Los Átomos [Link].
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Capítulo 2
La corteza del átomo
Contenido:
1. Emisión y absorción de luz por la materia
2. Naturaleza de la luz
3. Líneas espectrales: una señal de identidad
4. Series espectrales del átomo de hidrógeno
5. Primeros modelos atómicos
6. Experiencias de Geiger y Marsden
7. Modelo atómico de Bohr.
8. Explicación de los espectros
9. Estructura fina del espectro
1. Emisión y absorción de luz por la materia
Todos los sistemas materiales intercambian continuamente energía con el medio
circundante.
Descomposición de la luz blanca en los siete colores del espectro por medio de un prisma.
Este fenómeno no es siempre fácilmente percibido, pero se hace patente cuando la
temperatura de los cuerpos alcanza valores superiores a los 500 °C. En estas condiciones,
tanto los sólidos como los líquidos y los gases tienen la propiedad de emitir luz, es decir, una
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de las formas conocidas de la energía, cuyo análisis reviste gran importancia para el
conocimiento de la estructura de la materia.
Arco iris, meteoro que se produce por efecto de la dispersión de la luz en las pequeñas
gotas de agua en suspensión en la atmósfera.
El fenómeno de la aparición del arco iris después de las tormentas es de todos conocido. El
efecto se debe al paso de la luz a través de las pequeñas gotas de agua en suspensión en la
atmósfera, las cuales producen la dispersión de la luz, es decir, su descomposición en los
distintos colores que la constituyen y que mezclados dan la sensación óptica correspondiente
al color blanco. La descomposición de la luz puede estudiarse fácilmente con el único auxilio
de un prisma de material transparente, como el vidrio o el cristal.
Cuando los rayos luminosos atraviesen un prisma, sufren dos desviaciones consecutivas, al
entrar y al salir del mismo, y se abren en abanico en una sucesión de tonalidades
cromáticas. El fenómeno se debe a que los distintos colores presentes en la luz inicial son
diversamente desviados al atravesar el prisma. El color rojo es el que menos se desvía,
mientras que el violeta tiene máxima desviación; entre ambos, y en una sucesión
continuada, se distribuyen el anaranjado, el amarillo, el verde, el azul y el añil. A este
conjunto de colores se llama espectro de la luz y presenta diversas características, según
cual sea la naturaleza del emisor de luz. Los sólidos y los líquidos incandescentes
proporcionan siempre espectros continuos, Semejantes a los de la luz del Sol, en los cuales
aparecen todos los colores sin ninguna separación entre ellos. La situación cambia cuando la
sustancia que emite es un gas; en este caso, en el espectro aparecen zonas luminosas
separadas por otras oscuras.
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El espectro producido por los átomos de un gas presenta una estructura caracterizada por la
presencia de un número variable de líneas luminosas muy estrechas y claramente separadas
unas de otras (espectro de líneas).
Espectroscopio sencillo, del tipo de los usados para la enseñanza.
Las moléculas gaseosas proporcionan un espectro de bandas, constituido por espacios
luminosos, análogos a los de los espectros continuos, separados por zonas oscuras. Los
instrumentos utilizados para estudiar los espectros de la luz son los espectroscopios y los
espectrómetros.
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Espectros ópticos. Arriba, espectro de la luz solar en el que aparecen líneas de absorción
(líneas de Fraunhofer) y espectro de la luz de una candela; abajo, espectros emitidos por
lámparas de mercurio, en diferentes condiciones.
Cuando estos aparatos son de gran sensibilidad, los espectros de bandas se resuelven en un
gran número de líneas aisladas pero muy próximas unas de otras.
Espectros con bandas de absorción producidas por disoluciones de permanganato potásico
a distintas concentraciones (1, 2 y 3), y por filtros de cristal coloreado (4 y 5).
Simultáneamente a la propiedad de emitir luz, los cuerpos presentan también la propiedad
de absorberla. Cuando un rayo de luz blanca atraviesa una determinada sustancia, se
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observa que en el espectro continuo que le corresponde faltan precisamente las líneas o
bandas que caracterizan al espectro de emisión de la sustancia. Por tanto, se trata de una
situación simétrica.
La perturbación producida en la superficie de un líquido se propaga en todas direcciones por
medio de ondas esférica; a la derecha, movimientos ondulatorios.
Todos los cuerpos, si se les calienta o se les comunica energía por cualquier otro medio,
emiten luz, y a su vez son capaces de absorber, en condiciones normales, luz de idénticas
características que la emitida. Así, los sólidos y los líquidos proporcionan espectros continuos
de absorción mientras que los gases dan espectros de absorción de líneas o bandas, según
que la absorción de luz se deba a los átomos o a las moléculas.
2. Naturaleza de la luz
Imagínese el lanzamiento de una piedra sobre la superficie de un lago o de un estanque. A
partir del punto en que caiga la piedra, se formarán una serie de ondulaciones concéntricas
que se propagan por toda la superficie y que transmiten la perturbación producida en mi
punto de la misma a todo el espacio. Se trata de un tipo especial de movimiento, el llamado
movimiento ondulatorio, del que existen numerosos ejemplos en la naturaleza. Para
caracterizarlo es necesario referirse a la velocidad de propagación del mismo, y también
medir la distancia que separa dos crestas consecutivas, denominada longitud de onda, o el
número de oscilaciones completas que una molécula líquida afectada por el movimiento
realiza en 1 s, que constituye la frecuencia. Si v es la velocidad de propagación, λ la
longitud de onda y η la frecuencia, se verifica siempre la relación
v=λxη
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es decir, el resultado de multiplicar la longitud de onda por la frecuencia da la velocidad de
propagación de la onda.
Otro movimiento oscilatorio
La luz constituye un tipo especial de perturbación que se propaga en forma de ondas, pero
se puede intentar comprenderla pensando en el ejemplo de las ondas en el agua; su
naturaleza es tan peculiar que no está ligada al movimiento de ningún tipo de partículas y
puede propagarse en el vacío.
Espectro electromagnético. Distribución de las radiaciones en función de la longitud de
onda.
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En realidad, está formada por una complicada combinación de campos eléctricos y
magnéticos cuya descripción necesita de un elevado número de conocimientos. A las ondas
del tipo de las de la luz se las llama electromagnéticas y existe una variada gama de ellas,
desde las ondas radiofónicas a los rayos X y los rayos γ (gamma); todas se propagan a una
velocidad de 300.000 km/s y se diferencian únicamente por sus distintas longitudes de onda
y frecuencia.
El efecto fotoeléctrico consiste en la emisión de electrones por una sustancia sometida a un
bombardeo de fotones.
Las ondas de radio tienen longitudes que van desde varios centenares de metros hasta unos
pocos centímetros; les siguen los rayos infrarrojos, comprendidos entre aquéllas y la luz
visible. Cada uno de los colores de la luz corresponde asimismo a una longitud de onda
distinta: el color rojo corresponde a longitudes de onda próximas a 0,00075 mm, mientras
que los valores para el violeta son del orden de 0,0004 mm. A continuación del violeta se
extiende la zona de las radiaciones ultravioletas, a las que siguen los rayos X, cuyas
longitudes de onda son 100-10.000 veces menor que las de la luz. En virtud de la relación
v=λxη
a valores cada vez más pequeños de la longitud de onda corresponde valores mayores de la
frecuencia: los rayos tienen una frecuencia mayor que los X, y éstos mayor que la de la luz,
la cual es superior a la de las ondas de radio.
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La atribución de propiedades ondulatorias a la luz y a las restantes radiaciones
electromagnéticas es extraordinariamente útil, pero resulta insuficiente para explicar todos
los fenómenos a que dan lugar tales radiaciones. Con objeto de explicar el efecto
fotoeléctrico, es decir, la emisión de electrones por la materia cuando se ilumina a ésta con
luz de determinada frecuencia, Einstein, en 1905, estableció la teoría según la cual la luz
está constituida por unos corpúsculos elementales a los que llama fotones. Esta hipótesis es
hoy universalmente aceptada.
Según ella, cada fotón está asociado a una vibración de longitud de onda y frecuencia
perfectamente definidas. Los fotones no tienen masa, pero transportan cierta cantidad de
energía cuyo valor se obtiene mediante el producto de su frecuencia por un número,
representado por el símbolo h, el valor del cual se ha determinado experimentalmente; se
trata de la constante de acción de Planck. La energía, W, de un fotón viene dada, pues, por
la expresión
W=kv
La intensidad de una emisión luminosa depende del número de fotones que contenga,
mientras que su energía es función directa de la frecuencia de éstos. La idealización de las
radiaciones electromagnéticas simultáneamente en forma de ondas y de partículas es un
paso obligado si se pretende entender la naturaleza de la luz a partir de conceptos comunes;
los comportamientos ondulatorio y corpuscular constituyen dos aspectos complementarios
de una misma realidad, que se manifiesta de distinta forma según el tipo de fenómenos que
se producen en la interacción de la radiación con la materia.
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3. Líneas espectrales: una señal de identidad
De la misma forma que cualquier persona puede ser identificada a partir de sus huellas
dactilares, las rayas de los espectros de emisión de los átomos constituyen una señal de
identidad que permite reconocer inequívocamente la presencia de un emisor de luz. Los
átomos de una sustancia cualquiera, en estado gaseoso, cuando son excitados emiten
radiaciones electromagnéticas.
Líneas del espectro de emisión del mercurio.
Por medio de un espectroscopio estas radiaciones originan un espectro de rayas en el que
cada línea corresponde a una longitud de onda, y por tanto a un color definido. En muchos
casos los fotones emitidos tienen frecuencias pertenecientes a la zona del infrarrojo o a la
del ultravioleta, por lo que son invisibles.
La simple inspección óptica no basta, en estas ocasiones, para identificar todas las líneas del
espectro. Para reconocerlas es necesario sustituir el ojo por una placa fotográfica u otro
dispositivo, en la que cada radiación dejará una señal con independencia de su carácter
visible o invisible.
La precisión con que los espectros revelan la presencia de los elementos químicos es
utilizada ampliamente en el análisis de las sustancias. La luz de sodio, por ejemplo, da una
luz de tonalidad amarilla característica de ciertas lámparas utilizadas en el alumbrado
publico, el espectro de emisión pone de manifiesto la existencia, entre otras, de un conjunto
de dos líneas muy próximas, o doblete espectral, de color amarillo y de gran intensidad,
acompañado de otros dos más débiles. Uno de los éxitos más notables del análisis
espectroscópico lo constituyó el descubrimiento, en 1868, de la existencia en la corona solar
de un elemento químico, el helio, que era desconocido en la Tierra, y que sólo
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posteriormente fue identificado en la atmósfera. Técnicas similares han permitido el
reconocimiento de dos elementos químicos presentes en las estrellas y en las atmósferas
planetarias.
Espectros ópticos: de una lámpara eléctrica (1), de la luz solar (2), del oxido de aluminio
(3) y del acero (4). A la derecha, línea amarilla del espectro del mercurio. Abajo, en la parte
inferior, espectro del hidrógeno en el cual las líneas emitidas por los átomos aparecen
superpuestas a las bandas de las moléculas; en el centro, espectro
de líneas del neón; en la parte superior, espectro del xenón a alta presión, en que las líneas
aparecen superpuestas a un espectro continuo.
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4. Series espectrales del átomo de hidrógeno
Del hecho que cada elemento químico tenga un espectro característico deriva el que las
líneas espectrales estén dispuestas con una cierta regularidad que, a su vez, se relaciona
con la estructura del átomo.
Líneas espectrales de la serie de Balmer del átomo de hidrógeno.
En 1885, el físico suizo Balmer, al estudiar las líneas del espectro del hidrógeno en la zona
visible, consiguió deducir una fórmula, que lleva su nombre, y que permite obtener, en
forma sencilla, las longitudes de onda de aquéllas:
1 1 1
= RH − 2
λ 4 n
en donde RH es la llamada constante de Rydberg, cuyo valor ha podido calcularse con gran
precisión; la longitud de onda correspondiente a cada línea se obtiene haciendo que n tome
los valores 3,4,5,6... El conjunto de estas líneas constituye la serie de Balmer. Cuando se
estudió el espectro del hidrógeno en las zonas del infrarrojo y del ultravioleta se encontraron
nuevas series espectrales a las que se dio el nombre de sus descubridores. Las longitudes de
onda de las rayas de tales series se obtienen por medio de una expresión similar a la de
Balmer:
1 1 1
= RH 2 − 2
λ m n
en la que n puede tomar cualquier valor entero mayor que m. Para m = 1, se tiene la serie
de Lyman, en la región del ultravioleta; para m 2, la de Balmer; para m = 3 y m = 4, las
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series de Paschen y Brackett, ambas en la región del infrarrojo, y así sucesivamente para
todas las series.
5. Primeros modelos atómicos
Ya se ha dicho que el átomo está constituido por un núcleo de carga positiva, formado por
protones y neutrones, rodeado por una corteza o envoltura de electrones. El camino seguido
para llegar a esta conclusión fue bastante laborioso. Tras el descubrimiento del electrón y de
los fenómenos radiactivos, Thomson estableció la hipótesis que los átomos consistían en una
esfera de carga eléctrica positiva distribuida uniformemente, en cuyo interior estaban
contenidos los electrones. El número de éstos sería tal que su carga negativa compensaría a
la positiva de la esfera.
Posición relativa de las series espectrales del átomo de hidrógeno.
Según el modelo de Thomson, los electrones pueden emitir energía en forma de luz, pero
del cálculo teórico se desprende que las longitudes de onda de los fotones emitidos han de
abarcar todo el espectro sin ninguna limitación, y resulta imposible justificar la estructura
discontinua de los espectros. Existe, todavía, un segundo inconveniente en este modelo. Si
se bombardea una sustancia cualquiera con partículas α (alfa) se produce una desviación de
éstas en todas direcciones. El fenómeno se explica como consecuencia de las fuerzas de
atracción y repulsión creadas entre la carga positiva de las partículas α y las cargas
negativas y positivas que contiene el átomo. En todas las experimentaciones realizadas se
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observa que algunas de las partículas α sufren desviaciones superiores a 90° respecto de su
dirección de incidencia, es decir, vuelven hacia atrás como rebotadas en los átomos.
El modelo atómico de Bohr permite una interpretación correcta, en primera aproximación,
de las líneas espectrales del átomo de hidrógeno.
La imagen del átomo formulada por Thomson es incapaz de explicar este fenómeno; según
él, la desviación de las partículas α ha de ser siempre muy pequeña.
Desviación de las partículas por un átomo, según el modelo de Thomson (derecha) y el de
Rutherford (izquierda).
Con objeto de resolver esta última dificultad, Rutherford, en 1911, elaboró una teoría
basada en un nuevo modelo atómico, capaz de explicar los efectos observados en tal tipo de
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experimentos. Para ello supuso que en el interior del átomo existe un poderoso campo
eléctrico creado por las cargas positivas, que estarían concentradas en una diminuta región;
es lo que actualmente se llama núcleo del átomo.
Esquemas del dispositivo experimental utilizado por Geiger y Marsden.
El giro del microscopio (a la derecha) permite detectar las partículas alfa dispersadas en
diversas direcciones.
De esta forma, cuando una partícula α se acerca a dicha zona se encuentra sometida a una
fuerza repulsiva muy intensa, cuyo valor es tanto mayor cuanto menor es la distancia a la
que pasa la partícula del núcleo. En cambio, los electrones se hallan alrededor y ocupan en
su movimiento todo el volumen de éste, por lo que su acción resulta muy débil, y puede
considerarse que la desviación de las partículas α al atravesar la materia se debe
únicamente a su interacción con las cargas nucleares.
6. Experiencias de Geiger y Marsden
Las previsiones de Rutherford fueron confirmadas por sus colaboradores Geiger y Marsden.
Para ello dispusieron de un emisor radiactivo, el radón Rn, generador de partículas α, las
cuales, después de pasar a través de un diafragma, incidían sobre una delgada lámina de un
elemento utilizado como dispersor. A continuación de la lámina dispusieron una pantalla de
sulfuro de cinc, sustancia que tiene la propiedad de emitir un destello luminoso cada vez que
una partícula α choca con ella.
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Acoplado a la pantalla por su parte posterior se fijó un microscopio por el que se observaban
los destellos. Todo este sistema estaba encerrado en una caja en la que se había hecho el
vacío para evitar fenómenos secundarios que podrían presentarse como consecuencia del
choque de algunas partículas α con las moléculas del aire.
Tanto el emisor radiactivo como el diafragma y la lámina estaban fijos, en tanto que el
microscopio, y con él la lámina de sulfuro de cinc, podían desplazarse con objeto de detectar
las partículas desviadas en distintas direcciones. En una segunda serie de experiencias se
dejaba fija la posición del microscopio y se variaba la velocidad de las partículas,
intercalando entre el emisor y el diafragma placas de mica u otras sustancias que ejercen
una acción de frenado. En todos los casos los resultados obtenidos confirmaban las
predicciones teóricas realizadas a partir de la teoría nuclear de Rutherford. Poco más tarde,
Geiger, usando un dispositivo experimental más refinado, comprobó que la carga eléctrica
del núcleo coincidía con el número atómico del elemento usado como dispersor. De esta
forma quedó confirmado el modelo atómico que considera al átomo como un núcleo de
carga positiva rodeados por una nube de electrones.
7. Modelo atómico de Bohr
El átomo de Rutherford resuelve parte de los problemas que plantea la estructura atómica.
Con todo, presenta un grave defecto: los electrones en movimiento al- rededor del núcleo
deben emitir, según las previsiones de la teoría electromagnética, energía en forma
continua, disminuyendo por consiguiente su velocidad. De esta forma, a causa de la
atracción ejercida por las cargas nucleares, los electrones se acercarían progresivamente al
núcleo hasta caer sobre él, colapsando al átomo. Además, los espectros de emisión de las
diversas clases de átomos serían continuos y no de líneas, no diferenciándose unos de otros.
Todos estos inconvenientes fueron resueltos por Niels Bohr entre 1913 y 1915 mediante un
nuevo modelo atómico. A pesar que tras el desarrollo de la mecánica cuántica debió ser
corregido y completado, constituye una versión casi definitiva de la organización de la
corteza del átomo, y como tal suele ser explicado a los alumnos de las escuelas medias.
Bohr partió de la idea de Rutherford sobre la existencia de un núcleo atómico y se limitó a
estudiar el movimiento de los electrones en tomo a éste. Para ello, se basó en los datos
obtenidos de los espectros atómicos aplicando leyes admitidas de la física clásica junto con
hipótesis de naturaleza cuántica en los puntos en que aquélla es insuficiente. El modelo se
fundamenta en los postulados que se describen a continuación:
a) Los electrones describen órbitas circulares alrededor del núcleo. De todas las órbitas
imaginables en principio, sólo son posibles algunas de ellas, llamadas estacionarias.
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b) Los electrones en movimiento en una órbita estacionaria no emiten energía,
contrariamente a lo postulado por el electromagnetismo clásico.
c) Cuando un electrón pasa de una órbita a otra emite, o absorbe, un fotón cuya energía es
igual a la diferencia de energías de las órbitas entre las que tiene lugar la transición.
Cada una de las órbitas permitidas por el modelo de Bohr está caracterizada por poseer un
valor definido de la energía de los electrones en la misma, la cual puede expresarse por la
ley
Wn = —K/n2
en la cual K es una constante que depende del número atómico del átomo considerado,
mientras que n puede tomar cualquier valor entero positivo: 1, 2, 3, 4...
Niveles de energía del átomo de hidrógeno. Las líneas del espectro se producen en
transiciones de un nivel a otro.
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De esta forma, cada órbita constituye un nivel de energía del átomo que queda determinado
por medio del número cuántico n. Para n = 1, se tiene el nivel de energía más bajo, llamado
estado fundamental, siguiéndole un orden creciente de energías los niveles n = 2, n = 3,
etc. El comportamiento de los electrones en las órbitas estables se rige por las leyes de la
física clásica, pero no así el paso de los electrones de una órbita a otra.
8. Explicación de los espectros
La naturaleza discreta de los espectros de emisión y de absorción de los átomos es
interpretada, en primera aproximación, por el modelo de Bohr aplicado al átomo de
hidrógeno y con pequeñas correcciones a los átomos hidrogenoides. En efecto, el paso de un
nivel a otro de energía superior sólo puede realizarse si el electrón adquiere, por cualquier
medio, la energía suficiente; por el contrario, el “salto” a un nivel inferior va acompañado de
la emisión de energía en forma de radiación electromagnética. Cuando los átomos son
excitados, es decir, cuando se les comunica alguna forma de energía, sus electrones pueden
absorber parte de la misma y “saltar” a un nivel superior. Debido a su tendencia a ocupar
los niveles de mínima energía, los electrones excitados vuelven espontáneamente en un
tiempo muy corto a su nivel original y, en este proceso, emiten un cuanto de radiación
electromagnética o fotón. Dado que la distribución de los niveles de energía está
predeterminada en cada clase de átomos, y dado que la energía de los fotones emitidos ha
de coincidir con la diferencia de energías entre dos niveles, se comprende fácilmente que la
energía, y con ella la longitud de onda de los fotones, no puede tomar cualquier valor, lo
cual justifica la distribución discreta de las longitudes de onda de la luz u otras radiaciones
detectadas.
Sin embargo, el modelo va más allá de una simple descripción cualitativa, puesto que en el
caso de los átomos más sencillos, el de hidrógeno en particular, permite predecir con
exactitud el valor numérico de las longitudes de onda emitidas. Imagínese un electrón de un
átomo de hidrógeno que pasa de un nivel cualquiera, que llamaremos n, al nivel 2; la
energía del fotón que se emite en esta transición es la diferencia entre Wn y W2, es decir
1 1
k = − 2
4 n
expresión que recuerda la fórmula de Balmer, ya citada anteriormente que puede
reproducirse sin más que sustituir la energía del fotón por su expresión en función de la
longitud de onda. Cada una de las series espectrales del átomo de hidrógeno corresponde a
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transiciones hacia un determinado nivel de energía: las líneas de la serie de Lyman se
originan en transiciones desde cualquier nivel al fundamental (n = 1); las de la serie de
Balmer a transiciones desde niveles superiores al nivel n = 2; las de la serie de Paschen al
nivel 3, y así sucesivamente para todas las series conocidas. Dado que la distancia entre dos
niveles es tanto más pequeña cuanto mayores son los números cuánticos que los
caracterizan, se comprende que las líneas de la serie de Lyman correspondan a fotones de
mayor energía que los de la serie de Balmer, y que los de ésta sean mayores que los de la
de Paschen.
9. Estructura fina del espectro
La idea de Bohr sobre los electrones describiendo órbitas circulares en tomo al núcleo fue
ampliada por Sommerfeld con objeto de incluir órbitas elípticas.
Orbitas elípticas de los electrones alrededor del núcleo atómico.
El camino seguido para obtener este resultado requiere un mecanismo matemático complejo
que escapa al carácter de esta obra.
Con todo, cabe señalar la principal novedad aportada por Sommerfeld, consistente en la
introducción de dos números cuánticos en lugar de uno, como sucede en el modelo de Bohr.
Se trata del número cuántico acimutal, k, y del número cuántico radial, n; ambos pueden
tomar únicamente valores enteros positivos, pudiendo n, valer también cero, y de la relación
entre ellos depende el que las elipses descritas por los Para n = 1, se tiene el nivel de
energía fundamental, en este caso k es igual a 1, n, a cero, y la trayectoria electrónica es
una circunferencia. Para el segundo nivel de energía, n = 2, k puede tomar los valores 2 y 1,
que corresponden, respectivamente, a una circunferencia y a una elipse. Para n = 3, k
puede tener los valores 3, 2 y 1, y la trayectoria del electrón alrededor del núcleo es una
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circunferencia para k = 3, y sendas elipses, una más alargada que la otra, para los restantes
valores.
Por consiguiente, la única novedad introducida por el modelo de Sommerfeld se reduce a
posibilitar diversas trayectorias de los electrones dentro de cada nivel de energía en lugar de
una sola.
El perfeccionamiento técnico de los espectroscopios ha permitido observar que muchas de
las líneas de los espectros que parecían unitarias están constituidas, en realidad, por dos o
más líneas muy próximas entre sí. Se trata de la llamada estructura fina del espectro, la cual
representa una nueva complicación que pone en cuestión la validez de los modelos atómicos
que se acaban de describir.
No obstante, Sommerfeld demostró la posibilidad de modificar su modelo de forma que
incluyese nuevas líneas espectrales. Para ello tuvo en cuenta las previsiones de la teoría de
la relatividad, formulada por Einstein en 1905, según la cual la masa de los cuerpos varía
con la velocidad, y ya no es válido, especialmente cuando esta última es muy grande,
considerarla una magnitud constante, tal como se hace en mecánica clásica.
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Niveles de energía del átomo de hidrógeno, incluyendo la estructura fina. Las líneas
verticales indican las transiciones posibles entre distintos niveles.
Al incluir la corrección relativista de masa en los electrones de la corteza atómica, las órbitas
dejan de cerrarse sobre sí mismas, por lo que la trayectoria de los electrones toma forma de
roseta y su energía viene dada, en este caso, por la fórmula:
K Kα 2 n 3
Wnk = 2 − 4 −
n n k 4
en la cual aparece el número cuántico acimutal k, junto con el principal. Es decir, la energía
del electrón depende a la vez de n y de k; por consiguiente, cada una de las órbitas elípticas
distintas consideradas antes corresponden a valores distintos (aunque muy próximos para
un mismo n) de la energía. Se plantea de esta forma la posibilidad de “saltos” de los
electrones entre un mayor número de órbitas y se justifica la existencia de las preocupantes
líneas descubiertas en la estructura fina de los espectros. Para completar el cuadro falta
todavía la introducción de una regla de selección: los electrones pueden saltar de un nivel de
energía a otro cualquiera, pero en estos saltos el número k sólo puede variar en una unidad.
Esta restricción, en principio de origen empírico, ha de añadirse al modelo para evitar la
aparición de más líneas espectrales de las observadas realmente por medio de los
espectroscopios.
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La teoría de Sommerfeld, que se aplica con buenos resultados al átomo de hidrógeno,
encuentra serias dificultades cuando intenta explicar los espectros de átomos con 2 ó más
electrones, y es incapaz de justificar el desdoblamiento de las líneas del espectro en átomos
sometidos a la acción de un campo magnético (efectos Zeeman y Paschen-Back). Para ello,
hay que recurrir a un nuevo número cuántico, el número cuántico magnético, e introducir la
hipótesis del spin del electrón, efecto especial que puede atribuirse a un movimiento de
rotación del electrón sobre sí mismo.
Las órbitas de los electrones tienen forma de roseta cuando se incluye la corrección de la
masa postulada por la teoría de la relatividad.
En realidad, la correcta descripción de los espectros y, en general, de todos los fenómenos
atómicos, sólo puede conseguirse en el marco de la mecánica cuántica, de la que se tratará
más adelante.
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