El asombro de existir: ¿Quién soy y por qué estoy
aquí?
INTRODUCCION:
Hay momentos en los que se detiene todo, aunque solo sea por unos segundos, y me
encuentro haciendo una pregunta que casi nunca me atrevo a pronunciar en voz alta:
¿quién soy, realmente? No se trata de mi nombre, de mi edad, de qué grado de
preparatoria curso. Se trata de lo que pienso cuando estoy solo y nadie me mira,
cuando no tengo que aparentar nada ni cumplir expectativas. Se trata de lo que me
duele cuando la duda aparece sin avisar y de lo que me emociona, aunque no tenga
la certeza de que vaya a suceder.
Vivimos tan rápido que a veces ni siquiera notamos el milagro que es simplemente
estar vivos. Respirar sin pensarlo. Sentir emociones que a veces ni siquiera sabemos
explicar. Recordar momentos que nos marcaron sin darnos cuenta en ese instante.
Soñar con algo mejor y, al mismo tiempo, tener miedo de no lograrlo. Cuando me
detengo a reflexionar en todo eso, siento un asombro extraño, profundo. Es como si
por un momento comprendiera que existir no es algo automático ni insignificante, sino
algo frágil, valioso y único.
DESARROLLO:
Si intento responder quién soy, me doy cuenta de que no soy una definición sencilla.
No soy solo lo que otros ven de mí. Soy también mis pensamientos silenciosos, mis
inseguridades, mis logros pequeños que nadie aplaude, mis errores que me han
hecho crecer. Soy contradicción. Hay días en los que me siento fuerte, capaz de
enfrentar cualquier reto, y otros en los que dudo de mis decisiones y me cuestiono si
estoy haciendo lo correcto.
A veces me comparo con los demás y siento que voy más lento, que no tengo todo
claro como otras personas parecen tenerlo. Pero después entiendo que cada uno vive
su propio proceso. Que nadie tiene la vida completamente resuelta. Que todos,
aunque no lo digamos, tenemos miedos, dudas y momentos de confusión. Y
reconocer eso me hace sentir más humano.
No elegí muchas de las circunstancias que forman parte de mi historia. No elegí dónde
nacer, ni el contexto en el que crecí, ni muchas situaciones que me marcaron. Pero
estoy empezando a entender que sí puedo elegir cómo responder ante ellas. Puedo
decidir si me dejo definir por mis errores o si los convierto en aprendizaje. Puedo elegir
si me quedo en la comodidad o si intento crecer, aunque eso implique incomodidad.
También me pregunto por qué estoy aquí. ¿Estoy aquí solo para cumplir con lo que
se espera de mí? ¿O estoy aquí para descubrir algo más profundo? Tal vez el sentido
de la vida no es algo que se encuentre como si fuera un objeto perdido, sino algo que
se construye día con día. Con pequeñas decisiones. Con actos de valentía. Con
momentos en los que decido no rendirme.
He comprendido que estoy aquí para aprender, pero no solo conocimientos
académicos. Estoy aquí para aprender a manejar mis emociones cuando me siento
frustrado. Para aprender a aceptar que equivocarme no me hace menos valioso. Para
aprender a pedir ayuda cuando la necesito. Para entender que crecer no significa
dejar de sentir miedo, sino avanzar aun cuando el miedo está presente.
Hay algo muy fuerte en reconocer que puedo pensar sobre mi propia existencia.
Puedo cuestionarme, imaginar mi futuro, reflexionar sobre mis valores y decidir qué
tipo de persona quiero ser. Esa capacidad me da libertad, pero también
responsabilidad. Porque si puedo elegir, entonces soy responsable de mis actos y de
la persona en la que me convierto.
CONCLUSION:
Después de reflexionar profundamente, entiendo que el asombro de existir no es solo
sorprenderme por el mundo que me rodea, sino sorprenderme por mí mismo. Por mi
capacidad de sentir tanto, de cuestionar lo que vivo, de imaginar un futuro distinto.
No tengo todas las respuestas, y tal vez nunca las tenga. Pero ahora sé que no
necesito tenerlas todas para avanzar. La duda no es un enemigo; es una señal de
que estoy creciendo. El asombro no es debilidad; es conciencia.
Hoy puedo decir que soy una persona en construcción. No estoy terminado, y eso
está bien. Estoy aprendiendo a aceptarme con mis virtudes y mis fallas. Estoy
entendiendo que mi valor no depende únicamente de mis éxitos, sino de mi capacidad
de seguir intentando.