En tanto que, en el literal a.
del numeral 1) del artículo 133° del Reglamento de la Ley N°
29338, Ley de Recursos Hídricos; se establece que es una de las condiciones para que la
Autoridad Nacional del Agua autorice el vertimiento de aguas residuales que: “las aguas
residuales sean sometidas a un tratamiento previo, que permitan el cumplimiento de los
Límites Máximos Permisibles – LMP” (el énfasis es propio).
La importancia del tratamiento de aguas residuales radica en proteger la salud pública,
preservar el medio ambiente y cumplir con las normativas sanitarias. A continuación,
detallamos las razones principales:
Protección de la salud pública: Las aguas sin tratar de un establecimiento de salud
como es el caso del Centro de Salud de La Oroya significa un riesgo, si estas se vierten
al ambiente, contribuyen a la proliferación de bacterias resistentes a los antibióticos y
otros patógenos. Eliminar estos microorganismos a través de una planta de
tratamiento previene brotes de enfermedades transmitidas por el agua (como
diarreas, cólera, hepatitis A o tifoidea) al evitar que lleguen a fuentes de agua de
consumo. Un sistema de tratamiento con desinfección adecuada garantiza que el
efluente no sea vehículo de infecciones.
Preservación del medio ambiente: Las aguas residuales contienen sustancias que
pueden dañar gravemente los ecosistemas acuáticos. Sin tratamiento, su vertido
genera contaminación de ríos y suelos, provocando la muerte de flora y fauna
acuática, eutrofización de cuerpos de agua y contaminación de acuíferos subterráneos.
Una planta de tratamiento reduce la carga contaminante transformando la materia
orgánica y neutralizando compuestos peligrosos, devolviendo el agua al ambiente en
buen estado y sin contaminación.
Cumplimiento legal y normativo: En la mayoría de países existen leyes estrictas que
prohíben descargar aguas residuales sin tratamiento al medio ambiente. Los
establecimientos de salud tienen la obligación legal de tratarlos antes de su disposición
final. Contar con una planta de tratamiento asegura que el efluente cumpla los límites
de calidad establecidos en regulaciones locales y nacionales, evitando sanciones
legales y protegiendo la imagen institucional del hospital como entidad responsable.
De hecho, en muchas jurisdicciones es ilegal verter aguas residuales sin tratar, lo que
refuerza la necesidad de estas plantas.
Conservación de recursos hídricos: Al depurar el agua residual, se abre la posibilidad
de reutilizar el agua tratada en actividades no potables, como riego de áreas verdes,
sanitarios o sistemas de enfriamiento. Esto reduce la demanda de agua potable hasta
en un 97% si se aplica adecuadamente la reutilización. En un mundo con recursos
hídricos cada vez más escasos, las plantas de tratamiento apoyan la sostenibilidad al
permitir que parte del agua filtrada se aproveche de nuevo de forma segura (por
ejemplo, en jardinería o limpieza), disminuyendo la huella hídrica de la institución.
En resumen, una planta de tratamiento de aguas residuales hospitalarias protege la salud de
pacientes y comunidades, cuida el entorno natural y asegura que el hospital opere dentro del
marco legal. A continuación, veremos cómo funciona y qué fases comprende un sistema típico
de tratamiento para un hospital.