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Tpguion

El documento narra la historia de Joaquín, un joven que lucha por liberarse de la presión materna y la soledad que lo han marcado desde su infancia. A través de la conexión con una compañera de trabajo, comienza a reconciliarse con su identidad y a dejar atrás su trauma, eligiendo finalmente su propio camino. La narrativa explora temas de aislamiento, aceptación y el proceso de reaprender a vivir según los propios deseos.

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Tpguion

El documento narra la historia de Joaquín, un joven que lucha por liberarse de la presión materna y la soledad que lo han marcado desde su infancia. A través de la conexión con una compañera de trabajo, comienza a reconciliarse con su identidad y a dejar atrás su trauma, eligiendo finalmente su propio camino. La narrativa explora temas de aislamiento, aceptación y el proceso de reaprender a vivir según los propios deseos.

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Título: Contracorriente

(* Voy a marcar con color las correcciones, pero básicamente reescribí


todo porque me di cuenta con lo que me dijo que lo que escribí antes
no iba por donde quería llevarlo.)

Tema Central: Reaprender a vivir según los propios deseos.

Storyline:
Joaquín es un joven marcado por la exigencia materna y el
fracaso que vive en soledad, hasta que una compañera de
trabajo le da la fuerza para reconciliarse con su reflejo y
con la oportunidad de volver a mirarse para elegir su
propio camino.

Sinopsis:
Joaquín nunca conoció la pileta de natación como un lugar
de juego. Desde su niñez (10 años), su vida ha sido
solitaria bajo la sombra de su madre, una figura atenta y
seria que observa cada brazada desde las gradas, tomando
nota de cada error. Las medallas que cuelga en casa, lejos
de ser trofeos, se sienten como pesas, especialmente cuando
su madre las acomoda milimétricamente con una mueca de
profundo disgusto.
La presión se vuelve insostenible en la adolescencia (15
años). En medio de un torneo, tras quedar en segundo lugar
y buscar sin éxito una señal de aprobación en las tribunas,
Joaquín mira su reflejo en el agua de la pileta, deja caer
sus antiparras y toma la decisión de abandonar la pileta en
renuncia total. Deja la medalla tirada en la puerta del
lugar y se va caminando bajo la lluvia.
Años después (21 años), el trauma se manifiesta en la
rutina. Joaquín trabaja en una cafetería donde repite los
movimientos de servir café, limpiar y acomodar tazas con
una precisión fría y casi obsesiva. Se mueve con la misma
mecánica disciplina que antes usaba para nadar.
Sus medallas, olvidadas en un estante de su pequeño
departamento junto a unas antiparras y al pararse frente al
espejo que tiene en el pasillo por momentos vuelve a ver el
mismo reflejo que vio en aquella pileta cuando era chico.
Por la noche sale a caminar en silencio por la ciudad,
acompañado solo por la melancolía de sus auriculares.
Esta rutina de aislamiento es percibida por Renata, una
compañera de trabajo. Con gestos sutiles; una taza lista o
una sonrisa compartida, ella comienza a romper el muro que
Joaquín construyó y la tristeza en sus ojos se suaviza.
Una noche, Renata le envía un mensaje invitándolo a "salir
a pasear" con un grupo de amigos, la propuesta desencadena
un pensamiento paralizante: la posibilidad de tener amigos.
Pero tras un largo momento de duda, Joaquín responde que
sí.
Al día siguiente, frente al espejo, se viste para la cita y
por primera vez en mucho tiempo, su mirada se detiene en su
propio reflejo y decide no apartarla. Es un acto de
voluntad. Al salir a la calle, camina firme, su reflejo
completo aparece en las vidrieras, ya no como el niño
cargado, sino como un adulto que acelera el paso hacia el
final de la cuadra, donde un grupo de personas lo espera
saludándolo con una sonrisa. Joaquín, finalmente, está
listo para dejar de nadar contra su propia vida.

Tratamiento:
Un niño (10 años, Joaquín) se viste con un buzo deportivo,
se cuelga una mochila más grande que él y sale de su casa
acompañado de su madre.
En una pileta olímpica nada entre otros chicos. Ellos ríen,
se empujan, compiten jugando; él los observa desde un
costado, en silencio.
Su madre lo mira desde las gradas, atenta y seria. Toma
nota en una libreta cada vez que se equivoca.
En casa, Joaquín cuelga una medalla nueva junto a muchas
otras. Su madre pasa por detrás, la acomoda
milimétricamente con una mueca de disgusto.
El tiempo pasa. El niño ya es adolescente (15 años). Su
habitación está llena de trofeos y medallas perfectamente
alineadas. Está en su cama mirando al techo con la mirada
perdida mientras escucha música en sus auriculares. En su
celular, mira lo que suben a Instagram sus compañeros,
preparándose juntos para el torneo. Luego de un rato una
alarma lo saca de su observación “Torneo Nacional”.
Así mira la mochila que se encuentra en el piso al lado de
su traje de baño y sus antiparras.
Llega corriendo con su madre al torneo, el público aplaude.
Joaquín nada con fuerza, pero termina en segundo puesto.
Levanta la vista hacia las tribunas, buscando algo.
Su madre cruzada de brazos, inmóvil.
Él la observa y por unos segundos mira su propio reflejo en
el agua para luego sacarse las antiparras y dejarlas caer.
Camina fuera de la pileta, entre los gritos de la gente.
Afuera llueve. Pero el sigue caminando sin mirar atrás.
La medalla queda tirada en la puerta del lugar.

Años después, Joaquín (21 años) ya es un adulto que trabaja


en una cafetería. Repite movimientos precisos: sirve café,
limpia, acomoda tazas milimétricamente. Apenas levanta la
vista.
Durante el cierre, marca su horario en una planilla pegada
en la pared y sale. En la calle, la ciudad continúa
ruidosa; él camina en silencio, de sus auriculares sale “la
vida era más corta” de milo j.

Llega a su departamento pequeño, con muebles sencillos y


paredes blancas. En un estante, las medallas viejas y unas
antiparras que acumulan polvo. Joaquín las mira, luego mira
al espejo que tiene en el pasillo y por un momento se ve a
el de chico en la pileta, aparta la vista y apaga la luz.
Las jornadas se repiten. En el trabajo, sus compañeros
charlan mientras él permanece concentrado en la máquina de
café. A veces sonríe, casi sin darse cuenta.
Con el paso del tiempo, una compañera nota la tristeza en
Joaquín y comienza a acercarse: le deja una taza lista, lo
llama con un gesto amable, comparte la mesa del descanso.
Él la observa en silencio. Sus gestos empiezan a volverse
más suaves, menos tensos.
Una tarde, en su casa, Joaquín está haciendo la cena,
cuando recibe un mensaje.
Compañera (Mensaje)
- Holi! ¿Vamos mañana a pasear? Vienen unos amigos míos
también.
Joaquín queda en shock, deja el celular en la mesa y se
sienta con la cabeza entre las manos.
Luego de estar así un rato, agarra nuevamente el celular y
se recompone para responder.
Joaquín (Mensaje)
- mm bueno, ¿A qué hora?
Al otro día, entra la luz del sol por la ventana. Joaquín
busca ropa en su armario. Se viste frente al espejo. Por un
instante, su mirada se detiene por fin en su reflejo.
Respira hondo.
Esta vez no aparta la vista.
Sale a la calle, el sol se refleja en los charcos de agua.
Camina y al cruzar la vidriera de la cafetería, su reflejo
aparece completo, caminando firme.
Mira al final de la cuadra y un grupo de personas le agitan
la mano saludándolo. Joaquín acelera el paso, con una
sonrisa.

Fin.
Perfil de personaje:

Joaquín:
Es un joven barista de 21 años, ex nadador. Marcado por la
exigencia y el fracaso. Vive en soledad, dudoso en una
rutina de aislamiento y mecánica disciplina como secuela de
su trauma infantil. No será hasta conocer a su compañera de
trabajo que su lucha de reconciliarse con su reflejo para
elegir su propio camino llega a su fin, lo que le permite
finalmente “dejar de nadar contra su propia vida”.

Madre:
Una figura atenta y seria, de control obsesivo. Observa
logros imperfectos y su presencia es una sombra para
Joaquín.

Compañera:
Ella es el catalizador que le da a Joaquín la oportunidad
de cambiar, rompiendo su rutina de aislamiento. Representa
la conexión social y la aceptación sin juzgar, contrastando
con la exigente frialdad de La madre de Joaquín.

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