0% encontró este documento útil (0 votos)
7 vistas43 páginas

Persona

El documento aborda la noción de persona desde una perspectiva jurídica, definiéndola como un ser capaz de tener derechos y obligaciones, y diferenciándola del concepto biológico de hombre. Se destacan los atributos de la personalidad, como el nombre, la capacidad de goce y la nacionalidad, así como la importancia de la protección de los derechos de la personalidad en el Derecho Civil moderno. Además, se detalla el proceso y las condiciones para el cambio de nombre en el contexto legal chileno.

Cargado por

ignar.arcec
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
7 vistas43 páginas

Persona

El documento aborda la noción de persona desde una perspectiva jurídica, definiéndola como un ser capaz de tener derechos y obligaciones, y diferenciándola del concepto biológico de hombre. Se destacan los atributos de la personalidad, como el nombre, la capacidad de goce y la nacionalidad, así como la importancia de la protección de los derechos de la personalidad en el Derecho Civil moderno. Además, se detalla el proceso y las condiciones para el cambio de nombre en el contexto legal chileno.

Cargado por

ignar.arcec
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Persona.

Personalidad.
onalidad.
Los derechos y obligaciones deben tener como fundamento o base una persona.
Para los principios jurídicos clásicos, desde el derecho romano, “toda ley se ha establecido por causa
de las personas”.
Persona, por tanto, desde un punto de vista jurídico, es todo ser capaz de tener derechos y
obligaciones.
El vocablo persona proviene del teatro griego antiguo, prósopon (máscara) pros (delante) ops (cara),
donde los actores cubrían sus rostros con una máscara, cuyos rasgos correspondían al papel que
desempeñaban.
Los romanos distinguían entre hombre y persona. La última denominación correspondía al hombre
libre, mientras que los esclavos eran hombres, pero no personas.
El Diccionario Panhispánico del Español Jurídico, define a la persona como “Sujeto de Derecho,
susceptible de ser titilar de derechos y obligaciones.
Desde el punto de vista jurídico, persona y hombre continúan siendo conceptos sustancialmente
diferentes. La palabra hombre y mujer dan cuenta de una realidad biológica. El concepto de persona
da cuenta de una abstracción jurídica que expresa solamente el centro de convergencia de un
conjunto de derechos y obligaciones (Lyon Puelma, Teoría de la Personalidad).

 La Persona humana no es solamente un sujeto de derecho y obligaciones


Borda dice:
“Persona es el hombre pleno e integral, aunque el derecho sólo se ocupe de él en tanto sujeto de
derecho y deberes jurídicos”
Corral indica que:
“ En las última décadas, se observa una renovada concepción del Derecho Civil, que sitúa a la
persona como centro del mismo y no a los aspectos patrimoniales, como ocurría tradicionalmente”

El mismo autor antes citado, destaca la centralidad institucional de la noción de persona en el


Derecho Civil, se manifiesta en:
-La protección de los llamados derechos de la personalidad (sin contenido patrimonial)
-La reparación no solo de los perjuicios patrimoniales, sino también de daños a otras esferas
existenciales de la persona (daño moral)
-La igualdad de los derechos civiles.
-La prohibición de la discriminación arbitraria.

En nuestros días, todo individuo de la especie humana, por el solo hecho de serlo, es persona, no
siendo necesario que esté dotado de plena voluntad y conciencia.
Por tanto, los niños y dementes, no obstante carecer de voluntad consciente, poseen personalidad, es
decir, aptitud para tener derechos y obligaciones. Pero esto es así no por la naturaleza del hombre,
sino porque el derecho así lo dispone. Además, no es el hombre el único que puede estar dotado de
personalidad, como se demuestra con la noción de las personas jurídicas.
En nuestro derecho moderno, el tratamiento es igualitario a todas las personas, no así en otros
tiempos, en donde por ejemplo se reconocían derechos y privilegios a ciertos estamentos de la
sociedad civil.
Atributos de la personal
Los atributos de la personalidad en Chile son las características especiales que cada persona tiene
solo por ser quien es.
Los atributos de la personalidad son aquellos inherentes a la persona, por el hecho de ser tal.

Son atributos de la personalidad:


1. El nombre,
2. La capacidad de goce,
3. La nacionalidad, el domicilio,
4. El estado civil (este atributo por regla general considera solamente a las personas naturales) y,
finalmente, la doctrina clásica agrega como atributo de la personalidad
5. El patrimonio.
Los atributos de la personalidad son aquellos inherentes a la persona, por el hecho de ser tal.
En este sentido, el abogado y autor chileno Don Carlos Ducci Claro señala que son “ciertos
elementos, propiedades, características que son inherentes o que integran el concepto de
personalidad”. Por su parte, los autores Somarriva, Alessandri y Vodanovic lo definen en el mismo
sentido: “Son las propiedades inherentes a toda persona y que como tales, siempre lo acompañan”.
1. Nombre:
NOMBRE:
Se define como la o las palabras que sirven legalmente para distinguir a una persona de las demás.
Conviene destacar que el nombre se compone de dos partes:
Nombre de pila o nombre propiamente tal: es aquel que nos permite identificar a la persona en el
grupo social
Nombre patronímico o apellido: es aquel que nos permite verificar a qué familia pertenece.

La Ley Nº 21.334, publicada el 14 de mayo de 2021, sobre determinación del orden de los apellidos
por acuerdo de los padres, introdujo el art. 58 bis del Código Civil, que define el nombre en los
siguientes términos: “Nombre es el conjunto de palabras que sirve legalmente para identificar a una
persona. Está formado por el o los nombres propios, y por el o los apellidos con que se encuentre
individualizada en su respectiva inscripción de nacimiento”.
Cabe consignar que el art. 7 de la Convención de los Derechos del Niño, establece que “El niño será
inscripto inmediatamente después de su nacimiento y tendrá derecho desde que nace a un nombre”

Clasificación.
Se distingue entre:
a) El nombre civil.
b) El sobrenombre.
c) El seudónimo.
d) El nombre comercial (este último a propósito de las personas jurídicas).

a) El nombre civil.
Ya se indicaron ambos aspectos.
Agregamos

El nombre de familia.

i.- Adquisición del nombre de familia tratándose de los hijos de filiación matrimonial o no matrimonial.
Las partidas de nacimiento deben contener el nombre o nombres de pila y uno o dos apellidos del
nacido. Dispone el art. 31 Nº 3 de la Ley de Registro Civil: “Las partidas de nacimiento deberán
contener, además de las indicaciones comunes a toda inscripción, las siguientes: (…) 3º El o los
nombres del nacido, que indique la persona que requiere la inscripción, y el o los apellidos del nacido
que correspondan, de conformidad con las disposiciones del Párrafo 2 del Título I del Libro I del
Código Civil. / Tratándose de la inscripción de un nacido cuya filiación no se encuentre determinada,
se inscribirá con el o los apellidos que indique la persona que requiere la inscripción”.
Las partidas de nacimiento deben contener los nombres, apellidos, nacionalidad, profesión u oficio y
domicilio de los padres, o los del padre o madre que le reconozca o haya reconocido. Se dejará
constancia de los nombres y apellidos de la madre, aunque no haya reconocimiento, cuando la
declaración del requirente coincida con el comprobante del médico que haya asistido al parto en lo
concerniente a las identidades del nacido y de la mujer que le dio a luz (art. 31 Nº 4 de la Ley de
Registro Civil). Por ello, usualmente, el reconocimiento del hijo no matrimonial sólo debe hacerlo el
padre y no la madre. Sin embargo, de no existir comprobante de parto, la maternidad sólo podrá
quedar determinada por reconocimiento hecho por la madre o por sentencia judicial dictada en un
juicio de filiación

En el art. 31 citado, en su inc. 2º, también se establece, sea la filiación matrimonial o no matrimonial,
que no podrá imponerse al nacido un nombre extravagante, ridículo, impropio de personas, equívoco
respecto del sexo o contrario al buen lenguaje.
Si el Oficial del Registro Civil, en cumplimiento de lo que dispone el inc. 2º del art. 31, se opusiere a la
inscripción de un nombre y el que lo solicite insistiere en ello, enviará de inmediato los antecedentes
al Juez de Letras competente, quien resolverá en el menor plazo posible, sin forma de juicio, pero con
audiencia de las partes, si el nombre propuesto está comprendido o no en la prohibición.
Conforme a las normas de la Ley Nº 21.334, que introdujo el art. 58 ter del Código Civil, la
determinación o “transmisión” del nombre de familia se hará de la manera prevista en esta norma, que
reza: “El primer apellido del o de los progenitores se transmitirá a sus hijos, conforme al orden que,
según los casos, se determine enaplicación de las reglas siguientes:

1. En la inscripción de nacimiento del primero de los hijos comunes, los progenitores determinarán, de
común acuerdo, el orden de transmisión de sus respectivos primeros apellidos, que valdrá para todos
sus hijos comunes. En caso de no manifestarse acuerdo al momento de inscribir al primero de los
hijos comunes, se entenderá su voluntad de que el orden de los apellidos sea determinado mediante
sorteo ante el Oficial del Registro Civil.
2. En toda inscripción de nacimiento en que al tiempo de la inscripción quede determinada la filiación
del nacido respecto de ambos progenitores, el oficial del Registro Civil procederá según el orden de
los apellidos fijado en la inscripción de nacimiento del primero de los hijos comunes de dichas
personas; y si no tuvieren más hijos comunes, según el orden que se determine al practicarse la
inscripción, de conformidad a lo dispuesto en la regla precedente. /
3. En la inscripción de nacimiento de un hijo cuya filiación al tiempo de la inscripción quede
determinada sólo respecto de uno de los progenitores, se inscribirá al nacido con el respectivo primer
apellido de dicho progenitor. En este caso, cuando con posterioridad obrare determinación de la
filiación no determinada al tiempo de la inscripción de nacimiento, si hubiere otro u otros hijos
comunes de dichos progenitores, se estará al orden de los apellidos fijado en la inscripción de
nacimiento del primero de sus hijos comunes. Si, por el contrario, no hubiere más hijos comunes de
dichos progenitores, el primer apellido del progenitor que quedó determinado al momento de la
inscripción de nacimiento antecederá al otro apellido, a menos que, no habiendo el hijo alcanzado la
mayoría de edad, los progenitores manifiesten, de común acuerdo, su voluntad de que se proceda
con el orden inverso.

Con todo, para aplicar las reglas señaladas en el inciso anterior, previamente el oficial del Registro
Civil deberá verificar si existieren en los registros hijos inscritos a nombre de cada uno de los
progenitores. / Fijado en la inscripción de nacimiento el orden de los apellidos del primero de los hijos
comunes, los demás hijos que dos progenitores tengan en común deberán inscribirse siempre con el
mismo orden de apellidos, conforme a las disposiciones del presente artículo.
Las inscripciones de nacimiento y las manifestaciones del acuerdo de los progenitores, respecto del
orden de los apellidos, se practicarán de conformidad con lo dispuesto en el presente artículo, y en la
forma que determine el reglamento.” (art. 58 ter del Código Civil).

ii.- Adquisición del nombre de familia tratándose de la filiación matrimonial por adopción.
En virtud de la adopción, se concede al adoptado el estado civil de hijo de filiación matrimonial de los
adoptantes. El adoptado, en consecuencia, necesariamente debe tomar el nombre civil de los padres
adoptivos. El cambio de los apellidos se verifica en la nueva inscripción de nacimiento que
corresponde hacer, debiendo cancelarse la antigua.
Se aplicarán, en lo que concierne al orden de los dos apellidos, lo dispuesto en el art. 58 ter del
Código Civil.

El nombre propio o individual.


A diferencia del nombre de familia o patronímico, que revela, por lo general, la filiación, los nombres
propios o “de pila” tienen un carácter individual, arbitrario. El niño lleva él o los nombres propios que le
han sido dados en la inscripción de nacimiento.
Puede darse a una persona todos los nombres propios que se quieran, con las limitaciones que
dispone el art. 31 de la Ley de Registro Civil, ya indicadas.

Características del nombre civil.

i.- No es comerciable.
Los nombres y apellidos de una persona no pueden ser objeto de una relación
jurídica que confiera derechos a otra persona.
ii.- No es susceptible de una cesión entre vivos ni transmisible por causa de muerte.
No se transfiere ni se transmite el nombre civil. Los apellidos los adquiere una
persona no por sucesión de sus padres, sino que por disposición de la ley.
iii.- Es inembargable.
El nombre civil no integra el patrimonio de una persona y por ende no puede
ejercitarse sobre él, el derecho de prenda general de los acreedores.
iv.- Es imprescriptible.
El nombre civil no se pierde por no usarlo ni se gana por su uso. El uso prolongado
de otro nombre, por esta sola circunstancia, no da derecho a reemplazarlo por el nombre
propio.
v.- Es obligatorio o irrenunciable.
Es la ley la que impone a una persona su nombre civil. Toda persona debe llevar
necesariamente un nombre. Quien lo detenta, no puede disponer del mismo a través de
la renuncia, pues en tal caso quedaría sin identidad en la sociedad.
vi.- Es, por regla general, permanente o inmutable.

El cambio de nombre.

El nombre no tiene un carácter inmutable. Definitivo en principio, puede modificarse sin embargo en el
curso de la existencia de una persona. El cambio puede producirse por vía principal o por vía
consecuencial.
El cambio por vía principal o directa está constituido por el procedimiento que tiende única y
exclusivamente a obtener la mutación del nombre.
El cambio por vía consecuencial o indirecta es el que se produce como consecuencia del cambio de
una determinada situación jurídica. Por ejemplo, el hijo de filiación no matrimonial reconocido sólo por
la madre y que después adquiere la filiación matrimonial por el matrimonio posterior de sus padres,
pasando a llevar el apellido materno y paterno, en lugar sólo del primero.
El cambio de nombre por vía principal o directa puede operar de tres maneras:
i.- Cambio de nombre de conformidad a la Ley Nº 17.344.
ii.- Cambio de nombre de conformidad a la Ley Nº 21.120.
iii.- Cambio de nombre de conformidad a la Ley Nº 21.334, que modificó la Ley Nº 4.808.
Dispone esta ley –que fue modificada por la Ley Nº 21.334- que cualquiera persona puede solicitar,
por una sola vez, que se la autorice para cambiar sus nombres o apellidos o ambos a la vez, en los
siguientes casos:
A) Cuando unos u otros sean ridículos, risibles o la menoscaben moral o materialmente.
B) Cuando el solicitante haya sido conocido durante más de 5 años, por motivos plausibles, con
nombres o apellidos o ambos, diferentes de los propios.

I.- Cambio de nombre de conformidad a la Ley Nº 17.344.

Dispone esta ley para cambiar sus nombres o apellidos o ambos a la vez, en los siguientes casos:
A.- Cuando unos u otros sean ridículos, risibles o la menoscaben moral o materialmente.
B.- Cuando el solicitante haya sido conocido durante más de 5 años, por motivos plausibles, con
nombres o apellidos o ambos, diferentes de los propios.
C.- En los casos de filiación no matrimonial o en que no se encuentre determinada la filiación, para
agregar un apellido cuando la persona hubiere sido inscrita con uno solo o para cambiar uno de los
que hubieran impuesto al nacido, cuando fueren iguales. En este caso, se trata de que no se haga
manifiesta una filiación no matrimonial o indeterminada.
D.- Cuando el solicitante desee invertir el orden de los apellidos fijados en su inscripción de
nacimiento.
E.- Cuando el solicitante desee usar uno u otro apellido de un asciende en línea recta hasta el
segundo grado (por lo tanto, podrá solicitarse el cambio por uno de los apellidos de cualquiera de los
padres o de los abuelos)

La ley contempla otras situaciones que también habilitan para introducir cambios en el nombre civil:
-Supresión de nombres propios cuando se cuenta con más de uno: en los casos en que una persona
haya sido conocida durante más de 5 años, con uno o más de los nombres propios que figuran en su
partida de nacimiento, el titular podrá solicitar que se suprima en la inscripción de nacimiento, en la de
su matrimonio y en las de nacimiento de sus descendientes menores de edad, en su caso, él o los
nombres que no hubiere usado.
-Traducción o cambio de nombres o apellidos que no sean de origen español: el interesado puede
solicitar autorización para traducirlos al idioma castellano. Podrá solicitar, además, autorización para
cambiarlos si la pronunciación o escrituración de los mismos es manifiestamente difícil en un medio
de habla castellana.
-Peticiones entabladas por los menores de edad: si carecen de representante legal o si teniéndolo
éste estuviere impedido por cualquier causa o se negare a autorizar al menor el cambio o supresión
de los nombres o apellidos, el juez resolverá, con audiencia del menor (oyéndolo), a petición de
cualquier consanguíneo de éste o del Defensor de Menores y aún de oficio.

Procedimiento

Regulado en la Ley N° 17.344.


-Será juez competente para conocer de las gestiones a que se refiere la Ley Nº 17.344, el de Letras
en lo Civil del domicilio del peticionario.
-El tribunal, al proveer la solicitud de una persona mayor de 18 años de edad, le informará del
procedimiento administrativo para solicitar el cambio del orden de los apellidos ante el Servicio de
Registro Civil e Identificación, regulado en los artículos 17 bis, 17 ter y 17 quáter de la ley N° 4.808,
sobre Registro Civil .
-La solicitud deberá publicarse en extracto en el Diario Oficial de los días 1 o 15 de cada mes o del
día siguiente hábil si dicho Diario no apareciere en las fechas indicadas. El extracto, contendrá
necesariamente la individualización del solicitante y la indicación de los nombres y apellidos que éste
pretenda usar en reemplazo de los propios.
-Dentro del término de 30 días, contados desde la fecha de la publicación, cualquier interesado podrá
oponerse a la solicitud, acompañando los antecedentes para ello. El juez procederá sin forma de
juicio, apreciando la prueba en conciencia.
Si no hubiere oposición, el tribunal procederá con conocimiento de causa, previa información sumaria
de testigos.

En todo caso, siempre debe oírse a la Dirección General del Registro Civil e Identificación. La
Dirección deberá informar si el solicitante registra condenas, los datos de las partidas de nacimiento
de cada uno de sus hijos, los datos de su cónyuge o de la persona con quien se encuentre unida por
acuerdo de unión civil, y todo otro antecedente que resultare relevante. Asimismo, el tribunal requerirá
informe de Carabineros de Chile, de la Policía de Investigaciones de Chile y del Ministerio Público,
con el objeto de que informen si el solicitante se encuentra actualmente procesado o formalizado, o
tuviere condenas pendientes, o existieren a su respecto órdenes de arresto o detención pendientes o
se encontrare sujeto a otras medidas cautelares personales.
No se autorizará el cambio de nombre o apellido o supresión de nombres propios si del respectivo
extracto de filiación que como parte de su informe remitirá la Dirección, y de los informes de
Carabineros de Chile, de la Policía de Investigaciones de Chile y del Ministerio Público, apareciere
que el solicitante se encuentra actualmente procesado o formalizado, o existen a su respecto órdenes
de arresto o detención pendientes o se encuentra sujeto a otras medidas cautelares personales, o ha
sido condenado por crimen o simple delito que merezca pena aflictiva, a menos que, en este último
caso, hubieren transcurrido más de diez años contados desde la fecha en que quedó ejecutoriada la
sentencia de condena y se encuentre cumplida la pena. En ningún caso se autorizará el cambio o
supresión cuando el solicitante hubiere sido condenado por alguno de los delitos establecidos en los
Párrafos V y VI del Título Séptimo del Libro Segundo del Código Penal, sin que proceda en este caso
el procedimiento contenido en esta ley.
Tampoco se autorizará el cambio o supresión cuando, de los antecedentes que obran en el proceso,
el juez aprecie que existe riesgo de que se pueda afectar la seguridad de otras personas, o que existe
riesgo de que se pueda afectar el desarrollo de procesos pendientes, o que existe riesgo de que se
puedan cometer fraudes.
La sentencia que autorice el cambio de nombres o apellidos, o de ambos a la vez, o la supresión de
nombres propios, ordenará extender la nueva inscripción y surtirá efectos desde que se practique ésta
(art. 3, inc. 1º).

Para estos efectos, si se trata de personas nacidas en el extranjero y cuyo nacimiento no está inscrito
en Chile, será necesario proceder previamente a la inscripción del nacimiento en el Registro de la
Primera Sección de la comuna de Santiago (art. 3, inc. 2º).
Cuando el tribunal autorice el cambio de nombres o apellidos, o de ambos a la vez, o la supresión, de
una persona que hubiere sido condenada por crimen o simple delito que merezca pena aflictiva, en la
misma sentencia ordenará al Servicio de Registro Civil e Identificación que proceda a actualizar los
datos del solicitante contenidos en el Registro General de Condenas y el Prontuario, regulados en el
decreto ley N° 645, de 1925, del Ministerio de Justicia (art. 3, inc. 3º).
Una vez modificada la partida de nacimiento, el beneficiado sólo podrá usar, en todas sus
actuaciones, su nuevo nombre propio o apellido (art. 4, inc. 1º).

El cambio de apellido no podrá hacerse extensivo a los padres del solicitante y no alterará la filiación;
pero alcanzará a sus descendientes sujetos a patria potestad, y también a los demás descendientes
que consientan en ello (art. 4, inc. 2º).
Si el solicitante es casado o tiene descendientes menores de edad, deberá pedir también, en el
mismo acto en que solicite el cambio de su apellido, la modificación pertinente de su partida de
matrimonio y de las partidas de nacimiento de sus hijos (art. 4, inc. 3º).

El cambio del orden de los apellidos, que se autorice con arreglo a la cuarta causal del artículo 1°
(cuando se solicite inversión de los apellidos) sólo operará respecto del solicitante, sin que resulte
extensivo a los ascendientes, y no alterará la filiación. Por su parte, el cambio del orden de los
apellidos del solicitante provocará el cambio del respectivo apellido de transmisión a los hijos menores
de edad, debiendo procederse por igual respecto de todos ellos. Sin perjuicio de lo anterior, si el
solicitante tuviere uno o más hijos mayores de 14 y menores de 18 años de edad, éstos deberán
manifestar su consentimiento mediante declaración escrita extendida ante el tribunal, caso en el cual
también se deberá proceder por igual respecto de todos los hijos menores de edad. Para estos
efectos, el solicitante deberá pedir también, en el mismo acto en que solicite el cambio del orden de
sus apellidos, la modificación pertinente en las partidas de nacimiento de sus hijos menores de edad,
debiendo manifestarse el consentimiento de todos los hijos mayores de 14 y menores de 18 años de
edad, si fuere el caso. En la sentencia que autorice el cambio de orden de los apellidos, el tribunal
informará de la posibilidad de solicitar el cambio del respectivo apellido de transmisión por los hijos
mayores de edad de quien obtuvo el cambio de orden de los apellidos, ante el Servicio de Registro
Civil e Identificación, conforme lo dispuesto en el inciso sexto del artículo 17 ter de la Ley N° 4.808,
sobre Registro Civil.
El uso de los primitivos nombres o apellidos y la utilización del nuevo nombre o apellido para eximirse,
impedir, dificultar o eludir el cumplimiento de cualquier obligación, serán sancionados con la pena de
presidio menor en su grado mínimo (art. 5).

Cambio de nombre de conformidad a la Ley Nº 21.120.

Por su parte, conforme a lo expuesto en esta obra, la Ley Nº 21.120, que “Reconoce y da protección
al derecho a la identidad de género”, también establece el derecho de una persona a obtener la
rectificación de su nombre en la partida de nacimiento.
Cambio de nombre de conformidad a la Ley Nº 21.334, que modificó la Ley Nº 4.808.

El art. 2 de la Ley Nº 21.334, modificó la Ley Nº 4.808, sobre Registro Civil, introduciendo los arts. 17
bis, 17 ter y 17 quáter y modificando el art. 31, Nº 3.

Resumimos estas normas:


i) Toda persona mayor de edad podrá, por una sola vez, solicitar ante el Servicio de Registro Civil e
Identificación el cambio de orden de apellidos determinados en su inscripción de nacimiento (art. 17
bis, inc. 1º).
ii) La solicitud deberá indicar el nuevo orden de los apellidos con los que quiere ser identificado el
requirente y su petición expresa de rectificar los registros con que se le identifique en el Servicio de
Registro Civil e Identificación (art. 17 bis, inc. 2º).
iii) En el caso de los extranjeros, deben gozar de permanencia en Chile e inscribir previamente su
nacimiento en la oficina de Santiago del Servicio de Registro Civil e Identificación. Para ello, deberán
acompañar la documentación necesaria debidamente
legalizada (art. 17 bis, inc. 3º).
iv) No podrán solicitar el cambio de orden de los apellidos las personas: 1. Que se encontraren
actualmente procesadas o formalizadas; 2. Existiere a su respecto órdenes de arresto o detención
pendientes o se encontraren sujetas a otras medidas cautelares personales; 3. Hubieren sido
condenadas por crimen o simple delito que merezca pena aflictiva. Lo anterior, sin perjuicio de recurrir
a la Ley Nº 17.344, en los casos en que cumplieren los requisitos de ésta última (art. 17 bis, inc. 4º).
v) Ingresada la solicitud, se verificará la identidad del solicitante y se oficiará a Carabineros de Chile, a
la Policía de Investigaciones de Chile y al Ministerio Público con el objeto de que informen si el
requirente se encuentra actualmente procesado o formalizado, o tuviera condenas pendientes, o
existieren a su respecto órdenes de arresto o detención pendientes o se encontrare sujeto a otras
medidas cautelares personales y se revisará el Registro General de Condenas y el Prontuario (art. 17
bis, incs. 5º y 6º).
vi) Una vez que el Servicio de Registro Civil e Identificación reciba los informes de las instituciones
mencionadas, su Director Nacional dictará la correspondiente orden de servicio (resolución
administrativa) fundada, que podrá acoger, rechazar o declarar inadmisible la solicitud. La resolución
expresará los recursos que contra la misma procedan, es decir, señalará el órgano administrativo o
judicial ante el que deberán presentarse y el plazo para hacerlo (art. 17 bis, inc. 7º).
vii) La resolución declarará inadmisible el requerimiento en los siguientes casos: 1. Si la presentare un
menor de edad, 2. Si el solicitante se encontrare actualmente procesado o formalizado; 3. Si existiere
a su respecto órdenes de arresto o detención pendientes o se encontrare sujeto a otras medidas
cautelares personales; 4. Si hubiere sido condenado por crimen o simple delito que merezca pena
aflictiva (caso en el cual deberá informarse acerca del procedimiento contenido en la Ley Nº 17.344),
y 5. Cuando el solicitante hubiere sido condenado por alguno de los delitos establecidos en los
párrafos V y VI del Título 7º del Libro Segundo del Código Penal, no procediendo en este caso el
procedimiento contenido en la Ley Nº 17.344 (art. 17 bis, inc. 8º).
viii) Acogida la solicitud, el Servicio de Registro Civil e Identificación: 1. Procederá a practicar las
modificaciones y subinscripciones pertinentes; 2. Emitirá los nuevos documentos identificatorios, que
reemplazarán para todos los efectos legales a los documentos de identidad anteriores; 3. Citará a la
persona interesada para que concurra de manera personal a retirar los nuevos documentos de
identidad (art. 17 ter, incs. 1º y 2º).
ix) Los documentos de identidad originales no podrán ser usados, solicitados o exhibidos bajo
ninguna circunstancia y en ninguna entidad pública o privada, sin perjuicio de lo dispuesto en la Ley
Nº 19.628, sobre protección de la vida privada (art. 17 ter, inc. 3º).
x) El solicitante conservará su número de rol único nacional (art. 17 ter, inc. 4º). xi) El cambio del
orden de los apellidos sólo operará respecto del solicitante, sin que resulte extensivo a los
ascendientes, y no alterará la filiación (art. 17 ter, inc. 5º).
xii) Por su parte, el cambio del orden de los apellidos del solicitante provocará el cambio del
respectivo apellido de transmisión a los hijos menores de edad, debiendo procederse por igual
respecto de todos ellos (art. 17 ter, inc. 5º).
xiii) Sin perjuicio de lo anterior, si el solicitante tuviere uno o más hijos mayores de 14 y menores de
18 años de edad, éstos deberán manifestar su consentimiento, mediante declaración escrita
extendida ante el Oficial del Servicio de Registro Civil e Identificación, caso en el cual también se
deberá proceder por igual respecto de todos los hijos menores de edad. Cuando en tales términos
corresponda proceder con el cambio del respectivo apellido de transmisión a los hijos menores de
edad, el Director Nacional del Servicio de Registro Civil e Identificación, en la orden de servicio por la
que acoja la solicitud de cambio del orden de los apellidos del solicitante, además deberá ordenar las
correspondientes rectificaciones en las partidas de nacimiento de todos los hijos menores de edad,
procediéndose con las modificaciones, subinscripciones pertinentes, emisión de nuevos documentos
identificatorios e informes a instituciones (art. 17 ter, inc. 5º). xiv) Los hijos mayores de edad de quien
obtenga el cambio del orden de sus apellidos por el procedimiento de esta ley o mediante el
procedimiento de la ley N° 17.344, que autoriza el cambio de nombres y apellidos, podrán solicitar
ante el Servicio de Registro Civil e Identificación el cambio del respectivo apellido de transmisión,
caso en el cual se procederá con la rectificación en la partida de nacimiento; modificaciones,
subinscripciones pertinentes, emisión de nuevos documentos identificatorios e informes a
instituciones (art. 17 ter, inc. 6º).

xv) El Servicio de Registro Civil e Identificación informará de la rectificación de la partida de


nacimiento y de la emisión de nuevos documentos, especialmente, a las siguientes instituciones,
cuando corresponda: a) Al Servicio Electoral. b) Al Servicio de Impuestos Internos. c) A la Tesorería
General de la República. d) A la Policía de Investigaciones de Chile. e) A Carabineros de Chile. f) A
Gendarmería de Chile. g) A la Superintendencia de Salud, a fin de que ésta informe a la Institución de
Salud Previsional en la cual cotice el o la solicitante, la que deberá consignar el nuevo orden de los
apellidos del cotizante registrado por dicha institución. h) A la Superintendencia de Pensiones, a fin de
que ésta informe a la respectiva Administradora de Fondos de Pensiones o al Instituto de Previsión
Social, según donde cotice el o la solicitante, del cambio de orden de sus apellidos, el que deberá ser
registrado por la respectiva institución previsional. i) Al Fondo Nacional de Salud, a fin de que éste
registre el cambio de orden de los apellidos de la persona solicitante. j) Al Ministerio de Educación. k)
Al Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH). l) A la Corporación de
Universidades Privadas (CUP). m) Al Consejo de Instituciones Privadas de Formación Superior
(CONIFOS). n) A las asociaciones de notarios, conservadores y archiveros judiciales, para que éstas
informen a sus asociados del cambio de orden de los apellidos de la persona solicitante. ñ) A los
municipios (art. 17 ter, inc. 7º).
xvi) La persona interesada podrá solicitar fundadamente al Servicio de Registro Civil e Identificación
que se informe de la rectificación de la partida de nacimiento y de la emisión de nuevos documentos a
otra institución pública o privada, indicando las razones que justifican dicha comunicación (art. 17 ter,
inc. 8º).
xvii) Toda información o comunicación entre instituciones, sean públicas o privadas, deberá ser
tratada conforme a la ley N° 19.628, sobre protección de la vida privada (art. 17 ter, inc. 9º).
viii) Los efectos jurídicos de la rectificación del orden de los apellidos del solicitante realizada en
virtud de lo dispuesto en los artículos 17 bis y 17 ter, serán oponibles a terceros desde el momento en
que se extienda la inscripción rectificada en conformidad al artículo 104 del decreto con fuerza de ley
N° 2.128, de 1930, del Ministerio de Justicia, que aprueba el reglamento orgánico del Servicio de
Registro Civil (art. 17 quáter, inc. 1º).
xix) Una vez rectificada la partida, el solicitante que haya obtenido el cambio de orden de sus
apellidos sólo podrá usar en el futuro, en todas sus actuaciones, sus apellidos en la forma en que han
sido rectificados (art. 17 quáter, inc. 1º).
xx) La rectificación correspondiente se publicará a costa del solicitante, en extracto en el Diario Oficial
de los días 1 o 15 del mes o al día siguiente hábil si no circulare en esas fechas. El extracto contendrá
necesariamente la individualización del solicitante y la indicación de los apellidos que usará (art. 17
quáter, inc. 1º).
xxi) La rectificación en la partida de nacimiento no afectará la titularidad de los derechos y
obligaciones patrimoniales que pudieran corresponder a la persona con anterioridad a la inscripción
del cambio, ni afectará las provenientes de las relaciones propias del derecho de familia en todos sus
órdenes y grados, las que se mantendrán inmodificables (art. 17 quáter, inc. 2º).
xxii) La rectificación en la partida de nacimiento tampoco afectará las garantías, derechos y las
prestaciones de salud u otras que pudieran corresponder a la persona con anterioridad a la
inscripción del cambio (art. 17 quáter, inc. 3º).
xxiii) El uso de los apellidos en el orden primitivo y la utilización de los apellidos en la forma en que
han sido rectificados para eximirse, impedir, dificultar o eludir el cumplimiento de cualquier obligación,
serán sancionados con la pena de presidio menor en su grado mínimo (art. 17 quáter, inc. 4º).

Protección del nombre.

El derecho al nombre está protegido, y un uso fraudulento del mismo acarrea la imposición de penas
y eventualmente responsabilidad civil.
Diversos preceptos del Código Penal se preocupan de la materia:
i.- Art. 214: incurre en un delito, aquel que usurpa el nombre de otro. A la pena se sumará
indemnización de perjuicios, si como consecuencia de la usurpación se ocasiona daño a la fama o
intereses de la persona cuyo nombre se usurpó. La responsabilidad civil extracontractual podrá
reclamarse mediante una acción fundada en los arts. 2314 y siguientes del Código Civil.
ii.- Art. 193: comete delito el empleado público que, abusando de su oficio, incurre en falsedad
contrahaciendo o fingiendo letra, firma o rúbrica.
Establece la norma: “Será castigado con presidio menor en su grado máximo a presidio mayor en su
grado mínimo el empleado público que, abusando de su oficio, cometiere falsedad: 1.°
Contrahaciendo o fingiendo letra, firma o rúbrica”.
iii.- Art. 197: se refiere a toda persona que, con perjuicio de tercero, cometiere en instrumento privado
alguna de las falsedades antes indicadas.
iv.- Art. 468: se refiere al que defraudare a otro usando de nombre fingido.
Expresa la ley: “Incurrirá en las penas del artículo anterior el que defraudare a otro usando de nombre
fingido, atribuyéndose poder, influencia o crédito supuestos, aparentando bienes, crédito, comisión,
empresa o negociación imaginarios, o valiéndose de cualquier otro engaño semejante”.
En el Código Civil, cabe tener presente el art. 548-3, inc. 2º, en las normas de las personas jurídicas
de derecho privado sin fines de lucro: “El nombre no podrá coincidir o tener similitud susceptible de
provocar confusión con ninguna otra persona jurídica u organización vigente, sea pública o privada, ni
con personas naturales, salvo con el consentimiento expreso del interesado o sus sucesores, o
hubieren transcurrido veinte años desde su muerte”.
A su vez, el art. 20 de la Ley Nº 19.039, sobre Propiedad Industrial, dispone: “No podrán registrarse
como marcas: (…) c) El nombre, el seudónimo o el retrato de una persona natural cualquiera, salvo
consentimiento dado por ella o por sus herederos, si hubiera fallecido.

b) El sobrenombre.
Se define el sobrenombre o apodo como “el nombre que suele darse a una persona, tomado de sus
defectos corporales o de alguna otra circunstancia”.9
El sobrenombre o apodo carece de todo valor jurídico, no forma parte de la designación legal de la
persona. Para identificar a ciertos delincuentes, más conocidos por sus sobrenombres en el mundo
del hampa, puede tener importancia sin embargo, y por ello, el art. 321 del Código de Procedimiento
Penal (todavía vigente para los delitos cometidos antes de entrar en vigencia la reforma procesal
penal) dispone que en la primera declaración se le preguntará al inculpado, entre otras cosas, su
apodo, si lo tuviere.10

c) El seudónimo.
Se le define como “el nombre utilizado por una persona en un determinado ámbito, en lugar del suyo
verdadero, especialmente el usado por un escritor o un artista”.11
Se encuentra recogido por la Ley Nº 17.336 de Propiedad Intelectual, en cuyo art. 5, letra e), se define
la obra seudónima como aquella en que el autor se oculta bajo un seudónimo que no lo identifica; el
art. 8 establece que se presume que es autor de la obra la persona que figure como tal en el ejemplar
que se registra, o aquella a quien, según la respectiva inscripción, pertenezca el seudónimo con que
la obra es dada a la publicidad. El art. 14, por su parte, dispone que “El autor, como titular exclusivo
del derecho moral, tiene de por vida las siguientes facultades: 1) Reivindicar la paternidad de la obra,
asociando a la misma su nombre o seudónimo conocido”.
A su vez, el art. 20 de la Ley Nº 19.039 de Propiedad Industrial, ya citado, alude también al
seudónimo, permitiendo que se inscriba como marca, con el consentimiento del interesado.
CAPACIDAD DE GOCE:
C
2. Capacidad de goce:
También conocida como capacidad adquisitiva, se define como la aptitud de una persona para
adquirir derechos. De acuerdo al artículo 1446 del Código Civil: “Toda persona es legalmente capaz,
excepto aquellas que la ley declara incapaces”. Conforme al artículo 1447, se distinguen entre
incapacidad absoluta y relativa.
Por un lado, son absolutamente incapaces los impúberes, los dementes y sordos o sordomudos que
no pueden darse a entender claramente.
Por otro lado, son incapaces relativos los menores adultos y el disipador que se haya en interdicción
de administrar lo suyo.
Finalmente, existen otros tipos de incapacidades particulares que son prohibiciones que la ley ha
impuesto a ciertas personas para ejecutar ciertos actos, un ejemplo de ello, es la compraventa entre
cónyuges.

La capacidad de goce es la aptitud legal de una persona para adquirir derechos y contraer
obligaciones. En el Derecho comparado, también se le denomina capacidad de derecho.
La capacidad de ejercicio es la aptitud legal de una persona para ejercer los derechos y para
cumplir las obligaciones por sí mismo, sin el ministerio o la autorización de otra persona. En el
Derecho comparado, también se le denomina capacidad de hecho.
El Código Civil no define la capacidad de goce, pero sí la capacidad de ejercicio, en el art. 1445, inc.
2º: “La capacidad legal de una persona consiste en poderse obligar por sí misma, y sin el ministerio o
autorización de otra”.
Capacidad de goce, atributo de la personalidad.

El concepto de personalidad se confunde con el concepto de capacidad de goce. Ser persona, en


realidad, es tener capacidad de goce; todo individuo susceptible de ser sujeto de derecho, es
persona. Por eso, no existen seres humanos desprovistos en absoluto de la capacidad de goce.
Privar a un ser humano de la capacidad para adquirir todo derecho, sería dejar de considerarlo
persona.
Dentro de nuestra legislación, sólo hay incapacidades de goce especiales, esto es, referentes a uno o
más derechos determinados, pero jamás una incapacidad de goce absoluta o general.
En cambio, es posible que ciertos individuos estén totalmente desprovistos de capacidad de ejercicio,
lo que no infringe los principios anteriores, pues esta capacidad no constituye un atributo de la
personalidad.
De esta manera, “Si bien toda persona, por ser tal, tiene capacidad de goce, no todas poseen
capacidad de ejercicio. En otros términos, aunque pueden ser titulares de derechos no pueden
ejercitar dichos derechos por sí mismas”.3
Esto explica, por ejemplo, que un niño recién nacido puede adquirir el derecho de dominio sobre
bienes que adquiere de su abuelo por sucesión por causa de muerte, o que un demente adquiera por
donación, un inmueble que le dona su hermano. Uno y otro, tienen capacidad de goce y pueden
entonces adquirir derechos. Pero ninguno de ellos, como es lógico, podrá ejercitar las facultades
propias del dominio por sí solos. Requerirán de la intervención de sus representantes legales, porque
no tienen capacidad de ejercicio.

La incapacidad de ejercicio es excepcional.


La capacidad de ejercicio es el primer requisito que debe concurrir en todo acto o contrato para que
éste sea válido. Dispone el art. 1445: “Para que una persona se obligue a otra por un acto o
declaración de voluntad es necesario: 1º que sea legalmente capaz”. Cuando la ley habla de la
capacidad “legal”, se está refiriendo a la capacidad de ejercicio.
La capacidad de ejercicio es la regla general y la incapacidad lo excepcional. Establece el art. 1446:
“Toda persona es legalmente capaz, excepto aquellas que la ley declara incapaces”.

Incapacidades de goce especiales o particulares.

La ley contempla algunas incapacidades de goce, respecto de determinados derechos, denominadas


incapacidades particulares, consistentes en la prohibición que la ley ha impuesto a ciertas personas
para ejecutar o celebrar algunos actos o contratos.
Algunos ejemplos:
i.- De conformidad al art. 412, el tutor o curador no puede adquirir para sí bienes muebles de su
pupilo, a menos que obtenga la autorización de los otros tutores o curadores generales del mismo
pupilo o por el juez en subsidio; pero ni aún con dicha autorización, podrá adquirir para sí o tomar en
arrendamiento los bienes inmuebles de su pupilo.
ii.- Los arts. 961 a 965, establecen una serie de incapacidades para adquirir herencias o legados a
ciertas personas.
iii.- Los cónyuges no pueden entre sí donarse bienes en forma irrevocable (art. 1137).
Iv.- .- Los arts. 1796 a 1800, consagran incapacidades especiales para comprar, para vender o para
comprar y vender, que afectan a ciertas personas. Así, por ejemplo, los cónyuges no pueden celebrar
entre sí el contrato de compraventa, a menos que estuvieren “separados judicialmente” (art. 1796).
Como se dijo, nunca estas incapacidades podrán ser absolutas o generales. Son incapacidades de
goce, porque impiden adquirir ciertos derechos. Alude a ellas, genéricamente, el último inciso del art.
1447: “Además de estas incapacidades hay otras particulares que consisten en la prohibición que la
ley ha impuesto a ciertas personas para ejecutar ciertos actos”.
La verdad es que se ha discutido si en estos casos, nos encontramos realmente ante “incapacidades”.
En el estudio del Acto Jurídico, trataremos esta cuestión con mayor detenimiento.

Nacionalidad:NACIONALIDAD:

Se define como el vínculo jurídico que une o liga a una persona a un Estado determinado.
La nacionalidad crea ciertos derechos y obligaciones para ambas partes, por ser un vínculo jurídico
involucra a las personas y al Estado en una relación recíproca.
Respecto del Estado, éste debe garantizar el respeto de las garantías constitucionales consagradas
en el artículo 19 de la Constitución Política. Dentro de ellas se encuentra: el derecho a la vida y a la
integridad física y psíquica de la persona, el derecho a la salud, el respeto y protección a la vida
privada y pública y a la honra de la persona y de su familia, el derecho a la libertad personal y a la
seguridad nacional, entre otras.
Mientras que, en cuanto a las obligaciones que tienen las personas para con el Estado, se encuentran
en el artículo 22 de la Constitución Política. En ellas destaca el respeto a Chile, honrar a la patria,
contribuir a preservar la seguridad nacional, respeto a sus emblemas nacionales, entre otros.

Igualdad de los chilenos y extranjeros ante el Derecho Civil.


El Código Civil no reglamenta la nacionalidad, sino que se remite a la Constitución.
El art. 55 señala que las personas se dividen en chilenos y extranjeros.
El art. 56 dispone que son chilenos los que la Constitución declara tales. Los demás son extranjeros.
El art. 57 consagra el principio de igualdad entre chilenos y extranjeros en cuanto a la adquisición y
goce de los derechos civiles. De igual forma, el artículo 997 ratifica que no hay diferencias entre
chilenos y extranjeros, en lo concerniente a las sucesiones intestadas abiertas en nuestro país. Estas
disposiciones están directamente relacionadas con los arts. 14 y 16, que consagran el principio de la
territorialidad. Como contrapartida al sometimiento a la ley chilena, que imponen a los extranjeros los
arts. 14 y 16, se les otorgan las franquicias de los arts. 57 y 997

Adquisición y pérdida de la nacionalidad.


Esta materia está regulada por el Constitución Política de la República, en el Capítulo II, “Nacionalidad
y Ciudadanía”.
a) Quiénes son chilenos.
Conforme al art. 10 de la Constitución política, son chilenos:
1º Los nacidos en el territorio nacional, con excepción de:
i.- Los hijos de extranjeros que se encuentren en Chile en servicio de su Gobierno; y
ii.- Los hijos de extranjeros transeúntes.
Con todo, ambos podrán optar por la nacionalidad chilena. Para ello, deberán hacerlo mediante una
declaración en que manifiesten que optan por la nacionalidad chilena. Dicha declaración deberán
hacerse en el plazo fatal de un año, contado desde la fecha en que el interesado cumpla 18 años de
edad, y ante el Intendente o Gobernador respectivo, en Chile, o el Agente Diplomático o Cónsul de la
República en el extranjero, y después de acreditar fehacientemente que el interesado se encuentra en
alguno de los casos consignados “en el artículo 5 Nº 1 de la Constitución”4 (art. 10 del Decreto
Supremo Nº 5.142, publicado en el Diario Oficial el 29 de octubre de 1960, del Ministerio del Interior,
que “Fija texto refundido de las disposiciones sobre nacionalización de extranjeros”).
2º Los hijos de padre o madre chilenos, nacidos en el extranjero, pero siempre y cuando alguno de
sus ascendientes en línea recta de primer o segundo grado (es decir, sus padres o sus abuelos), haya
adquirido la nacionalidad chilena en virtud de los números 1º, 3º o 4º.
3º Los extranjeros que obtuvieren carta de nacionalización en conformidad a la ley.
4º Los que obtuvieren la nacionalidad por gracia
La nacionalidad puede ser “adquirida” o “de origen” y “derivada”, o “de elección”.
La nacionalidad adquirida o de origen es la que se adquiere con el nacimiento. Puede tenerse en
virtud del ius solis o del ius sanguinis. Conforme al ius solis, se adquiere la nacionalidad del Estado en
cuyo territorio se nace. De acuerdo al ius sanguinis, se adquiere la nacionalidad de los padres con
prescindencia del lugar en que se nace. Como puede observarse, la Constitución consagra un ius
solis atenuado, pues no basta haber nacido en Chile para detentar de inmediato la nacionalidad
chilena. Otro tanto puede afirmarse del ius sanguinis. No todo hijo de chilenos nacido en el extranjero,
obtendrá por dicha filiación la nacionalidad chilena.

La nacionalidad derivada o de elección, es la que se adquiere mediante la carta de nacionalización. El


citado Decreto Supremo Nº 5.142, publicado en el Diario Oficial el 29 de octubre de 1960, del
Ministerio del Interior, regula la materia. Podrá otorgarse carta de nacionalización a los extranjeros
que cumplan los siguientes requisitos (arts. 2º y 3º):
i.- Que hayan cumplido 18 años. Con todo, también podrán solicitar carta de nacionalización los hijos
de extranjeros que hayan cumplido 14 años de edad, tengan más de cinco años de residencia en el
territorio de la República, cuenten para ello con la autorización de quienes estén a cargo de su
cuidado personal y hayan obtenido permiso de residencia definitiva. A su vez, los menores de 18
años, cuyo padre o madre tenga la calidad de refugiados reconocidos por Chile, podrán
nacionalizarse chilenos desde el momento en que, al menos, uno de sus padres haya obtenido la
carta de nacionalización, sin necesidad de cumplir cualquier otro requisito legal.
ii.- Que tengan más de cinco años de residencia en Chile. Corresponderá al Ministerio del Interior
calificar, atendidas las circunstancias, si viajes accidentales al extranjero han interrumpido o no la
residencia continuada.
iii.- Que sean titulares del permiso de residencia definitiva.
iv.- Que renuncien a su nacionalidad de origen o a cualquiera otra adquirida o que pudiere
corresponderle.
v.- Que no hayan sido condenados o estén actualmente “procesados”5 por simples delitos o
crímenes, hasta que se sobresea definitivamente a su respecto.
vi.- Que estén capacitados para ganarse la vida.
vii.- Que no practiquen o difundan doctrinas que puedan producir la alteración revolucionaria del
régimen social o político o que puedan afectar a la integridad nacional.
viii.- Que no se dediquen a trabajos ilícitos o que pugnen con las buenas costumbres, la moral o el
orden público y, en general, aquellos extranjeros cuya nacionalización no se estime conveniente por
razones de seguridad nacional

Pérdida de la nacionalidad chilena.

Conforme al art. 11 de la Constitución Política, la nacionalidad chilena se pierde:


1º Por renuncia voluntaria manifestada ante autoridad chilena competente. La renuncia sólo producirá
efectos si la persona, previamente, se hubiere nacionalizado en país extranjero.
2º Por prestar servicios durante una guerra exterior a enemigos de Chile o a sus aliados (en este
caso, la nacionalidad se perderá dictando un Decreto Supremo).
3º Por cancelación de la carta de nacionalización.
4º Por ley que revoque la nacionalización concedida por gracia.
Los que pierdan la nacionalidad chilena, sólo podrán ser rehabilitados por ley.
El art. 12 de la Constitución establece un recurso ante la Corte Suprema, que debe interponerse en el
plazo de 30 días. La Corte Suprema conoce del recurso comojurado (es decir, en conciencia) y en
pleno.

3. Nacionalidad y ciudadanía.

No deben confundirse la nacionalidad y la ciudadanía. Esta última, consagrada en los arts. 13 y 14 de


la Constitución, se refiere al derecho a elegir y a ser elegido. Por ende, no todos aquellos que tienen
la nacionalidad chilena, son ciudadanos, pues para serlo se requiere tener cumplidos 18 años y no
haber sido condenado a pena aflictiva. A su vez, algunos extranjeros gozan de la ciudadanía, aunque
con ciertas restricciones: los extranjeros avecindados en Chile por más de cinco años, y que cumplan
con los requisitos señalados en el inc. 1º del art. 13 (es decir, que hayan cumplido dieciocho años de
edad y que no hayan sido condenados a pena aflictiva), podrán ejercer el derecho de sufragio en los
casos y formas que determine la ley. De esta manera, se les confiere una parte de los derechos de la
ciudadanía, el de elegir, pero no el de ser elegidos. Con todo, los nacionalizados en conformidad al Nº
3 del art. 10 (es decir, los extranjeros que obtuvieren carta de nacionalización en conformidad a la
ley), tendrán opción a cargos públicos de elección popular sólo después de cinco años de estar en
posesión de sus cartas de nacionalización (art. 14, inc. 2º).

Conforme al art. 16 de la Constitución, el derecho de sufragio se suspende en los siguientes casos:


1º.- Por interdicción en caso de demencia.
2º.- Por hallarse la persona acusada del delito que merezca pena aflictiva o por delito que la ley
califique como conducta terrorista.
3º.- Por haber sido sancionado por el Tribunal Constitucional en conformidad al inc. 7º del Nº 15 del
art. 19 de la Constitución. Se trata de las personas sancionadas por haber participado en partidos,
movimientos u otras formas de organización cuyos objetivos, actos o conductas no respeten los
principios básicos del régimen democrático y constitucional, procurando el establecimiento de un
sistema totalitario, como asimismo aquellos que hagan uso de la violencia, la propugnen o inciten a
ella como método de acción política. Estas personas recuperarán el derecho de sufragio al término de
cinco años, contado desde la declaración del Tribunal Constitucional.
De acuerdo al art. 17 de la Constitución, la calidad de ciudadano se pierde:
1º.- Por pérdida de la nacionalidad chilena;
2º.- Por condena a pena aflictiva; y
3º.- Por condena por delitos que la ley califique como conducta terrorista y los relativos al tráfico de
estupefacientes y que hubieren merecido, además, pena aflictiva.
Los que hubieren perdido la ciudadanía por la causal indicada en el N° 2, la recuperarán en
conformidad a la ley, una vez extinguida su responsabilidad penal. Los que la hubieren perdido por las
causales previstas en el Nº 3 podrán solicitar su rehabilitación al Senado una vez cumplida la condena

Excepciones al principio establecido en el art. 57 del Código Civil.


a) Dentro del mar territorial (definido en el art. 593), sólo pueden realizar faenas de pesca los chilenos
y los extranjeros domiciliados: art. 611 del Código Civil, en relación a la Ley Nº 4.601 (sobre Caza,
cuyo texto fijó la Ley Nº 19.473) y a la Ley Nº 18.892, Ley General de Pesca y Acuicultura. El art. 17
de la última, establece que para solicitar autorización de pesca, el solicitante, de ser persona natural,
deberá ser chileno o extranjero que disponga de permanencia definitiva; si el solicitante fuere una
persona jurídica, deberá estar legalmente constituida en Chile. Originalmente, esta prohibición
pretendía evitar el contrabando.
b) Los que carecen de domicilio en Chile, no pueden desempeñarse como albaceas (arts. 1272, 497
Nº 6 y 1270, todos del Código Civil).
c) No pueden ser testigos en un testamento solemne otorgado en Chile, los extranjeros no
domiciliados en el país: art. 1012 Nº 10 del Código Civil.
d) Caso de extraterritorialidad establecido en el art. 15 Nº 2 del Código Civil: la norma sólo se refiere
al cónyuge y parientes chilenos.
e) Caso del art. 998 del Código Civil, sucesión de un extranjero que deja bienes en Chile: sólo se
refiere a los herederos chilenos.
f) Tratándose de un testamento otorgado en el extranjero, sólo podrán hacerlo conforme a la ley
chilena los chilenos y los extranjeros domiciliados en Chile (art. 1028 del Código Civil).

g) Prohibición de adquirir el dominio de bienes raíces ubicados en ciertas provincias o regiones


limítrofes, para aquellos extranjeros en cuyos países rija prohibición análoga para los chilenos.
h) Las personas naturales o jurídicas extranjeras, no pueden celebrar contratos de arrendamiento
sobre predios rústicos, cuando éstos se ubican en zonas fronterizas (art. 3 del Decreto Ley N° 993,
que regula el arrendamiento de predios rústicos).
i) No pueden ser testigos, para los efectos de una inscripción en los libros del Registro Civil, los
extranjeros que no tienen domicilio en Chile: art. 16 de la Ley de Registro Civil.
j) Las personas naturales o jurídicas extranjeras, no pueden adquirir o detentar la mera tenencia de
tierras fiscales fronterizas y de tierras fiscales contiguas a la costa (art. 6 del Decreto Ley Nº 1.939).

3.1 Domicilio:DOMICILIO:

El artículo 59 del Código Civil define al domicilio como aquella “residencia, acompañada o real o
presuntivamente, del ánimo de permanecer en ella”.
De acuerdo a esta definición, el domicilio consta de dos elementos:
Elemento físico o material: consiste en la residencia, es decir, la relación de hecho que existe entre
una persona con un lugar determinado con carácter de más o menos estable.
Elemento psicológico: se refiere al ánimo de permanecer en ella, en dicho territorio.
El domicilio, es de suma importancia para efectos legales. Por ejemplo, de acuerdo al artículo 955 del
Código Civil, “la sucesión en los bienes de una persona se abre al momento de su muerte en su
último domicilio”.
Otro ejemplo, lo podemos ver en materia procesal, ya que el juez competente para conocer de una
demanda es el juegos del domicilio del demandado.
Niveles de vinculación jurídica de una persona con un lugar.

La doctrina distingue tres niveles, respecto a la permanencia de una persona en un lugar: de menor a
mayor grado de vinculación, son ellos la habitación o morada, la residencia y el domicilio.
Tal distingo guarda un cierto paralelo al de mera tenencia, posesión y dominio, aludiendo a las cosas
y sus niveles de radicación con las personas.
La habitación o morada es el lugar en que accidentalmente está una persona, en el cual pernocta o
tiene alojamiento. Es la relación más tenue o débil entre una persona y un lugar determinado (por
ejemplo, los pasajeros de un hotel). Tiene escasa trascendencia para el Derecho, salvo en cuanto las
leyes obligan a todos los habitantes de la República, sean nacionales o extranjeros, domiciliados o
transeúntes (art. 14). Encontramos sin embargo algunos casos en que se alude a la habitación en las
reglas sobre las guardas y la responsabilidad civil extracontractual:
i.- En el art. 430 del Código Civil, se dispone que el pupilo (es decir la persona bajo guarda), no puede
residir en el mismo lugar en que tenga su habitación uno de sus eventuales herederos. Esta limitación
no regirá sin embargo, si se trata de alguno de los ascendientes del pupilo

ii.- En el art. 2320 del Código Civil, respecto de los hijos menores que “habiten en la misma casa” de
sus padres (aludiremos a este caso más adelante, al referirnos al domicilio legal de los menores).
iii.- En el art. 2328 del Código Civil, respecto de la cosa que cae o es arrojada de la parte superior de
un edificio: “El daño causado por una cosa que cae o se arroja de la parte superior de un edificio, es
imputable a todas las personas que habitan la misma parte del edificio, y la indemnización se dividirá
entre todas ellas; a menos que se pruebe que el hecho se debe a la culpa o mala intención de alguna
persona exclusivamente, en cuyo caso será responsable esta sola”.

La residencia es el lugar en que habitualmente se encuentra una persona. Se refiere a la sede


estable de una persona, aunque no sea perpetua ni continua. No es transitoria u ocasional, como la
morada o habitación. Como refiere Ducci, “La residencia es siempre una noción concreta. Se
diferencia de la habitación en que aquí desaparece el aspecto de transitorio, o mejor, de ocasional. La
residencia implica la idea de algo estabilizado; la permanencia física de una persona en un lugar
determinado en forma permanente o habitual, lo que no significa que siempre, en todo momento,
deba estar allí”.19 La residencia tiene importantes efectos jurídicos:
i.- Hace las veces de domicilio civil, respecto de las personas que no lo tuvieren en otra parte (art. 68).
ii.- La residencia y el domicilio es la misma para los obispos, curas y otros eclesiásticos (art. 66).
iii.- Transforma en sujeto gravado por el impuesto a la renta, conforme al art. 3, inc. 1º de la Ley de la
Renta: “Salvo disposición en contrario de la presente ley, toda persona domiciliada o residente en
Chile, pagará impuesto sobre sus rentas de cualquier origen, sea que la fuente de entradas esté
situada dentro del país o fuera de él, y las personas no residentes en Chile estarán sujetas a
impuestos sobre sus rentas cuya fuente esté dentro del país”

El domicilio es un concepto jurídico y no de hecho como los dos anteriores.


Es una abstracción legal, que considera a una persona presente en el lugar en que tiene el asiento
principal de sus negocios o donde ejerce habitualmente su profesión u oficio, aunque en el hecho así
no ocurra permanentemente (art. 62).
La residencia y el domicilio pueden corresponder a un mismo lugar o a diversos lugares. Así por
ejemplo, si un abogado que vive y ejerce en Santiago pero que durante el mes de febrero se traslada
a Villarrica, tiene durante 11 meses su domicilio y residencia en Santiago y durante febrero su
residencia en Villarrica, conservando su domicilio en Santiago. Y si al trasladarse a Villarrica pernocta
en Temuco, habrá tenido su morada o habitación en esa ciudad.
Sin embargo, la diferencia entre la residencia y el domicilio, cuando no corresponden a un mismo
lugar, consiste en que la primera “implica la permanencia en un lugar con carácter temporario y sin
ánimo de vivir allí

Presunciones de domicilio.
El Código Civil establece diversas presunciones acerca del ánimo de una persona de avecindarse en
un lugar, y por ende, cambiar efectivamente su domicilio. Tales presunciones son positivas y
negativas, es decir, en algunos casos el legislador presume el ánimo de constituir un nuevo domicilio
y en otros, deduce de ciertos hechos que no existe ánimo de cambiar domicilio.

Las presunciones positivas están indicadas en los arts. 62 y 64. En los casos que señalan dichos
artículos, se manifiesta la intención de un sujeto de avecindarse en determinado lugar. Son tales:
i.- Donde se ejerce habitualmente una profesión u oficio (art. 62).
ii.- Donde se abre tienda, botica, fábrica, taller, posada, escuela u otro establecimiento durable, para
administrarlo en persona (art. 62).
iii.- Aceptar un cargo concejil (art. 64).
iv.- Aceptar un empleo fijo de los que regularmente se confieren por largo tiempo (art. 65).
Las presunciones negativas están establecidas en los arts. 63 y 65, preceptos que establecen hechos
que no hacen presumir cambio de domicilio. Ambos artículos se refieren a la habitación o morada.
Son tales:
i.- Habitar en un lugar temporalmente (art. 63).
ii.- En los casos de confinamiento o destierro que afecten a un individuo (art. 65).
Todas las presunciones anteriores son simplemente legales y no de derecho, y en consecuencia,
pueden destruirse probando lo contrario de lo que suponen

Clases de domicilio.

a) Domicilio político y domicilio civil (art. 59).


Atiende este distingo a la extensión del domicilio, es decir, según si el domicilio corresponde a todo el
territorio o a una parte del territorio de un Estado.
El domicilio político se define en el art. 60: “El domicilio político es relativo al territorio del Estado en
general. El que lo tiene o adquiere es o se hace miembro de la sociedad chilena, aunque conserve la
calidad de extranjero. / La constitución y efectos del domicilio político pertenecen al Derecho
Internacional”.
La palabra “político” se usa en el sentido de “nacional”, de modo que este domicilio podría llamarse
también domicilio nacional. Abarca todo el territorio sujeto a la soberanía de un Estado en que se
entiende avecindada una persona. Los chilenos lo tienen por origen y los extranjeros por el hecho de
avecindarse en Chile. Al domicilio político se refieren los arts. 15 (extraterritorialidad de la ley chilena),
497 Nº 6 (personas incapaces de desempeñarse como tutores o curadores), y 1012 Nº 10 (personas
inhábiles para servir como testigos de un testamento), todos del Código Civil.
El domicilio civil es el relativo a una parte determinada del territorio del Estado (art. 61). Puede
definirse como la residencia, en una parte determinada del territorio del Estado, acompañada, real o
presuntivamente, del ánimo de permanecer en ella.
Los elementos constitutivos del domicilio civil (que pueden equipararse al corpus y al animus de la
posesión) son dos:
i.- La residencia en una parte determinada del territorio del Estado.
Se trata de un hecho material, que consiste en permanecer físicamente en cierto lugar por un tiempo
prolongado.
ii.- El ánimo de permanecer en esa residencia.
Este elemento alude a la intención que tiene una persona, de avecindarse en cierto lugar o desarrollar
ahí sus principales actividades. El ánimo puede ser real o presunto. El primero es el que tiene una
existencia cierta y efectiva; el segundo, es el que se deduce de ciertos hechos o circunstancias.
Como refiere Vodanovic, “Los dos elementos, residencia y ánimo, son necesarios para constituir
domicilio. La residencia actual, por prolongada que sea, no basta por sí sola para constituir domicilio,
porque la persona puede conservar el ánimo de volver a la residencia anterior. El ánimo, por sí solo,
tampoco es suficiente para constituir domicilio si no hay efectivamente un cambio de residencia. Pero
el solo ánimo basta para conservar el domicilio: si se abandona la residencia con la intención de
volver a ella, la falta de permanencia en el lugar, por prolongada que sea, no hace perder el domicilio.
De ahí que se diga que el ánimo es el principal de los elementos constitutivos del domicilio”

b) Domicilio de origen y adquirido.


Se divide así el domicilio, atendiendo a la oportunidad en que se adquiere.
El domicilio de origen se adquiere por el nacimiento, aun cuando no coincida realmente con el lugar
en que la persona nació. Se determina por el domicilio de los padres.
El domicilio adquirido es el que resulta de la elección de la persona, al fijar en un lugar determinado la
sede principal de sus negocios, distinta al domicilio de origen.
c) Domicilio legal, convencional y real.
Esta clasificación atiende a la fuente del domicilio, es decir, según si emana de la ley, de una
convención o de la voluntad unilateral de un individuo

c.1) El domicilio legal o de derecho es el que la ley impone de oficio a ciertas personas, en razón del
estado de dependencia en que se encuentran con respecto a otras o por consideración al cargo que
desempeñan. Dentro del domicilio legal, cabe el domicilio de origen. El domicilio legal es un verdadero
imperativo de la ley. De ahí que siempre tenga un carácter forzoso y en algunos casos sea ficticio.
Sólo existen los domicilios legales manifiestamente establecidos por la ley y no cabe extenderlos por
analogía a otras situaciones, siendo por ende de interpretación estricta. La determinación del domicilio
legal de una persona es una cuestión de derecho, no de hecho.
c.1.1) Casos de domicilio legal, derivados de una relación de dependencia:
i.- Los menores: debemos distinguir entre hijos de filiación determinada e indeterminada, y en el
primer caso, se puede tratar de una filiación matrimonial o no matrimonial, y en ésta, de
reconocimiento voluntario y forzado. Conforme al art. 203 del Código Civil, cuando la filiación haya
sido determinada judicialmente contra la oposición del padre o madre, aquél o ésta quedarán privados
de la patria potestad. Dispone por su parte el art. 72 del Código Civil, que el que vive bajo patria
potestad sigue el domicilio de quien la ejerza. La disposición se refiere a los hijos de filiación
determinada, salvo, según se indicó, si el reconocimiento fue forzado. A los padres está confiada la
gestión de los intereses del menor, y por esta razón, el domicilio sólo subsistirá mientras el hijo se
mantenga bajo patria potestad.

ii.- Los interdictos: las personas a quienes se priva legalmente de la administración de sus bienes,
siguen el domicilio de sus curadores. Pueden declararse en interdicción los dementes, los sordos o
sordomudos que no pueden darse a entender claramente y los pródigos.
De acuerdo a lo que habíamos expresado, el pupilo no puede tener su residencia en el mismo lugar
en que habite aquél que, eventualmente, pudiere sucederle, a menos que se tratare de un
ascendiente. Expresa el art. 430 del Código Civil: “El pupilo no residirá en la habitación o bajo el
cuidado personal de ninguno de los que, si muriese, habrían de suceder en sus bienes. / No están
sujetos a esta exclusión los ascendientes”.
iii.- Los criados y dependientes (art. 73)

c.1.2) Casos de domicilio legal, derivados del cargo que se desempeña:


i.- El del art. 66, respecto de los eclesiásticos (hoy injustificado, atendida la separación de la Iglesia y
el Estado).
ii.- El del art. 311 del Código Orgánico de Tribunales: los jueces están obligados a residir
constantemente en la ciudad o población donde tenga asiento el tribunal en que deban prestar sus
servicios. Sin embargo, las cortes de apelaciones podrán, en casos calificados, autorizar
transitoriamente a los jueces de su jurisdicción para que residan en un lugar distinto del asiento del
tribunal. Cabe señalar que no es este propiamente un caso de domicilio legal, porque la ley sólo
impone la residencia, y si bien se les aplicaría a los jueces la presunción del artículo 64, se podría
destruir la presunción.
También se agrega por nuestra doctrina como un caso de domicilio legal, aquél a que se refiere el art.
68, cuando se trata de personas que no tienen domicilio o no pueden probar que lo tienen: “La mera
residencia hará las veces de domicilio civil respecto de las personas que no tuvieren domicilio civil en
otra parte”.24 En este caso, la residencia hará las veces también de domicilio

c.2) El domicilio convencional: art. 69. Es aquel que se pacta en un contrato, para efectos judiciales
o extrajudiciales, y puede alterar las reglas de competencia, sometiendo el conocimiento de un juicio a
los tribunales de un determinado lugar, en el cual las partes, de común acuerdo, fijan su domicilio.
Además de ser acordado por ambas partes, el domicilio convencional debe determinarse con claridad,
bastando en todo caso señalar una ciudad o comuna. Una estipulación vaga, no es suficiente; por
eso, nuestra jurisprudencia ha dicho que carece de valor la cláusula que fija como domicilio del
deudor “el lugar que el acreedor designe” o “donde judicialmente se pida el cumplimiento del
contrato”. Por su vaguedad, estipulaciones de esta naturaleza no importan fijación de domicilio
convencional

El domicilio convencional, aunque sea ficticio o pueda llegar a serlo, será inmutable mientras dure la
convención, a menos que las partes, de común acuerdo, decidan modificarlo: arts. 1545 y 1546; art.
1589, respecto del pago.
El domicilio convencional está limitado tanto en la materia como en el tiempo. En cuanto a la materia,
estará limitado a los efectos del contrato; en cuanto al tiempo, porque regirá mientras subsista el
contrato.
Por cierto, “la muerte del deudor no lo hace desaparecer. Los herederos del deudor están obligados a
respetarlo, porque constituye parte integrante de la convención concluida por su predecesor

c.3) Domicilio real o de hecho: es aquel que las personas eligen a su arbitrio. Es real, porque en él
se encuentra efectivamente el asiento jurídico de una persona; se denomina también “de hecho”, para
distinguirlo del domicilio legal o de derecho. La definición del art. 59, inc. 1º, se refiere al domicilio real
y constituye la regla general, salvo que un individuo posea un domicilio legal o convencional

Para que se origine un nuevo domicilio real, es necesario:


i.- La residencia de una persona en un lugar distinto del anterior.
ii.- La intención de permanecer o establecerse en el lugar de la nueva residencia.28
Se mencionan por Borda los siguientes caracteres del domicilio real:
i.- Es voluntario, pues depende de la voluntad de las personas.
ii.- Es mutable, porque puede cambiarse al arbitrio de cada persona.
iii.- Es inviolable.29 El art. 19, Nº 5 de la Constitución Política, establece: “Artículo 19.- La Constitución
asegura a todas las personas: (…) 5º.- La inviolabilidad del hogar y de toda forma de comunicación
privada. El hogar sólo puede allanarse y las comunicaciones y documentos privados interceptarse,
abrirse o registrarse en los casos y formas determinados por la ley”. Si bien el precepto alude al
“hogar”, el Diccionario de la Lengua Española entiende por tal, en una de sus acepciones, “casa o
domicilio”.
Para determinar si hay o no cambio de domicilio real, habrá que atender, en primer lugar, a las
presunciones positivas y negativas antes señaladas. Cabe precisar, en todo caso, que no siempre un
cambio de domicilio produce efectos jurídicos: por ejemplo, art. 1589, referido a dónde debe hacerse
el pago (“Si hubiere mudado de domicilio el acreedor o el deudor entre la celebración del contrato y el
pago, se hará siempre éste en el lugar en que sin esa mudanza correspondería, salvo que las partes
dispongan de común acuerdo otra cosa”); en un litigio, el nuevo domicilio de una de las partes no
surtirá efectos, si no es informado en los autos (art. 49 del Código de Procedimiento Civil).

d) Domicilio general y especial.


El domicilio civil puede dividirse en general y especial. Este distingo atiende al mayor o menor alcance
que tiene el domicilio.
Domicilio general es el que se aplica a la generalidad de los derechos y obligaciones que entran en la
esfera del Derecho civil. En otras palabras, es el que tiene una persona para todas sus relaciones
jurídicas.31
Domicilio especial es el que sólo se refiere al ejercicio de ciertos derechos o relaciones jurídicas. Se
trata de “un domicilio de excepción y se aplica solamente aciertas relaciones jurídicas especialmente
determinadas en cada caso particular

Pluralidad de domicilios.

De acuerdo a lo dispuesto en el art. 67, puede concluirse que nuestro Código Civil acepta la pluralidad
de domicilios generales. Pero será condición que en cada uno de ellos concurran todas las
circunstancias constitutivas del domicilio. Lo anterior tiene especial importancia para los efectos de
notificar una demanda. Sin embargo, tratándose dicha pluralidad de una excepción, corresponde
probarla a la parte que la alegue, pues las excepciones no se presumen.
Dispone el precepto: “Cuando concurran en varias secciones territoriales, con respecto a un mismo
individuo, circunstancias constitutivas de domicilio civil, se entenderá que en todas ellas lo tiene; pero
si se trata de cosas que dicen relación especial a una de dichas secciones exclusivamente, ella sola
será para tales casos el domicilio civil del individuo”.
El art. 140 del Código Orgánico de Tribunales dispone por su parte: “Si el demandado tuviere su
domicilio en dos o más lugares, podrá el demandante entablar su acción ante el juez de cualquiera de
ellos”.
La pluralidad también podría existir respecto de la residencia de las personas, si tenemos presente el
tenor literal de lo dispuesto en el art. 141, inc. 1º del Código Civil, a propósito de los bienes familiares:
“El inmueble de propiedad de cualquiera de los cónyuges que sirva de residencia principal de la
familia, y los muebles que la guarnecen, podrán ser declarados bienes familiares y se regirán por las
normas de este párrafo, cualquiera sea el régimen de bienes del matrimonio”. Desde el momento en
que el precepto habla de la residencia “principal”, quiere decir que la familia puede tener otra
residencia secundaria. En todo caso, nos parece que el precepto quiso aludir más bien al domicilio
principal de la familia

4. Estado civil:

De acuerdo al artículo 304 del Código Civil “el estado civil es la calidad de un individuo, en cuanto le
habilita para ejercer ciertos derechos o contraer ciertas obligaciones civiles”.
Sin embargo, esta definición es poco afortunada ya que guarda estrecha relación con la capacidad y/o
la nacionalidad.
Doctrinariamente se ha definido el estado civil como “la condición permanente o calidad jurídica
determinada por las leyes que un individuo ocupa en la sociedad en orden a sus relaciones de familia
y de cual derivan ciertos derechos y obligaciones”.
Hechos o actos que dan origen al estado civil:
El matrimonio, genera el estado civil de casado.
La muerte de uno de los cónyuges, genera el estado civil de viudo.
La sentencia judicial de divorcio, genera el estado civil de divorciado
El nacimiento da lugar al estado de hijo
Soltero

En cuanto a las características del estado civil, podemos encontrar:


- Todo individuo tiene un estado civil
- Es privativo de las personas naturales: a modo excepcional las personas jurídicas tienen un
estado civil. Un ejemplo de ello son las sociedades madres y sociedades hijas o filiales.
- Es permanente: no se pierde mientras no se adquiera otro.
- Es indivisible: por lo que no pueden existir simultáneamente dos estados civiles.
- Es irrenunciable: puesto que las leyes sobre el estado civil son de orden público.
- Las leyes relativas al estado civil, son de orden público

Consecuencias del estado civil.


Produce dos efectos fundamentales:
a) Da origen a un conjunto de derechos, deberes y obligaciones.
El distingo entre los “deberes” y las “obligaciones” es característico del Derecho de Familia. Los
“deberes” tienen un contenido ético o personal (por ejemplo, el deber de guardarse fe o de fidelidad
que se deben los cónyuges), mientras que las “obligaciones” tienen un contenido puramente
patrimonial. De cualquier manera, unos y otras constituyen imperativos jurídicos, cuyo incumplimiento
acarrea sanciones o consecuencias previstas en la ley.
b) Da origen al parentesco.

Fuentes del estado civil.

Puede emanar el estado civil:


a) De la ley: como en el caso del nacimiento; así, un hijo tiene tal estado civil y además filiación
matrimonial si es concebido o nace dentro del matrimonio de sus padres, sin que ninguna influencia
tenga la voluntad de éstos, para reconocer o no tal estado civil. Es la ley la que se lo confiere.
b) De hechos ajenos a la voluntad de las personas, como la muerte. En un matrimonio, por ejemplo, la
muerte de uno de los cónyuges da al cónyuge sobreviviente el estado civil de viudo o viuda.
c) De la voluntad de las personas: como acontece con el matrimonio, con la adopción, o con el
reconocimiento de un hijo.13 En el primer caso, un contrato origina el estado civil de casados. En el
segundo y tercero, un acto jurídico unilateral genera el estado civil de padre o madre y de hijo.
d) De sentencias judiciales: la de nulidad de matrimonio (que origina el estado civil de soltero), la de
divorcio (que genera el estado civil de divorciado), la que declara a los cónyuges separados
judicialmente (que ocasiona el estado civil de separado judicialmente), la que dispone el
reconocimiento forzado de hijos (que da lugar al estado civil de hijo y de padre o madre), la que
declara verdadera o falsa la filiación matrimonial de un hijo (ídem), etc.
La familia y el parentesco.

a) La familia.
Desde el punto de vista del Derecho, la familia es un conjunto de individuos unidos por vínculo de
matrimonio o de parentesco o de convivencia civil
Tres son en consecuencia las vertientes de la familia: el contrato de matrimonio, el parentesco y el
contrato de acuerdo de unión civil.
La anterior es la familia que produce plenos efectos desde el punto de vista jurídico.
En algunos casos, la familia se extiende a la simple convivencia. Pero aquí los efectos son relativos o
limitados.
Teniendo presente lo dispuesto en el art. 992, inc. 1º, se concluye que el parentesco y la familia,
desde el punto de vista sucesorio, se extiende hasta el sexto grado en la línea colateral, inclusive.

El parentesco.

b.1) Concepto y Clases.


El parentesco es la relación de familia que existe entre dos personas.
Esta relación se establece atendiendo a tres vínculos diferentes:
i.- Vínculo de sangre: que da origen al parentesco por consanguinidad.
Son parientes consanguíneos los que tienen la misma sangre, y esto ocurre entre individuos que
descienden unos de otros o entre los que descienden de un progenitor común, en cualquiera de sus
grados.
ii.- El matrimonio: da origen al parentesco por afinidad.
Nace del matrimonio, y es el que existe entre una de dos personas que se han casado y los
consanguíneos de la otra.
Cabe consignar que este parentesco por afinidad no desaparece con la muerte de uno de los que le
dieron origen por medio del matrimonio, como lo da a entender claramente el art. 31 del Código Civil,
al aludir a persona “que está o ha estado casada”.
También debe precisarse que no existe parentesco por afinidad entre los consanguíneos de una de
dos personas que se han casado y los consanguíneos del otro. Así, por ejemplo, los consuegros o los
concuñados no son parientes entre sí.
iii.- El acuerdo de unión civil: genera parentesco entre los convivientes civiles.
Este parentesco, denominado conviviente civil, sin embargo, es limitado, pues el art. 1° de la Ley N°
20.830 expresa que los convivientes civiles “serán considerados parientes para los efectos previstos
en el artículo 42 del Código Civil”. Este último artículo se refiere a los casos “en que la ley dispone que
se oiga a los parientes de una persona”, o sea, cuando deben concurrir a presencia judicial para
diversos fines (por ejemplo, designar curador a una persona incapaz o atribuir el cuidado personal del
hijo a una persona distinta de sus padres). En rigor, no es un verdadero parentesco, a pesar de que
así lo afirme la Ley N° 20.830. No siendo este parentesco ni por consangunidad ni por afinidad, habría
que calificarlo como “legal”.

b.2) Los cónyuges no son parientes entre sí.


Cabe subrayar que los cónyuges no son parientes por afinidad. Aun cuando el Código Civil no
resolvió el tema expresamente, la doctrina ha concluido que los cónyuges no son parientes afines
entre sí. En efecto, no quedan comprendidos en el art. 31 ni tampoco es posible computar el grado de
parentesco en que estarían si se aceptara la
hipótesis de que fueran parientes. Ello demostraría que no fueron considerados tales al crearse el
sistema de parientes afines.
Es cierto que en otras disposiciones legales, los cónyuges son comprendidos entre los parientes -art.
42, por ejemplo-, pero para resolver la duda, se dice que es necesario atender a las reglas normativas
del fenómeno y no a aquellas accidentales. En tal sentido, se agrega que el art. 42 sería más bien una
norma de carácter procesal.
Por lo demás, en otros artículos se distingue claramente entre parientes y cónyuges: art. 15 Nº 2; art.
353, inc. 3º, ambos del Código Civil.

b.3) Cómputo del parentesco.


El parentesco por consanguinidad se computa por la línea y el grado.
El parentesco es sin duda la vinculación más importante que establece el Derecho privado. Sus
efectos son tan amplios que abarcan toda la vida del individuo. En orden de importancia, lo es más el
parentesco por consanguinidad que el de afinidad.
De tal forma, el parentesco:
i.- Determina los derechos, deberes y obligaciones que nacen entre los padres y los hijos.
ii.- Se debe alimentos a los parientes que señala el art. 321. Excepcionalmente, se debe alimentos a
quien no es pariente: al cónyuge y al que hizo una donación cuantiosa no rescindida o revocada.
iii.- Es el parentesco el que determina quiénes son llamados a la guarda legítima de una persona (art.
367).
iv.- El parentesco determina quiénes concurren y quiénes son excluidos en la sucesión de una
persona (arts. 988 a 995, que regulan los órdenes sucesorios, cuando se aplican a la herencia del
causante las reglas de la sucesión abintestato).
v.- Determina quiénes deben otorgar el consentimiento a los menores de edad para contraer
matrimonio: arts. 107 y 109 (sanción: art. 114).
vi.- El parentesco, tanto por consanguinidad como por afinidad, puede constituir un impedimento para
contraer matrimonio (art. 6, Ley de Matrimonio Civil). Aquí, tiene importancia también el parentesco
por afinidad.
vii.- En materia contractual, es nulo el contrato de compraventa entre el padre o madre y el hijo no
emancipado (art. 1796).
viii.- El art. 1061 invalida las disposiciones testamentarias hechas a favor, por ejemplo, de
determinados parientes del notario.
ix.- En materia de administración de los guardadores, respecto de los contratos de compraventa y de
arrendamiento que podrían celebrar los guardadores y que recaen en los bienes del pupilo (art. 412
del Código Civil).
x.- La ley exime de responsabilidad penal, por regla general, a ciertos parientes, en el caso de los
delitos de hurto, defraudación o daño (art. 489 del Código Penal).

Prueba del estado civil.

Puede probarse por un medio principal y por diversos medios secundarios o supletorios.
a) Medio principal de prueba.
Lo constituyen las partidas de matrimonio, de nacimiento o bautismo y de defunción (arts. 304 al 308
del Código Civil). En virtud de la pertinente partida, se podrá obtener un certificado que dé cuenta del
contenido de la primera. Pero en estricto rigor, no es mediante dicho certificado por el que se prueba
un estado civil, sino con la respectiva partida.
b) Medios supletorios (arts. 309 y siguientes del Código Civil).
Se podrán emplear, a falta de la partida.
Debemos distinguir al efecto entre la prueba del matrimonio y la prueba del estado civil de hijo de
cierta persona, o sea, la prueba de la filiación. b.1) Prueba del estado de matrimonio.
Si la partida se hubiere destruido o extraviado, podrá acreditarse la celebración del matrimonio
mediante: i.- Otros documentos auténticos: es decir otros instrumentos públicos, como por ejemplo,
una sentencia en la que se da cuenta que ciertas personas contrajeron matrimonio.
ii.- Declaraciones de testigos, que hayan presenciado la celebración del matrimonio: no se admite por
ende testigos de oídas, sino sólo presenciales.
iii.- La posesión notoria del estado civil de casado, en defecto de las pruebas anteriores: en general,
este medio de prueba se traduce en demostrar que se ha gozado del estado civil de casado a la vista
de todos y sin protesta o reclamo de nadie. Los arts. 310, 312 y 313 se refieren a la posesión notoria
del estado civil de casado.

El término “posesión” está tomado en un sentido diverso al del art. 700, referido a la posesión sobre
los bienes. La posesión notoria dice relación ahechos notorios, públicos, especialmente el trato,
nombre y fama, que la persona ha tenido ante terceros.
Conforme al art. 312 del Código Civil, la posesión notoria del estado de matrimonio deberá haber
durado 10 años continuos por lo menos

b.2) Prueba de la filiación:


La ley restringe la prueba en esta materia. El art. 309, inc. 2º, establece que la filiación, a falta de
partida o subinscripción, sólo podrá acreditarse o probarse:
i.- Con los instrumentos auténticos mediante los cuales se haya determinado legalmente: por ejemplo,
un testamento otorgado ante funcionario público, en el cual el testador declara reconocer que tiene un
hijo (art. 187, Nº 4).
ii.- A falta de dichos instrumentos auténticos, el estado de padre, madre o hijo deberá probarse en el
correspondiente juicio de filiación en la forma y con los medios previstos en los arts. 195 a 221 del
Código Civil.
Dispone la ley que en los juicios sobre determinación de la filiación, la maternidad y la paternidad
podrán establecerse mediante toda clase de pruebas, decretadas de oficio o a petición de parte (art.
198, inc. 1º).

No obstante, se establecen algunas normas particulares, para ciertos medios de prueba:


i) Prueba testimonial: será insuficiente por sí sola (art. 198); por ende, deberá complementarse con
otra prueba.
ii) Presunciones: deben cumplirse los requisitos exigidos en el art. 1712 del Código Civil (vale decir,
que se trate de presunciones graves, precisas y concordantes). En verdad, no se divisa la razón de
haber señalado lo anterior, considerando que el artículo se habría aplicado de todas maneras, salvo
disposición expresa en contrario.
iii) Prueba pericial: las pruebas periciales de carácter biológico se practicarán por el Servicio Médico
legal o por laboratorios idóneos para ello, designados por el juez (art. 199).
Cabe destacar que la ley permite al juez designar establecimientos públicos o privados, para realizar
los exámenes periciales, circunstancia que ciertamente puede agilizar la obtención de los resultados y
por ende la sentencia.
Las partes, por una sola vez, tendrán derecho a solicitar un nuevo informe pericial biológico.
La negativa injustificada de una de las partes a someterse a peritaje biológico configura una
presunción grave en su contra, que el juez apreciará en los términos del art. 426 del Código de
Procedimiento Civil. En otras palabras, esta única presunción podrá constituir plena prueba, cuando a
juicio del tribunal, tenga caracteres de gravedad y precisión suficientes para formar su
convencimiento.
iv) Posesión notoria del estado civil: la posesión notoria de la calidad de hijo respecto de determinada
persona servirá también para que el juez tenga por suficientemente acreditada la filiación (art. 200).
La posesión notoria consiste en que el padre, la madre o ambos hayan tratado al individuo como hijo,
proveyendo a su educación y establecimiento de un modo competente, y presentándolo en ese
carácter a sus deudos y amigos; y que éstos y el vecindario de su domicilio, en general, le hayan
reputado y reconocido como tal (art. 200, inc. 2º).

Para acreditar la filiación mediante la posesión notoria, se requiere cumplir con los siguientes
requisitos copulativos:
1º Que la posesión notoria haya durado a lo menos 5 años continuos; y
2º Que se pruebe por un conjunto de testimonios y antecedentes o circunstancias fidedignos que la
establezcan de un modo irrefragable.
En relación con lo que se establecía en el antiguo art. 271 Nº 3 (modificado en 1998 por la Ley Nº
19.585), a propósito de la posesión notoria como medio de establecer la filiación de un hijo natural
(hoy de filiación no matrimonial), cabe señalar que se disminuyó de 10 a 5 años el plazo de posesión
notoria exigido por la ley. En cuanto a la posibilidad de que la prueba de testigos pueda hoy día
bastar, por sí sola, para acreditar la posesión notoria.

El inciso final del Nº 3 del antiguo art. 271 advertía que “La prueba de testigos no bastará por sí sola
para acreditarla”. El art. 200 no incluyó una declaración tan perentoria, pero podría estimarse que
permanece en pie la exigencia de complementar la prueba de testigos, desde el momento de que el
precepto establece que la posesión notoria se prueba “por un conjunto de testimonios y antecedentes
o circunstancias fidedignos”. La expresión copulativa “y” denotaría que además de los testigos, deben
aportarse otras pruebas, que configuren los “antecedentes o circunstancias fidedignos”.
Ante una eventual colisión de pruebas, el art. 201 dispone que la posesión notoria del estado civil de
hijo, preferirá a las pruebas periciales de carácter biológico en caso de que haya contradicción entre
una y otras. En efecto, podría ocurrir que una persona hubiere sido tratado como hijo en los términos
señalados precedentemente, y que del examen biológico no quedare establecida dicha filiación.
Como la ley propende a beneficiar al hijo, opta por dar preferencia a la posesión notoria.
Sin embargo, si hubiere graves razones que demuestren la inconveniencia para el hijo de aplicar la
regla anterior, prevalecerán las pruebas de carácter biológico (art. 201, inc. 2º).

Cosa juzgada en cuestiones sobre estado civil


De acuerdo con la regla general del art. 3 del Código Civil, las sentencias no tienen fuerza obligatoria
sino en las causas en que se pronunciaren. Tienen efecto relativo, afectando sólo a las personas que
han intervenido en el juicio.
Tal principio se altera por el art. 315 del Código Civil: “Las sentencias en que se declare verdadera o
falsa la paternidad o maternidad de un hijo tienen efecto absoluto, valen respecto de todos, no
solamente respecto de quienes intervinieron en el juicio, relativamente a los efectos que dicha
paternidad o maternidad acarrea”.
Hay que precisar que no produce cosa juzgada absoluta o erga omnes16 el fallo que se dicte en
cualquier juicio en que se trata del estado civil, sino sólo en aquellos en que se determine la
paternidad o la maternidad y en aquellos que originen un nuevo estado civil (sentencia que declare
por ejemplo el divorcio). La regla del art. 315 supone en todo caso que la cuestión de la paternidad o
maternidad haya sido el objeto principal del juicio y no una cuestión accesoria
A su vez, para que la sentencia produzca los efectos absolutos del art. 315, deben concurrir los
requisitos del art. 316:
i.- La sentencia debe estar firme o ejecutoriada (art. 174 de Código de Procedimiento Civil).
ii.- Sentencia pronunciada contra legítimo contradictor. El art. 317 establece quienes lo son: padre e
hijo y madre e hijo son los legítimos contradictores en las cuestiones de paternidad y maternidad,
respectivamente. Son también legítimos contradictores los herederos del padre o madre fallecidos en
contra de quienes el hijo podrá dirigir o continuar la acción y, también, los herederos del hijo fallecido
cuando éstos se hagan cargo de la acción iniciada por aquél o decidan entablarla.
El art. 317 debemos relacionarlo con el art. 206, que permite interponer la acción de reclamación de
filiación, cuando se trata del hijo póstumo o cuando el padre o madre ha fallecido dentro de los 180
días siguientes al parto. En este caso, la acción debe dirigirse contra los herederos del padre o madre
fallecido, dentro del plazo de 3 años, contado desde la muerte, o si el hijo es incapaz, desde que éste
haya alcanzado la plena capacidad.

Agrega el art. 318 que el fallo pronunciado a favor o en contra de cualquiera de los herederos
aprovecha o perjudica a los coherederos que citados no comparecieron.
iii.- Ausencia de colusión en el juicio: se entiende por colusión el acuerdo secreto y fraudulento para
provocar que se dicte una sentencia en un sentido dado. La prueba de la colusión incumbe a quien la
alega, pero con el objeto de evitar un prolongado estado de incertidumbre, el art. 319 limita su
admisibilidad, de manera que debe acreditarse la colusión dentro de los cinco años subsiguientes a la
sentencia.
Finalmente, el art. 320 establece el principio de ausencia de cosa juzgada e imprescriptibilidad de la
acción del verdadero padre, madre o hijo: art. 320, inc. 1º. La verdadera filiación siempre podrá ser
reclamada por el hijo, el padre o la madre, no importa el tiempo transcurrido.
El mismo principio se consagra en el art. 195, cuyo inc. 2º dispone que “El derecho de reclamar la
filiación es imprescriptible e irrenunciable
PATRIMONIO:
En términos generales, se entiende por patrimonio al conjunto de bienes y obligaciones susceptibles
de apreciación pecuniaria.
El patrimonio consiste en una universalidad jurídica, tanto de activos como de pasivos.
En cuanto a las cosas que integran el patrimonio, podemos distinguir entre:
Cosas universales: son en realidad un conjunto de cosas, que, para efectos prácticos se consideran
como un todo, a fin de disponer de ellas.
Cosas singulares: son aquellos que tienen una forma unitaria, constituyen una unidad, materialmente
una sola cosa.
Andrés Bello, se guía por la teoría clásica o subjetiva del patrimonio. Son características principales
del patrimonio para esta teoría:
Es una universalidad jurídica: el patrimonio es considerado como un todo.
Es un atributo de la personalidad: es una proyección de la persona.
Es incomerciable: se encuentra fuera del comercio humano.
Es inalienable: inseparable de la persona de su titular por acto entre vivos.
Es indivisible: como la persona de la que procede.
Es imprescriptible: no se pierde ni se adquiere por prescripción.
Es inembargable: sin perjuicio de que puedan embargarse los bienes que lo integran.
El Código Civil, en el art. 85, inc. 2º, señala que el patrimonio se compone por “bienes, derechos y
acciones”. En el precepto, debemos entender por “bienes” las cosas corporales muebles e inmuebles;
los “derechos” se refieren a las cosas incorporales; ylas acciones son aquellas que nacen de los
derechos reales y personales. Pero resulta evidente que faltó aludir en el artículo a las “obligaciones”,
pues en todo patrimonio encontramos un activo y un pasivo

Composición del patrimonio.

Como refiere Alberto Lyon, en sus orígenes, “la idea de patrimonio iba intrínsecamente unida y
vinculada al concepto de activo, o sea, al conjunto de bienes que una persona tiene. El patrimonio
romano nació como algo absolutamente ajeno al concepto de obligación en la que se extremaba el
criterio subjetivo. Durante todo el tiempo en que el acreedor tenía derechos sobre la persona misma
del deudor y no sobre sus bienes, el patrimonio fue un concepto puramente nominal carente de
significación objetiva. Pero, la situación vino a cambiar considerablemente con dos reformas
legislativas: la primera de ellas, introducida por la llamada Lex Poetelia (429 DC),36 abolió la auto
pignoración contractual del deudor al acreedor, estableciendo que son sus bienes y no su cuerpo la
garantía de sus obligaciones; la segunda, obra del derecho pretorio, permitió la ejecución directa
sobre los bienes del deudor, mediante la ‘Bonorum prescriptio’. A los bienes, objeto de las
obligaciones del deudor, se los concibió como formando parte de una universalidad. Posteriormente,
fue esta universalidad y no los bienes individualmente considerados los que pasaron a constituirse en
el objeto de las obligaciones del deudor”.
Agrega Alberto Lyon que “De esta forma, el patrimonio dejó de ser un concepto carente de
significación objetiva. Su finalidad fue la de ser objeto de las obligaciones de su titular (…) Para Aubry
y Rau, entre las obligaciones del deudor y sus bienes existe un nexo representado por el derecho de
prenda general de los acreedores. Pero, contrariamente a los romanos, no sólo denominan patrimonio
al conjunto de bienes del deudor, sino que, también, al conjunto de sus obligaciones. La idea de
activo formó, junto con la de pasivo, un solo y mismo concepto.

Utilidad del concepto de patrimonio.


El patrimonio –expresa Vodanovic-, sirve para explicar varios mecanismos jurídicos. Destaca tres de
ellos: la sucesión hereditaria, la garantía general de los acreedores y la subrogación real. Pero
también podemos agregar otro aspecto: la noción de patrimonio permite determinar la cuantía de la
prestación que en definitiva debe ejecutar una persona, como acontece en algunas materias del
Derecho de Familia. Revisaremos estos puntos seguidamente.
a) Desde luego, permite entender cómo a la muerte de una persona, se transmite a sus herederos
todo el conjunto de sus derechos y obligaciones, salvo los que tienen carácter intransmisible (art.
1097 del Código Civil).
En esta transmisión, no se atiende al origen de los bienes del difunto (art. 981 del Código Civil).
Cualquiera que haya sido el título y luego el modo en virtud del cual los adquirió, los transmitirá en
globo a sus sucesores

Otro tanto cabe señalar respecto de las deudas. Todas aquellas que queden impagas a la muerte del
deudor, serán asumidas y pagadas en su integridad por sus herederos (art. 959, Nº 2 del Código
Civil). Lo anterior, a menos que éstos aceptaren la herencia con beneficio de inventario (art. 1247 del
Código Civil), limitándose entonces la responsabilidad, o repudiaren la herencia, caso en el cual nada
adquirirán y de nada responderán.
b) Explica también el denominado derecho de prenda general o derecho de garantía general, del que
están premunidos los acreedores, y que les permite perseguir todos los bienes actuales y futuros del
deudor, embargarlos y pedir su venta forzada para pagarse con el producto del remate (arts. 2465 y
2469 del Código Civil).
Normas del Código Civil que aluden al patrimonio

Nuestro Código Civil no contiene una definición de patrimonio, pero se refiere a él explícitamente en
diversas instituciones y normas:
i.- En la muerte presunta: en el citado art. 85, inc. 2º, patrimonio del desaparecido.
ii.- En materia de guardas: art. 362, patrimonio indiviso que pertenece a dos o más pupilos; art. 445,
patrimonio del disipador; art. 534, frutos del patrimonio del pupilo;
iii.- En la regulación de las personas jurídicas de derecho privado sin fines de lucro: art. 548-2,
patrimonio inicial de la persona jurídica; art. 555, patrimonio de una asociación; art. 557-1, patrimonio
de las corporaciones y fundaciones.
iv.- En las reglas relativas a la sucesión intestada: art. 996, patrimonio en que se sucede parte por
testamento, parte abintestato; art. 1066, asignaciones testamentarias; arts. 1114, 1115 y 1134,
legados; art. 1170, los alimentos como asignación forzosa.
v.- En la partición de bienes: art. 1337, regla 10ª; y art. 1341.
vi.- En la donación: art. 1398.
vii.- En la sociedad conyugal: art. 1750.
viii.- En el régimen de participación en los gananciales: art. 1792-6; art. 1792-7; art. 1792-8; art. 1792-
9; art. 1792-11; 1792-13; art. 1792-14; art. 1792-15; art. 1792-16; art. 1792-18; y art. 1792-19.

Características y naturaleza jurídica del patrimonio.


Para explicarlas, se han formulado dos doctrinas: la clásica o subjetiva y la moderna u objetiva.
a) Doctrina clásica o subjetiva.
Esta doctrina fue formulada en el seno de la doctrina francesa, en especial por Zachariae, primero, y
después por Aubry y Rau. Estos dos autores la desarrollaron, y por eso la doctrina es también
llamada “de Aubry y Rau”. Para estos autores, “el patrimonio es una universalidad jurídica de bienes y
deudas apreciables en dinero, que constituye un atributo de la personalidad. La persona humana es el
centro de esta universalidad; la idea de patrimonio se deduce directamente de la idea de
personalidad; existe entre persona y patrimonio una vinculación imposible de romper. Por esta razón,
la doctrina se denomina también ‘subjetiva’ o ‘subjetivista

b) Doctrina objetiva, moderna o materialista.


Esta doctrina desvincula a la personalidad del patrimonio. Considera al patrimonio como una entidad
independiente de la persona, formado por un conjunto de bienes que presentan un valor económico y
que están afectados a un destino o finalidad común. La doctrina objetiva está sustentada por autores
alemanes (Brinz, Bekker, Enneccerus).51
Se critica a la doctrina objetiva, señalando que todo bien, derecho u obligación, debe tener un titular, y
ese titular no puede ser otro que la persona. Las cosas, carecen de voluntad propia.
Conforme a la doctrina objetiva, el patrimonio tiene las siguientes características:
i.- Se concibe el patrimonio desvinculado de una persona, como un patrimonio de afectación, sin un
titular.
ii.- Una persona puede tener varios patrimonios, según afecte bienes diversos al cumplimiento de
finalidades distintas (por ejemplo, un patrimonio familiar, otro profesional y otro comercial; el
patrimonio reservado de la mujer; el patrimonio profesional o industrial del menor). Se trata de los
llamados “patrimonios fraccionados”, es decir aquellos que tienen como destino un fin especial, en
contraposición al patrimonio general del hombre que se encuentra al servicio de los fines más
genéricos de su titular. Distinguimos así entre el patrimonio general de una persona, que persigue un
fin principal, y sus patrimonios fraccionados, que persiguen fines secundarios. En los patrimonios
fraccionados, opera una limitación de la responsabilidad. Cada fracción está sometida a un régimen
jurídico diferente y las gestiones realizadas en cada uno de ellos sólo obligan o comprometen los
bienes de aquella parte o fracción, sin que sea lícito comprometer los bienes de las otras.
iii.- El patrimonio tiene una realidad material: los bienes, derechos u obligaciones, tienen una realidad
material o fáctica. Para la doctrina moderna, el patrimonio no es una abstracción, sino algo tangible,
corpóreo.
Los Patrimonios de Afectación

Constituyen una derivación o consecuencia de la doctrina moderna. Progresivamente, han tenido


recepción en nuestra legislación. Así, por ejemplo, tratándose de los “Fondos de Inversión”, regulados
por la Ley Nº 18.815. En el marco de la misma, se define el Fondo de Inversión como “un patrimonio
integrado por aportes de personas naturales y jurídicas para su inversión en los valores y bienesque
esta ley permita, que administra una sociedad anónima por cuenta y riesgo de los aportantes

Otra reciente manifestación de los patrimonios de afectación, en su variante de “patrimonios


fraccionados”, es la empresa individual de responsabilidad limitada, creada por la Ley Nº 19.857,
publicada en el Diario Oficial del 11 de febrero de 2003. Conforme a esta ley, se autoriza a toda
persona natural el establecimiento de empresas individuales de responsabilidad limitada,
consideradas como personas jurídicas con patrimonio propio distinto al del titular, siempre
comerciales y sometidas al Código de Comercio cualquiera que sea su objeto; podrán realizar toda
clase de operaciones civiles y comerciales, excepto las reservadas por la ley a las sociedades
anónimas (art. 2). La empresa individual de responsabilidad limitada responderá exclusivamente por
las obligaciones contraídas dentro de su giro, con todos sus bienes. El titular de la empresa
responderá con su patrimonio del pago efectivo del aporte que se hubiere comprometido a realizar en
conformidad a la escritura de constitución y sus modificaciones.

Aubry y Rau señalan a este respecto: ‘La idea de patrimonio se deduce directamente de la de la
personalidad’. Para sus creadores, el patrimonio es una potencialidad o aptitud jurídica genérica que
tiene toda persona por el hecho de ser tal, es un atributo de la personalidad, y llega a confundirse con
la capacidad de goce. Si la potencia se actualiza y el titular llega a tener bienes y deudas, existe
patrimonio en acto; pero si permanece como mera potencia, se habla más bien de capacidad de goce,
que es un patrimonio en potencia. ‘El patrimonio, siendo, en su más alta expresión, la personalidad
misma del hombre en su relación con los objetos exteriores sobre los cuales puede o podrá ejercer
derecho, comprende no sólo in actu los bienes ya adquiridos, sino in potentia los bienes por adquirir.
Es lo que expresa muy bien la palabra alemana Vermögen, que significa, a la vez, poder y patrimonio.
El patrimonio de una persona es su potestad jurídica, considerada de una manera absoluta, liberada
de toda limitación en el tiempo y en el espacio’. Señalan además: ‘El patrimonio no es sino la
personalidad misma del hombre en sus relaciones con los objetos exteriores sobre los cuales tiene o
podría tener derechos que ejercer’. Finalmente, no debe confundirse, en esta universalidad de
derecho denominada ‘patrimonio’, el continente del mismo, que es distinto de su contenido activo y
pasivo, pues el titular puede ver aumentados en un momento dado los bienes o las deudas que
integran ese contenido; pero ello no afectará al continente ‘patrimonio’, que no variará jamás”.
Sexo, Género, Identidad de Género
Hombre y Mujer, definición biológica
Esta definición se origina en la diversidad de los órganos genitales o reproductivos del código
genético, de los caracteres sexuales secundarios y de los elementos que abarcan toda la
personalidad, incluidos los aspectos psicológicos y emocionales.
Sexo
Se refiere a las diferencias y características biológicas, anatómicas, fisiológicas y cromosómicas de
los seres humanos que los definen como hombres y mujeres, son características con las que nace y
son universales, es decir, comunes a todas las sociedades y culturas y son inmodificables.
Género
Es definido como em conjunto de ideas, creencias y atribuciones sociales, que se construyen en cada
cultura y momento histórico con base en la diferencia sexual. El enfoque o perspectiva de género
considera las diferentes oportunidades que tienen hombres y mujeres, las interrelaciones existentes
entre ellos y los distintos roles que socialmente se les asignan (Educación sexual Universidad de
Chile)

Identidad de Género en Chile


Ley N° 20.069
Ley N° 21.120Clasificación de las personas.
Los hombres no son los únicos sujetos de derecho. La ley eleva también a la categoría de personas a
colectividades de individuos o conjuntos de bienes organizados para alcanzar ciertos fines. Son las
personas jurídicas o morales. Se originan cuando un fin social, destinado a satisfacer necesidades
más o menos permanentes, no puede alcanzarse por un individuo. Se hace necesario entonces el
concurso de diversas personas, que forman entes de cierta complejidad, ya sea reuniéndose
solamente individuos o destinando un patrimonio para conseguir el fin social perseguido. A estos
entes se les reconoce una individualidad distinta de las personas que los integran.

Artículo 54 Código Civil


LAS PERSONAS NATURALES.
La definición legal está contenida en el art. 55º del Código Civil.
La definición del CC. debemos relacionarla con los arts. 1º (“Las personas nacen libres e iguales en
dignidad”) y 19 Nº 2 (“En Chile no hay persona ni grupo privilegiados”) de la Constitución Política.

Principio de la existencia de las personas naturales.

Debemos distinguir entre existencia natural y existencia legal.


A.- Existencia natural.
Comienza con la concepción y se extiende hasta el nacimiento, momento que marca el comienzo de
la existencia legal (art. 74º).
La ley toma en cuenta la existencia natural con el propósito de proteger la vida y los derechos del que
está por nacer.
- Protección de la vida del que está por nacer.
Se encuentra protegido a nivel constitucional y legal.
En la Constitución Política de la República, al disponer su art. 19, Nº 1, inc. 2º:
“La ley protege la vida del que está por nacer”.
En cumplimiento del mandato de la Carta Fundamental, establece el Código
Civil: art. 75º.

En el campo penal, los arts. 342 a 345 del CP tipifican el delito de aborto, en el
título de “Crímenes y simples delitos contra el orden de las familias y contra la
moralidad pública”. Nótese que el delito no está contemplado entre los “Crímenes y imples delitos
contra las personas” (arts. 390 y ss. del CP), lo que sirve de argumento para quienes sostienen que la
personalidad comienza con el nacimiento, es decir con la existencia legal.
Otra protección, encontramos en el artículo 195 del Código del Trabajo, que consagra el período de
descanso prenatal y post natal.
A su vez, el artículo 2 inc. 3, de la Ley N° 14.908 sobre Abandono de Familia y Pago de Pensiones
Alimenticias, dispone que la madre podrá solicitar alimentos para el hijo que está por nacer.

- Protección de los derechos del que está por nacer: art. 77.
Para determinar la suerte final de estos derechos, debemos distinguir:
Si se verifica el nacimiento: entra el recién nacido en el goce de los derechos, como si hubiere
existido al tiempo en que se defirieron (en que fueron concedidos). En el mismo sentido, el art. 962º. A
su vez, los arts. 485 y siguientes establecen normas relativas a los derechos eventuales del que está
por nacer, cuando se nombra un curador, a falta de padre o madre.

La criatura muere en el vientre materno o perece antes de estar completamente separada de su


madre o no sobrevive a la separación un momento siquiera: pasan los derechos a otras personas,
como si la criatura jamás hubiese existido.
Se discute en la doctrina acerca de la naturaleza de los derechos concedidos a la criatura que está
por nacer. Alessandri y Claro Solar estiman que se trata de derechos sujetos a condición suspensiva.
La condición consistirá en que la criatura nazca con vida. Galecio habla de derechos eventuales,
mientras que Somarriva se refiere a un derecho especial. Finalmente, hay quienes sostienen que se
trata de la vinculación de un bien a un titular futuro, sin que quepa considerar a la criatura como sujeto
de derechos subjetivos, encontrándose éstos, mientras la criatura no nace, sin pertenecer o sin estar
vinculados a nadie (Clemente de Diego y Lyon Puelma).
La concepción.
Establece el art. 76 una presunción de derecho para determinar la época (más bien la fecha) de la
concepción, dado que ésta no es un hecho ostensible, que pueda probarse categóricamente, como sí
acontece con la maternidad. El plazo se cuenta hacia atrás, desde la medianoche en que principia el
día del nacimiento (o sea, desde las 0 horas del día respectivo). Normalmente, el nacimiento se
produce entre los 270 y 285 días posteriores a la concepción, y por ello la ley pone como plazo
máximo 300 días. También presume la ley el tiempo mínimo de gestación en 180 días. Se ha criticado
sin embargo la presunción citada, porque la experiencia médica demuestra que hay casos de
gestación de más de 300 y de menos de 180 días.

B.- Existencia legal.


Comienza con el nacimiento. Con tal hecho, se inicia la existencia legal del sujeto. Para ello, el
nacimiento debe reunir tres condiciones: 1º Que el niño se separe de su madre: es decir, que el feto
se desprenda del claustro materno, sea naturalmente, sea artificialmente, por medios quirúrgicos.

2º Que la separación sea completa: sobre el particular, en la doctrina se han sustentado dos tesis.
Para algunos, ningún vínculo físico debe haber entre madre e hijo, es decir, debe haber una efectiva
separación material, lo que ocurrirá cuando se corte el cordón umbilical.
Otros, piensan que la ley ha querido decir que la criatura salga completamente del seno materno, sin
importar si el cordón umbilical está o no cortado, pues dicho cordón no significa propiamente unión de
los dos cuerpos, dado que se trata de un anexo que no pertenece al cuerpo de la madre ni del hijo. Se
agrega que si la existencia quedara supeditada a una operación exógena como es el corte del cordón
umbilical, el nacimiento no sería un acto natural y se podría decidir a voluntad el principio de la
existencia legal de la criatura.
3º Que la criatura haya sobrevivido a la separación un momento siquiera: como señala un autor, basta
un destello de vida. La criatura que muere en el vientre materno o antes de estar completamente
separada de su madre, o que no sobrevive a la separación un momento siquiera, se reputa no haber
existido jamás (art. 74, inc. 2º).

Determinar si una criatura ha vivido o no puede tener gran importancia, en lo que se refiere a la
sucesión por causa de muerte. La supervivencia del hijo puede probarse por los medios ordinarios de
prueba, como el testimonio de los médicos, matronas, etc. Pero si no hubo manifestaciones externas
evidentes de vida, como el llanto, habrá que recurrir a procedimientos medico legales, dirigidos
fundamentalmente a comprobar si la criatura alcanzó a respirar. El más usado es la docimasia
pulmonar hidrostática (verificar si los pulmones flotan).
Nuestro CC. no plantea ninguna exigencia posterior al nacimiento, para conceder la personalidad. La
duración de la vida le es indiferente, en cuanto al reconocimiento de la personalidad se refiere. Con
ello, se recepciona la llamada doctrina de la vitalidad. Otras legislaciones, en cambio, acogen la
doctrina de la viabilidad, que exige a la criatura aptitud para continuar viviendo por un determinado
lapso. En tal sentido, el antiguo art. 30 del Código Civil español establecía: “Para los efectos civiles,
sólo se reputará nacido el feto que tuviere figura humana y viviere 24 horas enteramente desprendido
del seno materno”. Hoy, el Código Civil español consagra también la doctrina de la vitalidad, el
disponer su actual artículo 30 (según texto fijado por la Ley Nº 20/2011 de 21 de julio de 2011): “La
personalidad se adquiere en el momento del nacimiento con vida, una vez producido el entero
desprendimiento del seno materno”. Se critica la doctrina de la viabilidad, por cuanto es enteramente
arbitrario e injustificado designar cierto plazo. La tendencia moderna se inclina por la doctrina de la
vitalidad.
Fin de la existencia de las personas naturales.
Artículo 78 CC:
Muerte Natural y Muerte Presunta.

Dado que la muerte es un hecho jurídico de la naturaleza de gran trascendencia jurídica, la ley ha
tomado diversas medidas tendientes a acreditar, en todo momento, la efectividad de la muerte. Tales
normas se encuentran en el Código Sanitario, en el Reglamento del Registro Civil y en el CC. Entre
estas medidas, certificación del médico que asistió al difunto o prueba testimonial en su defecto.

Formalidades artículos 141, 142 y 143 Código Sanitario.


Sobre el particular, cabe destacar que por la Ley N° 20.577, publicada en el Diario Oficial de fecha 8
de febrero de 2012, se incorporaron tres artículos en el Título II del Libro I, que corresponden al
párrafo 4º, “De la comprobación judicial de la muerte”. Por la misma ley, se modificaron los artículos
44 y 45 de la Ley sobre Registro Civil, relativos a la inscripción de las defunciones. Estos preceptos
parten de la base de que existe certeza acerca de la muerte de una persona, aunque su cadáver no
haya sido habido o identificado. No corresponden por tanto a la institución de la muerte presunta,
regulada en el párrafo 3º del Título II. Las reglas son las siguientes:
Toda vez que la desaparición de una persona se hubiere producido en circunstancias tales que la
muerte pueda ser tenida como cierta, aún cuando su cadáver no fuere hallado o no fuere posible
identificarlo, el juez del último domicilio que el difunto haya tenido en Chile, a solicitud de cualquiera
que tenga interés en ello, podrá tener por comprobada su muerte para efectos civiles y disponer la
inscripción de la resolución correspondiente en el Servicio de Registro Civil e Identificación (art. 95 del
Código Civil y art. 44, inciso 1º, de la Ley sobre Registro Civil).

La resolución que tenga por comprobada la muerte del desaparecido, se publicará en el Diario Oficial,
en extracto, dentro del plazo de 60 días, contado desde que aquella estuviere firme y ejecutoriada. El
extracto debe contener, al menos, los antecedentes indispensables para la identificación del fallecido
y la fecha de muerte que el juez haya fijado (art. 96 del Código Civil).
El Registro Civil procederá a practicar la respectiva inscripción del fallecimiento, con el mérito de la
sentencia, sin que en este caso deba adjuntarse un certificado expedido por un médico (arts. 44 y 45
de la Ley sobre Registro Civil).
La resolución podrá dejarse sin efecto, cumpliendo con las mismas formalidades de publicidad
previstas en el art. 96.

Los comurientes.
Puede ocurrir que dos o más personas llamadas a sucederse recíprocamente o una a la otra, mueran
en un mismo acontecimiento sin que se sepa cual falleció primero. Se habla en tal caso de
“comurientes”, regulado por el art. 79. Este precepto establece una presunción simplemente legal: se
procederá como si dichas personas hubiesen perecido en un mismo momento y ninguna de ellas
hubiese sobrevivido a las otras. Por ende, no habrá entre ellas sucesión por causa de muerte (art.
958).
La presunción del art. 79 es simplemente legal: puede destruirse, por tanto, demostrando por
cualquier medio de prueba que una de las personas falleció antes o después que la otra.

Efectos jurídicos de la muerte.


a) La sucesión de una persona se abre al momento de su muerte (art. 955). En ese momento, se
conceden las asignaciones hereditarias o testamentarias, salvo que fueren condicionales (art. 956).
Sólo pueden suceder los que existan en el momento en que se abre la sucesión, excepto los que ya
están concebidos o aquellos que no existen, pero se espera que existan (arts. 77 y 962).
b) Se disuelve el matrimonio (art. 42 de la Ley de Matrimonio Civil) o el contrato de acuerdo de unión
civil (art. 26 de la Ley N° 20.830).
c) Se extinguen los derechos que no pueden transmitirse (alimentos, usufructo, uso o habitación,
etc.).
d) Terminan algunos contratos: por ejemplo, mandato (siempre si muere el mandatario, por regla
general si muere el mandante); comodato (si muere el comodatario); sociedad de personas, etc.
e) En el ámbito de la formación del consentimiento, la oferta caduca por la muerte del oferente.
f) Se emancipan los hijos por la muerte del padre o madre que estuviere ejerciendo la patria potestad,
salvo si corresponde al otro de los padres ejercer la patria potestad, y por la muerte del último, si la
ejerce (art. 270 N° 1).
g) Término del albaceazgo (art. 1279).
h) Extinción de ciertas acciones civiles del ámbito del derecho de familia: acción de nulidad de
matrimonio (art. 47 de la Ley de Matrimonio Civil, por regla general, sólo podrá intentarse si viven
ambos cónyuges, salvo ciertos casos excepcionales contemplados en el art. 46 de la citada ley);
acción de divorcio (art. 56 de la misma ley).

La muerte presunta.

Concepto.
Es la declarada por el juez, en conformidad a las reglas legales, respecto de un individuo que ha
desaparecido y de quien se ignora si vive o no.
El juez, partiendo de ciertos antecedentes, presume la muerte de una persona.
Por ello, el Código la trata bajo el título “De la presunción de muerte por desaparecimiento”, en los
arts. 80 al 94.
La presunción es de carácter simplemente legal, y se basa en dos circunstancias conocidas:
a) La ausencia o desaparecimiento de un individuo por largo tiempo de su domicilio;
b) La carencia de noticias de éste.

El objeto de la muerte presunta es resguardar diversos intereses. La ley considera:


a) El interés de la persona que ha desaparecido;
b) El interés de los terceros, principalmente de aquellos que tengan derechos eventuales en la
sucesión del desaparecido; y
c) El interés general de la sociedad de que no haya bienes y derechos abandonados, lo que atenta
contra el principio de la libre circulación de la riqueza.
El principal objeto de la declaración de muerte presunta es definir la suerte de los bienes que
constituían el patrimonio dejado por el desaparecido o de aquellos bienes que pudieran
corresponderle en las sucesiones abiertas durante su ausencia.

Condiciones para que tenga lugar la muerte presunta.

Del art. 80 y siguientes, se desprende que para que tenga lugar la muerte presunta, deben concurrir
cuatro requisitos:
a) Que sea declarada por sentencia judicial;
b) Que la declaración se haga de conformidad al procedimiento contemplado en el
Código Civil;
c) Que el individuo haya desaparecido, esto es, que se haya ausentado de su domicilio; y
d) Que no se tenga noticias de su existencia.
Períodos de la muerte presunta.
a) El de la mera ausencia, al fin del cual se pide la declaración de muerte presunta;
b) El de posesión provisoria de los bienes del desaparecido; y
c) El de posesión definitiva de los mismos bienes.

Quienes pueden pedir la declaración de muerte presunta.


Puede ser provocada por cualquiera persona que tenga interés en ella (art. 81 Nº 3); y es tal, toda
persona que tiene un interés pecuniario subordinado a la muerte del desaparecido (por ejemplo, los
herederos presuntivos, el nudo propietario de bienes que el desaparecido tenía en usufructo, el
fideicomisario a quien por la muerte del desaparecido ha de deferirse el fideicomiso, los legatarios,
etc.).
No pueden pedirla los acreedores del ausente, porque su interés pecuniario no está subordinado a la
muerte del desaparecido. En efecto, si los acreedores quieren hacer valer sus créditos, les basta con
dirigirse a los apoderados del ausente o si no los tenía, provocar el nombramiento de un curador,
contra el cual se dirigirá la demanda (arts. 473 y ss.)
Juez competente.
La muerte presunta debe declararse por el juez del último domicilio que el desaparecido haya tenido
en Chile (art. 81 Nº 1 del Código Civil y art. 151 del COT.)
Si el desaparecido hubiere tenido dos o más domicilios, no habrá inconveniente para que cualquier
juez de uno u otro domicilio, declare la muerte presunta.
Si el desaparecido no hubiere tenido domicilio en Chile, nuestros jueces son incompetentes para
declarar la muerte presunta.

Formalidades que deben cumplirse para obtener la declaración de muerte


presunta.

a) Los interesados deben justificar previamente que se ignora el paradero del desaparecido y que se
han hecho las diligencias posibles para averiguar tal paradero:
art. 81 Nº 1. Lo anterior puede probarse por medio de información de testigos, sin perjuicio que el
juez, de oficio o a petición de cualquier persona interesada o del defensor de ausentes, pueda
decretar las medidas que estime necesarias para el esclarecimiento de los hechos (art. 81 Nº 4).
b) Citación del desaparecido: deberá hacerse hasta por tres veces, en el Diario Oficial, corriendo más
de 2 meses entre cada dos citaciones; por ende, cuatro meses corren a lo menos entre la primera y
tercera citación (art. 81 Nº 2).
c) Intervención del defensor de ausentes (art. 81 Nº 4).
d) Inserción de la sentencia en el Diario Oficial (art. 81 Nº 5).
e) Transcurso de cierto plazo mínimo desde la última citación: deben haber transcurrido tres meses al
menos desde la última citación (art. 81 Nº 3).
f) Transcurso de cierto plazo mínimo desde la fecha de las últimas noticias que se tuvieron del
desaparecido: deben haber transcurrido a lo menos 5 años, desde la fecha de las últimas noticias del
desaparecido (art. 81 Nº 1).
Se ha discutido en la doctrina acerca del momento desde el cual se cuenta el plazo de 5 años: si
desde que fueron enviadas las últimas noticias (Claro Solar) o desde la fecha en que estas se
recibieron (Somarriva).
No es necesario que las últimas noticias del desaparecido provengan directamente de éste (“...que se
tuvieron...”, art. 81 Nº 1).
El indicado plazo de 5 años debe haber transcurrido cuando llega el momento de la declaración de
muerte presunta y no cuando se inicia el trámite (si así fuere, deberían transcurrir 5 años 7 meses al
menos, para declarar la muerte presunta; sin embargo, se requieren sólo 5 años).Fijación del día
prtivo de la muerte.
Conforme al art. 81 Nº 6, el juez fijará como día presuntivo de la muerte, por regla general, el último
del primer bienio contado desde la fecha de las últimas noticias (vale decir, si las últimas noticias se
tuvieron el 15 de junio de 2000, el día presuntivo de muerte será el 15 de junio de 2002, día que no
podrá fijarse sino por una resolución dictada después del 15 de junio de 2005).
La regla anterior es arbitraria e imperativa para el juez, quien no está facultado para fijar otra fecha, lo
que responde a un principio general en orden a restringir los plazos judiciales, que, según Bello, abren
campo a la arbitrariedad. Por eso, el legislador estimó preferible indicarle cual ha de ser el día
presuntivo de muerte.
Excepcionalmente, en tres casos, el día presuntivo de muerte se fija en otra fecha:
a) Día presuntivo de la muerte de una persona que recibió una herida grave en la guerra o le
sobrevino otro peligro semejante: será el de la acción de guerra o peligro y si no es posible determinar
tal día, el juez adoptará un término medio entre el comienzo y fin de la acción bélica o de peligro (art.
81 Nº 7).
b) Día presuntivo de la muerte de una persona que se encontraba en una nave o aeronave reputada
perdida: se fijará conforme a la regla anterior (art. 81 Nº 8).
c) Día presuntivo de muerte en caso de sismo o catástrofe: será el del sismo, catástrofe o fenómeno
natural (art. 81 Nº 9).
Las sentencias ejecutoriadas que declaren la muerte presunta deben inscribirse en el Libro de
Defunciones del Registro Civil, en la comuna correspondiente al tribunal que hizo la declaración (art. 5
Nº 5 Ley de Registro Civil).

Períodos que establece la ley tratándose de la muerte presunta.

A.- Período de mera ausencia (art. 83).


a) Extensión.
El período de mera ausencia, al término del cual se declara la muerte presunta, comienza con la
fecha de las últimas noticias del desaparecido y dura hasta el día en que se decreta la posesión
provisoria o definitiva de sus bienes (a los 5 años, por regla general, y excepcionalmente después de
6 o de 3 meses, según los casos).
b) Finalidad esencial.
En este primer período, predominando las posibilidades de vida y de regreso del desaparecido, las
medidas adoptadas tienden exclusivamente a preservar sus derechos y su patrimonio, garantizándole
su integridad. Entre los derechos de los presuntos herederos y el interés del ausente, prevalece el
último.
c) Personas que administran los bienes del desaparecido.
Según el art. 83, durante el período de mera ausencia deben cuidar los intereses del desaparecido
sus apoderados o representantes legales.
Si el ausente no hubiere dejado representante legal o mandatario general, o el mandato hubiere
terminado, procede el nombramiento de curador de bienes, de acuerdo a los arts. 473 a 491.
d) Término del período de mera ausencia: expira:
1º Por el decreto de posesión provisoria;
2º Por el decreto de posesión definitiva, cuando el anterior no tiene cabida;
3º Cuando el ausente reaparece; y
4º Cuando existe certeza acerca de la fecha de la muerte real del desaparecido.
En los dos últimos casos, no sólo termina el período de mera ausencia, sino todo el proceso de la
muerte presunta, pues se desvirtúa la presunción en que se basaba. Si el ausente reaparece, recobra
la administración de sus bienes; y si se logra probar la fecha exacta de la muerte real, corresponde
aplicar las reglas de ésta y no las reglas de la muerte presunta.

B.- Período de posesión provisoria.

a) Extensión.
Comienza el período con el decreto del juez que concede la posesión provisoria y termina con el
decreto que otorga la posesión definitiva de los bienes del desaparecido.

b) Finalidad esencial.
En este período, no prevaleciendo la posibilidad del regreso del ausente y contrapesándose ésta con
la probabilidad de la muerte, la ley busca conciliar los derechos del desaparecido con los de aquellos
a quienes pasarían los bienes del ausente, si hubiera realmente fallecido.

c) Fecha en que se dicta el decreto de posesión provisoria: transcurridos 5 años desde la fecha de las
últimas noticias del desaparecido, el juez concederá la posesión provisoria de sus bienes (art. 81 Nº
6).

d) Quienes pueden solicitar el decreto de posesión provisoria.


Sólo pueden hacerlo los herederos presuntivos del desaparecido, entendiéndose por tales los
testamentarios o legítimos (alusión a los legitimarios, o con mayor propiedad, a los asignatarios
forzosos) que lo eran a la fecha de la muerte presunta (arts. 84 y 85).
Herederos testamentarios son los instituidos en el testamento otorgado por el desaparecido;
herederos legítimos o abintestato, los establecidos por la ley.
Si no se presentan herederos, el juez, a instancia de cualquier interesado o de oficio, declarará
yacente la herencia y le nombrará curador (art. 1240).
La ley sólo concede la posesión provisoria de los bienes a los herederos, no a los legatarios. Estos, al
igual que los nudos propietarios y los fideicomisarios de bienes usufructuados o poseídos
fiduciariamente por el desaparecido y, en general, todos aquellos que tengan derechos subordinados
a la muerte del desaparecido, no podrán hacerlos valer sino después de decretada la posesión
definitiva (art. 91).

e) Patrimonio cuya posesión provisoria se confiere a los herederos presuntivos.


Comprenderá la totalidad de los bienes, derechos y acciones del desaparecido, cuales eran a la fecha
de la muerte presunta (art. 85, inc. 2º).
En cuanto a la naturaleza del derecho de los herederos presuntivos, algunos estiman que estaríamos
ante un caso de usufructo legal (art. 89). Con todo, otros han señalado que los poseedores
provisorios no tendrían un usufructo, sino la propiedad sujeta a condición resolutoria (que consistiría
en que el desaparecido reaparezca o se establezca su muerte efectiva).

f) Efectos del decreto de posesión provisoria:


1º Se disuelve la sociedad conyugal o el régimen de participación en los gananciales, si los hubiere
con el desaparecido (arts. 84, 1764 Nº 2 y 1792-27 Nº 2).
El régimen patrimonial del matrimonio debe entenderse disuelto el día fijado por el juez como
presuntivo de muerte.
2º Se procede a la apertura y publicación del testamento, si el desaparecido hubiere dejado alguno
(art. 84, inc. 1º). Será necesario proceder a la “apertura” del
testamento cerrado o secreto; será indispensable proceder a la “publicación” de aquel testamento que
se hubiere otorgado sólo ante cinco testigos, sin presencia de un ministro de fe. En ambos casos,
estos trámites son necesarios para saber quiénes son los herederos presuntivos.
3º Opera la emancipación legal de los hijos que se hallaban bajo patria potestad del padre o de la
madre desaparecidos, salvo que corresponda ejercitar la patria potestad al otro de los padres. Si fuere
éste el desaparecido y ejercía la patria potestad, se produce la emancipación de los hijos (art. 270 N°
2). Se define la patria potestad en el art. 243 y la emancipación en el art. 269.
El caso referido, es de emancipación legal.
4º Se da la posesión provisoria de los bienes del desaparecido a los herederos presuntivos; no
habiéndolos, se procede a declarar yacente la herencia.
5º Marca el inicio del cómputo del plazo de 180 días o de un año, para que los herederos y demás
personas actualmente interesadas, provoquen el juicio de impugnación de paternidad de un hijo
atribuido al desaparecido (arts. 212 y 213) o de impugnación de maternidad de un hijo atribuido a la
desaparecida (art. 218).

g) Obligaciones de los poseedores provisorios.


Recaen sobre los herederos presuntivos ciertas obligaciones encaminadas a garantizar los intereses
del desaparecido. Son tales:
1º Formar inventario solemne o revisar o rectificar con igual solemnidad el que exista (art. 86).
Inventario solemne es aquél que se hace, previo decreto judicial, por el funcionario competente y con
los requisitos que las leyes expresan (art. 858 del CPC).
2º Constituir caución de conservación y restitución de los bienes del desaparecido (art. 89). El art. 46
define lo que se entiende por caución. Sólo otorgando la garantía, los poseedores provisorios se
harán dueños de los frutos que produzcan los bienes del desaparecido (cabe indicar que los intereses
a los que alude el art. 89 junto con los frutos, no son sino frutos civiles).

h) Venta o hipoteca de los bienes del desaparecido por los poseedores provisorios (art.
88).

Debemos distinguir según se trate de bienes muebles e inmuebles.

1º Bienes muebles: pueden ser vendidos siempre que:


El juez lo creyere conveniente;
Sea oído el defensor de ausentes; y
La venta se efectúe en pública subasta.
2º Bienes inmuebles: pueden venderse o hipotecarse, pero en este caso el legislador
toma mayores precauciones, exigiendo:
Que la venta o hipoteca obedezcan a causa necesaria o utilidad evidente. Hay causa necesaria, por
ejemplo, en el caso de una parcela que no produjese ni siquiera lo necesario para solventar los gastos
de administración y el pago de las contribuciones; existiría utilidad evidente, por ejemplo, si se
vendiese un inmueble para pagar una deuda del desaparecido, por cuyo motivo los acreedores
hubieren obtenido el embargo de dicho inmueble
La ley sólo permite la venta. Por ende, los herederos presuntivos no podrán, por ejemplo, donar los
bienes del ausente.

Que la causa necesaria o la utilidad evidente sean calificadas o declaradas por el juez, con
conocimiento de causa. Es decir, que debe resolver atendiendo a las pruebas que se le han hecho
valer.
Que sea oído el defensor de ausentes.
Que la venta se efectúe en pública subasta.
Si se omite cualquiera de los requisitos indicados al venderse y enajenarse un bien mueble o
inmueble del desaparecido, tal venta y enajenación (o hipoteca, en su caso) adolecerá de nulidad
relativa. En efecto, estando establecida en favor del ausente, para el caso de reaparecer sólo él
puede alegarla. La acción de nulidad prescribirá en 4 años, contados desde que reaparece el
desaparecido.

i) Término del período de posesión provisoria (art. 90). Puede terminar:


1º Con el decreto de posesión definitiva;
2º Con la reaparición del ausente; y
3º Si se tuvieran noticias que motivaren la distribución de los bienes del desaparecido, según las
reglas generales (esto alude a la muerte real del desaparecido, debiendo aplicarse por ende las
normas de la sucesión por causa de muerte).
C.- Período de posesión definitiva.

a) Inicio.
Se inicia con el decreto del juez que concede la posesión definitiva de los bienes del desaparecido.
Dicho decreto se inscribirá en el Conservador de Bienes Raíces que corresponda al último domicilio
que el desaparecido haya tenido en Chile. Si el decreto no se inscribe, será inoponible a terceros (art.
52 Nº 4 del Reglamento del Registro Conservatorio de Bienes Raíces).

b) Finalidad esencial.
El último período de la muerte presunta es aquél en el cual las probabilidades de muerte del
desaparecido prevalecen sobre las probabilidades de vida, de modo que puede conferirse a los
presuntos herederos pleno derecho de uso, goce y disposición sobre los bienes del ausente, como si
en realidad éste hubiera muerto.
c) Casos en que tiene lugar.
c.1) Cuando cumplidos 5 años desde la fecha de las últimas noticias, se probare que han transcurrido
70 o más desde que nació el desaparecido (art. 82, primera parte).
En este caso, no hay período de posesión provisoria.
c.2) Inmediatamente después de transcurridos 5 años desde la fecha de la batalla o peligro en que se
encontró la persona desaparecida sin haberse sabido más de su existencia (art. 81 Nº 7). En este
caso, tampoco hay período de posesión provisoria.
c.3) Después de tres meses contados desde la fecha de las últimas noticias que se tuvieren de la
nave o aeronave reputada perdida y en la cual se encontraba la persona desaparecida (art. 81 Nº 82).
También se pasa directamente al período de posesión definitiva.
c.4) Después de seis meses de ocurrido un sismo o catástrofe (art. 81 Nº 93). También se omite el
período de posesión provisoria.
c.5) Regla general: transcurridos 10 años desde la fecha de las últimas noticias, cualquiera que fuese,
a la expiración de esos 10 años, la edad del desaparecido, si viviese (art. 82, segunda parte). En este
caso, antecederán al decreto de posesión definitiva el período de mera ausencia (5 años a lo menos)
y el de posesión provisoria (otros 5 años).

d) Personas que pueden pedir el decreto de posesión definitiva: los poseedores provisorios y todos
los indicados en el art. 91, es decir, en general, los que tengan derechos subordinados a la muerte del
desaparecido.

e) Efectos del decreto de posesión definitiva.


e.1) De conformidad con el art. 42 N° 2 de la Ley de Matrimonio Civil, se disuelve también el
matrimonio a consecuencia de la declaración de muerte presunta.
No basta sin embargo con la sola declaración de muerte presunta para que opere la disolución del
matrimonio; se requiere, además, conforme a lo dispuesto en el art. 43 de la Ley de Matrimonio Civil:
Que hayan transcurrido cinco años desde las últimas noticias y setenta años desde el nacimiento del
desaparecido (en relación con el art. 82 del Código Civil, que establece que, en este caso, se
concederá directamente la posesión definitiva de los bienes del desaparecido);
Que hayan transcurrido cinco años desde que una persona recibió una herida grave en la guerra, o le
sobrevino otro peligro semejante, y no se ha sabido más de ella (en relación al art. 81 Nº 7 del Código
Civil, caso en el cual también se concederá de inmediato la posesión definitiva de los bienes del
desaparecido);
Que hayan transcurrido diez años desde la fecha de las últimas noticias, fijada en la sentencia que
declara la presunción de muerte, cualquiera que fuese la edad del desaparecido si viviere (ahora, la
disposición concuerda con la del artículo 82 del Código Civil, que dispone que también se concederá
la posesión definitiva de los bienes del desaparecido, una vez transcurridos diez años desde la fecha
de las últimas noticias)
Que haya transcurrido un año, desde el día presuntivo de la muerte, en el caso de la pérdida de una
nave o aeronave que no apareciere dentro de tres meses (art. 81 Nº 8 del Código Civil);
Que haya transcurrido un año, desde el día presuntivo de la muerte, en el caso de un
sismo o catástrofe (art. 81 Nº 9 del Código Civil).
Del tenor de los arts. 42 y 43 de la Ley de Matrimonio Civil, se deduce que la disolución del
matrimonio opera ipso iure, cuando, declarada la muerte presunta, transcurren los plazos de uno,
cinco y diez años, sin que sea necesario que se dicte el decreto de posesión definitiva o que se dicte
otra resolución judicial que declare la disolución del matrimonio. El Servicio de Registro Civil e
Identificación, por ende, a solicitud del interesado, deberá practicar la pertinente sub inscripción,
dejando constancia que terminó el matrimonio, si al presentar la solicitud, se prueba que han
transcurrido los plazos legales.

e.2) Ejercicio de los derechos subordinados a la muerte del desaparecido (art. 91).
e.3) Apertura de la sucesión del desaparecido, conforme a las reglas generales, si no antecedió
posesión provisoria (art. 90, inc. 3º).
e.4) Cancelación o alzamiento de las cauciones y cesación de las restricciones para vender e
hipotecar (art. 90, incisos 1 y 2).
e.5) Partición de bienes, de conformidad a las reglas generales.
e.6) Cesan las restricciones que tenían los herederos presuntivos para disponer de los bienes del
desaparecido.
e.7) Finalmente, se producirán todos los demás efectos de la posesión provisoria, en el caso en que
ésta no hubiera operado.

f) Revocación del decreto de posesión definitiva: arts. 93 y 94.


f.1) Revocación, no rescisión: cabe indicar que el legislador alude equivocadamente a la “rescisión”
del decreto, es decir, a la nulidad relativa, lo que supondría un vicio de tal naturaleza que permitiría la
anulación del decreto. No hay tal nulidad, sin embargo, sino causales de revocación del decreto.
f.2) Causales: la ley permite pedir la “rescisión” del decreto de posesión definitiva en tres casos:
1º Si se tuvieren noticias exactas de la existencia del desaparecido;
2º Si se tuvieren noticias exactas de la muerte real del desaparecido;
3º Si el presunto muerto reaparece.

f.3) Personas a favor de las cuales puede “rescindirse” el decreto (art. 93):
1º El desaparecido;
2º Los legitimarios habidos durante el desaparecimiento (el art. 1182 señala quienes son legitimarios
del causante; el art. 93 se refiere obviamente a los descendientes);
3º El cónyuge del ausente por matrimonio contraído en la época del desaparecimiento.

f.4) Plazo para pedir la “rescisión” del decreto (art. 94).


1º El desaparecido puede pedirla en cualquier tiempo;
2º Los demás interesados no pueden pedirla sino dentro de los respectivos plazos de prescripción
contados desde la fecha de la verdadera muerte (se refiere la ley a la prescripción de la acción de
petición de herencia -arts. 2512, 704 y 1269-, lo que equivale a decir que, adquirido el derecho real de
herencia por prescripción, podrá enervarse la acción de “rescisión” del decreto de posesión definitiva).

f.5) Efectos de la “rescisión”: sólo aprovechan a las personas que obtuvieron la dictación del decreto
de revocación.
Se recobran los bienes del desaparecido, en el estado en que se encuentren, y todos los actos de
disposición (incluyendo las hipotecas y demás derechos reales) realizados en el tiempo intermedio,
valen (art. 94, regla cuarta).
Dado que los poseedores definitivos gozan de los bienes como dueños, no responden ni de la culpa
lata. Por ello, pueden devolver los bienes sensiblemente deteriorados, sin responsabilidad, a menos
que se les pruebe dolo, intención de dañar (art. 94, regla quinta).
Así, los poseedores definitivos no están obligados a devolver el precio que hubieren percibido por la
venta de los bienes del desaparecido.
Para toda restitución, los demandados serán considerados como poseedores de buena fe, a menos
de prueba en contrario (art. 94, regla quinta).

A consecuencia de esta presunción legal, los herederos no responden de los deterioros de los bienes
y tienen derecho al reembolso de las mejoras necesarias y útiles conforme lo disponen los arts. 904 y
siguientes, sobre las prestaciones mutuas (las mejoras son necesarias cuando deben hacerse para la
conservación de la cosa; son útiles aquellas que aumentan el valor comercial de la cosa).
La última regla del art. 94 establece que el haber sabido y ocultado la verdadera muerte del
desaparecido, o su existencia, constituye mala fe.
En cuanto a los frutos producidos por los bienes del desaparecido, los poseedores definitivos, lo
mismo que los provisorios, no están obligados a restituirlos, salvo que estén de mala fe.
La sentencia que “rescinde” la declaración de muerte presunta, debe subinscribirse, al margen de la
partida correspondiente.

También podría gustarte