Modelo Canvas: estructura interna de la propuesta.
Ilustración 1 Modelo CANVAS
El modelo Canvas facilita la comprensión del funcionamiento del proyecto y su propuesta
de valor. En este caso, no se trata de una iniciativa comercial convencional, sino de una solución
de innovación social, por lo que su foco no es el lucro individual, sino el impacto colectivo.
La propuesta de valor se centra en ofrecer a las madres jóvenes la posibilidad de generar
ingresos dignos y sostenibles desde sus propios hogares mediante cultivos hidropónicos,
acompañados de formación virtual y estrategias de comercialización accesibles. Lo innovador
del modelo es que combina productividad económica con flexibilidad, permitiéndoles equilibrar
su rol de cuidadoras con la participación en un proceso formativo y productivo.
El segmento de beneficiarias está compuesto por madres cabeza de hogar entre los 18 y
30 años, en condición de desempleo o trabajo informal, residentes del barrio Mochuelo. Este
grupo ha sido históricamente marginado de programas formales de empleabilidad debido a la
falta de tiempo, formación previa o condiciones sociales adversas.
Los canales de contacto y comunicación priorizan la cercanía comunitaria: visitas puerta
a puerta, convocatorias en salones comunales y, posteriormente, redes sociales para visibilizar
los logros, productos y testimonios. Esto permite que las madres no solo sean beneficiarias, sino
también voceras del proyecto.
La relación con las participantes está diseñada para fortalecer la permanencia y el sentido
de pertenencia. Se propone un sistema de incentivos con base en metas alcanzadas: completar
cursos, entregar producción, o invitar a otras madres al proceso. Esto refuerza el liderazgo
femenino, la motivación interna y el trabajo en red.
En cuanto a los recursos clave, se identifican tres niveles: (i) insumos técnicos (semillas,
nutrientes, equipos de cultivo y compostaje), (ii) recursos físicos y tecnológicos (PC,
conectividad, terrazas o balcones), y (iii) talento humano (facilitadores, educadores virtuales,
ingenieros agrónomos y aliados comunitarios).
Las actividades principales incluyen la capacitación técnica en hidroponía y compostaje,
el acompañamiento educativo virtual, la vinculación con aliados institucionales (como el SENA
o fundaciones), y el seguimiento al proceso de cada madre. Esto garantiza que la intervención no
se quede en la entrega de recursos, sino que genere capacidades sostenibles.
Finalmente, la estructura de ingresos considera que las madres comercializarán sus productos
directamente, destinando un pequeño porcentaje (25%) al sostenimiento del proyecto colectivo.
Esto fomenta la autonomía económica sin perder el enfoque de corresponsabilidad y
sostenibilidad social.
Análisis PESTEL: entorno de oportunidad y riesgos
Ilustración 2 Matriz PESTEL
El análisis PESTEL permite identificar los factores externos que pueden influir en la
implementación del proyecto. En el caso de Madres que Florecen, este análisis muestra un
entorno mayoritariamente favorable, aunque con algunos desafíos que deben ser
anticipados.
En el plano político, el contexto colombiano actual muestra apertura hacia
programas de equidad de género, economía popular, formación técnica y seguridad
alimentaria. Las políticas públicas de entidades como el SENA, el Ministerio de Agricultura
o las alcaldías locales ofrecen programas de apoyo técnico, capacitación y subsidios que
pueden fortalecer el proyecto. Además, las agendas municipales han venido promoviendo
iniciativas de agricultura urbana y reciclaje, lo que permite alinear el modelo con planes ya
existentes.
En el aspecto económico, existen líneas de crédito y microfinanzas enfocadas en
mujeres emprendedoras (ej. Mundo Mujer o Banco Agrario), que pueden facilitar el acceso
a recursos iniciales. Sin embargo, se identifican riesgos como la volatilidad del dólar o el
costo de insumos importados, lo cual refuerza la necesidad de usar recursos locales y
técnicas de bajo costo como el compostaje.
Desde el eje social, la propuesta busca enfrentar dos grandes retos: la
estigmatización de las madres cabeza de hogar (muchas veces vistas solo como víctimas o
dependientes) y la exclusión social derivada del territorio donde habitan. El proyecto
propone resignificar ambos factores: ver a estas mujeres como líderes comunitarias y
aprovechar el entorno urbano para generar vida, alimentos y sentido de comunidad.
En lo tecnológico, la educación virtual, la trazabilidad del cultivo y el uso de redes
sociales para comercializar se convierten en aliados estratégicos. La pandemia aceleró la
alfabetización digital básica, por lo que muchas madres ya cuentan con las habilidades
mínimas para participar en este tipo de procesos. Además, el uso de tecnologías simples y
accesibles reduce la dependencia de maquinaria o infraestructura compleja.
En lo ecológico, el modelo promueve el uso eficiente del agua, la reducción de
fertilizantes químicos y el aprovechamiento de residuos orgánicos a través del compostaje.
Esto no solo reduce el impacto ambiental, sino que mejora la percepción del entorno en un
barrio históricamente afectado por la presencia del relleno sanitario Doña Juana.
Por último, en el aspecto legal, existen normativas que respaldan la implementación
del proyecto. Leyes como la 82 de 1993 (protección a madres cabeza de hogar), la 1257 de
2008 (equidad de género), o la 2115 de 2021 (seguridad alimentaria) brindan un marco
jurídico favorable. Además, las exigencias técnicas para los cultivos hidropónicos son
reguladas por el ICA e INVIMA, y pueden ser cumplidas con orientación técnica básica.