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Modulo 2

La intervención psicosocial busca mitigar riesgos sociales en infancia, adolescencia y familias vulnerables, promoviendo la participación activa y el empoderamiento de las personas beneficiarias. Se enfatiza la importancia del apoyo a las familias para garantizar el bienestar de los niños y niñas, reconociendo que la parentalidad puede ser compleja en contextos de vulnerabilidad. Además, se presentan competencias parentales fundamentales que son esenciales para un ejercicio positivo de la crianza.

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Modulo 2

La intervención psicosocial busca mitigar riesgos sociales en infancia, adolescencia y familias vulnerables, promoviendo la participación activa y el empoderamiento de las personas beneficiarias. Se enfatiza la importancia del apoyo a las familias para garantizar el bienestar de los niños y niñas, reconociendo que la parentalidad puede ser compleja en contextos de vulnerabilidad. Además, se presentan competencias parentales fundamentales que son esenciales para un ejercicio positivo de la crianza.

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1.

La intervención psicosocial
con infancia, adolescencia y
familias en situación de
vulnerabilidad
La intervención psicosocial

Se considera la intervención psicosocial como el conjunto de


acciones encaminadas a evitar, mitigar o desaparecer los riesgos y
procesos sociales problemáticos para las personas y su grupo social
(Abello, 2007) y en la que es fundamental aplicar un ejercicio
comprensivo de las situaciones psicológicas, sociales y relacionales
de las personas, las familias o grupos que integran, de sus contextos,
las instituciones y las comunidades con las que interactúan, así como,
del momento histórico, social, económico y político que influencia
todas estas relaciones (Bedoya y Herrera, 2021).

Al desarrollar una intervención psicosocial se considera a las personas


implicadas como beneficiarias, tal como lo explican Blanco y Varela
(2007, p.6) y - en línea con el planteamiento de estos autores- se les
ayuda a sentirse bien consigo mismas, con sus vidas y su entorno
social, buscando herramientas que les permitan afrontar situaciones
complejas, potenciar sus competencias y habilidades para que
consigan retomar el control de sus vidas, siendo protagonistas de su
propio cambio, dentro del que puede ser necesario incluir algunos
elementos del entorno en el que se encuentran como parte de las
acciones para frenar el efecto de la adversidad; igualmente, se
trabaja para que experimenten y comprendan que juntas, no sólo
llegan más lejos, sino en mejores condiciones.

Principios de la intervención psicosocial con las familias en


contextos de vulnerabilidad social*

 No es asistencial, busca promover procesos de


intervención social comunitarios.
 Es una acción mediadora entre las personas
beneficiarias y la estructura institucional desde la que
se interviene.
 Implica la participación activa y constructiva por parte
de las personas beneficiarias.
 Es contextualizada, en tanto reconoce las
interacciones bidireccionales entre personas, familias
o grupos y comunidad.
 Se enmarca en el ámbito de los derechos humanos y
sociales de la ciudadanía.
 Promueve y agencia la participación, el
empoderamiento y la toma de decisiones de las
personas beneficiarias.
 Se despliega a partir de la idea, de que el cambio es
posible si se desarrollan las capacidades y
potencialidades de los seres humanos.
*Bedoya y Herrera (2021), a partir de Alvis (2009)

Infancia, adolescencia y sus familias en situación de


vulnerabilidad

En consonancia con la Declaración Universal de los Derechos


Humanos (Naciones Unidas, 1948) y la Convención sobre los derechos
del niño y la niña (Naciones Unidas, 1989), Cruz Roja reconoce la
familia como el elemento fundamental de la sociedad y el medio
natural para el crecimiento y bienestar de todos sus miembros,
especialmente de las niñas, niños y adolescentes.

Respecto a las funciones que cumple la familia se reconocen


variadas, especializadas y determinantes para la vida de sus
integrantes. En particular la función de las figuras parentales juega un
papel esencial en el bienestar de la infancia y adolescencia y en su
desarrollo integral, como se evidencia a través de diferentes estudios
(Vázquez, 2016); padres, madres y otras figuras parentales tienen la
responsabilidad de atender las necesidades básicas de los niños y
niñas, procurar sus cuidados, brindarles afecto, apoyo y cauces para
conocer el mundo en el que viven e integrarse progresivamente en
él, siendo estos los elementos fundamentales para su adecuado
desarrollo (Muñoz-Silva, 2005) que -en sí mismo- es un bien esencial
para la sociedad y por ende una responsabilidad que incumbe a toda
la ciudadanía.

La mayoría de los niños, niñas y adolescentes crecen en una familia


que les ofrece un ambiente seguro y estable, donde las figuras
parentales les brindan desde sus primeros años hasta la transición a
la vida adulta, unos cuidados y educación que favorece su desarrollo
físico, cognitivo, lingüístico y socio-afectivo en cada etapa. Hoy en
día, gracias a las investigaciones y a la evolución de los marcos
comprensivos sobre necesidades de la infancia y adolescencia, la
evolución del ciclo vital o las dinámicas y formas familiares, sabemos
que la tarea de criar, educar y cuidar a un niño, niña o adolescente es
compleja debido a los múltiples factores que intervienen.

El apoyo a las familias, principalmente cuya situación de


vulnerabilidad social debilita el ejercicio de la parentalidad, debe
considerarse uno de los núcleos clave de la intervención social, tanto
por el impacto que tiene en la vida de los niños y las niñas, como por
el efecto que esto produce en la propia sociedad
Familia en situación de riesgo psicosocial es aquella en la que
los responsables del cuidado, atención y educación de las niñas, niños
y adolescentes, por circunstancias personales y relacionales, así como
por influencias adversas de su entorno, hacen dejación de funciones
parentales o hacen un uso inadecuado de las mismas,
comprometiendo o perjudicando el desarrollo personal y social de la
persona menor de edad, pero sin alcanzar la gravedad que justifique
una medida de protección, en cuyo caso se consideraría pertinente la
separación del niño o niña de su familia (Rodrigo, et al., 2008).

En contextos de vulnerabilidad social, la parentalidad se ejerce en


medio de grandes dificultades que sobrecargan a las personas y
merman muchas de sus capacidades. No obstante, con los apoyos
adecuados, las madres, padres u otras figuras parentales pueden
ejercer parentalidades responsables y respetuosas de los derechos,
aún en situaciones menos favorables (Morales et al., 2015). Por este
motivo, las intervenciones orientadas a apoyar el desempeño
parental son necesarias y deben estar principalmente dirigidas a
garantizar el bienestar integral de la familia y el adecuado desarrollo
de las niñas, niños o adolescentes que tienen a su cargo (Jiménez e
Hidalgo, 2012), en particular, para las familias en riesgo son acciones
imprescindibles, cuyo beneficio es evidente según lo confirman
diferentes autores (Halford & Bodenmann, 2013; Martire et al.,
2010).

Los enfoque teóricos y metodológicos sobre los que se basan las


intervenciones de apoyo y acompañamiento a la parentalidad son los
del enfoque de Parentalidad positiva, descritos en el módulo I, que
incluyen: los factores del contexto en el que se desarrolla la
parentalidad, las necesidades del niño o la niña y las capacidades o
competencias parentales que se requieren para realizar un buen
desempeño parental. Respecto a las competencias parentales, se
considera oportuno presentar en el siguiente apartado, las que se
consideran básica y proponemos para valorar el desempeño parental.
2. Las competencias
parentales básicas
Las Competencias Parentales son entendidas como aquellos
comportamientos, sentimientos, actitudes, conocimientos,
habilidades y estrategias necesarias para un ejercicio adecuado de
las tareas y responsabilidades que requiere la parentalidad. Este
ejercicio requiere el suficiente compromiso e implicación con las
tareas de crianza para garantizar los derechos y satisfacer las
necesidades evolutivo-educativas de niños/as y adolescentes, de
forma adaptativa y ajustada al contexto socio-cultural. (Rodrigo,
Máiquez y Martín, 2010).

A continuación, presentamos doce Competencias Parentales


consideradas fundamentales para un ejercicio positivo de la
parentalidad (Hidalgo, et al., 2020).

COMPETENCIA 1. ESTIMULACIÓN Y ESTRUCTURACIÓN (EST)



Se refiere a todas las conductas y actuaciones de las figuras
parentales encaminadas a promover y optimizar el desarrollo integral
de los y las NNA a su cargo. Estas actuaciones incluyen tanto
proporcionar oportunidades de aprendizaje formal e informal como la
implicación directa de los adultos en interacciones con los y las
menores que sean enriquecedoras y promotoras de su desarrollo.
Asimismo, para la promoción del desarrollo se considera necesario la
estructuración de la vida cotidiana mediante rutinas y hábitos
saludables. La estimulación integral del desarrollo incluye los
aspectos psicomotores, cognitivo-lingüísticos y socio-emocionales que
permitan la adquisición de una progresiva autonomía y capacitación.
Se considera que la estimulación más adecuada es la que mejor se
adapte a las características específicas de cada NNA.

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COMPETENCIA 2. TIEMPO COMPARTIDO EN FAMILIA (FAM)



Hace referencia a las actuaciones que realizan las figuras parentales
para organizar la vida cotidiana de los/as NNA de forma que incluya
un tiempo compartido en familia, tanto en los hábitos cotidianos
como en actividades de ocio. Es importante que estas actividades
compartidas se ajusten a las características y preferencias de los
distintos miembros de la familia, de forma que les permita disfrutar a
todos y todas de este tiempo compartido.

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COMPETENCIA 3. CO-RESPONSABILIDAD PARENTAL (CO)



Hace referencia a la capacidad que muestran los adultos
responsables de los/as NNA para establecer un verdadero equipo
parental, cooperando entre ellos en todas las cuestiones relacionadas
con su crianza y educación. Esta competencia implica la capacidad de
establecer una buena alianza parental entre los adultos que ejercen
como figuras parentales de un/a NNA, sean o no sus progenitores.
Esta corresponsabilidad entre los adultos implicados en el cuidado
supone tanto una gestión adecuada y satisfactoria del reparto de
tareas, como la capacidad de llegar a acuerdos a la hora de tomar
decisiones. La corresponsabilidad parental puede valorarse con
independencia de la estructura familiar. Así, el apoyo, el respeto y la
cooperación que implica una buena alianza

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COMPETENCIA 4. CREENCIAS Y EXPECTATIVAS ADECUADAS


SOBRE EL DESARROLLO INFANTIL (CRE)

Se refiere a las creencias y expectativas que tienen las figuras
parentales sobre los procesos de desarrollo infantil y adolescente.
Estas expectativas se consideran adecuadas cuando las figuras
parentales se atribuyen influencia en los procesos de desarrollo y
cuando sus expectativas se ajustan a la edad y características
específicas de niños, niñas y adolescentes

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COMPETENCIA 5. AFECTO, COMUNICACIÓN Y ACEPTACIÓN


(AFE)

Se refiere a todos aquellos comportamientos parentales presentes en
las interacciones figuras parentales-hijos/as que tienen por objetivo
favorecer una relación basada en el afecto, la calidez emocional, la
comunicación, el diálogo, la implicación, el acompañamiento y el
interés por el menor. Estas conductas parentales se consideran
positivas cuando el niño/a se siente seguro, querido, escuchado,
atendido, comprendido y aceptado. Esto resulta posible en la medida
que los adultos se adaptan y son flexibles a las características
individuales del menor y a las circunstancias que le rodean.

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COMPETENCIA 6. IMPLICACIÓN ESCOLAR (ESC)



Se refiere a un comportamiento relacionado con la implicación,
acompañamiento y supervisión en el ámbito escolar. Se considera
una implicación escolar adecuada cuando los adultos están
pendientes del comportamiento de sus hijos/as en la escuela, les
apoyan en todo lo relacionado con sus tareas escolares, mantienen
un contacto regular con el profesorado y compañeros de clase, así
como se implican en la gestión escolar.

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COMPETENCIA 7. NORMAS Y SUPERVISIÓN (NOR)



Se refiere a todas aquellas actuaciones de la figura parental que
tienen por objeto el establecimiento de normas y rutinas, así como la
gestión adecuada ante el incumplimiento de estas. Es importante que
niños, niñas y adolescentes participen y conozcan desde el principio
cuáles son las normas y límites que deben respetar, así como las
contingencias asociadas. Esta dimensión incluye el conocimiento y
supervisión de las actividades de ocio y/o entretenimiento que
realizan los y las menores. Finalmente, las prácticas de control y
supervisión deben ser consistentes y adaptadas tanto a cada
situación como a las características individuales del/a NNA.

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COMPETENCIA 8. AUTO-REGULACIÓN EMOCIONAL (REG)



Habilidad demostrada por la figura parental para responder a las
demandas del entorno a nivel emocional de una forma adaptativa.
Esta respuesta adaptativa implica que la figura parental expresa y
comprende adecuadamente sus emociones y las de otros miembros
del sistema familiar, manifestando control y manejo adecuado de las
emociones.

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COMPETENCIA 9. PERCEPCIÓN ADECUADA DEL ROL PARENTAL


(YO)

En qué medida la figura parental exhibe una visión ajustada de su
papel como padre o madre. Es decir, se evalúa la existencia de una
percepción realista de las propias capacidades para el cuidado y la
crianza de los hijos/as, observándose confianza en dichas
capacidades. Además, se evalúa en qué medida la figura parental se
siente satisfecha con la tarea de ser padre/madre y esta tarea ocupa
un papel central en la definición de su identidad. El adulto conoce las
dificultades asociadas al ejercicio de la parentalidad.

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COMPETENCIA 10. AFRONTAMIENTO DE SITUACIONES


ESTRESANTES (AFR)

Se refiere al despliegue de acciones adaptativas por parte de la figura
parental durante el proceso de afrontamiento de situaciones
estresantes relacionadas con el desempeño de la parentalidad. Este
afrontamiento implica tomar conciencia de la situación y gestionarla
mediante estrategias cognitivas, emocionales y/o comportamentales
que ayuden a la figura parental a afrontar de forma efectiva y
satisfactoria la situación estresante.

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COMPETENCIA 11. APOYO SOCIAL (AP)



Esta dimensión evalúa la capacidad de la figura parental para buscar
ayuda en relación con el cuidado y crianza de los/as NNA a su cargo y
en qué medida el apoyo recibido resulta eficaz y satisfactorio. Esta
dimensión, por tanto, incluye la capacidad de buscar, solicitar y
acceder a fuentes de apoyo diversas, significativas y útiles en la
crianza, así como cierta reciprocidad en el apoyo. Así mismo, refleja
en qué grado el apoyo proporcionado permite cubrir de forma eficaz y
satisfactoria la necesidad de apoyo existente. La búsqueda de apoyo
implica en cierta medida motivación para la mejora de las
competencias parentales.

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COMPETENCIA 12. GESTIÓN DOMÉSTICA (HOG)



Habilidades de la figura parental para gestionar eficientemente las
tareas relacionadas con la organización doméstica. Concretamente,
se valora la seguridad y el mantenimiento adecuado, la limpieza y
orden en el hogar.
[Link]

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