18 - Inflacion
18 - Inflacion
La inflación constituye un fenómeno típico de la economía capitalista. Todos los países en algun
momento de su historia han soportado algún proceso inflacionario. La cuestión problemática es
si ella desarticula el proceso productivo y genera tensiones que hace necesario intervenir para
desactivarla.
En casos de muy bajos índices de aumento se los suele identificar como sistemas estabilizados,
pero ello depende de consideraciones particulares, así por ejemplo, una tasa de inflación del 3/4
% anual se considera como periodo de ausencia de inflación.
Para poder hacer referencia a la inflación aceptar que estamos frente a un proceso, es decir, un
acontecimiento que discurre en el tiempo, por lo que desde ya convendrá separarlo de un mero
“aumento de precios”.
El concepto de generalizado no significa que deban aumentar todos al mismo tiempo aunque
muchas veces, en la cotidianeidad de los medios de comunicación y en el empleo de un lenguaje
de divulgación los economistas tiendan a emplear la expresión “todos los precios”.
La noción da cuenta de muchos precios que aumentan en simultáneo, que una proporción
importante de ellos, aunque no fuera la mayoría de ellos, está aumentando; tampoco debe
entenderse que siempre son los mismos precios los que varían, sino que puede ocurrir que en
un lapso se incrementan los valores de una proporción importante siendo seguidos, al momento
siguiente, por el incremento de otra cantidad de precios igualmente importante.
Por lo que se verá más adelante se accederá a una idea de que existe, en varios casos, una
“respuesta” aumentativa de un precio frente al aumento de otro, o que ciertos incrementos
incitan lógicamente al aumento de otros.
La variable nivel general de precios es una variable teórica, de cálculo extremadamente
trabajoso e inútil al momento de arribarse a ella. Conceptualmente, hace alusión a la totalidad
de los precios existentes en una economía, ya se trate de bienes de consumo, intermedios o de
1
De Pablo, “Ensayos sobre Economía Argentina”, Capítulo II, pág. 147.
Macroeconomía I 1
capital, se refiera a bienes propiamente dichos o a servicios y también deben ser incluidos los
servicios de los factores, los precios de los recursos productivos; no debieran descartarse en su
cálculo los precios del dinero y de otros productos financieros. Por lo que el número de
elementos que entrarían en dicho cálculo es finito pero inconmensurable, tornándose
demasiado penosa la labor de relevamiento y cómputo. Y en el supuesto de que ello pudiera
lograrse, el resultado sería inútil debido a que al momento de finalizarlo este sería no
representativo dada la aparición continua de nuevos bienes y/o servicios al interior de un
sistema, y la desaparición de ellos. Esta variable se suele identificar con la letra P
130
125
120
110
130
125
120
110
A su vez, el aumento de precios puede ser estabilizante, si apreciamos que las tasas de aumento
mensual son cada vez menores y tienden a una convergencia, o desestabilizante, si apreciamos
que esas tasas son cada vez mayores y muestran indicadores de aumento crecientes.
Su lugar dentro de la ciencia económica se ubica de manera relativamente reciente; hay que
esperar hasta varios años después de la Segunda Guerra Mundial para que en los manuales de
economía política el tema tuviera un tratamiento relativamente importante: podían verse
menciones de que se trataba de algo ajeno a los países centrales porque era algo propio de los
países inmersos en el subdesarrollo. Pero no se debe olvidar que la tercera década del Siglo XX
alojó en su interior los más impresionantes procesos inflacionarios de la historia,
experimentados en Europa Central y Oriental, luego de la Primera Guerra Mundial; esos
procesos son lo que hoy en día se denomina hiperinflaciones, debido a las enormes tasas de
variación de los precios experimentadas, por ejemplo, en Alemania en 1923.
Existen otros, pero referidos a aspectos más pormenorizados, como el índice de salarios
industriales o de metodología de elaboración muy diferente a la de éstos, como los índices de
precios implícitos.
IPC. El IPC realiza sus mediciones en la etapa final de las ventas de bienes y servicios y, por
abarcar bienes y servicios, constituye la medida más aproximadamente representativa del nivel
general P. Este índice capta las operaciones en la primera venta que se realiza a la finalización
de un proceso productivo, o al ingresar al país un bien determinado: a la salida de las unidades
productivas al tratarse de productos nacionales y al efectuarse el ingreso al país si el producto
es importado. El ingreso efectivo al país, a su mercado, se produce al “nacionalizarse” la
mercancía, en su “despacho a plaza”, conforme a la terminología aduanera.
Esto supone que, si la salida del artículo es de un establecimiento industrial, la primera venta
es denominada ex fábrica, en tanto que para los bienes de origen agropecuario la expresión
correspondiente alude a tranquera afuera; para la producción pesquera, a pie de buque, y en
“boca de mina” para los de origen minero.
SIPM. El índice de precios mayoristas está compuesto por tres índices diferentes, por lo que es
más apropiado denominarlo como hace el INDEC: Sistema de Indices de Precios Mayoristas,
integrado de la siguiente manera:
a) Un Indice de Precios Internos al por Mayor, IPIM, que da cuenta de las variaciones de
los precios de origen nacional e importado vendidos en el mercado interno; en este caso,
la captación de precios es al propio valor de mercado, por lo que incluye el IVA y otros
impuestos internos que pudieran corresponder.
b) El Indice de Precios Internos Básicos, IPIB, cuya metodología de elaboración es similar
al anterior, con la diferencia de que los precios excluyen impuestos y,
c) El Indice de Precios al Productor, IPP, que mide la evolución de precios mayoristas, sin
impuestos y excluyendo los precios de bienes importados.
La variedad de índices particulares con que se elabora el SIPM permite a los investigadores
emplearlos de manera aislada.
ICC. Una última forma de aproximar la medición del índice de la economía es mediante el Indice
del Costo de la Construcción, que, en esencia, informa sobre costos de edificar viviendas
unifamiliares y multifamiliares, por lo que supuestamente da información a un empresario ya
poseedor del terreno donde va a erigir un edificio residencial. En teoría este índice debería
computar también la variación de costos de terrenos para la construcción, pero no lo hace.
En muchos contratos entre particulares suelen ser definidos diversos índices de precios,
distintos de los anteriores, para representar la inflación que podría experimentarse; así, por
ejemplo, en casos de ventas de departamentos nuevos realizadas al momento de iniciarse las
obras (“al pozo”) pueden ser utilizados índices que combinan partes de otros índices.
Las reglas del juego en contextos inflacionarios son diferentes a aquellas en contextos de
estabilidad; esto implica que la inflación afecta negativamente la tasa de crecimiento real de la
economía.
Todas ellas pueden provocar inflación. Pero, en todos los casos, es imprescindible que, para que
estas causas encuentren terreno fértil para desarrollarse, que se produzca un aumento en la
cantidad nominal de dinero. Esto implica que ningún plan antiinflacionario que pretenda
Macroeconomía I 3
considerarse exitoso debería prescindir del control de la política monetaria, toda vez que las
expansiones monetarias, si no son la causa directa de la inflación, la financian.
En Argentina existieron 8 experiencias fallidas de control inflacionario: 1952, 1959, 1962, 1967,
1973, 1979, 1985 y 1989, y una exitosa (1991). En cualquier caso, la opción fundamental
parece ser: “que no haya inflación para nadie, o que la haya para todos”; pero en ningún caso
debiera aceptarse que haya sólo “inflación para algunos”2.
¿Cuál es “la” tasa de inflación en Argentina? Es una pregunta difícil de responder con certeza,
dado que to ademdos los años, los precios de los distintos artículos han variado en proporciones
diferentes, de manera tal que se han modificado los precios relativos. Y en estas condiciones, no
puede hablarse de una tasa de inflación, porque cualquier expresión sintética de la velocidad
con la que se mueven los precios, es decir cualquier índice de precios, se construye utilizando
factores de ponderación de cantidades físicas, los que obviamente han cambiado por el mismo
cambio en los precios relativos que se intenta medir.
Caso típico es el de la carne vacuna; un incremento en sus precios incide sobre el índice
general, ponderado por una cantidad de consumo (kilogramos por habitante-año) que
seguramente habrá cambiado como consecuencia misma del aumento de los precios de la carne
con relación a otros productos alimentarios.3
En cuanto a la cobertura, se incluyen solamente algunos bienes de consumo. Se ignoran así los
precios de los activos. Y el bienestar no es solamente consecuencia del ingreso (que se gasta en
bienes de consumo), sino también de la riqueza (manifestada en activos).6 De esta forma, se
abunda en considerar los daños que la inflación produce a los ingresos, pero no se estiman los
beneficios que produce sobre la revaluación de activos.
Antiguamente era sencillo transformar una serie de precios argentinos en precios corrientes en
una serie en términos reales mediante el sencillo expediente de transformar la serie a dólares
estadounidenses. Pero a partir de la década de los ’70 y hasta bien entrados los ’90, el fenómeno
de la inflación se globalizó.
2
De Pablo, op. cit., pág. 145.
3
Este es el conocido “problema de los números índices” establecido por Samuelson en 1947, y que resulta aplicable a cualquier
agregado, tales como la tasa de inversión (Hayn, 1962), a las cuentas nacionales y al crecimiento económicoen general.
4
Conocido como índice de Laspeyres. Véase al respecto el capítulo I.
5
Sobre los índices de precios, véase al respecto el capítulo I de estos Apuntes.
6
Alchian y Klein (1973).
Macroeconomía I 4
inflación anuales, desde un 2% anual promedio en la década de los ’50 hasta un 7% anual
promedio a mediados de los ’70.
Estos desequilibrios afectaron negativamente a los llamados términos del intercambio. Durante
el período 1939-73, los precios mayoristas evidenciaron un desequilibrio interno que hizo que
los productos importados crecieran un 50% más que los productos nacionales. Es claro que los
productos importados eran esencialmente “no agropecuarios”, y los nacionales eran
“agropecuarios”. Esta situación dio origen al llamado deterioro de los términos del intercambio7,
revertido en la última década por el importante aumento en los precios de las oleaginosas.
Desde una perspectiva académica, las causales de inflación se enfocan a través de la búsqueda
de aquellos factores que, actuando en la economía, producen un aumento sistemático y
permanente en el nivel general de precios.
7
Véase la RRI (relación real de intercambio) en el Apunte de Cuentas Nacionales, de esta sección.
8
Véase al respecto Daniel Heymann,”Tres ensayos sobre inflación y políticas de estabilización”; CEPAL, [Link]. Documento # 18, 1986.
Macroeconomía I 5
Precio
Demanda Oferta
P0 C D
0 A B Cantidad (Y/P)
Es importante hacer notar en este punto una diferencia fundamental entre la oferta agregada y
la demanda agregada. Mientras la oferta agregada está constituida por bienes (aunque los
mismos estuvieran valuados en dinero), la demanda agregada está constituida por dinero.
Esto es porque la oferta agregada se torna vertical por encima del nivel de precios original (es
constante en términos reales), mientras que la demanda agregada es una hipérbola equilátera
(es constante en términos nominales). Por lo que si el exceso de demanda inicial es igual al
producto, el nivel de precios se duplicará.
Nótese que la inflación por exceso de demanda hace referencia a un desequilibrio entre la
demanda agregada y la oferta agregada, siendo indistinto si esto se genera a través de un
exceso de demanda del sector público o del sector privado.
Claramente se deberá asimismo tener en cuenta que estos aumentos de precios no pueden ser
persistentes ni permanentes en el tiempo, si no se los financia mediante un aumento
consecuente en la oferta nominal de dinero.
Macroeconomía I 6
Aumento de costos. Siendo menos “clásica” que la inflación por exceso de demanda, también
ha sido suficientemente popularizada. Lo que produce inflación de costos es la pretensión de
mantener permanentemente algunos precios en términos reales por encima del valor asignado
naturalmente según el funcionamiento de la economía.
Suele aludirse a inflación de oferta cuando el proceso es iniciado a partir de algún componente
importante de los costos de producción de las empresas que es trasladado a los precios de las
mismas: en textos de autores extranjeros suele hacerse alusión a shocks de oferta, como el
ocurrido a mediados de la década del ’70, cuando el precio del barril de petróleo crudo se
multiplicó por 4 ó 5 en el curso de pocos meses, y los países exportadores de petróleo,
organizados en la OPEP, regularon fuertemente su producción en respuesta a un conflicto en
Medio Oriente, para asegurar el aumento.
Así, los sindicatos propician aumentos en los salarios nominales; los empresarios aumentan los
precios de sus mercancías, y el Estado aumenta el tipo de cambio nominal, pretendiendo que
las “otras” variables permanecerán constantes. La respuesta lógica es una puja intersectorial, en
la que cada sector propicia aumentos a efectos de restablecer la estructura de precios relativos
perdida.
Inflación estructural. El principal defensor teórico de este tipo de inflación es Olivera, quien
en 1964 empieza a analizar este tema. La inflación estructural se produce a partir de
movimientos en los precios relativos de una economía en la que los precios monetarios no son
tan flexibles a la baja como al alza.
La visión estructuralista de la inflación es más compleja que una simple combinación de efectos
de oferta y demanda; Daniel Pérez Enrri la define como resultado de un proceso de “...asimetrías
en el sector real de la economía (que) provocan una presión que podría difundirse...” por
diversos factores como la puja distributiva, expectativas, razones institucionales, indexación,
etcétera10. Ricardo Ferrucci presenta cuadros-resumen de las posiciones que enfatizan en
aspectos monetarios (neoconservadores) como no monetarios (estructuralistas) que ayudan a un
mejor abordaje del problema11.
En una economía con precios flexibles y sin inflación, los cambios en precios relativos se dan
cuando existen aumentos en los precios monetarios de ciertos bienes, y disminuciones en los
precios de otros, de modo tal que esta modificación en los precios relativos no trae aparejado un
aumento en el nivel general de precios.
9
Véase al respecto el apunte respectivo del Mercado de Trabajo.
10
Daniel Pérez Enrri, Economía en el pensamiento, la realidad y la acción, Macchi (2000).
11
Ricardo Ferrucci, Instrumental para el estudio de la economía Argentina, Macchi (2002).
12
La llamada “inflación cambiaria” mencionada por Marcelo Diamand (1971) es un subtipo de inflación estructural.
Macroeconomía I 7
consumir el bien B y pasa a consumir el bien A. El bien A aumenta de precio y pasa a valer $
3.-, pero el bien B no desciende de precio por su rigidez a la baja, y permanece en $ 1.-. El
precio relativo A/B ha pasado a ser 3. En el período “t+2”, la composición de la demanda vuelve
a su valor original, con lo cual el bien A no desciende de precio, y permanece en $ 3.-, pero el
bien B ha aumentado a $ 1,50. De esta forma se han restablecido los precios relativos (dado que
A/B vuelve a valer 2), pero ha habido una inflación estructural del 50%.
La respuesta es afirmativa. Si todos los individuos esperan que el precio de cierta mercancía
aumentará y ajustan su conducta a tal aumento, el precio de la mercancía efectivamente
aumentará. Claro está que estos aumentos de precios se sostienen en el tiempo si la cantidad
de dinero nominal aumenta en forma consecuente.
Cualquiera que sea el modelo de formación de expectativas, si éstas son consistentes con un
aumento esperado de precios, y no existe un error sistemático de predicción, es perfectamente
posible que las mismas generen per se aumentos en los precios. Son los casos típicos de
aumentos en las cotizaciones de activos financieros y moneda extranjera.
La inflación por expectativas alude al proceso por el cual los agentes económicos conjeturan la
llegada de un momento inflacionario y adecuan su conducta a los resultados de dicha
predicción; los resultados de la adecuación de su conducta pueden verificarse en el aumento de
sus precios, si se trata de formadores de precios. Como el fenómeno aquí descrito culmina en un
incremento de precios dado que los formadores los aumentaron, éstos aumentan confirmando
así sus expectativas y ratificando su conducta al aumento; en estos casos se dice que se trata
de una profecía autocumplida.
Las expectativas de estos agentes pueden ser de índole adaptativa (para evitar que la inflación
les haga perder posiciones en la distribución del ingreso), o racional, (para aprovechar su
posición como formador de precios para así ganar una mayor tajada en el reparto social).
La importancia de las expectativas en un proceso inflacionario es tal que la gran mayoría de los
planes de estabilización aplicados en nuestro país en las últimas décadas contenía algún
elemento orientado a romperlas o neutralizarlas. El Plan Austral y el de Convertibilidad fueron
los más claros ejemplos de ello; el cambio del signo monetario apuntó siempre a modificar las
expectativas.
El proceso por el cual se inicia una escalada de precios por expectativas, puede originarse al
detectar los formadores de precios inconsistencias en la política económica, que les generen
dudas sobre la capacidad de las autoridades para tener éxito en sus planes; en dichos casos
13
No todos los autores aceptan esta diferencia. Hicks (1962) plantea que la inflación estructural es un subtipo de inflación de
costos. Sobre la inflación “endógena”, existen trabajos de Olivera (1967) y Diéguez (1968).
14
Véase al respecto el apunte respectivo en Apuntes de Macroeconomía II.
15
Véase al respecto el apunte relativo a Expectativas.
Macroeconomía I 8
cualquier motivo puede ser útil para ajustar los precios al alza. Por el contrario, no suele ser
inflacionaria la expectativa de los tomadores de precios por más fuerte que fuera ésta, o su
incidencia es muy limitada.
donde:
M cantidad de dinero de una economía;
V velocidad de circulación del dinero por unidad de tiempo;
P Nivel General de Precios, y
T cantidad de transacciones de la economía17.
Esta ecuación predice cómo se debe financiar la producción; si una sociedad produce una cierta
canasta de bienes y servicios en un período dado, para poder ser transada esa canasta a los
precios dados, sería necesaria una cierta cantidad de dinero no igual al monto del gasto que
demandaría su adquisición sino a una menor, debido a que el dinero como medio de cambio
experimenta traslados de un agente a otro conocidos como velocidad de circulación.
Ahora bien, según el sentido de la lectura de esa ecuación y en referencia al tema inflacionario,
pueden basarse distintas concepciones acerca de ella en un falso problema sobre la causalidad
del fenómeno.
16
Véase al respecto el apunte sobre el Mercado de Dinero.
17
Véase al respecto el apunte sobre el Mercado de Dinero.
18
Julio H.G. Olivera, “La teoría no monetaria de la inflación”; El trimestre económico, México, oct-dic 1960.
Macroeconomía I 9
La Ley de Convertibilidad 23091 significó un esfuerzo exitoso para controlar la inflación debida
a causas monetarias. La disminución de la tasa de inflación anual fue rápida, dramática,
permanente y definitiva, hasta que otras deficiencias propias del modelo económico vigente (que
no corresponde tratar en este capítulo) obligaron al abandono del citado instrumento legal hacia
2002.
Aun así, subsisten dudas respecto de la definición de dinero a controlar que debe adoptarse. La
autoridad monetaria suele tener alto grado de control para agregados muy estrictos de dinero,
tales como la base monetaria, M1, o M2; y puede influenciar también el valor del multiplicador
monetario, pero no controla con tanta eficacia magnitudes más amplias de dinero desde M3 en
adelante (tales como acreditaciones bancarias, créditos con tarjeta de crédito y demás), las que
crecen en contextos de falta de liquidez. Por eso podría suceder que mientras los agregados
básicos M1 ó M2 permanecen constantes, los precios podrían aumentar debido a la aparición de
sucedáneos20.
Estos últimos períodos han involucrado comportamientos por acción y por omisión.
a) Ejemplos de comportamientos por acción son las decisiones que el estado toma para
atemperar ciertas consecuencias indeseadas de precios inflacionarios:
• regulación directa de ciertos precios (alimentos, servicios públicos, tarifas
públicas),
• regulación de las tasas de interés
• regulación directa del tipo de cambio o control de cambios.
Todos los procesos inflacionarios provocan efectos no deseados sobre las relaciones económicas,
agrupables en:
Variación en los precios relativos. Como principio general, podemos concluir que cuando hay
estabilidad de precios, los cambios en los precios relativos se producen cuando algunas
mercancías suben y otras bajan. En cambio, cuando hay inflación, todos los precios suben,
aunque lo hacen a diferente ritmo 21, tal como lo harían los competidores en una carrera.
Asimismo, podemos establecer que los cambios en el nivel general de precios reconocen
generalmente causas monetarias, mientras que, en ausencia de una intervención directa del
Estado, las modificaciones en los precios relativos obedecen a causas reales. En todo país donde
la cantidad nominal de dinero crece a una cierta tasa (digamos, el 30%), cabe esperar que la
tasa de inflación sea equivalente a esa tasa de aumento de los recursos monetarios,
descontando la tasa de crecimiento económico real22:
= +
19
Sachs, en Bolivia; Cavallo, en Argentina.
20
Al respecto puede consultarse el trabajo de Mallon y Sourrouille (1975).
21
Así, la dispersión en los precios es un síntoma de la inflación misma, y nunca puede ser su negación.
22
Véase al respecto el Capítulo 11 de estos Apuntes.
Macroeconomía I 10
Los cambios en precios relativos debidos a cambios en los gustos, ingresos o cambios en la
tecnología, tienen implicancias microeconómicas; pero aquellos cambios en los precios relativos
que se deben a la intervención directa del Estado, tienen implicancias macroeconómicas, dado
que pueden traer aparejada incluso la desaparición de ciertos mercados, tales como los
alquileres, los arrendamientos, y las colocaciones financieras o préstamos.
Entre 1945 y 1959 los precios aumentaron 2100% aproximadamente; los alquileres sólo
subieron un 9%; esto debido al congelamiento de alquileres. Así, el poder adquisitivo del alquiler
cayó un 95% durante el período considerado. Argentina arrastra aún hoy el déficit de viviendas
originado durante ese período y los consecuentes altos precios de los alquileres actuales.23 En el
mismo período, las tarifas públicas vieron caer su valor real a la mitad. Esto ocasionó el déficit y
pérdida de calidad definitivos en los servicios públicos argentinos24. Las tasas nominales de
interés se convirtieron en tasas reales negativas. Esto generó la desconfianza definitiva de los
argentinos en su sistema bancario y financiero.
Quien en 1945 solicitó m$n 100.- en préstamo a un banco, pudo devolverlo abonando m$n
63,60 en 1950, o m$n 34,70 en 1955, ajustando los valores por el IPM. Aplicando el mismo
método, quien en 1945 depositó m$n depositó 100.- en un certificado a plazo fijo, retiró m$n
45,50 en 1950, o bien m$n 22,80 en 1955. Esta distorsión perjudicó el ahorro privado durante
la primer etapa de Juan Domingo Perón.
Durante la época de Frondizi sucedió lo mismo. Quien depositó m$n 100.- en abril de 1958,
retiró m$n 77.- en noviembre de ese año, m$n 42.- en junio de 1959, o m$n 31.- en marzo de
1962. Situaciones iguales o peores se produjeron durante el “Rodrigazo”25 de mediados de 1975,
o durante la hiperinflación del primer trimestre de 197626.
También hubo excesos en el otro sentido. Una colocación financiera de $ 100.-27 realizada en
mayo de 1977, representaba $ 77.- a retirar en marzo de 1981. Pero un préstamo otorgado de $
100.- realizado en igual fecha, obligaba al deudor a devolver $ 185,70 en marzo de 1981.28 Este
proceso, gestado por las graves diferencias entre tasas activas y pasivas de interés, se solucionó
durante 1982 con la licuación de pasivos dispuesta por Domingo Felipe Cavallo, desde la
presidencia del BCRA. Una licuación similar ocurrió con la derogación de la Convertibilidad en
2002, a instancias de Ignacio de Mendiguren (Ministro de la Producción).
La utilidad del uso de estos precios permite conocer relaciones de trueque aún dentro de
economías monetarias en las que la práctica del trueque sería imposible de practicar, por la
condición smithiana de la doble coincidencia de necesidades, para su existencia; y evita la
ilusión monetaria, concepto que alude a quienes piensan que se enriquecen cuando en realidad
se empobrecen.
En una economía existen infinidad de precios relativos. Su cuantía se puede estimar sabiendo,
que en una economía con n bienes, tomando un precio cualquiera se tendrían n-1 precios
relativos al relacionar aquél con los restantes del sistema económico. Un solo precio, por sí sólo,
generaría una cantidad inconmensurable de precios relativos.
Aunque fuese posible construir esos precios relativos, a los efectos prácticos sólo una parte
reducida (aunque igualmente enorme) de ese universo posee utilidad informativa de carácter
económico. Parte de este universo es conocida prácticamente como relaciones de insumo-
producto, como las que se construyen en el sector agropecuario al relacionar el precio de abonos
o plaguicidas con el precio de los cereales o, en el sector industrial al relacionar la tarifa
eléctrica con el producto fabricado.
23
Castro, 1979.
24
Fenómeno que se ha repetido en el periodo 2011-15.
25
Celestino Rodrigo fue Ministro de Economía durante 1975; propició una devaluación del tipo de cambio del 100% respecto al
dólar, y congeló salarios y alquileres durante ese período.
26
La tasa de inflación llegó al 32% sólo para febrero de 1976.
27
La moneda ya había sido cambiada por los “Pesos Ley 18.188”, abandonando la “moneda nacional” (m$n) .
28
El instrumento fue la Circular nº 1050 del Banco Central.
Macroeconomía I 11
Otro ejemplo muy frecuentemente empleado de precio relativo es el que relaciona el salario de
los trabajadores con su “costo de vida”, hoy en día sustituido por el IPC, relación que se conoce
como salario real.
Las relaciones así obtenidas se conocen como estructura de precios, y sirven para caracterizar
un determinado estado de la misma en una economía.
Sea entonces una economía con dos sectores productivos, la construcción residencial y
terminales automotrices. Cada uno de estos sectores participa en un 50% en la generación del
PBI; no existen relaciones económicas internacionales. Supóngase una situación inicial de de
equilibrio económico interno con la relación de precios ya vista: un departamento “vale” dos
automóviles.
En el año 2 se produce, por razones ajenas al modelo, un aumento del 100% en el precio de los
automóviles, lo que distorsiona la estructura de precios relativos; ahora un departamento “vale”
un automóvil. En función del peso que las terminales automotrices tienen en el PBI, esto
repercute en un aumento del 50% en el nivel general de precios.
Hacia el año 3, se produce, también por razones ajenas al modelo (o que bien podrían ser
consecuencias de lo anterior), un aumento del 100% en el precio de los departamentos. Ahora
un departamento vuelve a “valer” dos automóviles, y en función del peso del sector de la
construcción, se ha producido una inflación del 50% en los precios.
Esto quiere decir o demuestra que los planes de estabilización no son gratuitos en materia de
política económica, ya que también apuntan a determinada estructura de precios beneficiosa
para algún sector productivo “beneficiario” de la nueva distribución del ingreso, sea ésta
regional, sectorial, o funcional.
Macroeconomía I 12
∑
=
∑
Históricamente la relación tendía en los años ’60 y ’70 a provocar efectos negativos en la
balanza comercial. Ello implicaba, en el pasado, la intención de corregir los déficits
mediante devaluaciones del tipo de cambio nominal, encareciendo sus importaciones y
con la idea de mejorar la posición competitiva de sus exportaciones. Al “internalizarse”
los precios producto de la devaluación, se producían aumentos en los costos de
producción que trasladados a precios (por aumento en los insumos importados)
provocaban la conocida inflación de oferta que luego daba lugar a una serie de
demandas sociales para corregir los salarios de los trabajadores. De este modo y por
este mecanismo, se traspasa la inflación de un país a otro.
b) Déficit del sector público. El déficit del sector público también puede ser analizado desde
una perspectiva de precios relativos, como la relación entre los precios a los cuales el
Estado “cobra” sus servicios y lo que “paga” por ellos; por lo que las situaciones
deficitarias supondrían un retraso de los primeros respecto a los segundos. Los
“tarifazos”, en la época en que el estado argentino poseía empresas públicas fueron el
mecanismo por el que se intentó corregir los déficits hasta inicios de la década del ’90;
luego se recurrió al endeudamiento durante la época de privatizaciones de empresas
públicas, para luego derivar en “impuestazos”.
c) Desarrollo económico. El desarrollo económico es un proceso de muy fuerte alteración de
precios relativos que tiende a generar inflación, por el hecho de la necesaria
introducción de actividades no existentes en el aparato productivo, las cuales
demandan precios rentables para su instalación. El proceso se refuerza debido a los
cambios en las corrientes de demanda en los mercados de insumos y a la intensidad de
las mismas. El primer efecto se verifica por el simple incremento de la demanda del
insumo, lo que lo llevaría a aumentar su precio y el segundo por la fuerza del mismo.
Para el caso de inversión extranjera que requiera insumos importados, éstos tienden a
ser provistos por la matriz de la filial local o por empresas vinculadas, como ocurre con
el caso de las empresas de telefonía fija y/o celular. En función de esta característica es
que suele presentarse el dilema “inflación o estancamiento económico”.
d) Puja distributiva. Involucra tradicionalmente las tensiones sociales derivadas de
reclamos de los trabajadores por mejoras salariales frente a las ganancias empresarias.
Identifiquemos con la expresión W / SBE al cociente entre la remuneración de los
asalariados. Las modificaciones de dicho indicador mostrarían los avatares de la
distribución funcional del ingreso en el país. El mecanismo inflacionario aquí opera
mediante un aumento de precios que modifica el margen de utilidades de un sector,
siendo éste el “disparador” de reclamos salariales de parte de los trabajadores. Aunque
esta es la más conocida, no debiera ser la única forma de mostrar la puja distributiva
entre sectores sociales o socioeconómicos de un país; también se puede aludir a pujas
intersectoriales entre sectores agropecuario e industrial, o minero y comercial, etcétera.
Atraso cambiario. Cuando el Estado trata de intervenir directamente para controlar los
procesos inflacionarios sin atacar sus causas, o haciéndolo en forma incompleta, la
consecuencia más reconocible de los procesos inflacionarios, es el llamado atraso cambiario,
ante la reacción tardía o insuficiente del Estado, con consecuencias negativas sobre el comercio
exterior y la balanza de pagos. Si el ajuste del tipo de cambio no acompaña estrechamente la
evolución de los precios internos, gradualmente se produce un fenómeno de atraso del tipo real
de cambio, con consecuencias negativas sobre la balanza comercial y sobre la balanza de pagos
misma.
Crédito bancario. La falta de normas de ajuste puede determinar que las tasas de
financiamiento reales para las empresas se tornen negativas, con consecuencias negativas sobre
el mercado de crédito; los bancos se negarán a otorgar préstamos para los que no tienen
garantizada la devolución de los fondos en términos reales. Este problema es más grave cuanto
mayor es el plazo pretendido para los préstamos. Así, se ve gravemente afectado el crédito
prendario e hipotecario.
Debe tenerse especial cuidado al hablar de “moneda espuria” y niveles de gasto público que
excedan la capacidad de financiarse con impuestos soportables. Lo importante para evitar la
inflación no son los niveles absolutos de gasto y emisión, sino la magnitud relativa de estos
desequilibrios, en relación a lo demandado o a lo financiable. En esencia, se trata de no gastar
más de lo que se puede y no emitir más de aquello que el público está dispuesto a demandar o
atesorar29.
Las experiencias de China y Japón durante sus períodos de gran expansión son ilustrativas. En
ambos países, la demanda de dinero creció exponencialmente junto con el PBI, las
transacciones y la riqueza. Un comportamiento fiscal y monetario comparativamente ortodoxo
en ambos países determinó que la emisión de dinero fuese inferior y por detrás de la demanda.
Esto se reflejó en fuertes superávits externos y en emisión, pero como contrapartida de
acumulación de reservas. Este es un caso de expansión monetaria “deseada” o virtuosa. No
29
Arriazu, Ricardo, nota citada.
Macroeconomía I 14
haber respondido en esta etapa con emisión habría provocado un proceso de deflación
monetaria30.
Otros casos existen cuando la demanda de dinero crece fuertemente debido a temores respecto
de la salud de los sistemas financieros. Esto ha ocurrido recientemente en Estados Unidos,
Europa y Japón, donde las expansiones monetarias se han producido sin evidenciar presión
inflacionaria. Lo que aquí ha ocurrido es que la oferta monetaria ha acompañado la fuerte
expansión de la demanda; no hacerlo habría conducido al mundo a una inexorable recesión y
deflación de precios.
Al final de este capítulo se muestra en apretada síntesis, una descripción de las políticas
adoptadas en cada uno de los planes antiinflacionarios considerados exitosos.
Perjudicados y beneficiados. De los párrafos anteriores es posible concluir que quien fuera
formador de precios se encuentra en mejores condiciones de atravesar un proceso inflacionario;
por el contrario los tomadores (trabajadores, chacareros, propietarios de inmuebles, jubilados,
etc.) se perjudican en el mismo periodo. Así, es posible entender los motivos de las resistencias
sectoriales a un proceso inflacionario.
Hacia fines de los ‘70 se hizo evidente el fracaso de la política de “metas monetarias” que venían
orientando la acción de la mayoría de los bancos centrales. El objetivo de estas políticas era
ejercer un control de la inflación mediante la fijación de metas de emisión monetaria, las cuales
estaban predeterminadas de forma cuantitativa.
Con esta política de metas monetarias, los bancos centrales trataban de controlar la cantidad
total de la oferta monetaria para, de esta forma, afectar directamente a las variables reales de la
economía. Los problemas de esta política se debieron a la alta inestabilidad que registró en la
relación entre los agregados monetarios y otras variables macroeconómicas, incluyendo la
inflación. De este modo, la política de metas cuantitativas mostró serios problemas para
controlar la oferta monetaria y estabilizar la economía real.
La disconformidad con esta ortodoxia monetaria permitió el avance de la idea del manejo de la
tasa de interés como principal instrumento de política monetaria en los países industrializados.
No se modificó el objetivo, sino los instrumentos para alcanzar ese objetivo: controlar desde la
política monetaria el movimiento de las variables reales de la economía y, particularmente, la
inflación.
Así, por muchos años, la política monetaria privilegió el uso de la tasa de interés como forma de
alcanzar y mantener un determinado nivel de empleo y de actividad económica. En esa
pretensión, la referencia era la NAIRU. Sin embargo, tampoco esta política logró imponerse y el
objetivo de controlar la NAIRU se reemplazó directamente por el de controlar la tasa de inflación
en el contexto del sistema de metas de inflación.
Este cambio de “metas-objetivo” se debió a razones tanto pragmáticas como teóricas. Las
pragmáticas son:
1) las estimaciones empíricas de la NAIRU resultaron ser volátiles e inestables;
30
Hacia el final de 2000 y 2001, Argentina empezó a experimentar un proceso de caída de precios, debido al corset monetario que
imponía la Ley de Convertibilidad.
Macroeconomía I 15
2) las estimaciones tendieron a ser un reflejo muy cercano del nivel de desempleo, porque
se volvió costumbre interpretar los saltos en el nivel de desempleo como saltos en la
NAIRU;
3) la meta de inflación resulta un método más fácil de implementar, en tanto representa el
cambio de una política dirigida a las “cantidades” por una dirigida a los “precios”.
La principal razón teórica estaba vinculada al debate sobre “reglas versus discrecionalidad”, en
este caso aplicado a la política monetaria. Se llega a la conclusión que para evitar una alta
variabilidad en la tasa de inflación, hace falta adoptar reglas e instituciones transparentes,
claras e independientes que acoten la discrecionalidad y libertad de acción de la autoridad
monetaria. La combinación de este sistema de reglas es lo que finalmente se traduce en un
sistema de metas de inflación.
Un modelo de metas de inflación consta de tres ecuaciones: (i) la curva IS, (ii) la curva de
Phillips aumentada por expectativas de inflación y (iii) una función de pérdida social, de la cual
se deriva la función de reacción de la política monetaria.
re
IS
ye y
π
CPL CPC
πt
ye y
Cuadro 18.7. – Modelo de 3 ecuaciones (3EM)
En la parte superior del cuadro 17.8 se presenta la curva IS, que representa la combinación
entre tasa de interés y desvíos respecto al producto de pleno empleo (ye). En este sentido, la tasa
"re" es aquella para la cual el desvío es nulo, mientras que, cuando la tasa se ubique por encima
(debajo) de dicho nivel, la economía se estaría enfriando (recalentando). A su vez, la pendiente
negativa de dicha curva refleja el papel de la tasa de interés como mecanismo de asignación a lo
largo del tiempo del consumo y la decisión de realizar o postergar las decisiones de inversión.
π π π
πt πt πt
ye y ye y ye y
Equilibrado (β = 1) Averso a la inflación (β < 1) Averso al desempleo (β > 1)
BCI BCD BCB
Cuadro 18.8 – Prioridades del Banco Central
En cuanto a las preferencias del Banco Central, el cuadro 17.9 presenta las tres posibilidades
que se pueden encontrar: En el panel del medio tenemos el Banco Central duro (BCD), que sólo
se ocupa de tener los precios a raya sin consideración alguna sobre el producto. Como
contraposición a este caso, está el Banco Central blando (BCB), que prioriza al nivel de empleo
aunque ello provoque inflación y ello se refleja en el panel derecho del gráfico. Por último, en el
panel izquierdo del gráfico está el caso intermedio (BCI), donde resulta tan importante el nivel
del desvío en inflación como en el nivel de actividad.
Aquí analizaremos dos tipos de shocks: (i) shocks de demanda agregada y (ii) shocks de oferta.
c
r1
re
a b
IS IS’
ye y2 y
π
CPL CPC’ CPC
d
π2
b
πt
a
ye y2 y
Cuadro 18.9 – Shock de demanda positivo
Bajo este contexto, si el Banco Central no hiciera nada, el producto se ubicaría por encima del
nivel de equilibrio en y2, lo cual haría que la tasa de inflación π2 se ubicara por encima del nivel
objetivo πt.
Macroeconomía I 17
d
rd
ri f
re e
a
IS
yd ye y2 y
π ΒCB
CPC’ CPC
e
πe
f
πi
πt d BCD
a
BCI
yd yi ye y2 y
Cuadro 18.10 – Shock de oferta negativo
Shock de oferta negativo. Ahora veamos un shock de oferta negativo. En este caso, a
diferencia del shock de demanda, las preferencias del Banco Central juegan un papel clave. En
caso de que el BC esté aferrado al cumplimiento del objetivo en tasa de inflación (BCD), decidirá
elevar la tasa de interés hasta "rd", llevando el equilibrio al punto “d”, por lo que la economía se
contraerá hasta "yd".
Por otra parte, el BCB (laxo) no modificará la tasa de interés, pero en ese caso la tasa de
inflación trepará hasta "πe", donde se corre el riesgo que de largo se perpetúe la inflación en un
nivel más alto (punto “e”). Por último, tenemos el caso intermedio, donde el Banco Central (BCI)
tiene doble mandato. En esta situación el equilibrio vendrá dado por el punto f, donde la tasa de
interés quedará por encima de la del BCB, pero por debajo de la del BCD. Naturalmente, ante
esta situación, la inflación estará por encima del nivel objetivo, pero la caída del producto será
menor que la asociada con dicha tasa de inflación.
Existen tres consideraciones adicionales respecto de la actuación que cabe al Banco Central.
• En primer lugar, de cara al futuro es muy importante que el Banco Central gane
reputación, ya que ello devengará altos dividendos cuando sea necesario que la política
monetaria apuntale a la economía.
• En segundo lugar, el sistema de precios es un mecanismo de transmisión de
información, por lo que la inflación es al sistema de precios lo que el ruido a una
comunicación telefónica. Así, cuando el ruido es alto, las señales son difusas, las
empresas no invierten y se perjudica al crecimiento.
• Por último, la reducción de la inflación es una política de compromiso social. Esto es,
dado que la inflación es un impuesto altamente regresivo, su reducción redistribuye el
ingreso hacia los sectores más postergados.
El sistema incluye:
• Índice de precios al consumidor en el Gran Buenos Aires (IPC-GBA)
• Valorización mensual de la canasta básica de alimentos y de la canasta básica total.
• Variaciones de precios según la estructura de consumo del primer quintil de ingresos.
Las ponderaciones del sector primario son valores brutos de producción netos de
impuestos, estimados por las Cuentas Nacionales; las del sector manufacturero son valores
de producción provenientes del Censo Nacional Económico 1994 (que suministró datos
relativos a 1993); la energía eléctrica está ponderada con la facturación de las empresas
distribuidoras; y las ponderaciones del sector de productos importados se calcularon a
partir del valor CIF (costo, seguro y flete) de las importaciones realizadas durante 1993.
Los precios observados corresponden al día 15 de cada mes salvo excepciones ya que en
algunos sectores se trata de promedios mensuales (de precios diarios o de varios precios
durante el mes) o de precios de la semana que incluye el día 15.
El ICC base 1993=100 mide las variaciones mensuales que experimenta el costo de la
construcción privada de edificios destinados a vivienda en la Ciudad de Buenos Aires y en 24
partidos del conurbano bonaerense.
En el cálculo del costo no se incluye el valor de compra del terreno, los derechos de
construcción, los honorarios profesionales (por proyecto, dirección y representación técnica), los
gastos de administración, el impuesto al valor agregado (IVA) ni los gastos financieros. Tampoco
se considera el beneficio de la empresa constructora.
El índice cuenta con seis modelos de construcción (cuatro multifamiliares y dos unifamiliares)
con distintos detalles de terminación. Para la selección de los mismos se efectuó un estudio de
los permisos de obra presentados entre los años 1988 y 1992 en la Ciudad de Buenos Aires y en
partidos del conurbano bonaerense. Para determinar el peso de cada modelo en la región se
utilizó información extraída de los permisos de obra presentados en el período 1992-1994.
La información sobre el costo de la mano de obra directa (oficial especializado, oficial, medio
oficial y ayudante) corresponde a la primera quincena; la de los capataces y serenos, al mes de
referencia. Por otra parte, los precios de los materiales se cotizan “puestos sobre camión en
obra”. El índice se calcula utilizando una fórmula con ponderaciones fijas del tipo Laspeyres. El
año base de los precios es 1993.
31
Fuente: INDEC.
Macroeconomía I 1
El nivel general se calcula como una media ponderada de los índices de cada elemento
perteneciente al conjunto. Las ponderaciones son fijas y corresponden a la proporción del costo
de cada elemento en el costo total calculado para el período base. De igual modo se calcula el
índice de cualquier conjunto de elementos.
Los índices se calculan mediante dos procedimientos diferentes según el elemento que se trate:
encadenando relativos de promedios entre períodos sucesivos, o relacionando el precio del mes
de referencia con el promedio anual del año base. La estructura del índice tiene dos
agrupaciones alternativas que responden a distintos intereses analíticos.
Inflación núcleo
Un documento del INDEC presenta el desarrollo de la metodología que dio origen en el año 2004
a la construcción y publicación de lo que usualmente se denomina inflación núcleo. Ese mismo
año el INDEC comenzó a publicar resultados para una nueva clasificación de los ítems de la
canasta que componen el IPC con el objetivo de poder medir la inflación núcleo.
Habitualmente el Banco Central está interesado en utilizar una medida de inflación núcleo para
basar y explicar sus decisiones de política monetaria en un régimen de metas de inflación. Así,
en el año 2004, el INDEC analizó distintas alternativas para el cálculo de la inflación núcleo,
tales como:
a) indicadores clásicos que utilizan el nivel general del índice de precios al que se le
excluyen alimentos y energía;
b) índice de precios con exclusión de los grupos de bienes con precios más volátiles y
c) distintas medidas de inflación núcleo calculadas a partir de la distribución de cambios
de precios truncada con distintos porcentajes de truncamiento (en Argentina, se ensayó
el 18% y el 32% de truncamiento de las observaciones a ambos lados de la media).
El INDEC, a partir de la publicación del IPC-GBA que se reanudó en Junio de 2016, incorporó
en los resultados mensuales del IPC una actualización de la clasificación mencionada, con
algunas modificaciones en la definición de las categorías que permiten identificar la inflación
núcleo. Estas modificaciones reflejan los cambios en la estructura de fijación de precios de
algunos servicios que tuvieron lugar en los últimos años en la Argentina.
Si bien no está definida con fines predictivos, la evolución correspondiente al Resto del IPC
puede asociarse a la idea de inflación núcleo, entendida en este caso como aquella que
corresponde a los cambios de precios que no están afectados por efectos estacionales
(fluctuaciones transitorias y reversibles en el corto plazo), no son provocados por cambios en las
tarifas de bienes o servicios regulados, y tampoco se encuentran asociados a cambios en el
porcentaje de impuestos para aquellos bienes o servicios altamente gravados (cambios de
precios producidos en fechas puntuales, generalmente conocidas por la autoridad monetaria
con anticipación).
Este indicador es menos volátil que el nivel general de inflación y en su cálculo se asignan a
otra categoría ciertos grupos de bienes y servicios de la canasta del IPC.
Macroeconomía I 2
Se definiría la inflación total como la suma de la inflación núcleo más los elementos transitorios:
= ∗+
El objetivo que se persigue al calcular una medida de inflación núcleo es contar con un
indicador que permita analizar la evolución de los precios de la economía sin tener en cuenta
aquellas fluctuaciones de carácter temporario, estacional, o que se revierten en el corto plazo.
Un trabajo de Bryan y Cecchetti (1999) considera que inflación núcleo es aquella componente de
los cambios de precios que se espera que persistan en el mediano plazo. Quah y Vahey (1995)
consideran que inflación núcleo es la componente de la inflación medida que no tiene impacto
de (mediano) largo plazo sobre el producto real. La necesidad es identificar una tendencia de la
inflación, libre de las fluctuaciones transitorias generalmente asociadas a factores o shocks
reversibles en el corto plazo.
Estas son soluciones estadísticas al problema de medir los movimientos de largo plazo en la
inflación. Existen otras opciones, como modelos estructurales que asumen un mecanismo de
transmisión para la economía sobre la base del conocimiento del funcionamiento de esta última.
Debiéramos estar agradecidos al hecho de que los controles de precios y salarios rara vez
pueden ser mantenidos durante períodos prolongados; existe suficiente evidencia de que los
mismos pueden causar perjuicios serios, y en ciertos casos, permanentes, a la economía.
Las primeras críticas a este tipo de política aparecieron en Confessions of a Price Controller33¸ en
1974, en el cual en forma expresa y concisa, C. Jackson Grayson manifiesta los diversos modos
en los que el control interfiere negativamente en el sistema de mercado, y precipita su
metamorfosis hacia una economía centralizada:
32
Adaptado de “4000 años de controles de precios y salarios – Cómo NO combatir la inflación”, Robert Schuettinger – Eamon
Butler, Editorial Atlántida, 1987.
33
C. Jackson Grayson, “Confessions of a Price Controller”, Dow-Jones Irwin, 1974.
Macroeconomía I 3
4. Los controles pueden ser utilizados con fines no económicos. Tiene lugar cuando
los gobiernos utilizan los controles para beneficiar o perjudicar a grupos empresariales,
o cuando lobbyistas solicitan controles con propósitos no económicos35. Así, se dice que
debe controlarse el precio de los alimentos, porque “son importantes para los
consumidores”, o para la “mesa de los argentinos”. Si así fuese, ¿Por qué no controlar
los precios de las empresas que producen contaminación ambiental, o los precios de los
automóviles que desarrollan altas velocidades? Se evidencia así un intento de
manipulación política del sistema de mercado.
34
Nótese que este texto fue escrito hacia 1985.
35
Como el control aplicado sobre el servicio de televisión por cable aplicado desde 2008, servicio no esencial para la subsistencia.
Macroeconomía I 4
Los empleadores, al ver que los precios y salarios pueden fijarse con la sola obtención
de la conformidad de algún funcionario de un ente regulador de precios, se esfuerzan
más en ejercer influencia sobre esos organismos, que en mejorar su comportamiento y
eficiencia en el mercado, o de mejorar la productividad de su mano de obra.
No es probable, dice Paul Cagan, que los controles disminuyan o anulen el efecto final de
incremento en los precios que habría resultado de no haberse impuesto un control, dada la
tendencia de la demanda agregada. “Los precios gravitan naturalmente hacia un equilibrio de
oferta y demanda. Las restricciones y controles pueden demorar el ajuste, pero a la larga los
precios tenderán a su equilibrio (…) con posterioridad a su eliminación”.39
Un razonamiento habitual a favor de los controles es que reduce el poder de negociación de los
sindicatos importantes y de las empresas “formadoras de precios”. Las pruebas sugieren que las
empresas no originan los aumentos inflacionarios, pero naturalmente terminan cayendo en el
proceso. Las empresas grandes incurren en costos administrativos adicionales para modificar
precios; los oligopolios son renuentes a iniciar guerras de precios, y las empresas terminan
teniendo dificultades para determinar cuál es el “precio de equilibrio” para un producto o línea
de productos.
Por último, los controles de precios aumentan la ocupación en los numerosos organismos,
comisiones, consejos y juntas que se encargan de administrar los precios, como así también sus
peritos, ejecutivos, planificadores, miembros y supervisores. A la inversa, aumentan la
desocupación en el sector privado. Un precio máximo que reduce ganancias a favor del pago de
salarios, desde el punto de vista del empleador equivale a un aumento en el salario real; así,
contratar la misma cantidad de empleados cuesta más ahora que antes. Esto provoca despidos
forzados, que en principio afectan a los trabajadores con menor antigüedad, con menores cargas
de familia o menos calificados. Así es como aparecen, algún tiempo después de la imposición de
controles de precios, “pactos sociales” para preservar el empleo.
Paradójicamente, los trabajadores que perciben remuneraciones más bajas, son aquellos a
quienes supuestamente se trata de beneficiar con los controles de precios y salarios. Por ese
36
Roger Blough, “Minimizing the Effect of Controls”, Monthly Labor Review, Vol 97, marzo de 1974.
37
Philip Cagan, “The Hydra-Headed Monster”, American Enterprise Institute, 1975-
38
“The Fatal Temptation”, The Free Nation, Londres, Sep. 1976.
39
Cagan, op. cit.
Macroeconomía I 5
motivo, el gobierno laborista británico suprimió los controles de precios a mediados de los ’70, y
liberó a las empresas de ciertas cargas impositivas, para poder compensar la disminución de
sus utilidades.
La inflación ha sido un fenómeno bastante recurrente desde que los gobernantes de Lidia
(actual Grecia) decidieron en el siglo VII a.C. reducir el contenido de oro en su moneda. La suba
de precios en términos de la moneda nueva y depreciada fue casi inmediata. Este fracaso llevó a
Solón de Atenas a introducir una nueva moneda, decretando que “cortarían las manos” de
cualquier persona que alterara el contenido en metálico de la moneda. Ese proceso continuó
exitosamente durante seis siglos.
Aunque los motivos y circunstancias fueron variados, en casi todos los casos la inflación estuvo
asociada a niveles de gasto fiscal o gubernamental que superaban la capacidad de los gobiernos
para financiarlos.
El caso de Siracusa merece ser tratado con algún nivel de detalle. Platón era partidario de
utilizar el dinero como “instrumento de desarrollo económico”, separando el “valor” de las
monedas del “valor de su contenido metálico”42. Para evitar que la moneda espuria perdiese
rápidamente valor, propuso tres medidas adicionales:
- Que la moneda doméstica no pudiera ser exportada a otros países;
- Que la oferta de esta moneda fuese limitada en magnitud y tiempo;
- Que el intercambio entre esta moneda y otras fuese monopolizado por las autoridades.
(La similitud de estas medidas con las implementadas por la Unión Soviética y Cuba es notable).
Platón convenció a Dionisio de Siracusa a emitir una moneda cuyo “valor” (extrínseco) fuera
equivalente a cuatro veces su contenido metálico (valor intrínseco). A pesar de que se impuso la
pena de muerte para quienes no aceptaran la nueva moneda, rápidamente su valor convergió al
equivalente de su valor metálico, o sea, un 25% de su valor extrínseco. Como anécdota, cabe
recordar que Platón se salvó de la pena de muerte por esto, pero fue enviado a Corinto para ser
vendido como esclavo. Sus amigos lo salvaron comprando su libertad. Aristóteles rechazaba el
pensamiento de Platón, y convenció a Alejandro Magno de emitir monedas cuyo valor fuese fiel
reflejo de su contenido metálico. Esta moneda sustentó el desarrollo del Imperio43.
La inflación durante los años ’70 fue un fenómeno mundial, que luego terminó siendo
controlado, para volver a resurgir en escasos países del mundo. Por lo general, el Estado, en
presencia de inflación, ha desarrollado comportamientos por acción y por omisión que, en
algunas oportunidades sirvieron para controlarla, y en otras oportunidades para exacerbarla o
estimularla.
40
Adaptado de Arriazu, Ricardo, “Ningún país puede convivir con la inflación”, Clarín, 26/01/2014
41
Entre ellos, Edward McNall Burns, “Historia de Occidente”.
42
Véase al respecto el Capítulo 7 - Dinero de esta misma sección, sobre valor “extrínseco” e “intrínseco” de la moneda.
43
Véase “metalismo” y “cartalismo”, en la misma sección apuntada en la nota anterior.
Macroeconomía I 6
30
25
20
15
10
5
0 IPC
-5 IPM
-10
-15
-20
-25
c) En el subperíodo de 1920 a 1939, el país experimentó una fuerte deflación. El IPC cayó
un 35% para todo el período, y el IPM disminuyó un 21%, lo que también puede
apreciarse en el gráfico antedicho.
d) Desde la II Guerra Mundial empieza a experimentar aumentos, los que se hacen muy
fuertes en a década de 1970, y con un altísimo pico en 1989. El período se caracteriza
por una altísima variabilidad en los índices de crecimiento de los precios.
50
40
30
20
10
0 ARG
-10 USA
-20
-30
-40
-50
1915
1917
1919
1921
1923
1925
1927
1929
1931
1933
1935
1937
1939
1941
44
Véase al respecto “Historia monetaria y del tipo de cambio”, en Apuntes de Macroeconomía II.
Macroeconomía I 7
En el gráfico 18.13 puede apreciarse que las variaciones del IPC en Argentina y en Estados
Unidos han seguido patrones similares, lo que hace suponer que hasta ese momento han
respondido a similares orígenes (“inflación importada”). Cabe destacar que las variaciones han
sido más pronunciadas en la economía estadounidense que en la Argentina.
El gráfico precedente refleja las tasas de inflación mayoristas habidas en los últimos 70 años.
Expresamente se ha puesto en perspectiva, de modo tal de mostrar con claridad los “picos”
inflacionarios sufridos y su relativa magnitud. El máximo de ellos corresponde a la
hiperinflación de 1989, con una tasa del 5386,4% en un solo año.
Una reexpresión del mismo gráfico (cuadro 17.6) en escala logarítmica permite mostrar con
mucho mejor énfasis la magnitud de los “picos” inflacionarios, que superaron la tasa anual en
100% o más (los valores negativos o deflacionarios no pueden ser mostrados y representan
discontinuidades en el gráfico.
Macroeconomía I 8
Hiperinflación, 1989
Frondizi, 1959
Post Convertibilidad, 2002
Alsogaray, 1961
Krieger Vasena, 1969
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