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18 - Inflacion

La inflación es un fenómeno económico caracterizado por un aumento generalizado y sostenido de precios, que debe ser persistente y abarcar la mayoría de los bienes y servicios. En Argentina, la inflación ha tenido variaciones significativas y ha sido difícil de controlar, con múltiples intentos fallidos y un modelo econométrico que no logra predecirla con precisión. La medición de la inflación se realiza a través de índices como el IPC, SIPM e ICC, aunque estos enfrentan desafíos debido a cambios en precios relativos y la estructura de ponderaciones.

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18 - Inflacion

La inflación es un fenómeno económico caracterizado por un aumento generalizado y sostenido de precios, que debe ser persistente y abarcar la mayoría de los bienes y servicios. En Argentina, la inflación ha tenido variaciones significativas y ha sido difícil de controlar, con múltiples intentos fallidos y un modelo econométrico que no logra predecirla con precisión. La medición de la inflación se realiza a través de índices como el IPC, SIPM e ICC, aunque estos enfrentan desafíos debido a cambios en precios relativos y la estructura de ponderaciones.

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XVIII – Inflación

54. Definición de inflación

La inflación constituye un fenómeno típico de la economía capitalista. Todos los países en algun
momento de su historia han soportado algún proceso inflacionario. La cuestión problemática es
si ella desarticula el proceso productivo y genera tensiones que hace necesario intervenir para
desactivarla.

En casos de muy bajos índices de aumento se los suele identificar como sistemas estabilizados,
pero ello depende de consideraciones particulares, así por ejemplo, una tasa de inflación del 3/4
% anual se considera como periodo de ausencia de inflación.

Para poder hacer referencia a la inflación aceptar que estamos frente a un proceso, es decir, un
acontecimiento que discurre en el tiempo, por lo que desde ya convendrá separarlo de un mero
“aumento de precios”.

De acuerdo con la definición más difundida, la inflación es un aumento generalizado y sostenido


en el nivel general de precios. En él se pueden destacar tres características:

1. Aumento de precios. Es importante diferenciar entre aumentos de precios y precios


altos. La inflación es una dinámica de precios que no tiene que ver con los precios altos.
Éstos pueden estar originados en la escasez de un bien, mientras que la inflación hace
referencia a la variación de los mismos en el tiempo. Esto es importante, porque, de
acuerdo con De Pablo, destierra algunas burdas explicaciones, como aquella que
sostiene que se debe “a los altos costos de la intermediación”1.

2. Persistencia en el tiempo. El aumento debe ser persistente o recurrente para que


podamos hablar de inflación. Esto excluye los aumentos únicos o aislados en ciertos
precios, tales como el petróleo o la carne vacuna, los que pueden deberse a situaciones
coyunturales de sus respectivos mercados.

3. Generalización de los aumentos. Se refiere al hecho de que, para que podamos


hablar de inflación, prácticamente todos los precios deben incrementarse, aunque no lo
hagan todos a la misma tasa. Esto se opone a aquellas alteraciones de precios relativos
causadas a cambios en la composición de la demanda, o a la interrupción en el
abastecimiento de ciertos insumos.

El concepto de generalizado no significa que deban aumentar todos al mismo tiempo aunque
muchas veces, en la cotidianeidad de los medios de comunicación y en el empleo de un lenguaje
de divulgación los economistas tiendan a emplear la expresión “todos los precios”.

La noción da cuenta de muchos precios que aumentan en simultáneo, que una proporción
importante de ellos, aunque no fuera la mayoría de ellos, está aumentando; tampoco debe
entenderse que siempre son los mismos precios los que varían, sino que puede ocurrir que en
un lapso se incrementan los valores de una proporción importante siendo seguidos, al momento
siguiente, por el incremento de otra cantidad de precios igualmente importante.

Existen otras definiciones alternativas e incorrectas de inflación, tales como:


• un aumento en la cantidad nominal de dinero, que provoca el aumento persistente en
los precios. Esta proposición confunde la descripción del fenómeno con una de sus
posibles causas.
• aumentos de precios medidos por índices estadísticos, la que también debe desecharse
dado que, mediante la utilización de diversos métodos de racionamiento que no utilizan
los precios (tales como cupos de oferta, colas, turnos, y demás), se suele gestar un
proceso de inflación reprimida, que puede no ser registrada en lo inmediato por las
estadísticas. En estos casos, los índices de precios terminan siendo malos indicadores
de la verdadera tasa de inflación, tal como que poner un tope a un termómetro a cierta
temperatura convertirá al mismo en un mal instrumento para medir la fiebre.

Por lo que se verá más adelante se accederá a una idea de que existe, en varios casos, una
“respuesta” aumentativa de un precio frente al aumento de otro, o que ciertos incrementos
incitan lógicamente al aumento de otros.
La variable nivel general de precios es una variable teórica, de cálculo extremadamente
trabajoso e inútil al momento de arribarse a ella. Conceptualmente, hace alusión a la totalidad
de los precios existentes en una economía, ya se trate de bienes de consumo, intermedios o de

1
De Pablo, “Ensayos sobre Economía Argentina”, Capítulo II, pág. 147.
Macroeconomía I 1

capital, se refiera a bienes propiamente dichos o a servicios y también deben ser incluidos los
servicios de los factores, los precios de los recursos productivos; no debieran descartarse en su
cálculo los precios del dinero y de otros productos financieros. Por lo que el número de
elementos que entrarían en dicho cálculo es finito pero inconmensurable, tornándose
demasiado penosa la labor de relevamiento y cómputo. Y en el supuesto de que ello pudiera
lograrse, el resultado sería inútil debido a que al momento de finalizarlo este sería no
representativo dada la aparición continua de nuevos bienes y/o servicios al interior de un
sistema, y la desaparición de ellos. Esta variable se suele identificar con la letra P

Identificada en un gráfico como el 17.1, la evolución de P describiría la trayectoria ascendente


de una curva representativa del nivel general de precios en un proceso inflacionario: cada vez
que se hace una medición del índice mensual, entrega un resultado superior al del período
anterior como reflejo del aumento experimentado por esa variable.

130

125

120

110

Ene Feb Mar Abr

Cuadro 18.1 – Aumento de precios inflacionario

En cambio, en el gráfico 17.2 a continuación no es posible aludir a inflación dado que el


aumento de precios, aunque hubiera sido generalizado o inclusive verificado en todos ellos,
ocurrió en un momento determinado y no se reiteró en períodos sucesivos.

130

125

120

110

Ene Feb Mar Abr

Cuadro 18.2 – Aumento de precios no inflacionario

A su vez, el aumento de precios puede ser estabilizante, si apreciamos que las tasas de aumento
mensual son cada vez menores y tienden a una convergencia, o desestabilizante, si apreciamos
que esas tasas son cada vez mayores y muestran indicadores de aumento crecientes.

Su lugar dentro de la ciencia económica se ubica de manera relativamente reciente; hay que
esperar hasta varios años después de la Segunda Guerra Mundial para que en los manuales de
economía política el tema tuviera un tratamiento relativamente importante: podían verse
menciones de que se trataba de algo ajeno a los países centrales porque era algo propio de los
países inmersos en el subdesarrollo. Pero no se debe olvidar que la tercera década del Siglo XX
alojó en su interior los más impresionantes procesos inflacionarios de la historia,
experimentados en Europa Central y Oriental, luego de la Primera Guerra Mundial; esos
procesos son lo que hoy en día se denomina hiperinflaciones, debido a las enormes tasas de
variación de los precios experimentadas, por ejemplo, en Alemania en 1923.

Medición de la inflación. Como el nivel general de precios P es una variable teórica, de


laboriosísimo pero inútil cálculo como se ha visto, y la inflación hay que medirla, los organismos
de estadísticas encargados de hacerlo apelan a índices que actúan a modo de aproximaciones a
ella. En estos términos se suele recurrir a tres tipos de índices de precios:

a) el índice de precios al consumidor, IPC.


b) el índice de precios mayoristas; en Argentina se trata de un sistema de índices SIPM.
c) el índice del costo de la construcción, ICC.
Macroeconomía I 2

Existen otros, pero referidos a aspectos más pormenorizados, como el índice de salarios
industriales o de metodología de elaboración muy diferente a la de éstos, como los índices de
precios implícitos.

En la Argentina, la medición de la inflación es llevada a cabo por el Instituto Nacional de


Estadística y Censos (INDEC) que computa variaciones del IPC y del ICC, en el área
metropolitana de nuestro país, y del SIPM para todo el país; en tanto que las respectivas
Direcciones Provinciales de Estadísticas tienden a concentrarse en la medición del IPC en sus
respectivas jurisdicciones (capitales de provincia en general, o alguna importante de su
jurisdicción).

Organismos privados también realizan estimaciones de diversos índices, como el Indice


Construya, referido al sector construcciones o el de la propia Cámara Argentina de la
Construcción (CAC).

IPC. El IPC realiza sus mediciones en la etapa final de las ventas de bienes y servicios y, por
abarcar bienes y servicios, constituye la medida más aproximadamente representativa del nivel
general P. Este índice capta las operaciones en la primera venta que se realiza a la finalización
de un proceso productivo, o al ingresar al país un bien determinado: a la salida de las unidades
productivas al tratarse de productos nacionales y al efectuarse el ingreso al país si el producto
es importado. El ingreso efectivo al país, a su mercado, se produce al “nacionalizarse” la
mercancía, en su “despacho a plaza”, conforme a la terminología aduanera.

Esto supone que, si la salida del artículo es de un establecimiento industrial, la primera venta
es denominada ex fábrica, en tanto que para los bienes de origen agropecuario la expresión
correspondiente alude a tranquera afuera; para la producción pesquera, a pie de buque, y en
“boca de mina” para los de origen minero.

SIPM. El índice de precios mayoristas está compuesto por tres índices diferentes, por lo que es
más apropiado denominarlo como hace el INDEC: Sistema de Indices de Precios Mayoristas,
integrado de la siguiente manera:
a) Un Indice de Precios Internos al por Mayor, IPIM, que da cuenta de las variaciones de
los precios de origen nacional e importado vendidos en el mercado interno; en este caso,
la captación de precios es al propio valor de mercado, por lo que incluye el IVA y otros
impuestos internos que pudieran corresponder.
b) El Indice de Precios Internos Básicos, IPIB, cuya metodología de elaboración es similar
al anterior, con la diferencia de que los precios excluyen impuestos y,
c) El Indice de Precios al Productor, IPP, que mide la evolución de precios mayoristas, sin
impuestos y excluyendo los precios de bienes importados.
La variedad de índices particulares con que se elabora el SIPM permite a los investigadores
emplearlos de manera aislada.

ICC. Una última forma de aproximar la medición del índice de la economía es mediante el Indice
del Costo de la Construcción, que, en esencia, informa sobre costos de edificar viviendas
unifamiliares y multifamiliares, por lo que supuestamente da información a un empresario ya
poseedor del terreno donde va a erigir un edificio residencial. En teoría este índice debería
computar también la variación de costos de terrenos para la construcción, pero no lo hace.

En muchos contratos entre particulares suelen ser definidos diversos índices de precios,
distintos de los anteriores, para representar la inflación que podría experimentarse; así, por
ejemplo, en casos de ventas de departamentos nuevos realizadas al momento de iniciarse las
obras (“al pozo”) pueden ser utilizados índices que combinan partes de otros índices.

Las reglas del juego en contextos inflacionarios son diferentes a aquellas en contextos de
estabilidad; esto implica que la inflación afecta negativamente la tasa de crecimiento real de la
economía.

Causas separadas, tales como:


a) Excesos generalizados de demanda;
b) “Cuellos de botella” o escaseces de oferta;
c) Impulso de ciertos costos, tales como los de materias primas, de importación o laborales;
d) Desequilibrios exógenos en ciertos mercados;
e) Expectativas de crecimiento futuro de los precios.

Todas ellas pueden provocar inflación. Pero, en todos los casos, es imprescindible que, para que
estas causas encuentren terreno fértil para desarrollarse, que se produzca un aumento en la
cantidad nominal de dinero. Esto implica que ningún plan antiinflacionario que pretenda
Macroeconomía I 3

considerarse exitoso debería prescindir del control de la política monetaria, toda vez que las
expansiones monetarias, si no son la causa directa de la inflación, la financian.

54.1. Inflación en Argentina

En Argentina, la tasa global de inflación ha experimentado notorias variaciones, y hasta el


momento, no existe modelo econométrico alguno que permita anticiparla con razonable
precisión. Asimismo, en cada período, la tasa de inflación no es igual para todos los precios, con
lo que se produce una notable dispersión en los precios relativos. Estas variaciones se
convierten en oscilaciones cuando se las analiza en períodos prolongados, y depuradas de los
efectos de posibles políticas de controles de precios.

En Argentina existieron 8 experiencias fallidas de control inflacionario: 1952, 1959, 1962, 1967,
1973, 1979, 1985 y 1989, y una exitosa (1991). En cualquier caso, la opción fundamental
parece ser: “que no haya inflación para nadie, o que la haya para todos”; pero en ningún caso
debiera aceptarse que haya sólo “inflación para algunos”2.

¿Cuál es “la” tasa de inflación en Argentina? Es una pregunta difícil de responder con certeza,
dado que to ademdos los años, los precios de los distintos artículos han variado en proporciones
diferentes, de manera tal que se han modificado los precios relativos. Y en estas condiciones, no
puede hablarse de una tasa de inflación, porque cualquier expresión sintética de la velocidad
con la que se mueven los precios, es decir cualquier índice de precios, se construye utilizando
factores de ponderación de cantidades físicas, los que obviamente han cambiado por el mismo
cambio en los precios relativos que se intenta medir.

Caso típico es el de la carne vacuna; un incremento en sus precios incide sobre el índice
general, ponderado por una cantidad de consumo (kilogramos por habitante-año) que
seguramente habrá cambiado como consecuencia misma del aumento de los precios de la carne
con relación a otros productos alimentarios.3

Este problema de la estructura de ponderaciones, también llamada canasta, se refiere a la falta


de actualización (recordemos que se trata de un índice de base fija4) y a sus problemas de
cobertura. La estructura de ponderación suele desactualizarse, además del consabido problema
de los precios relativos, por:
• cambios en el ingreso (aumentos en el consumo de carnes y proteínas, y disminución en
el consumo de mondongo, harinas o polenta de maíz),
• cambios en los gustos (irrupción de aguas saborizadas o yogures light, a expensas de
gaseosas o yogures enteros), o
• cambios en la tecnología (adquisición de teléfonos celulares inteligentes o notebooks, a
expensas de teléfonos análogos, fijos o computadoras de escritorio),
Estas desactualizaciones por lo general tienden a sobreestimar la tasa de inflación. Los índices
de base fija o “tipo Laspeyres” no tienen en cuenta el desplazamiento natural de la demanda de
bienes más caros a aquellos más baratos5, justamente a causa de la misma inflación que
intentan medir.

En cuanto a la cobertura, se incluyen solamente algunos bienes de consumo. Se ignoran así los
precios de los activos. Y el bienestar no es solamente consecuencia del ingreso (que se gasta en
bienes de consumo), sino también de la riqueza (manifestada en activos).6 De esta forma, se
abunda en considerar los daños que la inflación produce a los ingresos, pero no se estiman los
beneficios que produce sobre la revaluación de activos.

54.2. Inflación mundial e inflación externa

Antiguamente era sencillo transformar una serie de precios argentinos en precios corrientes en
una serie en términos reales mediante el sencillo expediente de transformar la serie a dólares
estadounidenses. Pero a partir de la década de los ’70 y hasta bien entrados los ’90, el fenómeno
de la inflación se globalizó.

De todas maneras, Argentina padece de inflación “autóctona”, a diferente tasa de la mundial,


desde 1949. Pero en un contexto global, y constituyendo su punto más alto en la crisis del
petróleo de 1973, todos los países desarrollados experimentaron crecimientos en sus tasas de

2
De Pablo, op. cit., pág. 145.
3
Este es el conocido “problema de los números índices” establecido por Samuelson en 1947, y que resulta aplicable a cualquier
agregado, tales como la tasa de inversión (Hayn, 1962), a las cuentas nacionales y al crecimiento económicoen general.
4
Conocido como índice de Laspeyres. Véase al respecto el capítulo I.
5
Sobre los índices de precios, véase al respecto el capítulo I de estos Apuntes.
6
Alchian y Klein (1973).
Macroeconomía I 4

inflación anuales, desde un 2% anual promedio en la década de los ’50 hasta un 7% anual
promedio a mediados de los ’70.

Las tasas de inflación interna y externa pueden diferir porque:


• No siempre en el resto del mundo los precios internos y de exportación se modifican en
igual proporción;
• A la inflación interna, se superponen modificaciones en los tipos de cambio;
• Las canastas objeto de la medición de precios internos no coinciden con aquellas que
miden precios de bienes transables (tales como servicios de peluquería y neumáticos,
por ejemplo).

Periodo Precios de exportación Precios de Relación RRI


(1) Importación (2) (3)=(1):(2)
1970 100.4 103.0 97.5
1971 102.4 97.2 105.4
1972 116.5 102.0 114.3
1973 167.9 139.7 120.2
1974 183.6 282.6 65.0
1975 171.2 240.2 71.3

Cuadro 18.3 – Relación Real de Intercambio en los ‘70

Estos desequilibrios afectaron negativamente a los llamados términos del intercambio. Durante
el período 1939-73, los precios mayoristas evidenciaron un desequilibrio interno que hizo que
los productos importados crecieran un 50% más que los productos nacionales. Es claro que los
productos importados eran esencialmente “no agropecuarios”, y los nacionales eran
“agropecuarios”. Esta situación dio origen al llamado deterioro de los términos del intercambio7,
revertido en la última década por el importante aumento en los precios de las oleaginosas.

Obsérvese el mismo cuadro para los últimos años:


Periodo Precios de exportación Precios de Relación RRI
(1) Importación (2) (3)=(1):(2)
2007 134.7 106.0 126.5
2008 166.5 118.2 140.9
2009 146.0 103.7 140.8
2010 154.0 109.6 140.5
2011 (1er. Trim) 177.0 115.9 153.1

Cuadro 18.4 – Relación Real de Intercambio en los ‘00

55. Causas y efectos de la inflación


Vamos a determinar en principio los llamados tipos de inflación conocidos, para luego prestar
atención a sus efectos. En este punto resulta relevante analizar los comportamientos de los
sectores público y privado frente a la inflación; el primero de ellos en su rol de elaborador de las
reglas de juego de la economía; el segundo, en su rol de seguidor de dichas reglas.

La inflación no es un proceso monocausal, como puede llegar a pensarse a partir de opiniones


más cercanas a las ciencias naturales que a las sociales. No es sólo producida por la emisión
monetaria “sin respaldo” como suele ser presentada en ciertos círculos; no debe su origen
únicamente al incremento del gasto público; como tampoco se halla vinculada exclusiva y
causalmente con los incrementos salariales ni con el otorgamiento de créditos a algún sector en
particular.

Se trata de un fenómeno complejo, multicausal, frecuentemente observado en sociedades donde


se muestra debilitada la cohesión social y sus autoridades no aciertan a encontrar un rumbo a
su gestión8. Tratándose de un proceso multifacético, transcribimos algunas denominaciones
elementales tendientes a caracterizarlo según su inicio.

Desde una perspectiva académica, las causales de inflación se enfocan a través de la búsqueda
de aquellos factores que, actuando en la economía, producen un aumento sistemático y
permanente en el nivel general de precios.

7
Véase la RRI (relación real de intercambio) en el Apunte de Cuentas Nacionales, de esta sección.
8
Véase al respecto Daniel Heymann,”Tres ensayos sobre inflación y políticas de estabilización”; CEPAL, [Link]. Documento # 18, 1986.
Macroeconomía I 5

55.1. Causas de la inflación

Exceso de demanda. Se la considera la causa “clásica” de inflación. Se tiende a denominar


inflación de demanda a aquél proceso en el cual su inicio tiene lugar en la demanda de bienes y
servicios. Esta caracterización suele aplicarse luego de procesos de ajustes al alza de los
salarios y el vuelco de éstos hacia la demanda de bienes de consumo.

Precio

Demanda Oferta

P0 C D

0 A B Cantidad (Y/P)

Cuadro 18.5 – Inflación por exceso de demanda

Debe interpretarse el “exceso de demanda” y el “déficit de oferta” en el mismo sentido. Esto


ayuda a encuadrar, por ejemplo, los aumentos sistemáticos en los precios de la energía como la
resultante de un déficit de oferta. El caso se analiza con la ayuda del siguiente cuadro:

Supongamos que, dada la tecnología existente y la dotación de factores utilizada, el producto de


pleno empleo en términos reales, es 0A. La oferta agregada tiene una cierta pendiente hasta 0A,
haciéndose vertical más allá de esa producción. A los precios iniciales de pleno empleo P0, la
oferta en términos nominales (cantidad por precio) es equivalente al rectángulo 0P0CA.

A esos precios, la demanda en términos nominales es 0P0DB. Supongamos, por construcción,


que 0A=AB, lo que implica que, al nivel de precios P0, la demanda nominal es el doble que la
oferta nominal. Y la demanda en términos reales es también el doble de la oferta en términos
reales.

Es importante hacer notar en este punto una diferencia fundamental entre la oferta agregada y
la demanda agregada. Mientras la oferta agregada está constituida por bienes (aunque los
mismos estuvieran valuados en dinero), la demanda agregada está constituida por dinero.

Al intentar comerciar oferentes y demandantes al precio inicial P0, existe un exceso de


demanda; los demandantes requieren 0B y los oferentes ofrecen 0A. En un contexto de precios
flexibles, éstos empiezan a aumentar. En consecuencia, y esto es importante, cuando aumentan
los precios:
• Aumenta el valor nominal de la oferta, pero se mantiene la oferta real constante.
• Permanece constante el valor nominal de la demanda, pero ésta se reduce en términos
reales.

Esto es porque la oferta agregada se torna vertical por encima del nivel de precios original (es
constante en términos reales), mientras que la demanda agregada es una hipérbola equilátera
(es constante en términos nominales). Por lo que si el exceso de demanda inicial es igual al
producto, el nivel de precios se duplicará.

Nótese que la inflación por exceso de demanda hace referencia a un desequilibrio entre la
demanda agregada y la oferta agregada, siendo indistinto si esto se genera a través de un
exceso de demanda del sector público o del sector privado.

Claramente se deberá asimismo tener en cuenta que estos aumentos de precios no pueden ser
persistentes ni permanentes en el tiempo, si no se los financia mediante un aumento
consecuente en la oferta nominal de dinero.
Macroeconomía I 6

Aumento de costos. Siendo menos “clásica” que la inflación por exceso de demanda, también
ha sido suficientemente popularizada. Lo que produce inflación de costos es la pretensión de
mantener permanentemente algunos precios en términos reales por encima del valor asignado
naturalmente según el funcionamiento de la economía.

Suele aludirse a inflación de oferta cuando el proceso es iniciado a partir de algún componente
importante de los costos de producción de las empresas que es trasladado a los precios de las
mismas: en textos de autores extranjeros suele hacerse alusión a shocks de oferta, como el
ocurrido a mediados de la década del ’70, cuando el precio del barril de petróleo crudo se
multiplicó por 4 ó 5 en el curso de pocos meses, y los países exportadores de petróleo,
organizados en la OPEP, regularon fuertemente su producción en respuesta a un conflicto en
Medio Oriente, para asegurar el aumento.

En ausencia de perturbaciones, una economía tiene un cierto nivel y estructura de precios


relativos. En estas condiciones, los interesados en ciertos precios reales (por ejemplo, el Estado
con el tipo de cambio real, los trabajadores con el salario real, los empresarios con los precios de
sus productos), disconformes con la estructura de precios visible, intentan lograr aumentos
reales, para lo cual utilizan su herramienta disponible, que es propiciar aumentos nominales.

Así, los sindicatos propician aumentos en los salarios nominales; los empresarios aumentan los
precios de sus mercancías, y el Estado aumenta el tipo de cambio nominal, pretendiendo que
las “otras” variables permanecerán constantes. La respuesta lógica es una puja intersectorial, en
la que cada sector propicia aumentos a efectos de restablecer la estructura de precios relativos
perdida.

Se explica usualmente a través del mecanismo de mark-up, y de cómo los salarios se


transforman en precios a través de la utilización de la fórmula respectiva.9 El modelo de oferta
agregada dinámica es consistente con este tipo de inflación.

Similarmente a lo expuesto para la inflación por exceso de demanda, no es posible mantener un


aumento persistente de precios basado en el impulso de los costos, sin aumentar
permanentemente la cantidad nominal de dinero.

Inflación estructural. El principal defensor teórico de este tipo de inflación es Olivera, quien
en 1964 empieza a analizar este tema. La inflación estructural se produce a partir de
movimientos en los precios relativos de una economía en la que los precios monetarios no son
tan flexibles a la baja como al alza.

La visión estructuralista de la inflación es más compleja que una simple combinación de efectos
de oferta y demanda; Daniel Pérez Enrri la define como resultado de un proceso de “...asimetrías
en el sector real de la economía (que) provocan una presión que podría difundirse...” por
diversos factores como la puja distributiva, expectativas, razones institucionales, indexación,
etcétera10. Ricardo Ferrucci presenta cuadros-resumen de las posiciones que enfatizan en
aspectos monetarios (neoconservadores) como no monetarios (estructuralistas) que ayudan a un
mejor abordaje del problema11.

En una economía con precios flexibles y sin inflación, los cambios en precios relativos se dan
cuando existen aumentos en los precios monetarios de ciertos bienes, y disminuciones en los
precios de otros, de modo tal que esta modificación en los precios relativos no trae aparejado un
aumento en el nivel general de precios.

En cambio, la inflación estructural aparece cuando el movimiento de los precios nominales se


da sólo hacia arriba, y escasamente hacia abajo; de modo tal que los reacomodamientos de
precios relativos se producen siempre en un contexto de nivel general de precios creciente.

Esto suele suceder cuando la composición de la oferta y demanda de bienes y servicios se va


modificando, sin que exista entre ellos una sincronización perfecta. Van apareciendo sectores
con demandas excedentes y viceversa, con lo cual se producen alteraciones en los precios
relativos. La asimetría entre movimientos ascendentes y descendentes de precios monetarios
produce el fenómeno de inflación estructural12.

Un ejemplo numérico facilitará la comprensión de este tipo de proceso. Supongamos que en un


período “t”, el precio del bien A es de $ 2.- y el del bien B es $ 1.-, de modo tal que el precio
relativo A/B es igual a 2. En el período “t+1”, por alguna razón de mercado, la demanda deja de

9
Véase al respecto el apunte respectivo del Mercado de Trabajo.
10
Daniel Pérez Enrri, Economía en el pensamiento, la realidad y la acción, Macchi (2000).
11
Ricardo Ferrucci, Instrumental para el estudio de la economía Argentina, Macchi (2002).
12
La llamada “inflación cambiaria” mencionada por Marcelo Diamand (1971) es un subtipo de inflación estructural.
Macroeconomía I 7

consumir el bien B y pasa a consumir el bien A. El bien A aumenta de precio y pasa a valer $
3.-, pero el bien B no desciende de precio por su rigidez a la baja, y permanece en $ 1.-. El
precio relativo A/B ha pasado a ser 3. En el período “t+2”, la composición de la demanda vuelve
a su valor original, con lo cual el bien A no desciende de precio, y permanece en $ 3.-, pero el
bien B ha aumentado a $ 1,50. De esta forma se han restablecido los precios relativos (dado que
A/B vuelve a valer 2), pero ha habido una inflación estructural del 50%.

La inflación estructural se diferencia de la de costos, en el punto del origen de los aumentos.


Éstos son exógenos, originados en cambios de ingresos, gustos o tecnología; en el caso de la
inflación de costos, los aumentos son endógenos, y están originados en la estructura
cuasimonopólica del sector que pretende aumentar sus precios reales por encima del resto13.

Otras fuentes interesantes de inflación estructural se originan en las diferencias de


productividad entre sectores expuestos y no expuestos a la competencia internacional. El
modelo escandinavo Aukrust-EFO plantea una visión interesante de este proceso sistemático de
aumento de precios14.

Inflación por expectativas. Un país expuesto a procesos inflacionarios prolongados en el


tiempo espera, habitualmente que los precios continúen subiendo. La pregunta que cabe
formularse es si el comportamiento de los individuos que contiene expectativas de aumentos
futuros de precios puede sostener o generar aumentos futuros de precios en el tiempo. O, más
sencillamente, si es posible pensar en una inflación causada exclusivamente por expectativas15.

La respuesta es afirmativa. Si todos los individuos esperan que el precio de cierta mercancía
aumentará y ajustan su conducta a tal aumento, el precio de la mercancía efectivamente
aumentará. Claro está que estos aumentos de precios se sostienen en el tiempo si la cantidad
de dinero nominal aumenta en forma consecuente.

Cualquiera que sea el modelo de formación de expectativas, si éstas son consistentes con un
aumento esperado de precios, y no existe un error sistemático de predicción, es perfectamente
posible que las mismas generen per se aumentos en los precios. Son los casos típicos de
aumentos en las cotizaciones de activos financieros y moneda extranjera.

La inflación por expectativas requiere introducir el concepto de formador y tomador de precios.


Un formador de precios es un agente económico con poder de mercado capaz de fijar el precio de
los productos (bienes y/o servicios) que ofrece o demanda; por el contrario un tomador de
precios refiere al agente incapaz de influir en la determinación del precio de un mercado.

Los sectores más concentrados de una actividad productiva, oligopolizados u oligopsonizados,


son formadores de precios: las compañías refinadoras de petróleo o las comercializadoras de
granos, son formadoras de precios, una estación de servicio o un chacarero son tomadores de
precios.

La inflación por expectativas alude al proceso por el cual los agentes económicos conjeturan la
llegada de un momento inflacionario y adecuan su conducta a los resultados de dicha
predicción; los resultados de la adecuación de su conducta pueden verificarse en el aumento de
sus precios, si se trata de formadores de precios. Como el fenómeno aquí descrito culmina en un
incremento de precios dado que los formadores los aumentaron, éstos aumentan confirmando
así sus expectativas y ratificando su conducta al aumento; en estos casos se dice que se trata
de una profecía autocumplida.

Las expectativas de estos agentes pueden ser de índole adaptativa (para evitar que la inflación
les haga perder posiciones en la distribución del ingreso), o racional, (para aprovechar su
posición como formador de precios para así ganar una mayor tajada en el reparto social).

La importancia de las expectativas en un proceso inflacionario es tal que la gran mayoría de los
planes de estabilización aplicados en nuestro país en las últimas décadas contenía algún
elemento orientado a romperlas o neutralizarlas. El Plan Austral y el de Convertibilidad fueron
los más claros ejemplos de ello; el cambio del signo monetario apuntó siempre a modificar las
expectativas.

El proceso por el cual se inicia una escalada de precios por expectativas, puede originarse al
detectar los formadores de precios inconsistencias en la política económica, que les generen
dudas sobre la capacidad de las autoridades para tener éxito en sus planes; en dichos casos

13
No todos los autores aceptan esta diferencia. Hicks (1962) plantea que la inflación estructural es un subtipo de inflación de
costos. Sobre la inflación “endógena”, existen trabajos de Olivera (1967) y Diéguez (1968).
14
Véase al respecto el apunte respectivo en Apuntes de Macroeconomía II.
15
Véase al respecto el apunte relativo a Expectativas.
Macroeconomía I 8

cualquier motivo puede ser útil para ajustar los precios al alza. Por el contrario, no suele ser
inflacionaria la expectativa de los tomadores de precios por más fuerte que fuera ésta, o su
incidencia es muy limitada.

Inflación monetaria. No parece posible que se mantenga indefinidamente un tipo cualquiera


de inflación real de los expresados más arriba, sin un correspondiente aumento en la oferta
nominal de dinero que la financie. A esta conclusión básica se arriba luego de una simple
lectura de la Teoría Cuantitativa de Dinero16, vista como una identidad contable.

A efectos de mostrar mayor claridad en la exposición de la teoría sobre la inflación, suele


recurrirse al empleo de la ecuación de Cambridge, una forma sencilla de presentar un modelo
macroeconómico sumamente abarcativo, porque encierra en su seno una representación del
sector monetario igualándola a otra representación del sector real de la economía. Su forma
adquiere la expresión matemática M V = P T.

donde:
M cantidad de dinero de una economía;
V velocidad de circulación del dinero por unidad de tiempo;
P Nivel General de Precios, y
T cantidad de transacciones de la economía17.

La ecuación en su origen apuntó a resolver problemas derivados de la cuantía de dinero que


debiera haber en una sociedad, pasando luego a emplearse para la presentación de otros temas,
como el que nos ocupa. En versiones más recientes se sustituye la variable T por Y.

Esta ecuación predice cómo se debe financiar la producción; si una sociedad produce una cierta
canasta de bienes y servicios en un período dado, para poder ser transada esa canasta a los
precios dados, sería necesaria una cierta cantidad de dinero no igual al monto del gasto que
demandaría su adquisición sino a una menor, debido a que el dinero como medio de cambio
experimenta traslados de un agente a otro conocidos como velocidad de circulación.

Ahora bien, según el sentido de la lectura de esa ecuación y en referencia al tema inflacionario,
pueden basarse distintas concepciones acerca de ella en un falso problema sobre la causalidad
del fenómeno.

• Leída en el sentido M V = P T, afirma las posiciones de la corriente ortodoxa. Las teorías


de que la inflación responde a emisión monetaria, tienden a fundamentarse en el hecho
de que, incrementos de M, la masa monetaria, repercuten directamente en P; en
consecuencia, las políticas recomendadas para contener la inflación necesariamente
requieren la limitación a la creación de dinero. Desde el punto de vista empírico son
débiles las experiencias de contención exitosa de procesos inflacionarios sin
repercusiones en los niveles de actividad económica basadas en la contención de la
emisión monetaria (lo cual evidenciaría la no reversibilidad del modelo); también son
débiles o contradictorias aquéllas evidencias donde la expansión de los medios de pago,
deriva necesariamente en inflación. En 1991, con el ingreso de capitales por el
programa económico de la presidencia de Carlos Menem, se produjo una muy fuerte
expansión monetaria (medida por la cantidad de dinero sobre el PBI) que, sin embargo,
no provocó un incremento del nivel de precios significativo.

• Leída en el sentido P T = M V, se encuentra uno dentro del andamiaje de la corriente


estructuralista. Ambas están apoyadas en la mucho menor volatilidad de las variables T
y V. Conforme a esta corriente, los incrementos del nivel de precios exigen que la
cantidad de dinero M evolucione de acuerdo a ellos, a efectos de no entorpecer la
evolución de la producción y el producto, porque ello llevaría a la recesión económica
con secuelas más riesgosas y graves para la sociedad que el aumento inflacionario18. En
cuanto a la experiencia histórica, en las postrimerías del mandato de Raúl Alfonsín,
(1989) se desató un proceso de inflación galopante que motivara su alejamiento del
cargo, donde economistas ajenos al sector monetario y financiero manejaron con
impericia el proceso que se vivía, con procesos de saqueos en supermercados y grandes
tiendas.

En presencia de un stock constante en la cantidad de dinero nominal, un aumento en los


precios implica, en forma separada o conjunta:

16
Véase al respecto el apunte sobre el Mercado de Dinero.
17
Véase al respecto el apunte sobre el Mercado de Dinero.
18
Julio H.G. Olivera, “La teoría no monetaria de la inflación”; El trimestre económico, México, oct-dic 1960.
Macroeconomía I 9

• Un aumento sistemático en la velocidad de circulación del dinero.


• Una disminución sistemática en la cantidad física de transacciones, y/o en el ingreso
real.

Este es el fundamento de las políticas antiinflacionarias basadas en el control absoluto de la


oferta nominal de dinero19. Terminar con la emisión monetaria no elimina las causas reales de
la inflación si es que éstas existen; pero deja de financiarla.

La Ley de Convertibilidad 23091 significó un esfuerzo exitoso para controlar la inflación debida
a causas monetarias. La disminución de la tasa de inflación anual fue rápida, dramática,
permanente y definitiva, hasta que otras deficiencias propias del modelo económico vigente (que
no corresponde tratar en este capítulo) obligaron al abandono del citado instrumento legal hacia
2002.

Aun así, subsisten dudas respecto de la definición de dinero a controlar que debe adoptarse. La
autoridad monetaria suele tener alto grado de control para agregados muy estrictos de dinero,
tales como la base monetaria, M1, o M2; y puede influenciar también el valor del multiplicador
monetario, pero no controla con tanta eficacia magnitudes más amplias de dinero desde M3 en
adelante (tales como acreditaciones bancarias, créditos con tarjeta de crédito y demás), las que
crecen en contextos de falta de liquidez. Por eso podría suceder que mientras los agregados
básicos M1 ó M2 permanecen constantes, los precios podrían aumentar debido a la aparición de
sucedáneos20.

El sector público como causante de la inflación. Con independencia de si es cierto o no, el


sector público a menudo aparece como causante y/o responsable de la existencia y persistencia
de procesos inflacionarios. Al analizar su comportamiento, han existido en el pasado dos
prototipos de comportamiento:
• Períodos en los cuales la esencia de la gestión del sector público ha sido la política
antiinflacionaria;
• Períodos en los cuales el Estado no hizo nada apreciable para controlar la inflación sino
que negó o ignoró la existencia de la misma.

Estos últimos períodos han involucrado comportamientos por acción y por omisión.

a) Ejemplos de comportamientos por acción son las decisiones que el estado toma para
atemperar ciertas consecuencias indeseadas de precios inflacionarios:
• regulación directa de ciertos precios (alimentos, servicios públicos, tarifas
públicas),
• regulación de las tasas de interés
• regulación directa del tipo de cambio o control de cambios.

b) Ejemplos de comportamiento por omisión son la ausencia de medidas gubernamentales


que reconozcan el reajuste de ciertas variables en función de la tasa de inflación, a
efectos de sostener sus valores en términos reales.

55.2. Efectos de la inflación

Todos los procesos inflacionarios provocan efectos no deseados sobre las relaciones económicas,
agrupables en:

Variación en los precios relativos. Como principio general, podemos concluir que cuando hay
estabilidad de precios, los cambios en los precios relativos se producen cuando algunas
mercancías suben y otras bajan. En cambio, cuando hay inflación, todos los precios suben,
aunque lo hacen a diferente ritmo 21, tal como lo harían los competidores en una carrera.

Asimismo, podemos establecer que los cambios en el nivel general de precios reconocen
generalmente causas monetarias, mientras que, en ausencia de una intervención directa del
Estado, las modificaciones en los precios relativos obedecen a causas reales. En todo país donde
la cantidad nominal de dinero crece a una cierta tasa (digamos, el 30%), cabe esperar que la
tasa de inflación sea equivalente a esa tasa de aumento de los recursos monetarios,
descontando la tasa de crecimiento económico real22:
= +

19
Sachs, en Bolivia; Cavallo, en Argentina.
20
Al respecto puede consultarse el trabajo de Mallon y Sourrouille (1975).
21
Así, la dispersión en los precios es un síntoma de la inflación misma, y nunca puede ser su negación.
22
Véase al respecto el Capítulo 11 de estos Apuntes.
Macroeconomía I 10

Los cambios en precios relativos debidos a cambios en los gustos, ingresos o cambios en la
tecnología, tienen implicancias microeconómicas; pero aquellos cambios en los precios relativos
que se deben a la intervención directa del Estado, tienen implicancias macroeconómicas, dado
que pueden traer aparejada incluso la desaparición de ciertos mercados, tales como los
alquileres, los arrendamientos, y las colocaciones financieras o préstamos.

Entre 1945 y 1959 los precios aumentaron 2100% aproximadamente; los alquileres sólo
subieron un 9%; esto debido al congelamiento de alquileres. Así, el poder adquisitivo del alquiler
cayó un 95% durante el período considerado. Argentina arrastra aún hoy el déficit de viviendas
originado durante ese período y los consecuentes altos precios de los alquileres actuales.23 En el
mismo período, las tarifas públicas vieron caer su valor real a la mitad. Esto ocasionó el déficit y
pérdida de calidad definitivos en los servicios públicos argentinos24. Las tasas nominales de
interés se convirtieron en tasas reales negativas. Esto generó la desconfianza definitiva de los
argentinos en su sistema bancario y financiero.

Quien en 1945 solicitó m$n 100.- en préstamo a un banco, pudo devolverlo abonando m$n
63,60 en 1950, o m$n 34,70 en 1955, ajustando los valores por el IPM. Aplicando el mismo
método, quien en 1945 depositó m$n depositó 100.- en un certificado a plazo fijo, retiró m$n
45,50 en 1950, o bien m$n 22,80 en 1955. Esta distorsión perjudicó el ahorro privado durante
la primer etapa de Juan Domingo Perón.

Durante la época de Frondizi sucedió lo mismo. Quien depositó m$n 100.- en abril de 1958,
retiró m$n 77.- en noviembre de ese año, m$n 42.- en junio de 1959, o m$n 31.- en marzo de
1962. Situaciones iguales o peores se produjeron durante el “Rodrigazo”25 de mediados de 1975,
o durante la hiperinflación del primer trimestre de 197626.

También hubo excesos en el otro sentido. Una colocación financiera de $ 100.-27 realizada en
mayo de 1977, representaba $ 77.- a retirar en marzo de 1981. Pero un préstamo otorgado de $
100.- realizado en igual fecha, obligaba al deudor a devolver $ 185,70 en marzo de 1981.28 Este
proceso, gestado por las graves diferencias entre tasas activas y pasivas de interés, se solucionó
durante 1982 con la licuación de pasivos dispuesta por Domingo Felipe Cavallo, desde la
presidencia del BCRA. Una licuación similar ocurrió con la derogación de la Convertibilidad en
2002, a instancias de Ignacio de Mendiguren (Ministro de la Producción).

Veamos un ejemplo práctico. En economías de intercambio, las personas realizan sus


transacciones mediante operaciones de compraventa que contienen el precio de la misma; los
precios allí consignados, expresados en unidades monetarias, UM, son denominados precios
monetarios. Detrás de estos precios monetarios puede considerarse otra tipología de precios
conocida como precios relativos, los que se obtienen por cociente de dos precios nominales
tomados en un mismo momento, resultando lo que también se conoce como relación real de
intercambio. Ello significa que reexpresamos el intercambio en una relación de bienes físicos.

La utilidad del uso de estos precios permite conocer relaciones de trueque aún dentro de
economías monetarias en las que la práctica del trueque sería imposible de practicar, por la
condición smithiana de la doble coincidencia de necesidades, para su existencia; y evita la
ilusión monetaria, concepto que alude a quienes piensan que se enriquecen cuando en realidad
se empobrecen.
En una economía existen infinidad de precios relativos. Su cuantía se puede estimar sabiendo,
que en una economía con n bienes, tomando un precio cualquiera se tendrían n-1 precios
relativos al relacionar aquél con los restantes del sistema económico. Un solo precio, por sí sólo,
generaría una cantidad inconmensurable de precios relativos.

Aunque fuese posible construir esos precios relativos, a los efectos prácticos sólo una parte
reducida (aunque igualmente enorme) de ese universo posee utilidad informativa de carácter
económico. Parte de este universo es conocida prácticamente como relaciones de insumo-
producto, como las que se construyen en el sector agropecuario al relacionar el precio de abonos
o plaguicidas con el precio de los cereales o, en el sector industrial al relacionar la tarifa
eléctrica con el producto fabricado.

23
Castro, 1979.
24
Fenómeno que se ha repetido en el periodo 2011-15.
25
Celestino Rodrigo fue Ministro de Economía durante 1975; propició una devaluación del tipo de cambio del 100% respecto al
dólar, y congeló salarios y alquileres durante ese período.
26
La tasa de inflación llegó al 32% sólo para febrero de 1976.
27
La moneda ya había sido cambiada por los “Pesos Ley 18.188”, abandonando la “moneda nacional” (m$n) .
28
El instrumento fue la Circular nº 1050 del Banco Central.
Macroeconomía I 11

Otro ejemplo muy frecuentemente empleado de precio relativo es el que relaciona el salario de
los trabajadores con su “costo de vida”, hoy en día sustituido por el IPC, relación que se conoce
como salario real.

Las relaciones así obtenidas se conocen como estructura de precios, y sirven para caracterizar
un determinado estado de la misma en una economía.

Tomemos en consideración dos tipos de bienes, tales como departamentos y automóviles. Si un


departamento tuviese un precio de 100000 unidades monetarias, y un automóvil, al mismo
tiempo costase 50000 unidades monetarias, el precio relativo del departamento medido en
automóviles sería 2; o sea, se requieren dos automóviles para comprar un departamento. A la
inversa, un automóvil “vale” medio departamento. Deberá notarse que al realizar el cociente han
desaparecido las unidades monetarias.

Sea entonces una economía con dos sectores productivos, la construcción residencial y
terminales automotrices. Cada uno de estos sectores participa en un 50% en la generación del
PBI; no existen relaciones económicas internacionales. Supóngase una situación inicial de de
equilibrio económico interno con la relación de precios ya vista: un departamento “vale” dos
automóviles.

Año Bien Precio Precio Inflación?


relativo
1 Departamento 100.000 2 Equilibrio inicial (0%)
Automóvil 50.000
2 Departamento 100.000 1 Aumento de 50% en los precios
Automóvil 100.000
3 Departamento 200.000 2 Aumento de 50% en los precios
Automóvil 100.000

Cuadro 18.6 – Precios relativos

En el año 2 se produce, por razones ajenas al modelo, un aumento del 100% en el precio de los
automóviles, lo que distorsiona la estructura de precios relativos; ahora un departamento “vale”
un automóvil. En función del peso que las terminales automotrices tienen en el PBI, esto
repercute en un aumento del 50% en el nivel general de precios.

Hacia el año 3, se produce, también por razones ajenas al modelo (o que bien podrían ser
consecuencias de lo anterior), un aumento del 100% en el precio de los departamentos. Ahora
un departamento vuelve a “valer” dos automóviles, y en función del peso del sector de la
construcción, se ha producido una inflación del 50% en los precios.

Si bien la economía en cuestión ha experimentado un proceso inflacionario, no puede decirse


que al cabo de ese período, la relación de intercambio de bienes en esa economía se haya
modificado. Solo cabe considerar que, tales como las oscilaciones de una hamaca en una plaza,
las mismas han requerido una adecuación de la masa monetaria para no desarticular las
transacciones económicas o provocar efectos reales en la economía.

De cualquier forma, cuando las autoridades consiguen estabilizar un proceso inflacionario, lo


que obtienen como subproducto es convalidar la estructura de precios relativos vigente al
momento de la estabilización; esto es especialmente cierto si el plan de estabilización fue de
“shock”, es decir, mediante una detención instantánea del proceso de alteración de precios,
como los mecanismos empleados al establecer el Plan Austral (1985) o, también, el Plan de
Convertibilidad (1991).

En el ejemplo de los precios de departamentos y automóviles, si las autoridades se propusieran


estabilizar el sistema en el año 2, habiendo partido de una supuesta situación de equilibrio en
1, implícitamente estarían sancionando como nuevo estado de equilibrio a la nueva estructura
de precios lograda. Habrían convalidado una transferencia de ingresos del sector construcciones
de la economía al sector industrial de terminales automotrices, ya que por un simple
mecanismo de precios relativos, éste habría incrementado su participación en el PBI (50%) de
esa economía a una mayor proporción.

Esto quiere decir o demuestra que los planes de estabilización no son gratuitos en materia de
política económica, ya que también apuntan a determinada estructura de precios beneficiosa
para algún sector productivo “beneficiario” de la nueva distribución del ingreso, sea ésta
regional, sectorial, o funcional.
Macroeconomía I 12

En estas circunstancias podemos exponer un listado de los principales motivos de cambios en


la estructura de precios relativos, sabiendo que ellos suelen desembocar en inflación:
a) Deterioro de los términos del intercambio. El deterioro de los términos del intercambio de
los países subdesarrollados, fue una de las primeras “causales” identificadas como
inflacionarias. Los términos del intercambio son la relación, a nivel de un país, de sus
precios de exportación y sus precios de importación. También es conocida como
Relación de Términos de Intercambio:


=

Históricamente la relación tendía en los años ’60 y ’70 a provocar efectos negativos en la
balanza comercial. Ello implicaba, en el pasado, la intención de corregir los déficits
mediante devaluaciones del tipo de cambio nominal, encareciendo sus importaciones y
con la idea de mejorar la posición competitiva de sus exportaciones. Al “internalizarse”
los precios producto de la devaluación, se producían aumentos en los costos de
producción que trasladados a precios (por aumento en los insumos importados)
provocaban la conocida inflación de oferta que luego daba lugar a una serie de
demandas sociales para corregir los salarios de los trabajadores. De este modo y por
este mecanismo, se traspasa la inflación de un país a otro.
b) Déficit del sector público. El déficit del sector público también puede ser analizado desde
una perspectiva de precios relativos, como la relación entre los precios a los cuales el
Estado “cobra” sus servicios y lo que “paga” por ellos; por lo que las situaciones
deficitarias supondrían un retraso de los primeros respecto a los segundos. Los
“tarifazos”, en la época en que el estado argentino poseía empresas públicas fueron el
mecanismo por el que se intentó corregir los déficits hasta inicios de la década del ’90;
luego se recurrió al endeudamiento durante la época de privatizaciones de empresas
públicas, para luego derivar en “impuestazos”.
c) Desarrollo económico. El desarrollo económico es un proceso de muy fuerte alteración de
precios relativos que tiende a generar inflación, por el hecho de la necesaria
introducción de actividades no existentes en el aparato productivo, las cuales
demandan precios rentables para su instalación. El proceso se refuerza debido a los
cambios en las corrientes de demanda en los mercados de insumos y a la intensidad de
las mismas. El primer efecto se verifica por el simple incremento de la demanda del
insumo, lo que lo llevaría a aumentar su precio y el segundo por la fuerza del mismo.
Para el caso de inversión extranjera que requiera insumos importados, éstos tienden a
ser provistos por la matriz de la filial local o por empresas vinculadas, como ocurre con
el caso de las empresas de telefonía fija y/o celular. En función de esta característica es
que suele presentarse el dilema “inflación o estancamiento económico”.
d) Puja distributiva. Involucra tradicionalmente las tensiones sociales derivadas de
reclamos de los trabajadores por mejoras salariales frente a las ganancias empresarias.
Identifiquemos con la expresión W / SBE al cociente entre la remuneración de los
asalariados. Las modificaciones de dicho indicador mostrarían los avatares de la
distribución funcional del ingreso en el país. El mecanismo inflacionario aquí opera
mediante un aumento de precios que modifica el margen de utilidades de un sector,
siendo éste el “disparador” de reclamos salariales de parte de los trabajadores. Aunque
esta es la más conocida, no debiera ser la única forma de mostrar la puja distributiva
entre sectores sociales o socioeconómicos de un país; también se puede aludir a pujas
intersectoriales entre sectores agropecuario e industrial, o minero y comercial, etcétera.

Atraso cambiario. Cuando el Estado trata de intervenir directamente para controlar los
procesos inflacionarios sin atacar sus causas, o haciéndolo en forma incompleta, la
consecuencia más reconocible de los procesos inflacionarios, es el llamado atraso cambiario,
ante la reacción tardía o insuficiente del Estado, con consecuencias negativas sobre el comercio
exterior y la balanza de pagos. Si el ajuste del tipo de cambio no acompaña estrechamente la
evolución de los precios internos, gradualmente se produce un fenómeno de atraso del tipo real
de cambio, con consecuencias negativas sobre la balanza comercial y sobre la balanza de pagos
misma.

Impuestos. Cuando el Estado no interviene lo suficiente para controlar los procesos


inflacionarios (acciones por omisión), las variables económicas tienden a desajustarse y a
provocar diversas consecuencias:
En el sistema impositivo:
• no actualización de mínimos imponibles;
• prohibición de ajustar balances por inflación,
• no ajuste de umbrales de facturación para el pago de tributos;
Macroeconomía I 13

• no ajuste de valores a partir de los cuales se aplican leyes penales de evasión.

Títulos públicos. La inflación tiene impacto sobre el mercado de títulos públicos:


• desequilibrio en los mercados de títulos que no se indexan y brindan rendimientos
negativos en términos reales,

Administración de justicia. Los procesos inflacionarios deterioran notablemente la equidad en


las relaciones entre particulares y el estado, debido a:
• no reajuste de haberes jubilatorios
• no reajuste de montos de sentencias cuyo cumplimiento se difiere en el tiempo.

Redistribuciones de ingresos. En sentidos variables y amplios, se producen redistribuciones:


• desde los sectores de ingresos fijos hacia los sectores de ingresos variables, por la
falta de actualización de salarios;
• desde los empleados hacia los patrones, por idénticos motivos;
• desde el estado hacia los contribuyentes, por la falta de actualización de impuestos
a la propiedad cuyos valores se establecen al principio de cada año;
• de los contribuyentes al estado, cuando las normas de valuación de bienes de
cambio o la prohibición de ajustes por inflación obliga a las empresas a abonar
impuestos a las ganancias sobre meras revalorizaciones de activos,
• de los contribuyentes al estado, sobrevaluando los pagos de impuestos debido a la
licuación de las amortizaciones de bienes de uso.

Consumo y Ahorro. La persistencia de procesos inflacionarios estimula generalmente y en


forma artificial aumentos en el consumo a expensas del ahorro, dado que no existe certeza
respecto del mantenimiento del valor real del ahorro en el largo plazo. No obstante, sus
impactos sobre el consumo son también inciertos, cuando los mismos se refieren al gasto en
bienes de consumo realizados por los asalariados, que se ven perjudicados por los aumentos de
precios si éstos son más frecuentes que los aumentos de salarios.

Inversión. Estos procesos determinan un acortamiento del horizonte de planeación para el


inversión, la paralización de planes de largo plazo y un desplazamiento de la demanda de bienes
de inversión hacia aquellos de más corta vida (para evitar el proceso de licuación contable de las
amortizaciones en bienes de larga vida útil).

Presupuesto fiscal. Si bien es la suma de varios factores contrapuestos, puede concluirse en


general que el efecto de la inflación sobre las finanzas del Estado es negativo, en el sentido de
que aumenta los déficits o disminuye los superávits presupuestarios. No obstante, es
generalizada la apreciación acerca de la naturaleza del impuesto inflacionario, que afecta al valor
real de la moneda emitida en poder del público.

Crédito bancario. La falta de normas de ajuste puede determinar que las tasas de
financiamiento reales para las empresas se tornen negativas, con consecuencias negativas sobre
el mercado de crédito; los bancos se negarán a otorgar préstamos para los que no tienen
garantizada la devolución de los fondos en términos reales. Este problema es más grave cuanto
mayor es el plazo pretendido para los préstamos. Así, se ve gravemente afectado el crédito
prendario e hipotecario.

Crecimiento general de la economía. La conjunción de las variables anteriores se resume en


el hecho de que la inflación no es neutral respecto de la tasa de crecimiento de la economía,
sino que la afecta negativamente. Esto, con prescindencia de los efectos redistributivos de la
inflación sobre la renta.

Debe tenerse especial cuidado al hablar de “moneda espuria” y niveles de gasto público que
excedan la capacidad de financiarse con impuestos soportables. Lo importante para evitar la
inflación no son los niveles absolutos de gasto y emisión, sino la magnitud relativa de estos
desequilibrios, en relación a lo demandado o a lo financiable. En esencia, se trata de no gastar
más de lo que se puede y no emitir más de aquello que el público está dispuesto a demandar o
atesorar29.

Las experiencias de China y Japón durante sus períodos de gran expansión son ilustrativas. En
ambos países, la demanda de dinero creció exponencialmente junto con el PBI, las
transacciones y la riqueza. Un comportamiento fiscal y monetario comparativamente ortodoxo
en ambos países determinó que la emisión de dinero fuese inferior y por detrás de la demanda.
Esto se reflejó en fuertes superávits externos y en emisión, pero como contrapartida de
acumulación de reservas. Este es un caso de expansión monetaria “deseada” o virtuosa. No

29
Arriazu, Ricardo, nota citada.
Macroeconomía I 14

haber respondido en esta etapa con emisión habría provocado un proceso de deflación
monetaria30.

Otros casos existen cuando la demanda de dinero crece fuertemente debido a temores respecto
de la salud de los sistemas financieros. Esto ha ocurrido recientemente en Estados Unidos,
Europa y Japón, donde las expansiones monetarias se han producido sin evidenciar presión
inflacionaria. Lo que aquí ha ocurrido es que la oferta monetaria ha acompañado la fuerte
expansión de la demanda; no hacerlo habría conducido al mundo a una inexorable recesión y
deflación de precios.

Nos remiten estos comentarios a la conclusión monetarista respecto de que la inflación no


existirá mientras la emisión sea acompañada por un incremento similar en la demanda. Cuando
la emisión (oferta monetaria) supere a ésta (demanda monetaria), la inflación necesariamente se
presentará.

Al final de este capítulo se muestra en apretada síntesis, una descripción de las políticas
adoptadas en cada uno de los planes antiinflacionarios considerados exitosos.

Perjudicados y beneficiados. De los párrafos anteriores es posible concluir que quien fuera
formador de precios se encuentra en mejores condiciones de atravesar un proceso inflacionario;
por el contrario los tomadores (trabajadores, chacareros, propietarios de inmuebles, jubilados,
etc.) se perjudican en el mismo periodo. Así, es posible entender los motivos de las resistencias
sectoriales a un proceso inflacionario.

56. Modelo de metas de inflación


La política de metas de inflación es utilizada en numerosos países del mundo, y es una
herramienta utilizada con éxito en los países que la usan adecuadamente. De todas maneras,
estamos partiendo de una inflación de inicio muy alta que torna doloroso el ajuste inicial.

El número de países que ha implementado el sistema de metas de inflación ha crecido durante


los últimos años, en parte gracias a la promoción de esta política que lleva a cabo el FMI y la
ortodoxia financiera internacional. Al mismo tiempo, se observa una creciente literatura crítica
de este tipo de régimen monetario, también coincidente con las críticas a los programas y
propuestas del FMI. Las críticas al régimen de metas de inflación cuestionan sus propios
fundamentos teóricos, como así también la metodología utilizada para su análisis y los
resultados empíricos que se obtienen al implementarlos.

Hacia fines de los ‘70 se hizo evidente el fracaso de la política de “metas monetarias” que venían
orientando la acción de la mayoría de los bancos centrales. El objetivo de estas políticas era
ejercer un control de la inflación mediante la fijación de metas de emisión monetaria, las cuales
estaban predeterminadas de forma cuantitativa.

Con esta política de metas monetarias, los bancos centrales trataban de controlar la cantidad
total de la oferta monetaria para, de esta forma, afectar directamente a las variables reales de la
economía. Los problemas de esta política se debieron a la alta inestabilidad que registró en la
relación entre los agregados monetarios y otras variables macroeconómicas, incluyendo la
inflación. De este modo, la política de metas cuantitativas mostró serios problemas para
controlar la oferta monetaria y estabilizar la economía real.

La disconformidad con esta ortodoxia monetaria permitió el avance de la idea del manejo de la
tasa de interés como principal instrumento de política monetaria en los países industrializados.
No se modificó el objetivo, sino los instrumentos para alcanzar ese objetivo: controlar desde la
política monetaria el movimiento de las variables reales de la economía y, particularmente, la
inflación.

Así, por muchos años, la política monetaria privilegió el uso de la tasa de interés como forma de
alcanzar y mantener un determinado nivel de empleo y de actividad económica. En esa
pretensión, la referencia era la NAIRU. Sin embargo, tampoco esta política logró imponerse y el
objetivo de controlar la NAIRU se reemplazó directamente por el de controlar la tasa de inflación
en el contexto del sistema de metas de inflación.

Este cambio de “metas-objetivo” se debió a razones tanto pragmáticas como teóricas. Las
pragmáticas son:
1) las estimaciones empíricas de la NAIRU resultaron ser volátiles e inestables;

30
Hacia el final de 2000 y 2001, Argentina empezó a experimentar un proceso de caída de precios, debido al corset monetario que
imponía la Ley de Convertibilidad.
Macroeconomía I 15

2) las estimaciones tendieron a ser un reflejo muy cercano del nivel de desempleo, porque
se volvió costumbre interpretar los saltos en el nivel de desempleo como saltos en la
NAIRU;
3) la meta de inflación resulta un método más fácil de implementar, en tanto representa el
cambio de una política dirigida a las “cantidades” por una dirigida a los “precios”.

La principal razón teórica estaba vinculada al debate sobre “reglas versus discrecionalidad”, en
este caso aplicado a la política monetaria. Se llega a la conclusión que para evitar una alta
variabilidad en la tasa de inflación, hace falta adoptar reglas e instituciones transparentes,
claras e independientes que acoten la discrecionalidad y libertad de acción de la autoridad
monetaria. La combinación de este sistema de reglas es lo que finalmente se traduce en un
sistema de metas de inflación.

Un modelo de metas de inflación consta de tres ecuaciones: (i) la curva IS, (ii) la curva de
Phillips aumentada por expectativas de inflación y (iii) una función de pérdida social, de la cual
se deriva la función de reacción de la política monetaria.

re

IS

ye y
π
CPL CPC

πt

ye y
Cuadro 18.7. – Modelo de 3 ecuaciones (3EM)

En la parte superior del cuadro 17.8 se presenta la curva IS, que representa la combinación
entre tasa de interés y desvíos respecto al producto de pleno empleo (ye). En este sentido, la tasa
"re" es aquella para la cual el desvío es nulo, mientras que, cuando la tasa se ubique por encima
(debajo) de dicho nivel, la economía se estaría enfriando (recalentando). A su vez, la pendiente
negativa de dicha curva refleja el papel de la tasa de interés como mecanismo de asignación a lo
largo del tiempo del consumo y la decisión de realizar o postergar las decisiones de inversión.

En cuanto al segundo diagrama, está representando la curva de Phillips aumentada por


expectativas de inflación. De esta manera, la línea vertical en el nivel donde se hace nulo el
desvío respecto al producto de equilibrio muestra la ausencia de trade-off a largo plazo entre
inflación y desempleo, al tiempo que la curva de pendiente positiva muestra la existencia de
trade-off de corto plazo. Naturalmente, dados estos elementos, en el nivel del producto de
equilibrio, la curva de Phillips de corto plazo CPC se intercepta con la de largo plazo CPL en la
tasa de inflación objetivo (πT), mientras que dado dicho nivel de producto se determina "re" como
la tasa de interés consistente con dicho equilibrio.
Macroeconomía I 16

π π π

πt πt πt

ye y ye y ye y
Equilibrado (β = 1) Averso a la inflación (β < 1) Averso al desempleo (β > 1)
BCI BCD BCB
Cuadro 18.8 – Prioridades del Banco Central

En cuanto a las preferencias del Banco Central, el cuadro 17.9 presenta las tres posibilidades
que se pueden encontrar: En el panel del medio tenemos el Banco Central duro (BCD), que sólo
se ocupa de tener los precios a raya sin consideración alguna sobre el producto. Como
contraposición a este caso, está el Banco Central blando (BCB), que prioriza al nivel de empleo
aunque ello provoque inflación y ello se refleja en el panel derecho del gráfico. Por último, en el
panel izquierdo del gráfico está el caso intermedio (BCI), donde resulta tan importante el nivel
del desvío en inflación como en el nivel de actividad.

Aquí analizaremos dos tipos de shocks: (i) shocks de demanda agregada y (ii) shocks de oferta.

Shock de demanda positivo. En el siguiente gráfico se representa un shock de demanda


positivo, lo cual viene dado por un desplazamiento paralelo de la curva IS hacia la derecha
(aumento del gasto público). Esto es, para la misma tasa de interés, la demanda agregada es
mayor.

c
r1

re
a b
IS IS’

ye y2 y
π
CPL CPC’ CPC
d
π2
b

πt
a

ye y2 y
Cuadro 18.9 – Shock de demanda positivo

Bajo este contexto, si el Banco Central no hiciera nada, el producto se ubicaría por encima del
nivel de equilibrio en y2, lo cual haría que la tasa de inflación π2 se ubicara por encima del nivel
objetivo πt.
Macroeconomía I 17

d
rd
ri f
re e
a
IS

yd ye y2 y
π ΒCB
CPC’ CPC
e
πe
f
πi
πt d BCD
a

BCI

yd yi ye y2 y
Cuadro 18.10 – Shock de oferta negativo

Por lo tanto, si el objetivo del Banco Central es respetar el objetivo de inflación,


independientemente de las preferencias, la tasa debería elevarse hasta r1, en el punto “c”. De no
proceder así, en el próximo período los agentes incorporarían la nueva inflación a sus
expectativas, lo cual haría correr la curva de Phillips de corto plazo a la izquierda a CPC’ y
dejaría a la economía en su mismo nivel de producto potencial, pero con una tasa de inflación
mayor (punto “d”).

Shock de oferta negativo. Ahora veamos un shock de oferta negativo. En este caso, a
diferencia del shock de demanda, las preferencias del Banco Central juegan un papel clave. En
caso de que el BC esté aferrado al cumplimiento del objetivo en tasa de inflación (BCD), decidirá
elevar la tasa de interés hasta "rd", llevando el equilibrio al punto “d”, por lo que la economía se
contraerá hasta "yd".

Por otra parte, el BCB (laxo) no modificará la tasa de interés, pero en ese caso la tasa de
inflación trepará hasta "πe", donde se corre el riesgo que de largo se perpetúe la inflación en un
nivel más alto (punto “e”). Por último, tenemos el caso intermedio, donde el Banco Central (BCI)
tiene doble mandato. En esta situación el equilibrio vendrá dado por el punto f, donde la tasa de
interés quedará por encima de la del BCB, pero por debajo de la del BCD. Naturalmente, ante
esta situación, la inflación estará por encima del nivel objetivo, pero la caída del producto será
menor que la asociada con dicha tasa de inflación.

Existen tres consideraciones adicionales respecto de la actuación que cabe al Banco Central.
• En primer lugar, de cara al futuro es muy importante que el Banco Central gane
reputación, ya que ello devengará altos dividendos cuando sea necesario que la política
monetaria apuntale a la economía.
• En segundo lugar, el sistema de precios es un mecanismo de transmisión de
información, por lo que la inflación es al sistema de precios lo que el ruido a una
comunicación telefónica. Así, cuando el ruido es alto, las señales son difusas, las
empresas no invierten y se perjudica al crecimiento.
• Por último, la reducción de la inflación es una política de compromiso social. Esto es,
dado que la inflación es un impuesto altamente regresivo, su reducción redistribuye el
ingreso hacia los sectores más postergados.

Apéndice I – Políticas antiinflacionarias en Argentina

En la página siguiente se muestra una reseña histórica de las principales políticas


antiinflacionarias aplicadas en Argentina y sus características principales.
Política 1952 1959 1967 1973 1976 1985 1991
Salarial Congelados durante Convenciones Incrementos Incrementos Congelamiento Congelamiento Congelamiento
dos años hasta colectivas. Fuerte salariales por salariales por salarial y disolución salarial. Caída inicial salarial de hecho.
1954. Caídas en el caída inicial del decreto. Caídas en el decreto. Aumentos de los sindicatos. en el salario real Prohibición de
salario real salario real y salario real en 1968 en el salario real Fuerte caída del actualización.. Caída
recuperación parcial. y recuperación en para las categorías salario real inicial y luego
1970 más bajas. recuperación del
salario real.
Sector Externo Control del mercado Dólar libre. Fuerte Tipo de cambio fijo Control del mercado Tipo de cambio al Cambio de unidad Cambio de unidad
de cambios. Tipo devaluación inicial con mercado de cambios. Fuerte inicio sobrevaluado y monetaria y tipo de monetaria y tipo fijo
nominal fijo y con retenciones del liberalizado. pérdida de reservas. sobre el final con cambio fijo. Pérdida con convertibilidad
múltiple. 40%. Aumento de Aumento de fuerte atraso. de reservas automática. Fuerte
tarifas de reservas. ”Tablita cambiaria”. dramática desde ingreso de reservas
importación. Devaluación Mercado 1987 a 1989. los primeros 8 años
compensada con liberalizado. del proceso. Pérdida
retenciones. “Bicicleta de reservas sobre el
financiera”. final (1999-2001)
Tasas de interés Brusco aumento en Mantenimiento de Reducción en la tasa Reducción en la tasa Liberación de tasas. Tasas de interés Tasas de interés
la tasa de interés tasas nominales. nominal, y brusco nominal. Brusco Tasas de interés reales positivas al reales alineadas con
real. Caída brusca en la aumento en la tasa aumento en la tasa reales hiperpositivas. inicio, luego la tasa internacional.
tasa real y posterior real. real desde 1974. Circular 1050. negativas. Tasas positivas.
elevación. Tasa de
interés real negativa.
Precios de bienes Control directo de Precios libres Acuerdos voluntarios Control de precios. Precios libres. Corset Precios libres. Precios libres.
precios. excepto 10 artículos de precios. Congelamiento. cambiario con Inflación nula al Inflación nula
de primera Congelamiento Aparición de “tablita” de principio y desborde durante 8 años del
necesidad. inicial. Sin mercado mercado negro en devaluación en 1987-1989. proceso. Deflación
negro. 1974. Aplicación de pautada. durante 1999-2001.
Ley de
Abastecimiento.
Fiscal Expansiva. Restrictiva. Caída Expansiva. Aumento Muy expansiva. Expansiva. Aumento Levemente Desregulación
del 20% real. del gasto público. Aumento fuerte del de gastos e expansiva. Aumento estatal y política
Reducción del déficit fiscal impuestos. Fuerte de redescuentos y levemente
personal público del financiado con presión tributaria. expansión monetaria contractiva. Ingreso
15% emisión (30%) en 1987-1989 de capitales
internacionales
hasta 1999.
Monetaria Expansiva. Aumento Restrictiva por Muy expansiva, del Tremendamente Restrictiva. Al principio Restrictiva. Ligada al
del 24% en oferta aumento en encajes. orden del 30% anual expansiva, superior restrictiva, luego ingreso de capitales.
nominal al 100% anual en expansiva por Se anula la política
1973. redescuentos. monetaria.
Crediticia Relativamente Muy restrictiva. Expansiva desde Relativamente Restrictiva, con Restrictiva. Expansiva, con
restrictiva. 1968. Crédito al restrictiva hasta tasas positivas. créditos al consumo.
consumo. 1974, luego muy
restrictiva (19%).

Cuadro 18.11 – Planes antiinflacionarios en Argentina


Apéndice II - Indices de precios utilizados en la República Argentina

Sistema de Índices de Precios al consumidor (IPC)31

El sistema incluye:
• Índice de precios al consumidor en el Gran Buenos Aires (IPC-GBA)
• Valorización mensual de la canasta básica de alimentos y de la canasta básica total.
• Variaciones de precios según la estructura de consumo del primer quintil de ingresos.

Sistema de Índices de Precios Mayoristas (SIPM)

El SIPM base 1993=100 está integrado por tres índices:


• IPIM, índice de precios internos al por mayor: mide la evolución de los precios de los
productos de origen nacional e importado ofrecidos en el mercado interno. Los precios
observados incluyen IVA, impuestos internos, y otros gravámenes contenidos en el
precio como el impuesto a los combustibles.
• IPIB, índice de precios internos básicos al por mayor: tiene la misma cobertura que el
IPIM, pero considera los precios sin impuestos. En ambos índices las ponderaciones se
calcularon considerando los valores de producción netos de exportaciones.
• IPP, índice de precios básicos al productor: mide la evolución de los precios de
productos de origen nacional exclusivamente, por lo tanto no incluye importaciones.
Pero en las ponderaciones, a diferencia de lo que sucede con los índices anteriores, se
ha considerado tanto la producción con destino interno como la producción destinada a
la exportación. El tratamiento impositivo es el mismo que en el caso del IPIB.

Las ponderaciones del sector primario son valores brutos de producción netos de
impuestos, estimados por las Cuentas Nacionales; las del sector manufacturero son valores
de producción provenientes del Censo Nacional Económico 1994 (que suministró datos
relativos a 1993); la energía eléctrica está ponderada con la facturación de las empresas
distribuidoras; y las ponderaciones del sector de productos importados se calcularon a
partir del valor CIF (costo, seguro y flete) de las importaciones realizadas durante 1993.

Las ponderaciones de cada índice son consistentes con la cobertura y tratamiento


impositivo de cada uno de ellos. Para el cálculo se utiliza una fórmula de ponderaciones
fijas referida al año base, del tipo Laspeyres.

Los precios observados corresponden al día 15 de cada mes salvo excepciones ya que en
algunos sectores se trata de promedios mensuales (de precios diarios o de varios precios
durante el mes) o de precios de la semana que incluye el día 15.

Sístema de Índices del costo de la construcción (ICC)

El ICC base 1993=100 mide las variaciones mensuales que experimenta el costo de la
construcción privada de edificios destinados a vivienda en la Ciudad de Buenos Aires y en 24
partidos del conurbano bonaerense.

En el cálculo del costo no se incluye el valor de compra del terreno, los derechos de
construcción, los honorarios profesionales (por proyecto, dirección y representación técnica), los
gastos de administración, el impuesto al valor agregado (IVA) ni los gastos financieros. Tampoco
se considera el beneficio de la empresa constructora.

El índice cuenta con seis modelos de construcción (cuatro multifamiliares y dos unifamiliares)
con distintos detalles de terminación. Para la selección de los mismos se efectuó un estudio de
los permisos de obra presentados entre los años 1988 y 1992 en la Ciudad de Buenos Aires y en
partidos del conurbano bonaerense. Para determinar el peso de cada modelo en la región se
utilizó información extraída de los permisos de obra presentados en el período 1992-1994.

La información referida a materiales y equipos, subcontratos y servicios, corresponde al día 15


de cada mes.

La información sobre el costo de la mano de obra directa (oficial especializado, oficial, medio
oficial y ayudante) corresponde a la primera quincena; la de los capataces y serenos, al mes de
referencia. Por otra parte, los precios de los materiales se cotizan “puestos sobre camión en
obra”. El índice se calcula utilizando una fórmula con ponderaciones fijas del tipo Laspeyres. El
año base de los precios es 1993.

31
Fuente: INDEC.
Macroeconomía I 1

El nivel general se calcula como una media ponderada de los índices de cada elemento
perteneciente al conjunto. Las ponderaciones son fijas y corresponden a la proporción del costo
de cada elemento en el costo total calculado para el período base. De igual modo se calcula el
índice de cualquier conjunto de elementos.

Los índices se calculan mediante dos procedimientos diferentes según el elemento que se trate:
encadenando relativos de promedios entre períodos sucesivos, o relacionando el precio del mes
de referencia con el promedio anual del año base. La estructura del índice tiene dos
agrupaciones alternativas que responden a distintos intereses analíticos.

Inflación núcleo

Un documento del INDEC presenta el desarrollo de la metodología que dio origen en el año 2004
a la construcción y publicación de lo que usualmente se denomina inflación núcleo. Ese mismo
año el INDEC comenzó a publicar resultados para una nueva clasificación de los ítems de la
canasta que componen el IPC con el objetivo de poder medir la inflación núcleo.

Habitualmente el Banco Central está interesado en utilizar una medida de inflación núcleo para
basar y explicar sus decisiones de política monetaria en un régimen de metas de inflación. Así,
en el año 2004, el INDEC analizó distintas alternativas para el cálculo de la inflación núcleo,
tales como:
a) indicadores clásicos que utilizan el nivel general del índice de precios al que se le
excluyen alimentos y energía;
b) índice de precios con exclusión de los grupos de bienes con precios más volátiles y
c) distintas medidas de inflación núcleo calculadas a partir de la distribución de cambios
de precios truncada con distintos porcentajes de truncamiento (en Argentina, se ensayó
el 18% y el 32% de truncamiento de las observaciones a ambos lados de la media).

La inflación núcleo es una componente no observable de la inflación. Los resultados mostraron


la complejidad que supone hallar un indicador que permita anticipar la evolución futura de la
inflación.
Luego aparecen complejidades de índole práctica en función de la estrategia de estimación
adoptada. Como consecuencia de ese trabajo, la Dirección de Índices de Precios de Consumo del
INDEC propuso en el año 2004 una clasificación que identificaba y reagrupaba en tres
categorías los grupos:
a) de bienes y/o servicios estacionales (10%),
b) bienes regulados o con alto porcentaje de impuestos (20%),
c) resto del IPC, siendo esta última categoría la asociada a la inflación núcleo (70%).

El INDEC, a partir de la publicación del IPC-GBA que se reanudó en Junio de 2016, incorporó
en los resultados mensuales del IPC una actualización de la clasificación mencionada, con
algunas modificaciones en la definición de las categorías que permiten identificar la inflación
núcleo. Estas modificaciones reflejan los cambios en la estructura de fijación de precios de
algunos servicios que tuvieron lugar en los últimos años en la Argentina.

La nueva clasificación adoptada es la siguiente:


a) Bienes y servicios con comportamiento estacional: frutas, verduras, ropa exterior,
transporte por turismo y alojamiento y excursiones. Según las estimaciones, es entre el
9,24% yel 10,8% de la canasta total del IPC.
b) Bienes y servicios cuyos precios están sujetos a regulación o tienen alto componente
impositivo: combustibles para la vivienda, electricidad, agua y servicios sanitarios,
sistemas de salud y servicios auxiliares, transporte público de pasajeros,
funcionamiento y mantenimiento de vehículos, correo, teléfono, educación formal y
cigarrillos y accesorios. Es entre el 19,4% y el 20,13% de la canasta total del IPC.
c) Restantes bienes y servicios: IPC Núcleo. Esta categoría representa entre el 69,9% y el
70,63% de la canasta total del IPC.

Si bien no está definida con fines predictivos, la evolución correspondiente al Resto del IPC
puede asociarse a la idea de inflación núcleo, entendida en este caso como aquella que
corresponde a los cambios de precios que no están afectados por efectos estacionales
(fluctuaciones transitorias y reversibles en el corto plazo), no son provocados por cambios en las
tarifas de bienes o servicios regulados, y tampoco se encuentran asociados a cambios en el
porcentaje de impuestos para aquellos bienes o servicios altamente gravados (cambios de
precios producidos en fechas puntuales, generalmente conocidas por la autoridad monetaria
con anticipación).

Este indicador es menos volátil que el nivel general de inflación y en su cálculo se asignan a
otra categoría ciertos grupos de bienes y servicios de la canasta del IPC.
Macroeconomía I 2

Se definiría la inflación total como la suma de la inflación núcleo más los elementos transitorios:
= ∗+

El objetivo que se persigue al calcular una medida de inflación núcleo es contar con un
indicador que permita analizar la evolución de los precios de la economía sin tener en cuenta
aquellas fluctuaciones de carácter temporario, estacional, o que se revierten en el corto plazo.

Un trabajo de Bryan y Cecchetti (1999) considera que inflación núcleo es aquella componente de
los cambios de precios que se espera que persistan en el mediano plazo. Quah y Vahey (1995)
consideran que inflación núcleo es la componente de la inflación medida que no tiene impacto
de (mediano) largo plazo sobre el producto real. La necesidad es identificar una tendencia de la
inflación, libre de las fluctuaciones transitorias generalmente asociadas a factores o shocks
reversibles en el corto plazo.

En general, en los países que miden la inflación núcleo, se trata de:


a) excluir los componentes más volátiles del cálculo del Índice de Precios al Consumidor
(IPC);
b) utilizar indicadores de influencia limitada, tales como medias truncadas de los cambios
de precios de las componentes;
c) calcular un nuevo IPC con ponderación doble donde, además de utilizar las
ponderaciones de cada agrupación, se utiliza una segunda ponderación que toma en
cuenta la volatilidad de cada agrupación o apertura (específicamente, esta segunda
ponderación es la inversa de la volatilidad del índice correspondiente a cada grupo).

Estas son soluciones estadísticas al problema de medir los movimientos de largo plazo en la
inflación. Existen otras opciones, como modelos estructurales que asumen un mecanismo de
transmisión para la economía sobre la base del conocimiento del funcionamiento de esta última.

Apéndice III - Efectos económicos de los controles de precios y salarios32

Debiéramos estar agradecidos al hecho de que los controles de precios y salarios rara vez
pueden ser mantenidos durante períodos prolongados; existe suficiente evidencia de que los
mismos pueden causar perjuicios serios, y en ciertos casos, permanentes, a la economía.

Las primeras críticas a este tipo de política aparecieron en Confessions of a Price Controller33¸ en
1974, en el cual en forma expresa y concisa, C. Jackson Grayson manifiesta los diversos modos
en los que el control interfiere negativamente en el sistema de mercado, y precipita su
metamorfosis hacia una economía centralizada:

1. El control provoca distorsiones en el sistema de mercado. El sistema de precios


libres proporciona información inmediata y precisa a compradores y vendedores
respecto de precios y escaseces o sobrantes de todos los productos, alentándolos a
restablecer el equilibrio entre oferta y demanda. Cuando la demanda supera la oferta,
los precios suben; esta perspectiva de mayor margen de utilidad atraerá a productores a
incrementar su oferta, con lo cual, un contexto de libre entrada al mercado, el precio
descenderá.
Al someter los precios a controles, no se detectan las señales de relativa escasez, o no
pueden diferenciarse las señales verdaderas de aquellas manipuladas. La escasez de
mercados con precios máximos se vuelve habitual, porque no hay expectativas de
obtener mayores beneficios para las empresas, que las induzcan a expandir la oferta (tal
como ocurre con la energía, el transporte urbano de pasajeros o el sistema ferroviario).
En los mercados regulados, pueden surgir así los “mercados negros”, que satisfacen la
demanda excedente de los consumidores. Empresas que serían rentables en un
mercado libre de precios, abandonan la producción o no ingresan a [Link] los
mercados de capitales, estas condiciones generan fuertes dificultades para los
inversores. Las distorsiones implican que empresas que naturalmente no serían
rentables, logran sobrevivir merced a subsidios. Estos subsidios se financian con
impuestos cada vez mayores que se cobran a las empresas privadas, que por la escasez
de fondos retirarse del mercado a pesar de ser rentables.
Esto, curiosamente, brinda argumento a los populistas, que dicen que el mercado es
incapaz de asignar debidamente los recursos mediante los precios. Los controles en sí

32
Adaptado de “4000 años de controles de precios y salarios – Cómo NO combatir la inflación”, Robert Schuettinger – Eamon
Butler, Editorial Atlántida, 1987.
33
C. Jackson Grayson, “Confessions of a Price Controller”, Dow-Jones Irwin, 1974.
Macroeconomía I 3

mismos provocan y causan mayor intervención gubernamental aún, con el fin de


corregir los desequilibrios originados por los controles:

• Creación de estructuras burocráticas de análisis de las condiciones bajo las cuales se


deben otorgar los subsidios a las personas o a las empresas;
• Expedientes administrativos y judiciales relativos a denuncias por violaciones a
controles de precios;
• Prohibiciones de aumentar los precios;
• Denuncias por desabastecimientos;
• Creación de ejércitos de inspectores controladores de precios;
• Requerimientos a las empresas de información sobre sus estructuras de costos;
• Establecimiento de dependencias públicas encargadas de determinar “el precio justo”,
“el margen justo”, etc.

2. Los controles sancionan a quienes reclaman aumentos no inflacionarios de


precios o salarios. Durante la vigencia del período de control, el público olvida que no
todos los aumentos son necesariamente “inflacionarios”. Un aumento salarial a los
funcionarios públicos no lo es, si para otorgarlo el Gobierno debe solicitar préstamos.
Si una empresa obtiene un buen nivel de producción y utilidades, es natural que pueda
compartir parte de ese incremento con su personal bajo la forma de un bono, o un
adicional por productividad. Ese incremento no es de naturaleza inflacionaria, ya que
proviene de utilidades que el mercado ha entregado voluntariamente a la empresa.
La imposición de salarios nominales mínimos impide dicha transferencia de utilidades,
ya que no se distinguen los incrementos debidos a la inflación de aquellos debidos a
aumentos de productividad. En consecuencia, la empresa renuncia a otorgar sus
incrementos voluntarios, limitándose a entregar los impuestos por la autoridad
gubernamental; máxime cuando los aumentos oficiales son de orden público e
irrenunciables, y a veces impredecibles.

3. Los controles niegan el principio de la ganancia empresarial. El gobierno funda la


imposición de límites a ciertos precios diciendo que los precios son “muy elevados”, o
las ganancias son “excesivas”. Ello sugiere que las empresas podrían hacer algo en
materia de precios, pero sólo si tuviesen una actitud altruista frente a los
consumidores, o si se los obligara.
Se sugiere asimismo que las utilidades son demasiado elevadas, o que “ya han ganado
demasiado”34; pero es éste justamente el incentivo de beneficios que hace que otras
empresas deseen ingresar al mercado; el beneficio es una de las fuentes, sino la
principal, del proceso de inversión. Los controles perjudican este principio y originan
trastornos en el proceso de inversión y la acumulación de capital.

4. Los controles pueden ser utilizados con fines no económicos. Tiene lugar cuando
los gobiernos utilizan los controles para beneficiar o perjudicar a grupos empresariales,
o cuando lobbyistas solicitan controles con propósitos no económicos35. Así, se dice que
debe controlarse el precio de los alimentos, porque “son importantes para los
consumidores”, o para la “mesa de los argentinos”. Si así fuese, ¿Por qué no controlar
los precios de las empresas que producen contaminación ambiental, o los precios de los
automóviles que desarrollan altas velocidades? Se evidencia así un intento de
manipulación política del sistema de mercado.

5. Los controles crean actitudes tranquilizadoras. Los controles pueden transformarse


fácilmente en un “manto de estabilidad contra las incertidumbres del libre mercado”.
Cuando el mercado es libre, las utilidades aumentan o disminuyen, las empresas tienen
éxito o quiebran, las personas obtienen trabajo o quedan despedidas. Cuando hay
controles, se conserva la ilusión de que, durante un breve período, no habrá que
enfrentar decisiones difíciles. El comportamiento de los precios y salarios puede
predecirse, y no puede considerárselos variables relevantes en la toma de decisiones de
las empresas.

6. Los organismos reguladores terminan siendo más importantes que el mercado.


Los sectores empresariales y sindicales empiezan a dedicarse más a negociar con los
entes de regulación y a solicitar autorizaciones para aumentos oficiales de precios, que
a estudiar la dinámica del mercado. Los sindicatos pasan a veces a ser una
dependencia del Gobierno y los funcionarios los consultan antes de poner en vigencia
medidas económicas.

34
Nótese que este texto fue escrito hacia 1985.
35
Como el control aplicado sobre el servicio de televisión por cable aplicado desde 2008, servicio no esencial para la subsistencia.
Macroeconomía I 4

Los empleadores, al ver que los precios y salarios pueden fijarse con la sola obtención
de la conformidad de algún funcionario de un ente regulador de precios, se esfuerzan
más en ejercer influencia sobre esos organismos, que en mejorar su comportamiento y
eficiencia en el mercado, o de mejorar la productividad de su mano de obra.

7. Los controles desvían y ocultan las verdaderas causas de la inflación. Los


controles desvían la atención que deberíamos tener sobre los factores fundamentales
que afectan los aumentos de precios: los excesos de la política fiscal y monetaria, las
tasas impositivas, políticas externas, productividad, restricciones y otras. Persiste la
idea de que los controles son la solución para la inflación, y no meramente la detención
transitoria de sus síntomas.

8. Los controles tienen otros efectos económicos. Los controles, en algunas


oportunidades, causan perjuicios, al encubrir la necesidad de reformas estructurales en
la economía.36 No sólo desvían la atención de las causas, sino que brindan al gobierno
una excusa para la inacción.

• Los controles atenúan la inflación, sin que se requieran restricciones en la demanda


global o el incremento del desempleo.37
• Los controles cambian el orden de las fuerzas de la economía. En una economía libre, el
poder está en los consumidores, las empresas, el Gobierno y los sindicatos, en ese
orden. En una economía intervenida, el poder recae en el Gobierno, los sindicatos y las
empresas, en ese orden. Desaparece el poder del consumidor.
• Los británicos expresan, con mordacidad, que las políticas de ingresos “despiertan el
poder de negociación de los sindicatos, dándoles un punto de apoyo desde el cual
obtener un mayor respaldo y (…) pueden conducir a la soberbia injustificable de los
sindicatos”.38 Las políticas de ingresos que esperan la “bendición” de los dirigentes
sindicales “los convierte, en apariencia, en aliados de la estabilidad y la
responsabilidad, cuando en realidad son su principal enemigo”.
• El gobierno también amplía su influencia económica en proporciones gigantescas,
cuando se la compara con la que ejerce en una economía de libre mercado.
• La incorporación de los “precios de lista” es otro efecto no deseado. Los minoristas se
sentirán tentados a fijar precios de lista artificialmente elevados, si se cree que el
gobierno en el futuro controlará los precios. Así genera un colchón que puede absorber
los efectos de los controles futuros. Con lo cual, de política de precios, se pasa a
“políticas de descuentos”.

No es probable, dice Paul Cagan, que los controles disminuyan o anulen el efecto final de
incremento en los precios que habría resultado de no haberse impuesto un control, dada la
tendencia de la demanda agregada. “Los precios gravitan naturalmente hacia un equilibrio de
oferta y demanda. Las restricciones y controles pueden demorar el ajuste, pero a la larga los
precios tenderán a su equilibrio (…) con posterioridad a su eliminación”.39

Un razonamiento habitual a favor de los controles es que reduce el poder de negociación de los
sindicatos importantes y de las empresas “formadoras de precios”. Las pruebas sugieren que las
empresas no originan los aumentos inflacionarios, pero naturalmente terminan cayendo en el
proceso. Las empresas grandes incurren en costos administrativos adicionales para modificar
precios; los oligopolios son renuentes a iniciar guerras de precios, y las empresas terminan
teniendo dificultades para determinar cuál es el “precio de equilibrio” para un producto o línea
de productos.

Por último, los controles de precios aumentan la ocupación en los numerosos organismos,
comisiones, consejos y juntas que se encargan de administrar los precios, como así también sus
peritos, ejecutivos, planificadores, miembros y supervisores. A la inversa, aumentan la
desocupación en el sector privado. Un precio máximo que reduce ganancias a favor del pago de
salarios, desde el punto de vista del empleador equivale a un aumento en el salario real; así,
contratar la misma cantidad de empleados cuesta más ahora que antes. Esto provoca despidos
forzados, que en principio afectan a los trabajadores con menor antigüedad, con menores cargas
de familia o menos calificados. Así es como aparecen, algún tiempo después de la imposición de
controles de precios, “pactos sociales” para preservar el empleo.

Paradójicamente, los trabajadores que perciben remuneraciones más bajas, son aquellos a
quienes supuestamente se trata de beneficiar con los controles de precios y salarios. Por ese

36
Roger Blough, “Minimizing the Effect of Controls”, Monthly Labor Review, Vol 97, marzo de 1974.
37
Philip Cagan, “The Hydra-Headed Monster”, American Enterprise Institute, 1975-
38
“The Fatal Temptation”, The Free Nation, Londres, Sep. 1976.
39
Cagan, op. cit.
Macroeconomía I 5

motivo, el gobierno laborista británico suprimió los controles de precios a mediados de los ’70, y
liberó a las empresas de ciertas cargas impositivas, para poder compensar la disminución de
sus utilidades.

Apéndice IV – Antecedentes históricos de la inflación en el mundo40

La inflación ha sido un fenómeno bastante recurrente desde que los gobernantes de Lidia
(actual Grecia) decidieron en el siglo VII a.C. reducir el contenido de oro en su moneda. La suba
de precios en términos de la moneda nueva y depreciada fue casi inmediata. Este fracaso llevó a
Solón de Atenas a introducir una nueva moneda, decretando que “cortarían las manos” de
cualquier persona que alterara el contenido en metálico de la moneda. Ese proceso continuó
exitosamente durante seis siglos.

A pesar de ello, muchos gobernantes volvieron a emitir monedas espurias a lo largo de la


historia, con idénticos resultados. Seis casos inflacionarios de relevancia histórica pueden
mencionarse:
a) Siracusa, donde Dionisio, siguiendo consejos de Platón, emitió moneda espuria.
b) El Imperio Romano, con posterioridad al reinado de Marco Aurelio (muchos
historiadores identifican la inflación como la auténtica causa de la decadencia del
Imperio41).
c) La adulteración del cuño de monedas por parte de los señores feudales durante la Edad
Media.
d) Europa luego del Descubrimiento de América, y en particular, luego del descubrimiento
de oro en el Nuevo Continente.
e) Las hiperinflaciones de Europa Central (Alemania) y Oriental (Hungría), luego de la
Primera Guerra Mundial.
f) La inflación mundial derivada de la crisis del Petróleo de los ’70.

Aunque los motivos y circunstancias fueron variados, en casi todos los casos la inflación estuvo
asociada a niveles de gasto fiscal o gubernamental que superaban la capacidad de los gobiernos
para financiarlos.

El caso de Siracusa merece ser tratado con algún nivel de detalle. Platón era partidario de
utilizar el dinero como “instrumento de desarrollo económico”, separando el “valor” de las
monedas del “valor de su contenido metálico”42. Para evitar que la moneda espuria perdiese
rápidamente valor, propuso tres medidas adicionales:
- Que la moneda doméstica no pudiera ser exportada a otros países;
- Que la oferta de esta moneda fuese limitada en magnitud y tiempo;
- Que el intercambio entre esta moneda y otras fuese monopolizado por las autoridades.
(La similitud de estas medidas con las implementadas por la Unión Soviética y Cuba es notable).

Platón convenció a Dionisio de Siracusa a emitir una moneda cuyo “valor” (extrínseco) fuera
equivalente a cuatro veces su contenido metálico (valor intrínseco). A pesar de que se impuso la
pena de muerte para quienes no aceptaran la nueva moneda, rápidamente su valor convergió al
equivalente de su valor metálico, o sea, un 25% de su valor extrínseco. Como anécdota, cabe
recordar que Platón se salvó de la pena de muerte por esto, pero fue enviado a Corinto para ser
vendido como esclavo. Sus amigos lo salvaron comprando su libertad. Aristóteles rechazaba el
pensamiento de Platón, y convenció a Alejandro Magno de emitir monedas cuyo valor fuese fiel
reflejo de su contenido metálico. Esta moneda sustentó el desarrollo del Imperio43.

La inflación durante los años ’70 fue un fenómeno mundial, que luego terminó siendo
controlado, para volver a resurgir en escasos países del mundo. Por lo general, el Estado, en
presencia de inflación, ha desarrollado comportamientos por acción y por omisión que, en
algunas oportunidades sirvieron para controlarla, y en otras oportunidades para exacerbarla o
estimularla.

Apéndice V – Historia de la Inflación en Argentina

De la lectura de los valores históricos, se desprende que la inflación en Argentina es un


fenómeno que arranca hacia fines de la II Guerra Mundial, y desde 1949 se desarrolla a
diferentes tasas respecto de la inflación externa.

40
Adaptado de Arriazu, Ricardo, “Ningún país puede convivir con la inflación”, Clarín, 26/01/2014
41
Entre ellos, Edward McNall Burns, “Historia de Occidente”.
42
Véase al respecto el Capítulo 7 - Dinero de esta misma sección, sobre valor “extrínseco” e “intrínseco” de la moneda.
43
Véase “metalismo” y “cartalismo”, en la misma sección apuntada en la nota anterior.
Macroeconomía I 6

a) La historia monetaria y bancaria argentina durante el siglo XIX44 muestra que el


sistema monetario y bancario fue débil, por haber estado demasiado a merced de las
necesidades financieras de los gobiernos. Consecuencia de ello fue la circulación de
múltiples monedas locales, emitidas por los estados y por algunos integrantes del sector
privado, como así también monedas de países vecinos. La Ley 3871 de 1899 introduce
por primera vez la convertibilidad, buscando solucionar este problema.
b) Entre las dos guerras mundiales, podemos apreciar que ha existido una comparativa
estabilidad de precios, dado que entre 1913 y 1939 los precios al consumidor (IPC) han
crecido un 0,8% anual equivalente, y los precios al por mayor (IPM) han crecido
aproximadamente un 1,4% anual equivalente. En el gráfico 17.3 se exhibe parte de esta
tendencia errática de los precios.

30
25
20
15
10
5
0 IPC
-5 IPM
-10
-15
-20
-25

Cuadro 18.12 – Inflación según IPC e IPM, período 1915-1945

c) En el subperíodo de 1920 a 1939, el país experimentó una fuerte deflación. El IPC cayó
un 35% para todo el período, y el IPM disminuyó un 21%, lo que también puede
apreciarse en el gráfico antedicho.
d) Desde la II Guerra Mundial empieza a experimentar aumentos, los que se hacen muy
fuertes en a década de 1970, y con un altísimo pico en 1989. El período se caracteriza
por una altísima variabilidad en los índices de crecimiento de los precios.

50
40
30
20
10
0 ARG
-10 USA
-20
-30
-40
-50
1915
1917
1919
1921
1923
1925
1927
1929
1931
1933
1935
1937
1939
1941

Cuadro 18.13 – Inflación IPC, Argentina y USA, 1915-1942

44
Véase al respecto “Historia monetaria y del tipo de cambio”, en Apuntes de Macroeconomía II.
Macroeconomía I 7

En el gráfico 18.13 puede apreciarse que las variaciones del IPC en Argentina y en Estados
Unidos han seguido patrones similares, lo que hace suponer que hasta ese momento han
respondido a similares orígenes (“inflación importada”). Cabe destacar que las variaciones han
sido más pronunciadas en la economía estadounidense que en la Argentina.

Situación a partir de 1949. A partir de 1949, la tasa es creciente, no uniforme, desvinculada


de la inflación internacional, y cada tanto muestra “picos” o “fogonazos”, como así también
registra el efecto de los programas antiinflacionarios implementados. Los “picos” han ocurrido
en:
• 1959, durante la presidencia de Arturo Frondizi;
• 1975-76, durante la presidencia de María Estela Martínez de Perón;
• 1985, durante la presidencia de Raúl Alfonsín, y en vísperas del “Plan Austral”;
• 1989, hacia el final de la presidencia de Alfonsín;
• 1991, durante la presidencia de Carlos Menem;
• 2002, al abandono de la Convertibilidad, durante la presidencia de Eduardo Duhalde.

Hiperinflación, 1989 (5386.4%)

Menem, 1990 (798.4%)


[Link] Perón, 1975 (444%)
Alfonsín, 1984 (625.9%)
Frondizi, 1959 (133.4%)
Duhalde, 2002 (118%)

Cuadro 18.14 – Tasas de Inflación Mayorista, 1940-2010, en porcentajes

Estos “picos”, si son breves o inesperados, como el de 1959, no generaron expectativas


inflacionarias, ni institucionalizaron la inflación. Sí fueron más graves los de los ’70, dado que
obligaron a la modificación trimestral (en lugar de anual) de los salarios de convenio, forzaron la
aparición de títulos públicos indexados, y fomentaron la aparición definitiva del dólar como
reserva de valor por parte de la clase media.

El gráfico precedente refleja las tasas de inflación mayoristas habidas en los últimos 70 años.
Expresamente se ha puesto en perspectiva, de modo tal de mostrar con claridad los “picos”
inflacionarios sufridos y su relativa magnitud. El máximo de ellos corresponde a la
hiperinflación de 1989, con una tasa del 5386,4% en un solo año.

Una reexpresión del mismo gráfico (cuadro 17.6) en escala logarítmica permite mostrar con
mucho mejor énfasis la magnitud de los “picos” inflacionarios, que superaron la tasa anual en
100% o más (los valores negativos o deflacionarios no pueden ser mostrados y representan
discontinuidades en el gráfico.
Macroeconomía I 8

En cuanto a los programas antiinflacionarios medianamente exitosos, y que se exhiben también


en el Apéndice I, se destacan los de los siguientes períodos, identificados por los ministros que
los ejecutaron:
• 1952, Gómez Morales;
• 1959, Julio Alsogaray;
• 1967, Adalbert Krieger Vasena;
• 1973, José Ber Gelbard;
• 1976 y 1979, José Alfredo Martínez de Hoz;
• 1985, Juan Vital Sourrouille;
• 1991, Domingo Felipe Cavallo.
Estos planes son fáciles de identificar como los picos negativos en las tasas de inflación
exhibidas.

La intensidad del fenómeno inflacionario argentino obligó a quitar 13 ceros a la unidad


monetaria, desde 1970 y hasta 1992.

Hiperinflación, 1989

Pre Plan Austral, 1985


Hiperinflación, 1976

Frondizi, 1959
Post Convertibilidad, 2002

Martínez de Hoz, 1977/79


Sourrouille, 1985

Ber Gelbard, 1974

Alsogaray, 1961
Krieger Vasena, 1969

Gómez Morales, 1952


Cavallo, 1991-2001

Cuadro 18.15 – Tasas de Inflación Mayorista, 1940-2010, logarítmico

Bibliografía Básica

Dornbusch-Fischer, Macroeconomía – McGraw-Hill.


Blanchard-Perez Enrri, Macroeconomía – Prentice-Hall
Case-Fair, Macroeconomía – Prentice-Hall

Bibliografía Adicional

De Pablo, Juan Carlos, “Ensayos sobre economía argentina” – Ed. Macchi (1974), Caps. 1 y 2.
Facultad de Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad Católica Argentina, “Temas
Actuales de Politica Económica” – EDUCA (1999) “Pobreza y distribución del Ingreso en
Argentina”, pág. 343 y ss.
Javier Milei, nota publicada en Infobae, 19/04/2017.
Carlin-Soskice, Teaching Intermediate Macroeconomics Using 3-EM (2009)
Aldo Ferrer y otros, “Los planes de estabilización en la Argentina”; Paidós, [Link]. 1969.
Ricardo Ferrucci, “Instrumental para el estudio de la Economía Argentina”; Macchi, [Link].
John Kenneth Galbraith, “El Dinero”, Hyspamérica (1976).
Daniel Heymann, “Tres ensayos sobre inflación y políticas de estabilización”; CEPAL, [Link].
Documento 18, 1986.
Julio H.G. Olivera, “La teoría no monetaria de la inflación”; El trimestre económico, México, oct-
dic 1960.
Daniel Pérez Enrri, “Economía en el pensamiento, la realidad y la acción”; Macchi, [Link]. 2000.
O. Sunkel, G. Maynard, D. Seers y [Link], “Inflación y estructura económica”; Paidós, [Link].
1967.

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