TEMA 4.
DESCARTES: EL COGITO Y EL CRITERIO DE VERDAD
Irene Sánchez Martínez 2º Bach A GRUPO 4
1. EL PUNTO DE PARTIDA: ESCOLÁSTICA Y ESCEPTICISMO MODERNO
La filosofía cartesiana surge en un contexto de crisis del pensamiento tradicional. Por un lado, entra en crisis la Escolástica
aristotélico-tomista, que había dominado la Edad Media. Esta crisis se debe tanto a las críticas de Guillermo de Ockham, que
cuestiona la posibilidad de armonizar razón y fe, como a la revolución científica renacentista, que pone en duda la física y el método
aristotélicos. Descartes, formado en la escolástica, considera que estos conocimientos no ofrecen certeza y que es necesario buscar
un nuevo fundamento seguro del saber.
Por otro lado, el pensamiento moderno hereda la renovación del escepticismo pirrónico, según el cual la razón humana no puede
alcanzar verdades absolutas y solo dispone de conocimientos probables. Pirrón defendía la suspensión del juicio ante la imposibilidad
de certeza. Descartes recoge este clima de duda, pero no para permanecer en el escepticismo, sino para superarlo mediante un
método que permita alcanzar una verdad indudable.
2. LA NECESIDAD FILOSÓFICA DE CERTEZA
Frente al escepticismo, Descartes considera imprescindible encontrar un fundamento absolutamente seguro del conocimiento. Ese
fundamento no puede hallarse ni en la tradición ni en los sentidos, sino en la Razón, entendida como una capacidad natural e innata
que permite distinguir lo verdadero de lo falso. La razón es una y la misma en todos los seres humanos y es infalible, aunque necesita
un método adecuado para ser bien dirigida.
El conocimiento verdadero se alcanza mediante dos operaciones fundamentales de la razón: la intuición y la deducción. La intuición es
una aprehensión intelectual inmediata, clara y distinta, que no deja lugar a la duda. Una idea es clara cuando se percibe con nitidez y
distinta cuando se diferencia de las demás. La deducción consiste en extraer, de manera necesaria, las consecuencias que se siguen
de lo ya conocido intuitivamente. Así, la certeza filosófica sólo puede construirse a partir de ideas claras y distintas.
3. EL MÉTODO Y EL MÉTODO DE LA DUDA
Descartes toma como modelo el método matemático, al que considera el más seguro. El método consiste en un conjunto de reglas
simples que guían a la razón en la búsqueda de la verdad. Estas reglas son:
1. Evidencia: no aceptar como verdadero nada que no se presente de manera clara y distinta.
2. Análisis: dividir los problemas complejos en partes más simples.
3. Síntesis: recomponer deductivamente el todo a partir de las partes simples.
4. Enumeración: revisar el proceso para no omitir nada.
Para encontrar una verdad absolutamente cierta, Descartes aplica el método de la duda. Esta duda es metódica, porque no se duda
por dudar, sino para alcanzar la verdad; universal, porque se extiende a todo el conocimiento; y teórica, ya que no afecta a la
conducta moral, sólo al conocimiento.
La duda se aplica en tres niveles:
a) Duda de los sentidos, porque a veces nos engañan.
b) Duda de la realidad exterior, ya que no podemos distinguir con certeza entre el sueño y la vigilia.
c) Duda de la razón, mediante la hipótesis del genio maligno, que simboliza la posibilidad de error incluso en los razonamientos
matemáticos.
4. INTERIORIDAD Y CERTEZA RACIONAL
Llevada al extremo, la duda parece conducir al escepticismo. Sin embargo, Descartes descubre que hay algo que resiste toda duda: el
propio acto de dudar. Dudar es pensar, y para pensar es necesario existir. De ahí la primera verdad absolutamente cierta: “Pienso,
luego existo” (cogito ergo sum), que constituye el primer principio de la filosofía moderna.
A partir de esta verdad, Descartes concluye que el yo es una sustancia pensante (res cogitans), cuya esencia es el pensamiento:
dudar, afirmar, negar, querer o entender. Además, establece el criterio general de verdad: todo aquello que se percibe de manera
clara y distinta es verdadero. Esta es una certeza racional obtenida desde la interioridad del sujeto, lo que inaugura el subjetivismo
moderno.
5. CERTEZA DE DIOS Y JUSTIFICACIÓN DEL HOMBRE Y EL MUNDO
Para garantizar que la razón no nos engaña y eliminar la hipótesis del genio maligno, Descartes necesita demostrar la existencia de
Dios. Dios es una sustancia infinita, absolutamente perfecta y veraz. Descartes ofrece dos pruebas principales: el argumento
ontológico, según el cual la existencia pertenece a la esencia de un ser absolutamente perfecto, y el argumento causal, que afirma
que la idea de infinito no puede proceder de un ser finito como el ser humano, sino de Dios mismo.
La existencia de Dios garantiza la verdad de las ideas claras y distintas y permite justificar la existencia del mundo exterior. A partir
de Dios, Descartes distingue tres tipos de sustancias: la sustancia infinita (Dios), la sustancia pensante (el yo) y la sustancia extensa
(el mundo material). El mundo material existe como extensión y movimiento, es decir, según sus cualidades primarias, mientras que las
cualidades secundarias dependen del sujeto. Así, Descartes fundamenta una concepción mecanicista de la realidad y un dualismo
antropológico entre alma y cuerpo.