Dedicatoria.
Dedicamos esta obra a los amantes de la poesía, que esta los envuelve
con calor y los llama para leer sus hermosos versos, que hacen que
nuestra alma baile a su ritmo. También le dedico esta obra a DIOS
que nos da la fortaleza para despertarnos cada día y sabiduría para
cumplir nuestras metas.
II
ÍNDICE.
Dedicatoria………………………………………………………………..…II
Índice…………………………………………………….……………….....III
Prólogo………………………………………………….…………….……...4
Elegía de Miguel Hernández……….……………………………………....5,6
Canción del esposo soldado…………………............………………..…....6,7,8
Tú me quieres blanca, de Alfonsina Storni………………….……….……9,10
Dolor………………………………………………………………………..10,11
Un sueño entre un sueño. Edgar Allan Poe ……………………………………...11,12
El valle de la inquietud……………………………………………..12,13
Me gusta cuando callas de Pablo Neruda……….………………13,14
Si tu me olvidas de Pablo Neruda……………………………….14,15
Amor constante más allá de la muerte, de Francisco de Quevedo…16
Definición de amor…………………………………………………16
Soneto CXLII. William Shakespeare……………………………..17
Amor verdadero…………………………………………………17,18
Botoncito de Gabriela Mistral………………………………….18
Besos, Gabriela Mistral…………………………………………19,21
TUS OJOS DE Coromoto Mijares…………………………..…………22,23
Tormenta en el alma de Coromoto Mijares…………………..23,24
Rima X, de Gustavo Adolfo Bécquer……………………………24
Volverán las golondrinas de Bécquer………………………………24,25
Coplas a la muerte de su padre, Jorge Manrique…………………..25
Canciones ,de Jorge Manrique………………………………………..26
[Link]ía, de Miguel Hernández
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
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En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
2. Canción del esposo soldado, de Miguel Hernández.
He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo. 6
Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.
Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.
Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.
Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.
Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.
Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.
Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano, 7
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.
Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.
Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.
8
3. Tú me quieres blanca, de Alfonsina Storni
Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada .
Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.
Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.
Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía,
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
me pretendes casta 9
(Dios te lo perdone),
¡me pretendes alba!
Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua:
Habla con los pájaros
y lévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.
4. Dolor, de Alfonsina Storni.
Quisiera esta tarde
Pasear por la orilla lejana del mar;
Que la arena de oro, y las aguas verdes,
Y los cielos puros me vieran pasar. 10
Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
Como una romana, para concordar
Con las grandes olas, y las rocas muertas
Y las anchas playas que ciñen el mar.
Con el paso lento, y los ojos fríos
Y la boca muda, dejarme llevar;
Ver cómo las aves rapaces se comen
Los peces pequeños y no despertar;
Pensar que pudieran las frágiles barcas
Hundirse en las aguas y no suspirar;
Ver que se adelanta, la garganta al aire,
El hombre más bello; no desear amar...
Perder la mirada, distraídamente,
Perderla, y que nunca la vuelva a encontrar;
Y, figura erguida, entre cielo y playa,
Sentirme el olvido perenne del mar.
5. Un sueño entre un sueño. Edgar Allan Poe
¡Toma ese beso en la frente!
Y hoy, al partir, te confieso
que con razón me decías:
"- Fueron tus días un sueño".
Porque si huyó la esperanza,
muerto el sol o el sol naciendo, 11
fuera visión o no fuera,
¿Ha huido menos por eso?
Cuanto vemos, cuanto somos,
no es más que un sueño entre un sueño.
En ribera atormentada
por rugiente mar, me encuentro,
granos de arena en mi mano,
de arena de oro oprimiendo.
¡Pocos son! - mas ¡cómo fluyen
al mar, por entre mis dedos -
Mientras lloro - mientras lloro!
¡Oh Dios! ¿podré retenerlos
si los oprimo más fuerte,
aún más fuerte entre mis dedos?
¿Podré, de la onda implacable,
Salvar uno por lo menos?
Cuanto vemos, cuanto somos,
¿no es más que un sueño entre un sueño?
6. El valle de la inquietud, Edgar Alan Poe.
Antes, callado valle sonreía
donde nadie vivía:
todo su pueblo se partió a la guerra;
sólo los astros, plácidas pupilas,
desde las torres del azur, tranquilas,
velaban por las flores de la tierra,
entre las cuales, en el día hermoso,
iba alargando el sol lento reposo. 12
Ahora, cada peregrino asiste
a la inquietud de la hondonada triste.
Nada se ostenta allí sin movimiento -
nada, salvo los aire que dominan
la extraña soledad. Ah, ningún viento
agita aquellas frondas seculares
que se estremecen cual los yertos mares
en torno a las Hébridas brumosas.
Ah, viento alguno remolina el vuelo
de esas nubes que cruzan el cielo
inquieto, eternamente rumorosas, -
Por sobre las violetas que parecen
alzar - ojos humanos - la mirada, -
Por sobre aquellos lirios que se mecen
y lloran sobre tumba inominada.
Se mecen: - por jamás, su cáliz brota
rocío entre fragancias, gota a gota.
Lloran: - por siempre, de sus dulces yemas,
lágrimas fluyen cual intactas gemas.
7. Me gusta cuando callas, de Pablo Neruda
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía. 13
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
8. Si tú me olvidas, de Pablo Neruda.
Quiero que sepas una cosa.
Tú sabes cómo es esto:
si miro la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si toco junto al fuego la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti, como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales, fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.
Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme
dejaré de quererte poco a poco. 14
Si de pronto me olvidas no me busques,
que ya te habré olvidado.
Si consideras largo y loco
el viento de banderas que pasa por mi vida
y te decides a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces,
piensa que en ese día,
a esa hora levantaré los brazos
y saldrán mis raíces a buscar otra tierra.
Pero si cada día,
cada hora sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable.
Si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite,
en mí nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos
sin salir de los míos.
15
9. Amor constante más allá de la muerte, de Francisco de Quevedo
Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;
Mas no de esa otra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,
Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.
10. Definición de amor, de Francisco de Quevedo
Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.
Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo. 16
11. Soneto CXLII. William Shakespeare.
Amar es mi pecado, y tu virtud
el odio de mi amor pecaminoso;
mas compara tu estado con el mío:
verás que no merece tus reproches,
o no los de tus labios, que ultrajaron
rojas galas, y vínculos de amor
sellaron falsos, como fue conmigo,
y hurtaron las ganancias de otros lechos.
Bueno es que te ame, como tú a aquellos
que tus ojos cortejan, yo importuno.
Planta piedad en tu alma, y que al crecer
digna sea de que se apiaden de ella.
Si quieres obtener lo que tú escondes,
puede que con tu ejemplo te lo niegue.
12. Amor verdadero, William Shakespeare.
No, no aparta a dos almas amadoras
adverso caso ni crüel porfía:
nunca mengua el amor ni se desvía,
y es uno y sin mudanza a todas horas.
Es fanal que borrascas bramadoras
con inmóviles rayos desafía;
estrella fija que los barcos guía;
mides su altura, mas su esencia ignoras.
Amor no sigue la fugaz corriente
de la edad, que deshace los colores
de los floridos labios y mejillas. 17
Eres eterno, Amor: si esto desmiente
mi vida, no he sentido tus ardores,
ni supe comprender tus maravillas.
13. BOTONCITO , Gabriela Mistral
Yo tenía un botoncito
aquí, junto al corazón.
Era blanco y pequeñito
como el grano del arroz.
De la luz lo defendía
en la hora del calor.
Yo tenía un botoncito
apegado al corazón.
Fue creciendo, fue creciendo
y mi sombra la pasó.
Fue tan alto como un árbol
y su frente como el sol.
Fue creciendo, fue creciendo
y el regazo me llenó;
y se fue por los caminos
como arroyo cantador…
Lo he perdido, y así canto
por mecerme mi dolor:
«¡Yo tenía un botoncito
apegado al corazón!» 18
14. Besos, Gabriela Mistral
Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.
Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan solo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.
Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.
Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.
Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos. 19
Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.
Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.
Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.
Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.
Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.
¿Te acuerdas del primero…? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible, 20
llenándose de lágrimas tus ojos.
¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
e vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos… vibró un beso,
y qué viste después…? Sangre en mis labios.
Yo te enseñe a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.
21
15. TUS OJOS DE Coromoto Mijares
El día en que te vi,
Tus ojos me sonrieron.
Sí, tus ojos, porque cuando sonríes,
Tus ojos sonríen primero.
Llegaste como llega la brisa de la playa,
Despeinando muy suave mi cabello;
Soplando sobre la tristeza,
que inundaban mis ojos.
Te miré y lo supe,
Te miré y no dudé;
Eras tú, eras aquél a quien yo esperaba;
Eras aquél por quien por mí esperabas.
Y tu mano muy tibia se tomó de la mía,
Y juntos emprendimos este viaje de amor,
Que dejó atrás a la melancolía.
Ámame, ámame como yo te amo;
Como se aman el mar y la playa.
Ámame, como se aman el sol y el horizonte,
Que tienen una eterna cita;
Cada tarde y cada mañana,
Se encuentran, se besan y siguen adelante.
Ámame, como si fuera tu primera vez; 22
Ámame, que igual yo así te amaré;
Y cuando estemos viejos,
Yo tomaré tu mano,
Recorreré tu cuerpo;
Y éste gran amor,
Siempre reviviremos.
16. Tormenta en el alma de Coromoto Mijares.
En la noche oscura y fría
el viento sin piedad aúlla
mientras dentro de una casa
con ternura… una madre arrulla
!Oh! vivido contraste
Entre la furia del viento
y el amor de madre
Tal cual es el contraste
entre mi grande
y confiado amor
y tu vil y cruel traición
La furia del viento
y de la lluvia
Amenazan con ímpetu
a su paso, todo destruir
Tal cual quedó mi vida
Cuando ante tu traición 23
tuve que huir
Bien es cierto
que hoy vago, errante
Buscando un puerto donde anclar
y cuando pasada la tormenta
Será un final
y un volver a comenzar
17. Rima X, de Gustavo Adolfo Bécquer
Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman;
el cielo se deshace en rayos de oro;
la tierra se estremece alborozada;
oigo flotando en olas de armonía
rumor de besos y batir de alas; mis párpados se cierran... ¿Qué sucede? –
¡Es el amor que pasa!
18. Volveran las golondrinas de Bécquer.
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a tus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar, 24
aquellas que aprendieron nuestros nombres...
ésas... ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante un altar,
como yo te he querido... desengáñate,
nadie te querrá
19. Coplas a la muerte de su padre, Jorge Manrique
Recuerde el alma dormida,
avive el seso e despierte
contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiere tiempo passado
fue mejor. 25
20. Canciones ,de Jorge Manrique
No tardes, Muerte, que muero;
ven, porque viva contigo;
quiéreme, pues que te quiero,
que con tu venida espero
no tener guerra conmigo.
Remedio de alegre vida
no lo hay por ningún medio,
porque mi grave herida
es de tal parte venida
qu'eres tú sola remedio.
Ven aquí, pues, ya que muero;
búscame, pues que te sigo;
quiéreme, pues que te quiero,
e con tu venida espero
no tener vida conmigo.
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