LEYENDAS
1. La llorona
La llorona es un fantasma del folclor latinoamericano, una de las leyendas
más populares del continente. Su origen se remonta al siglo XVI en México
y se la describe como una mujer vestida de blanco con el rostro cubierto
por un velo. Suele vagar por las noches, mientras llora y se lamenta por un
horrible crimen: la muerte de sus hijos.
Se cuenta que luego de ser abandonada por su marido y sin medios para
subsistir, decidió ahogar a sus niños en el río. Debido a esto, su alma se
encuentra en pena y su aparición causa mala suerte a quien la oye o se la
encuentra.
2. El jinete sin cabeza
Esta historia se popularizó cuando el escritor Washington Irving publicó en
1820 La leyenda de Sleepy Hollow, basándose en un relato popular.
La leyenda surgió en Estados Unidos durante la Guerra de Independencia
en 1776. En la batalla de White Plains, el ejército británico recibió ayuda de
un grupo de mercenarios alemanes y uno de estos hombres fue decapitado.
Se dice que fue enterrado en el cementerio de Sleepy Hollow y desde
entonces se lo ve cabalgando por las noches buscando su cabeza perdida.
Existen otras versiones de jinetes sin cabeza, como la leyenda de los
Dullahan en Irlanda. Esta figura se puede ver durante las noches, sobre un
corcel negro, sosteniendo su tétrica cabeza en la mano derecha o sobre el
lomo de su caballo. Suele llevar un látigo hecho de cartílago humano y
tiene una vista privilegiada que le permite acabar con quien se encuentre
en su camino.
Su origen está ligado al dios celta de la fertilidad Crom Dubh, a quien se
honraba con sacrificios humanos que incluían la decapitación. Cuando el
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cristianismo comenzó a imperar en Irlanda y se extinguieron los ritos
antiguos, comenzó a circular el mito de que Crom Dubh había decidido
reencarnar en los Dullahan para obtener venganza debido al olvido en el
que había caído.
3. El chupacabras
Esta leyenda comenzó a mediados de los años 90 en Puerto Rico y
rápidamente se extendió por toda América Latina y parte de Estados
Unidos. El chupacabras era un monstruo que succionaba la sangre de su
presa a través de perforaciones en el cuello, tal como si fuese un vampiro.
Solía atacar al ganado y animales domésticos en zonas rurales,
especialmente cabras, de ahí su nombre.
Su fama fue tan grande que se llegaron a reportar casos en Rusia, China y
Filipinas. En estos avistamientos se le describió de formas variadas.
Algunos aseguraban que era una criatura bípeda de aproximadamente un
metro de alto, con piel gris escamosa. Para otros, era parecido a un oso
atravesado por espinas desde el cuello hasta la cola. También se le definió
como un lagarto gigante e, incluso, como una nueva especie de perro
salvaje
4. El trauco
Esta historia es de origen chileno. El trauco es un enano de horrible aspecto
que mide alrededor de 80 centímetros de altura, parecido a un sátiro o a un
duende. Habita en los bosques de la isla de Chiloé y vive en el hueco de los
árboles, así como en cavernas.
Utiliza un sombrero cónico y siempre va con un hacha. Sus pies son
deformes, por lo que para pasear se ayuda de un bastón retorcido llamado
pahueldún que hace sonar y sirve de advertencia a quienes se encuentren
cerca.
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Posee una fuerza descomunal y es un personaje perverso, que gusta de
hacer daño físico a los hombres. También es conocido por seducir a las
mujeres, a las que hace caer en un profundo sueño con su aliento. De esta
manera, las engaña y abusa de ellas, dejándolas embarazadas.
5. El monstruo del lago Ness
Esta leyenda es una de las más famosas dentro del imaginario colectivo y
ha logrado ocupar un lugar preponderante dentro de la literatura y el cine.
El lago Ness se encuentra en la zona de Higlands en Escocia, abarca 39
kilómetros y tiene una profundidad de 240 metros. El primer avistamiento
de este monstruo, llamado Nessie, data del siglo VI y en los últimos 200
años se han registrado más de 1000.
Se lo describe como una criatura prehistórica de grandes proporciones. De
hecho, lo han identificado con los plesiosaurios, animales que solían habitar
en el agua.
Durante los años 30 la historia creció y alcanzó renombre internacional,
luego de que un hombre llamado Hugh Gray lo fotografiara el 12 de
noviembre de 1933. A partir de ese momento, se convirtió en una atracción
turística y se han organizado diversas expediciones para localizarlo.
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MITOS
1. Creación del mundo y del hombre (tradición maya)
Antes de la existencia de todo, en una noche infinita, se reunieron los
creadores, Hurakán, Corazón del Cielo, y Kukulkán, la Serpiente
Emplumada. Luego de conversar largo rato, decidieron crear el mundo, que
surgió a través de la Palabra. Dijeron "tierra" y se hizo la tierra, dijeron
"montaña" y desde las aguas brotaron los montes, y lo mismo sucedió con
los árboles y los ríos.
Kukulkán sintió que tenían que animar los espacios con seres que se
movieran. Por ello, crearon a los animales: venados, jaguares, pumas,
búhos, quetzales y serpientes. Les asignaron dónde vivir y les pidieron
hablar, pero no eran capaces, sólo emitían rugidos, graznidos y aullidos.
Así, surgió la idea del ser humano. Tomaron tierra y los moldearon con dos
piernas, dos brazos y un rostro alargado. Sin embargo, se derritieron y no
alcanzaron a proferir ninguna palabra. Entonces, procedieron a realizar
seres de madera que pudieron moverse y hablar. No obstante, eran
criaturas vacías y de corazón ingrato que no agradecieron haber sido
creados.
Hurakán y Kukulkán se enojaron. Enviaron fuertes vientos y tormentas que
arrasaron con todo. Los pocos que lograron sobrevivir, se convirtieron en
monos que olvidaron haber sido humanos. Después, los dioses se retiraron,
hasta que un tiempo después llegaron un coyote, un zorro, un loro y un
cuervo para mostrarles granos amarillos que habían surgido en la tierra. De
esta manera, supieron que el maíz sería la carne de la nueva humanidad
que podría iluminar el mundo con su lenguaje.
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2. Creación de los seres humanos (tradición azteca)
Después de la creación del sol y la luna, Quetzalcóatl tenía la tarea de
descender al Mictlan, la región de la muerte para recoger los huesos de los
antepasados y con ellos crear a la nueva humanidad.
Luego de sortear diversas pruebas, como la montaña de los cuchillos, el
viento de navajas, los torbellinos desgarradores de carne y el perro
devorador de corazones, al fin llegó frente a la pareja de la muerte:
Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl.
Reinaban en la profundidad con sus cuerpos sin piel y cuencas vacías que
dejaban ver las estrellas. Adornaban sus huesos con joyas y cubrían sus
cráneos con cabello negro y rizado. Se encontraban sentados en sus sitiales
de obsidiana rodeados de sus animales favoritos: el murciélago, el búho y
la araña.
Quetzalcóatl pidió los huesos y Mictlantecuhtli le dijo que sólo se los daría si
hacía sonar su caracol. Éste carecía de orificios, por lo que resultaba una
tarea imposible, pero el dios emplumado convocó a los gusanos para que
hicieran orificios y a las abejas para que ayudaran con su zumbido.
Mictlantecuhtli, enojado, le pidió a los seres del Mictlan que impidieran que
Quetzalcóatl lograra su cometido. Entonces, las criaturas hicieron un hoyo y
lo hicieron caer. Ahí se rompió la espalda y murió. Los huesos que cargaba
fueron picoteados y quedaron en muy mal estado.
El dios, gracias a su divinidad, logró resucitar, recogió a los antepasados y
huyó. Junto a los demás dioses, ordenaron los huesos y a través de la
penitencia de derramar su sangre, lograron crear a los hombres.
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[Link] de México (tradición azteca)
Existía hace mucho una isla llamada Aztlán, de aire puro, ambiente
templado, cielo azul y rodeada de aguas color turquesa en las que nadaban
las garzas. Había abundantes flores y productos de la tierra como maíz,
calabazas y cacao.
Vivían todos tranquilos, hasta que un día se apareció el dios Huitzilopochtli
frente al príncipe Mexitli para advertirle que debían abandonar la ciudad y
dirigirse a nuevas tierras. Aztlán ya había cumplido su cometido y, aunque
era eterna, dentro de poco ya no sería visible para los hombres.
Comenzó una larga peregrinación hacia el sur. El dios le advirtió que ya no
lo podría ver, pero que siempre estaría junto a ellos y sabrían cuándo
detenerse, pues les enviaría una señal.
Entonces, encontraron una laguna de aguas turquesas, en cuyo centro se
hallaba una pequeña isla habitada por un nopal, una planta en la que se
sostenía un águila con una serpiente entre sus garras. Aunque el lugar se
veía inhóspito, el dios había permitido que Mexitli pudiera observar con el
ojo de la mente. Así pudo fundar una nueva Aztlán, un reflejo de los
cimientos del cielo que se llamaría México. Es por esto que hoy, el emblema
del escudo de México corresponde a un águila sobre un nopal con una
serpiente en su pico.
4. El mito verde
Donde los textos bíblicos y otras leyendas atribuyeron inundaciones, plagas
y pestilencias a la ira de Dios o de los dioses, la historia de Yggdrasill
resuena más en un mundo que está alerta por el impacto del hombre.
El árbol Yggdrasill se encuentra en el centro del universo nórdico antiguo.
Sus ramas llegan hasta los cielos; sus raíces descienden al mundo de los
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gigantes muertos y helados. Los animales que viven en él prosperan y lo
dañan. Cuando llega el fin del mundo, el árbol gime y se tambalea, pero no
se nos dice si caerá.
"Yggdrasill es un modelo para nuestro entorno en el que haríamos bien en
pensar", dice Carolyne Larrington.
"Representa un mundo natural que existe, pero que no se puede dar por
sentado: un sistema simbiótico que puede o no resistir todas las
depredaciones que la humanidad le inflige", apunta la académica.
La advertencia implícita es especialmente pertinente ahora, dado que
Yggdrasill no es un árbol cualquiera sino un fresno.
"Era gris plateado", escribió Neil Gaiman en su novela de 2001 "American
Gods" (el título podría traducirse como "Dioses americanos"), la cual está
llena de mitos.
Uno solo tiene que caminar a través de uno de los muchos bosques en todo
el mundo recientemente devastados por la llamada enfermedad de la
muerte regresiva del fresno, para ver vastos espacios vacíos donde
recientemente se alzaban árboles de color gris plateado.
5. El mito del vagabundo en busca de sabiduría
Odín, el padre de Thor y creador del mundo nórdico, es también el dios de
la guerra, de la poesía, de las runas, de la magia y de los muertos.
Pero está deidad no es omnisciente y deambula tanto por el mundo
humano como por el divino en busca de sabiduría y esto tiene un precio.
Cuando llega al Pozo de Urd, se le dice que para sorber el agua de la
sabiduría debe sacrificar un ojo.
Odín el vagabundo inspiró al mago Gandalf de J.R.R. Tolkien.
También prestó su nombre a Merlina (Wednesday), del inglés antiguo
"wōdnesdæg", que se originó de "Woden" (Odín). En el universo Marvel,
siempre se le representa sin el ojo derecho y como una figura sabia, con un
punto ciego.
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"Odín da forma a la manera en la que pensamos acerca de seguir
aprendiendo, pero al mismo tiempo se lo ve como una fuerza patriarcal que
finalmente debe hacerse a un lado, y vemos mucho esta dicotomía en la
política contemporánea", analizó Carolyn Larrington.
"Al final del mundo nórdico, vendrá una nueva generación de dioses, con
nuevas ideas no probadas. Pero existe la sensación de que prevalecerán",
agregó.
FABULAS
1. La zorra y la cigüeña
Cuenta la historia que una zorra invitó a una cigüeña a comer en su casa,
pero cuando esta llegó, se encontró con que la zorra había servido sopa en
platos hondos. De ese modo, se aseguraba que la cigüeña no pudiera
comer.
La cigüeña se entristeció, pero no dijo nada. A la primera oportunidad,
convidó a la zorra a su casa. Esta vez, le sirvió jigote en un recipiente de
cuello largo y estrecho, en el que la zorra no podía meter su hocico. La
zorra no pudo más que resignarse, mientras la cigüeña decía:
—Amiga, me hiciste pasar hambre deliberadamente cuando me invitaste a
tu casa, y hoy has sido tratada de la misma manera en que me trataste.
Moraleja
Trata a los demás como deseas que te traten a ti, y si no lo haces, luego no
te quejes de las consecuencias.
2. Tío tigre y Tío conejo
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En una mañana cálida, Tío Conejo recolectaba zanahorias para preparar su
comida preferida, cuando escuchó por cerca de él un gran rugido que lo
asustó. Era Tío Tigre, que estaba buscando algo para cazar. Tío Tigre era un
felino grande y fuerte, que atemorizaba a los animales pequeñitos del
monte, pero no al astuto Tío Conejo, conocido en todas partes por su
ingenio.
Al ver a Tío Conejo, Tío Tigre exclamó:
—¡Te encontré, Tío Conejo! No podrás escapar de mí esta vez, y serás mi
almuerzo del día.
Pero Tío Conejo no estaba dispuesto a dejarse comer, así que comenzó a
pensar en una solución. Miró alrededor y divisó en la cima de una colina
unas grandes rocas, y tuvo una idea. Entonces, le dijo a Tío Tigre:
—Yo soy una presa pequeña y con poca carne. ¿Para qué conformarte
conmigo cuando puedes obtener un banquete mayor y más suculento,
siendo tú tan grande y fuerte? Verás, en la colina hay un rebaño de vacas.
Puedo subir hasta allá rápidamente y lanzarte una novilla para ti.
Tío Tigre alzó la mirada y, como la luz del sol le daba directo en los ojos,
solo pudo divisar la sombra de unos bultos a lo lejos. Confiado en las
palabras de Tío Conejo, a quien tomaba por débil y cobarde, aceptó la
oferta.
Ni corto ni perezoso, Tío Conejo subió a la colina y arrastró una de las
pesadas rocas hasta el borde del precipicio, y desde allí gritó a Tío Tigre:
—¡Tío Tigre, abre los brazos para que agarres a la novilla!
Entonces el gran y feroz Tío Tigre abrió sus brazos, y la roca le cayó
encima, dejándole un enorme chichón en su cabezota que le impidió cazar
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por varios días. Y una vez mñas, a Tío Conejo lo salvó su astucia y no la
fuerza bruta.
Moraleja
Más vale la astucia que la fuerza.
3. El viejo, el niño y el burro
Un viejo y un niño viajaban de pueblo en pueblo en compañía de un burrito
de carga. Cuando pasaban por el primero de los pueblos, comenzaron a
escucharse los rumores de las voces de la gente que decían:
—¡Vaya par de tontos! Tienen un burro y andan a pie por el camino.
Al oírlos, el viejo se sintió mal, y decidió prestar atención a tales palabras.
Entonces, subió al niño al borrico y continuaron el trayecto.
Al llegar al siguiente pueblo, el niño llamó la atención de un campesino que
los habitantes. Señalando a los viajantes, un campesino comentó:
—¡Qué niño tan desconsiderado! Siendo joven y con energía, permite que el
viejo camine y se fatigue.
El viejo y el niño se quedaron pensando, así que decidieron cambiar de
lugar. Mientras el niño caminaba y el viejo iba montando el burro, llegaron
al tercer pueblo. Allí, la gente empezó a murmurar:
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—¡Vaya viejo maltratador, perezoso y egoísta! Lleva al pobre niño
caminando incansablemente bajo el sol.
Entonces el viejo y el niño decidieron montar juntos al animal y así llegaron
al cuarto pueblo. Estando allí, un hombre se les acercó y les dijo:
—¿Es suyo ese burrito?
—Sí — respondió el viejo.
—Pues no parece, a juzgar por la forma en que lo sobrecargan y lo agotan.
Deberían ser ustedes quienes cargaran con la pobre criatura.
El viejo y el niño se sentaron a pensar y se les ocurrió atar las patas del
burro, ensartar un palo entre ellas y montarlo sobre sus hombros para
llevar al burro.
La gente se quedó sorprendida al ver semejante tontería, así que siguieron
al viejo y al niño. Cuando llegaron al puente más cercano, las voces de la
multitud comenzaron a molestar al burro que, haciendo uso de su fuerza,
luchó y luchó con las cuerdas hasta soltarse y, sin quererlo, cayó por el
puente abajo hasta caer en el río. El burro se sobrepuso, nadó, salió del río
y huyó por los caminos del campo.
Solo entonces el viejo entendió que, por querer dar gusto a todos, actuó sin
sentido común y perdió su bien más preciado.
Moraleja
Por más que intentes agradar a todos, nunca lo lograrás.
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4 La gallina de los huevos de oro
Érase una gallina que ponía
un huevo de oro al dueño cada día.
Aún con tanta ganancia, mal contento,
quiso el rico avariento
descubrir de una vez la mina de oro,
y hallar en menos tiempo más tesoro.
Matóla; abrióla el vientre de contado;
pero después de haberla registrado
¿qué sucedió? Que, muerta la gallina,
perdió su huevo de oro, y no halló mina.
¡Cuántos hay que teniendo lo bastante,
enriquecerse quieren al instante,
abrazando proyectos
a veces de tan rápidos efectos,
que sólo en pocos meses,
cuando se contemplaban ya marqueses,
contando sus millones,
se vieron en la calle sin calzones!
Moraleja
El avaro que se desespera por la riqueza, se arriesga a perderlo todo.
5. La tortuga y el águila
Una tortuga que se recreaba al sol, se quejaba a las aves marinas de su
triste destino, y de que nadie le había querido enseñar a volar.
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Un águila que paseaba a la deriva por ahí, oyó su lamento y le preguntó
con qué le pagaba si ella la alzaba y la llevaba por los aires.
- Te daré – dijo – todas las riquezas del Mar Rojo.
- Entonces te enseñaré a volar – replicó el águila.
Y tomándola por los pies la llevó casi hasta las nubes, y soltándola de
pronto, la dejó ir, cayendo la pobre tortuga en una soberbia montaña,
haciéndose añicos su coraza. Al verse moribunda, la tortuga exclamó:
- Renegué de mi suerte natural. ¿Qué tengo yo que ver con vientos y nubes,
cuando con dificultad apenas me muevo sobre la tierra?
Moraleja
Si fácilmente adquiriéramos todo lo que deseamos, fácilmente llegaríamos
a la desgracia.
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