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Antropología Del Tiempo Presente: Colonialidad Del Poder, La Praxis Antropológica y El Reconocimiento de Derechos

Este artículo explora la praxis antropológica en la elaboración de informes sobre tierras indígenas y quilombolas en el bajo Amazonas, destacando la influencia de proyectos de desarrollo impulsados por el estado y empresas capitalistas. Se analiza cómo estas dinámicas han llevado a la manipulación política que afecta el reconocimiento de derechos culturales y territoriales, en un contexto donde las identidades tradicionales son reconocidas solo a través de categorías legales. Finalmente, se discuten los enfrentamientos entre actores políticos en el marco institucional brasileño, enfatizando la necesidad de una antropología que refleje las realidades contemporáneas y los desafíos de la colonialidad del poder.

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Antropología Del Tiempo Presente: Colonialidad Del Poder, La Praxis Antropológica y El Reconocimiento de Derechos

Este artículo explora la praxis antropológica en la elaboración de informes sobre tierras indígenas y quilombolas en el bajo Amazonas, destacando la influencia de proyectos de desarrollo impulsados por el estado y empresas capitalistas. Se analiza cómo estas dinámicas han llevado a la manipulación política que afecta el reconocimiento de derechos culturales y territoriales, en un contexto donde las identidades tradicionales son reconocidas solo a través de categorías legales. Finalmente, se discuten los enfrentamientos entre actores políticos en el marco institucional brasileño, enfatizando la necesidad de una antropología que refleje las realidades contemporáneas y los desafíos de la colonialidad del poder.

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DOSIER

Peritajes antropológicos: cuestiones teórico-metodológicas,


éticas y de poder en América Latina

Antropología del tiempo


presente: colonialidad del poder,
la praxis antropológica y el
reconocimiento de derechos
Eliane Cantarino O’Dwyer 1
Priscila Tavares dos Santos 2
Katiane Silva 3
1
Universidade Federal Fluminense, Departamento de Antropologia, Rio de Janeiro, RJ, Brasil
2
Universidade Veiga de Almeida, Faculdade de Direito, Rio de Janeiro, RJ, Brasil
3
Universidade Federal do Pará, Faculdade de Ciências Sociais do Pará, Belém, PA, Brasil

Resumen:
El objetivo de este artículo es desarrollar nuevas reflexiones a partir de la investigación etnográfi-
ca y de las prácticas antropológicas en la realización de laudos e informes sobre tierras indígenas
y quilombolas en el contexto etnográfico del bajo Amazonas, en situaciones sociales que han
sido investigadas en condiciones de trabajo de campo, en las que se implementan proyectos de
desarrollo promovidos por empresas capitalistas y por el Estado modernizador. En este contexto
social, nuestras prácticas han registrado la hegemonía de las fuerzas económicas corporativas y
de las acciones estatales impuestas en nombre del “progreso”, en el que las formas culturales tra-
dicionales sólo han sido reconocidas, a través de categorías jurídicas y administrativas, como pue-
blos indígenas y quilombolas. Tomando como objeto los argumentos esgrimidos por la CPI de la
FUNAI y el INCRA, y la votación del Proyecto de Ley de Marco Temporal, podemos comprender
los efectos de la manipulación de los aparatos políticos al servicio de intereses muy alejados de
aquellos basados en el reconocimiento de los derechos territoriales y culturales protegidos por el
Estado brasileño. Para concluir, en lugar de retomar los argumentos desarrollados en el artículo,
presentamos algunos comentarios sobre los enfrentamientos entre actores políticos opuestos en
el orden institucional del Estado brasileño.

Palabras clave: praxis antropológica; CPI; marco temporal; bancada ruralista

e01001
VIBRANT | 22.2025 13
[Link]
Anthropology of the Present
Time: Coloniality of Power,
Anthropological Praxis and the
Recognition of Rights

Abstract:
The objective of this article is to develop new reflections based on ethnographic research and an-
thropological practices in the creation of expert reports and assessments concerning indigenous
and quilombola lands within the ethnographic context of the Lower Amazon. This specifically
addresses social situations investigated through fieldwork, where development projects promoted
by capitalist enterprises and the modernizing state are being implemented. It’s within this social
context that our practices have documented the hegemony of corporate economic forces and
state actions imposed in the name of “progress,” a scenario in which traditional cultural forms
have only been recognized through legal and administrative categories like indigenous peoples
and quilombolas. By examining the arguments presented by the Parliamentary Commission of
Inquiry (CPI) on FUNAI and INCRA, and the vote on the “Marco Temporal”, we can understand
how political mechanisms are manipulated to serve interests far removed from those based on the
recognition of territorial and cultural rights protected by the Brazilian state. To conclude, instead
of revisiting the arguments developed in the article, we offer some comments on the clashes be-
tween opposing political actors within the institutional order of the Brazilian state.

Keywords: Anthropological Praxis, CPI, Timeframe Thesis, Rural Bench

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 14
Antropologia do tempo
presente: colonialidade do
poder, a práxis antropológica e o
reconhecimento de direitos

Resumo:
O objetivo deste artigo é desenvolver novas reflexões a partir de pesquisas etnográficas e prá-
ticas antropológicas na realização de laudos e relatórios sobre terras indígenas e de quilombo
no contexto etnográfico do baixo Amazonas, em situações sociais que vêm sendo investigadas
em condições de trabalhos de campo nas quais são implementados projetos desenvolvimentistas
promovidos por empreendimentos capitalistas e o estado modernizante. É neste contexto social
que a partir de nossas práticas temos registrado a hegemonia de forças econômicas empresariais
e ações de estado que se impõem em nome do “progresso”, diante do qual as formas culturais
tradicionais só têm sido reconhecidas mediante categorias jurídicas e administrativas como indí-
genas e quilombolas. Ao tomar como objeto os argumentos trazidos pela CPI da Funai e do Incra
e da votação da PL do marco temporal, podemos compreender os efeitos da manipulação de
aparatos políticos para atendimento a interesses muito distantes daqueles pautados no reconheci-
mento de direitos territoriais e culturais protegidos pelo estado brasileiro. Para concluir, ao invés
de retomarmos os argumentos desenvolvidos no artigo, apresentamos alguns comentários sobre
os embates entre atores políticos que se contrapõem na ordem institucional do estado brasileiro.

Palavras-chave: fazer antropológico; CPI; marco temporal; bancada ruralista.

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 15
Antropología del tiempo
presente: colonialidad del poder,
la praxis antropológica y el
reconocimiento de derechos
Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva

INTRODUCCIÓN

El objetivo de este artículo es desarrollar nuevas reflexiones a partir de investigaciones et-


nográficas y prácticas antropológicas en la realización de laudos e informes sobre tierras
indígenas y quilombolas, en el contexto etnográfico del bajo Amazonas,1 en situaciones
sociales que vienen siendo investigadas en condiciones de trabajo de campo desde hace dos
décadas. En ese período, han sido implementados proyectos desarrollistas promovidos por
emprendimientos capitalistas y el estado modernizante, considerados como los dos más im-
portantes poderes que organizan el espacio en la actualidad (Asad 1993; O’Dwyer 2018).
Esta región del noroeste del estado de Pará forma parte de la frontera amazónica, car-
acterizada por la “existencia de un inmenso espacio interior, con recursos ambientales con-
siderados valiosos para el mercado internacional, y que pueden ser explotados directamente
por alguna forma de colaboración con agentes económicos nacionales”, según la perspectiva
señalada por Pacheco de Oliveira (2012: 78). En ese sentido, “tales espacios son habitados
por pueblos originarios o poblaciones que allí se refugiaron huyendo de la esclavitud, del
latifundio o de las relaciones de producción vigentes en la economía capitalista llamada
moderna” (Oliveira 2012).
Aunque los paisajes construidos de la frontera amazónica sugieren imágenes de territorios
desocupados y un cierto grado de aislamiento para sus poblaciones, existe una continua ex-
pansión de la frontera a través del movimiento de interiorización de la Amazonia y la “ruptura
del aislamiento” provocada por procesos descriptos desde un punto de vista económico como
“desmarginalización”. Ello se debe a la progresiva integración de la llamada agricultura de

1 La región del Bajo Amazonas está conformada por las ciudades de Alenquer, Almerim, Belterra, Curuá, Faro,
Juruti, Mojuí dos Campos, Óbidos, Oriximiná, Prainha, Santarém y Terra Alta.

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subsistencia y del “campesinado marginal tradicional” a los mercados del Centro-Sur del
país (Velho 1976: 203-239), que en lugar de dar lugar a una creciente homogeneización so-
cial, ha dado cabida a la variabilidad de los “sujetos históricos” (Trouillot 1991: 39), antes
considerados “marginales”.
La caracterización de los llamados “negros aislados” y “campesinos aislados” en la lit-
eratura especializada sobre la Amazonia, considerados según la visión evolucionista como
en vías de extinción, también se ha convertido en objeto de crítica con referencia a procesos
históricos que marcan la crisis del sistema agrario exportador desde finales del siglo XVIII,
con la quiebra de las plantaciones de algodón y caña de azúcar, los llamados “ingenios”,
principalmente en los estados de Maranhão y Pará. Esto llevó a la constitución de un tipo
específico de campesinado, diferente de las situaciones pensadas sobre su formación en la
región, a través de una frontera en expansión (Almeida 1993).
En el caso de los pueblos indígenas de la Amazonia, la versión de que forman “entidades
discontinuas y discretas” ha sido contrapuesta a los “indios mixturados” del Nordeste.
Definidas como “remanentes indígenas” por estar incorporadas tanto a la economía como a
la sociedad regionales y consideradas carentes de “fuertes contrastes culturales”, las pobla-
ciones indígenas del Nordeste pasaron a ser tratadas como objeto de una “etnología menor”
(Oliveira 1998: 48-52).
De todos modos, se debe repensar este tipo de clasificación de sentido común, incluso
académico, a partir de nuevos enfoques teóricos de la antropología, que consideran el “con-
texto intersocietario” en el que se constituyen diferentes grupos étnicos y sus relaciones con
el Estado (Oliveira 1998: 55). Por consiguiente, la idea de “indios puros” en la frontera se
relaciona al presupuesto de un relativo aislamiento, basado igualmente en las “imágenes
arquitectónicas de sistemas cerrados” (Oliveira 1998: 69).
Desde nuestro punto de vista, la naturalización de las ideas de “aislado social” y/o “aislado
cultural” deja fuera, en los márgenes de las descripciones etnográficas, diferentes procesos
históricos y sociales que resultan en la construcción de un “aislamiento consciente”, basado
en la memoria histórica y genealógica de estos grupos. Este es el caso de nuestro estudio
monográfico sobre las colectividades que se definen legalmente como “remanentes de qui-
lombos” y viven en territorios separados en el alto del río Trombetas y su afluente Erepecuru,
que practican un aislamiento defensivo frente a la entrada de extraños, al crear una serie de
dificultades para el acceso de personas de afuera, hasta cuando sus intenciones son definidas
en términos de puro conocimiento (O’Dwyer 2021).
El “aislamiento consciente”, que ha caracterizado a los grupos étnicos en sus acciones
orientadas por la creencia de un origen común y destinos compartidos –y demarca los límites
de una “comunidad política” (Weber 1991)–, constituye, por lo tanto, una cuestión que se ha
impuesto a nuestra atención en el trabajo de campo, a través de las condiciones y relaciones
de investigación. De acuerdo con Trouillot, “decir que los otros son siempre específicos e
históricos es rechazar su marginalidad: (Trouillot 1991: 39). De este modo, este artículo

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 17
pretende contribuir a la construcción de una “antropología del presente, una antropología
del mundo en transformación y sus historias irreductibles” (Trouillot 1991: 40), apartada
de cualquier presupuesto de la Amazonia como el lugar de una “grieta salvaje”, que termina
negando la “especificidad de la diversidad” (Trouillot 1991: 40).
La “reapertura de la frontera amazónica” (Oliveira 2012: 97) es alimentada por el proyecto
político de desarrollo y agroexportación, que también se basa, según Quijano (2014: 820),
en una rearticulación de la “colonialidad del poder” sobre nuevas bases institucionales que,
después de la Constitución Federal de 1988, han sido redimensionadas, especialmente en los
últimos cinco años, por formas de gubernamentalidad establecidas en los niveles políticos
nacional, regional y local. Por un lado, frente a una racionalizada o intencional parálisis
de los procesos de reconocimiento de tierras tradicionalmente ocupadas y de titulación de
áreas de agricultura familiar; por otro, por la flexibilización y desregulación de la legislación
ambiental y agraria (O’Dwyer et al. 2021; Da Silva y Sauer 2022).
Es en el contexto social del Bajo Amazonas donde nuestras prácticas de investigación
antropológica han observado, y registrado, la hegemonía de fuerzas económicas empresariales
y acciones del estado que se imponen en nombre del “progreso”. Frente a ello, las formas
culturales tradicionales sólo han sido reconocidas, mediante categorías jurídicas y admin-
istrativas, como indígenas y quilombolas, definidas en contraste con la modernidad y en
relación a la cual la denominación tradicional señala la sujeción de la vida de esos grupos a
los cambios, que se pretenden modernizadores, y son considerados como fuentes de salvación
de la economía, de la política y del Estado-nación.2
De este modo, se construyen nuevas identidades sociales como formas de resistencia a
los efectos de este tipo de modernización conservadora que niega, en la práctica, el derecho
a las tierras tradicionalmente ocupadas que garantiza la Constitución Federal de 1988. Al
reivindicar el reconocimiento de derechos territoriales y culturales al Estado brasileño, los
grupos étnicos y sociales han orientado sus acciones según el marco constitucional vigente,
como se desarrolla a continuación.

LAUDOS E INFORMES ANTROPOLÓGICOS EN EL


RECONOCIMIENTO DE DERECHOS TERRITORIALES

Los laudos e informes antropológicos constituyen piezas técnicas decisivas en los procesos
administrativos y en las acciones judiciales de reconocimiento, de tierras indígenas, tierras
de quilombo y de otros pueblos tradicionales. Según los cánones de la disciplina, dicha prác-
tica profesional en el reconocimiento de derechos territoriales ha contribuido igualmente a
la construcción de una antropología de la acción, que caracteriza lo que hay de nuevo en

2 Al conceptualizar el Estado nación, seguimos la premisa de Verdery (2000), según la cual “en el mundo
actual, la participación está legitimada por la idea de nación –de Estados-nación–, incluso cuando en un caso
empírico dado realiza imperfectamente la forma clásica del Estado-nación” (Verdery 2000: 245).

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 18
la antropología hecha en Brasil, en relación a otros centros hegemónicos de producción del
saber académico (O’Dwyer 2015; 2018).
A través de la Asociación Brasileña de Antropología, los antropólogos han desempeñado
un papel decisivo en el reconocimiento de los derechos indígenas. Lo hacen al rebatir ideas
de comunidades de origen vinculadas a la noción de raza natural (ABA 2017), y reconocer
los derechos de pueblos tradicionales en base a la auto-atribución y la construcción de una
identidad étnica relacionada a formas específicas de territorialización, así como el recono-
cimiento de las identidades de minorías en cuestión de derechos humanos.
Para la aplicación de la norma de reconocimiento de tierras a los “remanentes de co-
munidades de quilombos”, la utilización del término quilombo por parte de la nueva Carta
Constitucional –hasta entonces, sin significado fuera del orden esclavista, cuando designaba
a “negros huidos del cautiverio”– plantea a los legisladores y a los operadores del derecho la
cuestión de buscar la referencia social actual del mismo.
En el contexto de los debates sobre la aplicación del artículo 68 del Acta de Disposiciones
Constitucionales Transitorias (ADCT), que trata de la titulación de tierras quilombolas, al-
gunos de los cuales se han entablado en el Congreso Nacional y en diálogo con el Ministerio
Público Federal (MPF), la Asociación Brasileña de Antropología (ABA 2015), como asociación
científica, se ha expresado mediante el diálogo académico y las reflexiones disciplinarias sobre
la antropología basadas en el conocimiento experiencial de los investigadores que la integran.
Tales posicionamientos han cuestionado la utilización de formas de identificación y
clasificación ajenas a los propios actores sociales, basadas en criterios “historiográficos”,
“arqueológicos”, “raciales” y/o “culturales”, en busca del “sentido” considerado “correcto”,
“válido” y “verdadero”, como ha dicho Weber sobre las “ciencias dogmáticas” (Weber 1991:
4). Por el contrario, los antropólogos han insistido en la comprensión de los nuevos significa-
dos que el uso de términos como “remanentes de quilombos” adquieren en acciones sociales
orientadas por la existencia del dispositivo constitucional.
En los laudos e informes antropológicos, el territorio ocupado es un espacio primordi-
almente etnográfico, y debe ser definido en conexión con la identidad étnica quilombola,
referida al origen común presunto de grupos que orientan sus acciones por la aplicación del
precepto constitucional (art. 68º del ADCT), así como por diferentes contextos y prácticas
sociales que le confieren significado (Amselle 1999).3
De este modo, en la perspectiva antropológica “el fenómeno de la territorialidad [puede
estar] en conexión con el de la identidad étnica” (Cardoso de Oliveira 2006: 24), como en
los casos de los pueblos indígenas y de las llamadas poblaciones tradicionales, entre ellas,
los quilombolas, insertas en la temática de la etnicidad.

3 Según Amselle, retomando las reflexiones de Barth, una atribución categórica es una atribución étnica si clasifica
a una persona en función de su identidad básica y más general, que se supone determinada por su origen y edu-
cación. En la medida en que los actores utilizan identidades étnicas para categorizarse a sí mismos y a los demás
con fines de interacción, forman grupos étnicos en el sentido organizacional del término (Amselle 1999: 18).

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 19
En el campo de la aplicación de los derechos jurídico-constitucionales, la etnicidad ha sido
conceptualizada como un tipo de proceso social en el que los grupos orientan sus acciones
al reconocimiento territorial de las áreas que ocupan, en base a signos étnicos cargados de
metáforas, incluso biologicistas, referendos a una afirmación positiva de los estereotipos de
una identidad étnica y racial, para reclamar al Estado brasileño los derechos de una ciu-
dadanía diferenciada. Estas consideraciones expresan un punto de vista disciplinario sobre
la cuestión de la identidad étnica y/o social, “considerada[s] en su acepción de identidad[es]
contrastiva[s]” (Cardoso de Oliveira 2006: 22) y relacionadas a un espacio territorial. La
propia delimitación espacios de una comunidad, asociada a un área ecológica, existe en tanto
materialización de límites dados a partir de relaciones sociales.
Por consiguiente, los usos del término “quilombo”, como categoría de auto-atribución
identitaria, demarcan fronteras étnicas que deben ser consideradas no sólo en sus límites
geográficos, sino también como sistemas sociales de clasificación. Aunque se produzcan
contemporáneamente en el marco del Estado-nación, los grupos humanos así definidos por
un etnónimo tomado del período de la historia colonial hasta la abolición de la esclavitud
en Brasil, se lo reapropian como reivindicación legítima y comienzan a utilizarlo como signo
de reconocimiento.
Considerar los puntos de vista de grupos, “comunidades” y/o poblaciones, sus formas
de organización social y prácticas culturales diferenciadas, no implica caracterizarlos como
ejemplares de sistemas socioculturales exóticos, como en las ciencias naturales, que deben
preservarse en la medida en que constituyen un patrimonio nacional. Se trata de poner en
discusión, en el ámbito de nuestras disciplinas académicas, las relaciones de poder impuestas
en la organización del espacio territorial por el Estado-Nación, porque “cualquier objeto [de
estudio] que es subordinado y manipulado es, en parte, producto de una relación de poder,
e ignorar este hecho es no comprender la naturaleza de este objeto” (Asad 1993: 18, nuestra
traducción). Así, sustraer las diferencias culturales, en las que grupos y “comunidades” se
reconocen y se hacen reconocibles, de la situación social y de los contextos de interacción
en los que se encuentran, acaba por “negar la existencia del poder y de la hegemonía en el
mundo” (Barth 1995: 65). Del mismo modo,

[concebir la] cultura como un modo de conocimiento que personas y grupos utilizan en la
acción social y en su compromiso con el mundo puede representar una gran apertura entre
nuestro(s) conocimiento(s) (...) (científicos) y otros modos de conocimiento, (es decir) otras
culturas, que pueden operar contra la hegemonía académica en nuestras interacciones y con-
cepciones al incorporar otras percepciones y experiencias vitales (Barth 1995: 66).

Si nada viene de la nada, los ataques a los antropólogos y a la ABA en el contexto de la


Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) sobre la Fundación Nacional de los Pueblos
Indígenas (FUNAI) y el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (INCRA) –con-
ducida por el Congreso Nacional en 2015/2016 – deben remitirse a las críticas contundentes

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con alcance en foros mediáticos más amplios sobre el trabajo antropológico en situaciones
de conflicto ambiental (Coutinho, Paulin y Medeiros 2010).
De esta forma, decir que los antropólogos inventan los grupos que son sujetos de derechos
individuales y colectivos es una forma descuidada de atender a la naturaleza de la acción social,
“a través de la actitud de deformar, por el pensamiento y la palabra, todo lo que claramente
se presenta como un hecho real” (Arendt 2007: 9); es decir, la existencia de sujetos colectivos
que se autoasignan identidades indígenas, quilombolas, recolectores de caucho y otras, con
el objetivo de reconocer derechos territoriales ante el Estado brasileño.
La “trama mentirosa” y las versiones difundidas en los medios de comunicación cam-
biando los hechos fueron “preparadas con la intención pública de afectar la credibilidad”
(Arendt 2007: 11) de los investigadores involucrados en la producción de conocimiento sobre
situaciones sociales de conflicto ambiental y derechos territoriales.4 Se trata de propagandas
organizadas por agentes del campo político, dirigidas a su propia imagen y a la consecución
de objetivos definidos por grupos y coaliciones de intereses, económicos y de poder. De esta
forma, en nombre de la supuesta “inseguridad jurídica” y de una “seguridad nacional”, se
ejerce el poder de filtrar sin más la información que realmente interesa al público, interpretan-
do el mundo social a su manera y con sus propias intenciones.
En cuanto a los criterios de auto-atribución –en el caso de las identidades étnico-raciales
utilizadas por los pueblos indígenas, quilombolas y otras comunidades tradicionales–, ga-
rantizados por el Convenio 169 de la OIT, estos procesos sociopolíticos deben contrastarse
con los procesos de autodeclaración emitidos en el marco de programas de regularización
fundiaria como Tierra Legal y Registro Ambiental Rural (CAR, por su sigla en portugués),
especialmente después del impeachment de la presidenta Dilma Rousseff.
Y, a contramano de la implementación de una legislación ambiental robusta, el desman-
telamiento de los órganos de fiscalización, como señalan Da Silva y Sauer (2022), el Registro
Ambiental Rural ha sido utilizado en este contexto como instrumento para regularizar la
posesión ilegal de tierras públicas o comunes.
Del mismo modo, en la Acción Directa de Inconstitucionalidad (ADI) 3239, presentada por
el Partido Frente Liberal (ahora DEM) contra el Decreto 4.887 de 2003, la cuestión principal
era el criterio de auto-atribución de las Comunidades Remanentes de Quilombos. La ADI
cuestionaba cómo un individuo o grupo social define un nombre para sí mismo y llega a ser
identificado como tal, a los efectos del reconocimiento de derechos constitucionales a sus for-
mas de organización social, prácticas culturales y tierras tradicionalmente ocupadas por ellos.
En defensa del mencionado decreto, la Procuración General de la República (PGR) y
el Ministerio Público Fiscal (AGU, por su sigla en portugués) utilizaron los argumentos

4 Adoptamos la interpretación de Gupta y Ferguson (2000) de la categoría conflicto, entendida a partir del contex-
to de interconexión de espacios y relaciones de poder que, según Zhouri y Oliveira (2007), cuando se accionan
en torno a la apropiación y significación del territorio, conducen al surgimiento de la alteridad.

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desarrollados por antropólogos en sus investigaciones, principalmente sobre el criterio de
auto-atribución, como la “característica crítica (...) que viene a clasificar a una persona en
términos de su identidad básica, más general” (Barth 2000: 32). Esta categoría identitaria
es considerada una “atribución étnica” cuando se refiere a un presunto origen común y a
“circunstancias de conformación” (2000), por ejemplo en el caso de los grupos indígenas y
de las llamadas comunidades negras rurales quilombolas.
En una sentencia histórica del 8 de febrero de 2018, el Supremo Tribunal Federal (STF)
dictaminó que el caso había sido desestimado y que se había garantizado la propiedad colectiva
de las tierras de los quilombos, sin la tesis del hito temporal. Esta tesis es defendida por el
Frente Parlamentario Agrario (FPA), conocido como caucus ruralista, que pretende restringir
el derecho de ocupación a la posesión de las tierras reivindicadas al 5 de octubre de 1988.
También es importante destacar una distinción que marca la diferencia entre defender
intereses colectivos en la demarcación de tierras tradicionalmente ocupadas y definirse indi-
vidualmente como propietario de una tierra. Especialmente en las zonas de frontera agrícola
y en los contextos amazónico y del cerrado brasileño, la autodeclaración de propiedad de la
tierra se ha utilizado para regularizar las tierras públicas federales no destinadas, es decir, las
que (todavía) no han sido reconocidas como reservas indígenas, comunidades quilombolas
y/o unidades de conservación. Los efectos de estas políticas de autodeclaración de propiedad
individual han sido, precisamente, la reconcentración fundiaria, la especulación inmobiliaria
y la apertura de nuevas fronteras agrícolas utilizadas por el agronegocio tras la reanudación
y ampliación del Programa Terra Legal por la Ley 13.465 de 2017.
En el caso del Registro Ambiental Rural (CAR, su sigla en portugués), que se convirtió en el
principal instrumento de institucionalización del nuevo Código Forestal, su justificación fue la
necesidad de modernizar la regulación fundiaria y ambiental para conciliar “la conservación de
los bosques con la creciente demanda de producción agrícola”. Sin embargo, la flexibilización del
licenciamiento ambiental busca sobre todo favorecer a las empresas capitalistas, en consonancia
con los intereses económicos y políticos hegemónicos en los estados de la Amazonia Legal y del
Cerrado, donde se están implantando proyectos de desarrollo en la producción de commodities.
¿Quién tiene miedo de los antropólogos? Los intereses privatistas, representados desde
la CPI de la FUNAI y del INCRA por la bancada ruralista del Congreso Nacional, que en el
escenario político más reciente, ha apostado por el debilitamiento de la capacidad de regulación
del Estado, mediante la flexibilización y transformación de los marcos legales. Así, los eventos
resultantes de la implementación de metas públicas definidas como desarrollistas, al enfrentar
a actores sociales con intereses económicos y gubernamentales en las formas de apropiación
social de los ecosistemas, cuentan igualmente con la participación de representantes de los
emprendimientos y técnicos “especialistas” que acaban ejerciendo un poder de exclusión
sobre los grupos y comunidades afectados por estas políticas con su repertorio de valores,
significados y experiencias de vida.

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 22
En este contexto de flexibilización de los marcos legales, demostraremos a continuación
cómo los miembros del CPI de la FUNAI y el INCRA manipularon las herramientas estatales
para promover el silenciamiento, cercenando la libertad académica, en particular, atacando al
trabajo antropológico y a los antropólogos. En este sentido, han criminalizado los laudos e in-
formes antropológicos como instrumentos utilizados para garantizar derechos constitucionales.

ATAQUES A LOS LAUDOS E INFORMES ANTROPOLÓGICOS

Fue contra los derechos diferenciados de ciudadanía que se constituyó la CPI del FUNAI
y el INCRA (2015-2016) que, en última instancia, buscó atentar contra los derechos territo-
riales y culturales de los pueblos tradicionales a través de estrategias de criminalización de
los investigadores. La criminalización actúa para descalificar las investigaciones académicas,
así como los estudios realizados para la elaboración de informes técnicos antropológicos y
laudos periciales judiciales, que pudieran resultar en la garantía de derechos territoriales y en
el cuestionamiento de dramáticos efectos socioambientales. Estos estudios demuestran que
la implementación de los objetivos públicos definidos por el proyecto modernizador afecta
la continuidad de las formas tradicionales de hacer, crear y vivir.
Así, los laudos e informes antropológicos han sido objeto de ataques sistemáticos en el
contexto de la CPI del FUNAI y el INCRA, creada por la bancada ruralista en el Congreso
Nacional, que promueve acusaciones infundadas de “parcialidad” y de activismo político5,
incluyendo la acusación de los profesionales responsables de la autoría de estos documentos,
producidos como resultado de la investigación etnográfica realizada en el contexto de las de-
mandas legales y administrativas, especialmente después de la Constitución Federal de 19886.
La CPI de la FUNAI y del INCRA está marcada por un contexto de flexibilización de
la legislación agraria y laboral, y de violación de los derechos territoriales en Brasil, que ha
alcanzado una mayor escala debido a la inseguridad e ilegibilidad de las normas legales, al

5 Tales acusaciones se pueden encontrar en el Requerimiento 86/2016 de la CPI de la FUNAI y el INCRA de la


Cámara de Diputados (Brasil 2015a), cuando menciona el compromiso significativo, si no total, de la “capacidad
de desinterés e imparcialidad de los antropólogos” (Brasil 2015a: 16); y del activismo político cometido por la
ABA e “individuos” que estaban “orientados y comprometidos [a] proporcionar el aparato teórico [para] indicar
[concluyentemente] la presencia de ocupación tradicional del territorio, a pesar de no existir los requisitos para
ello, lo que daría lugar a una serie de fraudes, constitutivos de diversas infracciones penales y administrativas”
(2015a: 13). También se acusa a la ABA de “cometer delitos penales bajo el falso argumento del ejercicio profe-
sional regular, cooptando –por no decir capturando– a las propias instituciones estatales (en este caso, la FUNAI
y el INCRA) y coordinando, en favor de intereses privados e internacionales, políticas que deberían ser públicas”
(Brasil 2015a).

6 El trabajo antropológico que orienta la elaboración de laudos e informes forma parte de procesos judiciales y/o
administrativos, respectivamente, de acuerdo con las exigencias de la esfera jurídica –Justicia Federal, Estadual,
Ministerio Público Federal y otras instancias del Poder Judicial– y/o administrativa, como la FUNAI y el INCRA.
Para la elaboración los laudos e informes antropológicos, la ABA ha insistido, ante los programas de posgrado en
antropología del país, en la necesidad de contar con profesionales plenamente formados en la disciplina. Así, el
acuerdo de cooperación técnica firmado entre la ABA y el MPF estipula que los informes antropológicos deben
ser realizados por investigadores que hayan obtenido el grado de maestría y/o doctorado en reconocidas institu-
ciones de enseñanza e investigación en antropología.

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 23
promover la expropiación territorial y extinguir prácticas culturales y formas organizativas
de grupos indígenas, quilombolas y otras comunidades tradicionales. Esta flexibilización
de la legislación ha sido promovida de acuerdo con las directrices del agronegocio y de los
proyectos desarrollistas de construcción de represas, como la Hidroeléctrica de Belo Monte
y el complejo hidroeléctrico en los ríos Tapajós-Arapiuns, así como los proyectos mineros
en el alto Trombetas y la explotación forestal, entre muchos otros, considerados desde el
punto de vista de las élites gobernantes como una fuente de salvación para la economía y
el Estado-Nación, en contra de la Constitución Federal de 1988, que reconoce el carácter
multiétnico y multicultural de la nación brasileña.
Esta CPI buscó, en última instancia, atentar contra los derechos territoriales y culturales
de los pueblos tradicionales a través de estrategias de criminalización de los investigadores
como forma de descalificación de los estudios e investigaciones académicas, así como de los
estudios realizados para la elaboración de informes antropológicos. En especial, aquellos que
resultan en el cuestionamiento de dramáticos efectos socioambientales que afectan las for-
mas tradicionales de hacer, crear y vivir, en función de la implementación de metas públicas
definidas por el proyecto modernizador.
La criminalización de las prácticas de investigación mediante el uso de supuestos crite-
rios de “imparcialidad”7 y neutralidad del conocimiento reformulados y regidos por otros
regímenes de “verdad y poder” representa un intento de colonizar las reglas de producción de
conocimiento internas al campo científico e incluso las conceptualizaciones debatidas entre
sus pares con el fin de garantizar la exclusión de toda crítica.
Sin embargo, desde nuestro punto de vista, es difícil para los investigadores plenamente
formados en humanidades y ciencias sociales separar la práctica política de la ciudadanía
de la práctica antropológica, a través de una forma de imbricación que no sólo desafía
la responsabilidad social del antropólogo, sino que también nos libera de la “teorización
objetivante” heredada de las ciencias naturales. Este proceso, según Habermas (1989), se
distingue de una ciencia comprensiva influida por la hermenéutica y nos permite compren-
der el mundo de una forma más participativa, en la que el observador sólo puede conocer el
fenómeno a través de la interacción directa y la participación con él. Sobre la cuestión de la
imparcialidad, el mismo autor afirma que la búsqueda de la “verdad” es la de una verdad
contextualizada, una verdad real, no abstracta, que depende de las circunstancias en que se
produce el conocimiento (Habermas 1989: 43).
La producción de conocimiento antropológico depende, por lo tanto, de los procesos
interactivos y dialógicos presentes en las condiciones del trabajo de campo y en la propia es-
critura etnográfica. En cuanto a la elaboración de laudos e informes antropológicos, podemos
concebirlos como una práctica científica disciplinar que no sólo informa la política pública,

7 Véase el Requerimiento 86/2016 de la CPI de la FUNAI y del INCRA, item 1.2. “A atuação da ABA no contexto
demarcatório: interesses escusos e imparcialidade comprometida” (Brasil 2015a: 12).

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sino que también puede aportarle significados independientes, producidos por actores sociales,
en procesos políticos que involucran metas públicas definidas a través de otros modelos de
organización del espacio y del ejercicio del poder.
En el período entre 2015 y 2022 El Estado brasileño ha sido, a un tiempo, experimentado
y deshecho en la ilegibilidad de sus propias prácticas administrativas. En la incertidumbre de
las normas legales, la autoridad de la ley busca certeza imponiéndose desde fuera.
De esta forma, en el contexto de la CPI de la FUNAI y del INCRA, se han utilizado estrategias
de inhibición del debate académico que lesionan la “libertad de aprender, enseñar, investigar y
difundir el pensamiento y el conocimiento”, garantizada en Brasil por la Constitución Federal
de 1988 (artículo 206), y que tiene como beneficiarias a la universidad y a las instituciones
académicas, contra el uso del poder político, directa o indirectamente, sobre el campo científico.
Este tipo de acoso procesal, cometido contra la libertad académica y la práctica antropológica,
ocurre en el contexto de políticas públicas que producen impactos socioambientales asociados
a proyectos de desarrollo impuestos autoritariamente (O’Dwyer 2014: 11-25).
Tras el período de investigación de la CPI, con la imputación de varios antropólogos
responsables de la elaboración de laudos e informes antropológicos sobre tierras indígenas
y quilombolas, más recientemente se han creado comisiones parlamentarias especiales para
estudiar la proliferación de etnias y territorios en diversos municipios brasileños, especial-
mente en la Amazonia. A continuación profundizaremos en esta cuestión.

LAS CONSECUENCIAS DE LA CPI DE LA FUNAI Y EL INCRA: LA


COMISIÓN ESPECIAL DE ESTUDIOS PARLAMENTARIOS SOBRE
LA PROLIFERACIÓN DE GRUPOS ÉTNICOS EN SANTARÉM

Los últimos cuatro años han sido dramáticos para la conservación de los bosques y la segu-
ridad de los pueblos indígenas. Con la reactivación de las concepciones geopolíticas autoritarias
y el desmantelamiento del sistema brasileño de regulación ambiental (Barreto Filho 2020), ha
habido un aumento de la deforestación (Ramos 2021) y de la violencia contra los pueblos indíge-
nas y quilombolas y los activistas ambientales y de derechos humanos (Cimi 2021; Silva 2022).
En 2018, a raíz del contexto de persecución de grupos étnicos que cobraría fuerza entre
2018 y 2022, se articularon políticamente y se crearon cuatro Comisiones Parlamentarias
Especiales de Estudio, en municipios que presentaban estudios de demarcación: en Guaíra
(Paraná), Santa Isabel do Rio Negro (Amazonas), Formoso do Araguaia (Tocantins) y Santarém
(Pará). En esta sección analizaremos el caso específico de este último municipio, en el cual los
derechos territoriales y la conservación de los bosques se han visto afectados por el avance del
monocultivo de soja. En la situación etnográfica estudiada, la presencia indígena y quilombola,
junto con sus acciones políticas, mitigan los impactos de la expansión de la frontera agrícola,
pero resulta en un escenario de dinámicas territoriales complejas y violentas (Silva et al. 2022).

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 25
La creación de la Comisión Especial de Estudios Parlamentarios sobre la proliferación
de grupos étnicos (en adelante, la Comisión) por el Concejo Municipal de Santarém está
directamente relacionada con la Acción Civil Pública (ACP) n.º 1000141-38.2018.4.01.3902
interpuesta por el Ministerio Público Federal de Santarém en mayo de 2018, con el objetivo
de agilizar el proceso de estudios para la demarcación de las Tierras Indígenas (TI) Mundu-
ruku y Apiaká del Planalto Santareno, en el bajo Amazonas.
Esta ACP resultó en la creación del Grupo Técnico (GT) multidisciplinar de la Fundación
Nacional de los Pueblos Indígenas (FUNAI) para identificar y demarcar las Tierras Indígenas
Munduruku y Apiaká en octubre de 2018.8 Este GT, debido a la articulación del movimiento
indígena con diversos sectores del Estado y a la existencia de un acuerdo judicial, fue uno de
los pocos que logró realizar trabajo de campo durante los cuatro años del gobierno Bolsonaro
y el período de enfrentamiento a la pandemia del Covid-19.
En noviembre de 2018, pocas semanas después de las elecciones por mayoría, la aldea de
Açaizal, ubicada en el territorio Munduruku, en el Planalto Santareno, recibió la visita de
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), órgano vinculado a la Organi-
zación de Estados Americanos (OEA). El objetivo de la visita era escuchar a los indígenas y
quilombolas, registrar las situaciones de violencia y conflictos agrarios en la región, y elaborar
un informe sobre la experiencia. La reunión se vio interrumpida por la llegada de un grupo
de representantes del Sindicato Rural de Santarém (Sirsan), conocidos en la región como los
“sojeros”, que con intimidaciones exigían participar en el debate.
Los “sojeros” abordaron a los miembros de la CIDH y argumentaron que el Convenio
169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) era un error para la nación brasileña,
ya que permitía la “invención de indios” en la región y, en consecuencia, el reconocimiento
de territorios indígenas y quilombolas obstaculizaba el progreso y el desarrollo de Santarém.
Uno de los miembros de la CIDH respondió alegando que la Comisión estaba en Brasil por
invitación del Estado y tenía autonomía internacional para escuchar y reunirse con quien
quisiera. Los “sojeros” llegaron para “perturbar la reunión”, según un dirigente munduruku,
y ésta sólo pudo comenzar tras la llegada de la Policía Federal.
En noviembre de ese año, la CIDH emitió un comunicado de prensa en el que destacaba
los “crecientes obstáculos a la demarcación de sus tierras y las dificultades que presenta la
tesis del marco temporal” y resumía su experiencia en la región:

La comunidad indígena de la Aldea Açaizal, en Santarém/Pará, también es objeto de coacción,


amenazas e intentos de intimidación por ejercer la defensa de sus derechos. En este sentido, la
CIDH desea dejar constancia pública de que no sólo ha recibido denuncias sobre estas prácti-
cas, sino que también ha sido blanco directo de intimidaciones en la localidad (CIDH 2018).

8 Según Resolución n°1.387, del 24 de octubre de 2018.

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 26
Ese encuentro fue importante para dar visibilidad a los conflictos agrarios, amenazas y
violencia, que los indígenas y quilombolas enfrentan con mayor crudeza desde la llegada del
monocultivo de soja a la región. Los miembros de la CIDH adelantaron que se elaboraría un
informe con recomendaciones para que el Estado cumpla con sus obligaciones internacionales
en materia de derechos humanos.
Dos meses después de la creación del GT y semanas después de la reunión de la CIDH,
el entonces concejal comisario Jardel Guimarães (PODEMOS), propuso la creación de una
“Comisión parlamentaria especial de estudio sobre la proliferación de etnias y territorios en
el municipio de Santarém - PA”9. La Comisión se creó bajo la presión de los miembros del
Sirsan, asesorados por una consultora,10 basándose en el discurso desarrollista, según el cual
la presencia indígena y quilombola representa un obstáculo para el crecimiento económico
del agronegocio, es decir, para el progreso regional. Este discurso se apoya en la “ideología
del desarrollo”, según la cual la presencia de los pueblos indígenas y tradicionales en la
Amazonia supuestamente representa un atraso para la región, como lo planteara el concejal
Jardel Guimarães en la solicitud de apertura de la Comisión especial.
Por otro lado, hay estudios que muestran que las Tierras Indígenas (TIs) son modelos
eficientes de preservación y conservación de los bosques, pues son responsables por la re-
ducción de la deforestación, de los incendios y de las emisiones de carbono (Silva-Junior et
al. 2023), destacando su importancia para la protección de los bosques y la regulación del
clima global. Investigaciones recientes (Lapola et al. 2023) también señalan que el trabajo
colaborativo entre pueblos indígenas, quilombolas y otros actores sociales, como científicos,
activistas y gobiernos, es esencial para operacionalizar el monitoreo y el control de las dif-
erentes amenazas a la degradación forestal.
La creación de la “Comisión Especial” también puede entenderse a través de la idea de
agroestrategias (Almeida 2010), es decir, estrategias políticas de alianzas entre el agronegocio
y sectores políticos del Estado, con el objetivo de ampliar el control territorial y despojar de
sus derechos territoriales y étnicos a los pueblos indígenas, quilombolas y tradicionales, a
través de alianzas en las tres esferas del poder (Judicial, Legislativo y Ejecutivo). En este caso,
como consecuencia de la constitución de la CPI en FUNAI e INCRA hace años.
La Comisión especial fue ampliamente difundida en las redes sociales de sus integrantes y
en uno de sus posteos, en diciembre de 2018, el concejal afirma que “este aumento de grupos

9 Requerimiento nº 1.819, disponible en la página web del Municipio de Santarém. Disponible en: [Link]
[Link]/materia/7993. Última consulta: 20 de marzo de 2020.

10 “CARGILL compra soja de fincas que se superponen con territorio indígena en Santarém (PA)”. De olho nos
Ruralistas: observatório do agronegócio no Brasil, 27 oct. 2020”. Disponible en: [Link]
[Link]/ 2020/10/27/cargill-compra-soja-de-fazendas-sobrepostas-a-territorio-indigena-em-santarem-pa/. Última
consulta: 20.01.2022.

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 27
que se autodenominan “indígenas” y “quilombolas” viene creciendo de manera alarmante,
y con ello afectando el desarrollo económico de nuestra ciudad”11.
Así, destacamos el posicionamiento político y las acciones de algunos concejales de San-
tarém durante la legislatura 2017-2020, y su asociación con los sectores empresariales. La
creación de la “Comisión Especial” puede verse como un ejemplo de derivaciones de la CPI
de la FUNAI y el INCRA, ya que presentan argumentos similares, cuyo elemento principal
es el obstáculo al desarrollo. Las alianzas y articulaciones entre sectores empresariales y
políticos no son nada nuevo, sino que constituyen un complejo proceso de colonización local
y de diversos programas gubernamentales.
A pesar de los esfuerzos del concejal por atender la solicitud de los empresarios agroindus-
triales, el proceso de creación de la comisión especial no fue rápido, como señaló el delegado
Jardel en su intervención en la sesión ordinaria de la cámara del 16 de abril de 2019, en la
que expuso las presiones ejercidas por Sirsan sobre los concejales. Sólo cinco meses después
de la aprobación de la solicitud nº 1.819/18 se constituyó la comisión especial con carácter
temporal durante 120 días12 , con los siguientes miembros: Alaércio Magalhães Cardoso
(Partido Republicano Progresista - PRP), como presidente; Dayan Serique dos Santos (Partido
Popular Socialista - PPS13); Jackson Douglas Santana Ferreira (Partido Social Liberal - PSL);
Francisco Sousa (Partido de la Social Democracia Brasileña - PSDB); y Rogélio Cebuliski
(Partido Socialista Brasileño - PSB).
El concejal Chiquinho (PMDB) muestra su preocupación14, en una sesión ordinaria el
13 de junio de 2019, con los trabajos del GT Munduruku y Apiaká del Planalto Santareno:

un equipo de la FUNAI en posesión de una ordenanza de 2018 estaría estudiando la creación


de un área indígena en esa región. Se mostró preocupado porque, según el parlamentario, se
trata de un área ya consolidada por los agricultores. Afirmó que la Cámara no se quedaría
de brazos cruzados y que se movilizaría con los habitantes de la región y con el Ejecutivo
para que, junto con el nuevo presidente de la FUNAI y el Gobierno Federal, pudieran tratar
el asunto (Santarém 2019b).

El entonces concejal Rogélio Cebulisk, conocido como Gaúcho, señaló que “la Cámara
necesita acompañar la situación” del GT de la FUNAI, especialmente en lo que se refiere al
trabajo de campo, y dijo que participaría en una reunión con el presidente de FUNAI y otras
organizaciones, con el objetivo de demostrar la preocupación de los concejales y ruralistas con
el trabajo del GT. El concejal Alaércio Magalhães, en respuesta a esta supuesta “amenaza”

11 Disponible en: [Link] Última consulta:


20.03.2020.

12 Resolución nº 008, del 28 de mayo de 2019.

13 En septiembre de 2019, el Tribunal Superior Electoral (TSE) aprobó cambiar el nombre del Partido Popular
Socialista (PPS) por el de Ciudadanía.

14 Acta de la cuadragésima sesión ordinaria del Concejo Municipal de Santarém, del 3 de junio de 2019. Disponible
en: [Link]

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 28
de la FUNAI, destacó el compromiso de los concejales miembros de la Comisión Especial
con los sectores económicos y empresariales de la región.
Así, en ese momento, parte del segmento político santareno se oponía totalmente a los
derechos territoriales de indígenas y quilombolas, defendiertindo intereses rurales y desar-
rollistas, y reforzando la amenaza que el GT representaba para ellos. El discurso de los
concejales contenía la defensa a una supuesta ocupación consolidada del Planalto Santareno
por agricultores no indígenas, ignorando totalmente la presencia de indígenas y quilombo-
las en la región, así como la articulación entre empresarios y políticos, y la negación de la
diversidad étnica regional. Según un líder kumaruara, el concejal Delegado Jardel intentó
acercarse en 2019, a través de mensajes en las redes sociales. El líder se mostró sorprendido
por este contacto, ya que el concejal había sido uno de los responsables de la creación de la
Comisión Especial, respondiéndole que tenía intereses y un “formato racista”.
No fue posible encontrar en los canales oficiales ningún documento, como un informe
parcial o final sobre el trabajo de la comisión especial, que demostrara una actuación efectiva
de los concejales. Al parecer, su investigación sobre la “proliferación de grupos étnicos” en
Santarém tenía un objetivo concreto: el seguimiento del trabajo del GT Munduruku y Apiaká
del Planalto Santareno, que afecta directamente a los objetivos de los grupos aliados a los
intereses del agronegocio.
El único registro encontrado en el sitio web del ayuntamiento de Santarém sobre el tra-
bajo de la “Comisión Especial” fue la rendición de cuentas del viaje realizado por el concejal
Chiquinho a Brasilia (Distrito Federal) para reunirse con el entonces presidente de la FUNAI
y otros políticos, con el fin de tratar cuestiones relacionadas con los pueblos indígenas.15
Seis meses después de su creación, la “Comisión Especial” fue desactivada y su informe
no está disponible en la página web del Municipio de Santarém. Entre las diversas cuestiones
que surgen del análisis de la creación de la Comisión Especial, llama la atención la utilización
de mecanismos estatales para organizar el paso del “gran cerco de paz” al “gran cerco del
agronegocio” en torno a los territorios indígenas y quilombolas. (Souza Lima 1995)
La presencia y las resistencias indígenas, y quilombolas, enfrentan a estos empresarios,
pues las formas tradicionales de ocupación de estos territorios son consideradas incompatibles
con el avance de la producción de commodities como la soja. De esta forma, el reclamo de
demarcación de territorios étnicos representa no sólo la protección del medio ambiente, sino
también la reproducción de prácticas culturales antagónicas al actual proyecto de Estado-na-
ción desarrollista puesto en práctica por diversos gobiernos brasileños.
En este contexto regional, la relación entre los municipios, el estado y el gobierno federal
establece una conexión entre las élites políticas locales y las autoridades, estatales y federales,

15 Conforme al acta de la decimosegunda sesión ordinaria, realizada el 9 de septiembre de 2019.

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 29
como parte de un “sistema” construido sobre un “juego de coerción y cooptación ejercido a
nivel nacional” (Carvalho 2012: 12).
Cuando consideramos las conexiones a nivel federal, emergen las redes de relaciones
formadas entre los representantes de la llamada bancada ruralista y los miembros de la CPI
de la FUNAI y el INCRA, y los efectos de estas alianzas en el avance de los frentes de ex-
pansión sobre los territorios protegidos. El sistema de actuación de las fuerzas políticas que
representan estos intereses predominantes en defensa de un modelo desarrollista de flexibi-
lización de la legislación ambiental, con vistas al avance del agronegocio, será descrito en el
próximo apartado.

LA COMISIÓN PARLAMENTARIA DE INVESTIGACIÓN (CPI) Y


LA BANCADA RURALISTA EN EL CONGRESO NACIONAL

En el plano federal, la CPI de la FUNAI y el INCRA, creada en noviembre de 2015


por el Congreso Nacional16, sirvió de modelo a las Comisiones especiales que le siguieron,
como la de Santarém. La especificidad de esta CPI del Congreso Nacional se relaciona con
la forma en que sus acciones se alinean con otras innumerables inversiones en la apropiación
de “dispositivos de naturaleza esencialmente estratégica” que, en la perspectiva de Foucault
(1979), han producido relaciones de poder como dispositivo político, que han tenido impacto
en los derechos territoriales, ambientales, culturales e incluso individuales y colectivos.
Una atenta lectura al conjunto documental producido por la CPI ha permitido la iden-
tificación de las racionalidades que permitieron la modificación de un determinado estado
de cosas, mediante la producción de verdades, el abuso de poder y la manipulación de los
instrumentos estatales al servicio de intereses alejados de los basados en el reconocimiento
de los derechos territoriales y culturales. El examen de fenómenos dinámicos en términos de
procesos de toma de decisiones y resolución de conflictos, en contextos culturales y territo-
riales, como los abordados por esta Comisión, puso de relieve la dimensión procedimental
de la política.17
En un intento de identificar los elementos que componen la CPI FUNAI/INCRA, hemos
realizado un mapeo de las trayectorias políticas de los diputados participantes en esta Comis-

16 Creada el 11/11/2015, la Comisión Parlamentaria de Investigación sobre la FUNAI y el INCRA fue presidida por
el diputado Alceu Moreira (PMDB/RS), quien condujo su actuación con el objetivo de investigar el trabajo de los
antropólogos de la FUNAI y el INCRA, especialmente en lo que respecta al uso de criterios para la demarcación
de las tierras indígenas y las tierras remanentes de quilombos. También pretendía averiguar “las causas y los efec-
tos de los conflictos sociales y territoriales en el proceso de demarcación de tierras indígenas y áreas remanentes
de quilombos” supuestamente desencadenados por estas instituciones (como se cita en el Plan de Trabajo, Brasil
2015a: 3), poniendo en peligro el reconocimiento de los derechos territoriales y culturales, y creando un escena-
rio de inestabilidad e incertidumbre política.

17 Para este análisis, me valgo de la definición de política propuesta por Swartz, Turner & Tuden (1966) que consi-
deran que el estudio de la política es el estudio de los procesos implicados en la determinación e instrumentaliza-
ción de los objetivos públicos y en la conquista, y uso diferencial, del poder por parte de los miembros del grupo
en relación con estos objetivos (Swartz, Turner y Tuden 1966: 105).

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 30
ión. Por lo que pudimos saber, sus miembros se sitúan como elementos de este dispositivo
esencialmente estratégico, defensor de los intereses privados de una élite rural, lo que puede
demostrarse siguiendo su trayectoria política, pero también su distribución partidaria. En
este sentido, a partir de las aportaciones de los autores mencionados, observamos cómo los
distintos partidos y sus miembros operan, y manipulan, las creencias de los distintos grupos
para servir a sus intereses. Como destacan: “las creencias se conciben en un proceso dinámico
dentro de la vida social cotidiana y la creación y desarrollo de nuevos grupos y relaciones”
(Swartz, Turner y Tuden 1966: 102).18
Las regiones que son el foco de la investigación del IPC corresponden a territorios en
constante disputa, como es el caso de la mayoría de los estados de la región norte del país
(Amazonas, Pará, Acre, Rondônia, Tocantins y Amapá). Al contrastar estos datos con la
información recogida por el Censo Agropecuario (IBGE 2017) sobre la ocupación de la tierra
en Brasil, se observa la concentración de empresas capitalistas, especialmente establecimientos
agropecuarios, en todas las regiones del país. Al analizar estos datos, queda claro que los
miembros de la mencionada Comisión utilizan situaciones de conflicto social y territorial
como casos emblemáticos para atacar los criterios utilizados por la FUNAI y el INCRA para
demarcar las tierras indígenas y los remanentes de quilombos. Según Swartz, Turner y Tuden
(1966), las metas corresponden a un fin político deseado que está presente, aunque no se
dé universalmente. Estas prácticas convergen en áreas donde operan empresas capitalistas,
principalmente agroindustrias, ganaderías y empresas mineras. En términos de los autores,
Es verdad que la política siempre tiene que ver con metas, pero es útil reconocer que meta
no es un concepto unívoco y que lo aquí se requiere es que haya un forcejeo por algo que
está en competencia. Esta competencia, sin embargo, debe ser de una clase particular y, para
explicarla, es necesario mirar brevemente lo que se quiere decir con que sea el “tamaño del
grupo” (Swartz, Turner y Tuden 1966: 103).
En este sentido, cabe preguntarse: ¿qué grupos están implicados en esta CPI y qué obje-
tivos defienden? En la Audiencia Pública, contrariamente a los argumentos esgrimidos por
esta CPI, la narrativa presentada por uno de los diputados presentes parecía responder a
esta pregunta, trayendo a la memoria el trabajo histórico de la Comisión Parlamentaria de
Investigación sobre la FUNAI y el INCRA. En opinión del entonces diputado João Daniel
(PT), tanto la FUNAI como el INCRA se enfrentaron a procesos de desmantelamiento y
ataques destinados a desmovilizar la estructura organizativa e impedir así la continuidad de
los procesos de titulación y demarcación territorial. En este sentido, afirmó:

18 En un análisis de las condiciones de posibilidad de la jusdiversidad en un contexto poscolonial, a través de inves-


tigaciones etnográficas realizadas en el estado de Roraima (Comunidad Manoá - Tierra Indígena Manoá-Pium)
y en la Tierra Indígena Raposa Serra do Sol (Comunidad Enseada y Comunidad Orinduque); y en el estado de
Mato Grosso, en la Tierra Indígena Capoto-Jarina, Tardelli, Oliveira y Lobão (2020) han llamado la atención
sobre cómo, en estos tres casos, la actualización y el ejercicio del poder tutelar que afecta a los pueblos indígenas
es un modo de poder que revela un modus operandi de este poder tutelar del Estado y que es también un poder
de gubernamentalización.

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 31
Esta no es una CPI para perseguir a dos organismos desestructurados, que necesitan ser
estructurados para cuidar de lo que es un patrimonio fundamental de la historia y de la
cultura brasileña, que son los pueblos rurales, que son los pueblos indígenas, que son las
comunidades tradicionales, que son los quilombolas.

Y fue a través del Incra y de la Funai que la mayoría de las políticas fueron implemen-
tadas. Fueron, porque estamos viendo un gobierno débil en políticas sociales, en políticas
agrarias y en políticas indígenas. Así que hay preocupación y estamos interesados en recibir
este informe y dar nuestra opinión y nuestra contribución.
Ahora vengo de la comisión de agricultura y creo que estaremos aquí para contribuir,
dando ideas para este informe, pero al mismo tiempo defendiendo con mucha firmeza que
queremos un estado donde haya organismos públicos y autarquías que sirvan para implementar
políticas nacionales, especialmente para la gente más pobre de este país que son los pueblos
indígenas, que son los quilombolas, sin tierra, ocupantes ilegales, ribereños que son atendidos
por estos dos órganos (Diputado João Daniel, PT/SA, 3ª Audiencia Pública, 23/11/2016)
La descalificación de los argumentos presentados en los laudos e informes antropológicos,
apoyados en investigaciones etnográficas y empíricas, posibilitó que fueran apropiados como
pruebas testimoniales contrarias a los objetivos para los que fueron concebidos, sirviendo a los
resultados orquestados por la CPI FUNAI/INCRA sobre situaciones de conflictos territoriales
y demandas de reconocimiento de derechos culturales por parte de indígenas, quilombolas,
poblaciones ribereñas y otros pueblos, y poblaciones, tradicionales.
El método inductivo adoptado por los diputados en función investigativa sirvió a los
propósitos de la CPI de cuestionar los procesos de demarcación de los territorios indígenas y
quilombolas en el país, en áreas donde los parlamentarios tenían intereses en sus estados de
origen y/o donde se expandían empresas capitalistas, como en el caso de la frontera amazónica.
En este sentido, el Informe de la CPI es el resultado de un proceso de constantes negocia-
ciones, manipulaciones, elecciones y decisiones arbitrarias, frente a una realidad normativa
que ha negado –desconociendo normas constitucionales y disposiciones legales– derechos
culturales, y territoriales, a los pueblos y poblaciones tradicionales. Los Informes Técnicos
de Identificación y Delimitación (RTID/Incra, por sus siglas en portugués) y la Ordenanza
Declaratoria de Posesión Tradicional Indígena (PDPTI, en portugués) que fueron investigados
en el ámbito de este IPC, por región, son los siguientes:
En Rio Grande do Sul: los territorios indígenas Votouro-Kaingang, Votouro-Guarani,
Ventarra, Monte Caseros, Serrinha y Nonoai; la Comunidad Remanente del Quilombo de
Morro Alto; la Comunidad Remanente del Quilombo de Rio Pardo;
En Santa Catarina: Tierra Indígena Morro dos Cavalos;
En Pará: Tierra Indígena Apyterewa; Proyecto de Asentamiento Belauto;
En Mato Grosso do Sul: Comunidad Indígena Amambai;

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 32
En Mato Grosso: Tierra Indígena Pequizal de Naruvôtu; Tierra Indígena Kapotnhinore;
Tierra Indígena Maraiwãtsédé;
En Bahia: Tierra Indígena Tupinambá de Olivença.
Todos estos casos de reconocimiento de derechos territoriales fueron definidos por la CPI
como “trapazas antropológicas”, al ser juzgados en base a parámetros y procedimientos alejados
de la práctica antropológica. Además, en el proceso de criminalización de antropólogos y mov-
imientos sociales en el ámbito de la CPI, aparece la acusación de compromiso ideológico “sin la
imparcialidad necesaria”, elaborada en interés de grupos extranjeros, fundaciones, ONG que
financiaron “la masa de maniobra para las reivindicaciones territoriales” (Brasil 2015b: 1621)
Las acciones de la Comisión Parlamentaria en cuestión muestran un claro interés en
satisfacer las demandas y propósitos de este espacio semántico y social, que evoca para sí
“el poder de influir en la narrativa” (Bensa 1998: 51), un poder que asegura la continuidad
de la realidad social, como en casa, incluyendo la ‘casa’ legislativa. En este sentido, el desen-
volvimiento de esta CPI puede entenderse, en la coyuntura actual, a partir del uso de la
máquina burocrática y del fácil acceso al funcionamiento de la estructura pública por parte
de los diputados del Frente Agrario Parlamentario, que desde entonces vienen promoviendo
acciones para responsabilizar a presuntos infractores, especialmente a aquellos que impidieron
o dificultaron la expansión de prácticas desarrollistas en territorios y espacios protegidos.
Como ejercicio analítico para mostrar al lector una de estas redes que atraviesa la CPI, pero
que no se agota en ella, elegimos el caso de una empresa capitalista que, desde hace más de
dos décadas, compite por la explotación comercial de recursos en la región de Santarém (PA).
La empresa, fundada a mediados de la década de 1960 y con sede en São Paulo, tiene como
actividad principal la fabricación de aceites vegetales refinados, así como el comercio al por
mayor de materias primas agrícolas con actividades asociadas de fraccionamiento y envasado,
entre otras. A pesar de tener sede nacional, se trata de una multinacional americana (Cargill)
que produce y procesa alimentos. La empresa tiene cerca de 180 sucursales, diez de ellas en la
región de Pará (en los municipios de Medicilândia, Paragominas, Santarém, Abaetetuba, Al-
tamira, Castanhal, Belém y Uruará), además de seis unidades en Rondônia y tres en Tocantins.
Las actividades de la empresa en la región de Santarém han llamado especialmente la
atención por el incumplimiento de las condiciones del estudio de impacto ambiental que, a lo
largo de más de dos décadas, a pesar de las deficiencias históricas, ha hecho que se le reno-
varan las licencias de explotación del Puerto, y está asociada al crecimiento de la producción
de soja en el municipio, según datos recogidos por Terra de Direitos (2021).
Farias (2023), en un estudio sobre los impactos del Distrito Industrial Barcarena/PA, mostró
cómo las acciones de los grandes proyectos en la Amazonia están subordinadas a intereses
externos a la región. Según este autor, se trata de un proceso históricamente relacionado con
el mercado global de commodities, bajo el régimen de plantation que, como ya señalamos en
este texto, se encarna en un tipo de poder autocrático del sistema coronelismo, azada y voto.

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 33
El caso analizado por Farias (2023) es otro caso ejemplar para pensar las contradicciones
entre impactos ambientales y conflictos, revelando procesos de desterritorialización, procesos
de expansión habitacional en áreas ambientales frágiles, así como procesos de segregación
socioespacial que exacerban nuevos impactos ambientales, y conflictos que movilizan suje-
tos institucionales históricos, grupos sociales y empresarios. Como hemos señalado en este
artículo, se trata de un formato que se reproduce en diferentes situaciones de conflicto.
Según las denuncias, la llegada de la multinacional a la región provocó un proceso de
cambios en el uso y ocupación del suelo, expulsando a los pequeños agricultores y generando
una fuerte presión sobre las áreas boscosas para cultivo. Datos del Instituto Nacional de In-
vestigaciones Espaciales indican que, desde la implantación de la agroindustria en el municipio
de Santarém, entre 2000 y 2018, se han reducido más de 1.000 kilómetros cuadrados de
bosque (el equivalente a 100.000 campos de fútbol). En el mismo estudio, Terra de Direitos
(2021) señaló que, con la llegada del cultivo de soja, se produjo un proceso de valorización
de la tierra y la consiguiente expropiación de pequeños agricultores que, presionados, aban-
donaron sus tierras. A este proceso se suma la contaminación de los cuerpos de agua y la
extinción de animales, debida a la aplicación de agrotóxicos.19
Los efectos adversos causados por la implantación de la multinacional Cargill en el estado
de Pará también apuntan a la violación de los derechos indígenas y de las comunidades tradi-
cionales por el auge de la soja en áreas protegidas. La terminal portuaria para la exportación
de granos, una de las principales actividades de la empresa, fue construida sobre un cementerio
indígena ancestral del pueblo Tapajós, los primeros ocupantes de la región. Como símbolo
de la destrucción en nombre del desarrollo, las consecuencias para los pueblos y poblaciones
tradicionales de las Tierras Indígenas Munduruku y Apiaká, en la meseta de Santarém, y de
los Quilombos Maicá-Ituqui, son desastrosas y están empujando a los territorios quilombolas
e indígenas hacia la desaparición (Rego & Vieira 2023).
En el caso de la Tierra Indígena Apyterewa y el Asentamiento Belauto, el Tribunal Su-
premo dictó en 2019, en nombre de la pacificación de los conflictos sociales y la garantía de
los derechos, una medida cautelar:

(...) las decisiones causan graves daños a la seguridad pública al crear la posibilidad de que
personas no indígenas regresen a la Tierra Indígena Apyterewa, ya que ellos pueden ser
expulsados del asentamiento en cualquier momento y no recibir recursos para iniciar o con-
tinuar el proceso de producción agrícola en el asentamiento. En este sentido, argumenta que
el eventual retorno de los colonos a la Tierra Indígena Apyterewa, en contra de su voluntad,
podría exacerbar el conflicto que ya existe entre ellos en el proceso de expulsión.

19 Silva y Santos (2023) llaman la atención sobre lo que llaman la “escalada de plaguicidas” durante el gobierno de
Bolsonaro. Según los autores, a partir de una investigación cuantitativa sobre el uso de agroquímicos en Brasil,
se ha flexibilizado y liberado el uso de más de 2.000 productos agroquímicos, frente a las 48 nuevas sustancias
agroquímicas liberadas por el Ministerio de Agricultura durante el gobierno de Lula, según los datos de los au-
tores (Silva y Santos 2023: 22).

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 34
Por último, el demandante informa de la existencia de una investigación policial contra
individuos que afirman ser los legítimos propietarios de la Fazenda Belauto, por amenazar
de muerte a los colonos para que abandonaran la granja y por intentar ilegalmente obtener la
posesión de la fazenda destruyendo bienes públicos pertenecientes al INCRA (Jusbrasil 2019).
La sentencia se dictó en el proceso de recuperación de la posesión de las tierras por parte
de los indígenas en el asentamiento de Belauto. Según los autos del caso judicial, cerca de
200 familias no indígenas fueron asentadas por la FUNAI tras el proceso de expulsión de la
Tierra Indígena Apyterewa. La sentencia paraliza la ejecución del asentamiento, con reper-
cusiones directas en la demarcación de la tierra indígena.
Los conflictos derivados de la expansión del agronegocio en territorios de ocupación
tradicional en el estado de Pará convergen con las inversiones en la ampliación de la terminal
de Santarém y la construcción de la Estación de Transbordo de Cargas de Miritituba, junto
a la adquisición de una flota fluvial (con el objetivo de aumentar la capacidad de exportación
de la terminal de 2 a 5 millones de toneladas/año).
La expansión del agronegocio en la región se ha posicionado estratégicamente a través
de una fuerte actuación en las instancias de legitimación y consagración del desarrollo, a
cualquier precio y como una necesidad impostergable. La flexibilización de las normas ambi-
entales y la facilitación de la apertura del mercado de tierras protegidas para la explotación
capitalista han sido orquestadas por miembros del Frente Parlamentario Agropecuario (FPA).
Según datos del Observatorio del Agronegocio en Brasil, en 2019, el Instituto Pensar
Agro (IPA), financiado por 38 asociaciones del agronegocio, recibió cerca de 760 mil reales
por mes. El Instituto es el motor logístico del FPA, que da soporte técnico al grupo de 257
diputados y senadores, la mayor bancada del Congreso Nacional. No es coincidencia que
el actual presidente – el Diputado Alceu Moreira (sucesor de la exministra de Agricultura
Tereza Cristina) – también presidiera la CPI de la Funai y del Incra en 2015. Así, con el pago
de una mensualidad de 20 mil reales cada una, las 38 asociaciones dirigen sus recursos al
IPA, y ambas (IPA y FPA) comparten la misma dirección en Brasilia.
La extensa lista de patrocinadores de la bancada ruralista incluye, por lo tanto, a mul-
tinacionales y a empresas brasileñas, organizadas en asociaciones, como es el caso de la
Asociación Brasileña de Productores de Semillas de Soja, la Asociación Brasileña de Proteí-
na Animal, la Unión de la Industria de la Caña de Azúcar, la Asociación Brasileña de la
Industria del Tabaco, la Asociación Brasileña de la Industria de Aceites Vegetales, además
del Sindicato Nacional de la Industria de Alimentación Animal, el Sindicato Nacional de la
Industria de Productos para la Salud Animal y el Sindicato Nacional de la Industria de Pro-
ductos para la Defensa Vegetal. Cabe destacar aquí que la empresa mencionada en el texto,
cuyas actividades se concentran en Santarém, financia a dos de estos apoyadores del IPA:
a la Asociación Brasileña de la Industria de Aceites Vegetales y al Sindicato Nacional de la
Industria de Productos para la Salud Animal.

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 35
El IPA tiene un papel fundamental en la legitimación del desarrollo, produciendo ma-
terial de apoyo para la formulación de proyectos de ley y las discusiones que han sido pro-
tagonizadas por sus diputados en el FPA. Así, con el 44% del total de votos en el Senado (el
grupo ocupa 32 de las 81 bancas), son decisivos para derribar cualquier interés contrario a
la política desarrollista de producción y exportación de materias primas.
Con el objetivo de mapear las trayectorias de estos diputados, especialmente aquellos que
integraron la CPI de la FUNAI y del INCRA, se pudo observar su destacada actuación en
comisiones cuya agenda está asociada a los intereses de la actividad agropecuaria, de activi-
dades extractivas y mineras, como es el caso de las Comisiones: de Agricultura, Ganadería,
Abastecimiento y Desarrollo Rural; Desarrollo Económico, Industria, Comercio y Servicios;
Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible; Integración Nacional, Desarrollo Regional y de
la Amazonía; Minas y Energía. Además, participaron en la votación de Propuestas de En-
miendas Constitucionales y Proyectos de Ley (como, por ejemplo, la PEC 215/00 sobre la
demarcación de tierras indígenas; la PEC 1610/96 sobre la explotación de recursos en tierras
indígenas; el PL 0037/11 sobre minería) que suman esfuerzos que van más allá del periodo
de esta CPI, pero que la complementan en el logro de intereses estrechamente relacionados
con la expansión de emprendimientos capitalistas en el país, especialmente del (de los) agro-
negocio(s), como lo menciona Santos (2021; 2022).
También vale la pena mencionar el papel decisivo desempeñado por los miembros del FPA en
el éxito del proceso de destitución de la presidenta Dilma Rousseff en 2016 (50% de los votos)
y la retención del presidente Michel Temer en 2017 (con el 55% de los votos válidos). En 2018,
los recursos del FPA se utilizaron para financiar la campaña del expresidente Jair Bolsonaro.
Así, los miembros del FPA se sitúan como elementos de este dispositivo esencialmente
estratégico, defendiendo los intereses privados de los grupos rurales y los objetivos públicos
nacionales. Como demuestra Santos (2022), Las instancias de legitimación y consagración
de los argumentos movilizados por los miembros de la CPI, en especial aquellos identificados
con la bancada ruralista, “terminan por informar planes, programas, proyectos y demás
formas de poder del Estado” y otros operadores de esta sofisticada tecnología de poder mo-
vilizada por el propio Estado, pero también las provenientes de inversiones extranjeras cuyo
discurso es facilitar las transacciones comerciales y abrir el mercado de tierras, a proyectos
agrícolas y de commodities minerales y agrícolas, muchas de las cuales gozan de incentivos
fiscales y crediticios, en nombre del desarrollo financiado por el Banco Mundial (BIRF) y el
Banco Interamericano de Desarrollo (BID), agencias internacionales de cooperación finan-
ciera (Almeida 2008: 13). Los planes presentados por el Frente Agrario Parlamentario están
en consonancia con la tesis defendida por el marco temporal, restringiendo el derecho de
ocupación a la posesión de tierras reivindicadas en la fecha de publicación de la Constitución
Federal de 1988, como analizaremos a continuación.

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 36
LA TESIS DEL MARCO TEMPORAL

La tesis jurídica del marco temporal ha sido encabezada por la bancada ruralista en el
Congreso Nacional, según la cual los pueblos indígenas sólo tendrían derecho a las tierras
ya ocupadas al 5 de octubre de 1988, cuando se promulgó la Constitución Federal.
La aprobación de esta tesis significará que cerca de 300 procesos de demarcación de tierras
indígenas en el país quedarán estancados, a la espera de una decisión de la Corte Suprema.
Bajo el argumento de garantizar la seguridad jurídica, en 2021, el juez Nunes Marques votó a
favor del marco temporal basándose en el conflicto entre indígenas Xokleng y agricultores. La
tierra indígena Ibirama-Laklãnõ, de aproximadamente 80.000 metros cuadrados y ocupada
por los Xokleng desde 2003, viene siendo objeto de disputas judiciales.
Según los argumentos del ministro, la supuesta seguridad jurídica está asociada a la
necesidad de frenar la “expansión ilimitada” en áreas que ya han sido incorporadas al mer-
cado de tierras; es decir, tierras públicas que ya han sido incorporadas al patrimonio privado
de los agricultores del país.
Esta tesis del marco temporal es defendida en el Proyecto de Ley (PL) 2.903/2023 (Senado
Federal 2023), que propone la modificación del artículo 231 de la Constitución Federal, para
disponer sobre el reconocimiento, la demarcación, el uso y la gestión de las tierras indígenas;
así como alterar la aplicación de las Leyes nº 11.460, del 21 de marzo de 2007; nº 4.132,
del 10 de septiembre de 1962; y nº 6.001, del 19 de diciembre de 1973. El PL fue aprobado
por el Senado Federal con el objetivo de reglamentar los derechos originarios de los pueblos
indígenas sobre las tierras que ocupan. Así lo define el artículo 4º:
Son tierras tradicionalmente ocupadas por indígenas brasileños aquellas que, en la fecha
de la promulgación de la Constitución Federal, estaban simultáneamente:

I - habitadas por ellos de forma permanente;

II - utilizadas para sus actividades productivas;

III - esenciales para la preservación de los recursos ambientales necesarios a su bienestar;

IV - necesarias para su reproducción física y cultural, de acuerdo con sus usos, costumbres
y tradiciones (PL 2.903/2023).

Los requisitos legales impuestos se basan en criterios llamados “objetivos”, siendo que
“la ausencia de la comunidad indígena al 5 de octubre de 1988 en el área pretendida excluye
su encuadramiento en el inciso I” (“habitada por ellos de forma permanente”). Además,
con 43 votos a favor (y sólo 21 en contra), el proyecto autoriza la explotación económica
de las tierras indígenas (objeto de otro proyecto que pasó por el Congreso en 1996, el PL
1.610/1996; así como del PEC 215/00, que proponía una revisión de los criterios de de-
marcación de las tierras indígenas). Ambas propuestas contaron con la participación de la

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 37
bancada ruralista, que desempeñó un papel significativo durante la CPI sobre la FUNAI y
el INCRA (2015-2016). Cuando la presidenta Dilma Roussef fue destituida en 2021, el FPA
tenía 39 senadores. En 2023, este número llegó a 50.20 Los senadores que votaron a favor del
proyecto son miembros del FPA y, como resultado de la votación, se observa que las alianzas
formadas por sus miembros fueron decisivas para la aprobación del Proyecto de ley del marco
temporal, concentrando el 80% de los votos. Los argumentos esgrimidos por los senadores
corresponden a la necesidad de devolver la seguridad jurídica a quienes están “en el campo
trabajando y produciendo” (como dijo el senador Marcos Rogério). En la misma línea, la
senadora Zequinha Marinho y la senadora Margareth Buzetti también hicieron hincapié en
que el papel del Senado es legislar “para que otros no hagan su papel”.
La necesidad de dar una respuesta de extrema importancia para contribuir a la pacificación
del país fue otro argumento esgrimido por los senadores, como se defendió en el voto de la
senadora Tereza Cristina; llevar “paz al campo, paz a la ciudad”21 remite a una propuesta
de silenciamiento del debate político, plagado de inconstitucionalidades, como intento de
deslegitimar la decisión sobre el marco temporal que debe dictar el Supremo Tribunal Federal.
Tomando como objeto los argumentos esgrimidos por la CPI de la FUNAI y el INCRA,
y la votación del Proyecto de Ley de Marco Temporal, podemos comprender los efectos de la
manipulación de los aparatos políticos para servir a intereses muy alejados de los basados en
el reconocimiento de los derechos territoriales y culturales protegidos por el Estado brasileño.
Para concluir, en lugar de retomar los argumentos desarrollados en el artículo, presenta-
remos algunos comentarios sobre los enfrentamientos entre actores políticos opuestos en el
orden institucional del Estado brasileño.
El 30 de agosto de 2023, el Supremo Tribunal Federal (STF) reanudó el debate de la tesis
del marco temporal, que establece la fecha del 5 de octubre de 1988 como marco jurídico
para la demarcación de las tierras indígenas – el mismo año en que se promulgó la llamada
Constitución Ciudadana, considerada un símbolo del proceso de redemocratización nacional
– aunque sin tener en cuenta las injusticias históricas cometidas y la expansión de la frontera
agrícola sobre territorios tradicionalmente ocupados e áreas protegidas de la Unión.
Desde 2021, esta sentencia ha movilizado a los pueblos indígenas de Brasil y a sus aso-
ciaciones, que actualmente están representadas por su propio Ministerio en el Gobierno
asumido recientemente. Según denuncian, el marco temporal amenaza la supervivencia de
muchas comunidades indígenas y de sus áreas de bosque preservadas.
En el Supremo Tribunal Federal, la tesis del marco temporal ya había sido rechazada por
el voto del relator, el Ministro Edson Fachin, argumentando que “la Constitución reconoce

20 Disponible en: [Link]

21 Disponible en: [Link]

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que el derecho de los pueblos indígenas a sus tierras de ocupación tradicional es un derecho
originario, es decir, anterior a la propia formación del Estado”.
Anticipándose a la reanudación de este juicio por parte de aquella Corte, la Comisión de
Agricultura y Reforma Agraria (CRA) del Senado, representada principalmente por miembros
de la bancada ruralista del Congreso Nacional, siguiendo una decisión ya tomada por la Cámara
de Diputados en mayo de ese año, votó el 23 de agosto de 2023 a favor de la aprobación de
la tesis del marco temporal (Proyectos de Ley 2.903/2023 y PL 490/2007, respectivamente).
Esta decisión, que reglamenta el marco temporal, ha sido celebrada por los políticos
en redes sociales como una victoria, y reabre viejas heridas que sugieren un tipo de poder
autocrático encarnado en un nuevo “coronelismo, azada y voto”, ya analizado por Victor
Nunes Leal, ex miembro del Tribunal Supremo destituido por la dictadura militar.
El 21 de septiembre de 2023, la Corte Suprema revocó la tesis del marco temporal para
la demarcación de las tierras indígenas, decidiendo por 9 votos contra 2 que no depende de
si las comunidades estaban ocupando o disputando el área en la fecha de promulgación de
la Constitución Federal. La decisión fue tomada en el contexto de la sentencia del Recurso
Extraordinario (RE) 1017365, con repercusión general (Tema 1.031), cuya tesis fue fijada como
parámetro para tratar otros 226 casos similares en suspenso, en espera de esta definición.
Esta votación fue seguida multitudinariamente por indígenas y sus representantes en el
Plenario del STF, incluyendo acampadas en el patio del estacionamiento en Brasilia. El voto
de los magistrados, especialmente el de la jueza Rosa Weber, destacó que:

la posesión de la tierra por parte de los pueblos indígenas está relacionada con la tradición,
y no con la posesión inmemorial. (...) Se trata de derechos fundamentales que no pueden ser
mitigados. (...) que la posesión tradicional no se agota con la posesión actual o la posesión
física de la tierra.

En este contexto, la tesis del marco temporal de las tierras indígenas, que respeta única-
mente el área de tierra ocupada por los pueblos originarios hasta la fecha de la promulgación
de la Constitución, y no en cualquier momento, fue considerada inconstitucional.
Sin embargo, el 14 de diciembre de 2023, el Congreso Nacional votó el veto de forma
fragmentaria y volvió a convertir en ley el apartado que daba nombre al proyecto, definiendo
las tierras tradicionalmente ocupadas como aquellas habitadas y utilizadas por los indígenas
para sus actividades productivas a la fecha de promulgación de la Constitución Federal de
1988. Este punto específico, analizado individualmente a través de un destaque, recibió 53
votos por el rechazo y 19 por su mantenimiento en el Senado, y 321 votos por revocarla y 137
por mantenerla en la Cámara de Diputados. Así, con el rechazo del veto, los indígenas sólo
tendrán derecho a la demarcación de las áreas que ocuparon hasta el 5 de octubre de 1988,
volviendo a la tesis original del Proyecto de Ley 2.903/2023 presentado por el ex diputado
Homero Pereira (MT), bajo informe del senador Marcos Rogério (RO). Cabe señalar que el

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 39
presidente Lula ya había vetado el proyecto de ley con el argumento de que los vetos eran
necesarios debido a la decisión del STF, ratificando la tesis emitida el 21 de septiembre.
Finalmente, utilizando el concepto de coronelismo de Victor Nunes Leal, interpretado
por José Murilo de Carvalho (2012), hemos querido reflexionar sobre cómo, en este caso, el
orden privado y la organización política nacional se imbrican, y dictan el curso de las políti-
cas agrícolas desarrollistas orientadas a la exportación de monocultivos y a la producción
de commodities desde una perspectiva histórica, nacional y global.
Desde el punto de vista del movimiento y las organizaciones indígenas, el marco temporal
representa un riesgo para el reconocimiento y demarcación de las tierras indígenas y vulnera el
derecho a la consulta previa, libre e informada, garantizado por el Convenio 169 de la Organi-
zación Internacional del Trabajo, según el cual los pueblos indígenas y tribales deben participar
en el proceso de toma de decisiones administrativas y legales que les afectan directamente.
Desde esta perspectiva, también cabe destacar que la exclusión de los pueblos indígenas
de este tipo de juicio del marco temporal en el Congreso Nacional, a pesar de sus posiciones
contrarias ampliamente difundidas en el ámbito público, socava los supuestos éticos que
pueden regular la relación entre las minorías étnicas y el Estado-nación brasileño.
La sentencia del STF contraria al marco temporal y, consecuentemente, la votación del
proyecto de ley. defendida por la Bancada Ruralista y aprobada por el Senado Federal, plantea
la cuestión de la moralidad de las acciones promovidas por el Estado nacional en relación
a sus minorías étnicas y raciales, así como la relevancia de “una ética que pueda regular
las relaciones entre los pueblos indígenas”, otras minorías y el Estado-nación (Cardoso de
Oliveira 1996: 33).
Este enfrentamiento entre actores institucionales como el Tribunal Supremo y el Congreso
Nacional, representado por la Bancada Ruralista con ramificaciones en el ámbito político
local y sus élites agrarias, pone en juego los principios que deben regir nuestra moral insti-
tucional y política para toda la sociedad brasileña, más allá de la cuestión de los derechos
territoriales y culturales de los pueblos indígenas.

Translated by Federico Lavezzo.


Received: March 4, 2024.
Approved: November 5, 2024.

Declaración de disponibilidad de los datos de la investigación:


Todo el conjunto de datos de apoyo a los resultados de este texto ha sido publicado en el
mismo artículo.

Eliane Cantarino O’Dwyer; Priscila Tavares dos Santos; Katiane Silva VIBRANT | 22.2025 40
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Apéndice 1
Cuadro 1 – Senadores que votaron favorablemente al marco temporal y la composición del FPA (2023)

Nome do senador FPA


Alan Rick Sim
Carlos Viana Sim
Ciro Nogueira Não
Cleitinho Sim
Damares Alves Sim
Daniella Ribeiro Não
Davi Alcolumbre Não
Dr. Hiran Sim
Eduardo Girão Sim
Eduardo Gomes Sim
Efraim Filho Sim
Esperidião Amin Sim
Fernando Dueire Sim
Fernando Farias Sim
Flávio Arns Sim
Hamilton Mourão Sim
Jaime Bagattoli Sim
Jayme Campos Sim
Jorge Kajuru Sim
Jorge Seif Sim
Laércio Oliveira Sim
Lucas Barreto Não
Magno Malta Sim
Marcio Bittar Sim
Marcos Rogério Sim
Marcos do Val Não
Margareth Buzetti Sim
Mauro Carvalho Junior Sim
Mecias de Jesus Sim
Oriovisto Guimarães Sim
Plínio Valério Não
Professora Dorinha Seabra Sim
Renan Calheiros Não
Rodrigo Cunha Sim
Rodrigo Pacheco Não
Rogerio Marinho Sim

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Sergio Moro Sim
Soraya Thronicke Sim
Styvenson Valentim Não
Tereza Cristina Sim
Vanderlan Cardoso Sim
Weverton Sim
Wilder Morais Sim
Zequinha Marinho Sim
Fonte: Dados elaborados pelas autoras. CNJ, 2023.

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Eliane Cantarino O’Dwyer
Universidad Federal Fluminense, Departamento de Antropología, Rio de Janeiro, RJ, Brasil
elianeantropologia@[Link]
[Link]

Priscila Tavares dos Santos


Universidad Veiga de Almeida, Facultad de Derecho, Rio de Janeiro, RJ, Brasil
pris_tavares2000@[Link]
[Link]

Katiane Silva
Universidad Federal de Pará, Facultad de Ciencias Sociales do Pará, Belém, PA, Brasil
katianesilva@[Link]
[Link]

Editores del Dosier


Alexandra Barbosa da Silva (alexandrabar01@[Link])
Universidade Federal da Paraíba-UFPB Comitê de Laudos da ABA
Eliane Cantarino O’Dwyer (elianeantropologia@[Link])
Universidade Federal Fluminense-UFF Universidade Federal do Pará-UFPA Comitê de Laudos da ABA
Luís Alejandro Pérez Ortiz ([Link]@[Link])
Universidad Nacional Autónoma de México-UNAM
Sebastián Valverde (sebavalverde@[Link])
Consejo Nacional de Investigaciones Cientificas y Técnicas CONICET Universidad de Buenos Aires-UBA

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