Cuarto de rescate
Uno de los patrimonios con mayor valor histórico de la ciudad, donde
el inca Atahualpa pasó sus últimos días con vida como prisionero de
los españoles. Está cerca de la plaza de Armas.
Los españoles tomaron toda esa riqueza, la fundieron y 8 meses
después, sentenciaron al inca, primero a la hoguera, medida que se
desestimó y luego a la horca, muriendo en la actual plaza de Armas
en 1533.
Este monumento incaico no puede tener mejor ubicación en la
ciudad. A 50 metros de la plaza de Armas y a menos de 20 minutos
de distancia de Baños del Inca, otro distrito turístico de la región.
El tronar de las modernas armas españolas hizo correr despavoridos a
las tropas quiteñas, protectoras de Atahualpa, de la plaza de
Cajamarca. Atahualpa había aceptado la invitación de Francisco
Pizarro para parlamentar y esperaba capturar al “jefe de los
barbudos”, pero todo estaba sucediendo al revés.
Las calles que daban a la salida de la ciudad habían sido bloqueadas
con troncos por las huestes de Pizarro, por lo que las tropas de
Atahualpa –que habían acudido sin armas, confiando en su número–
no podían escapar.
Cientos de indios arremolinados morían aplastados. Como en toda
batalla, el factor sorpresa fue decisivo. Atahualpa, confundido por el
ruido de las explosiones y el griterío de los naturales, vio desde su
tarima como aniquilaban a espada a cerca de 3,000 de sus guerreros.
A pesar de que se había dado la orden de dejar con vida al inca, el
mismo Pizarro tuvo que defenderlo de la furia de sus soldados, por lo
que recibió una herida en el brazo derecho. Tras la masacre, y tomado
prisionero, Atahualpa tenía la seguridad de que no lo matarían.
Esa misma noche, a la luz de las antorchas, Pizarro y el monarca
prisionero cenaron juntos. Con la ayuda de un intérprete tallán, a
quien llamaban Martinillo, Pizarro le dijo al inca que no estuviera
triste, que en los lugares a donde habían llegado habían hecho
amigos y vasallos del emperador don Carlos de Habsburgo, “por la
paz o por la guerra”.
Atahualpa, altivo, sin perder su majestad, respondió que no
necesitaba de los consuelos del jefe de los cristianos, que “usos son
de la guerra el vencer o ser vencido”. Pizarro, al ver tal majestad en el
inca vencido, lo trató con respeto. No le puso grillos ni cadenas en la
celda donde lo confinó. Era la noche del 16 de noviembre de 1532.
Después de meses de prisión y de entregar un enorme pago por su
liberación, la vida de Atahualpa pendía de un hilo. Algunos
lugartenientes de Pizarro temían una incursión de un ejército de
rescate: otros preferían mantenerlo con vida para, así, obtener
mayores riquezas en oro, plata y finos vestidos, a cambio de la
libertad del inca cautivo.
Sin embargo, ante la gran tensión que ocasionaba el cautiverio del
inca entre los oficiales españoles, Pizarro ordenó su muerte.
Atahualpa fue asesinado en el centro de la plaza de Cajamarca, con la
pena del garrote, el 26 de julio de 1533. Su cuerpo quedó en la plaza
toda la noche. Ningún natural se atrevió a retirarlo. Unos por miedo a
los españoles, otros como muestra de desprecio al inca fratricida.
Dice el cronista que cuando llegó la aurora, un gallo cantó. Los
indígenas creyeron que lloraba por el inca muerto y llamaron al gallo
“hualpa”, por “haber sido el último de acordarse de Atahualpa”.
Al día siguiente, que fue domingo, se procedió a realizar los funerales
del último inca emperador. El pintor peruano Luis Montero perennizó
este hecho en un famoso óleo que se puede apreciar en el Museo de
Arte de Lima.
Es una obra típicamente inca, sus dimensiones son 11.80 m de largo,
7.30 m. de ancho y 3.1 de alto. Sus paredes o muros construidos de
roca volcánica (cantería), se asienta directamente sobre la superficie
de cantería sin cimientos; la estructura de sus paredes está
constituidas por piedras poligonales de tamaños diversos, trabajados
en todas sus caras, dispuestas en hiladas aparentemente regulares,
aunque no enteramente rectas, que forman todo el ancho de las
paredes. Actualmente las paredes presentan de 5 a 6 hileras de
aprox. Precería una estructura aislada. El techo es una construcción
moderna.
CUARTO DEL RESCATE
Atahualpa y el oro del rescate: qué hicieron con lo que pagó por su
libertad y lo que valdría en la actualidad
A cambio de su libertad, el líder inca ofreció llenar una habitación con
oro y dos con plata, pero su destino final fue la ejecución.
La llegada de Pizarro a Cajamarca y la posterior ejecución de
Atahualpa son claves para entender la dominación española.
El momento de la captura de Atahualpa por los españoles y el
posterior ofrecimiento de un cuantioso rescate es uno de los
momentos trascendentales para entender todo el proceso de
conquista del Perú.
Y es que si bien lo que pasó en el famoso Cuarto del Rescate es
conocido, no lo es tanto lo que pasó con el oro recaudado para,
supuestamente, liberar al líder de los incas, que igualmente fue
ejecutado por las huestes de Francisco Pizarro. Esto fue lo que
sucedió.
El momento de la captura
Los españoles, escondidos en la plaza central, atacaron tras la
negativa del inca a aceptar el cristianismo, matando a miles de sus
seguidores en una masacre brutal.
En noviembre de 1532, Francisco Pizarro y sus tropas llegaron a
Cajamarca con la intención de encontrarse con el Inca Atahualpa. Los
españoles se ocultaron en los edificios principales alrededor de la
plaza central, esperando el momento adecuado para actuar.
Atahualpa entró en la plaza con una impresionante comitiva de
30,000 hombres desarmados. El único español que lo enfrentó fue el
fraile Vicente de Valverde, quien, a través del intérprete Felipillo, le
exigió que aceptara el cristianismo y se sometiera al rey Carlos I de
España y al papa Clemente VII.
Atahualpa, al no encontrar sentido en los regalos ofrecidos, los arrojó
al suelo, provocando la indignación de los españoles.
Inmediatamente, rompieron el silencio con disparos de artillería y
fusiles, desatando una masacre que resultó en la muerte de más de
20,000 soldados incas.
La hora del rescate
Apresado en un palacio de Cajamarca, Atahualpa ofreció llenar una
habitación con oro y plata para recuperar su libertad. A pesar de
reunir el rescate, el líder inca fue ejecutado en julio de 1533, acusado
de idolatría y ocultamiento de tesoros. (Andina)
Apresado en un palacio de Cajamarca, Atahualpa ofreció llenar dos
veces la habitación en la que estaba recluido con plata y una vez con
oro, hasta donde alcanzara su mano, para recuperar su libertad.
Los españoles aceptaron y se envió la orden a todo el imperio inca
para reunir la mayor cantidad posible de metales preciosos. Sin
embargo, después de que el rescate fue entregado, Atahualpa fue
condenado a muerte por múltiples acusaciones, entre ellas idolatría y
ocultamiento de un tesoro.
Se le ofrecieron dos opciones: ser bautizado y luego ahorcado, o ser
quemado vivo. Atahualpa eligió la primera, recibiendo el nombre
cristiano de Francisco, y fue ejecutado el 26 de julio de 1533. Su
muerte causó gran anarquía y sublevaciones entre las etnias incas.
El oro y la plata: reparto del rescate
En junio de 1533, Francisco Pizarro mandó fundir el tesoro recolectado
para liberar a Atahualpa. Se obtuvieron 6,102 kg de oro y 11,732 kg
de plata, con una gran parte destinada a la Corona española,
haciendo de este rescate uno de los mayores de la historia.
El 18 de junio de 1533, Pizarro ordenó fundir todo el oro y la plata
recolectados. El valor total de la fundición alcanzó 1,326,539 pesos de
oro, lo que equivale a 6,102 kg. De esta cantidad, 262,259 pesos de
oro fueron destinados al quinto real para la Corona española.
La fundición fue realizada por metalistas indígenas utilizando métodos
tradicionales, mientras que el orfebre español recibía su pago.
Además, se fundieron 51,010 marcos de plata, aproximadamente
11,732 kg, de los cuales 10,121 marcos fueron destinados a la
Corona.
Este rescate es considerado uno de los mayores de la historia. A
valores actuales, se estima que el oro y la plata entregados por
Atahualpa tendrían un valor aproximado de 232 millones de dólares
para el oro y 6 millones de dólares para la plata.
Ahora es atracción turística
El Cuarto del Rescate, donde Atahualpa ofreció su tesoro por la
libertad, es hoy una importante atracción turística en Cajamarca. Con
sus paredes originales y una línea que marca el nivel del rescate, este
lugar histórico recibe miles de visitantes cada año.
El Cuarto del Rescate es ahora una importante atracción turística en
Cajamarca y el único vestigio del período inca en la ciudad. Las cuatro
paredes originales permanecen, aunque el techo es una
reconstrucción moderna. En 2008, estudios arqueológicos señalaron
el deterioro de la estructura, poniendo en riesgo su conservación.
Una línea roja horizontal en una de las paredes marca hasta dónde
Atahualpa debía llenar la habitación con oro. Placas con inscripciones
de cronistas de la época relatan los eventos que ocurrieron en este
lugar.
Ubicado a solo 50 metros de la plaza de armas de Cajamarca, donde
fue capturado Atahualpa, el Cuarto del Rescate recibe numerosos
visitantes cada año. En 2004, alrededor de 60,000 turistas visitaron
este sitio histórico.
En 2023, nuevas excavaciones en el área descubrieron cerámicas de
diferentes periodos históricos, incluidos el incaico, el colonial y el
republicano, así como restos de antiguos muros de piedra.