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II Parte Filosofía

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Desde otra perspectiva menos

cerrada…

II PARTE
Escuela Normal Regional de
Occidente
Santa Lucía Utatlán, Sololá

GRADO:
Quinto Biología ¨B¨.

CURSO:
Filosofía.

CATEDRÁTICO:
Julio Aguilar.

ESTUDIANTE:
Nátaly Yessenia Ixmucané Saloj Saloj.

CLAVE:
21.
INTRODUCCIÓN

En la garganta del istmo conviven cinco modos de


nombrar el viento: maya, ladino, garífuna, xinka,
mestizo. Cada nombre es un tiempo distinto que
habita el mismo cuerpo geográfico, como dedos
de una mano que nunca se mira completa. Desde
fuera parecemos un país partido en mitades:
indígena y occidental, tradición y modernidad,
mar y montaña. Pero cuando se escucha con
atención, se descubre que todos comparten la
misma pregunta ancestral que se repite en
diferentes acentos, ¿cómo seguir siendo cuando
el mundo insiste en que elijamos una sola piel?
¿CUÁL ES EL PENSAMIENTO DE LAS
PERSONAS ACTUALES DE QUIENES SOMOS?

Hoy, cuando alguien pregunta “¿quiénes somos?” en Guatemala o


en cualquier esquina del istmo, la respuesta se despliega como un
mapa que se repliega: maya, ladino, garífuna, xinka, mestizo,
ninguno cabe en una sola etiqueta. Cada pueblo piensa al otro
desde su herida, el maya ve al ladino como el tiempo que se cree
recto, el ladino ve al maya como el pasado que no termina de irse,
el garífuna es la fiesta que todos quieren fotografiar y el xinka es el
nombre que nadie recuerda hasta que bloquea una mina. Somos,
entonces, un país de espejos rotos: cada fragmento refleja al otro
distorsionado, pero el corte es el mismo.

El pensamiento colectivo ya no busca pureza, busca supervivencia:


el joven maya se tatúa glifos y escucha rap, el mestizo se
avergüenza de su apellido español y busca su abuela indígena, el
garífuna traduce su canto a autotune para que no muera, el xinka
reaparece con el cerro en la mano. Todos descubren que “ser” no
es un sustantivo, es un verbo que se conjuga entre el miedo a
perderse y la necesidad de encontrarse.

Por eso, cuando alguien insiste en “raza” o “progreso”, la gente


responde con un silencio que huele a maíz, a mar, a montaña, el
silencio de quienes saben que somos un tejido que se deshila y se
reteje cada vez que alguien se atreve a pronunciar su nombre sin
vergüenza.
¿Cuál Es El Pensamiento De Las
Personas Actuales Sobre Los Mayas?

Muchos jóvenes empiezan diciendo “soy guatemalteco, soy chapín”, y


recién cuando el interlocutor insiste descubren que el adjetivo “maya”
también les pertenece, aunque lo llevan como quien lleva una cicatriz
que no recuerda cuándo se hizo. Para ellos la identidad es un menú
desplegable: pueden ser mayas cuando la abuela pide ayuda en la
milpa, mestizos cuando llenan la solicitud de empleo, ciudadanos
globales cuando escuchan reguetón.

Las abuelas, en cambio, responden sin pestañear: “somos hijos del


maíz”, y su pronunciarlo es un acto de fe que no requiere pruebas
genéticas ni tarjetas de comunidad. Para ellas la pureza no está en la
sangre sino en el respeto al sol que se levanta por el oriente y en la
obligación de dejarle a la nieta el güipil que ellas bordaron mientras
cantaban a Ixchel.

En las redes sociales, algunos artistas urbanos firman sus murales con
glifos prehispánicos y hashtags en maya, y cuando les preguntan si se
sienten “auténticos” responden que la autenticidad es un collar de
cuentas que cada generación reensarta a su manera: le quitan un color,
le añaden otro, pero el hilo sigue siendo el mismo.

Al final del día, la gente común concluye que “ser maya” no es un


certificado que te dan ni una maldición que te impiden salir; es una
conciencia que se activa cuando uno se pone el corte para la fiesta,
cuando la tortilla huele a leña, cuando la hija pregunta por qué el
calendario de la escuela tiene 365 días y el de la abuela 260.

Justificación:
Este pensamiento es una respuesta viva al colonialismo que intentó
borrarles el nombre: al reclamar la identidad como tarea cotidiana y
no como fósil, las comunidades desactivan la idea de que ser maya es
un pasado muerto. Reconocerse en la mezcla les permite hablarle al
mundo sin traducirse en cliché, y al mismo tiempo conservar el centro
que el traje, el calendario y la milpa les devuelven cada amanecer.
¿Cuál Es El Pensamiento De Las Personas
Actuales Sobre Los Indígenas?

Hoy, cuando la ciudad se cree moderna, el indígena aparece


como un espejo que incomoda: algunos lo miran y ven pobreza,
otros ven sabiduría, pero ambos reflejos nacen del mismo
espejo roto del colonialismo. En el metro de la capital se
escucha “son atrasados”, mientras en la universidad se celebra
“su conexión con la Madre Tierra”; la misma persona puede, en
la mañana, pedir un amuleto maya y, en la tarde, reclamar que
“falta progreso” en sus pueblos. El pensamiento dominante lo
coloca en un pasado que debe ser salvado o superado, nunca en
un presente que decide: es museo, es artesanía, es problema,
rara vez es sujeto. La mirada se suaviza cuando el rostro
indígena llega empaquetado en festival o en vuelta de turismo,
pero endurece si pide tierra, agua o palabra propia. Entonces el
indígena se vuelve invisible, aunque esté de pie, cargando la
culpa de recordarle al país que su modernidad fue construida
sobre milpas despojadas.

Justificación:
Este pensamiento fragmentado obedece a que la sociedad
nacional nunca resolvió su deuda colonial: mientras el racismo
estructural sigue premiando lo “blanco-mestizo”, el indígena
aparece como espejo que devuelve la vergüenza ajena; solo
cuando el propio descendiente puede nombrarse sin vergüenza
en redes, escuelas y plazas, la mirada colectiva empieza a
moverse del paternalismo al reconocimiento.
¿Cuál Es El Pensamiento De Las
Personas Actuales Sobre Los Ladinos?

Para muchos mayas contemporáneos, “ladino” ya no es solo el otro


étnico, sino la encarnación del tiempo que se cree recto: el que
lleva reloj, factura y certeza de que adelante siempre hay más. Se
les ve como quienes perdieron el ciclo a cambio del progreso, que
hablan de futuro sin consultar al pasado, y cuyo dios se mide en
metros cuadrados y megas de datos.

Pero la mirada ya no es de simple oposición: ahora se reconoce en


el ladino un espejo que también sangra, un hermano que ignora
sus propios abuelos indígenas por miedo a bajar del pedestal que
la escuela le construyó. Entre jóvenes mestizos nace la pregunta:
“¿y si mi sangre también huele a milpa?”, y el ladino deja de ser el
enemigo para convertirse en posible aliado en la tarea de
desenterrar la memoria compartida.

Justificación:
Este pensamiento dual, crítico y compasivo, surge porque el
capitalismo global igualó las ansiedades: al ladino le faltan raíces y
al maya le faltan puentes, y ambos descubren que la categoría
“ladino” fue inventada para que nadie mire hacia atrás.
¿Cuál Es El Pensamiento De Las
Personas Actuales Sobre Los Mestizos?
El mestizo se piensa a sí mismo como puente: un cuerpo-
suspensión entre dos orillas que nunca se tocan del todo,
portador de un tiempo quebrado que habla español con acento
maya y maya con acento de ciudad.
Se levanta cada mañana sabiéndose cruce de caminos, a veces
culpable de no ser “puro”, a veces orgulloso de ser el lugar
donde el río se mezcla sin pedir permiso.
Lleva en la piel la cicatriz de la Conquista y en la lengua la
rebelión de la colonia: se llama López o Hernández, pero su
abuela le susurró “na’at” cuando era niño y aún le duele la “rr”
cuando cuenta el sueño del abuelo tortillero.
En el espejo ve un rostro sin referente claro: ni lo bastante
moreno para ser indio, ni lo bastante claro para ser europeo, y
por eso inventa su propia mitología: se dice “híbrido con
derecho a fiesta”, celebra el Día de la Hispanidad y el Día del
Respeto a la Diversidad Cultural.

Justificación:
Este pensamiento fluctuante nace porque el Estado nacional
vendió al mestizo como símbolo de unidad mientras lo dejaba
sin territorio simbólico propio, hoy, al encontrarse sin mito
oficial que lo sostenga, explora la posibilidad de ser puerta en
vez de frontera. La globalización multiplica sus espejos Netflix,
TikTok, la migración y le exige elegir entre ser marca turística o
ser carne de historia la respuesta que emerge es una poética del
cruce, si nadie le da la patria, se la teje él mismo con retazos de
güipil, versos de rap y el acento que aún le tiembla, sabiendo que
nadie le entenderá, pero al menos el aire habrá oído su nombre
completo.
¿Cuál Es El Pensamiento De Las
Personas Actuales Sobre Los Garífunas?

Desde fuera, al garífuna lo ven como un carnaval que camina: ritmo


de tambor, coco frito y risa fácil. Los turistas lo fotografían y dicen
“qué alegres son”, los ladinos lo envidian “porque viven en la playa”,
y los mayas lo respetan “porque también fueron corridos de su
tierra, pero por el mar”. Pocos notan que llevan el desplazamiento
en la piel: olvidan que hablaron africano antes que español, y que
cada vez menos nietos entienden a sus abuelos.
Entonces el garífuna se vuelve postal: colorido de ventana, pero sin
voz cuando sube la luz o llega el hotel que los correrá otra vez.
Dentro de la comunidad, la pregunta duele: ¿seguimos siendo
garífuna si ya no cantamos en garífuna? Los viejos fuerzan a los
críos a bailar pororó, los jóvenes regresan del norte con dólares y
auriculares de reguetón, y en la noche todos se juntan a la orilla del
mar porque allí el Wi-Fi no alcanza y la ola sigue hablando idioma
viejo. Descubren que ser garífuna no es un punto fijo, sino una
marea: te vas, regresas, te mezclas, pero el oleaje te devuelve
siempre con la misma sal en la piel. Por eso bailan: para que el
futuro recuerde que existieron antes que la arena se venda por
metros cuadrados.

Justificación:
La gente piensa “playa y fiesta” porque el Estado y la televisión solo
muestran esa cara; no ven escuelas sin maestros de lengua, ni la
carretera que nunca llega. Mientras el garífuna no pueda enseñar su
idioma en clase ni defender su territorio en juzgados, seguirá
siendo un bonito anuncio de turismo que se borra cuando llega el
nuevo departamento.
¿Cuál Es El Pensamiento De Las
Personas Actuales Sobre Los Xinkas?

Desde fuera, al xinka lo miran como un eco apagado, “¿eso


existió?”, preguntan en la capital, y la frase cae como piedra en el
silencio de quienes ya no oyen su idioma. Los mayas del
occidente apenas saben que hay un pueblo que también fue
despojado, y los ladinos de la zona lo nombran “montañeses”,
como si la montaña fuera un pasado y no un territorio que aún
respira. Dentro de la comunidad, el pensamiento es un fuego que
se tapa, pero no se apaga: los jóvenes se declaran “mestizos” para
no cargar la vergüenza, pero regresan al altar xinka cuando el
niño enferma y el hospital falla. Descubren que ser xinka no es
hablar siempre la lengua, sino sentir que el cerro que los vio
nacer duele cuando lo taladran, y que el cuerpo de la mujer y el
territorio son el mismo texto que no se puede arrancar sin
sangrar. Entonces se autodenominan en voz baja, como quien
recupera un nombre prestado: “yo soy de aquí, de antes que la
frontera pusiera número al maíz”.

Justificación:
La mayoría piensa “ya no hay xinkas” porque el Estado los
declaró extintos en los censos y la escuela nunca enseñó su
historia; al no ver traje ni lengua, el común cree que
desaparecieron. Pero esa invisibilidad no es ausencia, es
estrategia de sobrevivencia, se ocultaron para no morir y ahora
reaparecen cuando el territorio llora, por eso hoy su nombre
suena extraño, porque fue guardado en el silencio como quien
guarda semilla para cuando vuelva la lluvia.
CONCLUSIÓN

Al final del recorrido se comprende que Guatemala y el


istmo entero, no es un rompecabezas que falta por
encajar, sino un tapiz que se teje y desteje cada
amanecer. No hay país posible sin la danza del otro, el
maya necesita del ladino para recordar que el tiempo
también es recto, el ladino necesita del maya para saber
que la tierra tiene memoria, el garífuna enseña a todos
que la mezcla es supervivencia y el xinka susurra que lo
“extinto” puede renacer cuando el cerro lo demande.
Somos, entonces, una frase que nunca termina: verbo
sin sujeto fijo, canción que cambia de ritmo, pero no de
sal. La tarea que queda no es descubrir quiénes somos,
sino atrevernos a seguir siéndolo juntos sin borrar al
que canta distinto.

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