Moisés (en hebreo: ֹמֶׁשה, pron.
estándar: Moshé,
pron. tiberiana: Mōšeh; en griego antiguo: Mωϋσῆς, Mōÿsẽs;
en latín: Moyses; en árabe: ٰى,,,,,موس, Mūsa), llamado en
la tradición judía Moshé Rabenu (ֹמֶׁש ה ַר ֵּב נּו, "Moisés nuestro
maestro") (s. XIV a. C.-s. XIII a. C.)[5] es el profeta más
importante para el judaísmo [10], libertador del pueblo hebreo
de la esclavitud de Egipto y encargado por Dios de entregar
la ley escrita y, según los rabinos, la ley oral, codificada más
tarde en la Mishná.[11]
El cristianismo heredó esta imagen de Moisés, a quien venera
como redentor y legislador y, por ello, anticipo de Cristo. En
ambas tradiciones, Moisés es el autor del Pentateuco, en
hebreo Torá, los cinco primeros libros de la Biblia, que
contienen la Ley, llamada por ello Ley de Moisés. En el Islam,
Moisés es uno de los profetas que más veces (ciento treinta y
seis) se nombra en el Corán. En dichas referencias se dice que
Moisés es el mensajero enviado al pueblo de Israel y el único
en haber escuchado directamente a Dios, por lo cual se lo
llama kalîm Allah. Los relatos del Corán retoman y a veces
reelaboran las narraciones sobre Moisés contenidas en
la Biblia y en la Hagadá, para remarcar el paralelismo entre
Moisés y Mahoma, a quien el primero habría anunciado. En
todas las religiones abrahámicas, Moisés es una figura central
como profeta y legislador.
El Éxodo constituye la fuente primaria y la más antigua sobre
Moisés, el libro sagrado relata la vida y obra del profeta, así
como sus parientes y legado. Su nacimiento se da en Egipto,
hijo de Amram y de Jocabed, ambos de la tribu de Leví. En
aquel tiempo, el Faraón (se desconoce el nombre) para
controlar la población hebrea, emite que todo hijo varón sea
echado al Nilo, la madre de Moisés lo coloca en una cesta al
río de donde es recogido por la hija del Faraón (el midrash la
llama Bitia), quien lo cría como propio. En su juventud, mata a
un egipcio que maltrataba a un hebreo y huye al país
de Madián en el desierto. Allí se casa y tiene una revelación
divina en el Monte Sinaí.[12] Regresa a Egipto por orden
divina y junto a su hermano Aarón demandan al Faraón (se
desconoce el nombre) la libertad de los hebreos; ante la
negativa del soberano invocan sobre Egipto las diez plagas
bíblicas. A causa de ellas, los hebreos son liberados y Moisés
los conduce hacia el Sinaí. Allí, recibe la Ley, la entrega al
pueblo de Israel y organiza sus instituciones y culto.
Finalmente, después de pasar cuarenta años en el desierto,
lleva al pueblo hasta la Tierra Prometida, pero muere en
el monte Nebo (Transjordania) antes de poder ingresar en
ella. La Biblia no menciona donde sepultaron a Moisés.
El judaísmo rabínico considera que la vida de Moisés se
extiende desde el año 1391 a. C. hasta 1271 a. C.,[13][14]
mientras que Jerónimo lo ubica en 1592 a. C.[15] y James
Ussher en 1571 a. C.[16]
A partir del siglo XVII, la atribución del Pentateuco a Moisés
fue puesta en duda, entre otros, por Baruch Spinoza. En el
siglo XVIII, Jean Astruc reforzó esta noción con argumentos
de crítica textual; en ambos casos no se negó la existencia de
Moisés. A partir del siglo XIX se intentó ubicar a Moisés en
el Imperio Nuevo de Egipto, relacionándolo con figuras
como Akenatón o Ramsés II.
La mayoría de los estudiosos consideran al Moisés bíblico
como una figura legendaria, aunque no descartan la
posibilidad de que Moisés o una figura similar a él existiera en
el siglo XIII a. C.[17][18][19][20][21] El judaísmo
rabínico calculó que la vida de Moisés correspondía al periodo
comprendido entre 1391 y 1271 a. C.;[22] Jerónimo sugirió
1592 a. C.,[23] y James Ussher sugirió 1571 a. C. como año de
su nacimiento. [24][«note» 1]
Cuando Saphrus reinaba como decimocuarto rey de Asiria,
Orthopolis como duodécimo de Sicyon y Criasus como quinto
de Argos, Moisés nació en Egipto...
[25]
Ortópolis reinó como duodécimo rey de Sición durante 63
años, desde 1596 hasta 1533 a. C., y Criasus reinó como
quinto rey de Argos durante 54 años, desde 1637 hasta 1583
a. C.[26] Moisés ha sido retratado a menudo en el arte, la
literatura, la música y el cine, y es el tema de obras en varios
edificios del Gobierno de los Estados Unidos.
El consenso actual es que se trata de un personaje legendario,
aunque algún líder tribal tipo-Moisés pudo haber existido a
finales de la Edad del Bronce.[27][18][28][29][30]
Etimología
M-S-S,[nota 1]
Moisés en jeroglífico
Los padres de Moisés. Óleo. Isaak Asknaziy. 1891. Museo
Estatal Ruso.
Moisés es un nombre que únicamente él lo lleva en toda
la Biblia.[32] La raíz egipcia msy (“hijo de”) o “'mose”' se ha
considerado como una posible etimología,[33] posiblemente
una abreviatura de un nombre teofórico con el nombre del
dios omitido. El sufijo 'mose' aparece en nombres de faraones
egipcios como Tutmosis I («nacido de Thot»)
y Ramose («nacido de Ra»).[34] Uno de los nombres egipcios
de Ramsés era Ra-mesesu mari-Amon, que significa «nacido
de Ra, amado de Amón». Ms por sí solo también tiene
múltiples atestaciones como nombre personal egipcio en el
Imperio Nuevo.[35] El lingüista Abraham Yahuda, basándose
en la ortografía que aparece en el Tanaj, sostiene que
combina «agua» o «semilla» y «estanque, extensión de
agua», lo que da como resultado el significado de «hijo
del Nilo». (mw-š).[36]
Según el relato del Éxodo, su madre no le da un nombre
cuando nace y solo lo llama el niño. Es la hija del Faraón, una
egipcia, quien lo llama Moisés ( משהMōše),[37] diciendo: [
משיתהוmosyteu] "Porque de las aguas [lo saqué]".[38] Esta
explicación lo vincula a la raíz semítica משה, m-š-h, que
significa "sacar"[39] , en efecto profetizando que Moisés
sacaría a otros (de Egipto) ; Esto ha sido aceptado por algunos
estudiosos.[40]
El narrador bíblico le asignó una etimología popular en
hebreo,[41] pero sería gramaticalmente incorrecta, según el
cual significa ‘salvado de las aguas’.[42]
El consenso actual reconoce un origen egipcio en el nombre.
[43] Moisés es la transcripción del egipcio - mose,[44] usado
generalmente como sufijo y procedente de la raíz m-s-s que
significa "engendrado por". Es común en nombres teóforos
como Tutmoses o Ramsés.[45][46][nota 2]
La etimología hebrea en la historia bíblica puede reflejar un
intento de borrar los rastros de los orígenes egipcios de
Moisés.[47] El carácter egipcio de su nombre fue reconocido
como tal por antiguos escritores judíos como Filón y Josefo.
[47] Filón relacionó el nombre de Moisés (Μωϋσῆς) con la
palabra egipcia (copta) para «agua» (môu, μῶυ), en referencia
a su hallazgo en el Nilo y a la etimología popular bíblica.
Josefo, en su Antigüedades judías, afirma que el segundo
elemento, -esês, significaba «los que son salvados». El
problema de cómo una princesa egipcia (que, según el relato
bíblico que se encuentra en el libro del Éxodo, le dio el
nombre de «Moisés») podía saber hebreo desconcertaba a los
comentaristas judíos medievales como Abraham ibn
Ezra y Hezekiah ben Manoah. Hezekiah sugirió que o bien se
convirtió a la religión judía o bien recibió un consejo
de Jochebed (la madre de Moisés).[48][49][50] La princesa
egipcia que bautizó a Moisés no aparece nombrada en el libro
del Éxodo. Sin embargo, Josefo la conocía como Thermutis
(identificada como Tharmuth), y algunos dentro de la tradición
judía han tratado de identificarla con una «hija del faraón»
en 1 Crónicas 4:17 llamada Bithiah,[51] pero otros señalan
que esto es poco probable, ya que no hay ninguna indicación
textual de que esta hija del faraón sea la misma que dio
nombre a Moisés.[51]
La etimología presentada en la Biblia podría reflejar un intento
de borrar los rastros de los orígenes egipcios de Moisés.[47]
Los orígenes egipcios de su nombre fueron reconocidos como
tal por antiguos escritores judíos como Filón y Josefo.[47] Filón
vinculó el nombre de Moisés (Μωϋσῆς 'Mōusḗs') con la palabra
egipcia (copta) para 'agua' (möu, μῶυ), en referencia a su
hallazgo en el Nilo,[47] mientras Josefo, en Antigüedades
judías, afirma que el segundo elemento, -esês, significa
"aquellos que se salvan".[47]
Autores como Naman Nadav han sugerido, sin embargo, que
la raíz hebrea del nombre no puede dejarse de lado.[52][53]
Moisés según el texto bíblico
La historia de la vida de Moisés es narrada en la Biblia,
específicamente en la Torá (primera parte del Tanaj) y en
el Pentateuco. El texto bíblico narra cómo Moisés lideró la
salida de los hebreos de Egipto y recibió los Diez
Mandamientos de manos de Yahveh en el Monte Sinaí. La
tradición sostiene que Moisés vivió 120 años.[54]
Nacimiento
En el Libro de Éxodo, el nacimiento de Moisés tuvo lugar
cuando un indeterminado faraón egipcio había ordenado a las
parteras (comadronas) que mataran a todo varón hebreo
recién nacido, pero estas por temor a Dios no hicieron como
se les mandó (cf. Éxodo 1:15-17). Según el mencionado libro,
Moisés fue hijo de Amram (quien era miembro de la tribu de
Leví y descendía de Jacob) y su esposa, Iojebed / Jocabed (cf.
Éxodo 2:1; 6:20).[55] Moisés tuvo una hermana siete años
mayor que él, Míriam, y un hermano tres años mayor que
él, Aarón.[56] Según el Libro de Génesis, el padre de Amram,
Coat, llegó a Egipto junto con setenta miembros del grupo de
descendientes de Jacob, por lo que Moisés era parte de la
segunda generación de israelitas nacidos en Egipto.[57]
Iojebed dio a luz a un pequeño, y lo escondió durante los tres
primeros meses.[58] Cuando no pudo ocultarlo más, lo colocó
en una cesta, embadurnada con barro en su interior y brea en
el exterior para hacerla impermeable, y la llevó al Nilo.[59] La
cesta con el bebé fue observada y seguida de cerca
por Miriam hasta que la hija del faraón llegó al Nilo para
bañarse.[60]
Profeta y libertador de Israel
Los israelitas se habían establecido en la tierra de Gosén en la
época de José y Jacob, pero surgió un nuevo faraón que
oprimió a los hijos de Israel. En ese momento, Moisés nació de
su padre Amram, hijo (o descendiente) de Kehath el levita,
que entró en Egipto con la familia de Jacob; su madre
era Jochebed (también Yocheved), que era pariente de
Kehath. Moisés tenía una hermana mayor (siete años mayor
que él), Miriam, y un hermano mayor (tres años mayor que
él), Aarón.[62] El faraón había ordenado que todos los niños
hebreos varones que nacieran fueran ahogados en el río Nilo,
pero la madre de Moisés lo colocó en un arca y la ocultó entre
los juncos de la orilla del río. Fue descubierto y adoptado por
la hija del Faraón y criado como egipcio. Un día, cuando
Moisés ya era adulto, mató a un egipcio que estaba golpeando
a un hebreo. Para escapar de la pena de muerte del faraón,
Moisés huyó a Madián (un país desértico al sur de Judá),
donde se casó con Séfora.[63]
Allí, en el monte Horeb, Dios se le apareció a Moisés en forma
de zarza ardiente y le reveló su
nombre, YHWH (probablemente pronunciado Yahvé),[64] y le
ordenó que regresara a Egipto y sacara a su pueblo
elegido (Israel) de la esclavitud y lo llevara a la Tierra
Prometida (Canaán).[65][66] Durante el viaje, Dios intentó
matar a Moisés por no circuncidar a su hijo,[67] pero Zipporah
le salvó la vida. Moisés regresó para cumplir la orden de Dios,
pero Dios hizo que el faraón se negara, y solo después de que
Dios sometiera a Egipto a diez plagas el faraón cedió. Moisés
condujo a los israelitas a la frontera de Egipto, pero Dios
endureció el corazón del faraón una vez más para poder
destruirlo a él y a su ejército en el cruce del Mar Rojo como
señal de su poder ante Israel y las naciones.[68]
¡Victoria, oh Señor!, pintura de
1871 de John Everett Millais, representa a Moisés sosteniendo
su bastón, asistido por Aarón y Hur, levantando los brazos
durante la batalla contra Amalec.
Tras derrotar a los amalecitas en Rephidim,[69] Moisés guió a
los israelitas al Monte Sinaí, donde recibió de Dios los Diez
Mandamientos, escritos en tablas de piedra. Sin embargo,
como Moisés permaneció mucho tiempo en la montaña,
algunos temieron que hubiera muerto, por lo que hicieron una
estatua de un becerro de oro y la adoraron como ídolo de
Dios, desobedeciendo y enfureciendo así a Dios y a Moisés.
Moisés, enfadado, rompió las tablas y más tarde ordenó la
eliminación de aquellos que habían adorado la estatua de oro,
que fue fundida y dada de comer a los idólatras. [70] Dios
volvió a escribir los Diez Mandamientos en un nuevo juego de
tablas. Más tarde, en el monte Sinaí, Moisés y los ancianos
celebraron un pacto por el cual Israel se convertiría en el
pueblo de YHWH, obedeciendo sus leyes, y YHWH sería su
dios. Moisés entregó las leyes de Dios a Israel, instituyó
el sacerdocio bajo los hijos del hermano de Moisés, Aaron, y
destruyó a aquellos israelitas que se apartaron de su culto. En
su último acto en el Sinaí, Dios dio a Moisés instrucciones para
el Tabernáculo, el santuario móvil con el que viajaría con
Israel a la Tierra Prometida.[71]
Desde el Sinaí, Moisés condujo a los israelitas al Desierto de
Parán, en la frontera de Canaán. Desde allí, envió a doce
espías a la tierra (Números 13-14). Los espías regresaron con
muestras de la fertilidad de la tierra, pero advirtieron que sus
habitantes eran gigantes. El pueblo se asustó y quiso regresar
a Egipto, y algunos se rebelaron contra Moisés y contra Dios.
Moisés dijo a los israelitas que no eran dignos de heredar la
tierra y que vagarían por el desierto durante cuarenta años
hasta que muriera la generación que se había negado a entrar
en Canaán, para que sus hijos pudieran poseer la tierra. [72]
Más tarde, Coré fue castigado por liderar una revuelta contra
Moisés.
Miembro de la familia del faraón
Egipcio golpeando a un israelita
delante de Moisés. Detalle de relieve escultórico de la catedral
de Nimes, siglo XI.
La princesa egipcia (mencionada por Flavio Josefo
como Termutis)[73] descubrió la cesta y a Moisés dentro de
ella. Miriam se acercó y consiguió que la princesa encargara
que una hebrea amamantase y cuidase de la criatura; la
hebrea en cuestión fue la propia madre de Moisés.[56]
Durante dos años Iojebed amamantó a Moisés y después la
criatura le fue entregada a la princesa. Moisés fue criado
como si fuese hijo de la princesa egipcia y el hermano menor
del futuro faraón de Egipto.[nota 3]
A través de la Mishná, la tradición hebrea conserva un relato
de cómo Moisés, aun siendo una criatura perdió gran parte de
su capacidad de hablar debido a un incidente que ocurrió ante
el faraón en Egipto.[nota 4]
Cuando Moisés se hizo adulto, observó el trabajo de los
esclavos hebreos. Un día, al ver la brutalidad con la que un
capataz egipcio maltrataba a un esclavo hebreo, Moisés acabó
con la vida del egipcio, acto que lo forzó a dejar Egipto.[75]
Pastor en Madián
En la tierra de Madián,[76] Moisés se detuvo en un paraje con
un pozo y allí protegió a siete pastoras de una banda de otros
pastores malintencionados.[77] El padre de las pastoras, Jetró,
era sacerdote de Madián. Adoptó a Moisés como hijo suyo y le
permitió que habitase en Madián; allí trabajó Moisés como
supervisor y responsable principal de los rebaños.[78]
A su debido tiempo, Jetró también permitió que Moisés se
casase con la mayor de sus hijas, Séfora.[79] Trabajando
como pastor, Moisés vivió en Madián durante cuarenta años,
tiempo durante el cual Séfora le dio dos hijos, a quienes
Moisés llamó Gersón y Eliezer.[80]
Revelación en la zarza ardiente
Moisés descalzo ante la zarza
ardiente, con la mano de Dios que emerge del cielo.[81]
Fresco parietal proveniente de la Sinagoga de Dura Europos,
244 d. C. Detalle. Museo de Damasco, Siria.
Según la narración bíblica, en cierta ocasión, Moisés llevó a su
rebaño al monte Horeb,[nota 5] y allí vio una zarza que ardía
sin consumirse. Cuando Moisés intentó aproximarse para
observar más de cerca aquella maravilla, Dios le habló desde
la zarza, revelando su identidad e intención a Moisés:
No te acerques; quita el calzado de tus pies, porque el lugar
en que tú estás, tierra santa es. [...] Yo soy el Dios de tu
padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
[...] Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto,
y he oído su clamor a causa de sus opresores, pues he
conocido sus angustias. Por eso he descendido para librarlos
de manos de los egipcios y sacarlos de aquella tierra a una
tierra buena y ancha, a una tierra que fluye leche y miel [...]
Ven, por tanto, ahora, y te enviaré al faraón para que saques
de Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel. [...] "Yo soy el que
soy".
Éxodo 3:5-14.[82]
En Éxodo 3, el Dios de Israel revela Su naturaleza ante Moisés.
[83]
Yahvéh indica a Moisés que ha de regresar a Egipto y liberar a
su pueblo de la esclavitud. Moisés expresa no ser el candidato
para realizar tamaña encomienda y, además, recuerda que
padece de una dificultad en el habla.[84] Yahvéh le asegura
que le proporcionará todo el apoyo necesario para que lleve a
cabo su obra.[85]
Las diez plagas sobre Egipto
Artículo principal: Diez plagas de Egipto
Moisés obedece y regresa a Egipto, donde es recibido
por Aarón. Ambos organizan una reunión para informar a los
israelitas sobre lo ocurrido y, luego de señales, revelaciones y
proezas llevadas a cabo por Moisés, los hebreos lo seguirán
como enviado que trae la palabra de Yahvéh.[86]
Lo más difícil fue persuadir al faraón para que dejase marchar
a los hebreos, quienes no obtuvieron su permiso hasta que
Yahvéh envió diez plagas sobre los egipcios.[nota 6] Esta serie
de eventos comenzó con el agua tornándose sangre y culminó
con la muerte de todos los primogénitos egipcios, lo cual
causó tal terror entre los egipcios que el faraón terminó por
permitir que el esclavizado pueblo hebreo dejara finalmente
Egipto.[nota 7]
Legislador de Israel
Véanse también: Ley de Moisés, Autoría
mosaica, Deuteronomista, Libro del Deuteronomio y 613
Mitzvot.
«Moisés con las tablas de la ley»,
de Guido Reni, 1624
Moisés es honrado hoy en día entre los judíos como el
«legislador de Israel»: promulgó varios conjuntos de leyes en
el transcurso de la Torá. El primero es el Código del Pacto,[88]
los términos del pacto que Dios ofrece a los israelitas en el
monte Sinaí. El pacto incluye el Decálogo (los Diez
Mandamientos, Éxodo 20:1-17),[89] así como el Libro del
Pacto (Éxodo 20:22-23:19). [90][91] Todo el Libro de
Levítico constituye un segundo cuerpo de leyes, el Libro de
Números comienza con otro conjunto más, y el Libro de
Deuteronomio con otro.
Tradicionalmente, se ha considerado a Moisés como el autor
de la Torá, la primera sección de la Biblia hebrea.[92]
El éxodo hebreo
Artículo principal: Éxodo
Moisés lideró al pueblo israelita en dirección este, iniciando
así la larga travesía hacia la tierra prometida. Partieron
desde Ramesés hacia Sucot unos seiscientos mil hombres, sin
contar los niños.[93] Llevaron consigo los restos de José,
cumpliendo la voluntad de su predecesor.[94]
Las aguas de Moisés, imagen
de Murillo, grabada por Rafael Esteve Vilella, 1839.[nota 8]
La gran caravana de los hebreos se movía lentamente y tuvo
que acampar tres veces antes de dejar atrás la frontera
egipcia, establecida entonces en el Gran Lago Amargo o en la
punta más septentrional del Mar Rojo.[95]
Entre tanto, el faraón cambió de opinión y, con un gran
ejército, partió para recuperar sus esclavos.[96] Atrapados
entre el ejército egipcio y el mar, los hebreos se
desesperaron, pero Yahvéh dividió las aguas del Mar Rojo por
mediación de Moisés, permitiendo a los israelitas cruzarlo con
seguridad. Cuando los egipcios intentaron seguirlos, las aguas
volvieron a su cauce, ahogando a todo el ejército egipcio.
Moisés en el Monte Sinaí. Óleo de Jean-Léon Gérôme, c. 1895.
Fecha del Éxodo. Aunque la Biblia no cita
al faraón del Éxodo por su nombre, sí da la fecha exacta del
Éxodo. En 1 Reyes 6, 1 se lee que Salomón comenzó a
construir el Templo en el cuarto año de su reinado, 480 años
después de que los hijos de Israel salieran de Egipto. Se
estima que el cuarto año de reinado de Salomón fue hacia el
año 966 a. C.[97] A partir de ello la fecha de Éxodo podría
haber sido 1446 a. C., cuando gobernaba Tutmosis III. No
obstante, dado que el texto bíblico indica específicamente que
los hebreos partieron de la ciudad llamada "Ramesés"
hacia Sucot,[98] ciudades que no existían en tiempos de
Tutmosis III y que datan del siglo XIII a. C., cuando Ramsés
II gobernaba Egipto, en el campo de la investigación se
considera el año 1250 a. C.[99] H.W.F. Saggs, profesor de
lenguas antiguas, observa en sus escritos académicos que:
La mención de la ciudad de Ramesés en Éxodo 1:11 en tanto
que localidad de almacenaje, construida en parte por los
esclavos israelitas, ofrece de hecho un indicio cronológico,
dado que [hoy] es sabido que Ramsés II construyó una ciudad,
Per-Ramsés [i.e., Pi-Ramsés], la cual se corresponde con el
nombre proporcionado por la Biblia. Ello tiende a posicionar la
esclavitud [de los hebreos] en Egipto y su salida de ese país
en el siglo XIII a.C. Es en ese mismo siglo que ocurre la
primera mención extra-bíblica de Israel. Se trata de una
inscripción del sucesor de Ramsés [II], Merenptah.[100]
Otorgamiento de la Ley
Moisés con las Tablas de la Ley, por
Tissot.[101]
Luego de transcurridos tres meses (Éxodo 19) desde que los
hebreos habían salido de Egipto y durante la travesía por el
desierto, Dios confirió los Diez Mandamientos directamente a
Moisés y lo hizo en el monte Sinaí.[102][nota 9][nota 10]
Las Tablas en cuestión recogían los Diez Mandamientos, leyes
básicas de cumplimiento obligatorio para el pueblo hebreo.
[104] Dado que las distintas tribus hebraicas:
Hasta entonces conservaban la fe en un Dios único y algunas
costumbres que habían heredado de sus antepasados. Pero
no poseían un concepto claro acerca de Dios [...], tampoco
poseían leyes fijas sobre la vida social y moral. Habiendo
residido en Egipto algunos de ellos copiaron allí ciertas
costumbres paganas. Era necesario, por consiguiente,
enseñar a los israelitas en qué consistía su verdadera fe y a
qué leyes debían atenerse.[102]
Cuando Moisés bajó a notificar a su pueblo, descubrió que en
su ausencia los israelitas habían fundido metales preciosos y
construido un becerro de oro, a semejanza de un cuadrúpedo
ídolo egipcio, Apis, y comprendió que lo veneraban.[nota 11]
La eventual idolatría cometida por el pueblo provocó la ira de
Dios e, indignado, Moisés montó en cólera y arrojó las Tablas
de la Ley, destruyendo asimismo el ídolo de oro. Las
prescripciones divinas no obstante serían reescritas y
restablecidas por Moisés, siendo subsecuentemente
adoptadas por el pueblo.
Al acercase Moisés al campamento, vio el ternero y las
danzas. Se llenó de furor y arrojó las tablas, que se hicieron
pedazos al pie del monte
Éxodo 32:19
Iconográficamente, Moisés es representado como legislador
del pueblo hebreo y portando las Tablas de la Ley con los Diez
Mandamientos, siendo dichas Tablas su principal atributo en
la creencia colectiva e imaginería visual tanto judía como
cristiana.
Éxodo
Travesía por la península de Sinaí
La travesía por una serie de parajes inhóspitos de la gran
masa de personas fue dura y muchos empezaron a dar
rumores y a murmurar contra sus líderes (Moisés y Aarón),
aduciendo que era mejor estar bajo el yugo egipcio que
padecer las penurias de la travesía. Moisés realizó
innumerables milagros para aplacar la dureza de la travesía y
demostrar al pueblo de Israel que Yahveh los guiaba. Las
manifestaciones divinas fueron pródigas.
Tras golpearla con su vara, Moisés
hace manar agua de la roca (cuadro de Tintoretto, Scuola di
San Rocco, Venecia)
Para alimentarlos, Yahveh hizo llover maná del cielo. Para
beber, les dio múltiples fuentes de agua, como la fuente de
agua amarga convertida en agua dulce. En tanto Yahveh
ordenó a Moisés hablarle a la roca donde saldría gran
cantidad de agua, pero, Moisés golpeó la roca dos veces con
su bastón, pero él se enfureció por golpear la roca,
asegurando que Moisés no entrará a la tierra prometida, por
eso llamaron a ese lugar Meriba, es decir discusión.
En su travesía por los desiertos, Israel lucha por primera vez
contra los amalecitas, que eran un pueblo principal y vencen
solo por la pujanza de Moisés. (Éxodo 17:8). Israel además
vence a Arad, a los amorreos liderados por Sehón (Números,
21) y rodean tierras por donde no se les permite combatir ni
se les da el paso, como es el caso de las tierras de Edom.
En el monte Sinaí, el pueblo judío fue organizado
doctrinalmente por el sacerdocio menor de Aarón. Se les
inculca estatutos, mandamientos y por sobre todo el
desarrollar fidelidad a los convenios con Yahveh. Esta historia
es contada en el Levítico.
En el mismo monte, Yahveh entrega el Decálogo de los Diez
Mandamientos, pero al bajar Moisés junto a Josué, encuentra a
su pueblo adorando un becerro de oro. Esta perversión a los
ojos de Yahveh fue castigada con la muerte, así en
el Éxodo se cuenta: «Y él les dijo: Así ha dicho el Señor, el
Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo:
pasad y volved de puerta a puerta por el campo, y matad
cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente. Y los
hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés: y
cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres».
[105] Situaciones como esta se sucederían varias veces en el
trayecto hacia la tierra prometida.
Yahveh le volvió a dictar sus diez mandamientos y para
transportar las sagradas escrituras, se construyó el arca de la
alianza. Para portar dicha arca, se construyó el Tabernáculo,
que sería el transporte del arca hasta que se llegara a la tierra
prometida, donde se construiría un templo donde albergarla.
Censo de Moisés
En Números 1, Dios ordena a Moisés hacer un censo de todos
los israelitas para organizarlos mejor, este censo solo
contabilizó hombres mayores de 20 años y realizado con la
colaboración de un jefe patriarcal de cada tribu. La tribu Leví
fue contabilizada separadamente en Números 3, todos
aquellos hombres de un mes de edad en adelante. Estos
censos es la razón por la cual este libro bíblico se llama
"Números" y el total contado es similar al otro censo dentro
del libro Éxodo.
Censo de
Moisés[106]
Sólo contabiliza
hombres
Moisés envía a doce espías
Ya cerca de la tierra prometida, Moisés encomienda a doce
espías investigar y dar un reporte de las bondades de la tierra
de promisión. Después de cuarenta días de investigación diez
de los doce espías dan un reporte sumamente desalentador
sobre las gentes que moraban sobre estas tierras, inculcando
miedo a las huestes armadas y sobre todo desconfianza a las
promesas de Yahveh. Únicamente Josué (de la tribu de Efraín)
y Caleb (representante de Judá), regresaron y manifestaron
que Dios les ayudaría a que la nación hebrea se asentara en
Canaán.
Debido a esto, es aquí donde Dios castigó a Israel hablándole
a Moisés y diciéndole estas palabras:
«Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé
mi mano
y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo
de Jefone y a Josué hijo de Nun... Conforme el número de los
días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra,
llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada
día; y conoceréis mi castigo...».
Por lo tanto los israelitas se vieron forzado a permanecer en el
desierto durante cuarenta años más. Finalmente, tras
cuarenta años de vagar por el desierto, los hebreos de aquella
generación murieron en el desierto[107][108][109] y la
autoridad de Moisés como conductor del pueblo pasó a Josué.
Monumento a Moisés en Monte
Nebo, Jordania.
Según esos textos, Yahveh ―al ver el miedo de su pueblo
elegido― prohibió la entrada de todo varón de guerra
(mayores de 20 años) a la tierra de promisión, incluyendo al
mismo Moisés a quien solo se le permitió verla desde lo alto
de un monte (Nebo). Es preciso aclarar,[¿Por qué?] sin
embargo, que la prohibición no incluía a los levitas (tribu a la
que pertenecía Moisés), quienes no estaban registrados para
la guerra, ni tampoco a Josué y Caleb, quienes sí mostraron fe
en las promesas divinas. A Moisés no se le permitió debido al
suceso en Meribá.[110]
Ya estando cerca de Moab, Balac, rey de los moabitas ve venir
a Israel por el margen oriental y teme del pueblo de Israel,
manda a llamar a Balaam, adivino de Mesopotamia[111] para
que maldiga al pueblo de Israel; pero Yahveh envía a un ángel
a interponerse en el camino de Balaam hacia el monte de
Bamot-Baal y es persuadido a bendecir al pueblo israelita y lo
hace tres veces a pesar de los deseos de Balac.
Muerte de Moisés
Según el Libro de los Números (20:7-13) Moisés había
golpeado por dos veces una roca en Meribá, a fin de que de
ella manara una fuente de agua; este hecho fue visto como
señal de duda, por la cual Dios le negó el ingreso a la Tierra
Prometida.[112] Fue autorizado, sin embargo, a contemplarla
desde la cima del monte Nebo, en Moab; allí murió, en pleno
vigor a los ciento veinte años de edad según el libro bíblico
del Deuteronomio (34:1-9). La tradición talmúdica, a partir de
las primeras líneas del Libro de Josué fijó la fecha en el 7
de Adar. Según el Seder Olam Rabba, el año corresponde al
2488 de la Creación[113] que equivale al 12 de febrero de
1272 antes de la Era Cristiana. En cuanto al lugar de
sepultura, el texto citado lo considera desconocido pero
leyendas posteriores, recogidas en el Nuevo Testamento por
la Epístola de Judas (1:9) mencionan una disputa entre el
arcángel Miguel y Satanás, en relación con el cuerpo de
Moisés.[114]⅝
Moisés en el judaísmo
Moisés lidera el Éxodo. Arte
sefardí. Hagadá de Cataluña, siglo XIV.
La principal fuente en relación con Moisés es la Torá, cuyos
ejemplares son preservados en todas las sinagogas e
instituciones israelitas. Dentro de los textos sagrados del
judaísmo, particularmente importantes son los libros
del Pentateuco, cuya redacción definitiva tuvo lugar en
tiempos del monarca Josías, quien gobernó el Reino de
Judá en el siglo VII a. C.[115] Existe además una multitud de
otros tantos documentos, literatura, historias e información
adicional sobre Moisés en las exégesis rabínicas conocidas
como el Midrásh, así como en las compilaciones de textos más
importantes de la ley oral judía, a los que se conoce como
la Mishná y el Talmud.[116]
Tradicionalmente durante Pésaj (Pascua judía), y desde por lo
menos la Edad Media, los observantes judíos leen el texto de
la Hagadá, donde se narra el proceso de liberación de los
hebreos de su esclavitud en Egipto y la intervención de Moisés
en el mismo.
Moisés en el cristianismo
Moisés y la zarza ardiente. Dirk
Bouts, 1450-1475.
Moisés es un precursor de Jesús, a menudo se los compara e
indica que Moisés es considerado un profeta y por
consiguiente portador de la palabra de Dios.[117] En el
Evangelio, las enseñanzas y hechos de la vida de Jesús son
comparados con aquellos de Moisés para explicar la misión de
Jesús.
Moisés figura a su vez en varios de los mensajes de Jesús.
Cuando conoce al fariseo Nicodemo por la noche, en el tercer
capítulo del Evangelio de Juan, compara el alzado de la
serpiente de bronce en el desierto, que cualquier hebreo
podía mirar para ser curado, con su propia ascensión a los
cielos (tras su muerte y resurrección) de modo que la gente lo
vea y ser curada. En el sexto capítulo, Jesús responde a sus
seguidores que Moisés hizo que cayera el maná en el desierto
diciendo que no había sido él, sino Yahveh, quien había
obrado el milagro. Llamándolo el «pan de la vida», Jesús
afirma que ahora es él quien alimenta al pueblo de Yahveh. En
la carta de Judas contiene una breve mención de una disputa
entre el Arcángel Miguel y el diablo por el cuerpo de Moisés.
[118]
Iconográficamente, Moisés figura en relieves, mosaicos,
manuscritos miniados, íconos, vitrales, pinturas y esculturas
que responden a las diferentes expresiones de la fe cristiana.
Moisés es además santo patrono de iglesias en el Monte
Nebo, Venecia y Ámsterdam.
Moisés en el islam
El profeta Musa, con su rostro
velado y portando el báculo en su mano. Khamsa-e-Nizami,
1489. Museo Nacional de Polonia, Cracovia.
En el Corán, el libro sagrado del Islam, la vida del profeta
Moisés (Mûsâ ibn 'Imran, en árabe: ٰ )ُموَس ىse cita más que la
de cualquier otro profeta (nabi) reconocido por
los musulmanes ya que, junto con Abraham, es considerado
uno de los profetas más importantes del monoteísmo previo
a Mahoma.[117] El libro destaca que Moisés es una figura
principalmente monoteísta y establece pocas diferencias en
relación con la creencia tanto de hebreos como de cristianos;
afirma que Dios (en árabe Alá) le reveló el libro sagrado
(la Tawrat, en árabe: توراة, forma del hebreo Torá) y
numerosos relatos de la Biblia relacionados con Moisés se
hallan incorporados al texto coránico.[nota 12]
Los musulmanes veneran el sepulcro de Moisés, al que
denominan «Maqam El-Nabi Musa», que se encuentra en el
territorio de Palestina, unos ocho kilómetros al sur de Jericó,
en el camino a Jerusalén.[119][120]
Iconografía
En la Historia del Arte, la figura de Moisés es frecuente tanto
en el arte judío como en el cristiano; generalmente es
representado como profeta con las Tablas de la Ley como
principal atributo. Suele figurar como un hombre ya maduro,
barbudo, portando una túnica hebrea y una vara o báculo en
su mano. En imágenes que conciernen a la juventud de
Moisés se lo representa con los atributos de un príncipe
egipcio.[nota 13]
Otro atributo singular de Moisés es la luminosidad que emerge
de la piel de su rostro y que tiene su referente último en el
texto bíblico, donde este concepto encuentra expresión
mediante el haz de luz que hacía que resplandeciera el rostro
de Moisés luego de haber estado este en presencia del
Creador. En términos visuales ello es a menudo expresado
mediante dos haces de luz que parten desde la frente del
hombre que se ha vuelto profeta.
La presencia de cuernos (en vez del empleo de un haz de luz)
en el caso de las imágenes que involucran a Moisés se debe a
un error de interpretación al traducirse la Biblia del hebreo al
latín: la antigua expresión hebrea keren or ()ָק ַ֛ר ן ֹ֥ע ור,[122] que
se refiere al estado replandeciente del rostro de Moisés, fue
interpretada por Jerónimo de Estridón equivocadamente como
«cuernos» e incluida como tal en la Vulgata;[nota 14] ello dio
lugar a un Moisés con cuernos en varias imágenes
eclesiásticas del período gótico tardío, entre los
siglos xiv a xvi.[nota 15] No obstante, ello fue en su momento
notado por la Iglesia y los cuernos en cuestión fueron a partir
de entonces reemplazados por formas visualmente
comparables a rayos de luz que en términos unívocos
expresan la resplandecencia del rostro de Moisés.[nota 16]
En el celebérrimo caso del Moisés de Miguel Ángel, el artista
florentino recurrió a un par de cuernos no por ignorancia o
falta de información, sino porque deseaba expresar la noción
de que Moisés, luego de su encuentro con el Creador, se había
transformado y ya no era meramente un hombre, sino un ser
prácticamente sobrenatural debido al extraordinario papel
que le tocaba desempeñar ante Dios.[nota 17]
En la imaginería cristiana, tanto católica como ortodoxa,
cuando se expresa la noción de santidad, Moisés puede a
veces presentar una aureola en aquellas representaciones
icónicas que le son propias.
Historicidad
Evidencia histórica
El consenso académico indica que Moisés y el Éxodo tal y
como los describe la Biblia son míticos,[126] si bien una
mayoría de eruditos acepta la existencia de un núcleo
histórico en la narrativa.[29] En esta línea, varios eruditos han
propuesto un relativamente pequeño grupo de personas de
origen egipcio que se habrían unido a los antiguos israelitas,
haciendo que la memoria histórica de su «éxodo» se
extendiese a todo Israel en su conjunto,[127] y a
quienes William G. Dever identifica cautamente con la Casa
de José,[128][nota 18] mientras que Richard E. Friedman los
identifica con la Tribu de Leví.[129]
Las referencias extrabíblicas sobre Moisés datan de muchos
siglos después de la época en la que supuestamente vivió. Se
desconoce si se basan únicamente en la tradición judía o si
también han tomado aspectos de otras fuentes. Algunos
autores judíos como Flavio Josefo y Filón de Alejandría o
griegos como Diodoro Sículo señalan que es nombrado por
autores como Hecateo de Abdera, Alejandro
Polyhistor, Manetón, Apión y Queremón de Alejandría; sin
embargo, las obras de estos escritores se han perdido y solo
sobreviven en citas. De ellos, el más notable es Manetón, un
cronista y sacerdote egipcio helenizado del siglo iii a. C., quien
nombra a Moisés en su obra sobre la historia de
Egipto (Aigyptiaca), la cual solo se conserva en citas de
autores judíos y cristianos. Manetón dice, según las citas, que
Moisés no era judío, sino un sacerdote egipcio de
nombre Osarsef.[nota 19] Este sacerdote era un rebelde que
condujo un ejército de leprosos contra el faraón Amenofis (no
se indica cuál de ellos) en complicidad con los hicsos.
Victoriosos al principio, fueron derrotados por Amenofis, quien
los expulsó de Egipto; después de ello Osarsef cambió su
nombre a Moisés y los leprosos fundaron la ciudad de
Jerusalén.[131] El relato de Manetón fue parcialmente
aceptado en el siglo XIX y principios del XX por algunos
autores como Schuré o Freud, quienes veían en él un recuerdo
deformado del personaje histórico.[132] Actualmente se
acepta que es en parte un libelo antijudío y en parte un
cuento popular sobre la época de los hicsos y el período de
Amarna.[133]
A la luz de lo descubierto sobre la historia y cultura egipcias,
numerosos investigadores del siglo XX,
como Kitchen, Noth y Albright, entre otros, han sugerido un
trasfondo auténtico en el personaje.[134][135][136] El
principal argumento es que Moisés, al contrario de lo que dice
la Biblia, es un nombre de origen egipcio que significa «hijo»
(aparece como mosis, moses o més en las transcripciones; por
ejemplo Tutmosis, hijo de Toth, o Ramsés, hijo de Ra).
Además, algunas leyes y costumbres rituales contenidas en la
obra atribuida a Moisés, como el Arca de la Alianza, podrían
rastrearse a mitos y ritos egipcios. Por otra parte, otros
elementos, en especial el relato de su abandono en una cesta
colocada en el río, se vinculaban con la leyenda
mesopotámica de Sargón de Acad,[137] que sería su fuente, y
se comparaban con relatos similares en otros mitos sobre el
origen del héroe, en especial el de Edipo.
Esta interpretación, corriente a mediados del siglo XX, fue
sustituida por otra que, a la luz de los avances en arqueología,
crítica bíblica e historia, ponía en entredicho la propia
existencia de Moisés o lo reducía a un nombre del pasado de
Israel, acerca del cual poco podía decirse.[138] En la
actualidad, quienes sostienen la existencia de un núcleo
histórico en la narrativa apelan como evidencia a favor los
documentados movimientos de pequeños grupos de antiguos
semíticos hacia y desde Egipto durante las Dinastías
XVIII y XIX, algunos elementos del folclore y la cultura egipcia
en la narrativa del Éxodo,[139][140] y los nombres de
Moisés, Aarón, Fineas y otros, que parecen tener un origen
egipcio.[141]
Por otra parte, la corriente del minimalismo bíblico, sobre todo
las obras de Philip R. Davies, Niels Peter Lemche y el
arqueólogo Israel Finkelstein, considera que todos los libros
de la Biblia, especialmente la historia del Éxodo,
la Conquista y los reinados de Saúl, David y Salomón, fueron
compuestos en un período tardío (entre la conquista asiria y
el dominio persa) sobre la base de viejas leyendas alteradas
para legitimar las reformas religiosas de la época.[142][143]
Si bien ciertos documentales, como El Éxodo descodificado,
de Simcha Jacobovici y James Cameron, insisten en darle
credibilidad literal al relato del Éxodo, e incluso pretenden
descubrir que Amosis I corresponde al faraón aludido en la
Biblia,[144] tales afirmaciones son consideradas enteramente
infundadas y construidas sobre la base de falacias por la
comunidad científica.[145][146][147]
Diferentes opiniones
Moisés y la zarza ardiente. Pintura
de la sinagoga de Dura-Europos, siglo III d. C.
Los estudiosos tienen opiniones diferentes sobre la
historicidad de Moisés.[148][149] Por ejemplo, según William
G. Dever, el consenso académico moderno es que el
personaje bíblico de Moisés es en gran medida mítico, aunque
también sostiene que «una figura parecida a Moisés pudo
haber existido en algún lugar del sur de Transjordania» a
mediados o finales del siglo XIII a. C., y que «la arqueología no
puede hacer nada» para probar o refutar ninguna de las dos
hipótesis.[149][18] Según Solomon Nigosian, hay tres
opiniones predominantes entre los estudiosos de la Biblia: una
es que Moisés no es una figura histórica, otra se esfuerza por
afianzar el papel decisivo que desempeñó en la religión
israelita, y una tercera sostiene que hay elementos tanto
históricos como legendarios, por lo que «estas cuestiones son
objeto de acalorados debates sin resolver entre los
estudiosos». [148] Según Brian Britt, existe una división entre
los estudiosos a la hora de debatir cuestiones sobre Moisés
que amenaza con llegar a un punto muerto.[150] Según
el comentario oficial de la Torá para el judaísmo conservador,
es irrelevante si el Moisés histórico existió, y lo llama «el
héroe folclórico y nacional».[151][152]
Jan Assmann sostiene que no se puede saber si Moisés existió
realmente, ya que no hay rastros de él fuera de la
tradición. [153] Aunque los nombres de Moisés y otros
personajes de las narraciones bíblicas son egipcios y
contienen elementos genuinamente egipcios, ninguna fuente
extra bíblica apunta claramente a Moisés. [154][155][20] No
hay referencias a Moisés en ninguna fuente egipcia anterior al
siglo IV a. C., mucho después de la fecha en que se cree que
vivió. Ninguna fuente egipcia contemporánea menciona a
Moisés ni los acontecimientos del Éxodo-Deuteronomio, ni se
ha descubierto ninguna prueba arqueológica en Egipto o en el
desierto del Sinaí que respalde la historia en la que él es la
figura central.[156] David Adams Leeming afirma que Moisés
es un héroe mítico y la figura central de la mitología
hebrea. [157]La Oxford Companion to the Bible afirma que la
historicidad de Moisés es la suposición más razonable (aunque
no imparcial) que se puede hacer sobre él, ya que su ausencia
dejaría un vacío que no se puede explicar. [158] «Oxford
Biblical Studies» afirma que, aunque pocos estudiosos
modernos están dispuestos a apoyar la visión tradicional de
que Moisés escribió los cinco libros de la Torá, hay quienes
consideran que el liderazgo de Moisés está demasiado
arraigado en la memoria colectiva de Israel como para ser
descartado como ficción piadosa.[20]
La historia del descubrimiento de Moisés sigue un motivo
familiar en los relatos mitológicos del antiguo Oriente Próximo
sobre el gobernante que se eleva desde orígenes humildes.
[159][160] Por ejemplo, en el relato del origen de Sargón de
Akkad (siglo XXIII a. C.):
Mi madre, la suma sacerdotisa, concibió; en secreto me dio a
luz
Me colocó en una cesta de juncos, selló la tapa con betún
Me arrojó al río, que me cubrió.[161]
La historia de Moisés, al igual que las de los demás patriarcas,
probablemente tuvo una importante prehistoria oral. [162] Se
le menciona en el Libro de Jeremías[163] y en el Libro de
Isaías.[164] La primera mención que se hace de él es vaga, en
el Libro de Oseas,[165] y su nombre es aparentemente
antiguo, ya que la tradición que se encuentra en el Éxodo le
da una etimología popular. [34][39] No obstante, la Torá se
completó combinando textos tradicionales más antiguos con
otros recién escritos.[166]
Jean-Louis Ska sostiene que textos como Isaías
63:16 y Ezequiel 33:23–29, escritos durante el exilio (es decir,
en la primera mitad del siglo VI a. C.), dan testimonio de la
tensión entre el pueblo de Judá y los judíos que regresaron
después del exilio (los «gôlâ»). Mientras que los judíos que
habían vivido continuamente en la tierra basaban su reclamo
sobre ella en su descendencia de Abraham, los textos escritos
por los exiliados llaman a Dios el verdadero padre de Israel y
consideran el Éxodo bajo Moisés como el verdadero punto de
partida de la historia de Israel.[167]
Moisés matando a un egipcio,
representación de principios del siglo XV
Una teoría desarrollada por Cornelis Petrus Tiele en 1872, que
ha resultado influyente, sostenía que Yahvé era un
dios midianita, introducido a los israelitas por Moisés, cuyo
suegro Jetró era un sacerdote midianita. [168] Fue a ese
Moisés a quien Yahvé reveló su verdadero nombre, oculto a
los Patriarcas, que solo lo conocían como El Shaddai.[169] En
contra de esta opinión, existe el consenso moderno de que la
mayoría de los israelitas eran nativos de Palestina. [170][171]
[172][173] Martin Noth argumentó que el Pentateuco utiliza la
figura de Moisés, originalmente vinculada a las leyendas de la
conquista de Transjordania, como un paréntesis narrativo o un
recurso redaccional tardío para unir cuatro de los cinco temas,
originalmente independientes, de esa obra. [174][175]
Manfred Görg[176] y Rolf Krauss,[177] este último de una
manera algo sensacionalista,[178] han sugerido que la
historia de Moisés es una distorsión o transformación del
faraón histórico Amenmose (c. 1200 a. C.), que fue destituido
de su cargo y cuyo nombre se simplificó posteriormente
a msy (Mose). Aidan Dodson considera esta hipótesis
«intrigante, pero imposible de demostrar».[179] Rudolf
Smend sostiene que los dos detalles sobre Moisés que más
probablemente sean históricos son su nombre, de origen
egipcio, y su matrimonio con una mujer madianita, detalles
que parecen poco probables que hayan sido inventados por
los israelitas; en opinión de Smend, todos los demás detalles
que se dan en la narración bíblica están demasiado cargados
de misticismo como para ser considerados datos precisos.
[180]
El nombre Rey Mesha de Moab se ha relacionado con el de
Moisés. Mesha también se asocia con narraciones de un
éxodo y una conquista, y varios motivos de las historias sobre
él se comparten con el relato del Éxodo y el de la guerra de
Israel con Moab (2 Reyes 3). Moab se rebela contra la
opresión, al igual que Moisés, y conduce a su pueblo fuera de
Israel, como Moisés lo hace desde Egipto, y su hijo
primogénito es asesinado en la muralla de Kir-hareseth, al
igual que los primogénitos de Israel son condenados a la
muerte en la historia del Éxodo, en lo que el teólogo
calvinista Peter Leithart describió como «una Pascua infernal
que libera a Mesha mientras la ira arde contra sus enemigos».
[181]
Otras figuras egipcias que se han postulado como candidatos
para una figura histórica similar a Moisés incluyen a los
príncipes Ahmose-anj y Ramose, que eran hijos del
faraón Amosis I, o una figura asociada con la familia del
faraón Tutmosis III.[182][183] Israel Knohl ha propuesto
identificar a Moisés con Irsu, un Shasu que, según el Papiro
Harris I y la Estela de Elefantina, tomó el poder en Egipto con
el apoyo de los «asiáticos» (pueblo del Levante) tras la
muerte de la reina Tausert; tras llegar al poder, Irsu y sus
partidarios alteraron los rituales egipcios, «tratando a los
dioses como al pueblo» y deteniendo las ofrendas a las
deidades egipcias. Finalmente fueron derrotados y expulsados
por el nuevo faraón Sethnajt y, mientras huían, abandonaron
grandes cantidades de oro y plata que habían robado de los
templos. [184]
Osarseph
Una versión egipcia del relato que se cruza con la historia de
Moisés se encuentra en Manetón, quien, según el resumen
de Josefo, escribió que un tal Osarseph, un
sacerdote heliopolitano, se convirtió en supervisor de una
banda de leprosos, cuando Amenofis, siguiendo las
indicaciones de Amenhotep (hijo de Hapu), puso en
cuarentena a todos los leprosos de Egipto con el fin de
purificar la tierra para poder ver a los dioses. Los leprosos son
reunidos en Avaris, la antigua capital de los hicsos, donde
Osarseph les prescribe todo lo que está prohibido en Egipto, al
tiempo que prohíbe todo lo que está permitido en Egipto.
Invitan a los hicsos a volver a invadir Egipto, gobiernan con
ellos durante 13 años —Osarseph adopta entonces el nombre
de Moisés— y luego son expulsados. [185]