vida. Pero no se puede
querer tener un privilegio mayor que el de un padre
de familia. La ley tiene que ser buena y saludable
para todos.
La estrategia conservadora es acusar a la justa
compensación a las minorías perseguidas de
pretender un privilegio indebido y exagerado en una
sociedad igualitaria. Esto es algo que ya había
percibido desde nuestra primera investigación
empírica con los miembros de la "chusma",
excluidos y abandonados de todo. Son ellos los más
meritocráticos. Son ellos quienes más apoyan todos
los prejuicios producidos por la élite y sus prepósitos
conservadores para oprimir a los negros y a los
pobres como Vanderson.
Lo que es obvio y no debería causar sorpresa, ya
que son también, por su abandono y exclusión, los
menos aptos cognitiva y emocionalmente para
defenderse. De ese modo, se vuelven presa fácil de
la oposición entre el pobre decente (u "hombre de
bien") y el pobre indecente o criminal. Es a partir de
esa falsa y artificial distinción operada por la
orientación sexual que hace que Vanderson, y
muchos como él, se sientan "moralmente"
superiores a sus hermanos de infortunio.
Este hecho de la tentativa desesperada de
disociarse de los deshonrados –por definición, el
negro y el pobre en nuestra sociedad– hace que
Vanderson asuma todos los prejuicios contra los de
su color, como queda explícito en la respuesta sobre
la necesidad o no de la cámara de los policías en
sus abordajes.
La cámara por un lado ayuda, por otro lado no.
Ayuda por causa de los excesos. Muchos policías
cometen excesos. Sin embargo, también inhibe a
muchos policías de... ¿no? Todo policía actúa con la
fuerza, porque nadie tiene escrito "bandido" en la
frente [pasando el índice por su propia frente], pero
las caras de los camaradas a veces ya delatan. Tu
cara ya delata, ¿no?
La cara que delata, sabemos todos, es la cara del
negro pobre, así como la de Vanderson. Él, sin
embargo, es invitado a participar de un contexto
moral en que asume la mirada de su opresor como
si fuera la suya. Vanderson se "blanquea" al ponerse
del lado del opresor contra su hermano negro
perseguido. Es esa traición la que se exige para
todo negro que quiera ascender entre nosotros. La
ascensión tiene que ser individual –como en el
identitarismo neoliberal de hoy– y asumir, como si
fueran suyos, los odios de los opresores contra sus
iguales. Es exactamente lo que el moralismo
evangélico ambiciona: parasitar la propia
vulnerabilidad social de su clientela para vender una
fantasía compensatoria de participación en la moral
elitista dominante.
Al preguntarle si ya había sentido xenofobia –
siempre una forma enmascarada de racismo
"racial"–, Vanderson cuenta lo siguiente:
No. Hasta porque, aquí en el Jardim Ângela lo que
más hay es nordestino. Llegué a conocer algunas
ciudades en Santa Catarina. Llegué a conocer
Paraná, también. Una ciudad llamada Cornélio. Pero,
por lo menos aquí en São Paulo, y también en el
Nordeste, claro, tú ves a la gente también muy
humilde. Ya en esos estados, ves a una gente
mucho más cerrada, tanto en Santa Catarina como
en Paraná. En esos términos ahí, de xenofobia, más
en esos estados. Aquí, no. Así, existe ese asunto de:
"Solo podía ser bahiano, mismo", esas cosas que
vienen del pasado. "Eh, pernambucano", "Eh,
alagoano". Pero en términos de ira contra la persona
solo porque ella vive aquí, en la periferia nunca vi
eso, no.
En seguida, sin embargo, se acuerda de casos
que presenció también en São Paulo.
Yo trabajaba en una oficina de commodities. Ahí
sí, había un camarada, un socio de un ex-patrón
nuestro. Con sus cosas, sus palabras, su modo, él
era xenófobo. Porque también él hijo único, creció
allá en Paraíso, barrio noble y tal. Nunca salió de la
región central de São Paulo. Lo máximo que iba era
a Vila Olímpia, entonces él era muy de decir algunas
frases como: "Es, ese bahiano", "ese nordestino",
pero él no hablaba con nosotros. Él hablaba con su
patrón, con unas otras personas y, a veces, con
quien hablaba por teléfono.
Finalmente, pregunté cómo se ve Vanderson hoy,
teniendo un pequeño comercio que construyó en el
garaje de la casa de la madre. Él dice: "Estoy en
fase de construcción, aún. Logré poner un punto
comercial en el garaje de mi madre, ¿no?, en
realidad. Soy emprendedor... Sueño de un
emprendedor."
Ederson
Ederson es negro, carioca y vive en São Paulo
desde los cuatro años. Vive en Capão Redondo,
zona periférica de São Paulo.78 Su padre se mudó a
São Paulo porque no se habría habituado a la
picardía carioca.
¡En Río de Janeiro siempre fue muy caliente! Y mi
padre nunca se adaptó al clima. Y también a la
diferencia de trabajo. Aun siendo siempre
hojalatería y pintura, pareciendo lo mismo, la
cultura de ellos de trabajo, de precio, de modelo de
trabajo, mismo, es totalmente diferente. Mucha
picardía, ¿sabes? Y aquí el asunto era más serio.
Siempre fue muy serio. Entonces mi padre no
consiguió adaptarse de ninguna manera. Es otra
situación.
El nuevo paulista, venido de Río, ya introyecta
toda la mística que desarrollamos arriba –del
"excepcionalismo paulista"– en su versión popular
de la oposición trabajo/flojera. Ederson incorpora
una especie de tipo ideal del evangélico de la
periferia. Como todo pobre, es rehén de todos los
prejuicios que la élite construyó para oprimirlo.
Empezando por la oposición entre "SP del trabajo"
(lo que muestra lo que discutimos arriba sobre la
penetración del "excepcionalismo paulista" en todas
las clases) y "RJ de la vagabundería".
Cuestionado sobre su vida escolar, Ederson
responde que siempre frecuentó la escuela pública.
Su vida fue de "trabajo en trabajo" desde los 11
años, cuando comienza a ayudar al padre en la
hojalatería improvisada. Sin embargo, tuvo que
hacer la universidad "a la fuerza":
Yo, con 11 años, trabajé con mi padre cuando fui
a Aracati. Trabajé con él en el taller. Porque como el
terreno era grande, él agarró y montó el salón –hizo
el salón al frente, montó el taller, y yo trabajé con él
hasta mis 18, 19 años. Solo que cuando yo tenía 19
años, mi padre... No es que él fuera muy rígido, él
era muy correcto. ¿Sabes cuando la persona es muy
correcta? Comenzó a no dar cierto nosotros dos
juntos. Ahí yo dije: "Mira, padre, no está dando
cierto. Nosotros no estamos dando cierto. Hay
mucha discusión, mucha pelea, yo voy a tomar mi
rumbo". Fui a buscar empleo, y él dijo: "Anda, mi
hijo, anda allá". Conseguí un empleo en una
empresa de mensajero. Estuve creo que 8 meses.
Ahí salí y fui a una administradora de condominios,
estuve unos 3 años. En 2001, entré en un bufete de
abogados y estuve hasta 2013. Entré como
mensajero interno, allá, y fui creciendo, siendo
ascendido. Ahí llegó a un punto en que cambió la
gerencia, cambió la gerente. Una de esas gerentes
era bastante exigente, y preguntó quién era
formado y quién no. Después de un tiempo, ella
avisó: "Quien no tiene facultad, va a tener que
empezar a hacer. El próximo año, tiene que estar
haciendo facultad. Quien no entre, por desgracia,
voy a tener que dispensar". Fue simple así, directa y
recta. Entonces yo comencé a estudiar y fui tras la
facultad. Hice gestión financiera en la Unip. Aquel
curso más rápido, de dos años, porque yo
necesitaba diploma, necesitaba facultad para poder
quedarme en la empresa. Yo hice todo y logré
quedarme allá hasta 2023. Ahí ese fue el curso que
hice, que fue la facultad, ¿no?
Ederson hoy asumió la antigua hojalatería
improvisada del padre porque luchó, sin éxito, a
pesar de ser formado, por un empleo mejor. Él se
casó y tuvo dos hijos. Evangélico desde niño por
influencia de los padres, también considera la
iglesia fundamental en la educación de los hijos. De
hecho, cambiaron de iglesia, dentro de la
denominación bautista, por una que ofrece
infraestructura para los niños. En la vida del pobre,
la iglesia es todo, incluso esparcimiento.
Cuando pregunté sobre el motivo de que la
iglesia sea fundamental en la educación de los hijos,
Ederson respondió lo siguiente:
Creo que por cuenta de la enseñanza en sí, de la
Biblia, misma. Con relación al respeto a los padres.
Empezando dentro de casa, como el propio Jesús
enseñó, que nosotros vamos a tener más años de
vida en la tierra si honramos a nuestros padres y
madres. Esta enseñanza, de entrada, es
fundamental, porque es el futuro de ellos, ¿no?
¿Y para los adultos, crees que la iglesia ayuda a
tomar mejores decisiones políticas?
Compadre, pensando en mi, por ejemplo,
Bolsonaro, tiene los problemas que tuvo, ¿no? Unas
conductas que mucha gente no está de acuerdo,
pero si tú comparas con el gobierno de hoy, él era
un tipo que pensaba en familia, un tipo cuya esposa
era cristiana. Él tiene una ideología volcada al
cristianismo, mismo, ¿no? Y mi pastor siempre
apoyó eso.
¿La influencia del pastor era más directa o
indirecta?
Es... más indirecta. Él hablaba y lo dejaba abierto.
Cada uno tiene el libre albedrío para votar en quien
quiera, ¿no? Pero, por más que sea estrategia
política de Bolsonaro de querer conquistar a la
familia por el lado de la iglesia, compadre, ¡es la
mejor opción! Como los principios cristianos están
atados a él, entonces tú acabas yendo más para su
lado. Mi pastor no era tan explícito, pero él medio
que daba esas indirectas, ¿entendió? Para dar un
incentivo a la gente.
Para buen entendedor, media palabra basta, ¿no?
¡Eso! Exactamente. Pero, así, yo procuro ni
mezclar mucho iglesia con política. Porque eso ya es
una cultura antigua aquí en Brasil, ¿no? Yo,
particularmente, no estoy de acuerdo con el
personal de la política que usa la iglesia para
beneficiarse. Pero, por desgracia, es una cosa que
sucede mucho hoy.
Ederson nos permite una entrada interesante en
el modus operandi evangélico. Ninguna otra
cuestión importa, sino los "valores familiares" que
estarían amenazados por un presidente no cristiano
(léase no evangélico y no ungido por los pastores).
Sobre el resto de la vida social, ninguna palabra.
Hasta por el enfoque en esa cuestión queda claro,
para el creyente, que ella es el dato esencial. Cosa
que él había experimentado consigo mismo y en su
familia, con ayuda y apoyo en vez de abandono.
Como su salvavidas es el moralismo más grosero y
rígido, no tiene otra opción que seguir el rebaño.
Como toda religión, el cristianismo emotivo
evangélico quiere controlar el cuerpo y el alma del
fiel.
Cuestionado si el país habría retrocedido con
Lula, la respuesta de Ederson es taxativa:
¡Ah! Empeorando, sin duda. ¡Yo no consigo
entender hasta hoy cómo es que Lula está en el
poder! Después de todo lo que él hizo, de tanta
corrupción, de todas las pruebas en su contra, de
las personas que estaban a su alrededor, de tanta
cosa errada, tanta robadera. Y quien sufre con eso
es el pueblo. Bolsonaro se quemó por cuenta de la
cuestión de las vacunas en la pandemia, y Lula se
benefició de eso. ¿Y qué es lo que él hace? Promete
cosas que no puede cumplir, porque su objetivo es
la pobreza, y ahí apunta a quién? Al pobre. "Voy a
dar picanha", mucha gente cae. Yo aún no sé si esa
votación fue real. Mucha gente habla que fue
extraño, porque fueron números muy parejos. Por
más que Bolsonaro haya hecho algunas cosas
erradas, principalmente en la pandemia, Brasil
estaba mejorando, la economía estaba mejorando
con Guedes allá, compadre. Poco a poco, pero
estaba mejorando. Y ahí entra Lula y lo primero que
hace es traer al presidente de Venezuela, Maduro,
compadre. ¡Dictador, hermano! ¡Por el amor de
Dios! Y el tanto de dinero que el gobierno dio, en la
época de Lula, a esos países de fuera mientras
Brasil estaba necesitando tanto. Los tipos dando
dinero a fuera, y el pueblo aquí solo jodiéndose.
Ederson es víctima de todas las fake news
construidas para crear una realidad alternativa
imaginaria y protegida por una burbuja religiosa de
personas que experimentan, por primera vez, el
hecho de tener una opinión y de tener la impresión
de que es relevante para algo. Ellos se sienten parte
de la política y no más excluidos de ella. No es una
opinión propia, ni independiente, pero "parece" ser
suya. Todas las veces que fue preguntado sobre
esas cuestiones políticas, la ambigüedad y la
confusión eran la marca de todas las respuestas,
aunque el punto de vista conservador sea
dominante. Veamos lo que dice sobre seguridad
pública y la necesidad de cámaras para los policías:
El gobierno de hoy, así, protege mucho al ladrón.
Ese asunto de derechos humanos, así, protege
mucho al ladrón. Si tú tienes cámara, tú quedas
inhibido de dar una corrección al tipo que tiene que
ser. Es... pero, también, hay unos tipos que se
aprovechan, hay policías que son corruptos que se
aprovechan de la situación y... a veces matan a un
inocente también, ¿entendió? Entonces, así, yo creo
que la cuestión de la cámara hasta que es buena,
porque... no sé, evita que los tipos maten inocente.
Porque ya ha habido caso de los tipos matar
inocente, ¿entendió? Evita... abuso de poder de los
tipos, ¿entendió?
A pesar de percibir el mal uso de la fuerza y el
abuso policial, la ética del "bandido bueno es
bandido muerto" (casi siempre un negro, como
Ederson) domina la visión del mundo de Ederson y
de muchos de su clase. Por lo demás, él confirma
toda la visión conservadora, empezando por la
familia y la "amenaza" LGBT+.
Ah, compadre, yo veo mucho la cuestión del
internet. El internet hoy es un veneno para los
niños. En la escuela de mi hijo, una escuela
cristiana, de la Adventista79, hay niño con ocho
años que dice cosas que te dejan conmocionado:
"Yo no me gusta de me gusta de niña", "Yo voy, a
casarme con hombre", ¿entendió? ¿De dónde sacan
eso? ¿Cómo que, con ocho años, el niño ya sabe lo
que es gay, lo que es lesbiana? No podrían ya estar
diciendo un asunto de ese. ¡Eso en una escuela
evangélica! Imagínate en una escuela pública, que
ya tiene el aval de poder usar esos cuadernillos...
que, en la época de Bolsonaro, ellos quitaron, pero
no sé si ahora volvió. Ahora imagínate eso todo en
la cabeza de un niño que no tiene el
acompañamiento de los padres, que está en manos
de un gobierno de esos que no le importa? Para
ellos, es abiertamente libre, es todo normal.
¡Entonces la tendencia de un niño de esos, ¡Dios me
libre!
Ederson parece creer a pies juntillas en el "kit
gay" y en una amenaza a la familia tradicional
formada por hombre y mujer. Para él, fue Bolsonaro
quien los libró de la amenaza del "kit", mostrando la
realidad virtual en que habita. Como casi todo pobre
de derecha, Ederson abomina el Bolsa Familia y, por
contigüidad, a los nordestinos tenidos como únicos
beneficiarios:
Como allá en el Nordeste todo es más barato,
ellos solo reciben ese Bolsa Familia, pagan lo que
tienen que pagar y van al bar a beber, jugar billar.
Acaba dejando a los tipos todos vagos, ¡no quieren
trabajar! Tú tienes un gobierno que puede pagarte
un salario, una ayuda de costo, entonces tú no vas a
correr tras empleo, no vas tras nada, ¿entendió? Yo
creo que falta control.
Todos los prejuicios elitistas contra los pobres son
percibidos por Ederson como si fueran suyos. Este
es el proceso de blanqueamiento real en acción en
nuestro país –y la forma como opera en la
conciencia del oprimido. Un negro que piensa como
blanco y odia a sus hermanos. Para que no falte
nada de la visión del mundo bolsonarista asociada a
la iglesia evangélica, que Ederson pasa a defender
como si fuera elección propia, tenemos su última
intervención bien significativa de todo lo que
estamos discutiendo aquí:
Ese Alexandre de Moraes, por ejemplo, él manda
en todo, ¡parece que el tipo es que es el presidente!
Él es que manda en todo. Yo saco esa medida
mucho por los Estados Unidos, un país que admiro
mucho. Ya tuve la oportunidad de ir allá. Ya pasé
vacaciones allá con mi esposa. Y, compadre, es un
país sensacional en términos de organización, de
respeto, patriotismo. En cada casa vas a ver una
bandera de los Estados Unidos. Su cultura es
sensacional y ellos piensan en el pueblo.
Marluce
Marluce tuvo la misma vida de todos los que
estamos analizando aquí. Después de todo, la
mayoría de la clientela evangélica proviene de las
clases populares. Nació en Parelheiros, región
periférica de São Paulo, y, como casi todo el mundo
de la periferia de la gran metrópolis, es hija de
nordestinos. Frecuentó la escuela pública en la
primaria y secundaria y, también como casi todos
de su clase social, tuvo que trabajar desde muy
temprano.
Comencé a trabajar con 15 años. Nada
registrado. Tenía una vecina que necesitaba a
alguien para limpiar la casa, entonces yo estaba
unos días limpiando la casa de ella, tipo dos veces
por semana. Cada día que iba, ella me pagaba 50
reales. Después ayudé a cuidar niños. La otra vecina
tenía cuatro hijos, yo ayudaba llevando a consulta,
esas cosas. Ahí conseguía mi dinerito. Cuando hice
17, en la calle donde yo vivía, mismo, hubo un
vecino que abrió una fábrica de chicotes
eléctricos80 que hacía algunos cables eléctricos de
máquina de bingo, máquina tragamonedas.
Necesitaba mano de obra barata, sin registro, para
trabajar. Ahí con él trabajé más o menos unos
cuatro años
Cuando se hizo adulta, Marluce trabajó muchos
años en telemarketing, un trabajo del cual no le
gustó, y ahora es auxiliar administrativa en una
Unidad Básica de Salud (UBS) en la periferia de la
capital. Marluce se hizo "asambleísta" –apodo de
quien es fiel de la Asamblea de Dios– solamente a
los 28 años, en una iglesia de su región. Fue allí
donde conoció a su actual marido. Los dos eran
activos en la iglesia, y acabaron conociéndose y
enamorándose.
Para ella, la iglesia fue fundamental para la
incorporación de una nueva ética del trabajo:
Ah, ayuda, sí. La iglesia desarrolla algunos
perfiles en uno que, por ejemplo, yo misma no me
veía en ellos. Tipo liderazgo, ¿no? El perfil de liderar
jóvenes, de ser modelo para alguien, traer una
visión a alguien. Eso ahí uno acaba desarrollando en
la iglesia y se vuelve hasta algo natural, de tu día a
día. Ese asunto de delegar funciones, de organizar
las cosas. La iglesia trabaja mucho así: "Ah,
tenemos un proyecto", y ahí para realizar el
proyecto necesitamos entenderlo, definir todo bien
como forma de ejecución, qué valor necesita ser
recaudado, cuál la forma de recaudación, horario,
ropa, programación. Entonces, uno trabaja con todo
eso en la iglesia y en el servicio eso no es diferente.
Como comencé a ser organizada para las cosas de
la iglesia, eso se reflejó en el servicio eso reflejó
también. Aquel perfil de liderazgo. Donde estoy,
prácticamente no necesito de una jefatura. Es la
gerente tratando conmigo. Tú ves que no necesito
más que alguien me mande hacer las cosas. Ya
tengo una mirada más amplia. Yo creo que es por
cuenta de la iglesia, mismo. Por cuenta de esa
convivencia de la igreja.
Pero la vida del nordestino no es fácil en ningún
lugar, y Marluce, que nació en São Paulo, pero se
considera bahiana porque toda su familia viene de
Bahía, tiene mucho que relatar sobre prejuicio y
xenofobia –mero eufemismo para racismo "racial",
como estamos viendo en el transcurso de este libro:
Ya escuché cosas sobre la localidad, ¿no? Porque
mi familia es toda bahiana, entonces yo hablo
también que soy bahiana. Soy de São Paulo, pero yo
también soy bahiana porque tengo sangre de
bahiano. Una mezcla, porque mi madre es de
Pernambuco. En el Sur, uno escucha: "Ah, eso es
cosa de nordestino". Unas bromitas, ¿sabes? Tipo:
"Nuestra, qué bahianada fue hecha aquí", unos
comentarios así, mismo. Y me incomoda eso de
siempre comparar el Nordeste con alguna cosa
mala. ¿Sabe? "Ah, es cosa de descuidado, es cosa
de nordestino". ¡Y no es! ¡No es! Si te paras a
pensar, la ciudad de São Paulo solo está construida
hoy por causa de toda esa gente que vino del
Nordeste a trabajar aquí, ¿no? Ellos ayudaron en el
desarrollo. Ellos no son menos importantes, no son
menos inteligentes por cuenta de eso. ¿Es bastante
trabajo manual? Sí. Pero no es para despreciar,
mucho menos por haber venido del Nordeste. El
Nordeste, si tú vas a visitar, ¡es muy lindo! ¡Yo
tendría mucho orgullo de decir: "Yo vivo allá en
Bahía", "Yo vivo en Pernambuco"! ¿Ya viste las
playas de allá? ¡Limpísimas! Ahí tú vienes a las
playas en el litoral sur de São Paulo, todo
abandonado.
Otro tipo de prejuicio que incomoda a Marluce es
el ejercido por la orientación religiosa. Para ella, el
"creyente", como se designa comúnmente al
evangélico, es víctima de un prejuicio virulento y
irrespetuoso.
Tipo: "Ah, el creyente es todo loco", "El creyente
es todo fanático, solo Biblia", ¿no? Principalmente
cuando tú eres cristiano y te identificas como
cristiano, sea en la facultad o sea en el trabajo,
cualquier actitud tuya es: "¡Espera! ¿Te enojaste?
¿Pero no eres cristiana?". Tu referencia es el
cristiano, ¿no? Tú tienes que actuar con una actitud
que, para ellos, es la coherente, ¿no? Ellos olvidan
que tú eres ser humano
En cuanto a la pauta de costumbres –como la
orientación sexual y estilo de vida–, la posición de
Marluce es más matizada, sobre todo si se compara
con las intervenciones de los hombres que estamos
entrevistando, que exudan homofobia reprimida.
Para ella, cada uno puede y debe definir ser quien
quiera ser, pero no acepta que las iglesias sean
obligadas, por ejemplo, a realizar matrimonios
homoafectivos:
La idea de "Yo voy a obligar a las religiones a
aceptar y hacer los matrimonios dentro de sus
iglesias" hiere un principio cristiano. Es medio
complicado. Cuando es por ley, por el registro civil,
medio que tipo, el registro civil tiene una diversidad,
él es para todos los brasileños. Ahora, la religión ya
es otra cosa. Es otra vertiente. Entonces, es medio
complicado decir: "Yo voy a obligar a los pastores a
hacer el matrimonio homoafectivo". Yo no estoy de
acuerdo con esa obligación porque hiere, realmente,
los mandamientos, todo lo que uno ve en la Biblia.
Ah, todo bien, la Biblia es antigua, tiene más de 2
mil años y todo lo demás. Pero lo máximo que uno
puede absorber y hacer con aquello que está
escrito, uno lo hace. ¿No?
También en relación a la política –y al
entrelazamiento entre religión y política–, la opinión
de Marluce es más reflexiva y crítica. Para ella, las
dos cosas no deben mezclarse tanto, y no considera
razonable que la igreja lleve candidatos al púlpito.
Yo no estoy de acuerdo, por ejemplo, con
quedarse llamando candidato y haciendo boca de
urna dentro de la iglesia. Es importante que tú pares
e investigues, ¿no? ¿Yo voy a votar en quién? ¿Cuál
es el proyecto de ley de esa persona? ¿Quién es esa
persona? ¿Qué ha construido de proyecto político en
Brasil? ¿Tiene la ficha limpia? ¿Condice con lo que
yo estoy pensando? Es lo mínimo. Es lo mínimo de
todo ciudadano y de todo cristiano también. Uno no
puede apartarse de eso.
La elección por Bolsonaro para la presidencia no
fue una elección fácil ni hecha con entusiasmo por
Marluce. La postura de Bolsonaro en ocasión del
covid-19 fue un episodio decisivo para esa
dificultad. Pero la necesidad existencial de un
"salvavidas moral", es decir, alguna dimensión de la
vida donde alguien como ella pudiera ser vista –por
los otros y por ella misma– como una persona
"respetable" fue el aspecto decisivo de la elección,
aparentemente irracional:
Fue una batalla. Yo medio que me sentí sin
opción, pero acabé votando en Bolsonaro. Por
increíble que parezca. Yo no estuve de acuerdo con
todo el modo de política suyo, y la postura suya
ante el covid, la encontré bien decepcionante. Pero
yo veía que él también seguía, no sé si por coacción,
por una línea de la familia, de la preocupación con
los hogares, con lo que estaban presentando de
material escolar y todo lo demás. Y ahí acabé yendo
por esa línea. Dije: "Bueno, hasta ahora fue lo que
me pareció mejor, voy en ese".
Si nos profundizamos en las razones de la
elección de Marluce, pronto tendremos el rastro del
antipetismo cebado por la gran prensa durante
varios años. Para muchos de las clases populares, el
simple bombardeo mediático generalizado parece
ser un certificado de la verdad. El debate sobre las
irregularidades de Lava Jato ni siquiera llegó a ser
acogido en este medio.
Yo me quedé con pie atrás con el PT. Desde
cuando Lula fue preso, yo no voto más en el PT.
Hasta porque yo creo que, en verdad, él nunca salió
del poder. Lula salió, él dejó a Dilma, pero, para mí,
ella siempre fue manipulada por él. Entonces,
queriendo o no, es medio que un comunismo allí.
Ellos están presos en aquella silla, en un dominio,
por mucho tiempo. Yo no veo una gran diferencia. Y
siempre la salida es dar una bolsa. Es bolsa para
esto, bolsa para aquello. Que ni, ahora, su caballo
de batalla fue "dar picanha". ¡Yo no quiero! ¡Yo
consigo trabajar y tener una picanha! Yo quiero algo
más efectivo. Yo quería una escuela más bien
estructurada, ¿entendió? Entonces, así, son
proyectos de leyes que no me agradan. Aún son
candidatos que ya tienen la ficha sucia. Entonces,
yo no voy a votar así. Tampoco fue una elección
muy feliz en Bolsonaro, pero uno va intentando.
La penetración del antipetismo popular está
umbilicalmente ligada a la amplia aceptación de la
meritocracia, sobre todo entre los más pobres.
Como siempre, los más oprimidos son los que
poseen menos condiciones de insurgirse contra los
valores que los oprimen. La reflexión de Marluce
sobre el Bolsa Familia y otras cuotas sociales refleja
perfectamente esa aceptación acrítica. Para ella, el
Bolsa Familia no debe solo "dar dinero", sino,
también, exigir contrapartidas –que ya existen, pero
Marluce y muchos pobres no saben.
Con esas bolsas, tipo Bolsa Familia, yo hasta
estoy de acuerdo, en un cierto nivel. Para familia de
extrema pobreza, mismo. Que no tuvo oportunidad
para nada. Tener una forma de sacar a esas
personas de la extrema pobreza, belleza. Pero yo
creo que no es solo dar el dinero, tenía que haber
una cobranza. Por ejemplo: "Voy a darte un dinero,
pero quiero que matricules en la escuela a tu hija".
O: "Voy a darte un dinero, pero tú tienes que buscar
trabajo". O dar un curso a esa persona, preparatorio
para un trabajo. Yo siempre aprendí que debemos
"correr tras". Vamos a hacer suceder, ¿no? Ahora,
ya tengo una visión un poco diferente cuando se
trata de estudio. Por ejemplo: becas de estudio.
Creo que tenía que ser como en los países de Primer
Mundo: todo el que estudiara, tenía que tener
derecho al acceso a la facultad. Y ahí va a competir
quien consigue el acceso a las mejores facultades.
¿Entendió? Cuanto mejor nota tenga, la mejor
facultad va a estar más a tu alcance. Pero todos
deberían tener el derecho de ir a la facultad. Por
desgracia, eso no sucede. La enseñanza pública es
deficiente, va a la facultad pública quien está en la
escuela privada. Inversión de valores. Yo creo que
quien estudió en escuela pública, sí, debería tener
su oportunidad de beca, de cuota, sea lo que sea.
Tener, por lo menos, una oportunidad más. En esa
vertiente de estudio, creo que cuanto más
oportunidad, mejor.
La opinión más matizada de Marluce se debe
probablemente a su relativamente mayor tiempo de
estudio, incluso universitario. Sin embargo,
percibimos en la intervención de Marluce lo difícil
que es el avance de alguien más pobre, aunque
tenga determinación y voluntad de estudiar. En su
caso, el estudio no la llevó más lejos. Parece que el
diploma no mejora su vida. Esto la hizo tomar un
choque de realidad y no esperar tanto del estudio.
Después que terminé la enseñanza media, hice el
curso de artes visuales. Facultad. Pero en el último
año, desistí. No quise más. Comencé a trabajar, fui a
hacer pasantía, me decepcioné mucho con la
realidad. Ahí yo dije que no quería más ese camino
escolar. Cerré la facultad y no volví más. Hoy, yo
hago facultad de teología. Estudio todo día. Estoy en
el tercer año. Y, así, me gustó mucho porque sacó
algunas dudas mías de esa parte religiosa, del
cristianismo y todo lo demás. Y de otras vertientes
también, de otras religiones. Pero yo tampoco voy a
trabajar en esa área, ¿no? Yo voy a terminar la
facultad de teología y pretendo hacer gestión
hospitalaria en algún momento, para mantenerme
en el área de la salud, pero dentro de esa mirada
administrativa.
Edvani
Edvani nació en Jardim Progresso, en la periferia
de la Zona Sur de São Paulo. A pesar de haber
estudiado en una escuela particular cerca de casa
hasta el octavo grado, su vida no difiere mucho de
los perfiles aquí analizados. La secundaria tuvo que
hacerla en la escuela pública y ya trabajar –como
siempre, sin libreta firmada– a partir de los quince
años.
Edvani tuvo una familia estructurada, con padre y
madre viviendo juntos, pero lo decisivo aquí es la
escuela precaria, sea pública o particular, y la
necesidad desde muy temprano de combinar
trabajo y estudio. Esta es la condena del pobre, que,
en este contexto, aunque logre triunfar y tener
acceso a alguna forma de calificación del trabajo,
siempre traerá las marcas de la socialización escolar
precaria. Ella nació prácticamente dentro de la
iglesia, la Asamblea de Dios, en la cual sus padres
ya eran activos e involucrados. Edvani guarda
buenos recuerdos de ese período de su vida.
Importante, para mí, fue compartir momentos,
allí, con las personas. El intercambio de ideas. Hubo
también un grupo de estudio bíblico que nosotros
hicimos. ¡Inclusive, bien bonito! Yo pude aprender
bastante. Creo que es eso, el intercambio entre las
personas –de conocimiento, todo, en general. Yo
disfrutaba mucho estar junto con la galera. Y había
momentos de alabanza los sábados, que eran los
encuentros de los adolescentes. Había alabanza,
había ministración. Bien bonito. La Biblia es muy
compleja, ¿no? Así, no es fácil. Pero ese grupo de
estudio me ayudó a ver algunas cosas que yo no
conseguía ver, yo misma, leyendo. Ayudó a tener el
conocimiento de leer la Biblia, ¿no? Una forma
buena de interpretar
La iglesia proporciona a los pobres prácticamente
todo lo que necesitan. Como el abandono social de
estas personas es profundo, pasa a ser un espacio
único de sociabilidad y ayuda mutua. Como todos
necesitamos dotar al mundo de sentido y de
pertenencia, es ahí donde la iglesia evangélica –que,
como toda iglesia, da lo que los clientes quieren–
muestra toda su fuerza de reclutamiento popular.
En verdad, la iglesia somos nosotros, ¿no? Estar
en la iglesia, con un líder, es estar con alguien que
intercede por ti, con una espiritualidad mayor, o
mejor, con una fuerza mayor para ayudar
espiritualmente. Entonces en eso yo veo
importancia de la iglesia, hoy. ¿No? No es que tu
oración, tu pedido no lleguen allá arriba, pero yo
creo que uno necesita de esa red de apoyo, de una
oración mayor. ¡Una cobertura espiritual!81
Cuestionada acerca de sus posiciones políticas,
Edvani no se siente tan a gusto. Para ella, es lo
mismo que hablar sobre algo que no se comprende.
La influencia de la iglesia viene a llenar ese vacío.
Cuando hablo sobre la mezcla entre religión y
política, ella responde:
Yo no entiendo mucho de política, no, ¿sabes?
Pero yo creo que son áreas totalmente diferentes.
Yo no veo que haya una ligación entre política y
religión. En mi cabeza, los dos no se ligan. Existen
discusiones en la iglesia sobre esto. Entonces, como
yo voy de vez en cuando, ¿no? Fui a un culto antes
de la elección y ellos pedían para orar por la nación.
Independientemente de quien fuera a ganar, ellos
estaban orando por la nación, entonces que fuera
hecho lo mejor por la nación. Y fue eso. No
levantaron bandera. Si levantaron, yo no vi. En el
día del culto que fui, ellos estaban orando por la
nación.
La influencia y manipulación política, muchas
veces, como en el caso de Edvani, no ocurre de
modo explícito. Como en el pasaje anterior, los
nombres de los candidatos no son dichos, y la
influencia obvia en el caso –ya que orar por la
"nación" en este contexto es orar por Bolsonaro– se
torna aún más eficiente, visto que se da como si no
sucediera. Edvani se siente representada por el
bolsonarismo –como siempre, por dos factores que
se combinan: la pauta de costumbres conservadora
y regresiva y el tema de la (in)seguridad pública:
Así, no es que yo sea contra, ¿vale? No. Nada
contra los LGBT+, pero todo eso se está volviendo
muy explícito, y preocupa por cuenta de los niños.
Hoy yo tengo mi cabeza formada. Pero, queriendo o
no, los niños crecen en un mundo con esa
influencia. Si hoy mi hijo está aquí, y yo estoy
casada con una mujer, en el futuro él puede casarse
con un hombre. ¿Puede casarse con mujer? Puede,
pero la tendencia es de que los hijos se reflejen en
los padres.
Sobre la cuestión de la seguridad pública, su
respuesta fue la siguiente:
Por la liberación, por la libertad que está en todo
hoy, tú no tienes más seguridad de salir a la calle,
durante la noche... Tú sales siempre con miedo. ¡A
mí me robaron dentro de mi casa! ¿Entendió? El
portón estaba abierto, entraron y se llevaron la
moto. ¿Qué seguridad tengo? Se está volviendo muy
liberal, y nadie es castigado. Toda esa liberación me
preocupa. Tanto en la cuestión que levanté antes
como en esa cuestión de seguridad, en todo.
Edvani tampoco nos decepciona cuando
preguntamos acerca del tercer tema fundamental
para la extrema derecha, que es la crítica a
cualquier ayuda del Estado. Aunque la opinión de
Edvani sea más matizada que la de la mayoría de
las entrevistas anteriores –esto parece ser una
cualidad femenina por nuestra muestra– ella repite
muchas de las críticas elitistas contra los más
pobres.
Interesante, en este contexto, es que Edvani,
cuando cuestionada más adelante sobre las cuotas
universitarias, siendo obviamente una mujer parda
y, por tanto, afrodescendiente, se percibe como
"blanca" y reflexiona como si ese fuera su lugar
efectivo. Este hecho es una especie de corolario del
proceso de blanqueamiento entre nosotros: la
pérdida de la referencia racial va junto con la
pérdida de su lugar social y político, asumiendo los
prejuicios elitistas como si fueran suyos.
Yo creo que el Bolsa Familia puede ser bueno
para quien realmente necesita. Pero conozco a
muchas personas que no tienen necesidad y
reciben. Eso vuelve a la persona perezosa. La
persona que yo conozco no trabaja, no hace nada,
solo vive de eso. No hay una inspección para
verificar si la condición de la persona es verdad o
no, ¿entendió? Entonces, es muy fácil conseguir...
¡No, mentira! No es fácil no, porque yo intenté y no
conseguí. ¡Es verdad! Hasta hoy nunca salió. Pero
ahora yo estoy trabajando, entonces... ¿no? Yo creo
que quien realmente tiene necesidad, tiene que
tener allí... Podría haber alguien, alguna asistente
social que fuera a acompañar la necesidad de la
persona. Yo lo veo por ese lado. Hay mucha gente
que usa de mala fe. Es bueno, sí, para quien
realmente necesita. Pero mucha gente que actúa de
mala fe.
Sobre las cuotas, su opinión es la siguiente:
Yo creo que todo el mundo tiene capacidad.
¿Vale? De conseguir pasar, de estudiar –todo el
mundo tiene la capacidad. Cuota tú hablas para los
negros y esas cosas, ¿no? Yo no soy a favor, pero no
es porque sea blanca. Cuando tú haces el ENEM, allí
en la prueba tú no especificas si eres blanco. En la
prueba, no. Independientemente de tu puntuación.
Eso existe cuando vas a hacer el registro. Ahí piden,
¿no? Pero, tu puntuación es tu puntuación.
Independientemente de que seas blanco, seas
amarillo, verde o azul. Lo que vale es tu
conocimiento. No lo veo como una cosa buena.
Porque todo el mundo tiene capacidad. Así como un
blanco... En la prueba, no viene nada escrito
discriminando tu color.
Edvani es presa fácil de la supuesta igualdad de
oportunidades embutida en el concepto de
meritocracia. En gran medida, es una fiel típica del
mundo evangélico –ya que la posibilidad de crítica al
mundo social como es pasa a ser mitigada al
máximo en la mayoría de las denominaciones. Y
está también el hecho de creerse ocupando un otro
lugar que no es el suyo. Las fake news en las cuales
Edvani cree hacen el trabajo complementario de
confundir y aturdir. Así, Edvani, hija y nieta de
nordestinos, responde sobre el voto nordestino
haber sido en Lula de la siguiente manera:
Yo no sé ni qué decir. Pero, por lo que escuché,
por encima... Para el personal del Nordeste... El
partido actual que hoy está ahí, actuando para
nosotros, quedó en el cargo durante muchos años y,
queriendo o no, dejó mucho que desear.
¡Principalmente, para ellos! En cuestión del agua,
todo. Por lo que yo vi, así, por encima. Vi que en el
gobierno pasado ellos consiguieron finalizar esa
cuestión, ¿no? Y realmente la gente del Nordeste
fue y votó en el partido que... [Arqueó los ojos con
cara de desconfianza y dio una breve risa.] Pero
también está aquello: conozco a muchas personas,
tipo mi vecina que vive aquí abajo, que votó en el
partido de hoy por cuestión del auxilio. Porque del
partido del gobierno pasado ella no tenía, y cuando
era de ese de ahora, ella consiguió. Entonces, ella
fue mucho en esa cuestión. Yo no sé, ¿no, si la
gente creyó que iba a continuar en el Bolsa Familia?
Porque la mayoría del personal del Nordeste tiene
ese programa, ¿no? No sé si fueron en ese
pensamiento. Como te dije, yo no sé si tiene otros
beneficios y cualidades, pero yo encontré que no
condecía con lo que yo veía –por encima.
Jefferson
El caso de Jefferson es muy interesante. Su
trayectoria es parecida a la de casi todos los otros,
excepto por una diferencia fundamental. Jefferson
llegó, con apoyo de la iglesia, a cursar teología y
filosofía, y hoy es profesor de la red pública del
Estado de São Paulo. Esto sucede cuando surgen
influencias relevantes –casi siempre, un adulto
significativo, como lo fue "Minduca" para Jefferson,
como veremos más abajo–, que permiten una
variación en la incorporación de capital cultural (lo
que proporciona no solo un empleo seguro, sino
también mayor conciencia social).
Jefferson tuvo, de inicio, la trayectoria típica de
los jóvenes de las clases populares. El padre tenía
una pequeña heladería en un barrio periférico de
São Paulo y, tanto la madre de Jefferson como él
trabajaban en la heladería –él, desde los 14 años. La
doble jornada de trabajo y estudio es una especie
de condena para las clases populares, ya que no se
puede hacer ni uno ni el otro bien hecho. Los padres
cursaron hasta la enseñanza media, y ese sería el
destino prefigurado para Jefferson.
Cuando la heladería del padre quebró, Jefferson
era adolescente. El padre fue a ser pintor de
paredes –otra invariante de esta clase social son los
"trabajitos", o los empleos de quien aprendió todo
en la vida por imitación y no por la escuela.
Jefferson acompañaba al padre en los trabajos de
pintura. En cierto momento, el adolescente, con 15
años, era quien llevaba drogas a los auxiliares del
padre en los trabajos de las casas de la clase media.
Esta actitud del joven llenaba a los padres de
tristeza, hasta que el propio Jefferson decidió que
eso de "trabajo manual" no era para él.
Es aquí donde entra "Minduca", el hippie que
vendía mostacillas y que pasó a aconsejar a
Jefferson en sus pasos para el futuro. Según
Jefferson, fue Minduca quien lo "discipuló", es decir,
lo hizo un discípulo de la doctrina religiosa. Minduca
influenció al joven Jefferson a reflexionar sobre la
propia vida. Como Minduca era cristiano evangélico,
fue él quien evangelizó a Jefferson defendiendo la
primacía de la vida espiritual en relación al mundo
material. Minduca unía dos vivencias improbables:
la del "hippie", en el comportamiento y valores de
vida, y la del predicador evangélico. Jefferson dijo
que Minduca fue su primer "profeta del desierto" del
Antiguo Testamento, es decir, los profetas ascetas
que despreciaban las riquezas, y que venían a
contar las verdades desagradables a los que
olvidaban la palabra de Dios.
Bajo la influencia de Minduca, Jefferson decide
estudiar teología y después filosofía. De ese modo,
cuando nadie más de la familia ni nadie más de la
iglesia tenía esperanza de que Jefferson se
evangelizara, he aquí que surge un muchacho con
nuevos sueños y ambiciones. Esta conversión se dio
cuando la madre de Jefferson, y después él mismo,
sufrió de depresión. La iglesia pagó a la psicóloga, el
tratamiento psiquiátrico y, en seguida, los estudios
teológicos y filosóficos de Jefferson.
Fue la iglesia la que pagó a mi psicóloga. Porque
yo me aconsejaba bastante con el pastor, ¿no? Y él
veía que yo estudiaba bastante. Comencé a estudiar
bastante la Biblia cuando me convertí, teología. Pero
ahí el pastor dijo que mi caso estaba fuera de su
esfera. Porque eran las mismas crisis. Él decía las
mismas cosas, hasta que dijo: "Jeff, yo creo que eso
ahí es psicológico". Y me indicó una psicóloga que
no era cristiana. Inclusive, la iglesia la financió. La
iglesia transformó mi vida. No solo en eso. Ella que
me mandó a la facultad, pagó mi facultad, pagó mi
vivienda. Yo debo mucho a la iglesia. Soy
apasionado por iglesia, porque mi experiencia fue
profundamente positiva.
Por cuenta del apoyo que tuvo en la iglesia,
Jefferson consiguió algo casi imposible para un
joven pobre de la periferia: ¡solo estudiar! Cuando
fue a hacer filosofía en la Facultad São Camilo en
Ipiranga, en São Paulo, Jefferson estaba empleado,
pero dejó el empleo para dedicarse enteramente a
los estudios –un privilegio típico de las clases
medias que, así, reproducen sus privilegios.
Yo dejé el empleo. Ahí mis padres me mandaban
trescientos reales por mes, y me las arreglé con eso
de ahí por los tres años, ¿no, después? En el primer
año solo que yo trabajé. Yo trabajé allá en el Colegio
Bautista82 como inspector de alumnos. Ahí después
dejé y fui solo a hacer filosofía.
En todo ese tiempo, Jefferson tuvo el apoyo del
liderazgo de la Iglesia Bautista, de la familia y de los
padres. Fue ciertamente un sentimiento de
esperanza para personas que lo conocían desde
pequeño –y que lo tenían como irrecuperable– verlo
estudioso y aplicado, con un enfoque en la vida que
no fuera drogas y "salidas". Cuestionado sobre la
influencia de este apoyo en su vida personal,
Jefferson me responde: "Yo me volví gente por
causa de la iglesia. ¿Entendió? Yo ni tendría un
trabajo si no fuera la iglesia, ¿no? La relación para
mí es directa, así".
Cuando comenzamos a discutir sobre la situación
política, pude percibir la posición diferenciada de
Jefferson en el asunto, muy diferente de todos los
otros casos que examinamos arriba. El aspecto
decisivo aquí es la capacidad de reflexión adquirida
en los estudios teóricos de teología y filosofía. Este
es el motivo que hace posible que Jefferson tenga
distancia reflexiva y opinión propia. Comencé, como
siempre, preguntando sobre la mezcla entre política
y religión en el medio evangélico. Jefferson me dijo
lo siguiente:
Últimamente, yo lo veo como desgraciada esa
influencia de la iglesia. Porque cuando mezclas la
religión con la política... No es que yo sea contra la
mezcla. Yo soy a favor. Solo que cuando tú
sacralizas posiciones políticas, tú... Yo vengo
diciendo que ha sido recurrente, más aún en los
últimos cuatro o seis años, un cierto tipo de
terrorismo electoral. Es, un terrorismo electoral. Si
tú no votas en alguien que Dios está mostrando
como camino de salida para este país, tú no eres
creyente. ¿Entiende? Entonces, por ejemplo,
salieron posts diciendo que los lugares más
calientes del infierno están reservados para las
personas que se mantienen en posición de
abstención en momentos de crisis. Y ahí hablaron
que es de Dante Alighieri esa frase. ¡Ni es de él!
Pero la pusieron como si fuera. Yo expongo, no
tengo problema: anulé mi voto en las dos últimas
elecciones. Entonces yo soy peor que el tipo que
ellos creen que es el peor, que es un endemoniado.
Yo soy peor aún, porque el lugar más caliente del
infierno está reservado para mí, que no me gusta
ese tipo de manipulación. Ese terrorismo tuvo
efectos reales en la vida de las personas, de las
familias. Yo converso con muchos pastores. Sé de
familias que pararon de hablarse. Así, padre con
hijo, madre con hijo. Y no pararon de hablarse por
causa de alguna cuestión legítima del Evangelio.
Pararon de hablarse por causa de un candidato,
¿no? De candidatos políticos.
El hecho de que Jefferson sea el primer negro
evangélico, entrevistado para este estudio, que no
votó en Bolsonaro y prefirió anular el voto en las dos
elecciones es muy sintomático. Perciba la
contradicción de Jefferson: él debe todo a la iglesia y
a la ayuda que recibió. El sentimiento de gratitud es
explícito y comprensible. Como él mismo dice, él
debe la "vida" a la iglesia. Sin embargo, eso no le
impide ejercitar su espíritu crítico desarrollado en el
estudio de la filosofía y de la teología. Él percibe la
manipulación política involucrada.
Pero yo creo que la iglesia evangélica dio
munición. Fue ella, en verdad, la que forzó la
formación de una reacción contra la izquierda de la
cual tiene miedo. Ella agarra algunos elementos que
parecen o son cristianos, distorsiona, mezcla en una
ensalada entera para colocar a todo el que está
fuera de esos elementos fuera de la posibilidad de
bondad.
La crítica de Jefferson es la de quien conoce
profundamente, por estudio y vivencia, el asunto
que tratamos. Él percibe que el mundo evangélico,
por su tentativa de volverse una fuerza social
política, religiosa y económica, secundariza la
doctrina del amor cristiano y apela al poder de
exclusión implícita de forma ambivalente en toda
forma de religiosidad. Y él percibe que la iglesia
tiene lado, sí. Es el lado de la derecha política contra
la izquierda. Esto se debe no solo a la llamada
"pauta de costumbres" liberal de la izquierda, sino
también al hecho de que la explicación de la
izquierda para la desigualdad y las penalidades del
mundo profano posee una causalidad social y no
religiosa.
Para él, la "polarización" actual ya existía desde
siempre –de modo velado:
Entonces, ese tipo de polarización va a
consolidarse. Ya estaba consolidada, en verdad.
Solo apareció. En Brasil, todas las pautas sociales
importantes, que deben ser asumidas, van a ser
dejadas en manos de los progresistas, y las partes
teológicas que son importantes van a quedar con la
gente conservadora. Y no va a haber diálogo. Solo
que alguien va a sufrir con eso. Y alguien va a pagar
el precio. ¿Y es quién? El pobre que está
necesitando. Porque de ahí o él va a ser acogido
financieramente sin la doctrina cristiana, o él va a
ser acogido por la doctrina cristiana, pero sin comer,
¿no? Entonces, eso perjudica a quien siempre se
perjudicó, que es el más débil. ¿No? Siempre la
cuerda revienta para el más débil
En cuanto al tema de los costumbres y del
movimiento LGBT+, el gran fantasma de los
evangélicos, la opinión de Jefferson también es más
razonable que la de los demás –aunque asuma que
las cuestiones de género son un "peligro", aunque
de "segundo grado", para él.
Yo creo que la pauta LGBT+ es un riesgo, pero un
riesgo de segundo nivel. En el primer nivel, tú tienes
que ver más de modo nuclear, que es la formación
de los valores. ¿Correcto? Los padres forman los
valores en los hijos. Entonces, si hay un padre
ausente demás, por causa del trabajo que lo está
chupando, una carga horaria muy grande, qué sé
yo, eso está destruyendo su familia. ¿Correcto?
Porque no va a tener tiempo con el hijo. O el tipo
que está absorto en pornografía, también está
destruyendo su familia. Queriendo o no, él está
creando una destrucción dentro de su casa. O una
familia volcada demás al consumo: si la mente que
tú creas en tu familia es una mente consumista, y si
el identitarismo LGBT+ se volvió un producto de
consumo también, ¿entendió hacia dónde estás
llevando a tu hijo? Es una opción más de consumo.
Es un producto más.
Aún Jefferson, un muchacho inteligente y con
buena formación, percibe con desconfianza la libre
orientación sexual de los otros. Esto muestra cómo
la pauta moralista, basada en el narcisismo de la
pequeña diferencia, es decisiva para los pobres.
Aquí, cualquier distinción moral, por mínima que
sea, representa mucho, una vez que es fuente de
reconocimiento social y de sentido de dignidad.
Más reflexivo que todos los demás, Jefferson es
profesor de filosofía en la red pública y percibe la
manipulación política de las iglesias y su
antizquierdismo. Pero, al mismo tiempo, debe todo a
la Iglesia. Todo mismo –desde su rescate, cuando
muy joven, hasta su formación y su tratamiento
psicológico. O sea, aún para quien percibe la
manipulación, la deuda es tan grande –la deuda
aquí es por haberse vuelto "gente", ciudadano con
respeto social, etc.– que no se insurge totalmente
contra el espíritu de esa iglesia (anulando su voto,
en vez de optar por la "oposición").
Alan
La trayectoria de vida de Alan no es muy
diferente de los miembros de las clases populares,
negra y pobre en Brasil. Perdió a la madre por el
cáncer cuando tenía apenas siete años y convivió
con un padre autoritario y alcohólico que era
funcionario de una empresa de seguridad. Como el
padre hacía muchos turnos y quedaba poco en casa,
Alan pasaba mucho tiempo en las casas de sus tías.
Consiguió terminar, con mucho esfuerzo, la
secundaria, pero según él mismo no aprendió
mucha cosa y entiende que eso no hace diferencia
en la vida actual como albañil.
La trayectoria de los pobres brasileños sin
estímulo para los estudios y escuela precaria
condiciona la vida precaria y humillada que llevarán
cuando adultos. Sin absorber pensamiento abstracto
ni desarrollar las habilidades mínimas para un
servicio calificado y más valorado, casi la mitad de
la población brasileña, así como Alan, es condenada
a hacer de todo porque no aprendieron a hacer
nada bien.
Es ahí donde entra el "changador" –el trabajador
de ocasión. Alan fue ayudante de vulcanizador en el
primer empleo, a los 15 años. Después, como no
consiguió quedarse en el Ejército por exceso de
contingente –era su sueño–, fue también vendedor,
mesero, atendente de cafetería, conserje de
condominio, ayudante en una pequeña fábrica de
cisternas, y, finalmente, ayudante de albañil. Y
albañil es, ahora. O mejor, era, ya que está
desempleado.
Alan decidió entrar en la Iglesia Universal en
2020, justo cuando comenzó la pandemia. Lo que le
gusta en la iglesia es que da el estudio de la palabra
(de Dios) por medio de la lectura de la Biblia. Él me
dijo que no todos los pastores hablan de política,
aunque algunos hablan –cita al pastor que, según él,
es "influencer digital". En ese caso, la prédica
política, especialmente la lucha del bien contra el
mal, domina todo. El resto evita el proselitismo
abierto y solo pide un voto de confianza para el
"partido del Evangelio", o sea, el pastor pide a los
fieles votar en los miembros de la iglesia y en
aquellos que defienden la iglesia y la familia.
Cuando pregunto a Alan cuántos siguen las
indicaciones del pastor, él me responde: "Ah, por lo
menos unos 60% siguen y están de acuerdo con
esas cosas que el pastor habla".
La "ideología de género" también es un miedo
real para él. Alan me cuenta que una de las peores
peleas con la mujer, Rose, una verdadera feminista
de la periferia, fue por cuenta de lo que sucedió con
el hijo en la escuela, cuando él tenía unos seis o
siete años. El niño llegó a casa, cierto día, contando
que la profesora había hablado sobre la existencia
de parejas homosexuales. Agenor, el nombre del
chico, preguntó a la madre si el matrimonio no era
solo entre hombre y mujer –si podría ser entre
hombres también. La madre estaba intentando
explicar al hijo cuando el padre interrumpió,
colérico, la discusión, diciendo que Dios hizo a Adán
y Eva para dar el ejemplo de lo correcto. Y él es
decididamente contra el matrimonio gay, cree que
ese tema no es cosa de la que se hable a los niños.
La pelea que se instaló entre la pareja casi llevó a la
separación: "Rose me preguntó qué haría si mi hijo
fuera gay, si yo no lo amaría más. Yo respondí que
él no va a ser gay porque recibe buena educación
en casa", dijo.
No es un miedo real para él. Y dice que, de
cualquier modo, si el hijo fuera gay, no tendría
problema ninguno para él, porque es el hijo que él
ama y nunca dejaría de amar. Para no contrariar a la
mujer, Alan desistió de ir a la escuela a reclamar por
lo sucedido. Para él, la escuela debe enseñar lo
"correcto" y no meter ideas en la cabeza de los
alumnos –mucho menos "llamar la atención" de los
niños hacia hechos que no comprenden. "Dios habló
de Adán y Eva y no de Adán y José", dijo Alan. Yo
pregunté si él cree correcta la mezcla de religión y
política, a lo que él me respondió que: "Yo nunca
estuve de acuerdo con eso. Religión es una cosa y
política es otra bien diferente. No hay cómo
mezclar. No me gusta cuando pastor habla de
política y quiere influenciar el voto".
Alan parece no darse cuenta de la visible
contradicción en ser contra la mezcla de religión y
política y defender una concepción unilateral y
religiosamente motivada de vida familiar. Para él,
"interferencia política" es cuando se habla de
política partidaria. La política como "visión del
mundo", por otro lado, la política de la vida
cotidiana, que es la que importa, debe defender el
lado correcto de la vida, o sea, lo que la religión o el
pastor dice ser lo correcto. En ese caso, debe haber
mezcla de religión y política. Alan está preocupado,
antes que nada, de que la "ideología de género"
corrompa la formación de los hijos. El simple hecho
de que otras personas sean gays incomoda a Alan.
Él dice que "acepta" el hecho de la homosexualidad
ajena, pero exige ser respetado –por ejemplo, no
admite ser piropeado por un gay. Sería pelea
segura. Según Rose, esa habría sido la pelea más
seria de la pareja.
La predilección por Bolsonaro está ligada a la
iglesia. Básicamente, lo decisivo es que Bolsonaro
es defensor de la familia compuesta por marido y
mujer –la verdadera obsesión de Alan. Por lo demás,
como de casi todos los entrevistados. Para él,
familia es la familia del cristianismo, y las amenazas
a ella vienen del campo LGBT+ y de cosas como el
"kit gay", que él creyó a pies juntillas que existía.
Además de la pauta familiar conservadora, el otro
punto que le gustó en Bolsonaro fue el tema de la
seguridad pública. Él me dice que cuando
escuchaba a Bolsonaro él creía que la seguridad
pública iba a cambiar en el país entero. "¿Pero no
cambió, no?", pregunté. A lo que él me dijo: "Es, no
cambió".
En cuanto a los otros aspectos del gobierno de
Bolsonaro, él me dice, cuidadoso: "No sé si lo que
voy a decir ahora es lo correcto, pero creo que el
precio de la gasolina, y de las cosas, bajaron". Y
sobre la pandemia, lo que recuerda fue la ayuda de
seiscientos reales: "Fue poco para mantener a la
familia, pero ayudó mucho a no pasar necesidad".
Pero la mortandad en la pandemia lo asustó. Y
también el hecho de que Bolsonaro se quedara
"bromeando" con quien no podía más respirar. Por
cuenta de eso, él no pensaba en votar de nuevo en
Bolsonaro, en 2022.
Su cambio de perspectiva tiene una nítida
influencia de su mujer, Rose. Ella, en su trabajo de
conserje, consigue traer entre 3 mil y 3.500 reales
para casa cada mes. Lleva aún tres horas de ida y
tres horas de vuelta para el transporte de Curicica,
en la Zona Oeste de la metrópolis, hasta la Zona Sur
carioca. Aprovecha el tiempo en el tren y en el
autobús para leer el material del curso nocturno y
online de pedagogía. Alan ganaba cerca de 1.500
reales, a veces, 2 mil reales al mes, pero ahora se
encuentra desempleado y Rose sostiene la casa –
como muchas mujeres en este país.
Él me cuenta que la política era tema frecuente
con la esposa. Rose, que acompañó de cerca toda la
entrevista realizada en la casa de Alan, en Curicica,
dejó de gustarle a Lula, en quien ya había votado
dos veces, desde Lava Jato –como me dijo: "Que
hubo alguna cosa allí, hubo". Y esa desconfianza
nunca más se apagó. Pero está contra Bolsonaro
también, y, por eso, votó en Simone Tebet. Por lo
demás, Rose, como me contó el día de la entrevista
del marido, siempre votó en mujeres –como Marina
Silva, Dilma Rousseff y, ahora, en Tebet. Cuando
Tebet salió de la disputa, Rose anuló su propio voto.
El único hombre en quien votó para presidente fue
Ciro Gomes, en 2018: "Pensé que él iba a ganar",
dijo ella.
Rose es inteligente y articulada, y sabe
fundamentar sus posiciones con argumentos bien
construidos. Su influencia sobre el marido es visible,
así como es visible que Alan admira y respeta a la
esposa –que posee más estudio y escolaridad. Alan
me cuenta que la mujer nunca entendió cómo un
negro y pobre como él vota en Bolsonaro, que nada
hace por los pobres y además fue irresponsable y
malvado en la pandemia. La respuesta de Alan es la
de que no quería votar en Lula de ninguna manera,
por las mismas razones de Rose, y le parece
interesante la pauta de costumbres de Bolsonaro.
Pero, así como la mujer –y probablemente bajo su
influencia–, Alan votó en Simone Tebet en la
primera vuelta de 2022. Él me cuenta que el motivo
del voto fue el énfasis en la importancia de la
educación para Tebet. Él esperaba mejoría en las
escuelas y cursos de formación profesional. Según
él: "Nuestra enseñanza aún es muy precaria y no es
de Primer Mundo". En la segunda vuelta, sin
embargo, "por falta de opción", de acuerdo con él,
decidió votar en Bolsonaro, una vez más. "¿Y Lula,
por qué no te gusta él?", pregunté.
Mira, lo que voy a decir yo no sé si es verdad,
entonces solo puedo decir lo que escuché en la tv,
pero dicen que él robó en su gobierno, entonces no
voto en él. Y Bolsonaro tiene un modo que me
gusta, aquella cosa de la "broma", del juego, de
decir una grosería aquí y allá, lo encuentro bueno,
parece con la gente y eso me acerca a él.
La última pregunta fue sobre el intento de golpe
del Ocho de Enero de 2023. Alan discrepó
frontalmente del intento por ser contra todo tipo de
violencia. Discrepó del motivo también, ya que cree
que las urnas son seguras. Y, para él, quien debe
tiene que pagar.
IV. ANÁLISIS DE LAS ENTREVISTAS DE LOS
NEGROS EVANGÉLICOS
Es importante aquí un esclarecimiento: el
sufrimiento del negro evangélico, aunque pobre
remediado, es muy distinto del sufrimiento del
blanco pobre analizado más arriba. El negro es
oprimido y negado en su humanidad todo el tiempo
–algo que el blanco, aunque pobre, no sufre. El
blanco pobre se ve "menos" que el blanco más rico
con capital cultural, pero su humanidad y
pertenencia social no son puestas en duda. Lo
contrario sucede con el negro, que es obligado a
enfrentar cotidianamente la amenaza de
animalización –considerado por todos, o por la
mayoría, como "subgente" que puede ser muerta y
humillada sin cualquier reacción social. En la
conclusión, profundizaremos este punto
fundamental.
Comencemos por Ederson, negro carioca que vive
en São Paulo. Es impresionante, desde el inicio, la
aceptación de todo tipo de prejuicio dominante –
creados, con precisión de sastre, para humillar a la
víctima. Así, el carioca Ederson repite los clichés de
las personalidades típicas de dada región, y
recuerda que el carioca es la picardía y el paulista el
trabajo, evidenciando la fuerza de la idea del
"excepcionalismo paulista" que se capilarizó por
todas las clases –como mostramos arriba– de la
sociedad paulista y nacional. Ederson repite la
experiencia de todos los entrevistados de la
periferia: escuela pública precaria, trabajo en la
adolescencia y, por tanto, una doble jornada de
trabajo aún muy joven.
Como también en todos los testimonios, el apoyo
a Bolsonaro se da incluso con el reconocimiento de
sus errores, aceptando que muchas de sus acciones,
sobre todo en la pandemia, son cuestionables. Pero
el aspecto principal, que ofusca todos los errores, es
que Bolsonaro –al contrario del actual gobierno
lulista– pensaba en la familia, tenía una esposa
cristiana y una ideología volcada al cristianismo. Por
cuenta de eso, él sería "la mejor opción".
También de modo muy típico, Ederson condena,
en abstracto, la mezcla de religión y política,
especialmente el uso de la iglesia para beneficiarse
políticamente. Esta es una contradicción evidente,
dado que Bolsonaro hizo eso. Ederson considera que
el país está peor con Lula y que él se habría
beneficiado de las tonterías que Bolsonaro hizo en la
pandemia para manipular a los pobres con
promesas irrealizables, como la promesa de picanha
para todos. Él tampoco tiene completa certeza,
inclusive, de que Lula venció el pleito, después de
todo, la diferencia fue mínima. Critica también,
usando un cliché más, la relación con Maduro y el
apoyo financiero a Venezuela. A pesar de las
tonterías cometidas en la pandemia, según él, la
economía estaba mejorando con Guedes.
El caso de Marluce también llama la atención por
la monotonía de la trayectoria de clase y por la
repetición de fake news y clichés de la extrema
derecha alicerzada en el mundo evangélico. Ella,
como todos, comenzó a trabajar muy temprano –en
el caso a los 15 años–, y también como de
costumbre, sin cualquier registro laboral. La iglesia
es percibida como ayudando en todas las
dimensiones de la vida, inclusive, en el trabajo, por
el cultivo de las virtudes del "liderazgo", según nos
cuenta Marluce. "Liderazgo" parece significar el
hábito de organizar las cosas con disciplina y
atención.
Al ser preguntada, Marluce se queja de la
xenofobia que percibe en São Paulo contra los
nordestinos, de quienes ella desciende. En realidad,
la xenofobia es una de las máscaras más comunes
del racismo "racial" y de clase –después de todo,
como ya vimos sobradamente, nadie tiene
desprecio por alguien por la simple latitud en que la
persona nace. Se queja también del prejuicio
generalizado que percibe contra los "creyentes",
como si fueran personas enloquecidas. Pero la
xenofobia, en especial, le incomoda mucho por la
flagrante injusticia con personas que hasta
ayudaron a levantar São Paulo y su imponencia. Ella
percibe que la xenofobia aquí se liga al trabajo
manual –notando, con eso, el prejuicio de clase
(pero no el de raza) embutido en las más variadas
formas de xenofobia.
Marluce comparte del mismo moralismo
tradicional y rígido que caracteriza a los evangélicos
en su mayoría. Como regla, son los más pobres las
víctimas del prejuicio, los que poseen menos
condiciones –cognitivas y emocionales– de
defenderse de los prejuicios que la élite crea contra
ellos. Marluce cita la Biblia como si ella fuera la base
fundamental para evaluar los comportamientos
adecuados o no hasta hoy, una vez que ya tiene 3
mil años. Se trata de una tradición sagrada, con la
cual la duda, la ciencia, y el conocimiento crítico
nada pueden hacer. También como todos los otros
entrevistados, Marluce se dice contraria, en
abstracto, a la mezcla entre religión y política. Sin
embargo, ella solo vota en quien piensa como ella a
partir de una visión del mundo religiosamente
motivada. Es como si no hubiera separación entre
religión y política –peor, la política es vista como
subordinada a la religión.
Marluce votó en Bolsonaro a pesar de la gestión
catastrófica de la pandemia, que ella reconoce
como error, pero, como él venía con la defensa de la
familia, "preocupación con los hogares" y con lo que
se estaba enseñando a los niños en la escuela, él
mereció, una vez más, su voto. Desde que Lula fue
preso, Marluce –mostrando el peso irreparable de
Lava Jato– nunca más votó en él. Después vino
Dilma, que sería, de acuerdo con ella, controlada
por Lula, o sea, quedaba claro que había un
"comunismo" allí. La crítica al PT y al lulismo gira en
torno de bolsas o de picanha. A lo que ella replica:
"Yo no quiero, puedo trabajar para comprar
picanha". Y añade que quiere "escuela de calidad".
Resumiendo todo: según ella, como todos tienen
ficha sucia, aunque sin gustarle, votó en Bolsonaro.
En su crítica al Bolsa Familia, finalmente, Marluce
repite todos los clichés de la ideología del
emprendedorismo. Cree que tiene que existir
estímulo a "hacer suceder", o a "correr tras",
insinuando que es todo una cuestión de voluntad.
Con relación a las becas de estudio, ella es más
consciente. Ella defiende becas para alumnos de la
escuela pública –quien realmente necesita, en su
opinión. Marluce hoy se dedica al telemarketing y
cree que quien votó en Lula lo hizo por el Bolsa
Familia, a pesar de, según ella, el PT jamás haber
ayudado al Nordeste.
Ya Edvani es una mujer parda que, sin embargo,
como muchos brasileños, se ve como blanca. Su
trayectoria familiar repite, con pocas variaciones, lo
que vimos hasta aquí. Estudió en la infancia en una
escuela particular del barrio periférico donde vivía y
donde el padre ejercía la función de pastor. Hizo
también hasta clase de música, lo que la pone en un
patrón social ligeramente superior a los casos
anteriores, por la incorporación de capital cultural
legítimo, normalmente restricto a las clases del
privilegio. Las clases de música fueron particulares,
ya que en la iglesia solo tenía religión para niños.
Como todos de su clase social, comenzó a trabajar
en la adolescencia ya a partir de la enseñanza
media, y, también, como siempre, sin registro del
trabajo. Llegó a entrar en una facultad particular,
pero fue obligada a desistir después que quedó
embarazada –sin embargo, promete que va a volver
a la universidad.
La socialización religiosa, desde niña, de Edvani,
implicó ser en la iglesia el local donde encontraba
posibilidades de actividad lúdica junto con niños de
la misma edad. Este es un aspecto fundamental.
Como el público evangélico vive mayoritariamente
en la periferia de las grandes ciudades –lugares con
poca o ninguna opción de esparcimiento para los
más jóvenes–, la iglesia se convierte en el único
espacio de desarrollo de lazos de amistad y
esparcimiento con las amigas. Es en esa época,
también, que es inculcada la referencia de la Biblia –
como interpretada por los pastores– mientras una
referencia cognitiva y moral para comprender y
evaluar el mundo. En ese ambiente, la iglesia tiende
a representar la necesidad de protección –por una
espiritualidad mayor– para personas que se
perciben como no controlando la propia vida,
evocando tanto la red de apoyo de la comunidad
como una especie de "cobertura espiritual".
Como todos que ya son socializados en el
ambiente religioso evangélico –el cual o niega la
lógica inmanente del mundo profano, o la mitiga– la
relación entre religión y política es bastante
problemática y mal comprendida. Aunque Edvani
diga que es contra la mezcla entre las dos esferas,
como ocurrió en todas las entrevistas, su propia
actitud en relación al mundo ya fue moldeada
religiosamente de modo imperceptible –muchas
veces, lo que apenas aumenta y potencializa su
fuerza y su acción. Así, ella se preocupa,
políticamente, con la "amenaza" LGBT+ –con el
peligro que eso representaría para los hijos.
Después de todo, como ella misma dice, los hijos se
reflejan en los padres. En este contexto, el
proselitismo político de la iglesia puede asumir
facciones menos evidentes a primera vista. Así, en
la época de la última elección el pastor no pidió
votos directamente a los fieles en un candidato
específico. Sin embargo, su oración fue hecha en
alabanza a la "nación", favoreciendo, obviamente, al
candidato con discurso supuestamente nacionalista.
La otra cuestión que más preocupa a las
personas de esta clase social intermedia –entre la
clase media "real" y la chusma de abandonados– es
la inseguridad pública. Edvani dice: "Aquí nadie está
seguro ni en su propia casa", refiriéndose al
abandono, intencional muchas veces, de la policía
que se ve obligada apenas a defender y guardar los
barrios de clase media, pero no los de los más
pobres.
En cuanto a la posición de Edvani sobre los
programas sociales como el Bolsa Familia, ella
confirma la posición mayoritaria en el campo
evangélico de que para ella, aunque sea una buena
idea para quien realmente necesita, ella misma
conoce personas que reciben sin necesitar y "viven
de eso". En resumen, a pesar de las buenas
intenciones, la ayuda dejaría a las personas
perezosas. Sobre las cuotas, la parda Edvani –
percibiéndose, sin embargo, como "blanca"– se
siente injusticiada, visto que la nota en la escuela
debería ser independiente del color para ella. Edvani
dice aún que ni estudia ni se interesa por política,
informándose apenas "por encima", o sea, por oír
decir –lo que, en su medio social, significa la opinión
guiada por fake news.
La trayectoria familiar de Vanderson es más de lo
mismo que estamos viendo en este capítulo. Vive en
un barrio periférico de la capital, hijo de migrantes
nordestinos –él se dice más bahiano que paulista, a
pesar de haber nacido ya en São Paulo– y estudió en
escuela pública toda la vida. Vanderson vive en el
Jardim Ângela desde siempre, y construyó su casa
encima de la casa de la madre, en lo que antes era
la losa donde, en la infancia, volaba cometas.
Vanderson llegó a cursar la universidad –como
siempre, particular–, pero, como también de
costumbre, cuando los hijos llegaron quedó sin
tener cómo pagar. Pero, como es usual, promete
volver un día.
Al preguntarle, Vanderson dice que le gusta la
expansión de las iglesias evangélicas en los últimos
tiempos en Brasil. Para él, cuanta más iglesia,
menos bares, menos pandillas, menos violencia y,
sobre todo, menos boca de drogas. Reflejando una
posición más proselitista, Vanderson cree que la
iglesia tiene el deber de participar de la política –
ponderando, sin embargo, que ella no puede
transformarse en un partido político.
Su voto fue para Bolsonaro, pero no sin cierta
reticencia, ya que él sería el menos malo. Ocurre,
como estamos viendo hasta aquí, una relativización
de la figura de Bolsonaro entre los evangélicos.
Vanderson dice, por ejemplo, que es verdad que
Bolsonaro dice muchas tonterías, pero que todos los
políticos brasileños también las dicen. Si en la
pandemia, como es opinión unánime entre todos,
Bolsonaro entorpeció en vez de ayudar, él sería
también, en otros ámbitos, "el más honesto". A
pesar de haber estado contra el golpe bolsonarista,
relativiza una vez más diciendo que todos los
partidos intentan perpetuarse en el poder.
Para Vanderson, por tanto, Bolsonaro puede ser
lo que quiera que siempre habrá la posibilidad de
relativizar su imagen. En el fondo, cualquier partido
que dispute voto con esa "bronca ahí" –refiriéndose
al PSOL y al PT– él vota del "lado blanco" (sic) y
nunca en el lado negro o rojo. Después de todo,
ellos representan la búsqueda del "privilegio",
refiriéndose a las demandas por protección de los
LGBT+, que querrían "leyes solo para ellos" –de lo
que él discrepa frontalmente, después de todo, las
leyes son para todos. Vanderson continúa en el
mismo diapasón: motociclistas, taxistas y hasta las
mujeres –sobre las cuales recae, reconoce él, el
cuidado de la familia–, que ahora quieren ganar lo
mismo que los hombres. De ahí, remata Vanderson:
"Vaya leyes, ¿no?". Interesante notar que toda la
defensa del no reconocimiento de las minorías
oprimidas está basada en una supuesta "igualdad" –
a ejemplo de las leyes, que "deben ser para todos".
Por lo demás, Vanderson refleja las opiniones
dominantes en su medio social: el Bolsa Familia
generaría dependencia en los beneficiarios.
Vanderson defiende, en causa propia, que lo que
debería haber eran becas para estudio y
calificación, aunque no haya cualquier oposición
entre las dos cosas. Para él, el problema es que
Brasil es el país de los emprendedores, pero, por
desgracia, no hay incentivo.
Acerca de los prejuicios que sufre, Vanderson
dice que, en el Jardim Ângela, donde vive, una
comunidad de mayoría nordestina en São Paulo, él
no sufre xenofobia. Pero añade que en Paraná y en
Santa Catarina percibió eso. En São Paulo,
inicialmente, no se acordó de casos así, pero se
acuerda finalmente de un caso dentro de la
empresa –pero pondera, después de todo, era al
teléfono con otras personas.
Jefferson posee una trayectoria muy interesante y
algo distinta de las demás que examinamos arriba.
Primero hizo escuela particular en la primera
infancia, pero los padres "se quebraron" y él cambió
a la escuela pública hasta el final de la secundaria.
El padre tenía una heladería hasta quebrar y pasar a
arreglárselas con trabajitos. Jefferson también
trabajó en la adolescencia, pero después evaluó con
el padre que trabajo manual no era para él.
A pesar de que los padres ya eran evangélicos, la
conversión de Jefferson tardó. Según él, el personal
de la iglesia ya se había desanimado y perdido las
esperanzas en él. Jefferson gustaba de "desorden" y
de "colocón", y estaba lleno de "pensamientos
blasfemos", hasta que, a los 17 años, se convirtió.
En la ocasión, estaba con depresión y sufría de
trastorno obsesivo compulsivo. Fue la iglesia la que
le proporcionó atención profesional y pagó a su
psicóloga, como consta en su relato. Al pastor le
gustaba el hecho de que se hubiera vuelto un
estudioso de la Biblia, e hizo todo para ayudarlo.
Jefferson es inmensamente agradecido a la iglesia.
Fue ella la que posibilitó una transformación en su
vida. De una especie de delincuente juvenil que era,
se transformó en un estudioso de filosofía y de
teología. Además, la iglesia pagó todo para él: la
escuela, la vivienda, la facultad y hasta el
tratamiento.
Jefferson consiguió terminar los estudios de
teología y filosofía y, actualmente, ejerce la función
de profesor de filosofía en la enseñanza pública de
São Paulo. Conseguir terminar la facultad es un
diferencial importante. Y Jefferson es un profesor
diferente, visto que apuesta en los alumnos –
inclusive, en los más problemáticos, como él mismo
fue un día. Respeta a los alumnos y procura no ser
autoritario, buscando respetarlos y pidiendo
disculpas cuando exagera o se equivoca.
Él es diferente de todos los casos examinados
hasta aquí. Por obvio, su nivel de instrucción y su
vivencia universitaria contribuyeron para eso. Él es
contra la politización de la religión –cosa que
observa por todos lados. Para él, la iglesia
evangélica forzó una oposición con la izquierda del
espectro político y actúa como una fuerza enemiga.
En las dos últimas elecciones, de modo interesante,
anuló el voto: una forma de no votar en Bolsonaro,
pero, también, de no contrariar a la iglesia que
tanto lo ayudó.
Para Jefferson, la polarización es deletérea. La
izquierda queda con las pautas sociales, y la
derecha con el discurso moralista –y no hay
conversación posible entre ellos. Para él, esa
polarización ya existía en la sociedad, y el momento
actual apenas la hizo aflorar –una idea interesante
que muestra la inteligencia especial de Jefferson.
También con relación al espectro LGBT+, una
obsesión de los evangélicos, la opinión de Jefferson
es más matizada. Él considera esa "amenaza" una
amenaza de segundo nivel. Si las pautas LGBT+ se
transforman en una especie de elección de consumo
–lo que sería una amenaza real–, él aconseja que la
presencia de los padres en la familia podría actuar
como antídoto, visto que padres presentes y
actuantes van a ser siempre el espejo de los hijos.
Ya Alan es carioca y vive en Curicica, barrio de la
Zona Oeste de Río de Janeiro. Alan tiene una
trayectoria muy semejante a la mayoría de los
pobres brasileños. Es un negro casado con una
mujer parda, más clara que él y con más capital
cultural. Alan no recibió los estímulos para el estudio
como sucede en una casa de clase media. El padre
era autoritario y tenía que ausentarse por cuenta
del trabajo de seguridad que ejercía. Terminó,
básicamente, como analfabeto funcional –con
apenas los conocimientos muy básicos para escribir
y leer.
Alan es un caso típico entre los negros pobres y
religiosos. La bandera moralista tradicional y
regresiva es el gran aspecto que lo hizo acercarse a
Bolsonaro. Queda evidente el papel del moralismo
como forma de sentirse superior "moralmente" a los
otros que no siguen la Biblia como interpretada por
su pastor. De cierto modo, eso lo "blanquea", ya que
su tentativa de obtención de una autoestima
mínima implica que él adhiera a los valores
tradicionales dominantes construidos para oprimirlo.
El "otro" va a ser, antes que nada, otro negro que él
clasifica como bandido, gay, disoluto y sin amor a la
familia. Por la oposición al "negro delincuente" –
puede ser "bandido" o gay– él pasa a considerarse
digno del respeto ajeno.
Este es el salvavidas de una moralidad estricta y
autoritaria, que lo hace sentirse menos indigno y
menos pasible de la humillación cotidiana reservada
a los que son como Alan en nuestro país. Son los
valores dominantes los que permiten jugar a un
pobre contra el otro. Al participar de la moralidad
rígida, Alan espera diferenciarse del negro bandido
o gay, o simplemente, de la mujer vista como
inferior. Cualquier distinción social positiva pasa a
ser obtenida siempre a costa de alguien aún más
frágil, humillado y perseguido como él. Esta es la
lógica perversa del "racismo cordial" brasileño.
Alan posee escasos recursos para reflexionar
sobre el mundo de manera consecuente y racional.
Su negativa a admitir la mezcla entre religión y
política es contradictoria con la politización de los
"valores familiares" que fundamenta sus votos.
Como vimos, casi todos los entrevistados también
tienen el mismo problema y la misma visión. Ni
siquiera se sabe lo que es la laicidad y sus efectos y
consecuencias.
Las entrevistas del público evangélico,
independiente de la denominación que profesen,
siguen un mismo patrón. La "cuestión moral"
predomina, o sea, el tipo de moralidad regresiva
que impone patrones rígidos de una moralidad
tradicional para los individuos. Sobre todo en la
moral sexual, abiertamente homofóbica y machista,
que implica estigmatización de los que piensan
diferente y subordinación de la mujer.
Este aspecto solo puede ser adecuadamente
explicado por la necesidad de compensación moral
del valor relativo de personas objetivamente
abandonadas por la sociedad –abandono ese, antes
que nada, causado por parte de aquellos que la
comandan económicamente. Cualquier persona
abandonada se va a aferrar a cualquier ilusión que
sea construida para captar su ansia de escapar,
aunque sea de manera momentánea, de una
situación vivida como humillación y privación.

64. Leonildo Silveira Campos, "As origens norte-


americanas do pentecostalismo brasileiro", 2005.
65. Ibídem.
66. Ibídem.
67. Ricardo Mariano, *Neopentecostais*, 1999.
68. Ibídem.
69. Ibídem.
70. Vagner Gonçalves da Silva, "Concepções
religiosas afro-brasileiras e neopentecostais", 2005.
71. Ibídem.
72. Ronaldo Almeida, *A Igreja Universal e seus
demônios*, 2009.
73. Ibídem.
74. Ibídem.
75. Ibídem.
76. Ibídem.
77. Ibídem.
78. En los años 1990, Jardim Ângela, Capão
Redondo y Jardim São Luiz componían el llamado
"triángulo de las Bermudas" o "triángulo de la
muerte", por ser barrios vecinos con altos índices de
violencia –en especial en Jardim Ângela.
79. La región de Capão Redondo, Campo Limpo y
Jardim Ângela contiene la mayor población de fieles
de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en el
mundo.
80. En realidad, la entrevistada se refería a
"chicote elétrico", un conductor de energía para
automóviles y otras maquinarias.
81. "Cobertura espiritual" es una expresión
reciente, surgida después del advenimiento del
neopentecostalismo, pero adoptada por varias
denominaciones para indicar o legitimar la mayor
capacidad de discernimiento, sabiduría y actuación
religiosa de los pastores. La "cobertura espiritual"
del pastorado se refiere a la capacidad del liderazgo
de atender a su membresía y garantizar que esté
protegida y cuidada en el ámbito espiritual. En el
límite, esta cobertura puede ser tanto comprendida
positivamente, como cuidado, cuanto
negativamente, por medio de amenazas del tipo
"estar fuera de la cobertura espiritual de un pastor"
al salir de la iglesia y, por tanto, a la deriva o bajo
riesgo de perder la fe o no cumplir con lo necesario
para estar espiritualmente bien, "desviarse". Nota
de Bruno Reikdal.
82. El Colegio Bautista Brasileño es una
institución privada de enseñanza infantil,
fundamental y media, que es también confesional.
Ubicada en Perdizes, barrio noble de la ciudad de
São Paulo, fue fundada a principios de la década de
1920 por misioneros bautistas estadounidenses.

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