Diagnóstico
En el grupo de tercer grado de la escuela Carlos A. Carrillo, el maestro aplicó un
examen de diagnóstico la primer semana del ciclo escolar, el cual estaba basado
en los cuatro campos formativos: Lenguajes, Saberes y Pensamiento Científico,
Ética, Naturaleza y Sociedades, y De lo Humano y lo Comunitario. Aunque el
examen proporcionó información relevante sobre el desempeño académico de
los estudiantes, no arrojó datos específicos sobre la indisciplina en el aula.
Para complementar esta evaluación, observé el comportamiento de los
estudiantes durante las actividades cotidianas, tomando nota de situaciones de
indisciplina que interrumpían el flujo normal de las clases. Algunos de los
comportamientos más recurrentes incluyen interrupciones constantes,
desobediencia a las indicaciones del maestro, y disturbios que afectan el
ambiente de aprendizaje.
A partir de estas observaciones, identifiqué que la indisciplina en el aula parece
estar relacionada con factores como la falta de habilidades socioemocionales, la
influencia del entorno familiar y social, así como dificultades para mantener la
atención durante las actividades académicas. Estos hallazgos sirven como base
para la implementación de estrategias que busquen mejorar la convivencia en el
aula y favorecer un ambiente más propicio para el aprendizaje.
La problematización
La indisciplina escolar es un problema común en muchas instituciones
educativas y puede tener graves repercusiones en el rendimiento académico de
los estudiantes. Conductas disruptivas como hablar fuera de turno, no escuchar
las indicaciones del maestro y generar ruido en el aula afectan tanto el
aprendizaje individual como el colectivo. En México, estudios han revelado que
los estudiantes que enfrentan un ambiente con mayor indisciplina obtienen, en
promedio, menores puntajes en evaluaciones académicas. Por ejemplo, un 25%
de los alumnos reportó que no escuchan lo que el maestro les dice en la mayoría
de las clases, lo que resultó en 18 puntos menos en Lectura (Comisión Nacional
para la Mejora Continua de la Educación, 2020).
Esta realidad también se refleja en la escuela Carlos A. Carrillo, específicamente
en el grupo de tercer grado, donde la indisciplina es un obstáculo recurrente que
interfiere con el desarrollo de las actividades académicas. Las causas principales
de esta situación son la poca supervisión por parte de los padres, problemas
familiares, dificultades de aprendizaje, falta de habilidades socioemocionales y
la influencia negativa del entorno social. Estos factores agravan la situación
dentro del aula, dificultando la creación de un ambiente propicio para el
aprendizaje.
Si estas causas no se atienden de manera oportuna, los efectos pueden ser
graves. Los estudiantes corren el riesgo de reprobación, el incremento de
conductas disruptivas, conflictos con compañeros y maestros, y un mayor riesgo
de abandono escolar.
Para abordar la problemática de la indisciplina, implementaré estrategias que
permitan mejorar la dinámica en el aula y fomentar un ambiente de respeto.
Estableceré reglas claras junto con los alumnos y aplicaré refuerzos positivos
para reconocer y motivar el buen comportamiento. Además, promoveré
actividades enfocadas en el desarrollo de habilidades socioemocionales,
ayudándolos a gestionar sus emociones y a resolver conflictos de manera
efectiva.
Al trabajar directamente con los estudiantes, buscaré identificar las causas
detrás de sus comportamientos y aplicar intervenciones personalizadas que
favorezcan tanto su desarrollo académico como personal. Asimismo, la
comunicación con los padres será clave para asegurar un enfoque colaborativo
en la mejora del comportamiento de los niños dentro y fuera del aula.