LO HACEMOS POR
ELLOS.
C: Este es el lago al que fuimos a jugar con mis primas cuando éramos niños. Ahora está distinto.
(Mira la lejanía.) Entonces tenía la superficie llena de chapopote… Chapopotli le decían los
antiguos. Brincábamos juntos, nuestros pies salpicando. Había espacios donde no existía chapopote
o la capa no era muy gruesa. No sabíamos nada del peligro. Estaba repleto de hierba y una especie
de lirio verdoso… (Pausa) Escuché hablar a mis tíos de unos niños a los que se habían robado con
todo y sus bicicletas. La gente de ahí era extraña. Me daban miedo. Sí… Nos veían feo. Fue en ese
lugar donde mis hermanos y yo aprendimos a nadar, a andar en bicicleta, a competir y a extrañar a
nuestros padres... Ir al lago era una aventura, pues sabíamos que no estaba permitido. Siempre hacia
mucho viento. Siempre jugábamos al atardecer...
A: Sí, leí que antes había muchos lugares así.
C: ¿Lugares así? ¿Antes?
A: Lugares en donde el crudo brotaba como si fuera agua. De una riqueza indescriptible…
C: Nosotros no pensábamos en la riqueza. Era otra cosa.
A: Claro. Me imagino.
C: Las cosas eran muy distintas en ese entonces. Muy distintas…
A: Todo con el paso del tiempo… cambia.
C: Esa vez en el lago, una de mis primas se metió a nadar donde había chapopote, se estaba
ahogando y nos pidió ayuda. Fuimos juntos a salvarla…
A: ¿Qué hicieron?
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C: Hicimos una cadena para jalarla fuera del agua. No lo conseguimos. Estaba muy pesada. Toda
cubierta de la melaza negra. Empezamos a preocuparnos… y empezamos a gritar. Ayuda, ayuda…
B: Dios mío. ¿Qué le pasó?
C: Mi tío entró para rescatarla. Al ver nuestras caras, él… ¡todos estábamos batidos en el fango ese!
Sentí un escalofrío en todo mi cuerpo. Parecía que lo negro se la quería llevar al fondo del lago. Fue
cuando empecé a rezar; le pedí a Dios que nos ayudara, que sacara a mi prima de ahí…
A: Caray. ¿Qué edad tenía?
B: Shhh. Déjalo terminar.
C: Mi tío era un hombre alto, fuerte. Pero sus piernas se hundían en el chapopote y nosotros no
podíamos hacer nada. Creo que debió encontrar algo sólido allá abajo donde colocar su pie, porque
fue que de pronto, la pudo jalar, para luego subirla en sus hombros…
B: Se salvó.
C: Ella también trabajó en la empresa por años. Y es la fecha que sigue recordando esa vez… Como
si tío la hubiera rescatado de las garras de una bestia. Su rostro estaba cubierto de aquella plasta
negra. Solo se le veían los ojos, llenos de lágrimas.
Pausa.
A: Pero mira ahora. No hay nada de chapopote. El lago está limpio, solo se ve el agua. Las cosas
mejoran con el tiempo.
C: Sí, claro. Mejoran. ¿Mejoran para quién?
A: Para todos.
C: ¿Quiénes son todos?
A: Todos. Ustedes, yo, ellos.
C: Eres optimista.
A: No, soy realista. Objetivo, más bien soy objetivo.
B: Sí eres un tanto optimista.
A: Tal vez sí.
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C: Lo eres. Quizá porque eres joven. Pero yo he visto muchas. Y me queda muy claro cómo será el
futuro.
A: ¿Y cómo será ese futuro?
C se sonríe.
A: ¿Saben? Hay quien dice que el petróleo… viene del espacio. De las estrellas.
B: ¿Del espacio…?
A: Que en realidad, viene de los meteoritos que cayeron en la Tierra hace millones de años…
B: Meteoritos…
A: Sí. Porque en los pozos, hay metano, mucho metano… Ese gas está en el espacio exterior… o en
otros planetas. El petróleo podría venir… por dar un ejemplo, ¡de Marte!
B: ¿El petróleo es marciano…?
A: Exacto.
B: ¡O de Júpiter!
A: Sí. O de Júpiter…
Pausa.
C: No. El petróleo viene de las plantas y los animales muertos. De los animales prehistóricos… De
las bacterias y la fermentación… De las piedras…
B: Y de los dinosaurios.
A: ¡No! Eso es un mito…
B: ¿No viene de los dinosaurios?
A: No. Ni de los dragones… que también son un mito. En fin ese no es el punto.
B: ¿No?
C: Entonces cuál es el punto, licenciado.
A: El punto es que ahora sabemos más de todo. La información está al alcance de cualquiera.
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C: ¿Y de qué me sirve esa información…? (Pausa.) ¿Qué más da de dónde viene el petróleo? Mi
problema es otro, mi problema es si voy a tener trabajo el próximo año…
A: La información no es cualquier cosa. Mire… La información abre puertas, crea oportunidades.
B: Ay, licenciado. La verdad que yo también estoy preocupada.
A: ¿Qué es lo que ha estado sintiendo, Brenda?
B: Pues al comienzo mucha angustia. Tengo nervios. Pero luego la verdad, creo… bueno no creo, sí
estoy. Estoy enojada.
C: ¿Enojada? Yo estoy enfurecido.
A: La furia, el enojo, son una forma de negar la esperanza. La esperanza abre puertas y el futuro nos
está ofreciendo cambios, cierto, pero también puertas y oportunidades nuevas.
C: Licenciado. ¿Qué más quiere ver del lago? No sé cuánta más luz nos quede, y…
A: No me cambie el tema, estamos platicando.
B: Platicando a gusto.
A: Exacto.
C: ¿Usted tiene familiares en la empresa?
A: No.
C: Es el primero de su familia en trabajar aquí.
A: Sí, así es.
C: Yo soy tercera generación de petroleros.
B: ¿Tercera? Bueno, en ese caso yo soy segunda.
A: Y yo primera. (Pausa. Ríe.) Estoy bromeando. Estoy bromeando.
C: Mi abuelo entró a trabajar cuando todavía era “El Águila”.
A: ¿El Águila?
C: Sí. El Águila.
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A: No sabía…
C: Le recomendaría leyera un poco de la historia de su empresa, licenciado.
A: Lo voy buscar en Wikipedia.
Pausa.
C: ¿En qué…?
B: Es una enciclopedia que usan ahora, en internet…
C: Claro…
B: ¿Pero qué contabas de tu abuelo…? ¿Pues cuántos años tienes?
C: Los suficientes.
A: Eso no se pregunta, Brenda.
B: Luego de cierta edad, en los hombres ya no importa, todos se ven igual de viejos.
C: A mi abuelo todavía le tocó transportar tambores en las carretas. Se repartía el producto
terminado a los escasos automóviles que había en los carretones famosos; puro tambor, puro tambor
de 200 litros… Luego mi padre…
A: ¿Su padre también?
C: Sí, también.
B: Es tercera generación.
C: Él estuvo en la famosa GPC, la Gerencia de proyectos y construcción. Allí hizo su carrera,
licenciado.
A: Y ahora usted está haciendo la suya.
C: ¿Qué carrera? Si todo está cambiando…
A: La que puede tener si se prepara aún más.
B: Bueno, yo he querido aprender inglés, solo que no me entra, por más que lo intento.
A: La empresa tiene muchas opciones para ti. Para ayudarte a que lo aprendas muy bien.
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B: Voy a ser sincera.
A: Por supuesto.
B: Que la verdad es que sí me da algo de flojera. Es que inglés es… bueno.
A: Ah, pero es que si aprendes bien, todos salimos ganando.
B: Va a sonar muy tonto.
A: Qué cosa.
B: Pues que no solo es flojera, también es miedo. Desde niña, el inglés me da miedo.
A: Brenda… En petróleos uno puede hacer cosas que ni te imaginas, aunque te llenen de miedo.
Eso sí, siempre hay alguien que está dispuesto a enseñarte… Por más duro que sea el reto…
C: ¡Deje de lavarle el cerebro!
A: No estoy lavándole el cerebro a nadie.
C: ¿Para eso vinimos aquí, licenciado?
A: No.
C. ¿Fue para que nos hablara de estas cosas?
A: No. Bueno, sí. Un poco. Y para conocer el lago.
C: Pues ya lo conoció.
A: Es increíblemente hermoso.
B: Sí, lo es.
A: Lo es.
C: Vámonos.
A: ¿A qué le tiene tanto miedo?
C: Yo no tengo miedo.
A: Tiene miedo, y está enojado.
C: ¿Enojado?
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A: Sí, puedo sentir su enojo. Mire, yo soy muy sensible, vibro con las personas…
C: ¿Vibra…?
A: …y usted me vibra con mucho enojo. A ver, Brenda. Por ejemplo, a usted ¿qué le preocupa de
los cambios que vienen?
B: ¿A mí?
A: Sí, a usted.
B: A mí… nada.
A: Sea franca.
B: No, nada de eso; mi más grande problema es que mi escritorio está junto a la ventana, ¡y me da
frío…!
A: Ah, pues vamos a arreglar eso. La empresa escucha a sus empleados. Estamos emocionados por
todo lo que podemos lograr juntos.
C: Ya por favor.
B: Oye, no seas grosero.
C: (Manotea) ¿Podemos irnos?
B: No me grites. ¿Y a mí por qué me gritas? No me grites.
C: Yo soy el sostén de mi casa. De mi familia. Mucha gente depende de mí.
B: También yo. Pero no me exalto.
A: (Se acerca a él y le ofrece la mano) Yo sé lo que es perder la seguridad. La certeza. No soy una
pared insensible.
C: No es contra usted, licenciado. Mi mundo está cambiando demasiado rápido.
A: Sí, los cambios. Siempre son difíciles. (Pausa) Yo perdí a mi hermano hace unos diez años…
B: Lo siento mucho.
C: ¿Qué le pasó?
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A: Enfermó de cáncer. Luchó con todas sus fuerzas, pero la batalla estaba por encima de nuestras
capacidades… y mi mundo entero cambio. Todos en mi familia cambiamos.
C: (Le da la mano) Eso no ha de haber sido fácil.
A: Yo jamás lo dejé solo. Fueron años muy duros, pero nunca lo dejé solo... Aún recuerdo las
conversaciones que teníamos…
Oscurece sobre los demás. Luz sobre A.
B hará la voz del hermano de A cuando eran niños.
B: Mateo… ¿Ya te dormiste?
A: Mmm…
B: ¿Que si ya te dormiste?
A: No. Además, así no se pregunta.
B: ¿Entonces, cómo?
A: “¿Estás aún despierto?”
B: ¿Y no es lo mismo?
A: No.
B: Sí lo es.
A: Claro que no. Si estuviera dormido, ¿cómo te voy a responder? Ni modo que diga: Sí, estoy
dormido...
B: Pues a lo mejor sí... porque... en realidad estás despierto.
A: Ya duérmete.
B: No puedo dormir, Mateo.
A: Ahora sí ya me despertaste.
B: ¿Ya ves que sí? ¡Estabas aún dormido!
A: ¡Samuel! Métete a la cama. Aquí debajo de las cobijas. (Pausa) ¡Oye, esa es mi pijama!
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B: Era…
A: Es…
B: Tú me la regalaste… ya no te acuerdas.
A: Pues es que siempre te la ponías.
B: Si quieres... te la regreso.
A: No. Te queda mejor a ti. Además, tú siempre tienes frío.
B: Es verdad.
A: Ahora vamos a taparnos con las cobijas…
B: ¿Tienes frío?
A: No. Vamos a jugar.
B: ¡Sí! ¿A qué?
A: Que estamos en el espacio.
B: ¡Estamos en el espacio!
A: ¡Muy bien...! ¿Qué más?
B: En una nave… Somos dos viajeros perdidos… ¿Mateo? ¿Dónde estás? ¿Mateo? No te encuentro.
A: No te preocupes. Vas a estar bien.
B: Está muy oscuro aquí… muy oscuro, hermanito.
A: No te preocupes.
B: ¿Licenciado? ¿Está bien?
A: (Se le quiebra la voz) Sí, estábamos perdidos, hermanito… Lo estábamos. Pero ya no.
Regresa la luz sobre los demás.
C: No imaginé que…
A: La vida cambia para todos. El reto es enfrentar el cambio. Aceptarlo y enfrentarlo.
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C: La vida…
A: Cambia. Nada es para siempre. Y la empresa también iba a cambiar, tenía que suceder algún día.
C: No solo es la empresa, es el país entero… ¡Cuántas empresas extranjeras van a venir ahora! No
le tengo miedo a la competencia, pero…
A: Vamos a competir.
C: ¿Cómo vamos a competir así?
A: Lo vamos a hacer.
C: ¿Contra quién? Esa gente sabe varios idiomas, es gente que tiene entrenamiento en tecnologías
que ni siquiera me puedo imaginar…
A: Vamos a competir y vamos a ganar.
C: ¿Ganar? ¿Contra esa gente?
A: Ellos no aman el país como nosotros.
C: ¿Y por eso vamos a ganar? No, esto está mal. No debería estar pasando.
A: Pero es lo que está pasando. ¿Acaso vamos a negar la realidad?
B: ¿La realidad, licenciado?
C: ¿Cuál es esa realidad?
A: Que la historia cambió. Y este es el gran reto que tenemos por delante. Lo que hacemos, lo
vamos a hacer cien veces mejor. Y si es necesario, doscientas veces mejor.
B: ¡Cómo! ¿Vamos a tener más horas de trabajo en la jornada?
A: ¡No, Brenda!
B: No me espante, licenciado.
A: Brenda, no vas a aprender inglés si sigues haciéndolo solo por Pemex…
B: ¿No?
A: No.
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B: Pero ¿entonces?
A: Solo lo aprenderás si lo haces por ti, por tu familia.
B: ¿Mi familia?
A: Lo hacemos por ellos. Ellos son la fuerza que impulsa a esta empresa.
C: ¿Por ellos?
A: Por ejemplo, tu abuelo, tu padre. Ellos estuvieron aquí antes. Ellos lucharon por hacer de la
empresa un titán en el mundo. La empresa más exitosa de México y que por décadas financió y
fomentó el desarrollo del país. Cada casa, cada escuela, cada hospital, carreteras. En donde pongas
la vista, ahí puedes ver la influencia de Petróleos…
C: Sí, lo sé.
B: Es un honor trabajar aquí. Voy a ser franca. Yo muchas veces he dicho que me siento enamorada
de la empresa. Es con quien le pongo el cuerno a mi gordito.
A: ¡Todos! Todos estamos enamorados de la empresa.
C: Sí, también yo.
A: ¿Entonces por qué vamos a desistir? ¿Solo porque ahora habrá competencia?
C: En esto tiene la razón. Sería como darle la espalda a los colores de Pemex.
A: Yo no le agradezco a la vida que me haya quitado a mi hermano de esa manera.
B: Nadie lo haría, licenciado.
A: No, pero he aceptado la realidad, de que eso es algo que me pasó. Y he aceptado la
transformación. Ya no soy ese niño, por supuesto que lo extraño, que lo añoro, pero ya no soy ese
niño.
C: Todos extrañamos el pasado. De alguna manera.
A: Sí…
B: Sí…
A: Ahora soy otro. Ahora soy más fuerte. Más capaz. Sé de mis límites y los acepto. Pero sigo
luchando. Entiendo mi humanidad, pero no descarto que hay alguien magnífico en mi interior.
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Se acerca a C y le pone la mano sobre el pecho.
C: Licenciado…
A: Yo sé que hay alguien magnífico en ti… y en ti también.
Jala a B para que se les una.
B: Gracias, licenciado.
A: Ese ser humano magnífico está aquí adentro. Esperando la oportunidad para sacar la mejor
versión de sí mismo.
C: ¡Se trata de sacar la casta!
B: Poner el alma en todo.
C: ¡El corazón!
A: ¡El corazón petrolero!
Se abrazan.
B: Ya está atardeciendo sobre el lago…
C: Sí, así es…
A: Por el momento atardece, pero es solo eso. (Los ilumina el atardecer) Se aproxima un nuevo
amanecer. Un nuevo día para todos nosotros…
C: Para enfrentarlo sin miedo.
B: Para bañarnos en su luz.
A: Para no olvidar que existió el ayer… Uno antes de otro, y de otro… Y que esos ayeres
construyeron el día de hoy. Pero no son el mañana. El mañana es algo nuevo. Es una puerta
luminosa. Una nueva oportunidad para ser mejores, por nosotros y por ellos…
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