Términos y definiciones
Leidy Tatiana Morales Herrera cc:1113979595. 18/11/2025
1) Presbicia: Pérdida gradual de la capacidad de los ojos para
enfocar objetos cercanos. Es una parte natural del envejecimiento
ocular: el cristalino (lente interno del ojo) se endurece con la edad,
reduciendo la acomodación visual. Suele notarse a partir de los
40–45 años, obligando a alejar los textos para ver con claridad.
2) Foria: Desviación latente de los ejes visuales. Es un tipo de
estrabismo en el que los ojos tienden a desviarse cuando se cubre
uno de ellos; normalmente el cerebro corrige esta alineación
anómala cuando ambos ojos están abiertos. Las forias no son
evidentes a simple vista y a menudo no causan síntomas, ya que
la visión binocular suele mantenerse normal.
3) Tropia: Desviación manifiesta de los ejes visuales. Es un
estrabismo visible en el que uno o ambos ojos están desalineados
de forma permanente con respecto al otro. A diferencia de la foria,
la tropia sí se observa con los dos ojos abiertos y puede provocar
visión doble o pérdida de la percepción de profundidad si no se
corrige.
4) Discoria: Anomalía en la forma o reactividad de la pupila. Se
refiere a cualquier alteración en la pupila ocular que hace que no
sea perfectamente circular o que reaccione de manera irregular a
la luz. Suele indicar daño en el iris (por ejemplo por traumatismo o
cirugías oculares) y requiere evaluación oftalmológica para
determinar la causa.
5) Ptosis palpebral: Caída o descenso del párpado superior
(también llamada blefaroptosis). Suele producirse por debilidad o
lesión del músculo elevador del párpado o de su inervación
nerviosa (III par craneal). La ptosis puede afectar la visión (al tapar
la pupila) y en adultos se asocia al envejecimiento de los tejidos;
en niños suele ser congénita.
6) Disfagia: Dificultad para tragar alimentos, líquidos o saliva. Es un
síntoma que indica alteración en el proceso de deglución, ya sea
en la boca, faringe o esófago. La disfagia puede deberse a
problemas estructurales (estenosis, tumor), neuromusculares
(derrame cerebral, Parkinson) o inflamatorios (esofagitis), y suele
manifestarse con sensación de que la comida se “queda
atascada”.
7) Odinofagia: Dolor al tragar. Es la percepción dolorosa durante la
deglución, tanto de sólidos como líquidos, y suele indicar
inflamación o lesión en la garganta (faringe o esófago) o zonas
adyacentes. Las causas comunes incluyen faringitis (viral o
bacteriana), esofagitis por reflujo o úlceras esofágicas. A diferencia
de la disfagia (dificultad al tragar), la odinofagia enfatiza el dolor
asociado.
8) Xerostomía: Sensación de boca seca debida a disminución de
saliva. Esta condición resulta de una producción insuficiente de
saliva por las glándulas salivales. Puede originarse por uso de
ciertos fármacos (antihistamínicos, antidepresivos, etc.),
envejecimiento natural de las glándulas, enfermedades sistémicas
(síndrome de Sjögren, diabetes) o radioterapia en cabeza y cuello.
La xerostomía aumenta el riesgo de caries, infecciones orales y
dificulta hablar y tragar.
9) Sialorrea: Producción excesiva de saliva. También llamada
hipersalivación o ptialismo, es la incapacidad de contener la saliva
en la boca, provocando babeo o goteo permanente. Suele ser
secundaria a condiciones neurológicas (parálisis cerebral,
Parkinson, accidente cerebrovascular) que afectan la deglución, o
a estímulos locales (irritación, dentición en bebés). A veces
también aparece por reflujo gástrico o infecciones bucales
10) Halitosis: Mal aliento persistente. Se trata de un olor
desagradable proveniente de la boca o nariz. Las causas más
frecuentes son la acumulación de bacterias en la lengua o encías
(mala higiene oral), infecciones bucales (gingivitis, periodontitis),
caries o xerostomía (boca seca). También puede deberse a
problemas digestivos (reflujo, úlceras), tabaquismo o
enfermedades s
istémicas (diabetes, insuficiencia hepática) que producen
compuestos olorosos.
11) Anosmia: Pérdida total del sentido del olfato. El paciente
deja de percibir olores de forma temporal o permanente, lo que
afecta además el sentido del gusto. La anosmia puede originarse
en la nariz (obstrucción por pólipos, rinitis crónica) o más atrás
(daño en el nervio olfatorio o en el cerebro). Es un síntoma
relevante en infecciones virales (por ejemplo COVID-19),
traumatismos craneales o enfermedades neurodegenerativas.
12) Epistaxis: Sangrado nasal. Es la hemorragia proveniente de
las fosas nasales o cavidad nasal. Puede variar desde unas gotas
hasta un sangrado abundante. Las causas comunes incluyen
trauma o irritación de la mucosa nasal (hurgarse la nariz, golpes,
aire seco), hipertensión arterial o trastornos de coagulación. Las
hemorragias nasales suelen originarse en el tabique anterior (área
de Kiesselbach) y raramente son graves.
13) Rinorrea: Secreción nasal excesiva (goteo nasal). Es el flujo
de moco líquido o viscoso que drena de la nariz. Suele aparecer en
infecciones respiratorias (resfriado, gripe) o alergias (rinitis
alérgica), cuando las membranas nasales producen moco
abundante para atrapar irritantes. También puede provocarla el
aire frío, irritantes ambientales (humo, químicos) o tomar ciertos
medicamentos. La rinorrea puede ser serosa (clara y líquida) o
más espesa y purulenta si hay infección.
14) Rinoliquia: Fuga de líquido cefalorraquídeo por la nariz. Se
produce cuando el líquido que baña el cerebro y la médula escapa
hacia las fosas nasales. Casi siempre indica una fractura u orificio
en la base del cráneo (por ejemplo en la lámina cribosa del
etmoides) o un defecto óseo/meníngeo. La rinoliquia es grave ya
que puede conducir a infecciones del sistema nervioso central y
requiere evaluación neuroquirúrgica urgente.
15) Otitis: Infección o inflamación del oído. Puede afectar el oído
externo (p. ej. “oído de nadador”), el oído medio (detrás del
tímpano) o el interno. Se caracteriza por dolor, fiebre o pérdida de
audición dependiendo de la localización. La otitis externa suele
originarse por bacterias o hongos en el conducto auditivo,
mientras que la otitis media es común tras infecciones
respiratorias superiores (resfríos) en niños.
16) Otalgia: Dolor en el oído. Es un síntoma frecuente que
puede deberse a enfermedades del propio oído (otitis
externa/media) o referirse desde estructuras cercanas (dolor
dental, amigdalitis, afecciones de la articulación
temporomandibular). Por ello, ante una otalgia hay que descartar
causas óticas directas y también orales o faríngeas. El tratamiento
depende de la causa identificada.
17) Otorrea: Secreción por el oído. Cualquier líquido que sale
del canal auditivo externo se denomina otorrea. Esta descarga
puede ser serosa (aclarada), seropurulenta o sanguinolenta, y
suele indicar infección o perforación timpánica. Las causas
incluyen otitis media supurativas, traumatismos en el oído,
presencia de cuerpos extraños o lesiones crónicas (como
colesteatoma). La otorrea continua requiere evaluación
otorrinolaringológica para tratar la causa.
18) Tinnitus: Percepción de ruidos o zumbidos en los oídos sin
estímulo externo. También llamado acúfeno, el tinnitus consiste en
escuchar sonidos (p. ej. silbidos, pitidos, zumbidos) que solo el
paciente percibe. No es una enfermedad por sí mismo, sino un
síntoma común de diversas afecciones: exposición a ruidos
fuertes, pérdida auditiva, infecciones del oído, estrés o
enfermedades cardiovasculares. Aunque en muchos casos se
tolera bien, puede interferir con la calidad de vida si es intenso o
persistente.
19) Algiacusia: Dolor auditivo por sonidos normales. Es un tipo
de hiperacusia en la que hay hipersensibilidad extrema al sonido:
los ruidos cotidianos se perciben con tal intensidad que resultan
incómodos o incluso dolorosos. Este trastorno puede ir
acompañado de tinnitus, vértigos o dolor de oídos. Suele asociarse
a traumatismos craneales, enfermedades neurológicas o
exposición prolongada a ruidos muy fuertes.