La Tierra (del latín terra)[18] es un planeta del sistema
solar que gira alrededor de su estrella —el Sol— en la
tercera órbita más interna. Es el más denso y el quinto mayor de los
ocho planetas del sistema solar. También es el más grande de los
cuatro planetas terrestres o rocosos (planetas interiores).
La Tierra se formó hace aproximadamente 4550 millones de años y
la vida surgió unos mil millones de años después.[19] Es el hogar de
millones de especies, incluidos los seres humanos y actualmente el
único cuerpo astronómico donde se conoce la existencia de vida.[20]
La atmósfera y otras condiciones abióticas han sido alteradas
significativamente por la biosfera del planeta, favoreciendo la
proliferación de organismos aerobios, así como la formación de
una capa de ozono que junto con el campo magnético
terrestre bloquean la radiación solar dañina, permitiendo así la vida en
la Tierra.[21] Las propiedades físicas de la Tierra, la historia geológica y
su órbita han permitido que la vida siga existiendo. Se estima que el
planeta seguirá siendo capaz de sustentar vida durante otros 500
millones de años,[22] ya que según las previsiones actuales, pasado
ese tiempo la creciente luminosidad del Sol terminará causando la
extinción de la biosfera.[23][24][25]
La superficie terrestre o corteza está dividida en varias placas
tectónicas que se deslizan sobre el magma durante periodos de varios
millones de años. La superficie está cubierta por continentes e islas;
estos poseen varios lagos, ríos y otras fuentes de agua, que junto con
los océanos de agua salada que representan cerca del 71 % de la
superficie constituyen la hidrósfera. No se conoce ningún otro planeta
con este equilibrio de agua líquida,[nota 6] que es indispensable para
cualquier tipo de vida conocida. Los polos de la Tierra están cubiertos
en su mayoría de hielo sólido (indlandsis de la Antártida) o
de banquisas (casquete polar ártico). El interior del
planeta es geológicamente activo, con una gruesa capa
de manto relativamente sólido, un núcleo externo líquido que genera un
campo magnético, y un sólido núcleo interior compuesto por
aproximadamente un 88 % de hierro.[27]
La Tierra interactúa gravitatoriamente con otros objetos en el espacio,
especialmente el Sol y la Luna. En la actualidad, la Tierra completa una
órbita alrededor del Sol cada vez que realiza 366.26 giros sobre su eje,
lo cual es equivalente a 365.26 días solares o un año sideral.[nota 7] El
eje de rotación de la Tierra se encuentra inclinado 23.4° con respecto a
la perpendicular a su plano orbital, lo que produce las variaciones
estacionales en la superficie del planeta con un período de un año
tropical (365.24 días solares).[28] La Tierra posee un único satélite
natural, la Luna, que comenzó a orbitar la Tierra hace 4530 millones de
años; esta produce las mareas, estabiliza la inclinación del eje terrestre
y reduce gradualmente la velocidad de rotación del planeta. Hace
aproximadamente 3800 a 4100 millones de años, durante el
llamado bombardeo intenso tardío, numerosos asteroides impactaron
en la Tierra, causando significativos cambios en la mayor parte de su
superficie.
Tanto los minerales del planeta como los productos de
la biosfera aportan recursos que se utilizan para sostener a la población
humana mundial. Sus habitantes están agrupados en unos 200 estados
soberanos independientes, que interactúan a través de la diplomacia,
los viajes, el comercio y la acción militar. Las culturas humanas han
desarrollado muchas ideas sobre el planeta, incluida la personificación
de una deidad, la creencia en una Tierra plana o en la Tierra como
centro del universo, y una perspectiva moderna del mundo como
un entorno integrado que requiere administración.
Eponimia y etimología
El nombre del planeta Tierra se diferencia del de otros planetas del
sistema solar porque no proviene de la mitología grecorromana de
manos de autores griegos o romanos. El término latino «terra» significa
literalmente ‘suelo’ o ‘tierra firme’ y de ahí deriva la palabra en español.
«La Tierra» también se usa como sinónimo intercambiable por
«mundo», «globo» y «planeta».[18] En la Antigüedad la palabra ‘tierra’
se usaba indistintamente para referirse al suelo, a la tierra como uno de
los cuatro elementos, así como al mundo habitado, sin distinción clara
entre ambos.[29]
Durante la Edad Media y hasta el Renacimiento, hay textos en latín que
usan terra para referirse al mundo habitable y al orbe terrestre. En el
tratado De sphaera mundi (~1230) de Johannes de Sacrobosco se
refiere a “orbis” al ámbito de la tierra (o mundo terrestre) como esfera.
Textos como Cosmographia de Bernardo Silvestre o los geógrafos
medievales usaban “orbis terrarum” (círculo de las tierras) para referirse
al mundo. En De revolutionibus orbium coelestium (Copérnico, 1543),
en latín, aparecen frases como “terra quoque sphaerica sit” («que la
Tierra también sea esférica»); Copérnico presentó el Sol como centro y
situó la Tierra como uno de los planetas.[30] En los trabajos de Kepler,
en obras como Epitome Astronomiae Copernicanae, también aparece
“Terra” en contextos genéricos (“in Terra” o “Terra et Luna”).
Pero fue Valentín Naboth (o Valentinus Nabodus), un astrónomo y
matemático del siglo xvi, en su obra Primae de coelo et terra
institutiones (1573), quien asoció la Tierra con la diosa
romana Terra o Tellus. Se trata de una costumbre renacentista de
armonizar conocimiento científico con la mitología clásica:
«La Tierra, llamada en latín Terra o Tellus, es la madre fértil
que sostiene todas las criaturas; por eso la designamos
con el nombre de la antigua diosa que los romanos
veneraban como la dadora de vida y la cuidadora del
suelo».[31]
Cronología
Artículos principales: Historia de la Tierra y Edad de la Tierra.
Los científicos han podido reconstruir información detallada sobre el
pasado de la Tierra. Según estos estudios el material más antiguo
del sistema solar se formó hace 4567.2 ± 0.6 millones de años,[32] y en
torno a unos 4550 millones de años atrás (con una incertidumbre del
1 %)[19] se habían formado ya la Tierra y los otros planetas del sistema
solar a partir de la nebulosa solar, una masa en forma de disco
compuesta del polvo y gas remanente de la formación del Sol. Este
proceso de formación de la Tierra a través de la acreción tuvo lugar
mayoritariamente en un plazo de 10-20 millones de años.[33] La capa
exterior del planeta, inicialmente fundida, se enfrió hasta formar una
corteza sólida cuando el agua comenzó a acumularse en la atmósfera.
La Luna se formó poco antes, hace unos 4530 millones de años.[34]
Representación gráfica de la teoría del gran
impacto.
El actual modelo consensuado[35] sobre la formación de la Luna es
la teoría del gran impacto, que postula que la Luna se creó cuando un
objeto del tamaño de Marte, con cerca del 10 % de la masa de la Tierra,
[36] impactó tangencialmente contra esta.[37] En este modelo, parte de
la masa de este cuerpo podría haberse fusionado con la Tierra,
mientras otra parte habría sido expulsada al espacio, proporcionando
suficiente material en órbita como para desencadenar nuevamente un
proceso de aglutinamiento por fuerzas gravitatorias, y formando así la
Luna.
La desgasificación de la corteza y la actividad volcánica produjeron la
atmósfera primordial de la Tierra. La condensación de vapor de agua,
junto con el hielo y el agua líquida aportada por los asteroides y
por protoplanetas, cometas y objetos transneptunianos, produjeron
los océanos.[38] El recién formado Sol solo tenía el 70 % de
su luminosidad actual: sin embargo, existen evidencias que muestran
que los primitivos océanos se mantuvieron en estado líquido; una
contradicción denominada la «paradoja del joven Sol débil», ya que
aparentemente el agua no debería ser capaz de permanecer en ese
estado líquido, sino en el sólido, debido a la poca energía solar recibida.
[39] Sin embargo, una combinación de gases de efecto invernadero y
mayores niveles de actividad solar contribuyeron a elevar la
temperatura de la superficie terrestre, impidiendo así que los océanos
se congelaran.[40] Hace 3500 millones de años se formó el campo
magnético de la Tierra, lo que ayudó a evitar que la atmósfera fuese
arrastrada por el viento solar.[41]
Se han propuesto dos modelos para el crecimiento de los continentes:
[42] el modelo de crecimiento constante,[43] y el modelo de crecimiento
rápido en una fase temprana de la historia de la Tierra.[44] Las
investigaciones actuales sugieren que la segunda opción es más
probable, con un rápido crecimiento inicial de la corteza continental,[45]
seguido de un largo período de estabilidad.[23][nota 8][25] En escalas
de tiempo de cientos de millones de años de duración, la superficie
terrestre ha estado en constante remodelación, formando y
fragmentando continentes. Estos continentes se han desplazado por la
superficie, combinándose en ocasiones para formar un supercontinente.
Hace aproximadamente 750 millones de años (Ma), uno de los primeros
supercontinentes conocidos, Rodinia, comenzó a resquebrajarse. Los
continentes más tarde se recombinaron nuevamente para
formar Pannotia, entre 600 a 540 Ma, y finalmente Pangea, que se
fragmentó hace 180 Ma hasta llegar a la configuración continental
actual.[47]
Evolución de la vida
Historia de la vidaver • discusión • editar-4500 —–-4000 —–-3500 —–-
3000 —–-2500 —–-2000 —–-1500 —–-1000 —–-500 —–0 —AguaVida
unicelularFotosíntesisEucariotasVida
multicelularVida terrestreDinosaurios MamíferosFlores ←Tierra
primitiva (−4540)←Primeras aguas←Vida temprana←Meteoritos
LHB←Primeras evidencias de oxígeno←Oxígeno atmosférico←Gran
Oxidación←Primeras evidencias de reproducción sexual←Biota
ediacárica←Explosión cámbrica←Primeros humanosF
a
n
e
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oH
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c
oPongolanoHuronianoCriogénicoAndinoKarooCuaternarioEscala
vertical: millones de años.
Etiquetas color naranja: eras de hielo conocidas.
Artículo principal: Historia de la vida
La Tierra proporciona el único ejemplo conocido de un entorno que ha
dado lugar a la evolución de la vida.[48] Se presume que procesos
químicos altamente energéticos produjeron una molécula
autorreplicante hace alrededor de 4000 millones de años, y hace entre
3500 y 3800 millones de años existió el último antepasado común
universal.[49] El desarrollo de la fotosíntesis permitió que los seres
vivos recogiesen de forma directa la energía del Sol; el oxígeno
resultante acumulado en la atmósfera formó una capa de ozono (una
forma de oxígeno molecular [O3]) en la atmósfera superior. La
incorporación de células más pequeñas dentro de las más grandes dio
como resultado el desarrollo de las células
complejas llamadas eucariotas.[50] Los verdaderos organismos
multicelulares se formaron cuando las células dentro de colonias se
hicieron cada vez más especializadas. La vida colonizó la superficie de
la Tierra en parte gracias a la absorción de la radiación ultravioleta por
parte de la capa de ozono.[51]
En la década de 1960 surgió una hipótesis que afirmaba que durante el
período Neoproterozoico, desde 750 hasta los 580 Ma, se produjo una
intensa glaciación en la que gran parte del planeta fue cubierto por una
capa de hielo. Esta hipótesis ha sido denominada la «Glaciación
global», y es de particular interés, ya que este suceso precedió a la
llamada explosión del Cámbrico, en la que las formas de vida
multicelulares comenzaron a proliferar.[52]
Tras la explosión del Cámbrico, hace unos 535 Ma se han producido
cinco extinciones en masa.[53] De ellas, el evento más reciente ocurrió
hace 65 Ma, cuando el impacto de un asteroide provocó la extinción de
los dinosaurios no aviarios, así como de otros grandes reptiles,
sobreviviendo algunos pequeños animales como los mamíferos, que por
aquel entonces eran similares a las actuales musarañas. Durante los
últimos 65 millones de años los mamíferos se diversificaron, hasta que
hace varios millones de años, un animal africano con aspecto de simio
conocido como el Orrorin tugenensis adquirió la capacidad de
mantenerse en pie.[54] Esto le permitió utilizar herramientas y favoreció
su capacidad de comunicación, proporcionando la nutrición y la
estimulación necesarias para desarrollar un cerebro más grande, y
permitiendo así la evolución de la especie humana. El desarrollo de la
agricultura y de la civilización permitió a los humanos alterar la Tierra en
un corto espacio de tiempo como no lo había hecho ninguna otra
especie,[55] afectando tanto a la naturaleza como a la diversidad y
cantidad de formas de vida.
El presente patrón de edades de hielo comenzó hace alrededor de 40
Ma y luego se intensificó durante el Pleistoceno, hace alrededor de 3
Ma. Desde entonces las regiones en latitudes altas han sido objeto de
repetidos ciclos de glaciación y deshielo, en ciclos de 40 000-
100 000 años. La última glaciación continental terminó hace
10 000 años.[56]
Véase también: Anexo:Cronología de la historia evolutiva de la vida
Futuro
Artículo principal: Futuro de la Tierra
Ciclo de la vida solar.
El futuro del planeta está estrechamente ligado al del Sol. Como
resultado de la acumulación constante de helio en el núcleo del Sol,
la luminosidad total de la estrella irá poco a poco en aumento. La
luminosidad del Sol crecerá en un 10 % en los próximos 1.1 Ga
(1100 millones de años) y en un 40 % en los próximos 3.5 Ga.[57] Los
modelos climáticos indican que el aumento de la radiación podría tener
consecuencias nefastas en la Tierra, incluyendo la pérdida de
los océanos del planeta.[58]
Se espera que la Tierra sea habitable por alrededor de otros
500 millones de años a partir de este momento,[22] aunque este
período podría extenderse hasta 2300 millones de años si se elimina el
nitrógeno de la atmósfera.[59] El aumento de temperatura en la
superficie terrestre acelerará el ciclo del CO2 inorgánico, lo que reducirá
su concentración hasta niveles letalmente bajos para las plantas
(10 ppm para la fotosíntesis C4) dentro de aproximadamente 500[22] a
900 millones de años. La falta de vegetación resultará en la pérdida de
oxígeno en la atmósfera, lo que provocará la extinción de la vida animal
a lo largo de varios millones de años más.[60] Después de otros mil
millones de años, todas las aguas superficiales habrán
desaparecido[61] y la temperatura media global alcanzará los 70 °C.[60]
Incluso si el Sol fuese eterno y estable, el continuo enfriamiento interior
de la Tierra se traduciría en una gran pérdida de CO2 debido a la
reducción de la actividad volcánica,[62] y el 35 % del agua de los
océanos podría descender hasta el manto debido a la disminución del
vapor de ventilación en las dorsales oceánicas.[63]
El Sol, siguiendo su evolución natural, se convertirá en una gigante
roja en unos 5 Ga. Los modelos predicen que el Sol se expandirá hasta
unas 250 veces su tamaño actual, alcanzando un radio cercano a
1 UA (unos 150 millones de kilómetros).[57][64] El destino que sufrirá la
Tierra entonces no está claro. Siendo una gigante roja, el Sol perderá
aproximadamente el 30 % de su masa, por lo que sin los efectos de
las mareas, la Tierra se moverá a una órbita de 1.7 UA (unos
250 millones de kilómetros) del Sol cuando la estrella alcance su radio
máximo. Por lo tanto se espera que el planeta escape inicialmente de
ser envuelto por la tenue atmósfera exterior expandida del Sol. Aun así,
cualquier forma de vida restante sería destruida por el aumento de la
luminosidad del Sol (alcanzando un máximo de cerca de 5000 veces su
nivel actual).[57] Sin embargo, una simulación realizada en 2008 indica
que la órbita de la Tierra decaerá debido a los efectos de marea y
arrastre, ocasionando que el planeta penetre en la atmósfera estelar y
se vaporice.[64]
Véase también: Extinción humana
Composición y estructura
Artículo principal: Ciencias de la Tierra
La Tierra es un planeta terrestre, lo que significa que es un cuerpo
rocoso y no un gigante gaseoso como Júpiter. Es el más grande de los
cuatro planetas terrestres del sistema solar en tamaño y masa, y
también es el que tiene la mayor densidad, la mayor gravedad
superficial, el campo magnético más fuerte y la rotación más rápida de
los cuatro.[65] También es el único planeta terrestre con placas
tectónicas activas.[66] El movimiento de estas placas produce que la
superficie terrestre esté en constante cambio, siendo responsables de la
formación de montañas, de la sismicidad y del vulcanismo. El ciclo de
estas placas también juega un papel preponderante en la regulación de
la temperatura terrestre, contribuyendo al reciclaje de gases con efecto
invernadero, como el dióxido de carbono, por medio de la renovación
permanente de los fondos oceánicos.[67]
Forma
Comparación de tamaño de los planetas
interiores (de izquierda a derecha): Mercurio, Venus, Tierra y [Link]ículo
principal: Historia de la geodesia
La forma de la Tierra es muy parecida a la de un geoide o esferoide
oblato, una esfera achatada por los polos, que resulta en
un abultamiento alrededor del ecuador.[68] Este abultamiento está
causado por la rotación de la Tierra, y ocasiona que el diámetro en el
ecuador sea 43 km más largo que el diámetro de un polo a otro.[69]
Hace aproximadamente 22 000 años la Tierra tenía una forma más
esférica, la mayor parte del hemisferio norte se encontraba cubierta por
hielo, y a medida que el hielo se derretía causaba una menor presión en
la superficie terrestre en la que se sostenía, lo que produjo una especie
de «rebote».[70] Este fenómeno siguió ocurriendo hasta mediados de la
década de 1990, cuando los científicos se percataron de que el proceso
se había invertido, es decir, el abultamiento aumentaba.[71] Las
observaciones del satélite GRACE muestran que, al menos desde 2002,
la pérdida de hielo de Groenlandia y de la Antártida ha sido la principal
responsable de esta tendencia.
Volcán Chimborazo, el punto terrestre más
alejado del centro de la Tierra.
La topografía local se desvía de este esferoide idealizado, aunque las
diferencias a escala global son muy pequeñas: la Tierra tiene una
desviación de aproximadamente una parte entre 584, o el 0.17 %,
desde el esferoide de referencia, que es menor que la tolerancia del
0.22 % permitida en las bolas de billar.[72] Las mayores desviaciones
locales en la superficie rocosa de la Tierra son el monte
Everest (8 848 m sobre el nivel local del mar) y el abismo Challenger, al
sur de la fosa de las Marianas (10 911 m bajo el nivel local del mar).
Debido a la protuberancia ecuatorial, el punto terrestre más alejado del
centro de la Tierra es el volcán Chimborazo en Ecuador.[73][74][75]
La primera idea de que la forma de la Tierra se aproxima a la de
un elipsoide se debe a Pierre Louis Maupertuis, en el siglo xviii . Las
ideas antiguas sobre la forma de la Tierra sostenían que la Tierra era
plana. Así, por ejemplo, en la antigua Mesopotamia, donde el mundo
era visto como un disco rodeado por el océano, más allá del cual se
levantaban los pilares de un cielo esférico.[76] También se veía así en
la cosmología bíblica, tal como aparece en libro de Isaías.[77][78] Más
adelante surgió el concepto de la Tierra esférica como materia de
especulación filosófica hasta el siglo III a. C., cuando la astronomía
helenística estableció como un hecho, gracias sobre todo a la medición
empírica de Eratóstenes. El paradigma helenístico fue gradualmente
adoptado en el Viejo Mundo durante la Antigüedad y la Edad Media.[79]
[80][81][82] Una demostración práctica de la esfericidad de la Tierra fue
llevada a cabo por Fernando de Magallanes y Juan Sebastián
Elcano en su expedición de circunnavegación del mundo.[83]
Para un artículo más detallado sobre las pruebas que demuestran la esfericidad
de la Tierra, véase Evidencias empíricas de la forma esférica de la Tierra.
Tamaño
La circunferencia en el ecuador es de 40 091 km. El diámetro en
el ecuador es de 12 756 km y en los polos de 12 730 km.[84] El
diámetro medio de referencia para el esferoide es de unos 12 742 km,
que es aproximadamente 40 000 km/π, ya que el metro se definió
originalmente como la diezmillonésima parte de la distancia desde el
ecuador hasta el Polo Norte por París, Francia.[85]
Estimaciones del tamaño de la Tierra aparecieron desde los tiempos
de Aristóteles.[86] La primera medición fue hecha por Eratóstenes, el
240 a. C. En esa época se aceptaba que la Tierra era esférica.
Eratóstenes calculó el tamaño de la Tierra midiendo el ángulo con que
alumbraba el Sol en el solsticio, tanto en Alejandría como en Siena,
distante 750 km. El tamaño que obtuvo fue de un diámetro de 12 000
km y una circunferencia de 40 000 km,[87] es decir, con un error de solo
el 6 % respecto a los datos actuales. Posteriormente Posidonio de
Apamea repitió las mediciones en el año 100 a. C., obteniendo el dato
de 29 000 km para la circunferencia, considerablemente más impreciso
respecto a los datos actuales. Este último valor fue el que
aceptó Ptolomeo, por lo que prevaleció ese valor en los siglos
siguientes.[87]
Por la Edad Media el astrónomo islámico Al-Biruni utilizó un nuevo
método para computar la circunferencia terráquea, obteniendo un valor
cercano a los valores modernos.[88] En contraste con sus
predecesores, Al-Biruni desarrolló un nuevo método utilizando
cálculos trigonométricos basado en el ángulo formado entre un plano y
la cima de una montaña, con lo que obtuvo mejores mediciones de la
circunferencia terrestre e hizo posible el realizar esta medición desde un
solo lugar, por una sola persona.[89][90] Desde la cima, divisó el ángulo
con el horizonte, lo cual, junto con la altura de la montaña (que había
calculado previamente), le permitió calcular la curvatura de la Tierra.[91]
[92] También hizo uso del álgebra para formular ecuaciones
trigonométricas y utilizó el astrolabio para medir ángulos.[93]
Composición química de la corteza[94]
Compuesto Fórmul Composición
Continent Oceánic
a
al a
sílice SiO2 60.2 % 48.6 %
alúmina Al2O3 15.2 % 16.5 %
cal CaO 5.5 % 12.3 %
magnesio MgO 3.1 % 6.8 %
óxido de hierro
FeO 3.8 % 6.2 %
(II)
óxido de sodio Na2O 3.0 % 2.6 %
óxido de potasio K2O 2.8 % 0.4 %
óxido de hierro
Fe2O3 2.5 % 2.3 %
(III)
agua H2O 1.4 % 1.1 %
dióxido de
CO2 1.2 % 1.4 %
carbono
óxido de titanio TiO2 0.7 % 1.4 %
óxido de fósforo P2O5 0.2 % 0.3 %
Total 99.6 % 99.9 %
Composición química
La masa de la Tierra es aproximadamente de 5.98 × 1024 kg. Se
compone principalmente de hierro (32.1 %), oxígeno
(30.1 %), silicio (15.1 %), magnesio (13.9 %), azufre (2.9 %), níquel (1.8
%), calcio (1.5 %) y aluminio (1.4 %), con el 1.2 % restante formado por
pequeñas cantidades de otros elementos. Debido a la segregación de
masa, se cree que la zona del núcleo está compuesta principalmente de
hierro (88.8 %), con pequeñas cantidades de níquel (5.8 %), azufre
(4.5 %), y menos del 1 % formado por trazas de otros elementos.[95]
El geoquímico F. W. Clarke (1847-1931), llamado «el padre de la
geoquímica por haber determinado la composición de la corteza de la
Tierra», calculó que un poco más del 47 % de la corteza terrestre se
compone de oxígeno. Los componentes de las rocas más comunes de
la corteza de la Tierra son casi todos los óxidos. Cloro, azufre y flúor
son las únicas excepciones significativas, y su presencia total en
cualquier roca es generalmente mucho menor del 1 %. Los principales
óxidos son sílice, alúmina, óxido de hierro, de calcio, de magnesio,
potasio a y sodio. La sílice actúa principalmente como un ácido,
formando silicatos, y los minerales más comunes de las rocas ígneas
son de esta naturaleza. A partir de un cálculo sobre la base de
1672 análisis de todo tipo de rocas, Clarke dedujo que un 99.22 % de
las rocas están compuestas por 11 óxidos (véase el cuadro a la
derecha). Todos los demás compuestos aparecen solamente en
cantidades muy pequeñas.[96]
Véase también: Abundancia de los elementos en la Tierra
Estructura interna
Artículo principal: Estructura de la Tierra
El interior de la Tierra, al igual que el de los otros planetas terrestres,
está dividido en capas según su composición química o sus
propiedades físicas (reológicas), pero, a diferencia de los otros planetas
terrestres, tiene un núcleo interno y externo distintos. Su capa externa
es una corteza de silicato sólido, químicamente diferenciado, bajo la
cual se encuentra un manto sólido de alta viscosidad. La corteza está
separada del manto por la discontinuidad de Mohorovičić, variando el
espesor de la misma desde un promedio de 6 km en los océanos a
entre 30 y 50 km en los continentes. La corteza y la parte superior fría y
rígida del manto superior se conocen comúnmente como la litosfera, y
es de la litosfera de lo que están compuestas las placas tectónicas.
Debajo de la litosfera se encuentra la astenosfera, una capa de
relativamente baja viscosidad sobre la que flota la litosfera. Dentro del
manto, entre los 410 y 660 km bajo la superficie, se producen
importantes cambios en la estructura cristalina. Estos cambios generan
una zona de transición que separa la parte superior e inferior del manto.
Bajo el manto se encuentra un núcleo externo líquido de viscosidad
extremadamente baja, descansando sobre un núcleo interno sólido.[97]
El núcleo interno puede girar con una velocidad angular ligeramente
superior que el resto del planeta, avanzando de 0.1 a 0.5° por año.[98]
Capas geológicas de la Tierra[99]