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Astronomía

La astronomía, una de las primeras ciencias de la humanidad, busca explicar la evolución de los astros y el Cosmos, y ha sido parte integral de diversas culturas a lo largo de la historia. En México, aunque la astronomía tuvo un desarrollo limitado durante la Colonia, se establecieron instituciones académicas y observatorios que promovieron su estudio, especialmente tras la Independencia. La consolidación de la astrofísica mexicana se ha visto impulsada por la creación de observatorios y la colaboración internacional, resultando en una producción científica de alta calidad.

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Astronomía

La astronomía, una de las primeras ciencias de la humanidad, busca explicar la evolución de los astros y el Cosmos, y ha sido parte integral de diversas culturas a lo largo de la historia. En México, aunque la astronomía tuvo un desarrollo limitado durante la Colonia, se establecieron instituciones académicas y observatorios que promovieron su estudio, especialmente tras la Independencia. La consolidación de la astrofísica mexicana se ha visto impulsada por la creación de observatorios y la colaboración internacional, resultando en una producción científica de alta calidad.

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La astronomía es una de las primeras ciencias practicadas por la

humanidad. Tiene como objetivo explicar los mecanismos de evolución


de los astros y del Cosmos mismo. Nuestra inquietud por conocer de
dónde venimos y a dónde vamos es tan universal que puede
especularse que es innata a la condición humana. Todas las culturas del
mundo han desarrollado alguna teoría sobre el origen del Universo, la
creación de la Tierra, el papel de la humanidad en el Cosmos, y desde
tiempo inmemorial han tornado su mirada al cielo y buscado respuestas
en las estrellas al origen de la Tierra y de la vida misma. En nuestros
tiempos, esta búsqueda es una empresa científica y no mítica. La
astronomía captura nuestra imaginación y curiosidad y es un fuerte
aliciente para inculcar a la ciudadanía una metodología científica que
rebasa las limitaciones y carencias del conocimiento descriptivo del
pasado, y reposa en el razonamiento crítico, y en los principios de
comprobación empírica y de deducción, bajo lo que venimos llamando
método científico. La astronomía es una ciencia con tanto atractivo que
quizá sea la única en contar con grupos organizados de aficionados sin
preparación académica rigurosa que la practican.

Los astrónomos aficionados observan los cielos por el puro placer de


hacerlo, pero además constituyen un valioso grupo de descubrimiento y
seguimiento de fenómenos transitorios, de utilidad profesional. A pesar
de esta faceta de aparente sencillez y accesibilidad al público general, la
astronomía es una ciencia compleja, con fuertes vínculos con las
ciencias afines. Se nutre del desarrollo y aglutinación del conocimiento
generado, principalmente, en las áreas de la física, matemáticas,
química, biología y geología, hasta el punto que hoy en día hablamos de
astrofísica, a la que se asocia la mayoría de los astrónomos modernos,
pero también de astroquímica, astrobiología y planetología. De la
relación con ciencias afines se generan ejemplos tangibles de teorías
básicas abstractas: fenómenos tales como el movimiento de los planetas
o la amplificación de las imágenes de galaxias distantes por cúmulos
cercanos de galaxias no son sino manifestaciones de la fuerza de la
gravedad; y la estructura interna de una estrella puede ser descrita por
unas sencillas ecuaciones diferenciales, solubles para estudiantes
avanzados de preparatoria. Ésta es sólo una muestra clásica de cómo la
astronomía se beneficia del crecimiento de las otras ciencias, y ofrece
aplicaciones visuales atractivas a los estudiantes de ciencias e incluso al
ciudadano curioso por el Universo que le rodea
La astronomía, asimismo, ofrece caminos de progreso y nuevos retos a
las ciencias afines. En ocasiones con descubrimientos que deben
encajarse en el entramado de las fuerzas y constituyentes
fundamentales de la naturaleza, como la propuesta de existencia de
materia y energía oscuras develada por las curvas de rotación de
galaxias cercanas y por el brillo de las supernovas a grandes distancias
cosmológicas. También resalta carencias técnicas como la de nuevos
métodos computacionales que permitan solucionar el transporte de la
radiación en las condiciones físicas extremas de los frentes de choque
del medio interestelar. Sin embargo, quizá el campo al que mayores
retos plantea sea al ámbito tecnológico. Con frecuencia, para superar
nuevas fronteras del conocimiento, se necesita construir infraestructura
de grandes proporciones y dotarla de instrumentos sofisticados que
suponen desafíos concretos en ingeniería de punta. Esta nueva
tecnología, desarrollada para satisfacer los requerimientos impuestos
por un caso científico exigente, suele encontrar aplicaciones en el orden
civil o empresarial de forma espontánea, aunque el retraso hasta
consolidarla en tecnología de consumo puede llevar varias décadas, y
para entonces ya viene liderada por otros cuerpos académicos.

Acerca de la astronomía en el México colonial

Aunque es bien sabido que los pueblos mesoamericanos tuvieron


algunos conocimientos astronómicos notables, poco se conoce sobre la
Astronomía en el México colonial. La parte práctica de esta disciplina
llegó al Nuevo Mundo con los navegantes, pero la enseñanza académica
comenzó de manera formal en 1540, cuando el agustino Alonso de la
Veracruz comenzó a explicar conceptos de la astronomía geocéntrica en
el Colegio Mayor adjunto al convento que su orden estableció en
Tiripetío, Michoacán.

En 1637 se abrió la cátedra de Astronomía y Matemáticas en la Real y


Pontificia Universidad de México, que fue la primera institución
universitaria americana que lo hizo. El profesor fue el religioso
mercedario Diego Rodríguez, que la impartió por más de 30 años.
Además de hacerlo, dejó diversos manuscritos donde se ocupó de
astronomía y matemáticas. También construyó varios instrumentos que
usó para su observaciones
La presencia de la astronomía en México

La astronomía ha estado siempre presente, aunque con intensidad


variable, en la vida cultural de los mexicanos. En las épocas
prehispánicas, el estudio de los ciclos de los astros era parte importante
de la actividad de los sacerdotes, si bien su concepción astrológica (la
creencia de que el destino de los hombres está regido por la posición de
los astros) difería en mucho de lo que hoy llamamos ciencia. Aparece
siempre la astronomía prehispánica mezclada íntimamente con la
mitología, la religión, la agricultura, la arquitectura y otras actividades
de las sociedades de ese tiempo (Aveni 2005).

Durante la Colonia, se conjuntan varios factores para mantener a la


astronomía, y en general a las ciencias, en un plano muy secundario. A
esta situación contribuyen tanto el relativo desinterés que por ellas
mostraban los conquistadores españoles como el hecho de que, en
general, nunca han tratado los colonizadores de dar poder a los
colonizados y la ciencia es, como lo hizo notar hace mucho Francis
Bacon, poder. A pesar de las condiciones adversas, hubo a través de la
Colonia algunos ilustres mexicanos que realizaron actividades
astronómicas, nunca de tiempo completo, sino como otra de sus
diversas preocupaciones. Un caso destacado es el de Carlos de Sigüenza
y Góngora (1645-1700), quien en su obra Libra astronómica y
philosóphica (1690), discute la naturaleza de los cometas basándose en
los escritos de astrónomos tan eminentes como Copérnico, Tycho Brahe,
Kepler, y Galileo.

Por la naturaleza de este volumen, no tocaremos más eventos que


ocurrieron antes de la Independencia. Es después de la Independencia,
en especial durante la Reforma, que comienza a haber en México
actividades que podemos comparar a las que ocurrían en el mundo
desarrollado de esa época.

Francisco Díaz Covarrubias: Un astrónomo mexicano del siglo XIX.

Durante la Colonia, se conjuntan varios factores para mantener a la


astronomía, y en general a las ciencias, en un plano muy secundario. A
esta situación contribuyen tanto el relativo desinterés que por ellas
mostraban los conquistadores españoles como el hecho de que, en
general, nunca han tratado los colonizadores de dar poder a los
colonizados y la ciencia es, como lo hizo notar hace mucho Francis
Bacon, poder. A pesar de las condiciones adversas, hubo a través de la
Colonia algunos ilustres mexicanos que realizaron actividades
astronómicas, nunca de tiempo completo, sino como otra de sus
diversas preocupaciones.

Un caso destacado es el de Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700),


quien en su obra Libra astronómica y philosóphica (1690), discute la
naturaleza de los cometas basándose en los escritos de astrónomos tan
eminentes como Copérnico, Tycho Brahe, Kepler, y Galileo.

Por la naturaleza de este volumen, no tocaremos más eventos que


ocurrieron antes de la Independencia. Es después de la Independencia,
en especial durante la Reforma, que comienza a haber en México
actividades que podemos comparar a las que ocurrían en el mundo
desarrollado de esa época.

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El Observatorio de Tacubaya

Los primeros cuatro directores del OAN fueron ingenieros: Ángel


Anguiano(1840-1921) de 1876 a 1899; Felipe Valle(¿-1910) de 1899 a
1910; Valentín Gama(1868-1942) de 1910 a 1914, y Joaquín Gallo(1882-
1965) de 1914 a 1947.

De 1876 a 1947 las funciones del OAN fueron de dos tipos: las
propiamente astronómicas, que estaban fundamentalmente dirigidas al
estudio y divulgación de la astronomía de posición (incluyendo la
observación de asteroides, cometas, planetas y eclipses solares), y a
una serie de servicios relacionados con la astronomía y las ciencias de la
tierra que a través de los años se fueron canalizando a otras
instituciones como son: la geodesia, la cartografía, el geomagnetismo, la
climatología, la sismografía y el servicio de la hora.
Ángel Anguiano fue discípulo de Díaz Covarrubias y en 1876 recibe la
encomienda de dirigir el OAN, el cual se inaugura en 1878 en el Castillo
de Chapultepec. La creación del OAN se debió, como ya apuntamos, a
los buenos oficios de Vicente Riva Palacio (1832-1896) y Díaz
Covarrubias. Los astrónomos convencieron a Porfirio Díaz (1830-1915)
de la importancia del proyecto mencionándole que el observatorio
permitiría la elaboración de mapas precisos para toda la república,
además de atender los aspectos propiamente astronómicos.

Un caso destacado es el de Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700),


quien en su obra Libra astronómica y philosóphica (1690), discute la
naturaleza de los cometas basándose en los escritos de astrónomos tan
eminentes como Copérnico, Tycho Brahe, Kepler, y Galileo.

Por la naturaleza de este volumen, no tocaremos más eventos que


ocurrieron antes de la Independencia. Es después de la Independencia,
en especial durante la Reforma, que comienza a haber en México
actividades que podemos comparar a las que ocurrían en el mundo
desarrollado de esa época.

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El nacimiento de la astrofísica mexicana

En 1942 se inaugura el Observatorio Astrofísico de Tonantzintla, gracias


a los esfuerzos de Luís Enrique Erro (1897-1955), importante político
mexicano que participó en la campaña presidencial de Manuel Ávila
Camacho. Según ha sido relatado por algunos de los amigos de Erro,
Ávila Camacho le preguntó a Erro que cómo lo podría recompensar por el
apoyo prestado, a lo que Erro contestó que con la creación de un
observatorio profesional. El recién estrenado presidente dio luz verde a
la construcción de un observatorio en Puebla, su estado natal. Un relato
amplio sobre la gestación del observatorio puede consultarse en el libro
de Bartolucci (2000).

El observatorio se construyó para alojar la cámara Schmidt, que era su


telescopio principal. Una cámara Schmidt consta de un espejo esférico,
el cual le asocia una superficie focal en lugar de un punto focal a cada
estrella; para reducir esta superficie a un punto se le agrega una lente
correctora que se encarga de “parabolizar” al espejo esférico
produciendo un foco puntual para cada estrella. Adicionalmente a la
entrada del tubo del telescopio se puede colocar un prisma, y en lugar
de obtener imágenes puntuales se obtiene el espectro de cada una de
las estrellas.

La cámara Schmidt permite obtener rápidamente una imagen del cielo


de gran campo (de cinco grados por cinco grados en placas de 20 x 20
cm). Para tener una idea de estas dimensiones, tanto el Sol como la
Luna subtienden un diámetro de medio grado en la esfera celeste.

De 1942 a 1948 la cámara Schmidt no funcionó adecuadamente, pero a


partir de 1948 y principalmente bajo la dirección de Haro se iniciaron
una serie de líneas de investigación. Ordenadas más o menos
cronológicamente las más importantes fueron sobre: nebulosas
planetarias, objetos Herbig-Haro, estrellas T-Tauri, estrellas ráfaga,
clasificación espectral, estrellas azules en la dirección de los polos
galácticos, galaxias azules con líneas de emisión y cuasares…(ver más)

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La Carta del Cielo

Desde 1887 hasta 1947 el proyecto de la Carta del Cielo fue la línea de
investigación principal del OAN, lo cual nos lleva a hacer un paréntesis
para discutir en qué consistió este proyecto, cuál fue la participación de
México, cuáles fueron los logros y fracasos del proyecto a nivel mundial
y cuáles fueron sus efectos en México. El programa de la Carta del Cielo
tenía dos objetivos fundamentales, hacer un catálogo de todo el cielo
que incluyera las magnitudes y las coordenadas de todas las estrellas
más brillantes que la magnitud 11.5 y hacer un mapa del cielo que
incluyera todas las estrellas más brillantes que la magnitud 15. Estos
objetivos requerían del concurso de observatorios situados en distintas
latitudes para observar adecuadamente toda la esfera celeste.

En 1887 se comprometieron 18 observatorios de once países a participar


en el programa, también se requería que los telescopios fueran similares
para que cada una de las decenas de miles de placas fotográficas
involucradas tuviera las mismas especificaciones. Existe alguna
confusión en la literatura sobre el nombre de la Carta del Cielo ya que se
utilizó para designar cuatro cosas distintas: el programa en su conjunto,
el catálogo (que aquí llamaremos el Catálogo Astrográfico), la carta o
mapa de todo el cielo y cada uno de los telescopios de refracción que se
usaron para tomar las placas.

Para coordinar a la astronomía mundial, en 1919 se funda la Unión


Astronómica Internacional, UAI (México ingresa al año siguiente, en
1920), y el programa de la Carta del Cielo se convierte en la Comisión 23
de la UAI. La comisión se disuelve en 1970 ya que se había logrado el
objetivo primario de publicar el Catalogo Astrográfico para todo el
cielo…

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Consolidación de la astrofísica mexicana

La etapa de la consolidación de la astrofísica mexicana tiene muchos


ingredientes. La generación de una masa crítica de astrónomos, en la
que participaron activamente Guillermo Haro, Arcadio Poveda y Paris
Pishmish (1911-1999), ha sido discutida ampliamente por Bartolucci
(2000).

Esta etapa de consolidación incluyó el desarrollo de los observatorios en


San Pedro Mártir y Cananea, así como la internacionalización de la
astronomía mexicana a partir del establecimiento de relaciones de
trabajo con astrónomos de otros países y la utilización de los mejores
instrumentos astronómicos del mundo como los radiotelescopios de
Estados Unidos y Japón, los telescopios ópticos instalados en Chile y los
Estados Unidos y dos telescopios en satélites artificiales: el Explorador
Internacional Ultravioleta en los ochenta y el Telescopio Espacial Hubble
en los noventa y hasta la fecha.
Esta actividad se vio reflejada en la producción de artículos
astronómicos de alta calidad que aparecieron en las mejores revistas del
mundo: Astrophysical Journal (EUA), Astronomical Journal (EUA), Monthly
Notices of the Royal Astronomical Society (Gran Bretaña), Astronomy
and Astrophysics (Europa). También en 1974 surgió la Revista Mexicana
de Astronomía y Astrofísica, en parte heredera de la tradición del Boletín
de los Observatorios de Tonantzintla y Tacubaya, revista de gran calidad
y que tiene una componente de artículos extranjeros considerable, en
volúmenes especiales ha publicado un número considerable de las
memorias de los congresos de astronomía que se han realizado en
Latinoamérica y de las conferencias mexicano-texanas de astronomía.
Esta revista es la que cuenta con mayor parámetro de impacto entre
todas las revistas científicas mexicanas.

Etapa actual de la astrofísica mexicana

Los astrónomos mexicanos, como todos los demás astrónomos del


mundo, queremos saber cuál fue el pasado, cuál es el presente y cuál
será el futuro del Universo y de todos los objetos que lo componen;
también queremos saber si nuestro Universo es único o si forma parte
de un conjunto infinito de universos.

Para tener un panorama general de la actividad de los astrónomos


mexicanos, consúltese el libro Fronteras del Universo (Peimbert 2000)
que pertenece a la colección de divulgación “La Ciencia para Todos” del
Fondo de Cultura Económica, y que consta de un conjunto de nueve
ensayos escritos por investigadores del Instituto de Astronomía de la
UNAM. Entre otras cosas, este periodo es testigo de una diversificación
considerable en los temas y las técnicas observacionales empleadas por
los astrónomos mexicanos.

El énfasis central en esta etapa radica en construir modelos evolutivos


de todo lo observable y lo no observable: medio interestelar, nubes
moleculares, regiones H II, la etapa de formación estelar (incluyendo
discos proto-planetarios y la formación de planetas), nebulosas
planetarias, la muerte de las estrellas (incluyendo la formación de
enanas blancas, hoyos negros y pulsares o estrellas de neutrones),
estrellas múltiples, cúmulos estelares, galaxias (incluyendo nuestra
galaxia, núcleos de galaxias activas y cuasares), el Universo (incluyendo
la formación de hidrógeno, helio, deuterio y litio durante los primeros
cuatro minutos después de la gran explosión, así como la formación de
galaxias unos mil millones de años después).

Para hacer estos modelos requerimos de observaciones de todas las


bandas del espectro electromagnético: rayos gamma, rayos X, luz
ultravioleta, luz visible, luz infrarroja, ondas milimétricas y ondas de
radio. En este momento México cuenta con alrededor de 150 doctores
en astronomía quienes se encuentran laborando en las distintas
instituciones de educación superior que a continuación mencionamos:
Para coordinar a la astronomía mundial, en 1919 se funda la Unión
Astronómica Internacional, UAI (México ingresa al año siguiente, en
1920), y el programa de la Carta del Cielo se convierte en la Comisión 23
de la UAI. La comisión se disuelve en 1970 ya que se había logrado el
objetivo primario de publicar el Catalogo Astrográfico para todo el
cielo…

El Instituto de Astronomía de la UNAM cuenta con dos sedes situadas en


la ciudad de México y en Ensenada, Baja California. También cuenta con
dos observatorios, uno en la sierra de San Pedro Mártir, Baja California
(ver Figura 2)y otro en Tonantzintla, Puebla. El Centro de
Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM, ubicado en el Campus Morelia
de la UNAM y creado a partir de la Unidad del Instituto de Astronomía de
la UNAM en dicha ciudad. El Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y
Electrónica que cuenta con una sede en Tonantzintla y tres
observatorios: Guillermo Haro en Cananea, Tonantzintla, y Cerro de La
Negra en Puebla.

Además existen un grupo consolidado de astrónomos en la Universidad


de Guanajuato, y algunos astrónomos en la Universidad de Guadalajara,
la Universidad de Sonora, la Universidad Veracruzana, la Universidad
Iberoamericana, la Universidad de Monterrey, y el Instituto Politécnico
Nacional. Como parte del desarrollo de la astronomía mexicana en el
siglo XXI se está trabajando en dos proyectos para instalar telescopios
modernos en el territorio nacional, uno de radio y otro óptico-infrarrojo.
También existen colaboraciones menores con radiotelescopios y
telescopios ópticos, ya construidos o en proceso de construcción,
localizados en otros países. El Gran Telescopio Milimétrico se encuentra
en construcción en el Cerro de la Negra y se espera que entre en
operación en el año 2012 (ver Figura 3). México, por medio del Gobierno
Federal ha aportado aproximadamente el 75% del costo y la Universidad
de Massachussets el 25% restante.

El Instituto de Astronomía de la UNAM desde principios de los noventa


está impulsando y desarrollando un proyecto para instalar un telescopio
óptico-infrarrojo de nueva tecnología para ser instalado en el
Observatorio de San Pedro Mártir. Este observatorio está localizado en
uno de los cuatro mejores lugares del mundo para realizar observaciones
ópticas e infrarrojas, los otros tres se encuentran en las islas de Hawaii,
las islas Canarias y la República de Chile. A la fecha el Instituto de
Astronomía ha obtenido financiamiento para el estudio del proyecto,
pero no

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