El Militante en la Acción Católica
La Acción Católica no es para todos. ¿Por qué? Es algo tan complicado y tan
simple a la vez…
Comparto esta lectura con ustedes.
Marcos 6, 7-13.
"En aquel tiempo Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en
dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que tomasen para
el camino, un bastón y nada más pero ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja; que
llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y les dijo: «Cuando entréis en
una casa, quédense en ella hasta marcharse de allí. Si en algún lugar no los
reciben y no los escuchan, márchense de allí sacudiendo el polvo de la planta de
sus pies, en testimonio contra ellos. Y, yéndose de allí, predicaron que se
convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos
enfermos y los curaban".
La única meta que tiene la Acción Católica es hacer de todos santos. A
través de la evangelización. Siendo apóstoles de Cristo. Cuesta mucho, por eso
no es para todos. Es un camino recto que se vuelve pedregoso. Están sembrados
de cardos, espinillos, piedras puntiagudas, ramas bajas que castigan nuestro
cuerpo por los cuatro costados, pero la recompensa es grande (Jn. 21,6.) Por eso
es necesario plantearse ¿qué necesito para poder militar en la Acción Católica y
que el resto pueda compartir la alegría de conocer a Cristo como yo?
Santidad
Es a lo que estamos destinados por ser Hijos de Dios, desde el momento
del Bautismo. Es nuestro ideal. No podemos ser perfectos como el Señor pues
sólo él lo es. Pero podemos ser acordes a su imagen y semejanza lo máximo
posible. Vivir en lo cotidiano el Amor de este Dios vivo y presente que nos une.
Nada extraordinario, sólo vivir lo que creemos, el Evangelio de Cristo hecho vida
en nosotros.
Espiritualidad
Es lo que nos fortalece a seguir, lo que nos impulsa. Es la confianza que
depositamos en Dios. Al ser laicos, es decir, bautizados, tenemos una protección
divina de que no seremos nunca abandonados o dejados de lado por Jesús. Pero
para seguir tenemos poderosas herramientas que estabilizan esa protección, la
hacen más grande, que son: la oración, los sacramentos, la dirección espiritual. La
oración nos acerca a Dios. Aunque no lo hagamos seguido, apenas la
practiquemos podemos obtener una paz que se prolonga a medida que seguimos
orando. No solo de noche, o a la mañana, sino cantando, alabando.
Los sacramentos nos ayudan a completar nuestra vida eclesial. Nos hacen
más cercanos a Dios. La dirección espiritual la encontramos en los sacerdotes,
quienes nos pueden aliviar nuestras inquietudes, como fieles representantes de
Dios. Jesús no quiere que seamos el publicano que ora en la esquina de las
calles. Sino que lo hagamos en la comodidad de nuestra habitación. “Porque el
Señor que ve en lo secreto te recompensará”.
Da testimonio comprometido
Somos sal que da sabor a la tierra. Luz que resplandece en la oscuridad.
Esto no implica ser santos sólo una hora en la misa de los domingos. Es algo que
debemos reflejar en todos los ambientes de nuestras vidas. La escuela, el barrio,
la universidad, el trabajo, el club, en la familia, con los amigos, el noviazgo, en tu
tiempo libre y la recreación, cuando haces deportes. En todo momento. Podremos
caer a causa de las tentaciones y el pecado. Pero seremos capaces de
levantarnos.
Formación integral
La vida nos llena de conocimientos. Nuestro primer ambiente es la familia,
donde aprendemos valores como el amor, la alegría, el compartir (otros…)
Después está la escuela, lleno de saberes sobre historia, matemática, ciencias,
que es mucho pero que absorbemos lo necesario, sin embargo nos sentimos
incompletos, vacíos. Es el alma la que no se siente bien. Por eso está la formación
espiritual, la Biblia, los mensajes de los antiguos padres. Todo eso alimenta al
alma, junto con la espiritualidad.
Muchos hombres como Einstein o San Agustín creyeron que su vida era
plena sin la presencia de Dios, pero se sintieron vacíos y buscaron cobijo en Él. Él
es la respuesta a todos los interrogantes que nos aquejan. Por eso formarse es
muy importante. Es lo que nos permite ser evangelizados y evangelizadores en
Cristo. Educándonos en la fe, podremos encontrar el camino a la perfección
cristiana.
Apertura a la unidad.
Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Es el nuevo mandamiento que nos da
Jesús. El mundo de hoy en día, así como el antiguo y quizá el futuro, nos impulsa
a dividirnos, separarnos de los demás. Nos convencen de que el éxito y quizá la
felicidad los lograremos aplastando la cabeza del otro. Quiere que estemos en
guerra, que nos diferenciemos, que prejuzguemos a los demás.
Pero Dios nos hizo a todos iguales, a sus ojos. Bien lo dice en el Génesis.
Las diferencias de sexo, edad, raza, clase social, educación, orientación política,
religión, orientación sexual o camino de vida, son las que nos complementan.
Es difícil amar a todos, y más a aquellos que nos hacen daño. Pero el perdón y la
fe en Dios nos impulsan a seguir confiando en la humanidad.
Vivir la santidad con alegría y pasión.
La alegría es lo que caracteriza al joven. Un joven apagado no sirve para
llevar el mensaje de la Salvación. Que es un mensaje alegre, de felicidad. No
podes ir con la cara larga a proclamar el Evangelio. El espíritu deprimido tampoco
sirve para realizar acción, lo fundamental de la Acción Católica. Además de no
poder hacer nada por uno mismo, contagia a los demás.
Tenemos que estar alegres para evangelizar. Alegres de ser Hijos de Dios.
Conscientes de haber sido salvados. La pasión también necesaria. Jesús no nos
quiere tibios. Nos quiere o fríos o calientes. Decidirse a ser militante de Acción
Católica es una forma de abrazar la cristiandad, lo que nos une a Dios, un camino,
un estilo de vida.
Valores de grupo
Lo que tiene la Acción Católica son las reuniones de formación, donde dos
o más se reúnan en mi Nombre, Yo estaré entre ellos. Para poder participar es
necesario tener las 3p: Presencia, Puntualidad y Participación.
Presencia: No es una junta de un grupo de amigos que hablan por hablar.
Son personas que se quieren encontrar con Dios. No es donde puedo
desahogarme una vez y desaparezco.
Puntualidad: Implica respeto hacia los demás. El tiempo que predispongo
para estar con Uds. Es tan importante como el tiempo de ustedes. Yo elijo
compartir con ustedes. Quien llega tarde no valora el grupo. (Para tener en
cuenta, la novia puede llegar tarde a su encuentro con su enamorado. Pero
que el novio llegue tarde ya es el colmo)
Participación: Quien no comparte, habla o siquiera se mueve para hacer
acción, alabanza, oración, es un asiento vacío. No funciona así. Quien no
reúne estos requisitos no puede pertenecer un grupo pues es alguien
egoísta. Quien lo consigue es una persona comprometida con el grupo.