Historia
Debe su nombre a un personaje de ficción llamado Cutty Sark, una bruja danzarina del poema
cómico Tam o' Shanter (1791), de Robert Burns. Fue diseñado por el ingeniero naval Hercules
Linton y construido en 1869 en Dumbarton (Escocia) por los astilleros Scott & Linton. Fue botado el
23 de noviembre de ese mismo año.
El Cutty Sark fue destinado al comercio de té, que en aquella época era muy activo en las líneas
entre China y Londres. Este comercio generaba grandes beneficios si se llegaba a Gran Bretaña con
el primer té de la temporada. Sus inicios no fueron muy prometedores. En la carrera del té de 1872
contra el clipper Thermopylae ambos buques abandonaron Shanghái juntos el 18 de junio pero
el Cutty Sark quedó descolgado dos semanas después tras sufrir una avería en el timón a su paso
por el estrecho de la Sonda. Llegó a Londres el 18 de octubre, una semana después que
el Thermopylae. A pesar de que había perdido la carrera, el Cutty Sark se hizo famoso porque su
capitán prefirió continuar el viaje con un timón improvisado antes que detenerse en un puerto para
efectuar las reparaciones.
Cutty Sark en 1916.
A finales del siglo xix los clipper fueron sustituidos por los barcos de vapor en la carrera del té.
Podían pasar a
La batalla de Trafalgar fue una batalla naval que tuvo lugar el 21 de octubre de 1805, en el
marco de la Tercera Coalición iniciada por Reino Unido, Austria, Rusia, Nápoles y Suecia para
intentar derrocar a Napoleón Bonaparte del trono imperial y disolver la influencia militar francesa
existente en Europa. La batalla de Trafalgar se produjo frente a la costa española del cabo de
Trafalgar, en Los Caños de Meca, localidad del municipio gaditano de Barbate, en aquella época
perteneciente a Vejer de la Frontera. Dicha batalla naval está considerada una de las más
importantes del siglo xix.[¿por quién?] En ella se enfrentaron los aliados Francia y España (al
mando del vicealmirante francés Pierre Villeneuve, bajo cuyo mando estaba por parte española el
teniente general del mar Federico Gravina) contra la Armada británica al mando del
vicealmirante Horatio Nelson, quien obtuvo la victoria. En la actualidad, la céntrica plaza
londinense de Trafalgar Square conmemora dicha victoria.
Los acontecimientos históricos que precedieron a esta batalla se han de encontrar en el intento
frustrado por parte de Napoleón de invadir las islas británicas, en el que la escuadra franco-
española debía distraer a la flota británica y alejarla del canal de la Mancha para dirigirla hacia sus
posesiones en las Indias Occidentales. Este plan de distracción fracasó, y se agravó con la
consiguiente derrota de Finisterre[2] (22 de julio de 1805). Tras esta derrota, la flota se dirigió al
puerto de Cádiz, de donde zarparía el 19 de octubre hacia Trafalgar.
La flota franco-española se vio bloqueada en Cádiz por Nelson, y en septiembre Napoleón ordenó a
Villeneuve navegar a Nápoles para despejar el Mediterráneo del hostigamiento de los buques
británicos, pero no obedeció esta orden, permaneciendo en puerto. A mediados de octubre,
conociendo las intenciones de Napoleón de sustituirlo por el almirante François Étienne de Rosily-
Mesros y enviarlo a París para pedirle cuentas por sus acciones, se adelantó a la llegada de su
reemplazo y partió de Cádiz con la flota combinada el 18 de octubre.
El total de 34 buques se encontró entonces con la flota de Nelson cerca del cabo de Trafalgar, y el
21 de octubre tuvo lugar un encuentro naval: la batalla de Trafalgar, donde la flota franco-española
fue derrotada por la Armada Real británica. Nelson fue herido de muerte durante la batalla,
convirtiéndose en uno de los más grandes héroes de guerra de Gran Bretaña. Villeneuve y su
buque insignia, el Bucentaure, fueron capturados por los británicos junto con otros muchos buques
españoles y franceses. Por su parte, el comandante Pierre-Étienne-René-Marie Dumanoir decidió
huir con cuatro navíos en los primeros compases de la batalla. El almirante español Gravina logró
alejarse del campo de batalla con parte de la flota pero sucumbió meses más tarde por las heridas
sufridas durante la batalla.
Los barcos capturados por la flota británica fueron llevados hasta el puerto de Gibraltar. Sin
embargo, la fuerte tormenta que se desencadenó en las aguas del estrecho pocas horas después
de la batalla hizo que algunos barcos, dado su malogrado estado, se fueran a pique en las costas
gaditanas u onubenses ante la imposibilidad de resistir el remolque. Navíos como el Neptuno y
el Santa Ana pudieron ser recuperados gracias a la acción de Julien Marie Cosmao-Kerjulien, quien
regresó a aguas de Trafalgar con una flota de seis barcos dos días después.
El viernes 21 de octubre de 2005, en el bicentenario de la batalla, se celebró en aguas de Trafalgar
una ceremonia en el recuerdo de los caídos aquel día con representantes de España, Francia y
Reino Unido. El entonces ministro de Defensa español José Bono arrojó al mar seis coronas de laurel
desde el portaviones Príncipe de Asturias, en un acto en el que fue escoltado por las fragatas
francesa Montcalm y la británica HMS Chatham.[3][4][5]
Trasfondo histórico y antecedentes
La reciente alianza entre Carlos IV de España y Napoleón I de Francia, merced a los tratados de San
Ildefonso[6] (1796) y Aranjuez[7] (1800) firmados con la anterior República Francesa y por el
interés de la recuperación de Gibraltar, obligaban a España no solo a contribuir económicamente a
las guerras de Napoleón, sino a poner a disposición de este la Armada[8][9] para combatir a
la flota británica que amenazaba las posesiones francesas del Caribe.
Dado que la intención última que perseguía Napoleón al querer anular a la flota británica era
abrirse camino para una futura invasión de las islas británicas, se urdió un elaborado plan para
distraer a la marina británica mientras se efectuaban los preparativos de dicha invasión. Al tiempo
que las numerosas tropas de infantería francesas se agruparon en Boulogne-sur-Mer (cerca
del paso de Calais) a la espera de transporte marítimo, la escuadra francesa al mando
de Villeneuve se uniría con la española, iniciando una acción sobre las posesiones británicas del
Caribe que tenían como finalidad atraer al afamado almirante Nelson a la zona, alejándolo
del canal de la Mancha.
Nelson llegó finalmente a la isla de Antigua a principios de junio de 1805. Mientras tanto, la
escuadra combinada dio media vuelta y abandonó el Caribe rumbo a la costa atlántica francesa.
Pero, al llegar a las costas gallegas, la combinada se encontró con la flota que mandaba el
almirante Robert Calder, que, avisado del retorno de la flota mandada por Villeneuve, levantó el
sitio sobre los puertos de Rochefort y Ferrol y marchó hacia el cabo Finisterre, donde ambas se
enfrentaron el 22 de julio. Tras horas de combate, el almirante Calder mandó cesar el fuego al
echarse la noche.
A la mañana siguiente, con niebla y una confusión general, ambas flotas se encontraban a 27 km
de distancia. Calder, con dos navíos españoles capturados[cita requerida] y evitando otro combate
para no dañar más aún sus navíos, marchó rumbo norte. Villeneuve se dirigió al puerto de La
Coruña, donde llegó el 1 de agosto, con la intención de reparar sus navíos. Desobedeciendo las
órdenes de Napoleón —que le mandaban dirigirse a Brest y Boulogne— se dirigió hacia el sur,
refugiándose en el puerto de Cádiz, a donde llegó el 21 de agosto.
Visto desde una perspectiva histórica es posible que esta retirada le sirviera a Napoleón para
continuar en el poder, ya que es dudoso que, de haber embarcado a su Grande Armée[10] hacia el
Reino Unido, hubiera podido resistir a las fuerzas combinadas de Austria y Rusia que estaban
preparando el ataque por el este y a las que, con posterioridad, vencería en la batalla de Austerlitz.
[11] Por lo que fuera, por suerte o por casualidad, la derrota que la flota combinada sufriría en
Trafalgar afianzaría la posición de Napoleón en el continente. Aunque haber conseguido vencer
al Reino Unido hubiera sido un gran espaldarazo a sus planes europeos, y todo un cambio de
rumbo estratégico del continente. Quizás incluso hubiera anulado a rusos y austriacos, que
dependían del suministro marítimo británico, dado el bloqueo continental[12] existente. Con la
flota franco-española atracada en el puerto de Cádiz, Napoleón cambió de estrategia y ordenó que
se dirigieran a apoyar el bloqueo de Nápoles, al tiempo que enviaba un sustituto para Villeneuve,
que había caído en desgracia a ojos del Emperador. La llegada del sustituto de Villeneuve pudo ser
uno de los motivos por los que se adelantó la salida de la flota hacia Trafalgar.
Estado de la flota española
La reciente epidemia de fiebre amarilla que había azotado Andalucía entre 1802 y 1804 dejó a la
flota española sin la cantidad suficiente de tripulantes, por lo que muchos de los marineros
tuvieron que ser reclutados en una apresurada y obligada leva. Estos marineros eran de diversos
orígenes: mendigos, campesinos, soldados de infantería, incluso reclusos liberados... Por otro lado,
el estado mismo de los buques era lamentable y ruinoso, tanto que algunos capitanes españoles
habían sufragado de su bolsillo las reparaciones y la pintura de sus barcos para no quedar
deshonrados ante los capitanes franceses.[cita requerida] El marqués de la Ensenada consiguió,
durante el reinado de Fernando VI, modernizar la vieja marina española y aumentar su prestigio,
que ya se iba deteriorando. Además, a él se le debió la ampliación de los astilleros
de Cádiz, Cartagena, Ferrol y La Habana, de donde salieron algunos de los barcos participantes en
Trafalgar. La modernización de la Armada era una necesidad de urgencia, que si bien se mantenía
en pie como para intentar defender el Imperio, ya no estaba en condiciones de sostener un
combate a gran escala contra la más moderna de las flotas.
El general Mazarredo llegó a comentar lo siguiente acerca de la composición de la flota en su
momento: «Llenamos los buques de una porción de ancianos, de achacosos, de enfermos e inútiles
para la mar». Estas palabras serían más tarde refrendadas por el mayor general don Antonio de
Escaño, que escribió en su Informe sobre la Escuadra del Mediterráneo lo siguiente: «Esta escuadra
hará vestir de luto a la Nación en caso de un combate, labrando la afrenta del que tenga la
desventura de mandarla». De forma que se puede observar la impresión pesimista que los oficiales
de la flota española tenían antes de la batalla. Incluso los altos mandos españoles habían
expresado las nulas posibilidades en un enfrentamiento directo contra la flota británica, y
propusieron una estrategia de esperar en el puerto el paso del invierno, a la par que la flota
británica podía verse debilitada en la mar mientras los bloqueaban y soportaban las tormentas que
pudieran surgir, no obstante la insistencia y las presiones por parte del mando aliado francés
fueron determinantes.