Humus
Por: Tonny Mopia
Una madrugada en mitad del espeso universo, Jorge se visualiza en el aire.
Hace ya muchos años, que las experiencias sensoriales lo llevaron al estudio
permanente de las cosas que no se ven, el éter, los astros, lo que está más allá
de sus sentidos, fueron consolidando temas que abrieron paulatinamente sus
deseos permanentes por encontrar una respuesta, hasta que llegó el momento,
luego de varios años de madurez, donde aprendió a dominar sus experiencias
paranormales, en las que casi todas las noches, empezó a manipular
realidades a su antojo. Esas experiencias, al principio eran confusas, lo que
llevaban a irse cuestionando los sucesos a su alrededor. En esa oportunidad,
había visto la casa de su vecina desolada, un tanto lúgubre, y el ambiente
estaba en colores de gamas azules oscuros, con cierta neblina de fondo,
mientras que en su interior aparecieron recuerdos de varias partidas de fútbol
en la calle, y precisamente en el pórtico de ese lugar, suspiró descalzo, con las
uñas rotas, y entre dientes exclamó viejas sonrisas de su niñez. Fue en ese
momento, que entró en plena conciencia: “Un sueño, es un sueño.” se dijo a sí
mismo. Acto seguido, saltó para ver si era cierto que podía mantenerse
flotando, maravillándose aún más, al estar seguro totalmente que podía
controlar su cuerpo desde las alturas. Visualizó entonces, que los árboles se
hacían pequeños, y se sintió seguro, nada le podía pasar porque jamás iba a
caer. Recorrió varias montañas por encima, y aunque todo estaba en una
eterna noche, la luz de la luna estaba encendida y parpadeante, como si el
cosmos conspirara en iluminar las rutas desde las nubes. Entre el viento que
sentía desde su rostro, cabellos y boca, el cual deslizaba lentamente hasta sus
extremidades, sabía que volaba a velocidades jamás experimentadas por el
hombre, hasta centrar su mirada en unas dunas de color naranja, que
cambiaban la perspectiva del viaje. En ese momento luego de desconcentrarse
por el cambio de ambiente y colores, sintió como perdió el control del vuelo,
cayendo en una larga carretera, muy ancha, perfecta, muy negra, con líneas
blancas muy bien definidas, cuyos bordes eran una especie de arena arcillosa.
La caída fue lenta, como si poco a poco alguna entidad le suspendiera la
habilidad de tener el control, generando un miedo profundo que no podía
resistir. En ese instante, estaba de pie sobre la calle y notaba un latir de
corazón que lo aturdía, sintiendo que descendía por debajo de la calle, y un
ruido de estruendo comenzó a perturbar sus oídos. Exaltado, con el pulso muy
acelerado, sentía que tenía una sobredosis de adrenalina, abriendo los ojos y
fijándose que estaba sobre su cama, en mitad de la noche. Jorge había pasado
muchas noches, donde a mitad de la noche se levanta con preocupaciones,
asuntos que creía olvidados, o tan solo por haber soñado cosas extrañas.
Entonces decidió sentarse en una esquina de la cama, y llevó sus manos a la
cabeza, para tratar de estimular una explicación a su sueño. “¡Es increíble!
Estuve controlando mi sueño”, exclamó con un afán de haber logrado lo que
llevaba años practicando y que su modo de vida no le permitía. Se dirigió a la
cocina vieja, llena de restos de aceite vegetal y lo que parece un tipo de
proteína deshidratada, colocando una cacerola con agua para colar un poco de
café. Mientras pensaba en la experiencia vivida, encendió un cigarrillo
apagado, que estaba a tres cuartos de su capacidad, porque al empezarlo, tuvo
que abandonarlo en el cenicero tras venirse en llanto, rememorando esa
pérdida tan dolorosa. El encendedor, estaba un poco descompuesto, por lo que
al quinto intento, lo arrojó al basurero, y aprovechó la llama viva del gas metano
en su cocina para iniciar su atentado contra los pulmones. Pensó: “se que es
dañino, pero me provocó, te viera tu mamá Jorge Manuel, con tus 35 años
jamás te ha visto fumando”. El hábito de consumir un cigarrillo, lo inició a los
21, precisamente un 31 de diciembre a las diez de la noche, en que, por falta
de tabaco, le preguntó a su compañero de trabajo: “Brando, ¿por qué fumas
cigarro y no tabaco? cuya respuesta fue “ya vas a empezar Jorge, te he dicho
que eso solo marea un poco, lo que pasa es que debe aspirarse, a diferencia
de tu tabaco que solo es echar humo”. El tabaco es muy consumido en el
campo de donde proviene Jorge, por lo que había heredado el hábito, y en las
noches, se distraía haciéndose el brujo, leyendo los halos incandescentes que
bordeaban cada vez que soplaba con fuerza.
FIN