Literatura medieval
Los cantares de gesta y el Poema de Mío Cid
Introducción
El término épica deriva del vocablo griego epos, cuyo significado es ‘narrar, contar’. Estamos, pues,
ante un tipo de composición narrativa, hecho que condiciona su propia versificación, siempre
extensa. Este tipo de poesía es en todas las culturas una de las primeras manifestaciones literarias
del sentir de un pueblo. Por tanto, entendemos épica como un tipo de poema que se transmite
de manera oral, posiblemente destinado al canto o a la recitación acompañado de algún instrumento
musical y en el que se relatan las acciones extraordinarias de héroes legendarios o históricos
asociados con los orígenes y el destino de sus respectivos pueblos.
Los relatos épicos narran acciones de héroes que representan los ideales de una clase guerrera o
aristocrática y de toda una sociedad que se asocia a dichos héroes con sus orígenes y, a diferencia
del MITO, los personajes no son dioses.
Los lazos entre poema épico y la historia o la leyenda se trazan mediante una minuciosa adaptación
de todos los elementos relacionados con la vida de los personajes a unos patrones argumentales
fijos: el valeroso y leal deberá serlo siempre y en modo sobrehumano y viceversa, los malvados lo
serán hasta el final. Paralelamente, sobre el plano físico, héroes y antihéroes son capaces de
acciones extraordinarias dotados como están de una fuerza hiperbólica.
La acción es fundamental, cualquier elemento descriptivo no relacionado con el poema es superfluo
y, por tanto, la psicología y el estudio de los sentimientos tienen poca cabida a no ser que estén
directamente unidos en el desarrollo de la acción.
Los cantares de gesta
Los cantares de gesta son los poemas épicos medievales, relatos destinados a la recitación
declamada o al canto que relataban las gestas de personajes relevantes. Nacieron con fines
informativos o noticieros y frecuentemente se convirtieron en un poderoso medio de propaganda
política pues llegaban a un público muy amplio. Se cantaban generalmente en una MODONIA y con
un acompañamiento de instrumentos de cuerda (lira, arpa, laúd o rabel). Es muy poco lo que se
sabe de sus intérpretes y la falta de información al respecto se suple con testimonios recogidos
entre los pueblos que todavía mantienen este tipo de narrativa. Los indicios más claros hacen
pensar que el juglar aprendía una serie de temas épicos junto con una estructura narrativa. La
calidad del juglar estaba ligada al número de temas que conocía y a la habilidad de cómo los
exponía.
Los cantares cumplían una doble finalidad, por un lado contenían información, aunque exagerada
y fantaseada, sobre acontecimientos históricos y heroicos y por otro lado venían a saciar el ansia
de diversión y curiosidad por escuchar sucesos novedosos y extraordinarios.
Poema de Mio Cid
El poema que se ha conservado es simplemente un manuscrito depositado actualmente en la
Biblioteca Nacional. Se trata de un tomo de 74 páginas de pergamino grueso al que le faltan tres,
una al inicio y dos en el interior. El argumento se ha podido reconstruir gracias a las Crónica de
veinte reyes. Consta de 3730 versos. Muchas de las hojas tienen un color pardo oscuro debido a
los reactivos utilizados para leer lo que en un principio había palidecido.
Se considera anónimo aunque al final se indica que “Per Abbat lo escribió”. La crítica tradicionalista
considera que Per Abbat no fue más que el copista. También se indica que lo escribió en 1245 que
realmente corresponde al año 1207 de nuestra era. Además la letra con la que está escrito
corresponde al siglo XIV con lo que si se admite la fecha indicada, el códice que se conserva debe
ser una copia. Hay sin embargo otras posibilidades, en la fecha en números romanos hay un
pequeño hueco en el lugar de las centenas, lo que podría sugerir que falta alguna “C” por lo que el
manuscrito original podría retrasarse un siglo.
Autor
Algunos críticos consideran que la obra fue escrita por dos autores. Uno de San Esteban de Gormaz
y otro de Medinaceli, responsable de ciertos errores históricos. Sin embargo los estudios actuales
siguen más cerca la teoría individualista y fijan la fecha del poema entre los años 1201 y 1207 y se
posicionan por un autor culto, versado en leyes y cuestiones notariales y jurídicas, posiblemente
burgalés. Incluso cabe la posibilidad de que el autor fuese el propio Per Abbat, No obstante hay
que apuntar que en la Edad Media “escribir” significaba solo “copiar” así que cuando se indica que
Per Abbat lo escribió, el significado es diferente pues para entenderlo como autor debería indicar
“compuso o fizo”. Así pues, la teoría queda invalidada.
Argumento
El Cid es acusado de traidor por nobles de la corte de Alfonso VI, de haberse quedado con
partes de las parias (impuesto que pagaban los reyes de taifas a los reyes cristianos) que ha
recogido del Rey Moro de Sevilla. El rey condena al destierro a Rodrigo Díaz y es a partir de aquí
cuando comienza el texto conservado, organizado en 3 partes claramente diferenciadas que no
casan exactamente con el desarrollo de la trama. La única explicación de esta división es de tipo
práctico: cada una la solía desarrollar un juglar en una sesión hasta completar la narración del
cantar en tres sesiones más o menos semejantes en extensión.
- El cantar del destierro
Hasta el verso 1085, estrofa 63. Muestra el dolor del Cid por abandonar su tierra en compañía de
un puñado de fieles caballeros y presenta a su mujer y sus dos hijas en el monasterio de Cerdeña
al que entrega una sustanciosa suma. A partir de ese momento todo el empeño de Rodrigo será
recobrar el honor perdido, guerreando tanto contra cristianos como el Conde de Barcelona como
contra musulmanes, enviando presentes al rey tras cada victoria para conseguir sus favores.
- El cantar de las bodas
Hasta el verso 2277, estrofa 111 donde se narra la conquista de Valencia hasta entonces en poder
de los moros, la máxima gesta del Cid y como sus sonados éxitos y fundamentalmente los
extraordinarios regalos que va enviando a su señor. El rey decide perdonarlo y acuerda las bodas
de sus hijas con los Infantes de Carrión, nobles emparentados con el rey,
- El cantar de la afrenta de Corpes
Los infantes de Carrión quedan en evidencia por su cobardía, primero ante un león que se escapa
y del que huyen despavoridos y luego en la lucha contra los árabes. Se sienten humillados a pesar
de que el Cid los trata con toda corrección y respeto. Se marchan de Valencia con sus mujeres y
camino a Carrión las golpean y dejan por muertas en lo que se conoce como “Afrenta de Corpes”.
El Cid consigue que se haga justicia tras celebrarse cortes y unas justas en Toledo. El cantar
termina con las bodas de las hijas del Cid con los infantes de Navarra y Aragón.
La obra se desarrolla sobre dos tramas entrelazadas, una que habla de la injusticia del destierro
y que narra la lenta pero efectiva rehabilitación del héroe y otra, que comienza antes de terminar
la primera, cundo las hijas del Cid se unen con los Infantes de Carrión. Ambas tramas confluyen
con la figura antagónica del noble castellano García Ordoñez, aliado de los infantes de Carrión
y posiblemente uno de los “malos mestureros” que ocasionaron el injusto destierro del Cid al
principio de la obra. Si ello fuera así, entenderíamos que el mismo bando fue el instigador de las
dos tramas.
Personajes
Rodrigo Díaz de Vivar, infanzón, es decir, perteneciente a la más baja nobleza pero educado en
la corte y protegido del príncipe Sancho. Se casó con Doña Jimena Díaz, sobrina de Alfonso VI
con la que tendría dos hijas y un hijo, Diego, que moriría muy joven a las órdenes de Alfonso VI.
En el poema aparece como héroe perfecto. Es un padre cariñoso y responsable, un marido
afectuoso, un guerrero valiente que sabe escuchar a sus caballeros y ganarse su lealtad. Es falsa
históricamente la boda de sus hijas con los Infantes de Carrión, así como todas las situaciones
consecuentes. Literariamente se marca con el epíteto épico, el Cid, mi señor, y con los signos
externos propios del héroe: las barbas, las espadas Colada y Tizona y su caballo Babieca, también
con epíteto épico, corredor.
Su mujer, Doña Jimena y sus hijas, Doña Elvira y Doña Sol (María y Cristina en realidad)
cumplen su función secundaria y sirven para el realce de la personalidad del héroe y están
sometidas a un proceso de idealización por lo que falta en ellas algún rasgo que las caracterice.
En la Afrenta de Corpes se comportan con extrema dignidad al pedir la muerte antes que sufrir
vejaciones de los infantes. Además, las hijas del Cid no llegan a desdoblarse en caracteres
diferenciados pues aparecen siempre como un doble personaje, y pasan por las mismas
situaciones. Si habla una, lo hace por las dos y lo que se dice a una, se aplica a ambas.
En cuanto a los vasallos, se dividen entre los que han sido criados con él (de criazón) y los que
son pagados (los de soldada) que a su vez se subdividen entre los que iban a pie, villanos que no
son caballeros, y otros caballeros que no son de criazón.
Destacaremos a su lugarteniente y primer colaborador en la batalla, Minaya Alvar Fáñez. Es
significativo que tenga un nombre tan característico “Minaya”. Menéndez Pidal cree que procede
del ibero –vasco “anai” (hermano) en una formación parecida a “mio Cid”.
Es significativo también que los religiosos que aparecen , especialmente el abad de Cerdeña y el
obispo de Valencia, don Jerónimo, son partidarios del Cid, le ayudan con sus oraciones y en el
caso del obispo, incluso en el combate.
En otro plano se encuentra el rey Alfonso VI, rey de Castilla y León. Heredó el reino de León y
se enfrentó en diversas batallas a su hermano Sancho, el primogénito, que había heredado el
reino de Castilla. Sancho lo derrota y destierra pero tas morir Sancho asesinado, vuelve y se
proclama rey. Tras jurar en Santa Gadea de Burgos no haber sido responsable de la muerte de
su hermano, es coronado rey de Castilla. En la obra aparece como un personaje primero cruel con
el destierro del Cid, distante e interesado pues el perdón solo lo concede por los grandes regalos
que recibe. Sí es cierto que acepta que se haga justicia contra los Infantes de Carrión y que busca
nuevos enlaces para las hijas del héroe.
Los infantes de Carrión son la personificación de todos los defectos que el pueblo podía
encontrar en la alta nobleza, son cobardes, arrogantes, interesados, traidores y crueles. Son
personajes ficticios como pone de manifiesto su condición duplicada.
Estilo
La obra está compuesta por tiradas monorrimas de extensión variable, desde 2 hasta 190
versos, caracterizadas casi siempre por el cambio de tema o de aspectos, personajes, tiempo o
espacio. Cada estrofa se distingue por el uso de una rima asonante específica aunque hay
excepciones.
Los versos no tienen una medida fija aunque giran en torno a 14 sílabas. Están divididos por una
pausa o cesura en dos hemistiquios también irregulares aunque los más abundantes son de 7, 8
y 6 sílabas.
Predomina por tanto el ANISOSILABISMO o empleo de versos con distintas medidas en contraste
con la regularidad característica de la épica francesa
En principio, todos los versos riman en asonante pero las asonancias tampoco son del todo
regulares (se han encontrado 11 tipos distintos).
El lenguaje es voluntariamente arcaico para el estilo del Siglo XIII. Contiene gran cantidad de
vocabulario técnico en materia jurídica y presenta rasgos de influencia latina como en diferentes
construcciones absolutas.
También se han detectado arabismos y ciertos dialectismos aragoneses que podrían indicar que
el texto fue compuesto en terreno fronterizo. Es también característica la estructura binaria del
tipo “moros e cristianos” o “burguesas e burgueses”.
En el plano fónico se aprecian las alteraciones, rimas internas y otros efectos que hay relacionados
con la narrativa oral, recitada o semirecitada que tenían estos poemas (verso 286).
El autor procura ser fiel a la historia (verosimilitud)y mostrar el mayor grado de realismo, lo que
caracteriza los cantares españoles frente a los del resto de Europa. Las exageraciones en cuanto
al número de enemigos muertos o vencidos, no llega a las proporciones de la épica francesa. El
autor tiene una conciencia clara de cómo desarrollar las secuencias; las primeras batallas se
cuentan pormenorizadamente, otras solo se apuntan pues los oyentes ya saben cómo se
desarrollan. Al principio las situaciones se muestran con todo detalle, de forma muy descriptiva
para narrar generalizando en otras ocasiones posteriores. El autor organiza la obra buscando la
alternancia; pasajes de acción con otros más relajados de corte sentimental o religioso.
Fragmentos con base histórica y otros inventados. También se alterna narración,
mayoritariamente en la obra, con diálogos, a veces monólogos pues un personaje se puede dirigir
al otro sin que este intervenga a continuación. La descripción se queda en un segundo plano sin
embargo sí destaca en el caso de las referidas a situaciones en las batallas (armamento, adornos,
vestuario y reparto).
El carácter oral de la épica explicaría la extraordinaria libertad con que se emplean las formas
verbales y la utilización de las aposiciones y del epíteto épico para magnificar a los héroes. La
mayor parte de estas fórmulas épicas se dedican al Cid: “El buen campeador, el de la luenga
barba, el que en buena hora ciñó espada”.