Capitulo 03
Capitulo 03
Capítulo 3
El núcleo atómico
Contenido:
1. Radiactividad natural
2. Clases de radiación
3. Transmutaciones radiactivas
4. Período de semidesintegración
5. Familias radiactivas
6. Equilibrio radiactivo
7. La serie del neptunio
8. Isótopos radiactivos ligeros
9. Radiactividad artificial
10. Proyectiles nucleares
11. Radiactividad inducida
12. Fusión y fisión
1. Radiactividad natural
Los átomos emiten radiaciones
Se ha explicado ya que los electrones corticales del átomo pueden absorber energía y
cambiar de nivel. En algunos casos la energía absorbida puede ser lo suficientemente grande
como para permitir que un electrón realice un “salto definitivo” y escape de la atracción del
núcleo. El resultado será un ion, es decir, un átomo al que falta un electrón.
Los esposos Pierre, en el centro, y Marie Curie, a la derecha, en el Laboratorio del Radio.
En condiciones extremas puede conseguirse que un átomo pierda todos o casi todos sus
electrones, quedando un núcleo aislado. Por consiguiente, los átomos no son indivisibles,
como se creyó durante largo tiempo. Sin embargo, la ionización de un átomo no deja de ser
un fenómeno circunstancial: cualquier átomo ionizado en contacto con la materia no tardará
en obtener nuevos electrones, absorbiéndolos del medio circundante y reconstruyendo su
estructura original. Para dividir definitivamente un átomo es necesario hacer algo más:
romper su núcleo. ¿Es posible?
Válvula de rayos X. Los rayos X emitidos por la lámpara, al alcanzar las paredes de ésta,
producen luz por fluorescencia.
someter una sal de uranio dispuesta sobre una placa fotográfica envuelta en un papel
grueso, a la acción de los rayos solares. Después de un tiempo de exposición conveniente,
examinaba la impresión que dejaban sobre la placa las radiaciones emitidas por la sal, y que
se suponían debidas a la fosforescencia. En un día lluvioso, no adecuado para tales
experimentos, depositó los materiales utilizados en un cajón, a la espera de mejores
condiciones climatológicas; al revelar algunas placas pocos días después descubrió que
estaban parcialmente veladas. El fenómeno ya no podía justificarse como resultado de la
fosforescencia excitada por la luz, dado que ésta no había actuado sobre la sal. Becquerel
realizó entonces pruebas con distintos compuestos de uranio y encontró los mismos
resultados. La única explicación posible era suponer que el uranio, y no sus compuestos,
tiene la propiedad de emitir radiaciones capaces de impresionar placas fotográficas.
Dos años después de este descubrimiento, los esposos Curie hallaron dos nuevos elementos
radiactivos, el polonio y el radio, y se comprobó que la actividad radiactiva de este último
era un millón de veces superior a la del uranio. Actualmente, se sabe que todos los átomos
de los elementos cuyo número atómico, Z, es superior a 83 tienen propiedades radiactivas,
así como algunos isótopos del bismuto (Z = 83), del plomo (Z = 82) y del talio (Z = 81).
2. Clases de radiación
Los cuerpos radiactivos emiten tres tipos distintos de radiación, a los que, por orden
cronológico de descubrimiento, se llamó rayos alfa (α), rayos beta (β) y rayos gamma (γ).
Los tres pueden identificarse por un procedimiento relativamente sencillo: se coloca una
pequeña cantidad de una sustancia radiactiva en el interior de una cavidad profunda
practicada en el interior de un bloque de plomo, y encima de éste, a poca distancia, se
dispone una placa fotográfica; el conjunto se deposita en el interior de una cámara en la que
se ha hecho el vacío para evitar acciones extrañas debidas a la interacción de la radiación
con el aire.
Transcurrido cierto tiempo, se observa que la placa ha quedado velada en una zona cuya
extensión es ligeramente superior a la de la abertura del orificio. Si se repite el experimento
colocando un imán lo bastante potente en la zona que recorren las radiaciones aparecen tres
señales distintas sobre la placa: una de ellas, bastante separada de la zona central,
corresponde a partículas de carga negativa (los rayos (β); otra poco desviada, corresponde
a partículas de carga positiva (rayos α), y finalmente se aprecia una impresión en la zona
central, producida por los rayos γ que corresponde a radiaciones que no han sufrido ninguna
desviación y que, por tanto, carecen de carga eléctrica. La distinta desviación sufrida por los
rayos α y β indica, por otra parte, que la masa de los primeros ha de ser mucho mayor que
la de los segundos.
Las sustancias radiactivas emiten tres tipos de radiaciones que son desviadas en forma
distinta por un campo magnético.
de penetración en la materia. Los rayos α son detenidos por un simple pedazo de papel y en
el aire su recorrido máximo apenas sobrepasa algunos centímetros. Los rayos β pueden
atravesar delgadas láminas de aluminio, de hasta 1 mm aproximadamente, y en el aire
pueden llegar a recorrer hasta 2 m. Los rayos γ son los más penetrantes: su alcance a
través del aire resulta extraordinario, y para detenerlos completamente debe interponérseles
un grueso bloque de plomo que, en algunos casos, ha de tener 22 cm de espesor.
En contraste con la propiedad de penetración, la capacidad ionizadora de estas radiaciones
varía en sentido inverso. Se entiende por poder ionizante la capacidad de una radiación
determinada de arrancar electrones de la corteza de los átomos, convirtiéndolos en iones; se
trata de un fenómeno fácilmente detectable, puesto que un gas ionizado deja de ser
eléctricamente neutro y se convierte en conductor de la electricidad. Pues bien, el poder de
ionización de las partículas α es 100 veces superiora la de las β, y la de éstas, 100 veces
rayos α se relaciona con una masa y un volumen relativamente elevados, que hacen que
tales partículas choquen fácilmente con los átomos que encuentran en su camino; en cada
choque pierden parte de su energía, hasta quedar detenidas o ser absorbidas por algún
núcleo; a su vez, si el choque tiene lugar con los electrones corticales, éstos pueden ser
arrancados del átomo ionizándolos. Las partículas β, mucho más pequeñas, tienen Una
Finalmente, los rayos γ deben ser como sutiles agujas, desprovistas de masa, capaces de
Respecto a esta última conviene hacer una precisión: los rayos β están constituidos por
partículas cuya masa coincide con la del electrón, la mayor parte de ellos son desviados por
los imanes en sentido contrario a los rayos α y γ su carga es negativa e igual a la del
electrón. En algunos casos, tales rayos van acompañados por una componente de partículas
cuya carga eléctrica es positiva; se trata de los positrones, o electrones de carga positiva,
−
descubiertos en 1932. Para distinguir ambas emisiones se representa por β la constituida
+
por electrones y por β la formada por positrones (cuando no se hace esta precisión suele
entenderse por lo general que se habla de la primera emisión).
3. Transmutaciones radiactivas
una partícula α (desintegración α), su carga eléctrica disminuye en dos unidades y, por
tanto, su número atómico disminuye también en dos unidades, mientras que el número
másico en correspondencia a la pérdida de cuatro nucleones, disminuye en cuatro unidades.
Un ejemplo de esta transmutación lo constituye la desintegración del uranio I, el elemento
radiactivo natural más abundante, que es un isótopo del uranio (U) de número másico 238
(92U238); este elemento se transforma, por emisión de una partícula α, en el llamado uranio
X1, que es un isótopo del torio (90Th234), de número másico 234. La masa del uranio
disminuye en cuatro unidades mientras que su carga eléctrica lo hace en dos,
transformándose en el elemento situado dos casillas detrás de aquél en el sistema periódico
de los elementos.
número másico del mismo, mientras que su número atómico aumenta en una unidad,
transformándose el núcleo en el del elemento que le sigue inmediatamente en la
clasificación periódica de los elementos. Este cambio se interpreta como resultado de la
transformación de un neutrón del núcleo en un protón y en un electrón que es expulsado; en
este proceso, la carga eléctrica del núcleo aumenta en una unidad, al quedar retenido el
protón así formado. Por otra parte, el número de nucleones sigue siendo el mismo, lo cual
explica la invariabilidad del número másico. El uranio X1 se desintegra a través de este
proceso, convirtiéndose en uranio X2, isótopo del protactinio, de número másico 234, (91
Pa234); a su vez, este elemento emite también una partícula β, convirtiéndose en uranio II
(92U234), que es un nuevo isótopo del uranio.
energético que tiene lugar a continuación de la emisión de una partícula α o β por parte de
un núcleo.
4. Período de semidesintegración
Se entiende por actividad de una sustancia radiactiva el número de átomos de dicha
sustancia que se desintegran por unidad de tiempo.
años. El radón, que se forma a partir del radio por emisión de una partícula α, tiene un
período de 3,82 días, y el del radio C’, isótopo del polonio (Po214) apenas supera 0,0001 s.
Los conocimientos sobre el comportamiento de las sustancias radiactivas están
prácticamente limitados a estas magnitudes medias; es posible predecir el comportamiento
de un gran conjunto de núcleos pero no el de uno determinado. No existe ningún método
para determinar en qué instante un núcleo se desintegrará. En este sentido conviene
introducir el concepto de vida media o promedio de vida de un átomo aislado, es decir, el
tiempo que, por término medio, tarda en desintegrarse un átomo; el cálculo demuestra que
el período de semidesintegración es igual al producto de 0,693 por la vida media.
Naturalmente, la asignación de un promedio de vida no significa que todos los núcleos
radiactivos tengan la misma duración: algunos se desintegrarán rápidamente, mientras que
otros permanecerán estables durante tiempos muy superiores, de la misma forma que el
promedio de vida de una comunidad humana no implica que todos sus miembros vivan
exactamente el mismo número de años.
5. Familias radiactivas
La edad de la Tierra se calcula en unos 4.500 millones de años, cifra que coincide con el
período de desintegración del uranio 238; por consiguiente, la masa de este núclido
actualmente existente en nuestro planeta será igual a la mitad de la que existía en los
tiempos primitivos, y no puede extrañar que sea relativamente abundante.
y Familias radiactivas del uranio (izquierda), del torio (derecha) y del actinio (abajo). Las
líneas inclinadas corresponden a transmutaciones producidas por emisión de una partícula
α, y las horizontales, a transmutaciones producidas por emisión de una partícula β−.
La cosa cambia con respecto al radio 226 que aun suponiendo que en el protoplaneta
primitivo hubiese grandes proporciones, su masa se habría reducido a la mitad casi 2
millones de veces consecutivas y quedaría una cantidad tan ínfima que sería prácticamente
imposible reconocerlo. La situación se complica más con el radio C’, que debería haber
desaparecido en pocos días. ¿Cómo explicar que tales elementos sigan presentes en los
materiales de la corteza terrestre, aunque sea en pequeñas proporciones?
La respuesta reside en el hecho que el núcleo resultante de una desintegración es a su vez
radiactivo y se desintegra en un tiempo más o menos corto, dando lugar a otro núcleo que
también puede ser inestable. Existen secuencias de núcleos que se transforman
sucesivamente en otros hasta llegar a uno estable que no sufre ya nuevas desintegraciones.
Si el radio Ra226 y el radio C se originan a partir de una serie de transmutaciones que parten
del uranio I no debe extrañar que se encuentren en la naturaleza, al menos mientras exista
suficiente uranio.
Cada una de estas secuencias son las llamadas familias o series radiactivas, de las que se
conocen tres, que incluyen la totalidad de los elementos radiactivos pesados. Cada familia se
inicia en un elemento llamado padre o cabeza de la misma, que, en los tres casos es un
elemento con período de semidesintegración muy grande, lo cual es lógico, puesto que, en
caso contrario, tal elemento ya habría desaparecido.
La serie del uranio tiene su origen en el isótopo 238 del elemento radiactivo del mismo
nombre, y su producto final estable es el radio G, isótopo del plomo (82Pb206). Algunas de las
transmutaciones de esta serie (el paso de uranio I a uranio X1, de éste al uranio X2 y
finalmente a uranio II) ya se han descrito anteriormente. El uranio X2 tiene la particularidad
de presentar dos componentes distintos cuyos períodos de semidesintegración respectivos
son de 68 s y de 6,7 horas, (este último período es el del uranio Z); en 1921, Otto Hahn
probó que representan dos estados energéticos de un mismo núcleo, es decir, dos núcleos
isómeros.
Otra singularidad de la familia la constituye la bifurcación que se presenta en el radio A, el
B, que se transforma en radio C emitiendo una partícula α; el 0,04 % restante emite una
emisión de una partícula β. En el radio C se produce una nueva bifurcación, por idéntico
mecanismo y en las mismas proporciones, que da lugar al radio C’ y al radio C”, los cuales
generan el radio D. Al final de la serie, el radio E da origen a una nueva separación (radio F
y talio) que termina con el radio G. En el primer gráfico se han representado los elementos
de esta familia indicando el período de semidesintegración en cada transformación; cada
corrimiento hacia la izquierda corresponde a la emisión de una partícula α, mientras que los
torio se inicia en el isótopo de este elemento de número másico 232 (90Th232), cuyo período
de semidesintegración, 13.900 millones de años, es el mayor de entre los núcleos pesados.
208
Las transformaciones de esta serie, que termina en el torio D (isótopo del plomo 92Pb ),
son semejantes a las de la del uranio.
Serie radiactiva de tres miembros. A medida que disminuye la sustancia original N1,
aumenta la formada a partir de la misma, N2, y cuando ésta se desintegra aparece la N3.
El número total de átomos permanece constante aunque varíe su especie.
La tercera familia es la del actinio; tiene su origen en el isótopo del uranio de número
másico 235, también llamado actino uranio, núclido de primordial importancia por ser uno
de los empleados en las bombas atómicas. El nombre de la serie se debe al hecho que fue el
actinio el primer elemento identificado en ella, hallándose posteriormente el uranio 235,
cuyo período de semidesintegración es de 710 millones de años y que se encuentra en la
naturaleza mezclado con el uranio 238 en una proporción de 7 por mil. El producto final de
la serie es de nuevo un isótopo del plomo (82Pb207) llamado actinio D.
6. Equilibrio radiactivo
Supóngase que se dispone de una muestra pura de uranio 238. La actividad del mismo,
inicialmente muy débil, aumenta con el tiempo. El fenómeno se debe a que, a medida que el
uranio se desintegra, aparecen nuevos núcleos, como los del radio, cuya actividad es mucho
mayor. Si se separa el radio así producido, la actividad del uranio queda prácticamente
reducida a la inicial y empieza a aumentar de nuevo. Por el contrario, la actividad del radio
resulta extraordinaria pero disminuye con rapidez. Este comportamiento se debe a que el
uranio vuelve a generar radio, mientras que éste, aislado, se desintegra un millón de veces
más rápido que aquél.
En realidad, el fenómeno es más complicado, ya que la serie del uranio contiene 18 núclidos
distintos, y todos ellos están presentes es la muestra (por lo menos mientras la cantidad de
uranio sea lo Suficientemente elevada para que el número de sus núcleos compense su
menor velocidad de desintegración). A medida que transcurre el tiempo, la cantidad de
uranio disminuye, mientras que la del último elemento de la serie, el plomo 206 aumenta. Si
de alguna forma se añade uranio a medida que éste desaparece, puede demostrarse, por
medio del cálculo, que la concentración de todos los elementos de la serie (exceptuando el
último) permanece constante. Es lo que se conoce como equilibrio radiactivo, en el cual los
átomos de un elemento que desaparecen por desintegración son generados por la
desintegración del elemento que le precede en la serie.
La vida media de los padres de cada una de las series es tan grande que, aun considerando
períodos de varios millares de años, la cantidad de los mismos presente en los materiales
terrestres puede considerarse constante. Es decir, la situación de equilibrio radiactivo se
reproduce en la naturaleza, en la cual se encuentran los distintos elementos radiactivos en
proporciones perfectamente definidas de modo independiente del mineral en que sean
identificados.
Este hecho sencillo y fácilmente evidenciable hizo pensar en la posibilidad que existiese una
nueva serie cuyos números másicos respondieran a la relación 4n + 1. Tras el
descubrimiento de los primeros elementos de número atómico superior a 92, los
transuránicos, realizada por McMillan en 1940, y con el desarrollo de nuevas técnicas que
permiten sintetizar dichos elementos a partir de los existentes, se llegó a la identificación de
la hipotética serie.
Su origen conocido es un isótopo del plutonio de número másico 241, (93Pu241), si bien se la
llama serie del neptunio, dado que éste es el núclido de vida media más grande entre los
componentes de ella. El producto final es, en este caso, un isótopo del bismuto, de número
másico 209.
Aunque se ha conseguido detectar pequeñas cantidades de neptunio y plutonio en algunos
minerales, no ha de extrañar el que esta serie fuese descubierta muy recientemente, y aun
recurriendo a métodos artificiales. El período de semidesintegración del plutonio 241 es de
sólo 14 años, mientras que el del neptunio es algo superior a los dos millones de años, más
de mil veces inferior al del uranio 238 y casi diez mil veces inferior al del torio.
Todos ellos se desintegran por emisión de una partícula β, a excepción del samario (62Sm52),
Los núcleos con un exceso de protones o de neutrones son inestables. Isótopos estables e
inestables del oxígeno izquierda) y del cobalto (derecha).
El núclido resultante de la desintegración es estable en todos los casos, razón por la que los
elementos ligeros no originan familias radiactivas, como sucede con los núcleos radiactivos
pesados. Los períodos de desintegración oscilan entre 100 millones de años y 100 billones
de años, por lo que esos isótopos son los únicos supervivientes, en cantidades apreciables,
del gran número de núcleos radiactivos ligeros que, con toda probabilidad, debieron de
existir en la época de la formación de la Tierra. Constituyen una excepción a esta regla el
tritio (1H3) y el carbono (6C14), cuyas vidas medias son muy cortas y que se generan
continuamente en la atmósfera como resultado del choque de neutrones lentos provenientes
de los rayos cósmicos con los núcleos del nitrógeno del aire.
Cámara de Wilson en la que aparecen las trazas producidas por las partículas α emitidas
por una fuente radiactiva.
9. Radiactividad artificial
Rutherford fabrica átomos
Durante siglos, el sueño de los alquimistas fue conseguir oro a partir de otras sustancias. El
nacimiento de la química demostró lo descabellado del proyecto, y el descubrimiento de los
Aunque las partículas subatómicas sean invisibles se han desarrollado procedimientos que
permiten fotografiar su recorrido.
laboratorio. Se sabe que el recorrido de las partículas α en los gases es como máximo de
muy pocos centímetros. Un procedimiento para comprobarlo puede consistir en encerrar un
emisor radiactivo, como el radio, en una cámara llena de gas, colocando en la misma una
pantalla detectora de tales partículas. Con gases como el oxígeno o el anhídrido carbónico
basta separar 7 cm el emisor de la pantalla para que ésta no sea alcanzada por ninguna
partícula, pero si el gas encerrado es el nitrógeno puede apreciarse que la pantalla detecta
partículas incluso a 40 cm de distancia del radio. Para que esto ocurra, tiene que haber
sucedido “algo” entre las partículas α y el gas nitrógeno. Rutherford descubrió que este
“algo” consistía en que algunas partículas a (una entre cada millón) chocaban con el núcleo
gotitas que forman un rastro visible (traza) a lo largo de su trayectoria. De esta forma,
aunque las partículas α sean invisibles, aun recurriendo a los microscopios más potentes, es
posible ver y fotografiar su recorrido. El choque de una partícula con un núcleo interrumpe
bruscamente su traza, emergiendo de su extremo una estela ligeramente desviada y
alargada, dejada por el protón, y un trazo muy grueso y corto dejado por el nuevo núcleo
que también sale rechazado. La reacción se representa por medio de la fórmula:
Para que las partículas α puedan penetrar en el núcleo es necesario que su energía sea lo
suficientemente elevada como para superar la repulsión que sobre las mismas ejercen las
cargas positivas del núcleo.
Los emisores radiactivos naturales sólo emiten partículas α con determinadas energías,
correspondiendo las mayores a la desintegración del radio C’. Esto motivó que se buscaran
otros proyectiles capaces de romper el núcleo; corrientemente se emplean protones y
deuterones (núcleos de deuterio), ya que ambas panículas, al poseer una carga eléctrica que
Las reacciones típicas producidas por el choque de partículas α con los núcleos son de
diversos tipos, entre ellos la formación de un nuevo núcleo con emisión de un protón y la
formación de un núcleo con emisión de un neutrón. Ejemplo de estas últimas es el proceso
4Be
9
+ α −−> (6C13) --> 6C12
de gran importancia por ser el proceso a partir del cual se confirmó en 1932 la existencia del
neutrón, n. En efecto, durante algún tiempo se creyó que el producto final del proceso era la
penetración de éste en el plomo, así como de la velocidad de rechazo del núcleo de carbono
13, permitieron confirmar la existencia de la nueva partícula.
El bombardeo de núcleos con protones da lugar a reacciones en las que, con el nuevo
3Li
7
+ p --> 4Be8 −−> α + α
o el bombardeo del boro 11, en el que se producen tres partículas α por formarse el 4Be8,
que por ser altamente inestable se desintegra en dos nuevas panículas α que se suman a la
2
1H + n --> (1H3) --> 1H3
1H
2
+ γ --> (1H2) --> p + n
por los esposos Joliot-Curie en 1934, al proyectar partículas α sobre núcleos de boro y
aluminio.
El choque de una partícula a con el boro, por ejemplo, da lugar a la reacción
5B
10
+ α --> (7N14) --> 7N13 + n,
en la cual se genera un isótopo del nitrógeno; la singularidad de este caso reside en que el
nitrógeno así producido es un elemento radiactivo, de período de semidesintegración igual a
10,1 minuto, que se desintegra emitiendo un positrón y generando un isótopo del carbono:
+
7N
13
--> 6C13 + β
Los núcleos que poseen exceso de neutrones tienden a desintegrarse emitiendo una
−
partícula β (electrón), con lo que se aproximan a la zona de estabilidad por conversión de
un neutrón nuclear en un protón. Por el contrario, los núcleos con exceso de protones se
+
desintegran emitiendo una partícula β (positrón), proceso en el cual el número atómico del
Vista superior del reactor termonuclear Tokomat, usado para el estudio de las reacciones
de fusión en plasma.
verdadera ruptura del núcleo, proceso frente al cual las transmutaciones artificiales son casi
insignificantes. Muchos de los núcleos pesados, el uranio 238, el uranio 235, el torio y el
plutonio 239, pueden presentar escisión nuclear; los núcleos resultantes de la misma tienen
números másicos que oscilan entre 70 y 170 aproximadamente, y suelen ser radiactivos por
contener un exceso de neutrones.
Los mecanismos y los productos finales de la fisión pueden ser bastante complejos: un
mismo núcleo puede dar lugar a diferentes pares de núcleos escindidos, y en cada caso el
número de neutrones emitidos puede ser distinto; eventualmente, el núcleo inicial puede
romperse en tres fragmentos en lugar de dos. Asimismo, las condiciones en que se produce
el fenómeno dependen de la energía de los neutrones incidentes: el uranio 238 sólo se
escinde, y muy raramente, por la acción de neutrones rápidos, mientras que en el uranio
235, escindible tanto por la acción de neutrones lentos como por la de neutrones rápidos, la
probabilidad que se escinda bajo la acción de los primeros es 200 veces mayor que para que
lo haga bajo los segundos.
A las reacciones de fisión pueden contraponerse en cierta forma las de fusión, que en
muchos casos llevan aparejada también la producción de una elevada cantidad de energía.
Se entiende por fusión la unión de núclidos o de partículas con núclidos para formar un
núcleo más pesado. Las reacciones en las que tras el bombardeo de una partícula α se
produce la absorción de ésta y se emite un fotón, detectadas por primera vez en 1950,
como la
3Li
7
+ α --> 5B11 + γ