La dimensión social del hombre aparece consignado en el Antiguo
Testamento. El Nuevo Testamento lo que hace es señalar que no solamente el
hombre es un ser comunitario, sino que también Dios lo es: Dios es el nosotros
del Padre, el Hijo y el Espíritu.
[Link] HOMBRE PECADOR: EL PECADO
3.1. Introducción
Después de la creación del hombre y de la mujer, en esta tercera parte
vamos a considerar la reflexión sobre el hombre pecador, no sólo porque
personalmente peque, sino porque se encuentra inserto en una historia de
pecado que, según los relatos bíblicos, comienza al principio de la historia y
que abraza a la entera humanidad. En la tradición de la Iglesia, la reflexión
acerca de esta pecaminosidad universal está ligada a la doctrina del «pecado
original», en su doble dimensión de pecado, primero al comienzo de la
historia, y de los efectos que, a partir y como consecuencia de aquél, sufre
cada hombre y toda la humanidad. Se trata, por consiguiente, de ver en qué
consiste y cuál es el origen de la división interna del hombre y de la
humanidad.
Por otro lado, la doctrina del pecado original presupone a su vez que el
hombre ha sido creado por Dios «en la gracia», y desde el primer momento
Dios le ha ofrecido su amistad. Sólo así tiene sentido hablar del pecado como
ruptura de la alianza con Dios32.
Así lo explica el Concilio Vaticano II:
Antropología teológica
«Creado por Dios en la justicia, el hombre, sin embargo, por
instigación del demonio, en el propio exordio de la historia, abusó de su
libertad, levantándose contra Dios y pretendiendo alcanzar su propio fin
al margen de Dios. Conocieron a Dios, pero no le glorificaron como a
Dios. Obscurecieron su estúpido corazón y prefirieron servir a la criatura,
32
Cf. L.-F. LADARIA, Introducción a la Antropología Teológica, cit., 105.
Módulo II: el mensaje cristiano
Prof. E. Muñoz Jiménez 15
no al Creador. Lo que la Revelación divina nos dice coincide con la
experiencia. El hombre, en efecto, cuando examina su corazón,
comprueba su inclinación al mal y se siente anegado por muchos males,
que no pueden tener origen en su santo Creador. Al negarse con
frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompe el hombre la
debida subordinación a su fin último, y también toda su ordenación tanto
por lo que toca a su propia persona como a las relaciones con los demás y
con el resto de la creación.
Es esto lo que explica la división íntima del hombre. Toda la vida
humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y por cierto
dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. Más todavía,
el hombre se nota incapaz de domeñar con eficacia por sí solo los ataques
del mal, hasta el punto de sentirse como aherrojado entre cadenas. Pero el
Señor vino en persona para liberar y vigorizar al hombre, renovándole
interiormente y expulsando al príncipe de este mundo (cf. Jn 12,31), que
le retenía en la esclavitud del pecado. El pecado rebaja al hombre,
impidiéndole lograr su propia plenitud»33.
Siendo el Evangelio noticia de salvación y de gracia, hemos de comenzar
hablando de pecado, que es el reverso de la Buena Nueva de que Jesús es el
Salvador de todos, de que todos necesitan salvación y de que la salvación es
ofrecida a todos gracias a Cristo34. Es este el núcleo fundamental: que Cristo
ha muerto y ha resucitado para redimir a todos de una situación de pecado y,
de esto se deduce que, si todos han sido redimidos, todos necesitábamos
redención y, por lo tanto, Cristo es la salvación de todos.
3.2. El Antiguo Testamento:«todos son pecadores»
Desde las primeras líneas de la Biblia aparece el pronunciamiento sobre
el pecado del hombre (Gn 2-3)35. Adán ha sido creado del barro de la tierra,
sin embargoDios quiere para él una situación mejor, le prepara un jardín y lo
introduce en él. De Gn 2 (el paraíso) parece deducirse que Dios ha querido
promover al hombre a una forma de vida superior, es decir que tenga vida en
estrecha comunión junto a Él.
No se puede pasar por alto que, en medio del jardín, hay dos árboles que
Antropología teológica
van a jugar un papel decisivo en este relato bíblico. El primero de ellos es «el
árbol de la vida», que se le ofrece a la fragilidad del hombre creador del barro
para superar su condición constitutiva. El segundo árbol es el de «la ciencia
33
GS, n. 13.
34
Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 389.
35
Cf. el estudio de J.-L. RUIZ DE LA PEÑA, El don de Dios. Antropología teológica
especial (Santander 1991) 57-67.
Módulo II: el mensaje cristiano
Prof. E. Muñoz Jiménez 16
del bien y del mal», que es objeto de acotación y mandato por parte de Dios al
que el hombre no puede acceder. Mediante este mandato Dios le está diciendo
al hombre que es libertad dependiente y se le está abriendo el espacio de
responsabilidad.
Hasta aquí podríamos decir que es la representación de cómo podría
haber sido el mundo y, a partir de Gn 3 (la caída) es la realidad del mundo tal
cual [Link] caída del hombre y la mujer—ambos conjuntamente— consistió en
traspasar el límite marcado por Dios: el hombre quiso tomar el lugar de Dios
creyendo que podía ser por naturaleza lo que sólo podía ser por gracia [Link] ha
producido una fractura en el plan de [Link] la armonía de la justicia
original, prevista para el hombre por designio de Dios, se perderá por el
pecado de Adán y Eva37. Las consecuencias de esta caída son las siguientes:
1ª. El pecado es ilusorio y falaz, nunca cumple su promesa. La serpiente
les había prometido que «se les abrirían los ojos» para conocerlo todo y ser
como Dios. Nunca llegó a cumplirse.
2ª. El hombre huye de la cercanía de Dios, es decir el pecado es ruptura
de la relación y comunión del hombre con Dios.
3ª. La ruptura de la relación con Dios se consuma en la relación hombre-
mujer (Adán acusa a Eva) y mundo humano-mundo animal (la mujer acusa a
la serpiente).En el diálogo con Dios el hombre no puede negar el haber
desobedecido; puede sólo denunciar a la mujer que lo ha inducido a la
desobediencia, y ésta a su vez denuncia a la serpiente que la ha engañado.
La ruptura y perversión de las relaciones modifica lo que estaba
destinado a ser; así, el amor conyugal se degrada en deseo, la maternidad se ve
ensombrecida por el sufrimiento, la actividad creativa del hombre sobre el
mundo asume el carácter de lucha contra una naturaleza hostil, y por fin, la
fragilidad propia del ser humano provoca la angustia ante la muerte.
Todo lo que se había originado bajo el signo de la comunión se sitúa
ahora en el signo de la escisión. Además, propio de la conciencia culpable es
el no reconocimiento de la culpabilidad.
A partir deGn 3, 14-15, Dios castiga a la serpiente a arrastrarse y a comer
polvo, ocupando el lugar más bajo entre todos los animales. Habrá hostilidad
Antropología teológica
entre la serpiente y la mujer a la cual ha engañado, y entre la respectiva
descendencia.
36
El pecado del hombre consiste en el querer ser como Dios, en su autosuficiencia que
rehúsa el don del Señor. El pecado engendra pecado, el hombre es solidariamente
responsable de su suerte sobre la tierra. En L.-F. LADARIA, Introducción a la Antropología
Teológica, cit., 108.
37
Catecismo de la Iglesia Católica, n. 379.
Módulo II: el mensaje cristiano
Prof. E. Muñoz Jiménez 17
Después de la serpiente, toca el turno a Eva: «Multiplicaré tus fatigas y
tus embarazos, parirás tus hijos con dolor, tendrás ansia de tu marido [tu deseo
irá hacia el varón] y él te dominará» (Gn 3,16). Un dominio así niega la
reciprocidad de varón y mujer, su relación instaura ahora un régimen similar al
que el hombre implanta con los animales en Gn 1, 26-28. Es la consecuencia
del pecado sobre la generación de la vida, el deterioro de la relación conyugal
que tocará también a los propios hijos.
El sufrimiento es lo más esencial de la humanidad –maternidad y
trabajo– y sustituye al gozo anunciado de la fecundidad y del dominio sobre la
tierra (2,28). La pareja , modelo de unidad y compenetración , está
resquebrajada en su base. El egoísmo instalado en lo profundo del ser humano,
hace difícil la actitud de apertura y entrega amorosa. No es extraño entonces
que la sexualidad adquiera una tonalidad sombría, y se convierta en algo
considerado como impuro y malvado, y como dominación.
Finalmente, la condena del hombre: «Porque has escuchado la voz de tu
mujer y has comido del árbol del cual te había prohibido comer, maldito sea el
suelo por tu causa. Con fatiga comerás todos los días de tu vida, espinas y
cardos producirá para ti y tú comerás la hierba del campo . Con el sudor de tu
frente comerás pan hasta que regreses a la tierra de la cual has sido sacado:
porque eres polvo y al polvo volverás» (Gn 3,17-19).El hombre no es maldito
como la serpiente, sino el suelo, que viene a perder su fecundidad primitiva.
Para extraer algo comestible el hombre debe trabajar duro, hasta cuando llegue
el momento de restituir el soplo vital y ser sepultado en la tierra para
convertirse en tierra de la que fue hecho.
La narración se acerca a la conclusión. El hombre da a su mujer el
nombre de Eva, porque ella fue madre de cada ser viviente (cf. Gn 3,20). La
alusión a la vida es importante porque prepara el contraste con el tema de
fondo sobre el cual concluye la narración: la mortalidad humana. La mujer
genera vivientes que son destinados a morir.
Puesto que el hombre quiso ser como Dios y conocer el bien y el mal sin
depender de Dios, no puede tener acceso a la prerrogativa divina de vivir para
siempre. El Señor lo echa del paraíso para que no coma más del árbol de la
vida, y coloca los querubinesy «la llama de la espada vibrante»haciendo
Antropología teológica
guardia para que el hombre y la mujer no vuelvan a entrar.
La narración del Edén ofrece, por tanto, una explicación de la condición
humana, marcada por la fatiga y por la muerte. No estaba en el Creador
quererla así, sino que el hombre mismo, con su desobediencia,ha provocado
este dramático cambio de su existencia.
Módulo II: el mensaje cristiano
Prof. E. Muñoz Jiménez 18
Son muchos los textos del Antiguo Testamento que hacen referencia a
los aspectos sombríos de la condición humana, a la existencia como
sufrimiento y muerte, y a la existencia como pecado. El pueblo de Israel ha
experimentado la miseria de una existencia precaria, jalonada por el
sufrimiento y como horizonte el destino mortal38.
Los salmos reiteran el dato de una pecaminosidad universal que traspasa
las fronteras de Israel para extenderse a todo el género humano. También en la
literatura sapiencial son frecuentes las formulaciones en este sentido. Esta
pecaminosidad es una predisposición arraigada en el corazón humano. Los
profetas van a proclamar reiteradamente la perversión de un corazón
empedernido, siendo la única solución la infusión de un «corazón nuevo».
Esta conciencia del propio pecado hace que la reacción instintiva del ser
humano ante Dios sea la huida, y no la aproximación confiada que genera la
comunión.
Así, el pecado no es entendido como un hecho aislado que afecta
únicamente a quien lo comete, sino que hay una corresponsabilidad de los
descendientes en las culpas de sus antepasados. Hay un ambiente en el que se
admite la solidaridad en el mal y el influjo del pecado de unos en otros. Así es
constatado por la literatura sapiencial (cf. Prov 20,9; Ecl 7,20; Job 4,17; 14,4;
Sal 51,7; 143,2), y por los profetas que transmiten la experiencia de que el
pecado de los padres tiene influjo en los hijos (cf. Jr 2,5-8; 3,25; 7,22ss; Ez
2,3ss; 16,44; Os 10,9; Am 2,4). El reconocimiento siempre más claro de la
responsabilidad personal del pecador (cf. Jr 31,29s; Ez 18,3ss) no se opone a
esta experiencia; se trata, más bien, de perspectivas complementarias39.
3.3. El mensaje de salvación del Nuevo Testamento:
la redención
Si el mensaje del Antiguo Testamento es que todos han recibido la
herencia del pecado, el Nuevo Testamento se abre a la perspectiva salvífica:
todos son redimidos. Efectivamente, si todos son redimidos es que todos han
Antropología teológica
caído en el pecado.
38
Cf. la exposición de J.-L. RUIZ DE LA PEÑA, El don de Dios, cit., 48-56.
39
Cf. L.-F. LADARIA, Introducción a la Antropología Teológica, cit., 108.
Módulo II: el mensaje cristiano
Prof. E. Muñoz Jiménez 19
El pasaje del Nuevo Testamento más importante en el desarrollo de la
doctrina del pecado original es el texto paulino de Rom 5,12-2140. En este
texto san Pablo deja claro lo siguiente:
1º. La pecaminosidad universal está presente en su pensamiento. Subraya
el carácter vinculante del pecado al que nadie puede sustraerse. La condición
humana se mueve en una atmósfera de pecado que conduce al rechazo divino.
2º. La esfera de la carne es mortal por necesidad. La muerte no se refiere
solamente al fenómeno físico del deceso, sino que es una situación teologal: el
estado de ruptura con Dios que conlleva la no-salvación. El término thánatos
(muerte) se refiere más ampliamente a una situación de muerte espiritual en la
que se contiene la muerte escatológica y que se manifiesta visiblemente en la
muerte física.
3º. Juega un papel decisivo el paralelo Adán-Cristo. Uno es el causante
de la muerte y el otro el causante de la vida. La identidad de ambos personajes
es la representación en los que se condensa solidariamente la humanidad
entera: en Adán y en Cristo toda la humanidad está contenida. La solidaridad
en la muerte de todos con Adán, solamente es superable por la solidaridad de
todos con Cristo.
La desobediencia de Adán ha situado a todos los hombres en una
condición pecadora. Cada ser humano está determinado por la acción de Adán,
de quién es solidario. Hay, por lo tanto, una causalidad de uno sobre todos en
el ser constituidos pecadores, como hay una causalidad de uno sobre todos en
el ser constituidos justos. Como la libertad juega un papel radical, el destino
previo-Cristo ha de ser ratificado por la libertad personal.
Del texto paulino antes aludido podemos esquematizar una serie de
conclusiones teológicas41 que nos ayuden a seguir el hilo conductor de la
revelación, y despejando algunas ideas claras.
1ª. La situación universal de perdición en la que se sitúa el hombre tiene
sus causas en el pecado que habita en cada uno, y en la propia responsabilidad
individual. Se genera así una tensión en la que el pecado alcanza a todos y se
manifiesta en el hecho de que todos cometieron pecados personales.
2ª. Ese destino que nos empuja al pecado personal tiene su origen en el
Antropología teológica
acto de una libertad creada. No se lo podemos imputar a Dios ni a un fatalismo
que nos empuja a pecar. Existe una opción humana culpable y, por lo tanto,
40
Seguimos el desarrollo que hace el teólogo J.-L. RUIZ DE LA PEÑA, El don de Dios,
cit., 86-91. 95-102.
41
Cf. Ibid., 103-104.107.
Módulo II: el mensaje cristiano
Prof. E. Muñoz Jiménez 20
libre, que se remonta al comienzo de la historia y que puso en marcha la
dinámica del pecado, creando una situación de muerte espiritual.
3ª. Es ese destino previo basado en la convicción de la solidaridad
humana, lo que garantiza la universalidad del pecado. Esta pecaminosidad
universal que hace del mundo un reino de pecado se manifiesta socialmente en
la solidaridad culpable, e individualmente en la experiencia de desgarramiento
interior y en la incapacidad para hacer el [Link] la universalidad
del pecado se está afirmando el núcleo más importante del Evangelio: la
salvación universal por Cristo, que es el Salvador de todos los hombres42.
3.4. El desarrollo histórico de la
doctrina
Vamos a detenernos en dos momentos fundamentales que han marcado
la historia de la doctrina del pecado original: 1) san Agustín y la crisis
pelagiana, y 2) el concilio tridentino, cuyo decreto «de peccatooriginale»
constituye la declaración magisterial más completa sobre la materia que nos
ocupa.
• San Agustí[Link] a la minimización de la fuerza del pecado por parte
de los pelagianos, que veían en Adán sólo un mal ejemplo y reivindicaban la
bondad de la naturaleza en cuanto creada por Dios, el Obispo de Hipona43
insiste en la realidad del pecado en todo hombre a menos que no sea librado de
él por el bautismo. El entero género humano es a causa de Adán una masa
condenada. También los niños son «pecadores», porque si no lo fuesen Cristo
no habría muerto por ellos. Dado que no han podido pecar personalmente, es
el pecado de Adán el que contraen con la generación. De este pecado libra el
sacramento del bautismo, que también se aplica a los niños para la remisión de
los pecados.
42
Importa señalar el objetivo cristológico: en él está la salvación, la gracia, la
justificación que se adquiere por la fe en él y no por nuestras propias obras. Si por la
desobediencia de Adán, todos han sido constituidos pecadores; del mismo modo por la
Antropología teológica
obediencia de Cristo que nos precede, todos serán constituidos justos (v. 19). Cristo y la
gracia prevalecen sobre el pecado, porque «donde abundó el pecado sobreabundó la gracia»
(v. 20). Cristo, con su obediencia, a la cual nos adherimos por medio de la fe, nos libra del
poder del pecado que nos esclaviza. El pecado que nos atenaza es, por consiguiente, aquello
de que Jesús nos ha liberado. En L.-F. LADARIA, Introducción a la Antropología Teológica,
cit., 108-109.
43
Cf. Ibid., 109-110. Se puede ver la exposición más amplia, así como las
intervenciones magisteriales y conciliares del momento en J.-L. RUIZ DE LA PEÑA, El don de
Dios, cit., 122-137.
Módulo II: el mensaje cristiano
Prof. E. Muñoz Jiménez 21
• El Concilio de Trento esotro momento capital en el desarrollo y
definición de la doctrina del pecado [Link] en la crisis pelagiana era la
negación o la minimización del pecado original lo que daba lugar a la
controversia, en Trento se trata, de alguna manera, de lo contrario. Frente a las
tendencias de Lutero de considerar la naturaleza humana totalmente
corrompida a partir del pecado, el Concilio tiene que afirmar que esta
naturaleza, aunque está herida, se mantiene íntegra en lo sustancial, y debe
también afirmar la transformación intrínseca del hombre justificado y la
realidad de la justificación del [Link] podemos entrar exhaustivamente en
el contenido de los cánones de Trento, por lo que sintetizamos del siguiente
modo la exposición del Concilio.
En primer lugar, hay un nivel cristológico. Se afirma que no hay
salvación para los hombres más que por Jesucristo; esto vale incluso para
aquellos que no han pecado personalmente; también para éstos Cristo se hace
necesario para la salvació[Link] punto de partida de Trento es la situación actual
de la humanidad sometida al [Link] doctrina del «pecado original» no es
algo que se afirma por sí misma, sino para poner de relieve la función
salvadora de Jesucristo.
En segundo lugarestá el nivel eclesioló[Link] salvación de
Cristo se realiza por medio de la Iglesia y en ellase entra mediante el
sacramento del bautismo por el que nos insertamos en Cristo.
En tercer lugar,hay que mencionar el antropológico, es decirel estado de
la humanidad en cuanto que no está incorporada a Cristo es de alejamiento de
Dios y, por tanto, de pecado, de carencia y privación de la santidad y la
justicia en la que Dios ha creado al hombre, y ello ha producido que el
hombre, en su cuerpo y en su alma, haya sido cambiado a peor.
Por último, el nivel etiológicotrata de la causa de la situación de miseria
en que se encuentra la humanidad. Se tata de una acción pecaminosa del
hombre, que se coloca al comienzo de la historia, y que no ha dañado sólo a
44
Seguimos el resumen que hace de M. FLICK- Z. ALSZEGHY, El hombre bajo el
signo del pecado. Teología del pecado original (Salamanca 1972) 164ss., L.-F. LADARIA,
Antropología teológica
Introducción a la Antropología Teológica, cit., 112-113.
Ruiz de la Peña señala, en síntesis, las afirmaciones del Concilio de Trento con las
siguientes afirmaciones: la existencia del pecado original, muerte del alma (canon 2); que
afecta interiormente a todos menos a María (cánones 2-4); del que solo nos puede librar la
gracia de Cristo por el bautismo (cánones 3-4); el bautismo borra totalmente cuanto hay de
pecado y, por lo tanto, la concupiscencia remanente tras el bautismo no es ya pecado en
sentido propio en los bautizados (canon 5); la situación universal de pecado tiene como
factor desencadenante la acción histórica de una libertad humana (canon 1). En J.-L. RUIZ DE
LA PEÑA, El don de Dios, cit., 153.
Módulo II: el mensaje cristiano
Prof. E. Muñoz Jiménez 22
Adán sino a todos los hombres, los cuales por este hecho se han convertido en
«pecadores».
3.5. Teología del pecado: actualidad del
tema
En primer lugar, aludimos a la experiencia común de que el pecado está
presente en la historia del hombre; sería vano intentar ignorarlo o dar a esta
oscura realidad otros nombres. Podremos comprender lo que es el pecado
reconociendo el vínculo profundo del hombre con Dios, porque fuera de esta
relación Creador-criatura, aunque continúe pesando el mal sobre la vida del
ser humano, no se podría desenmascarar en su verdadera identidad de rechazo
y oposición a Dios45.
En segundo lugar, conviene aclarar la terminologíadiciendo que el
«pecado original» es llamado pecado sólo analógicamente respecto al pecado
personal. Llamamos «pecado» al pecado original porque aparta de Dios,
porque la relación con Dios queda afectada de modo negativo46.
En tercer lugar, la teología tradicional distingue, al hablar del pecado
original, el llamado «pecado original originante» y el «pecado original
originado». El primero es el pecado cometido al comienzo de la historia que
ha dado origen al mal que ahora vivimos y experimentamos personalmente; el
segundo son las consecuencias negativas en nosotros, nuestra situación de
alejamiento de Dios que tiene en el pecado «originante» su causa y su
fundamento.
Antes hablábamos de la experiencia común y personal del pecado. Es
decir, todo ser humano puede atestiguar en sus carnes la realidad del pecado
tal como nos muestra la revelación. Es la experiencia de la división del
hombre, tanto en su vida personal como en la comunitaria; es la miseria a que
está sometido, sea en la lucha interna entre el bien y el mal, sea en la relación
con los demás en todos los planos en que ésta se realiza. En esta situación se
encuentra todo hombre que nace a este mundo; y es una situación tal, que el
Antropología teológica
hombre no puede superarla por sus propias fuerzas.
Los datos de la revelación, concordes con esta experiencia, nos la
interpretan. Nos dicen que esta situación en que nos encontramos, sea la
45
Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 386.
46
Para esta exposición seguimos la teología de L.-F. LADARIA, Introducción a la
Antropología Teológica, cit., 113-128 con algunos comentarios de la obra ya citada de J. L.
Ruiz de la Peña.
Módulo II: el mensaje cristiano
Prof. E. Muñoz Jiménez 23
nuestra interior sea la de la humanidad entera, no es la querida por Dios, y que
es manifestación y a la vez causa de nuestro alejamiento de él, de nuestra
incapacidad de amarle y de amar al prójimo. En este sentido hablamos de una
situación de «pecado», en la que todos los hombres nos hallamos. Hablamos
de noción analógica de pecado respecto al pecado personal. No se trata, en
efecto, de un acto, sino de una situación, de un estadode perdición, de
privación de gracia, de esclavitud bajo el poder del mal; por ello la
denominación de «pecado» no es impropia para designar este estado. Estamos
implicados en este pecado antes de toda decisión libre por nuestra parte, y la
experiencia nos enseña, además, que llegados al uso de nuestra libertad, lo
ratificamos, en mayor o menor medida, con nuestras libres decisiones, y
contribuimos a aumentar el mal, el egoísmo y la injusticia que hallamos en el
mundo que nos rodea.
Si llamamos pecado a esta situación es porque la consideramos fruto de
la decisión humana. Hay pecado porque hay libertad humana y porque esta
libertad puede ejercitarse incluso contra Dios, del que procede, y a la vez
contra nosotros mismos. Es en la libertad humana y en sus características
donde hay que encontrar la razón del estado de pecaminosidad universal que
llamamos pecado original.
El pecado, a la vez que significa un alejamiento personal de Dios, causa
también una ruptura de la mediación de gracia para los demás. El hombre, en
su infidelidad a Dios, no ha aceptado el ser también para los demás, canal de
la presencia de Dios y de su gracia.
De la ruptura de la paz con Dios se sigue una situación de alejamiento de
Él que afecta a todos. De ahí que se produzcan nuevos pecados personales, y
de ahí también que la existencia de quien viene al mundo esté marcada por la
historia de pecado anterior a él. Hay relación entre unos y otros pecados, como
también la hay entre las acciones y actitudes que cooperan para el bien y que
arrancan de Cristo. El hombre se encuentra así apartado de Dios, lejano de su
presencia, sometido al poder del mal. Esta situación es provocada por el
hombre, ratificada por cada uno individualmente, asimilada en forma cuasi-
automática al insertarnos en las instituciones, costumbres... Todas estas
condiciones no son exteriores al hombre, le afectan profundamente; por todo
Antropología teológica
ello, con la venida al mundo el hombre se hace «pecador» en solidaridad con
los demás.
Es toda la humanidad la que ha sido reconciliada con Dios por Cristo, no
sólo los pecadores individualmente, como es también la humanidad en su
conjunto, y no sólo cada uno de los hombres, el objeto de la salvación y del
amor de Cristo, porque la plenitud del hombre no consiste sólo en su relación
personal con Dios, independientemente de los otros, sino la inserción con
Módulo II: el mensaje cristiano
Prof. E. Muñoz Jiménez 24
todos los hermanos en el cuerpo de Cristo. Si ello es así, no podemos
minimizar las dimensiones y los efectos sociales de la gracia y del pecado.
¿Cuándo se ha producido en la humanidad este dominio del pecado?
¿Cuál es el valor del primer pecado, del «pecado de Adán» del que nos hablan
la Biblia y la Tradición de la Iglesia? La mayoría de los autores católicos
mantienen el valor decisivo del primer pecado, aunque renuncien a hacer
hipótesis de cómo puede haberse producido. Tampoco se ven obligados a
mantener la posición monogenista para defender la descendencia de todos de
un mismo hombre, ni a pensar en este primer «Adán» como un hombre
extraordinario. Pero en algún momento esta historia de pecado ha comenzado,
y la universalidad de la misma parece que no admite otra explicación sino la
de colocar este momento en los comienzos de la historia humana.
Pero el pecado no es más fuerte que Cristo, ni tampoco su influjo será a
la larga más universal, por más que no podamos en modo alguno minimizarlo.
El mundo ha sido ya salvado en Cristo y el don de su Espíritu impulsa a los
hombres hacia el bien. Las consideraciones sobre la gracia del próximo
capítulo nos ayudarán a profundizar sobre esta cuestión: donde abundó el
pecado, sobreabundó la gracia, según la expresión paulina.
Por último, vamos a hacer alusión a los llamados dones
preternaturales47. Pero antes recordemos lo que ya hemos expuesto más arriba
sobre el «estado original», es decir de la condición del hombre en el estado
primigenio de amistad con Dios con una serie de dones y privilegios que le
ofrecerían inmunidad frente a las experiencias negativas inherentes a su
condición como el sufrimiento, la muerte, las tendencias desordenadas.... Pues
bien, en la teología se habla de los bienes «preternaturales» para referirse a
aquellos dones que el hombre habría poseído en el caso de no haber pecado y
que no le han sido devueltos con la gracia de Cristo. Son la integridad o
ausencia de concupiscencia, y la inmortalidad.
La integridad, que es la exención de la concupiscencia, consistiría en una
perfecta sumisión de las tendencias inferiores a las superiores o racionales,
que sólo por don especial de Dios habría tenido el hombre antes del pecado48.
Antropología teológica
47
Los llamados dones preternaturales deberían ser vistos como dimensiones propias
de la situación originaria que tienen como objetivo la perfecta autoposesión del hombre, el
sereno dominio de sí, su plena personalización, por vía de la participación del mismo ser de
Dios. En ellos se manifiesta el orden previsto por Dios con una estrecha relación entre
naturaleza y gracia. En J.-L. RUIZ DE LA PEÑA, El don de Dios, cit., 171-172.
48
La concupiscencia sería aquella disminución de la libertad producida por el pecado y
que, aun cuando éste haya sido ya perdonado, sigue pesando en el hombre como ser
creatural. La concupiscencia en este sentido viene del pecado, y, aunque no es en sí misma
pecado, nos lleva a él. La concupiscencia sería así la falta de libertad interior que nos impide
Módulo II: el mensaje cristiano
Prof. E. Muñoz Jiménez 25
Antes de que el pecado irrumpiese en la historia, el ser humano no encuentra
estímulos que lo incitas a pecar, después sí. Ello significa que la humanidad
pecadora vive la concupiscencia de modo totalmente distinto a como la viviría
la humanidad es inocente49.
En cuanto a la inmortalidad, la relación entre el pecado y la muerte es
clara en la Biblia. Pero la muerte de la que se ocupa la teología no es el hecho
biológico del deceso, sino ese hecho afectado por el sentido o sinsentido que
el hombre le [Link] a la muerte biológica se habla del apartamiento de
Dios del que la muerte física es símbolo. De ahí la pregunta: ¿hay que
considerar la muerte biológica como fruto del pecado?
La muerte como pena del pecado consiste en el angustiado
presentimiento que ensombrece la vida y en la incapacidad para
experimentarla de otra manera que no sea la desesperada rebelión que suscita.
Una humanidad inocente viviría la muerte de otro modo, no como ruptura sino
como transformación, no como termino brutal de la existencia sino como
Pascua, es decir como paso. El don de la inmortalidad consistiría por lo tanto
no necesariamente en la exención de la muerte biológica sino en el modo de
interpretarla y ejecutarla como gracia y no como culpa50.
Por lo demás, tenemos que tener presente que la inmortalidad definitiva a
la que estamos llamados no es la de esta vida, sino la que consiste en la
participación en la vida de Cristo resucitado.
Antropología teológica
seguir fácil y espontáneamente los impulsos del Espíritu. En L.-F. LADARIA, Introducción a
la Antropología Teológica, cit., 127.
49
Cf. J.-L. RUIZ DE LA PEÑA, El don de Dios, cit., 170.
50
Cf. Ibid., 166-167.
Módulo II: el mensaje cristiano
Prof. E. Muñoz Jiménez 26