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Histopia 42

El documento presenta un sumario de la revista Histopía, destacando la creación de la escarapela y bandera nacionales por Manuel Belgrano en 1812, así como otros artículos sobre historia y literatura. Se enfatiza la importancia de estos símbolos patrios en la identidad argentina y se incluyen contribuciones de varios especialistas en el tema. Además, se menciona un documento inédito relacionado con la Casa de Tucumán, donde se declaró la independencia del país.

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Histopia 42

El documento presenta un sumario de la revista Histopía, destacando la creación de la escarapela y bandera nacionales por Manuel Belgrano en 1812, así como otros artículos sobre historia y literatura. Se enfatiza la importancia de estos símbolos patrios en la identidad argentina y se incluyen contribuciones de varios especialistas en el tema. Además, se menciona un documento inédito relacionado con la Casa de Tucumán, donde se declaró la independencia del país.

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1

Sumario

Editorial Pág. 3.
Aniversarios
“Creación de la escarapela y bandera nacionales”.
Por Carlos María Marturet. Pág. 5.

Hechos curiosos de la Historia

“Una bandera para desenmascarar a un espía. Cochabamba-


1813”.
Por Gabriel Servetto. Pág. 16.

Historia Colonial
ISSN 2683-6904

Año VIII N- 42-Febrero 2026


“El virreinato del Río de la Plata. Desde su creación hasta la
Staff: Revolución de Mayo (1776-1810)”.
Dirección: Por Rodrigo Leonel Salinas. Pág. 28.
María Teresa Fuster

Redactor principal Literatura


Roberto L. Elissalde

Redacción: “El poeta Luis G. Urbina y la Argentina”.


Sergio Fuster
Por Carlos Romero Sosa. Pág. 34.
Comité científico:
Néstor Careaga Alfonso
Fernando Chao + Historia militar
Jorge N. Di Nucci
Olga Fernández Latour de Botas “El Regimiento N° 8 de Infantería del Ejército Argentino.
Susana Frías
Héctor Patiño Gardone
Investigación y propuesta de linaje”.
Mary Monte de López Moreira Por Juan José Bravo. Pág.39.
M. Cristina Scomazzon
Eduardo Trigo O’Connor d’ Arlach
Juan Eduardo Vargas Cariola
Documentos inéditos de nuestra Historia
Corrección:
Eduardo Fusero
Un curioso documento sobre la Casa de Tucumán”.
Diseño: Por María Teresa Fuster. Pág. 50.
Demis Juliá

San Blas 5158 CABA CP 1407.

Mail: revistahistopia@[Link]

© 2019. Registro de propiedad intelectual.


Ley 11.723. Se puede citar cualquier parte
del contenido de la presente
publicación siempre y cuando se
mencione la fuente

Foto de tapa: “Belgrano” (film 2010)

2
Editorial
El 27 de febrero de 1812 el general Manuel Belgrano tomó la iniciativa, ante
circunstancias apremiantes y la falta de decisión de las autoridades, de crear el mayor
símbolo de una nación: La bandera nacional. Belgrano utilizó los colores celeste y
blanco presentes de la escarapela - cuyo uso fue autorizado debido también a la
iniciativa de Belgrano-. Levantó la bandera ante orillas del río Paraná ese histórico día y
desde ese momento flamea orgullosa en el corazón de todos los argentinos.
Es así que este mes tan cargado de hechos trascendentales para nuestra historia,
Revista Histopía recuerda no solo la creación de los símbolos patrios que nos identifican
como nación sino también, al mayor prócer de nuestra patria, el general Belgrano.
Nos honra contar con trabajos de especialistas como Carlos María Marturet,
vicepresidente y secretario general del Instituto Belgraniano de la República Argentina,
quien justamente nos detalla la creación de estos símbolos patrios brindándonos las
diferentes teorías históricas sobre la disposición de los colores en esta bandera
primigenia izada en 1812. El diplomático e historiador Gabriel Servetto nos relata un
interesante y desconocido hecho ocurrido un año después de la creación de la bandera
en Cochabamba donde justamente nuestro símbolo patrio sirvió para desenmascarar a
un espía realista. Por otra parte, Rodrigo Leonel Salinas nos habla de la creación del
virreinato del Río de la Plata desde su creación hasta la revolución de Mayo. Juan José
Bravo basándose en fuentes documentales, nos muestra el origen del histórico
regimiento N° 8 de Infantería del Ejército Argentino.
En la sección literatura, el especialista Carlos Romero Sosa, nos detalla fragmentos de
la vida y obra de Luis G. Urbina el gran poeta mexicano y Teresa Fuster nos presenta un
documento inédito del Archivo General de la Nación relativo a la Casa de Tucumán
donde en 1816 se declaró la Independencia de nuestro país.
Como siempre presentamos un número de calidad a todos nuestros lectores. Los
invitamos a leerlo con detenimiento.

Dirección Revista Histopía.

3
Revista Caras y Caretas año 1900 (AGN- Biblioteca).

4
Aniversarios

CREACIÓN DE LA ESCARAPELA
Y BANDERA NACIONAL
Carlos María Marturet1

Capilla del paraje de Titiri (4.350 metros sobre el nivel del mar), Macha, Potosí, Bolivia.
Foto circa 2018).

El 7 de febrero de 1812, con el arribo del Regimiento número 5 de Infantería (Ex


Regimiento número 1 de Patricios) al pequeño poblado de la Capilla de Nuestra Señora
del Rosario, en el Pago de los Arroyos (actual ciudad de Rosario), finaliza la crónica
que el entonces coronel Manuel Belgrano registró en su Diario de Marcha.2

1
GB (R) “VGM” Carlos María Marturet. Licenciado en Estrategia y Organización. Miembro de número,
vicepresidente y secretario general del Instituto Belgraniano de la República Argentina (IBRA),
Asociación Civil continuadora de la obra del Ex Instituto Nacional Belgraniano, y miembro de número
del Instituto Argentino de Historia Militar.
2
El Diario de Marcha del coronel Belgrano a Rosario es el documento que reseña el derrotero del prócer
desde que salió de la ciudad de Buenos Aires al mando del Regimiento Nº 5 de Infantería (Ex
Regimiento Nº 1 de Patricios) el 24 de enero de 1812 hasta su llegada el 7 de febrero al entonces
pequeño poblado de la capilla de Nuestra Señora del Rosario en el pago de los Arroyos (actual ciudad
de Rosario). Este documento ha sido publicado por el Instituto Nacional Belgraniano bajo el título

5
El Gobierno Provisional de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, conocido
históricamente como el Triunvirato, le había asignado la misión militar de acelerar la
construcción y dar seguridad al complejo de baterías que, por ser un lugar estratégico,
con gran pericia técnica y militar, se posicionaban sobre las barrancas de la margen
derecha del río Paraná. El objetivo de esta misión era impedir la navegación de los
barcos españoles por el río Paraná, y así evitar el ataque y saqueo a las poblaciones
ribereñas, privando a los realistas de los recursos para el abastecimiento a la ciudad de
Montevideo, que se encontraba sitiada por tropas patriotas3
Belgrano, en el último registro de su Diario de Marcha señalaba:

“(…) hallándonos a distancia del Rosario de cerca de una legua se formó la tropa,
sacaron las banderas [todavía se usaban las españolas], y con todo orden seguimos
hasta este pueblo (…)”.4

Habían marchado a pie durante 15 días, y en ese lapso, recorrido una distancia 350
km, de día y de noche, para escaparle al inclemente calor del verano; marcharon
arriando bueyes y arrastrando carretas, por caminos polvorientos y campos áridos
cubiertos de espinillos; vadearon ríos y arroyos; descansaron sobre improvisados
camastros rellenos de pasto seco, en tiendas remendadas o bajo las estrellas; cocinando -
a falta de leña -, con cardo, huesos y hasta con bosta de ganado, y soportando la escases
de agua - al filo de consumirla insalubre y con lodo -; y en silencio, solo con la
satisfacción del deber cumplido, llegaron a destino. La finalización de las obras de
fortificación, y la contención de la amenaza realista serán sus inmediatos desvelos.
En este sentido, el 9 de febrero, el gobierno desde Buenos Aires le recomendaba
acelerar la instalación de las baterías de artillería, y mantener alistadas sus fuerzas,
porque, por patriotas de Montevideo, se tenía información que allí se estaba alistando
una expedición naval de 500 realistas apoyados con artillería, que se proponían destruir
la batería del Rosario y tomar el punto de La Bajada.
En consecuencia, las obras de fortificación se aceleraron y las medidas de seguridad
se extremaron. Se ampliaron los servicios de guardia y se extendieron las patrullas de
reconocimiento. Pero algo estaba faltando. Las banderas, emblemas y gallardetes con
que se reconocían ambos bandos en pugna eran los mismos. Se hacía imperioso
identificar a la revolución con distintivos propios. Belgrano decidió que este era el
momento y la oportunidad precisa para dotar de símbolos patrios a los ideales de mayo,
y se atrevió, y dio este paso fundacional. Estaban por ser creadas la Escarapela y
Bandera Nacionales.

Creación de la Escarapela Nacional

Sin más demora, el 13 de febrero, el coronel Belgrano, diligenció un oficio ante el


Triunvirato, solicitando la institución y autorización de uso de una propia escarapela
nacional. El oficio reclamaba:
“(…) Excelentísimo Gobierno de las Provincias del Río de la Plata.
Parece que llegado el caso de que Vuestra Excelencia se sirva declarar la
escarapela nacional que debemos usar, para que no se equivoque con la de

Diario de marcha del coronel Belgrano a Rosario y Diario Militar del Ejercito Auxiliador del Perú,
editado por Grafica General Belgrano, 1ra. Edición, Buenos Aires, 1995.
3
Nos referimos al Segundo Sitio de Montevideo ocurrido entre octubre 1812 y junio de 1814.
4
Fragmento de la crónica de Manuel Belgrano, del décimo quinto y último día de marcha, viernes 7 de
febrero de 1812.

6
nuestros enemigos, y no haya acciones que puedan sernos de perjuicio; y como
por otra parte observo que hay cuerpos del Ejército que la llevan diferente, de
modo que casi sea una señal de división, cuyas sombras, si es posible, deben
alejarse, como Vuestra Excelencia sabe, me tomo la libertad de exigir de Vuestra
Excelencia la declaratoria que antes expuse.
Dios guarde, a Vuestra Excelencia muchos años.
Rosario, 13 de febrero de 1812.
Manuel Belgrano (…)”.5

Manuel Belgrano al Triunvirato (AGN S 10 -3950)

5
Instituto Nacional Belgraniano, Oficio de Belgrano ante el Triunvirato solicitando la institución y
autorización de uso de una Escarapela Nacional, en: Documentos para la Historia del General Manuel
Belgrano, Tomo IV: 1811-1812, Novena Parte: Documentos Relativos a la Creación de la Bandera y
Escarapela Nacionales, Buenos Aires, 2003, documento número 178, pp. 417 y 418.

7
Cinco días después, el 18 de febrero, el Triunvirato diligencia el oficio al jefe del
Estado Mayor, brigadier Miguel de Azcuénaga (Buenos Aires, 1754 - 1833), donde
dispone que deba reconocerse y usarse como Escarapela Nacional de las Provincias
Unidas del Río de la Plata la de dos colores blanco y azul celeste, quedando abolida la
roja, en estos términos:
“(…) Al Jefe del Estado Mayor.
En acuerdo de hoy se ha resultado que desde esta fecha en adelante, se haya,
reconozca y se use, la Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la
Plata, declarándose por tal, la de dos colores; blanco y azul celeste, y quedando
abolida la roja con que antiguamente se distinguían.
Se comunica a Vuestra Señoría para los efectos consiguientes a esta resolución.
Dios guarde, a Vuestra Excelencia muchos años.
Buenos Ayres, 18 de febrero de 1812.
Feliciano Antonio Chiclana, Manuel de Sarratea, Juan José Paso.
Bernardino Rivadavia. Secretario (...)”.6

Acababa de nacer la Escarapela Nacional, y lo hacía también en carácter de ‘primer


símbolo militar patrio’.

Diseño primigenio de la primera Escarapela Nacional.

6
Instituto Nacional Belgraniano, “Oficio del Gobierno Central disponiendo el uso de la escarapela
nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata”, en: Documentos para la Historia del General
Manuel Belgrano, Tomo IV: 1811-1812, Novena Parte: Documentos Relativos a la Creación de la
Bandera y Escarapela Nacionales, Buenos Aires, 2003, documento número 179, pp. 418 y 419.

8
Creación y enarbolamiento de la Bandera Nacional
Unos días después, se enarbolaría la Bandera Nacional. El 27 de febrero, Belgrano, a las
06:40 horas de la tarde, en oportunidad de inaugurar la batería de la Independencia
(Emplazada en la isla fronteriza a las barrancas del Rosario llamada El espinillo),
entusiasmado por la aceptación y celeridad con que el gobierno superior había tratado
su propuesta relativa la escarapela nacional, resolvió y dio otro paso institucional en el
proceso de nuestra independencia: creo y enarbolo, por primera vez, la bandera blanca y
celeste conforme a los colores de la escarapela nacional recientemente creada, que
denominaría Bandera Nacional. A continuación, la arenga del coronel Manuel Belgrano
a su tropa con motivo de la puesta en servicio de la Batería de la Independencia:

“(…) Soldados de la Patria.


En este punto hemos tenido la Gloria de vestir la Escarapela Nacional que ha
designado nuestro Excelentísimo Gobierno; en aquel, la Batería de la
Independencia, nuestras armas aumentarán las suyas; y juremos vencer a nuestros
enemigos, interiores y exteriores, y la América del Sud será el templo de la
independencia, de la unión y de la Libertad.
En fe de que así lo juráis decid conmigo. Viva la Patria.
[Concluido].
Señor Capitán y Tropa destinada por la primera vez a la Batería de la
Independencia; id, posesionaos de ella y cumplid el juramento que acabáis de
hacer (…)”.7

Este mismo día – 27 de febrero -, Belgrano diligencia un oficio al Triunvirato,


informado la ceremonia de inauguración de la batería independencia, y la enarbolación
de la bandera blanca y celeste. Este oficio anunciaba:

“(…) Excelentísimo Gobierno Superior de las Provincias del Río de la Plata.


En este momento que son las 6 y 40 de la tarde, se ha hecho la salva en la Batería
de la Independencia, y queda con la dotación competente para los tres cañones
que se han colocado, las municiones y la guarnición.
He dispuesto para entusiasmar las tropas y estos habitantes que se formasen
todas aquellos, y les hablé en los términos de la copia que acompaño.
Siendo preciso enarbolar Bandera, y no teniéndola la mandé hacer blanca y
celeste, conforme a los colores de la escarapela nacional y espero que sea de la
aprobación de Vuestra Excelencia.
Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años.
Rosario, 27 de febrero de 1812.
Manuel Belgrano (…)”.8

7
Instituto Nacional Belgraniano, Documentos Relativos a la Creación de la Bandera y Escarapela
Nacionales, en Documentos para la Historia del General Manuel Belgrano, Tomo IV (1811 – 1812),
Novena Parte, Buenos Aires, 2003, documento número 183, p. 421.
8
Instituto Nacional Belgraniano, Documentos Relativos a la Creación de la Bandera y Escarapela
Nacionales, en Documentos para la Historia del General Manuel Belgrano, Tomo IV (1811 – 1812),
Novena Parte, Buenos Aires, 2003, documento número 184, pp. 421 - 423.

9
AGN Sala 10-3950

10
Es indudable - no obstante, las severas amonestaciones recibidas -, la trascendencia
que para el futuro de la revolución significó la creación de la Escarapela y Bandera
Nacionales, sin embargo, se debe reflexionar sobre otros tres acontecimientos de
naturaleza simbólica que suceden en este mismo contexto histórico, con los que
Belgrano completa este hecho fundacional. Ellos fueron:
- la precisa nominación como Libertad e Independencia a las baterías que en estas costas
se posicionaban;
- segundo, el encargo a una dama patricia, doña María Catalina Echevarría de Vidal9
para la confección de esta primera bandera, con lo cual confirma la participación de la
mujer en el movimiento patrio;
- y tercero, según cuenta la tradición, la invitación al ciudadano Cosme Maciel10,11 para
que acompañe el izamiento de la bandera nacional; y con la emoción que nos brindan
las tradiciones históricas, Belgrano le habría mandado: “(…) Vea si está corriente la
cuerda, y ate bien la bandera para elevarla bien alta como deben mantenerla siempre,
cuando le haga la señal con la espada (…)”.12 Todos estos gestos realizados en
presencia del ejército, y con el acompañamiento de la población civil representaban un
paso más hacia el logro de la tan anhelada independencia.

Tesis respecto del diseño de la bandera blanca y celeste

Sin embargo, del paso del tiempo, aún son cuatro las posibilidades que plantean los
historiadores, vexilólogos y estudiosos, respecto del diseño original de nuestra primera
Enseña Patria, a saber:
1. La teoría que sugirió el teniente general Bartolomé Mitre (Buenos Aires, 1821 -
1906), esbozada por primera vez en el año 1858, en la tercera Edición de su obra: La
Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina. Consiste, desde la asta hacia el
flameo, en tres franjas horizontales iguales: celeste - blanca (al centro) y celeste,
respectivamente. También es conocida como: la Bandera de Ayohuma, una de las dos
banderas descubiertas en la capilla de Titiri, en el Curato de Macha, Provincia de
Chayanta, Departamento de Potosí, Estado Plurinacional de Bolivia.
2. La opinión del historiador y publicista Félix Amadeo Chaparro (Rosario, 1887 –
1959), enunciado en su obra: Belgrano y los símbolos de la Patria. El diseño es en dos
franjas verticales iguales: celeste desde el asta, y blanca al flameo.
3. La propuesta enunciada por el investigador, historiador y periodista Augusto
Fernández Díaz (Rosario, 1885 - 1980). Consiste, desde el asta hacia el flameo, en tres
franjas horizontales iguales: blanca - celeste (al centro) y blanca, respectivamente.
Este modelo de bandera es desde el año del Bicentenario (2010), la Bandera Oficial de
la provincia de Tucumán. También es conocida como la Bandera de Macha, otra de las
dos banderas encontradas en la capilla de Titiri, perteneciente al curato de Macha.

9
La Bandera Nacional de República Argentina; La dama que confeccionó la bandera, Capítulo tres:
Testimonios y Tradiciones en torno a la Primera Bandera, Instituto Nacional Belgraniano, primera
edición, Buenos Aires, 2012, p. 36.
10
Cosme Maciel nació en Santa Fe en 1784. Fue un destacado constructor naval, comerciante y
funcionario; tuvo una decidida actuación en los primeros años de autonomía federal en su provincia Santa
Fe. Falleció en Buenos Aires en 1850.
11
La Bandera Nacional de República Argentina El primer abanderado, Capítulo tres: Testimonios y
Tradiciones en torno a la Primera Bandera, Instituto Nacional Belgraniano, primera edición, Buenos
Aires, 2012, p. 36.
12
Miguel Alfredo Chiarpenello (Doctor en ciencias económicas, historiador y escritor), Cosme Maciel,
Nuestra bandera al elevarse, eleva; capítulo del libro: La Imagen Olvidada. Rosario Antigua: Algo para
recordar. 2010. Portal: Argentina histórica, historia Argentina.

11
4. La tesis del historiador, periodista, y nieto del Prócer, doctor Mario Belgrano Vega
Belgrano (París, 1884 - Buenos Aires, 1947). Concluyo, desde el asta hacia el flameo,
en dos franjas horizontales iguales: blanca (arriba) y celeste (abajo). Esta hipótesis es
la posición oficial del Ex Instituto Nacional Belgraniano, y ahora del Instituto
Belgraniano de la República Argentina (IBRA).

Bandera de Macha y Bandera de Ayohuma (abajo), antes de su restauración.

12
Dictamen de la Academia Nacional de la Historia13
Consultada la Academia Nacional de la Historia respecto del diseño original de la
bandera enarbolada en Rosario el 27 de febrero, la comisión “ad hoc”, en la sesión del
13 de abril de 1999, concluyo que:
1º, debe recordarse que son diversas y divergentes las opiniones manifestadas por
destacados estudiosos con respecto al destino de la enseña enarbolada por el General
Manuel Belgrano en las barrancas de Rosario, luego de haber recibido la orden de
deshacerla por parte del Triunvirato, sin que ninguno de ellos haya arrojado luz
definitiva;
2°, tampoco ha podido determinarse fehacientemente la disposición de los colores de
la bandera, dado lo escueto del oficio de Belgrano al Gobierno con respecto al
izamiento, materializada el 27 de febrero de 1812, y la existencia de otros testimonios al
respecto;
3°, más allá de la dificultad intrínseca de la cuestión, dada la falta de decisivos
testimonios al respecto, puede confiarse en que nuevos estudios proporcionen
precisiones documentales o análisis interpretativos.

Las banderas de Macha

13
ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA; Dictámenes e Informes. Años 1997 - 2001, Buenos Aires,
Academia Nacional de la Historia, 2001; citado en: Testimonios y Tradiciones en torno a la Primera
Bandera destino y Forma de la Primera Bandera, Capitulo tres del libro: La Bandera Nacional de la
República Argentina, Instituto Nacional Belgraniano, 1ra edición, Buenos Aires, 2012, p. 27.

13
Respecto de las denominadas Banderas de Macha, hasta el momento no se han
encontrado documentos definitivos que permitan certificar su origen, pertenencia y
derrotero histórico. No significa que no deban ser tratadas con la consideración que
estas ‘reliquias históricas’ representan. Estos símbolos han sido investigados por no
pocos historiadores. Lo concreto – en extrema síntesis – puede enunciarse que:
1.- En el año 1883, 70 años después de la batalla de Ayohuma, librada el 14 de
noviembre de 1813, el presbítero a cargo del curato de Macha, Martín Castro, notó en la
capilla de Titiri, sita a dos leguas de Ayohuma rumbo a Potosí, detrás de un cuadro de
Santa Teresa - probablemente unidas a su marco o sujetas a la pared -, unos adornos que
parecías telas de seda sucias. Aquí distintos historiadores difieren respecto de lo
encontrado y sucedido: por ejemplo, si el padre Castro investigó lo hallado o si informó
a alguna autoridad eclesiástica o civil respecto del descubrimiento. Lo concreto es que,
permaneció en su lugar por dos años más.
2.- Dos años después en 1885, otro presbítero, el sacerdote Primo Arrieta las
redescubrió en la mencionada capilla de Titiri, pero en esta oportunidad informó del
hallazgo al arzobispo y al Subprefecto de la provincia, quienes lo hicieron público. El
10 de septiembre de 1885 en Colquechaca (capital de Chayanta, del departamento de
Potosí) se labró un acta notarial con la presencia del entonces cónsul argentino en Sucre.
3.-En dicha acta, se referencian dos banderas, descoloridas y en descuidado estado de
conservación: la denominada “Bandera de Ayohuma”, de tres franjas horizontales
iguales: celeste – blanca (al centro) y celeste, respectivamente, de 2,32 por 1,53 m; y
la identificada como “Bandera de Macha”, de tres franjas horizontales iguales: blanca
- celeste (al centro) y blanca, de 2,25 por 1,60 m.
4.- A partir del año 1893, Argentina inició el reclamo diplomático de ambas banderas,
fundamentándose en: su carácter histórico, en los colores tradicionales que desde 1812
(y antes) identificaron a las Provincias Unidas del Río de la Plata, por no tratarse de
trofeos de guerra, obtenidos en campaña militar alguna y por no haber sido donadas o
legadas por autoridad política o militar competente.
5.- En el año 1896, el actual Estado Plurinacional de Bolivia reintegra a nuestro País la
denominada “Bandera de Ayohuma” que se conserva, después de un esmerado
proceso de restauración de dos años en el Museo Histórico Nacional en la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires; permaneciendo la segunda “Bandera de Macha”, en una
residencia esencialmente significativa: el Museo Casa de la Libertad en Sucre, primer
monumento histórico de Bolivia, lugar en el que se firmó el Acta de la Independencia
del Alto Perú en 1825; y se redactó la primera constitución de Bolivia. Ecuánime es
reconocer que, el pueblo boliviano conserva esta reliquia con respeto y veneración,
considerándola también como parte de su historia, y en homenaje a los años de lucha
común bajo los colores del mismo pabellón.
6.- En el año 2012, año del Bicentenario de la creación de la Bandera, el gobierno de
Bolivia entregó al Congreso de la Nación Argentina una réplica autenticada de la
Bandera de Macha que llegó a la ciudad de Rosario el 27 de febrero de ese año y se
conserva en el Museo Histórico a la Bandera.

Manuel Belgrano, la pasión por la construcción de la Patria

No obstante, y sin soslayar la importancia de las características del primer diseño, lo


trascendental a reflexionar respecto de estos dos actos fundacionales: la Escarapela y
Bandera Nacionales, es que general Manuel Belgrano, al entregarnos la bandera blanca
y celeste nos está legando su compromiso con la Libertad y la Independencia, y su
justicia radica en que lo hace:

14
Primero, tres años antes en que el Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la
Plata, disponga, el 17 de abril de 1815, el arrió y reemplazo de la Bandera de la Corona
Española (Rojigualda). El escritor Juan Manuel Beruti (Buenos Aires, 1777 - 1856),
hermano del coronel Antonio Luis Beruti (Buenos Aires, 1772 - Mendoza, 1841),
comandante del Fuerte de Buenos Aires, sede del Gobierno y Guarnición Militar,
recuerda en sus Memorias Curiosas este histórico momento:

“(…) Este mismo día amaneció puesta en el asta de la Fortaleza la Bandera de la


Patria, celeste y blanca, primera vez que en ella se puso, pues hasta entonces no se
ponía otra sino la española; cuya bandera la hizo poner el comandante de la
fortaleza, que el día antes fue nombrado por Soler [Miguel Estanislao Soler;
Buenos Aires, 1783 – 1849], para su cuidado y defensa, el coronel Antonio Luis
Beruti, con la cual se entusiasmó sobremanera el pueblo en su defensa, y desde ese
día ya no se pone otra sino la de la Patria (…)”.14

Y también lo hace, cuatro años antes, en que el Congreso General Constituyente


reunido en Tucumán sancione, el 24 de julio de 1816, el Decreto Oficial sobre la
composición y uso de la Bandera, en carácter de ‘Bandera Menor’. El documento
disponía:

“(…) Elevadas las Provincias Unidas en Sud América al rango de una Nación
después de la declaratoria solemne de su independencia, será su peculiar distintivo
la bandera celeste y blanca de que se ha usado hasta el presente y se usará en lo
sucesivo exclusivamente en los ejércitos, buques y fortalezas en clase de bandera
menor, ínterin decretada al término de las presentes discusiones la forma de
gobierno más conveniente al territorio, se fijen conforme a ella los jeroglíficos de
la bandera nacional mayor (…)”.15 ●

14
Beruti, J.J; “Crónica del año de 1815”, en: Memorias Curiosas, Emecé Editores, Buenos Aires, 2001,
pp. 259-260.
15
Instituto Nacional Belgraniano, Documentos Relativos a la Creación de la Bandera y Escarapela
Nacionales, en Documentos para la Historia del General Manuel Belgrano, Tomo IV (1811 – 1812),
Novena Parte, Buenos Aires, 2003, documento número 209, pp. 449 y 450.

15
Hechos curiosos de la Historia

UNA BANDERA PARA


DESENMASCARAR A UN ESPÍA
COCHABAMBA - 1813
Gabriel Servetto16

Introducción

La participación más intensa de Cochabamba en el proceso independentista se registró


entre el 14 de septiembre de 1810 y el 27 de mayo de 1812. La llama revolucionaria
permaneció luego encendida, aunque esos hechos posteriores parecen no haber
concitado la misma atención de los historiadores.
Sobre este período dice José Luis Roca que, cuando Belgrano “se enteró de la perdida
de Cochabamba, escribió a Buenos Aires diciendo que desde ese momento esperaba lo
peor pues nada impediría a Goyeneche volverse ahora contra él. Sin embargo, para
buena fortuna de las armas argentinas, guiados por caudillos menores, los
cochabambinos se insurreccionaron por tercera y cuarta vez, el 11 de marzo y el 18 de
junio de 1813”.17

Retrato de Recabarren pintado en Sevilla en 1807 por el pintor José María Arango. Cortesía del Museo
Histórico Nacional de Chile (MHN 3-302), a cuya colección pertenece esta pieza.

16
Diplomático. Investigador. Cónsul General de la República Argentina en Porto Alegre (Brasil).
Contacto: g_servetto@[Link]
17
Roca, J. L., Ni con Lima ni con Buenos Aires, IFEA, Plural, 2007, cap. “Cochabambinos y porteños”, p.
229.

16
Recordemos que la resistencia de Cochabamba dio tiempo a Belgrano para comenzar
a reconstituir los restos del ejército vencido en Guaqui y a su turno derrotar a Pío
Tristán en Tucumán, tan solo cuatro meses después de la batalla de la Coronilla.
En febrero de 1813 Belgrano les propinó un nuevo golpe a los realistas en Salta y
avanzó sobre Potosí. Este trabajo trata sobre los extraños malabarismos realizados en
esas circunstancias por el Gobernador Intendente realista de Cochabamba Francisco
José de Recabarren, para continuar en el cargo fingiendo ser patriota.
Nacido en Coquimbo, Recabarren había estado a cargo del gobierno político y militar
de la ciudad de Coro en Venezuela hasta que fuera designado como Gobernador
Intendente de Santa Cruz de la Sierra, el 22 de diciembre de 1809. No llegó a hacerse
cargo porque en su lugar fue designado González de Prada. Finalmente se posesionó del
cargo de Gobernador Intendente de Cochabamba el 27 de agosto de 1812, por
designación de la Junta Central de España18. En oficio del 13 de agosto, el general José
Manuel de Goyeneche disponía que al asumir el mando debía limitarse a los ramos
Civil y de Real Hacienda, quedando el ramo militar a cargo del coronel Gerónimo
Marrón y Lombera, “en razón al estado de intranquilidad de aquellos habitantes y
declarando que debe subsistir por ahora la separación del Gobierno de Santa Cruz de la
Sierra, de la Intendencia de Cochabamba”.19

Misión encubierta de Recabarren

La noticia de la batalla de Salta causó profunda consternación a Goyeneche, quien


ordenó apresuradamente que las tropas que guarnecían las distintas ciudades de Charcas
se concentrasen en Oruro. El 27 de febrero 1813, cuando las tropas del Rey ya se
disponían a abandonar Cochabamba, el coronel Lombera dio orden a Recabarren de
reasumir el mando militar y de permanecer en la ciudad. Poco le costó a este último ver
la posición falsa en que quedaba, persuadido que “cuando todos se salvaban, sólo yo
quedaba expuesto a ser víctima de un pueblo furioso y embravecido” 20 y que los
caudillos patriotas que existían en los cerros se encaminarían de inmediato a la ciudad, y
lo obligarían a “jurar la Junta de Buenos Aires, y practicar otras operaciones de igual
clase, esto es sino llego a ser víctima de su furor”. Pero Lombera insistió en que se
trataba de una orden impartida directamente por Goyeneche, “sin que pueda en modo
alguno perjudicar la ventajosa opinión de su fidelidad acendrada cualquier acto
posterior a que una fuerza irresistible pudiere obligarlo”. Al día siguiente de la partida
de Lombera, que se efectuó el 11 de marzo, Recabarren intentó acuartelar una mínima
guarnición armada con las armas encontradas entre los vecinos y las quitadas a algunos
desertores.
Una semana después se le presentó don José Ventura Antezana, hijo de Mariano
Antezana, el gobernador patriota decapitado por los realistas el año anterior,
“diciéndome –dice Recabarren- sabe viene el caudillo Quitón, con gente armada y con
designios de quitarme la vida y que mi cabeza ocupará el lugar que había ocupado en la
Plaza la de su padre”. En medio de esos apuros Recabarren dice haber firmado sin leer
el oficio preparado por su asesor, el doctor Fermín Escudero, dirigido a Belgrano, que
18
Torres Lanzas, P., Independencia de América. Fuentes para su estudio. Catálogo de Documentos
Conservados en el Archivo General de Indias de Sevilla, Primera Serie, Tomo III, Madrid, 1912, N.º
3696. Carta de Recabarren al secretario de Estado y del Despacho Universal de Hacienda del 25 de
octubre de 1812. Sólo he accedido al catálogo y no a la carta citada.
19
Torres Lanzas, P., Op. Cit., Nº 3587. Oficio de Goyeneche a Recabarren del 13 de agosto de 1812.
20
Archivo General de Indias (AGI), Sevilla, Audiencia de Lima, 752, 20. Las citas textuales pertenecen a
la causa seguida contra Recabarren, excepto en los casos en que se cita otra fuente. He podido acceder a
esta documentación gracias a la Dra. Sara Mata, a quien agradezco profundamente.

17
entre otras cosas decía: “Uno de los efectos favorables a esta provincia que ha
producido la gloria de las armas del ejército del Río de la Plata, de que V. S. es digno
jefe, ha sido librarla de la consternación en que se hallaba, tanto por la dureza y
severidad con que ha sido sojuzgada, cuanto por los indecibles dolores que ha
experimentado en el decurso de nueve meses que se mantuvo en esta ciudad la
guarnición que puso en ella el general en jefe del ejército del Alto Perú. El día 11 del
que rige fue el feliz, en que se evacuó esta plaza por aquella tropa, que tanto la
contristaba”21.
Le explicaba también a Belgrano en la misma carta –pieza clave en el desarrollo
posterior de estos hechos-, que durante los nueve meses que había durado la ocupación
realista, no había estado en sus manos impedir los abusos cometidos por la guarnición,
debido a que su autoridad se hallaba muy disminuida –no tenía el mando militar, como
hemos visto-, y que se contentaba con auxiliar a los que caían en desgracia. Y que, por
esa razón, cuando se retiraron las tropas de Lombera, mucha gente le rogó que se
quedara, a lo cual decidió acceder, permaneciendo en Cochabamba. Le acompañaba
copia de una carta fechada el 16 de marzo que había recibido de Goyeneche. Se
mostraba como un patriota decidido que aborrecía al general realista, aunque, le decía,
“bien que me temo que aquel oficio y los demás que en lo sucesivo pueda pasarme
exciten sospechas y desconfianzas hacia mi persona”.
La nota de Goyeneche decía: “La heroica resolución de VS de quedarse en esa
Ciudad, sin embargo de haber sido evacuada por su guarnición, me ha sido tanto más
laudable, cuanto califica de un modo auténtico la fortaleza con que VS se ha decidido a
desempeñar hasta el último trance la confianza que ha merecido del Soberano”. Y le
agregaba que tenía 4.000 hombres en Oruro listos para avanzar sobre Cochabamba si el
vecindario desconocía su autoridad. Le mostraba también su complacencia respecto a
que el Arzobispo de Charcas, Benito María Moxó y Francolí, hubiese permanecido
también en Cochabamba dado que su presencia contribuiría también a mantener la
calma del público. Enterando a Belgrano de su contenido, intentaba Recabarren
convencerlo de su sinceridad y de las ventajas que podría reportar conservarlo en el
cargo.
Menudo dilema habrá enfrentado Belgrano ante informaciones tan contradictorias.
¿Quién era Recabarren? ¿Un patriota, como le aseguraba, o un realista enquistado en el
cargo para esterilizar desde esa posición las iniciativas de los revolucionarios? ¿Y el
público de Cochabamba? ¿Admitiría este transfugio, hastiado de tantos sacrificios y
para precaverse de otros que podrían sobrevenir, o intentaría desenmascarar al
habilidoso impostor?
A costa de muchos esfuerzos pudo el Gobernador realista disuadir a Quitón de tomar
la ciudad, como así también los intentos similares de otros caudillos patriotas, tales
como Vela, durante los días sucesivos, hasta que “en fin –según sus palabras- llegó el
emisario mandado a Belgrano el que contesta a mi oficio en los términos que podía
apetecer, encargándome les hiciese entender a aquellos provincianos no expusiesen su
debilidad hasta que el Ejército Auxiliador pasase a favorecerlos, que sería muy pronto”.
Esa comunicación de Belgrano fue esencial para alimentar el doble juego del
Gobernador que la utilizaba para sujetar y contener a los caudillos que lo rodeaban,
mostrándola y “haciéndolos responsables ante él de cualquier novedad que hicieran… y
de este modo –dice- fui apagando los fuegos que por momentos se fomentaban por
todos [los] puntos de la Provincia”. Entre esos caudillos se encontraban Andrés Simón,
Pintado, Loria, Villaseñor, Amestoy, y hasta el mismo cura Juan Bautista Oquendo.
21
Oficio de Recabarren a Belgrano del 22 de marzo de 1813, publicado en la Gaceta de Buenos Aires
(1810-1821), Tomo III, Años 1811 a 1813, N.º 54, edición del 21 de abril de 1813, p. 139.

18
La misión encubierta de Recabarren era la de mantener al Ejército Real provisto de
víveres de la feraz Cochabamba, evitar que los desertores se pudiesen refugiar en su
provincia, y evitar que se levantaran fuerzas que amagasen a las tropas realistas que se
hallaban en Oruro. Sabía que ello “era imposible hacerlo, sino tomara el partido de
fingirme uno de los partidarios del sistema de Buenos Aires pues había quedado sin más
armas que la lengua”. Previendo las consecuencias que esto podría acarrearle,
Recabarren le pidió al general Juan Ramírez que reuniese las órdenes que le había dado,
y aquellas en especial en que aprobaba su conducta, para que las recogiera y conservara
su familia “para en el caso de ser víctima del furor de los que me rodean, a lo que quedo
dispuesto, tengan comprobantes con que defender mi honor y fidelidad, después de mi
muerte, pues lo mismo recibí y conseguí del señor General su antecesor”. Sabiendo el
tembladeral en que se hallaba insistió repetidamente en que se le aceptase la renuncia, o
se le permitiese retirarse de Cochabamba
Mientras tanto Recabarren intentaba por todos los medios incumplir las órdenes que a
su vez le llegaban de los patriotas, ocultándolas, y mostrando a los vecinos sólo aquellas
cuyo cumplimiento creía más inocuo, corriendo un enorme riesgo de ser descubierto
Por esos días se enteró Recabarren que Esteban Arce había llegado al valle da Tarata.
La gente concurría a felicitarlo, “después se me avisó, creo que por el cura, que este
estaba reclutando gente, que tenía guardia a la puerta y que le habían traído dos cañones
que habían desenterrado”. Una mañana, cuando Recabarren volvía de misa, se encontró
con la novedad de que un oficial de Arze le había tomado el Cuartel. “Me aprisionaron a
mí y a mi familia poniéndonos centinelas de vista por no haber hecho cumplir varias
órdenes de Díaz Vélez, de cortar caminos, mandar fabricar pólvora, y otras infinitas que
a pesar de la hostilidad en que me tenían jamás cumplí ninguna, por más que se me
exigía a ello”. Recabarren le mandó un oficio a Arze recriminándole su decisión, y
diciéndole que no le había quedado otra alternativa que informar a Belgrano de lo
ocurrido: “…en el momento que mandé este emisario, a quien previne que verbalmente
aparentara ser yo el más decidido por la causa, y otros engaños que hasta el día he
sabido el efecto de su misión. Mandé otro a Tarata haciendo responsable a Arze de
aquella tropelía de que había dado cuenta a su General; y el resultado de esta amenaza
fue venir a darme satisfacción, alzarme de la prisión, y entregarme el Cuartel.” La
táctica de escudarse detrás de Belgrano demostraba una vez más ser por demás
convincente.

La bandera de reclutas

Si la situación planteada por la permanencia de Recabarren fue insólita, no lo fue menos


la forma en que se resolvió. Así lo resumió el Cabildo de Cochabamba en nota dirigida
a Belgrano unos meses después, el 6 de julio de 1813: “Después que a la sombra
benéfica de su ejército auxiliador mereció esta infeliz ciudad desahogar la opresión que
padecía, quedó valetudinaria, sin acabar de romper los estrechos vínculos que le
ocasionaba el gobernador Recabarren y un Ayuntamiento Capitular que no dejaba de
lisonjear al enemigo que se hallaba como centinela a las márgenes de esta provincia,
hasta que un accidente feliz de la solemne entrada de la bandera de reclutas que V. S se
sirvió mandar, ocasionó la fuga inesperada del mencionado Gobernador y la disolución
casi total del cuerpo municipal”.22
¿Qué fue ese asunto de la bandera de reclutas? El 31 de mayo de 1813 el Mayor
General del Ejército Auxiliar, Eustoquio Díaz Vélez había ordenado desde Potosí al
22
Marfany, R. H., Origen de la bandera argentina, p. 109, tomado de Golman, Adolfo Mario, Enigmas
sobre las primeras banderas argentinas. Una propuesta integradora, p. 118, 2007.

19
teniente coronel cochabambino José Manuel Gutiérrez Blanco dirigirse a Cochabamba
con una bandera patriota, como medio de propaganda para conseguir voluntarios para
reforzar al Ejército. En oficio de esa fecha a Recabarren le decía: “El objeto de dicha
comisión es tomar una razón individual de todos los que voluntariamente se presten al
servicio de las armas con expresión de su edad, país, pueblo y curato a que pertenecen,
con la prevención de no admitir casados, y de que sean de dieciséis hasta cuarenta y
cinco años; y de reclutar al mismo tiempo todos los solteros de dieciséis hasta treinta y
cinco años, sanos y robustos, exceptuando los indios y los que sean afincados, o
labradores o hijos únicos de viudas, padres ancianos, o enfermos o que tengan gran
necesidad de ellos, o que mantengan hermanas con su trabajo e industria; entendiéndose
por hijo único el que no tenga otro hermano varón. …Espero pues que Usía, … sabrá …
tomar cuantas medidas sean adaptables para poner en movimiento el entusiasmo de esos
pueblos y que se presten gustosos a tomar las armas en el Ejército de la Patria, los que
no tengan motivos para eximirse a fin de evitar el reclutamiento forzoso, que deseará no
llegase a verificarse en una Provincia que ha dado tantas pruebas de su heroico
patriotismo”.
En esos días fueron presentadas otras dos banderas en Potosí y Chuquisaca. En Potosí
se la levantó el jueves 27 de mayo de 1813, hecho registrado en los Anales Inéditos de
Potosí de la siguiente manera: “La bandera tenía dos colores a los extremos azul celeste
y al medio blanco y un rótulo que decía: ‘A las armas por la Independencia de la
América del Sud en el Ejército de las Provincias Unidas del Río de la Plata, bajo de la
protección de su Generala Ntra. Señora de Mercedes’”23. Es de suponer que la bandera
presentada en Cochabamba fuese similar a la descripta, que podría haberse asemejado al
siguiente diseño de Luqui Lagleyze y Golman:

23
María Cristina D´Andrea - Julio M. Luqui-Lagleyze, ¿La más antigua descripción de la Bandera
Argentina? en los “Anales Inéditos de Potosí” 1813, en Revista del Mar, n. 148. Buenos Aires, 1998, p.
28. Agradezco a Mario Golman haberme facilitado copia de este artículo.

20
Gutiérrez Blanco llegó el 16 de junio a Cochabamba encontrándose allí con una
situación extrañísima: ¡el propio gobernador intendente ponía obstáculos al
cumplimiento de su misión! Recabarren le informó que estaba enfermo, y que al día
siguiente debía asistir a la festividad del Corpus Christi, por lo cual el asunto de la
bandera debería esperar. Mayúscula sorpresa se habrá llevado Gutiérrez Blanco al notar
esa reticencia, en momentos en que la cuestión del reclutamiento era de la mayor
importancia para la causa. Al día le envió el siguiente oficio: “La Bandera de Reclutas
que viene a mi cargo de orden del Señor Coronel del Regimiento de Línea, y Mayor
General del Ejército Auxiliador del Perú de las Provincias Unidas del Río de la Plata
entrará esta tarde públicamente y con la posible solemnidad para presentársela a Vuestra
Señoría como me previene dicho Señor en su orden oficial de 31 de mayo próximo
pasado”.24
Fue un día de idas y vueltas en el cual Recabarren, fiel a su misión encubierta,
esgrimió una serie de argumentos confusos para impedir el ingreso de la bandera. Que
no había fondos en las cajas, “…por no exponerla a los efectos de una general
embriaguez de la plebe, dada la festividad que tenía lugar, …por no exponer esta
Provincia a nuevos contrastes con la fuerza enemiga y caso de algún infortunio de
nuestro Ejército”, etc.
Suponiendo haber tenido éxito en detener al comisionado, se retiró al atardecer a su
casa, pero cuando iba entrando en ella “noté –dice- que los arcos que habían servido
para la procesión, los estaban colocando en otra calle y preguntando con qué objeto, me
dijeron ser para la entrada de la bandera, y lo mismo observé habían puesto el dosel en
las Casas Capitulares. Me encaminé hacia allá y pregunté qué significaba aquello y por
qué orden se había puesto, se me contestó que el alguacil lo había mandado a nombre de
Don Manuel Blanco para la introducción de la Bandera de la Patria; ciego en cólera hice
buscar al Alguacil con el ánimo decidido de hacerlo ahorcar en uno de los arcos, y
repartiendo palos hice quitar todo aquel aparato, y fui obedecido; me retiré a mi casa, y
cuando me sentaba a comer, entró uno a decirme que [en] el cerro de San Sebastián
estaba colocada la Bandera, a donde se habían llevado los bailes y demás mojigangas, y
que unido mucho pueblo gritaban viva la Patria”. Viendo cómo se complicaba la
situación, se retiró al palacio del Arzobispo para evitar dar nuevas respuestas.
Como Gutiérrez sospechó que Recabarren pecaba de neutralidad antipatriótica, pasó a
la acción sin titubear, de la siguiente manera: “yo que advertía ser todos estos
obstáculos la pura aprensión o invención, que no tenían base alguna de realidad por el
buen orden en el regocijo, amor y ternura con que las gentes se presentaban, llenas de
complacencia, a la vista del Estandarte patriótico, y no trepidando tampoco en que la
orden de VS era absoluta hasta presentar la bandera para después proceder en mi
comisión bajo de sus órdenes, le introduje públicamente con el mayor decoro y júbilo, y
con la satisfacción de no haber acaecido el mínimo desorden, primero hasta la Iglesia de
nuestra Generala de Mercedes, de donde cantando el Te Deum solemnemente me
encaminé a la casa del Gobernador”. Allí se quedó Gutiérrez hasta las 7 de la noche,
esperando aún que apareciese Recabarren. Se dirigió al pueblo desde los balcones, luego
de lo cual se retiró a su propia casa, sin que hubiese ocurrido el menor desorden. Dice
Recabarren: “supe se habían llevado de mi casa la bandera a lo del comisionado Blanco
en donde se reunieron y tuvieron un gran baile con muchos vivas a la Patria y a sus
generales”.

24
AGN, Sala X, 348 (antiguo S X 3-10-5), Ejército Auxiliar del Perú, 1813. Contiene un largo informe
enviado por Gutiérrez Blanco, en el cual se halla buena parte de la documentación que se cita en este
trabajo.

21
En la causa que se le siguió posteriormente al Gobernador por estos hechos, éste
afirma haberle contestado en esas circunstancias a Gutiérrez Blanco “que era un oficial
de Rey y que hacía pocos días acababa de jurar la Constitución de la Monarquía
Española y que no recibía una bandera revolucionaria y otras expresiones a este tenor
pues aburrido de la vida no temía ser víctima de su furor”. Pero es dudoso que pueda
haber realizado esas manifestaciones tan explícitas. En realidad, esa noche, cuando
Recabarren y el arzobispo se retiraron subrepticiamente de la ciudad, el gobernador le
dejó un oficio a Gutiérrez en el que le decía: “Me veo por tanto en la precisión de
decirle que la neutralidad que usted conceptúa efecto del despotismo, no lo es, sino del
más acendrado patriotismo. Me pareció que cualquiera providencia contraria a esta
política, fuera comprometer esta indefensa porción de habitantes, que tanto ha padecido
a las más infaustas resultas, …no me es posible proseguir en el cargo de Gobernador de
esta Provincia sin un declarado desaire de la autoridad, que usted no ha mirado como
superior; y que por tanto me retiro dejando el Gobierno al Muy Ilustre Cabildo,
…Cochabamba 17 de junio de 1813 a las diez de la noche”.
Dado que Recabarren fungía como agente encubierto con la misión de evitar que
Cochabamba remitiese auxilios al ejército de Belgrano, la inminencia del ingreso de la
bandera y el reclutamiento consiguiente, hacían finalmente fracasar su misión, y ya sin
objeto, su presencia en Cochabamba se hacía más peligrosa, máxime luego de haber
despertado sospechas por la posición que había asumido y que lo exponía a ser
desenmascarado. Hasta último momento se presentó como un patriota, a fin de que no le
impidiesen la salida de la ciudad.
Ante la retirada de Recabarren, Gutiérrez Blanco intentó convocar a los cabildantes a
congregarse de inmediato a fin de presentarles la bandera. Pero los capitulares tampoco
mostraron mucho entusiasmo. No aparecieron, y el Teniente de Alguacil, Melchor
Garabito, se vio obligado a extender un certificado para demostrar que la gestión, “…no
tuvo otras resultas que el Regidor D. Mariano Unzueta hallarse enfermo, el D. D. Rafael
Galdo prometió su asistencia sin embargo de hallarse enfermo, el Regidor Señor
Síndico Procurador Don Vicente Mendizábal había estado ausente en el valle de Sacaba,
según se me significó por su hija, y el Regidor D. Rafael de Bolívar aseguró su
comparendo”.
El Alcalde de Primer Voto, doctor Rafael Montero, le devolvió la iniciativa a
Gutiérrez, quien, visto que le dejaban carta libre para arbitrar los medios necesarios
tanto para la presentación de la Bandera, como para subsanar el defecto de no haberse
podido convocar al Ayuntamiento completo, procedió a citar a “todo el vecindario sano
y honrado a cabildo abierto, y en el presentes los dichos señores Alcaldes, y dos
Regidores más con los dos Escribanos de número, todo el vecindario y Pueblo, pidió se
eligiese un nuevo Gobernador”, resultando electo el Dr. Don Miguel José Cabrera por
46 votos. Gutiérrez Blanco obtuvo 23 votos, lo cual demuestra que no era ningún
desconocido en Cochabamba.
A partir de ese momento, dice Gutiérrez, “todo ha respirado en este Pueblo,
tranquilidad, unión y satisfacción; quitados ya todos recelos por haber recaído la
elección en sujeto completo por su conducta, por sus talentos, por su decidida adhesión
a la causa, por sus padecimientos personales y de su familia, especialmente de sus dos
hermanos Dr. Don Manuel y Don Lucas Cabrera, de cuyas resultas el primero ha muerto
apaleado por haber sido vocal de la Junta Provincial que se creó aquí por el Supremo
Gobierno, y el segundo que era su Secretario, aún padece después de dos años una
herida en la cabeza”.
De inmediato Cabrera autorizó al comisionado para que “opere las diligencias que
sean conducentes al buen ejercicio de su comisión, hallándose pronto este Gobierno

22
cuanto sea a la ayuda y obsequio de ella, así como a la recepción de la Bandera que
deberá colocarse en el corredor de las Casas Consistoriales”.
Finaliza Gutiérrez Blanco su informe “…con la satisfacción de que ya todo el Pueblo
y esta fidelísima Provincia se presenta voluntariamente con la mayor complacencia,
tanto que pudiera asegurar a Vuestra Señoría ser difícil que desde la Capital aquí, se
encuentre otra de tanta virtud …, y sobre todo de una generosidad tan cristiana para con
sus mayores émulos y enemigos, siendo para con ellos idolatrado el solo nombre de
Porteños, pues así se explicaban con voces, lágrimas y gemidos, y hacían sensible su
cordialidad”.
Un brevísimo comentario incluido en la declaración de Manuel Lozada, vecino de
Cochabamba, durante la sumaria seguida contra Esteban Arze y Manuel Blanco, nos
permite afirmar que éste último y Manuel Gutiérrez Blanco, eran la misma persona.
Dice así: “Que en cuanto a Blanco sabe el declarante que cuando el presente año vino
con la bandera a Cochabamba, intentó el que el Gobernador Cabrera saliera con cierta
expedición para con su ausencia tocar a Cabildo y abocarse él, el Gobierno (…)” 25 Por
si alguna sinuosidad pudiese faltarle a esta historia, podemos afirmar que durante 1814
Gutiérrez Blanco abandonó la causa patriota, pasándose a los realistas, tema que
merecerá un tratamiento especial.

Resultados del reclutamiento

De acuerdo a un asiento en los libros de Cajas Reales de Cochabamba del 16 de julio de


1813, se otorgaron “888 pesos al capitán Manuel Blanco comisionado por el señor
Mayor General del ejército auxiliar del Río de La Plata para la recluta de soldados: 632
pesos para habilitación de 158 soldados a 4 pesos cada uno para su salida y se revistaron
ayer. 40 pesos para los 2 oficiales que los han de conducir hasta la Villa de Potosí a 20
pesos y 216 pesos para el flete de 18 mulas a 12 pesos considerados a 6 a cada 50
hombres para cargar sus equipajes”.26
Por su parte en los Anales Inéditos de Potosí, existe la siguiente anotación
correspondiente al 10 de agosto de ese año: “… En la tarde de esta fecha, entraron 200
hombres dijeron ser de Cochabamba a los cuales los compartieron a todos los cuerpos
todos muchachos como de 20 años de edad”.
Ahora sí se entiende lo dicho por Pezuela el 12 de diciembre de 1813, en un largo
memorial de agravios que le enrostraba a los cochabambinos haber cometido contra el
Rey: “Al momento mismo de esta retirada –la ocurrida luego de la batalla de Salta-
volaron sus diputados a Belgrano llamándole con la mayor instancia y ofreciéndole
todos los recursos de la provincia, lo que cumplieron religiosamente abasteciendo con
profusión al ejército porteño con víveres, caballería y soldados hasta la batalla de
Villcapujyo a que concurrieron muchos de ellos, y otros llegaron un día más tarde.”
Los que participaron en Vilcapujio fueron al menos esos 200 jóvenes, distribuidos
entre distintas unidades, y los que llegaron un día más tarde fueron las tropas de
caballería al mando de Cornelio Zelaya, que tuvieron un notable desempeño en
Ayohuma.

25
Arze Quiroga, E., Bolivia en el proceso de lucha inicial por la independencia (1808-1815), Imprenta
Don Bosco, La Paz, 1998, p. 284.
26
AGNP Libro de Cuentas C-15 43-198, cortesía de Ítala de Mamán.

23
Recabarren y el Tribunal de Purificación de Potosí

Una vez retirado de Cochabamba en compañía del obispo Moxó, Recabarren se dirigió
hacia Oruro por el camino de Tapacarí. En el tránsito recibió un oficio muy preocupante
de Juan Francisco Udaeta, comandante de Sicasica, en el cual este le decía que el 21 de
mayo había atacado a insurgentes en algunos pueblos de su partido. “En el de Quimi
fueron destruidos y puestos en fuga los que no resultaron muertos o prisioneros, entre
estos le tocó la suerte al presbítero Amestoy, que se titulaba capellán comandante…que
lo tengo aquí sustanciándole su causa. Entre aquellos lo fue el caudillo José Valentín
Loria que se había presentado en las doctrinas de esta misma jurisdicción y Partido con
un título vicioso de Subdelegado dado por Usía para territorio ajeno, que ha sido
bastante para invertir el orden con que debe procederse y causar males, cuya reparación
suele hacerse demasiado dificultosa”.
El temor de que los de su propio bando lo considerasen un traidor se hizo de pronto
realidad. Pasó de Oruro a Challapata, donde se hallaba el Ejército Real para explicarse
con Ramírez y solicitarle 300 hombres para recuperar Cochabamba, pero Ramírez no
estuvo de acuerdo, y le ordenó esperar a Pezuela en Oruro. “En virtud de las órdenes del
señor general Ramírez, luego que tuve la noticia que el señor Pezuela había salido de La
Paz, me puse en camino a encontrarlo y por mis achaques no pasé del punto de
Caracollo a donde lo esperé cinco días hasta su llegada, quien de pronto me reconvino
por el nombramiento que había hecho de un tal Loria de Subdelegado de Palca grande,
porque Udaeta, le había impuesto mil falsedades acerca de este hecho acriminándolo
hasta lo sumo”.
Recabarren debió esforzarse para que Pezuela comprendiese las razones de su
conducta. El general terminó pidiéndole “le fuese exponiendo el carácter de los
cochabambinos, y lo concerniente al sosiego de la Provincia para cuando fuese el
tiempo oportuno de entrar a ella”.
Con motivo de la victoria de Pezuela en Vilcapujio, Recabarren le envió al general
una nota de felicitación a la cual le adjuntaba dos proclamas en borrador para ser
dirigidas a los habitantes de Cochabamba, y le recordaba el despojo que había sufrido
de su cargo. Pezuela no le contestó, pero en la respuesta que sí le dio a los plácemes del
obispo Moxó por la victoria le agregó, “no he podido llevar en paciencia que el
Gobernador de Cochabamba me pida perdón por sus provincianos, pues no lo merecen
por mantenerse renitentes, a pesar del triunfo que han conseguido las armas del Rey”.
El 10 de octubre de 1813, pocos días después de la batalla de Vilcapujio, Recabarren
fechó en Oruro un extenso informe en el cual se indicaban “los medios oportunos de
sosegar la Provincia de Cochabamba”. Volvía a recomendar indulgencia con
Cochabamba y la reconquista de los cochabambinos por la vía de la persuasión, “que
por el rigor jamás se sacará otra cosa que obstinarlos”.
No le gustaron las proclamas a Pezuela, que le contestó que no “era del caso que la
justicia buscase al delincuente, sino al contrario”. Luego de la batalla de Ayohuma
Pezuela pensó en enviar al coronel Juan Imas a recuperar Cochabamba. Recabarren
manifestó no compartir el criterio, porque Imas “era sanguinario y codicioso”.
Posteriormente se designó al coronel Jáuregui para comandar la expedición con
instrucciones de Pezuela de reponer a Recabarren en el mando. Este aprovechó el
momento para volver a pedir clemencia para Cochabamba. Pero cuando estaba con un
pie en el estribo para seguir a Jáuregui, recibió la contraorden de permanecer en Oruro
“hasta verificada la entrada de la División de Jáuregui y restablecido el orden” en
Cochabamba. Volvía a aparecer la mano de sus detractores. Había sido Jáuregui quien
le había escrito a Pezuela el 28 de noviembre desde Oruro y antes de emprender la

24
marcha, las dificultades de retornar a Cochabamba con Recabarren, diciéndole: “cómo
podré hacer justicia al delincuente a vista de un jefe tan culpable como el castigado? …
Cómo se confiarán los interesantes secretos de Gobierno a un jefe débil o corrompido?”
Ante las reclamaciones de Recabarren, Pezuela le contestó: “me explicaré con usted
familiarmente, y con la franqueza de la amistad que no debe usted dudar se la profeso
sincera. Mi objeto principal al darle la indicada orden fue el deducir de su suave carácter
y de su misma correspondencia conmigo a favor de los cochabambinos, que podría
suscitarse entre y usted y Jáuregui alguna desavenencia ruidosa que comprometiese la
justicia, cuyo rigor deben experimentar necesariamente muchos criminales de aquella
Provincia según la gravedad de sus delitos. …Finalmente me pareció que no podría
serle a Usía desagradable entrar de nuevo en su Gobierno después que hecha la
expurgación de los criminales se hiciese menos odioso el mando”.
En medio de penurias económicas, debido a que carecía del sustento que le daba el
cargo desde la pérdida de Cochabamba y convencido que sólo terminarían las sospechas
si vindicase su actuación, le solicitó a Pezuela ser sometido a un consejo de guerra.
Sobre este particular, Pezuela le respondió: “…Sin embargo como el público no puede
saber el misterio, confesemos que la opinión de Usía y la mía padecerá entre tanto al
verle restituido a un empleo que ejerció con anuencia y satisfacción del Gobierno
revolucionario; y para desvanecer sus aprensiones apruebo la determinación en que se
halla usted de vindicarse…”
Ante la insistencia de Recabarren, que llegó a sacar de quicio a Pezuela en una
entrevista personal que mantuvieron, accedió este último a someter su causa al Tribunal
de Purificación de Potosí, presidido por Lombera. El “cuerpo del delito” de la causa, fue
el oficio enviado a Belgrano el 22 de marzo, del que ya hemos hablado, y que había sido
publicado en la Gaceta de Buenos Aires. Recabarren defendió la utilidad de su misión
encubierta, con todos los argumentos ya vistos, agregando en un escrito de fecha 15 de
marzo de 1814, “que el confesante ha sabido conducirse con la mejor política que
demandaban aquellas circunstancias haciendo más bien papel de espía del Ejército del
Rey a quien comunicaba hasta la Villa de Oruro todas las noticias interesantes que como
fingido patriota conseguía para que sus Jefes combinasen sus ideas y operaciones”. El
doctor José María de Lara, su defensor, llegó a decir que “había servido de mala fe con
los patriotas, y que era lícito hacerlo como se usaba de ardides y estratagemas para
engañar al enemigo”.27
Cuando estaba finalizando el proceso Lombera desistió de firmar la sentencia, en su
condición de presidente del Tribunal de Purificación, ofendido por expresiones
contenidas en los informes de Recabarren sobre los abusos cometidos por sus tropas
mientras se hallaban guarneciendo Cochabamba.
Finalmente, el 20 de septiembre de 1814 el Tribunal se expidió en el sentido que “se
declare, como se declara que los rumores vulgares que hubiesen corrido acerca de su
manejo en el Gobierno de Cochabamba, no pueden ofender su conducta política, su fiel
vasallaje, ni mucho menos su recomendable lealtad, en cuya posesión se le ampara y
repone, para que con esta definitiva resolución, pueda ocurrir donde deba convenirle”.
La sentencia ratificada por la Audiencia el 14 de diciembre de 1815, con lo cual quedó
rehabilitado, reponiéndolo Abascal en el mando de Cochabamba con devolución de los
sueldos que había dejado de percibir.28 Aunque no nos consta que se haya vuelto a
posesionar efectivamente del cargo.

27
Mendiburu, M., y de la Riva Agüero, J., Diccionario histórico-biográfico del Perú, volumen 9, p. 321,
Imprenta “Enrique Palacios”, 1935.
28
Gaceta de Lima, 23 de diciembre de 1815.

25
El historiador británico Brian Hamnett se ha ocupado del proceso a Recabarren.29
Describe que al comparecen ante el Tribunal de Purificación instalado en Potosí el 14 de
marzo de 1814, declaró que había mantenido correspondencia con Belgrano con el
ánimo de confundir a los rebeldes acerca de sus verdaderas intenciones, resaltando la
conveniencia de conservar su puesto durante la ocupación de los revolucionarios desde
el cual podría obtener información vital para las operaciones militares. Para Hamnett,
las sutilezas de este juego fueron demasiado para la mentalidad estrictamente militar de
Pezuela.
El 20 de abril de 1816 el ex virrey Abascal informó que Recabarren había
permanecido en Cochabamba por instrucciones de Goyeneche y Ramírez, y estos dos
generales dieron tiempo después testimonio de la lealtad de Recabarren. En síntesis, la
actividad de Recabarren como espía había sido muy meritoria. Aceptando las
explicaciones, el gobierno peninsular lo designó como intendente de Huamanga, a fines
de 1818. Le tocó enfrentar a Arenales en la campaña de la Sierra. Diego Barros Arana,
en su “Historia General de Chile” dice que el general Aldunate, quien participó de esa
campaña, “contaba que la esposa del intendente Recabarren, una señora peruana de
cierta edad - María Constanza Cortés y Azúa -, desplegó una energía extraordinaria
delante del jefe patriota en Huamanga, declarándose realista intransigente cuando se le
habló de llamar a su marido para que como americano, sirviera a la causa de la
independencia”. Allí, y en medio de esas circunstancias, víctima de una severa
disentería, falleció Recabarren en 1820.

Conclusiones

Cuando el Ejército Real se retiró de Cochabamba a consecuencia de la batalla de Salta,


al Gobernador Intendente Recabarren se le confió una misión dificilísima, la de
sostenerse en el cargo fingiéndose patriota, como una especie de doble o triple agente.
La renuncia de Goyeneche, de quien había recibido esas instrucciones, complicó aún
más su situación, suponiendo que su sucesor pudiese creerlo un traidor. Al no poder
sostenerse más en el cargo, luego de la entrada de la bandera de las Provincias Unidas,
que lo ponía en evidencia, se retiró a Oruro, uniéndose a las tropas del Rey. Allí pudo
constatar las sospechas que su misión había levantado entre los oficiales realistas. Debió
pasar por muchos inconvenientes para vindicarse. No parece que Pezuela lo haya
considerado un traidor, sino que le molestó la indulgencia que Recabarren mostraba y
solicitaba repetidamente para los cochabambinos, que a su juicio merecían un castigo
ejemplar.
Esa actitud de Recabarren le valió enfrentarse con varios oficiales del Ejército Real
(tales como Lombera, Jáuregui, Imas y Udaeta), con los cuales difícilmente Pezuela se
distanciaría para favorecer a un funcionario criollo nombrado por la liberal Junta
Central.
También resulta paradojal comparar la suerte que a Recabarren y Gutiérrez Blanco
mutuamente les deparó su desempeño. Mientras el primero debió defenderse en un
proceso, sospechado de traidor, y abandonado a su suerte por indulgente con los
patriotas, Gutiérrez Blanco se pasó abiertamente al bando realista. Mientras la
Audiencia recién ratificaba la sentencia de Recabarren el 14 de diciembre de 1815, una
semana antes, el 6 de diciembre, desde Cochabamba, Pezuela instruía al Coronel
Francisco Javier de Aguilera que marchase a recuperar Santa Cruz de la Sierra para la
causa del Rey, y entre las disposiciones incluía la de que “y pasará orden a Gutiérrez

29
Hamnett, B., Revolución y contrarrevolución en México y el Perú, FCE, 1978.

26
Blanco, nombrado interinamente por mí de Gobernador antes de ahora, que se me
presente[en el] Cuartel General para darle destino conforme a las buenas noticias que
tengo de su arrepentimiento y buena posterior comportación”.30●

30
Papeles de Pezuela, Manuscritos, 1.14, Biblioteca de Menéndez Pelayo, Santander, España.

27
Historia Colonial

EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA


PLATA
Desde su creación hasta la Revolución de
Mayo
(1776-1810)
Rodrigo Leonel Salinas31

“La ciudad de Buenos Aires, de acuerdo con su situación, las circunstancias y otras
consideraciones expuestas, es la más adecuada para que en ella se establezca un Virreinato con una
Real Audiencia, a las cuales se subordinaran las provincias de Paraguay, Tucumán y Cuyo”.

Tomás Álvarez de Acevedo, fiscal de la Audiencia de Charcas, 1771.

“Por cuanto hallándome muy satisfecho de las repetidas pruebas de que tenéis dadas de vuestro
amor y celo a mi real servicio, he venido en crearos mi virrey, gobernador y capitán general de las de
Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Santa Cruz de la Sierra, Charcas y de todos los
corregimientos, pueblos y territorios a que se extiende la jurisdicción de aquella Audiencia”.

Fragmento de la Real Cédula del 1º de agosto de 1776, por la cual el rey de España, Carlos III, nombra al
mariscal Pedro de Cevallos como primer virrey del Río de la Plata.

A fines del siglo XVIII, la principal preocupación de la élite administrativa de la


Metrópoli era el problema del progreso económico del Imperio. El antiguo sistema
comercial de flotas y galeones, instaurado a mediados del siglo XVI había fracasado y
el contrabando solamente traía perjuicios para España. El ansia de asegurar la defensa
contra el avance portugués, incrementar la recaudación tributaria y captar de un modo
más directo y más rápido los metales preciosos que provenían del Alto Perú, era cada
vez mayor. Para lograr dicho objetivo se decidió liberar el puerto de Buenos Aires y
crear un nuevo gobierno que lo articulara con la región norte de Virreinato del Río de la
Plata, creado en agosto de 1776.
Dicho virreinato surgió como parte de las medidas político-administrativas de la
monarquía española (conocidas bajo el nombre de “Reformas Borbónicas”) para lograr
un control más efectivo sobre las colonias productivas. De este modo, la Corona se
aseguraba que la nueva capital pudiera controlar mejor las cajas reales del Alto Perú,
incluyendo el valioso Cerro Rico de Potosí, centro extractivo de plata por excelencia y
una de las ciudades mayores del mundo colonial. Según el renombrado historiador
Tulio Halperin Donghi, en el mapa de América del Sur, el Virreinato del Río de la Plata

31
Profesor y Licenciado en Historia (FFyL - UBA). Investigador independiente de la historia de la
ciudad de Buenos Aires, especialmente en los años entorno al Centenario de la Revolución de Mayo
(1910).Desde hace algunos años colabora con el espacio “Buenos Aires Historia” y la Revista Sofiaterra.
Autor de numerosos trabajos sobre el tema.

28
era una maciza y compacta figura que, desde la Cuenca Amazónica hasta la Tierra del
Fuego, desde el Pacífico y los Andes hasta el Plata y el Atlántico, encerraba a las tierras
españolas en este rincón austral del continente, comprendiendo una superficie
aproximada de 5 millones de kilómetros cuadrados. De acuerdo al autor, sería inútil
buscar en la realidad de la tierra americana esa estructura coherente y compacta. Por el
contrario, si trazásemos en la actualidad el perfil de las tierras realmente dominadas y
pobladas en esa avanzada meridional del Imperio Español tendríamos una imagen frágil
y quebrada, en la que se reflejaban las vicisitudes de dos siglos y medio de
colonización. Este núcleo permaneció, sin embargo, despoblado por largo tiempo: de él
controlaban los españoles tan solo el terreno preciso para mantener las comunicaciones
entre Paraguay, el Interior y el Atlántico32.

La Real Cédula de Carlos III (1776)

Mediante la aplicación de una Cédula otorgada por el rey Carlos III y fechada el día 1º
de agosto de 1776, la Corona Española esgrimía el último y de más breve duración de
los virreinatos creados por la Dinastía de los Borbones en América, el Virreinato del Río
de la Plata, que duró un lapso de 34 años hasta mayo de 1810, cuando fue disuelto por
la Revolución y el movimiento independentista iniciado en la primera década del siglo
XIX. El resultado directo de la creación del nuevo virreinato en el Cono Sur significó
un cambio trascendental del equilibrio geopolítico del continente, puesto que la ciudad
de Lima, que ya había visto roto su monopolio comercial por la apertura de la nueva
ruta comercial con el Cabo de Hornos y que había sido la antigua capital de todo el
Imperio de Sudamérica, sufrió una severa perdida de categoría. Al mismo tiempo,
permitió una mayor centralización del poder político por parte de la Corona, ampliando
notablemente el aparato estatal, a la vez que propició un cambio sustantivo en el
entramado institucional (en efecto, tras la instalación de la autoridad virreinal, se fundó
la Casa Real de Tabacos y la Real Aduana de Buenos Aires en 1778, que se ubicaba en
la actual esquina de la Avenida Belgrano y la calle Balcarce, donde se encontraba la
casa de la familia Azcuénaga) y en el posterior desarrollo de actividades periodísticas
oficiales, las cuales comenzaron a vislumbrarse con la aparición del primer periódico en
la región titulado “El Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiógrafo
del Río de la Plata”, fundado por el militar extremeño Francisco Cabello y Mesa (1764-
1832), el 1 de abril de 1801.

Buenos Aires, capital virreinal

La ubicación de Buenos Aires en la estrategia geopolítica de España de la segunda


mitad del siglo XVIII la convirtió en la capital lógica del naciente virreinato. La ciudad
reunía los antecedentes jurídicos necesarios al ser, desde las primeras décadas del siglo
XVII, sede de una gobernación del extenso Virreinato del Perú y de un Obispado
(creado en 1620). Al mismo tiempo, la inclusión de la zona del Alto Perú en la nueva
entidad territorial y administrativa, preparó el camino para la dislocación permanente de
la zona andina, con el fin de proveer a Buenos Aires con los beneficios fiscales de
Potosí.
Así, la creación del virreinato del Río de la Plata vino a modificar la organización
tradicional de la región y reorganizó el espacio en función de la nueva capital del
territorio e Intendencia General de Ejército y Provincia, cuya jurisdicción se extendió-
32
Halperin Donghi, T.; Revolución y Guerra. Formación de una élite dirigente en la Argentina criolla,
Buenos Aires, Siglo XXI editores, 1972, p. 15.

29
bajo el sistema de Intendencias creado en 1783- sobre las gobernaciones del Paraguay,
Tucumán (que comprendía las actuales provincias de Salta y Córdoba), Cuyo
(compuesta por las provincias de Mendoza y San Juan) y la Banda Oriental (aunque
Montevideo permaneció como gobernación militar pero con algo de la autonomía que
tenían las anteriores gobernaciones), con el firme propósito de operar de una manera
más eficiente sobre sus territorios de ultramar33.
La transformación de la Capital se consolidó además, con la llegada de un
cuerpo de funcionarios de origen peninsular, que incluía la presencia efectiva de una
corte virreinal. De este modo, la ciudad logró contar por primera vez con los símbolos
de la administración y el gobierno que habían caracterizado a otras capitales virreinales,
como México y Lima. Por ejemplo, en 1788 el virrey Nicolás del Campo (II Marqués
de Loreto)- que había reemplazado de su cargo a Juan José de Vèrtiz y Salcedo en
marzo de 1784 - recibió las funciones de Superintendente, quedando bajo su
jurisdicción las cuentas de todo el virreinato, a la vez que ejercía el cargo de juez en
todas las causas que concernían a los derechos de Su Majestad.

Breve biografía de Pedro de Cevallos (1715-1778)

Pedro Antonio de Cevallos Cortés y Calderón nació el 29 de junio de 1715 en la ciudad


de Cádiz (Andalucía), era hijo de Juan Antonio de Cevallos y su esposa Juana Cortés de
Arévalo, oriunda de Extremadura34. Cevallos quedó huérfano de padre y madre a los
nueve años de edad y fue criado por dos de sus tíos maternos en la villa de Don Benito,
cerca de Mérida35.
Siendo muy joven, Cevallos ingresó en el Seminario de Nobles de Madrid para cursar
la carrera de armas y luchó en Italia con tropas que él mismo había adiestrado y, en
1730, fue designado como subteniente, aunque dedicado a la política. En 1739, fue
nombrado Capitán de Infantería del Regimiento de Órdenes de Cataluña. De su peculio
reorganizó, instruyó y adiestró al regimiento, por lo cual el rey Felipe V lo nombró, en
1741, coronel del Regimiento y Caballero de la Orden de Santiago. Actuó con gran
valor en las guerras por la sucesión de los tronos de Polonia y de Austria, libradas
ambas en campos de Italia. En 1744, fue ascendido en el campo de batalla a Brigadier.
En 1747, por comportamiento de extremo valor fue nombrado Mariscal de Campo.

Cevallos, gobernador del Río de la Plata (1757-1766)

En 1757, Cevallos fue designado gobernador del Río de la Plata por el rey Fernando VI
“El Prudente-El Justo”, debiendo depurar la demarcación de límites con Portugal y
hacer cumplir el Convenio de Permuta firmado el 13 de enero de 1750, del cual luego
tomó una postura crítica. A partir de allí colaboró con los jesuitas para organizar la
mudanza de los indígenas desplazados a sus nuevos pueblos. Más tarde, tuvo la
satisfacción de que una parte de estos desplazados pudieran regresar a sus tierras
cuando el rey Carlos III anuló finalmente el desventajoso convenio (1761). Además,

33
Moutoukias, Z.; “Gobierno y sociedad en el Tucumán y el Río de la Plata, 1550-1800”. En Nueva
Historia Argentina, Tomo II, Buenos Aires, 2000, p. 399.
34
Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas en “Número especial en adhesión al bicentenario de la
creación del Virreinato del Río de la Plata” (Nº 16, pp. 12-13, 17 y 21), Edición El Instituto, Buenos
Aires, 1976.
35
Barba, E.; Don Pedro de Cevallos; gobernador de Buenos Aires y virrey del Río de la Plata. Facultad
de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata, 1937.

30
reprimió el contrabando que tenía base en Colonia del Sacramento, la cual se rindió
finalmente en 1762.
Convencido de que el pleito con Portugal sería resuelto por las armas, se aplicó a
disciplinar y fortalecer al Ejército. Este se hallaba compuesto por tropas veteranas
(profesionales) y por milicias de infantería y de caballería de escaso poder combativo,
sus oficiales eran acaudalados vecinos de la ciudad y de la campaña que compraban el
rango por razones de prestigio. El gobernador porteño le propuso al rey un plan
ofensivo: llevar la guerra contra Portugal a Río Grande del Sur y a Río de Janeiro. En
prosecución de la primera parte del plan, fundó la ciudad de San Carlos, cerca de
Maldonado (en la actual República Oriental del Uruguay) y San Pedro de Río Grande
(Brasil). Con este avance se cortaba de cuajo el tráfico clandestino de ganado del que
vivían los gauderíos con la complicidad de los indios minuanos.
El mandato de Cevallos como gobernador de Buenos Aires culminó en 1766, pues la
Corte sabía sobre su posición pro- jesuita cuando le había encargado a la Compañía el
cuidado de una importante suma que acumuló en el curso de casi diez años de
gobierno. Ya de regreso a Europa, Cevallos cumplió gestiones diplomáticas en Italia en
1772, por cuyo éxito el rey lo premió nombrándolo Capitán General de la Provincia de
Extremadura. En 1776, fue nombrado Gobernador y comandante General Militar de
Madrid y su distrito. Ese mismo año fue designado al frente de una expedición de 8.000
hombres enviada contra las colonias portuguesas de América del Sur.

Cevallos, el primer Virrey (1776-1778)

El militar gaditano Pedro de Cevallos, que había llegado a la ciudad de Buenos Aires
en 1756 a los 42 años de edad, fue designado provisoriamente por la corona española
como primer virrey del Río de la Plata a mediados de 1776, aunque su cargo se hizo
efectivo recién el 15 de octubre de 1777, quedando bajo la tutela de aquel extenso
conjunto territorial hasta el 25 de junio de 1778, cuando fue reemplazado de su cargo
por el burócrata virreinal novohispano Juan de Vèrtiz y Salcedo (1719-1799).
En calidad de capitán general, Cevallos ejerció la jefatura militar de todo el distrito y,
como gobernador, tenía a su cargo el mando político de su provincia. Tradicionalmente
se lo consideraba un “alter ego” de la persona del rey, pues era “su representante e
imagen en aquellos dominios” y su rango social correspondía a la nobleza de su
función36; en tanto que, como virrey, Cevallos fue un gobernante “valiente, sagaz y
progresista”: habilitó el puerto para el comercio libre; ordenó la fundación de la
Aduana; se ocupó de las industrias rurales y combatió la corrupción. Puede decirse con
verdad que durante su gestión echó las bases para la emancipación económica y política
del Plata con respecto al Perú. Tuvo además una iniciativa económica fundamental:
autorizó la libre internación de las mercaderías entradas por Buenos Aires a las
provincias y el comercio con Perú y Chile y suprimió ciertos impuestos que recaudaban
las ciudades por su cuenta a fin de favorecer el comercio interprovincial y la
exportación de metales.

Cevallos, muerte y legado (1778)

En 1778, retornó a España enfermo, y camino a la Corte, se debió detener en el


Convento de los Capuchinos, cerca de la ciudad de Córdoba (Andalucía), donde murió
después de una larga agonía el 26 de diciembre de ese mismo año, a los 63 años de

36
Moutoukias, Z., [Link]. p. 403.

31
edad, sin conocer al hijo criollo que había engendrado y del cual tuvo larga
descendencia.
Fue enterrado con pompas de Obispo, vistiendo el sayal de los capuchinos y encima
de él portando el hábito de la Orden de Santiago, donde el rey Carlos IV lo esperaba
para otorgarle el título de Marqués de la Colonia, que pasaría finalmente a su hermana
Antonia. Por tal motivo se lo llamó con justicia “El último resplandor de la gloria de
España en América”37.

El séquito de los virreyes (1776-1810)

En su totalidad, hubo once virreyes en el Río de la Plata desde agosto de 1776 hasta
mayo de 181038. En general, estos llegaban al cargo tras haber realizado carreras
nutridas en España, tanto en el Ejército como en la administración imperial. Pertenecían
a los estratos intermedios de los grupos superiores, a donde habían accedido gracias a
estas mismas carreras.
Al mismo tiempo, arribaban a la capital rodeados de un séquito que no superaba las
veinte personas, entre secretarios personales, parientes y criados, gentilhombres,
mayordomos, ayudas de cámara, caballerizos y sirvientes, además de esposa e hijos.
Según el historiador Zacarías Moutoukias, estos eran los instrumentos con los que
construían- gracias a un nombramiento en el aparato político-militar o a las alianzas
matrimoniales de sus allegados- cadenas informales de mando político que les
permitían hacer efectiva su autoridad. En ese sentido, el séquito aparece como una
trama de intermediarios, de modo que las mismas condiciones que favorecían su
autonomía respecto del poder central eran las que le otorgaban una mayor
independencia en relación a los grupos locales y los medios para una mayor capacidad
de acción y manipulación. Los casos excepcionales, en este aspecto, fueron los virreyes
Antonio Olaguer Feliú (quien gobernó entre mayo de 1797 y mayo de 1799), Joaquín
del Pino (del 20 de mayo de 1801 hasta el 11 de abril de 1804), Rafael de Sobremonte
(desde abril de 1804 hasta el 10 de febrero de 1807) y Santiago de Liniers (desde el 10
de febrero de 1807 hasta julio de 1809), quienes se casaron con herederas de poderosas
familias locales y, en ese aspecto, eran ellos mismos quienes podían ostentar las
carreras más próximas al “ideal borbónico”, aquellos en que el nombramiento de virrey
recompensaba el talento y la conformidad con el modelo del alto funcionario. Las
condiciones de sus carreras plagadas de éxitos y de su poca autonomía en relación a las
máximas jerarquías metropolitanas eran las mismas circunstancias que favorecían esa
clase de matrimonios.

La creación de la Real Audiencia de Buenos Aires (1785)

La Real Audiencia de Buenos Aires fue establecida en 1785, en el mismo sitio donde
funcionaba el Fuerte de la ciudad y la llamada “Residencia de los Virreyes”. Cuatro
años más tarde, en 1789, el Tribunal se asentó en la capital- con jurisdicción en el
Paraguay, Tucumán y Cuyo, independizándose de este modo de la prestigiosa

37
Frase citada en Sáenz Quesada, M., La Argentina. Historia del país y de su gente, Buenos Aires,
Editorial Sudamericana, 2001, pp. 134-135.
38
Pese a la resolución del Cabildo Abierto del 25 de mayo de 1810 de dar por concluidas las funciones
del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, el Consejo de Regencia de Cádiz nombró como último virrey del
Río de la Plata a Francisco Javier de Elío (1767-1822), que llegó a Montevideo a principios de 1811,
declaró a esa ciudad capital del virreinato y, a Buenos Aires, como ciudad rebelde, llevando a cabo el
bloqueo de su puerto.

32
Audiencia de Charcas, la cual cubría un distrito demasiado extenso para poder
administrar justicia con eficacia y proteger al indígena.
Entre sus principales atribuciones, la Audiencia fijaba provisoriamente las
atribuciones de los alcaldes, las cuales consistían en “celar los pecados públicos, andar
de los vagos y prender en las causas graves de heridas, muertes o semejantes y
formando sumaria instructiva dentro de las 24 horas o a más tardar de tres días”39.
Sumado a esto, la firma del Reglamento de Libre Comercio el 12 de octubre de 1788
generó también el desplazamiento de comerciantes y estancieros hacia una burocracia
de origen español y de comerciantes peninsulares que vinieron a instalarse a Buenos
Aires como consecuencia de las oportunidades comerciales que posibilitaba la nueva
legislación. Esta situación tensó las relaciones entre criollos y españoles, que habría de
estallar a partir del estallido de la Revolución de Mayo en 1810.

La profesionalización de las Fuerzas Armadas

Después de dos siglos de confiar a milicias y capitanes improvisados la defensa del


imperio, España trajo al Virreinato del Río de la Plata fuerzas armadas profesionales
con carácter permanente. Se trataba de oficiales bien formados en la Península Ibérica
que fueron comisionados para la tarea de fijar los límites con Portugal, fundar pueblos,
reducciones y comandar ejércitos, entre quienes se encontraba el explorador y
cartógrafo Félix de Azara (1742-1821), que pasó veinte años recorriendo la región y
estudiando sus posibilidades de crecimiento económico (1781-1801), a partir de lo cual
sugirió que la explotación ganadera fuera más racional, con menos despilfarro y que el
ganado manso se criara en estancia de dimensiones medias.
Otros funcionarios ilustres fueron el marino, geógrafo y escritor Diego de Alvear y
Ponce de León (1749-1830); el explorador andaluz Francisco de Viedma (1737-1809),
experto en agricultura de regadío, contratado para encabezar la expedición pobladora de
Carmen de Patagones en 1779 ; el historiador oriundo de Navarra, Juan francisco de
Aguirre (1758-1811); Tomás de Rocamora (1740-1819), fundador de pueblos en la
provincia de Entre Ríos durante la gobernación del virrey Vèrtiz; y el pontevedrés
Pedro Cerviño (1757-1816), que fue nombrado director de la Escuela Nacional de
Náutica fundada por Manuel Belgrano el 25 de noviembre de 1799, dejando
importantes informes acerca de la geografía del territorio, su producción y su gente. ●

39
De Lázaro, J. y Marfany, R., “Autoridades coloniales de la ciudad”. En Historia de la Provincia de
Buenos Aires y la formación de sus pueblos. Tomo I, dirigida por Ricardo Levene. La Plata, Archivo
Histórico de la Provincia de Buenos Aires, 1941, p. 154.

33
Literatura

EL POETA LUIS G. URBINA Y LA


ARGENTINA
Carlos María Romero Sosa40

40
Abogado, Escribano (UBA). Docente universitario. Autor de numerosos libros y artículos académicos.

34
El 23 de abril de 1917 llegó a Montevideo el vapor “Infanta de Borbón”, así bautizado
por quien fuera dos veces Princesa de Asturias: María Isabel Francisca de Asís Cristina
Francisca de Paula Dominga de Borbón y Borbón, hija de Isabel II de España. Se
contaban entre sus pasajeros -y así lo consignó una noticia publicada en La Prensa del
día siguiente- además del doctor Juan Carlos Blanco, ministro uruguayo en Francia, el
actor español Simón Raso con su compañía, el también peninsular Rafael Santana, un
técnico que traía la misión de estudiar lo relacionado con la exportación de carnes
congeladas del Uruguay a España, así como el poeta y periodista mexicano Luis
Gonzaga Urbina (1864-1934), mejor conocido en el orbe hispanoamericano como Luis
G. Urbina.
La nave siguió rumbo a Buenos Aires a las ocho de la noche de esa misma jornada y
arribó el 24 al puerto argentino, donde se cuenta que un gran número de sus lectores, sin
duda ajenos a los estampidos de los fusiles de la Revolución Mexicana que acababa ese
año, recibió al autor de “Ingenuas” (1902). Fue una calurosa recepción brindada al hoy
poco menos que desconocido Urbina, no solo en la República Argentina sino también
en su patria donde según resalta Claudia Pinedo González en su tesis “Defensa del
romanticismo desde el modernismo: análisis de la crítica a la obra poética de Luis G.
Urbina” (Universidad Nacional Autónoma e México, 2004): “está relativamente
olvidado por la crítica, a pesar de que con frecuencia se le reconoce como integrante del
grupo de los mejores poetas de México y se le estima como un mexicano célebre.
Francisco A. de Icaza lo ubicó entre los “dioses mayores de la poesía mexicana” junto a
Manuel Gutiérrez Nájera, Amado Nervo, Salvador Díaz Mirón, Manuel José Othón y
Enrique González Martínez. De ese grupo, Urbina es quien cuenta con menos escritos
sobre su poesía; ni siquiera existe una edición crítica de su obra.”
Cambiaron los tiempos y con ellos las modas y gustos literarios a punto tal, que no
debe extrañar al presente la recepción local brindada entonces por parte de quienes
memorizarían algunos de sus versos más difundidos como el compuesto en alejandrinos
modernistas presente en “Lámparas de agonía” (1914) que comienza: “El ruiseñor
cantaba. La noche era divina, / toda cendal de nieve, todo cristal azul; / y en el jardín de
plata la coruscante encina/ alzaba entre la sombra su cúpula de luz.”
Solía destacar aquel momento de urbinofilia el escritor, funcionario cultural y
estudioso del folklore, Julio Carlos Díaz Usandivaras (1926-1994). Incluso este autor
argentino integrante de nuestra Generación del 40, asomado lo mismo que sus
congéneres a otras estéticas y además -en su caso- ferviente admirador de Neruda,
reivindicó la poética de Urbina en algún trabajo suyo adolescente. Pasadas las décadas
deberá convenirse que fue sagaz Díaz Usandivaras al revalorizarlo y vincular –sin
decirlo- el mensaje del neorromanticismo característico de los creadores del 40 y
puntualizado por ejemplo por Luis Soler Cañas, antólogo de la generación y por Luis
Ricardo Furlan, estudioso de la misma y de la inmediatamente posterior Generación del
50, con el romanticismo tardío y ya en despedida ejercitado por quien fuera director
durante dieciocho meses - entre 1913 y 1914 - de la Biblioteca Nacional de México.
Puesto que en rigor la voz de Urbina tenía tonalidades tanto del romanticismo
cronológicamente epilogal de un Manuel Acuña, como del irruptivo modernismo que
Gutiérrez Nájera introdujo en el país azteca. No en vano la semanal Revista Azul
aparecida entre 1894 y 1896 que Gutiérrez Nájera -destinatario del poema “Siebel” de
Urbina aparecido en su libro “Ingenuas”-, fundó con Carlos Díaz Dufoo y de la que
Urbina era secretario de redacción, llevaba el mismo nombre del libro de poemas y
cuentos de Rubén Darío publicado en Valparaíso en 1888, quizá el mayor de los
emblemas modernistas.
35
Al aquí evocado le tocó vivir tiempos de transiciones y no sólo literarias bajo el
porfiriato y el grupo de los “científicos” que rodearon al presidente Díaz, así llamados
por su adscripción al positivismo cientificista que pontificaba el progreso indefinido y la
moral positiva. De algunos de sus exponentes fueron valiosos sus aportes en materia
pedagógica, a lo Sarmiento proféticamente en la Argentina, su discípulo uruguayo José
Pedro Varela Berro en el país hermano rioplatense, más o menos para ese tiempo el
Padre Félix Varela en Cuba y algo después, en la República Dominicana, el
puertorriqueño Eugenio María de Hostos, admirador de nuestro sanjuanino y amigo de
José Manuel Estrada y de Vicente Fidel López. En ese aspecto son innegables los
aportes en materia de educación pública de los mexicanos Ignacio Manuel Altamirano,
un católico y liberal, y Justo Sierra quien prologó en 1890 el primer libro de Urbina:
“Versos” y le encomendó la confección de la “Antología del Centenario” en 1910, tarea
que llevó a acabo con Nicolás Rangel y el dominicano Pedro Henríquez Ureña. Y aquí
vale anotar un dato: en “Las corrientes literarias en la América Hispánica” (1949)
Henríquez Ureña menciona en cuatro ocasiones a Urbina.
Empero y excepciones aparte, el positivismo de Comte y Spencer de los “científicos”
del Partido Liberal representó al decir de Octavio Paz una ideología que no fue la de la
burguesía liberal interesada en el progreso industrial y social como en Europa, sino de
una oligarquía de terratenientes. No pertenecía Urbina a ese sector y sería por eso que
este activo polígrafo y funcionario público en su país, se decidió por una larga
radicación - casi un exilio - en España, donde llegó en 1916 como corresponsal de El
Heraldo de Cuba y actuó en el periodismo cultural en la revista Cervantes junto al
modernista andaluz Francisco Villaespesa. Tras realizar algunos viajes a la patria, en el
último de junio de 1925, la Secretaría de Educación Pública lo comisionó para clasificar
en España los documentos de la “Comisión Del Paso y Troncoso”. Ocurrió eso apenas
un año antes de iniciarse, el 3 de agosto de 1926, la Guerra Cristera. Finalmente, el sin
duda agnóstico Urbina, que no obstante solía citar a Tomás de Kempis y a su
compatriota Sor Juana Inés de la Cruz, regresó a Madrid y murió allí.
No sin frustración debió haber tomado conciencia de su anacronismo literario y así
se lo hizo saber a Alfonso Reyes en 1923: “a ningún moderno interesan ya estas
antiguallas mías.” Empero tironeado por problemas económicos, no se encerró en la
torre de marfil de los esteticistas y lejos de los virajes políticos y los conflictos
amorosos de un Vasconcelos como el que con Antonieta Rivas Mercado epilogó en
tragedia, optó Urbina por evocar afectos familiares y cariños de mujer más felices y
tranquilos: “Si alguna oculta pena me agobia/ leo las cartas que guardo allí;/ las de mi
madre, las de mi novia;/ dos almas buenas que ya perdí.”
Idealista asomado apenas y no sin vértigo a las duras realidades sociales de su pueblo,
buscó hacer de la vida un poema y desnudando su personalidad en el canto, dirá en
“Perlas” de 1888: “Y en cada uno de mis versos/ viven con vida siniestra, mis deseos,
mis temores, / mis dudas y mis creencias. ¡Qué mucho que yo los ame” / ¡Qué mucho
que yo los lea, si sin hojas arrancadas/ al libro de mi existencia!”
Y siguió volando con su imaginación en pos de arquetipos de belleza, verdad y
justicia, aquellos mismos arquetipos que casi tocó con la mano su amigo Alfonso Reyes.
Nacido el humanista de “Discurso por Virgilio” en 1889 era un cuarto de siglo menor
que Urbina quien cariñosamente lo llamaba “Alfonsito”. Con Reyes intercambió una
muy extensa correspondencia que ha sido publicada por Ángel Rangel Guerra en 1989
en el volumen 37, número 2 de la Nueva Revista de Filología Hispánica de México. Y
sino alcanzó Urbina las cosmologías platónicas, su vuelo sí cobró alturas. Así comentó
sobre “Poemas crueles” de 1895, Amado Nervo: “No podemos aprisionarlo, no; dejad,
pues, al ave que despliegue sus alas de iris, que cante.”

36
Poco a poco entre el embelesamiento por el simbolismo francés y el parnasianismo
helenizante, descubrió que su propia genealogía lo enraizaba a los pueblos originarios
de Mesoamérica. No pudo vislumbrar frente a tanto sector despojado de sus derechos, la
irrupción de ninguna raza cósmica como la vaticinada en 1925 por José Vasconcelos
bajo el lema: “Por mi raza hablará el espíritu”. Urbina llegó a confidenciarle a Reyes su
desazón ante la miseria y exclusión de la mayoritaria población nativa o mestiza: “En
“México: nueve millones de indios, movidos y removidos brutalmente por tres millones
de mestizos. Los indios son el rencor impotente, la inadaptación asombrada, el pasado
fardo de la miseria. Los mestizos son la audacia sin freno, la inquietud sin ideal, el
sensualismo sin refinamiento. En las manos del cura el indio es superstición. En las
manos del general, es trinchera. Su carne sirve para todo. Es aprovechable para todos
los engaños, para el político principalmente.”
Tal vez esta conciencia de su América india y expoliada lo acercó al argentino
Manuel Ugarte, el escritor socialista, nacionalista y americanista argentino propuesto a
no olvidar y denunciar a los cuatro vientos la invasión norteamericana a México de
1846 y la penetración imperialista yanqui en Centroamérica, contemplada con sus
propios ojos en su gira continental cumplida entre 1911 y 1913, que elogio Darío en su
artículo “El que está viajando por la América: Manuel Ugarte”.
Ugarte, quien mucho después, durante el peronismo, fue embajador argentino en
México entre 1946 y 1948 y después en Nicaragua y Cuba, había intimado en su
bohemia juventud parisina con Rubén Darío, Amado Nervo y el venezolano modernista
Rufino Blanco Fombona. En una crónica-carta suya glosada por Margarita Merbilhaá en
“Trayectoria intelectual y literaria de Manuel Ugarte (1895-1924)”, dirigida a Urbina
bajo el título “El arte reciente”, instó a los iberoamericanos a no “seguir siendo
eternamente los incautos primitivos que el explorador deslumbra con novedades
arcaicas que ya no se estilan en su país".
A ese Ugarte rebelde y utopista, le dedicó Urbina un poema testimonial y
melancólico por la juventud perdida: “Qué noche tan azul” presente en “Lámparas de
agonía”, estrofas donde por cierto no hay elemento alguno de reclamo social. Sin
embargo, en otra de sus composiciones: “Desde un lugar de La Mancha”, más quijotista
que propiamente revolucionario como el mítico líder agrarista Emiliano Zapata o el
pensador y político marxista Vicente Lombardo Toledano, escribió el poeta: “Socorrí al
triste y al desvalido;/ desfice entuertos y a las estrellas/ alcé los brazos de mal herido”.

Su paso por la Argentina

Permaneció poco tiempo en la Argentina donde disertó sobre la vida intelectual de


México. Años más tarde de su visita, en el número 145 de la revista Nosotros
correspondiente a junio de 1921, el escritor jujeño Julio Aramburu firmó un comentario
crítico sobre “El corazón juglar” de Urbina, un florilegio de temas españoles publicado
en Madrid un año antes. Lo curioso es que no haya él mismo colaborado en esa
prestigiosa revista a cargo de Roberto Giusti y Alfredo Bianchi.
Aunque con las salvedades antedichas, parece ser que trajo a Buenos Aires en aquel
abril de 1917 intenciones de vincularse a nuestro ambiente cultural. Lo manifestó así el
25 de ese mes cuando visitó la redacción de La Prensa acompañado por el encargado de
negocios de México, Isidro Fabela. Del diálogo entablado dio cuenta una columna
aparecida al día siguiente. Allí trasmitió Urbina la admiración por algunos hombres de
letras argentinos. “A los cuales demuestra conocer adecuadamente”, subrayó el cronista.
Anotició además el visitante que a los más sobresalientes de los jóvenes escritores y a
los consagrados, empieza a leérseles con preferencia en España. En sus palabras: “Hay

37
allí un interés creciente por las cosas de América y en especial por las de la Argentina.
Interés que nos es sumamente grato a todos los americanos que viajamos por la
península.”
Cabe preguntarse si habrá tenido trato entre esos consagrados con Rafael Obligado,
Carlos Guido Spano, incluso con Ricardo Güiraldes cuyo “Cencerro de cristal” salió a
la luz en 1915 y si habrá visitado a Paul Groussac en su despacho de director de la
Biblioteca Nacional. Todo indica que no como que no hay poemarios suyos dedicados
ni a la institución ni a Groussac. Y entre los más jóvenes si al menos tuvo algún diálogo
con Leopoldo Lugones, Enrique Banchs, Leopoldo Díaz, Arturo Capdevila quien ese
año de 1917 dio a conocer su cuarta entrega de poesía: “El libro de la noche”. O con
Héctor Pedro Blomberg, con Pedro Miguel Obligado próximo a publicar “Gris” y ya
elogiado por Darío y con Ricardo Rojas, colaborador de la publicación española
“Cervantes Revista Mensual Ibero-Americana” que codirigía Urbina con Villaespesa y
con José Ingenieros, este sí de gran vínculo con el mexicano al punto de haber sido
sentado a la derecha de Ingenieros en un banquete que se le ofreció al autor de “El
hombre mediocre” en La Habana a finales de 1915 según información que puede
recabarse en el número IV de la revista Cuba Contemporánea bajo la dirección de
Carlos de Velasco, correspondiente al mes de enero de 1916. Empero su visión general
del país no fue demasiado positiva. El informe enviado desde Madrid el 5 de octubre de
1917 a su ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto García Pérez, deja traslucir su
contrariedad al tomar nota de la obsesión por Europa de la mayoría de los argentinos,
algo bien ajeno a los ideales del iberoamericanismo que él igual que Ugarte propugnaba.
Y ante la locura especulativa advertida sobre todo entre los porteños, aunque no
solamente consignó: “Parece el país poseído de la fiebre de la ganancia y del lucro. Se
improvisan y se pierden las fortunas en muy breve espacio de tiempo.”
Sin duda algo opacado por sus amigos Gutiérrez Nájera y sobre todo por Amado
Nervo que cumplió funciones diplomáticas en Uruguay y la Argentina, a la muerte de
Urbina en Madrid víctima de una pulmonía en noviembre de 1934, la nota necrológica
de La Prensa puso de resalto que su musa fue puramente mexicana y que “como Justo
Sierra fue Urbina un escritor que procuró que su misión se desarrollara armoniosamente
al lado de la incesante evolución del progreso en su patria.”
Hombre de empeños líricos más que de luchas civiles, no tuvo la vida retirada que
elogió Fray Luis de León y si –quizá- alcanzó algo de la existencia quieta y no ajena a
cierta frustración vaticinada en los versos del ya citado poema “Desde un lugar de La
Mancha”: “¡Qué bien se ocultan en la secreta cárcel del pecho! / ¡Qué vida quieta la que
concluye todo mi drama!” ●

38
Historia Militar

EL REGIMIENTO N° 8 DE
INFANTERÍA DEL EJÉRCITO
ARGENTINO
Investigación y propuesta de linaje
Juan José Bravo41

Escudo actual propuesto con cambio de fecha


Escudo de armas del Regimiento de Infantería Mecanizado 8 “Gral. Bernardo O’Higgins”.

41
Investigador, escritor. Ex presidente de la Unión Vecinal Barrio Solar del Norte. Miembro de la
Sociedad de Escritores Latinoamericanos y Europeos. Miembro de Poetas del Mundo.

39
Introducción

En mi trayectoria, entre la poesía y los libros, me entusiasmé con la historia de este


Regimiento. En un muro interior de su guarnición puede leerse: “Creado el 13 de julio
de 1813 por el general don Manuel Belgrano”, en el Alto Perú, según lo afirma Jorge
González Crespo en su obra sobre el Ejército Argentino.
Sin embargo, esta afirmación resulta una verdad a medias. Hoy, sin ánimo de afectar
la sensibilidad del personal del regimiento, debo señalar que se trata de un dato falaz y
contrario a la verdad histórica. El número 8 fue asignado por Belgrano a los restos del
Batallón N.º 2 del Regimiento N.º 2 de Infantería (antiguo 2.º Batallón de Patricios),
luego de la batalla de Salta, al engrosar sus filas con soldados provenientes de la
provincia de Chuquisaca en el Alto Perú. No fue, por tanto, el origen del Regimiento
número 8 que más tarde se llamaría de los Andes, ni del actual Regimiento número 8.
Tras mi retiro, residí veinte años en Buenos Aires, donde continué la investigación
aprovechando el acceso al Archivo General de la Nación. De ese trabajo surgió la
primera edición del libro “Batallón de Patricios Pardos y Morenos Veteranos –
Regimiento de Infantería 8 “Gral. O’Higgins”. Antes de concluir la obra hallé una
propuesta del Honorable Senado para premiar con un diploma a los regimientos
históricos, en la cual encontré un lamentable error: se afirmaba que este regimiento
había sido creado por Belgrano. Ante tal equívoco, y luego de algunos
cuestionamientos, publiqué una segunda edición aumentada.
En el curso de mis investigaciones descubrí que el Regimiento de Pardos y Morenos
intervino en la lucha en la Banda Oriental desde 1811, participando en el primer sitio de
Montevideo, luego en el segundo, y finalmente en el combate del Cerrito. Allí tomó el
número 8, aunque algunos historiadores —equivocadamente— lo identifican como el
Regimiento número 6 de Infantería. Permaneció destinado en el frente oriental durante
tres años, regresando a Buenos Aires a mediados de diciembre de 1814, y en 1816 fue
enviado a Mendoza.
Considero que aquellos hombres que lucharon por la patria merecen el honor de ser
nombrados y reconocidos como el verdadero primer Regimiento de nuestro país.
Aunque muchos eran negros libres y aún esclavos, combatieron con corazón americano
y argentino por nuestro suelo. Algunos quizá no alcanzaron la anhelada libertad,
regando con su sangre los campos de batalla sin poder regresar a su terruño. Por ello
solicité en su momento a las autoridades correspondientes que se tuviera en cuenta la
investigación realizada sobre el regimiento que dio origen al actual Regimiento número
8, conforme al artículo 2.º del Decreto 2027 del 14 de marzo de 1887.
Dediqué dos décadas de mi vida a indagar el origen de este cuerpo, y como resultado
descubrí que, tal como afirma el decreto citado: “Los antiguos números de los
Batallones de Infantería significan glorias adquiridas y representan una tradición que
conviene conservarse como un depósito sagrado para honor del Ejército, que la formó
con su abnegación y disciplina”. El Regimiento número 8 es, por tanto, heredero de
aquel Regimiento de Pardos y Morenos, creado como Compañía de Pardos libres y
Compañía de Morenos libres el 14 de enero de 1801, cuya primera intervención fue la
Reconquista de Buenos Aires. Posteriormente, al incorporarse cuatro compañías de
indios, se transformó en batallón.

40
Investigación y propuesta

Debiendo fijar una fecha inicial para mi investigación, y considerando que el


Regimiento de Infantería número 8 ostenta en el frente de su edificio de entrada los
escudos de las campañas de Chacabuco y Maipú, opte por comenzar desde el último día
de existencia del Batallón número 8 de los Andes.
La pesquisa me condujo primero a Mendoza, al piquete número 8 mencionado por
San Martín, cuyo jefe era el capitán - con grado de sargento mayor - Bonifacio García.
Este oficial había regresado a Buenos Aires desde la Banda Oriental con dos compañías
del Regimiento número 8 a mediados de diciembre de 1814, siendo luego destinado a
Mendoza.
En este punto hallé documentación que me desorientó. La mayoría de los testimonios
mencionaban al Batallón número 8 de Libertos, bajo el mando del teniente coronel
Matías Balbastro. No consta que este cuerpo hubiera estado en Montevideo, aunque en
las Memorias curiosas de Beruti se afirma que el 4 de noviembre de 1814 Balbastro
partió hacia Mendoza con 300 hombres de su batallón.
Este batallón se formó a instancias del gobierno con el objetivo de disponer de tropas
nuevas de refresco. Fue creado por la Asamblea del Año XIII el 31 de mayo de 1813, y
recién el 2 de febrero de 1814 la Gaceta Ministerial del gobierno de Buenos Aires lo
registró oficialmente como Batallón de Libertos número 8.
Se designó al teniente coronel Matías Balbastro como jefe y al sargento mayor
Ramón Luna como segundo. El cuerpo se instruyó durante dos meses en el Campo de
los Olivos. Según relata Beruti en sus Memorias curiosas, el 4 de noviembre de 1814 el
batallón, con unos 300 hombres, marchó hacia Mendoza.
Por esta razón, el Batallón de Libertos número 8 no pudo haber sido destinado a la
Banda Oriental, ya que no era un cuerpo veterano, sino una unidad de nueva formación.
Su destino fue Mendoza, como escribe Beruti, para reforzar las fuerzas que San Martín
estaba reuniendo en Cuyo con vistas a la creación del Ejército de los Andes.
Ante la duda, recurrí a la Gazeta de Buenos Aires, que el 27 de junio de 1814 publicó
un oficio del general Carlos de Alvear informando sobre la guarnición de Montevideo.
Allí se describía la entrada de las tropas patriotas, pero el relato no confirma la
presencia del Batallón de Libertos. Entonces recurrí a la Gazeta Ministerial de Buenos
Aires del sábado 2 de julio de 1814, donde afirma en su página 612 con el título Buenos
Aires, 27 de junio de 1814:

“Hoy ha recibido el Director Supremo del Estado la siguiente comunicación del


general D. Carlos de Alvear.
Excelentísimo Señor:
Las tropas del Ejército de la Patria que V. E. se ha dignado poner bajo mi mando se
hallan en esta misma hora guarneciendo las Fortalezas de la Ciudad de San Felipe. A su
presencia desaparecieron para siempre instrumentos de la tiranía; y aquel Pueblo que
tanto tiempo sacrificó al despotismo su valor y su constancia entre cadenas, hoy recibe a
sus libertadores con toda la sorpresa que debe producir el ejemplo de subordinación y
disciplina de estas Tropas a unos habitantes a quienes se había inspirado el mayor
horror hacia ellas por sus antiguos opresores.
Pero el Regimiento de Infantería Nº 6 fue el primero en entro a tomar posesión de la
Ciudadela, bajo cuyos fuegos acredito tantas veces su intrepidez. Un escuadrón de los
41
valientes Dragones de la Patria le seguía. A estos los brillantes y bravos Granaderos de
Infantería, el número 2, número 3, número 8, número 9, granaderos montados, y
sucesivamente el resto del Ejército. La moderación y aquella serenidad inalterable con
que todos ellos, acostumbrados a marchar delante de los peligros distinguía
esencialmente el acto de su pacifica entrada. Y felicitando a V.E. por este dichoso
acontecimiento debido a sus sabias disposiciones, quedo en comunicarle con la
brevedad posible las circunstancias para que no me da a lugar las atenciones de este
gran día.
Dios guarde a V.E. muchos años.
Fortaleza de Montevideo junio 23 de 1814. A las 2 de la tarde.
Excmo. Sr. Carlos de Alvear
Excmo. Supremo Director del Estado”.

Por lo tanto, este batallón se formó a instancias del gobierno con el objetivo de
disponer de tropas nuevas de refresco. Fue creado por la Asamblea del Año XIII el 31
de mayo de 1813, y recién el 2 de febrero de 1814 la Gaceta Ministerial del gobierno de
Buenos Aires lo registró oficialmente como Batallón de Libertos número 8. Se designó
al teniente coronel Matías Balbastro como jefe y al sargento mayor Ramón Luna como
segundo. El cuerpo se instruyó durante dos meses en el Campo de los Olivos. Por esta
razón, el Batallón de Libertos número 8 no pudo haber sido destinado a la Banda
Oriental, ya que no era un cuerpo veterano, sino una unidad de nueva formación.
Surge la pregunta ante la confusión que comparto con muchos historiadores: ¿y si el
Regimiento N.º 6 hubiera sido realmente un cuerpo de Artigas? ¿Y si, sorprendidos
como yo, varios estudiosos acomodaron los números de manera forzada, creando así un
error histórico? Porque, aunque diversos autores sostienen que el N.º 8 fue el batallón de
esclavos creado el 31 de mayo de 1813 y que cruzó a la Banda Oriental con Alvear, los
documentos lo desmienten. En el tercer párrafo de mi propuesta lo señalo: o existía un
Regimiento N.º 6 entre las huestes de Artigas, o se tomó equivocado el número, ya que
la Gazeta Ministerial del período 1813-1814 aporta lo siguiente…

“Buenos Aires, 5 de enero [1813] A las 6 de la tarde de este día salió el general
Alvear con parte de las tropas de su mando ejercitadas en el Campo de los Olivos
distante 4 leguas de la ciudad. Lo crecido del Rio Maldonado retardo el paso del
ejército, y se vieron obligados los soldados a practicarlo en desfilada de uno en uno. El
batallón de Cazadores marchaba a la cabeza de la columna, se le seguían 4 piezas de
artillería, y luego los dos batallones del regimiento número 2. A cuyos flancos iban
cubiertos de las correspondientes dotaciones de artillería. Aquella noche pasaron las
tropas al vivac en el campo de los Olivos, donde llegaron a las 5 horas de haberse
puesto en marcha. A las 4 de la mañana del día 6 llego el Regimiento de Granaderos a
Caballo, y a las 5 empezó a maniobrar el ejército en combinación. El Regimiento de
Granaderos de Infantería y parte del núm. 7, los 4 escuadrones de la Guardia Nacional,
y las Milicias Cívicas quedaron para la custodia; [no se menciona ningún Regimiento
número 8].
[Gazeta Ministerial del gobierno de Buenos Aires, núm. 87; miércoles 12 de enero de
1814 (facsímil pág. 509)]
Sábado 7 del mes de América [mayo], hoy a las 5 de la tarde se dio orden al
regimiento número 2, y al de Granaderos a Caballo para salir a campaña al siguiente
42
día. El entusiasmo de la tropa anunció desde este momento la rapidez de su marcha: y el
resto de sus compañeros lo envidiaban. El domingo al amanecer se hallaban ya prontos
los batallones del número 2 ningún soldado faltaba de su línea. A las 11 de la mañana
aún se ignora el rumbo de la expedición: a esa hora se presentó delante de las filas el
coronel General en jefe D. Carlos de Alvear.

[Gazeta Ministerial del gobierno de Buenos Aires, 11 del mes de América núm. 106,
pág. 85 (facsímil núm, 587)]
Domingo 22. A las 9 de la noche de este día hemos recibido importantes
comunicaciones de la Colonia, dirigidas desde el Ejército Sitiador. Por ellas a más de
los gloriosos pormenores que anunciaremos en esta misma foja, sabemos que el
regimiento núm. 2, el de Granaderos de Infantería, y el de Granaderos a Caballo con la
artillería correspondiente caminan a marchas redobladas a engrosar la fuerza del
Ejercito Sitiador, dejando en la Colonia una respetable guarnición hasta nueva orden”.

Hallé luego las siguientes promociones de oficiales en la Extraordinaria Ministerial


de Buenos Aires, de 23 del mayo de 1813, pág. 93: el Capitán Don Joaquín Nazar de la
1. ° cía. del Batallón número 8, el ayudante mayor Don Félix Alonso del Batallón.
Número 8, el Teniente 2. ° Don Julián Valero de la 1. ° cía. del Batallón. número 8, el
Teniente. 2.° Don Julián Vega de la 2. ° cía. del Batallón. N.°8 y el Subteniente Don
Marcelo Vega de la 3. ° cía. del Batallón. número 8. Mapa contemporáneo del 2do. Sitio
de Montevideo, al 23 de diciembre de 1813, por Bartolomé de Muñoz.
También, en la “Historia de Artigas” se cita a la Gazeta Ministerial del Gobierno de
Buenos Aires, del miércoles 23 de febrero de 1814 (edición facsímil, pág. 531) lo
siguiente:
N° 180 [Comunicación del Gral. Miguel Estanislao Soler a Francisco Zelada] Dice
que ha llegado a su conocimiento el hecho de que varios oficiales del Regimiento de
Pardos y Morenos [N.°6] defienden la conducta. del "traidor Artigas", por lo que solicita
que en la mayor reserva tome declaración a las personas cuya nómina consta. Ellos
podrán informarle sobre las conversaciones oídas a [capitán-29/5/810] Juan Antonio
García, [teniente 2°-29-5-810] Juan Loy Taboada, [¿] Felipe Malavez, [29-5-810] José
[Mariano] de San Martín, [capitan-29-5-810] Lorenzo Espíndola y [¿teniente?]
Hernández y, en base a las mismas, instruir un sumario [a continuación, sigue el
sumario.]
Desde el campamento del Regimiento de Pardos y Morenos, el 13 de abril de 1814 el
Gral. Rondeau le remitió al Director Supremo la averiguación realizada sobre los
anteriores oficiales, señalados como partidarios de Artigas. Se refería en la
comunicación al peligro de proceder contra éstos por la repercusión que podía tener
entre la tropa, destacando la necesidad sí de separar del ejército a los capitanes José
Antonio García, Juna Loy Taboada y José Mariano San Martín, dadas las sospechas de
su afiliación con el caudillo oriental. El Director Posadas, tras el examen del sumario,
aprobó las recomendaciones de Rondeau y ordenó que los citados oficiales fueran
remitidos a Buenos Aires para, de allí, ser enviados al Ejército Auxiliar del Perú.
La mayoría de los autores asignan el número 6 al regimiento de Pardos y Morenos,
destinándolos al ejército del Norte en enero de 1813, entonces qué sentido tiene que aun
en mayo de 1814 los oficiales de Pardos y Morenos permanezcan en Montevideo.
A continuación, una carta de Pueyrredon a San Martin:
43
“Por las ultimas comunicaciones he visto que el ejército de Mendoza no llega a 1.800
hombres en la actualidad, y que, para todo septiembre, apenas podrá subir su fuerza a
dos mil trescientos. Es pues la necesidad de reforzarlo con nuestros regimientos
veteranos, porque el corto tiempo que queda para la apertura de la cordillera, no da
lugar a la formación de nuevas tropas. Resuelta la expedición, debe aprovecharse la
primera estación oportuna, para no dar lugar a que desmaye la opinión pública en
aquellos lugares, con cuya fuerza contamos, ni a que el enemigo, sacando fruto de
nuestras demoras, se refuerce y afirme. En vista de todo esto, si el regimiento de
granaderos de infantería hubiese salido de esa capital, como supongo, en virtud de mi
orden anterior, al efecto dispondrá vuestra excelencia sin pérdida de tiempo, que varíe la
dirección que se le ha ordenado y se encamine a la ciudad de Mendoza, a las órdenes de
aquel gobernador intendente. Pero si por algún accidente no se ha movido aun de esa
capital, y vuestra excelencia ve que sea más conveniente que en su lugar vaya el número
8 por hallarse con mayor fuerza, dispóngalo así, sin pérdida de tiempo, a fin de que
tengan las tropas el suficiente descanso antes de entrar a los Andes. Como uno de estos
regimientos no es bastante para completar el total de la fuerza que debe operar sobre
Chile, puede vuestra excelencia mandar salgan los dos, sin que lo detengan los temores
que me indica en su citado oficio reservado, porque lo único que debe fijar nuestra
atención es, el peligro de alguna expedición peninsular que por ahora está muy lejos de
intentarse contra esta parte de la América. La respetable fuerza cívica de esa capital y la
numerosa caballería de nuestra campaña, alentadas sobre la con-fianza de un gobierno
justo y liberal, son más que suficiente antemural contra las pretensiones y tentativas de
los orientales, sobre que vuestra excelencia funda sus recelos. Repito, pues, que esta y
ninguna otra consideración de igual calidad, debe retraer a vuestra excelencia de
destinar y mandar salir toda la fuerza veterana que este en esa capital y sea necesaria
para asegurar la empresa de Chile, a la cual, en nuestra actual debilidad, debo empeñar
todos mis esfuerzos y conatos, porque con su feliz éxito se desconcierta el plan de
operaciones conocido de nuestros enemigos, se abre un manantial de riqueza a nuestro
sostén, se aumenta nuestro poder físico con los numerosos y robustos brazos de Chile y
cobra un nuevo poder y respeto nuestra opinión exterior. Dios guarde a vuestra
excelencia muchos años. – Tucumán, junio 24 de 1816

Juan Martín de Pueyrredon


Excelentísimo Supremo Director Interino”

En cuanto al uniforme, se distinguen dos etapas: el de Pardos y Morenos entre 1801 y


1816, y otro correspondiente al periodo 1816–1826, con su desaparición después de la
revuelta del Callao.
Daniel Hudson señala en sus memorias que “los regimientos están provistos de
excelente vestuario de paño y brin. Los jefes y oficiales eran severos republicanos en
traje, arreglado rigurosamente a la ordenanza; los sábados se pasaba revista del
uniforme”. A mi juicio, Hudson se dejó llevar por la imaginación y por su sentimiento
nacionalista. Lo sostengo en función de los informes sobre la situación económica de la
naciente nación: por ejemplo, el 18 de agosto de 1818 Juan Gregorio Lemos recibe una
factura con efectos, entre ellos 40 varas de paño negro. De ello puede deducirse que el

44
cuello y las botamangas de la casaquilla del Regimiento N.º 8 serían negras, como las
de los Pardos y Morenos.
Asimismo, José Zapiola recuerda en sus Memorias de treinta años42 que, “ese
ejército trajo dos bandas regularmente organizadas, sobresaliendo la del número 8,
compuesta en su totalidad de negros africanos y criollos argentinos, uniformados a la
turca”. Tras la batalla de Chacabuco describe a la banda como “vestida a la turca”,
expresión cuyo sentido en Chile hacia 1817 resulta hoy difícil de precisar. Luego de un
examen detenido, se presenta el uniforme de la banda en el dibujo adjunto.

Uniformes de soldados pardos y morenos

El Batallón número 8 de los Andes: Soldado de tropa: Capote azul con casaquilla
azul con tres filas de botones en oro; cuello y bocamanga lacre, en mi opinión, el 8
mantuvo el color negro, calzón blanco con media botas, chacó o morrión de suela con

42
Véase cap. V, “Música, Teatro, Baile”, p. 37.

45
penacho rojo con cocarda y el número 8 en dorado al frente, barbijo dorado y trenzas
rojas; correaje blanco con cartuchera al costado con divisas de grado de oro.

Siguiendo las ordenanzas, la bandas toda compuestas de negros y criollos,


mantuvieron el color rojo; Capote azul con casaquilla encarnada con tres filas de
botones de oro, cuello y bocamanga blanca (color de la infantería); calzón blanco con
zapato negro, chacó o morrión de suela con penacho, barbijo dorado, trenzas rojas,
cocarda al frente con el distintivo de musico en oro, correaje blanco con divisas de
grado de oro.

46
Músico del Batallón número 8 de Los Andes, 1814.1816
(Dibujo creado a partir de la investigación de Naorí Puro Neko).

Y en la Gazeta de Buenos Aires surge una transcripción de una carta de Miguel


Estanislao Soler que, entre otras cosas dice: “(…) pero acordaos que vuestro coronel no
ha degenerado del que en 31 de diciembre de 1812 mandó el regimiento número 8 y del

47
que en otras ocasiones ha tenido la fortuna de humillar el orgullo de los enemigos de la
patria”.

Conclusiones

El Regimiento de Pardos y Morenos es, como establece el Decreto 15719, el heredero


del hoy identificado como Regimiento de Infantería Mecanizado número 8. Es un
regimiento veterano, cuya trayectoria no puede ser confundida ni alterada por errores de
los textos.
Su identidad histórica se enlaza directamente con el Batallón número 8 de los Andes,
y es este el antiguo Regimiento de Patricios Pardos y Morenos Veteranos, conforme lo
establece el Decreto 15719, que reconoce la continuidad institucional y militar.
Cualquier modificación en esta denominación o en su herencia solo puede disponerse
por orden superior. Por ello debe reconocerse su creación en 1801, lo que refuerza la
legitimidad de su actual condición.
El Regimiento número 8 es heredero de las glorias del Batallón número 8 de los
Andes, y a ellas debe sumar los escudos obtenidos en las Batallas de Tucumán y Salta,
donde sus compañías - al mando de los capitanes de Morenos Inocencio Pesoa y
Bartolomé Rivadera, bajo las órdenes del teniente coronel José Superí - combatieron
con honor y presencia decisiva.
Además, es de destacar que el 12 de diciembre pasado se cumplieron 90 años de su
permanencia en Comodoro Rivadavia, siendo la primera unidad militar establecida en el
territorio de la Patagonia argentina en el año 1935. ●

Anexo

Decreto 15719/1883
Derogando el Decreto de fecha 31 de enero de 1883 referente a la conservación de los 12 Batallones de
Infantería del número que le correspondía con anterioridad a dicho Decreto.
Departamento de Guerra
Buenos Aires, marzo 14 de 1887.

Considerando. 1.° - Que el Decreto de fecha 31 de enero de 1883, organizando provisoriamente seis
Regimientos de Infantería, ha presentado grandes dificultades en la práctica por las necesidades del
servicio que han exigido la separación constante de los Cuerpos de un mismo Regimiento,
entorpeciéndose el régimen interno de los mismos, por ser más largos y complicados los trámites a que
tienen que someterse, e impidiendo también que se forme el espíritu de Cuerpo, solamente se obtiene con
la comunidad de los servicios;
2.º - Que los antiguos números de los Batallones de Infantería significan glorias adquiridas y representan
una tradición que conviene conservarse como un depósito sagrado para honor del Ejército, que la formó
con su abnegación y disciplina;
3.º -Que es conveniente organizar definitivamente los Regimientos de Infantería, de acuerdo con el plan
de la organización general de la Fuerza armada del país,
El presidente de la República, Decreta:

Artículo 1. ° Queda derogado el Decreto de fecha 31 de enero de 1883, conservando los doce Batallones
de Infantería el número que les correspondía con anterioridad a dicho Decreto.
Art. 2.º Cada Regimiento de Infantería se compondrá de un Batallón de Línea de 500 plazas en tiempo de
guerra y de 250 plazas en tiempo de paz y de dos Batallones de Guardias Nacionales de igual fuerza
numérica.
Art. 3.º Los Regimientos de Infantería quedan formados de la manera siguiente:

48
Regimiento 1.º ·Batallón 1.º de Línea y dos Batallones de Guardias Nacionales de la Capital de la
República.
Regimiento 2. ° Batallón 2.º de Línea y dos Batallones de Guardias Nacionales de la Provincia de Buenos
Aires.
Regimiento 3.º - Batallón 3.º de Línea y dos Batallones de Guardias Nacionales de la Provincia de San
Luis.
Regimiento 4.º Batallón 4.º de Línea y dos Batallones de Guardias Nacionales de la Provincia de
Córdoba.
Regimiento 5.º Batallón 5.º de Línea 5.º y dos Batallones de Guardias Nacionales de la Provincia de Santa
Fe.
Regimiento 6.º Batallón 6.º de Línea y dos Batallones de Guardias Nacionales de la Provincia de
Tucumán.
Regimiento 7.º Batallón 7.º de Línea y dos Batallones de Guardias Nacionales de la Provincia de San
Juan.
Regimiento 8°. Batallón 8.º de Línea y dos Batallones de Guardias Nacionales de la Provincia de
Catamarca.
Regimiento 9. ° Batallón 9.º de Línea y dos Batallones de Guardias Nacionales de la Provincia de Salta.
Regimiento 10. Batallón 10 de Línea y dos Batallones de Guardias Nacionales de la Provincia de Entre
Ríos.
Regimiento 11. Batallón 11 de Línea y dos Batallones de Guardias Nacionales de la Provincia de
Corrientes.
Regimiento 12. Batallón 12 de Línea y dos Batallones de Guardias Nacionales de la Provincia de
Mendoza.
Art. 4.º En los casos en que con arreglo à las prescripciones de la Constitución, se movilice la Guardia
Nacional de la República, los jefes de Regimientos se trasladarán å las Provincias indicadas en el artículo
anterior para recibirse del mando de los dos Batallones que deben constituir el Regimiento y proceder a su
inmediata organización.
Art. 5.º Los coroneles jefes de Regimiento y sus dos Capitanes Ayudantes revistarán en el Batallón de
Línea de cada Regimiento para los efectos de percibir el sueldo y prest que les asigna el Presupuesto; pero
no tendrán mando en el Batallón en tiempo de paz, sino en los casos de la movilización y reunión del
Regimiento, a fin de simplificar el servicio en lo posible, siendo cada Batallón la unidad táctica, orgánica
y administrativa del Regimiento, con arreglo à la Ordenanza y Reglamento vigente.
Art. 6.º Los jefes de Batallón pasarán a los coroneles mensualmente un Estado General del movimiento de
altas y bajas habido en sus Cuerpos respectivos y demás novedades ocurridas
Art. 7. En los casos de movilización, el teniente coronel jefe del Batallón de Línea de cada Regimiento
será el 2.º jefe del Regimiento.
Art. 8.º Los Regimientos 1, 2, 3, 5. y 6., conservarán como jefes los coroneles que actualmente se
encuentran en posesión del mando.
Art. 9.º Nombrase jefe del Regimiento 4.º de Infantería al coronel D. Aureliano Cuenca.
Del Regimiento 7. ° al coronel D. Jenaro Racedo.
Del Regimiento 8.º al coronel D. José Ignacio Garmendia.
Del Regimiento 9. ° al coronel D. Napoleón Berraute.
Del Regimiento 10 al coronel D. Liborio Bernal.
Del Regimiento 11 al coronel D. Máximo J. Bedoya.
Del Regimiento 12 al coronel D. Miguel E. Molina.
Art. 10. Comuníquese, publíquese é insértese en el Registro Nacional.

Rúbrica: JUÁREZ CELMAN.


(Registro Nacional de la República Argentina).

49
Documentos inéditos de Nuestra Historia

UN CURIOSO DOCUMENTO
SOBRE
LA CASA DE TUCUMÁN
María Teresa Fuster43

Frente de la Casa de Tucumán en 1869 (AGN).

La casa de la familia Bazán de Laguna donde se firmó nuestra Acta de Independencia,


- lamentablemente extraviada44 – un 9 de julio de 1816 no fue conservada intacta, sino
que a través de las décadas sufrió diversas modificaciones hasta fue demolida en 1904
dejando solo el Salón donde se juró nuestra Independencia

43
Licenciada en Historia (UBA), Profesora de Enseñanza Media y Superior en Historia (UBA). Miembro
de Número de la Academia Browniana, Miembro de Número del Instituto Belgraniano de la República
Argentina (IBRA). Miembro Correspondiente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la
Comunicación. En la actualidad se desempeña en el Área de Comunicación y Acción Cultural del
Archivo General de la Nación Argentina, sector de Referencia Histórica.
44
Véase: Fuster, M. T., “9 de julio de 1816 ¿Qué pasó con el Acta de Independencia?”. En Revista
Histopía. Publicación de Filosofía e Historia Universal. Año IV N° 22, octubre 2022, pp. 5 - 12

50
La casa original se construyó en la década de 1760, una construcción característica
del período colonial. Perteneció a doña Francisca de Bazán quien estaba casada con un
comerciante de origen español llamado Miguel Laguna. Para la década de 1812 durante
las guerras de la independencia la familia ya no habitaba en sus muros, de hecho, fue
ocupada como cuartel de los ejércitos patrios.
En 1815 el Estado la alquiló para instalar allí la Aduana, el Almacén de Guerra y las
Cajas previo a lo cual tuvieron que repararla por los destrozos causados por su anterior
uso. Para 1816 fue sede del Congreso General Constituyente que nos daría la ansiada
declaración de la Independencia. El Congreso sesionó allí entre el 24 de marzo de 1816
y febrero de 1817 previo a algunas modificaciones en su estructura. Desde 1817 el
Congreso se trasladó a la ciudad de Buenos Aires.
La Casa, permaneció alquilada por el estado, comenzó en esos años a ser utilizada
como imprenta del Ejército. Para 1832 la hereda Carmen de Zavalía descendiente de los
Bazán de Laguna por línea materna, los nuevos dueños repararon la vivienda pero sin el
mantenimiento apropiado cuarenta años después la encontramos en completo deterioro
como lo muestra la famosa fotografía de Paganelli de 1869 de su frente y su patio.
En 1874, ya propiedad del Estado, fue restaurada para ser sede de Correos y
Telégrafos de la ciudad de Tucumán y del Juzgado Federal. Si bien las autoridades
reformaron el edificio dejaron intacto el salón de la jura.
La ruina del histórico salón seguía siendo notable como lo evidencia el documento
que presentamos a continuación donde se menciona que se cayó parte de su techo de
madera. Finalmente, en 1904 se decidió restaurarla dejando el histórico salón dentro de
un pabellón vidriado y en 1941 declarado fue Monumento Histórico Nacional.
En 1943 se la restauró completamente abriéndose al público como Museo.
El documento que presentamos a continuación está ubicado en el Archivo General de
la Nación, es una de las tantas valiosas piezas documentales que el mayor custodio de
nuestra historia conserva. Este breve escrito es un testimonio inédito del deterioro por
el que atravesó la histórica casa que sirvió de marco a nuestra declaración de
independencia y que afortunadamente se ha conservado para la posteridad.
En este documento un empleado al parecer jerárquico del correo -que funcionaba en
el solar - ante el deterioro y caída del techo del salón donde se declaró la Independencia
guardó parte de esa madera, la fragmentó en pedazos y un pedazo de ella la incluyó en
la nota que se transcribe a continuación.
El curioso documento tiene pegado un pequeño trozo de la madera del techo original
con un sello del correo y una cinta celeste y blanca. Testigos firmaron al pie acreditando
que la madera efectivamente era del techo de la sala de la jura. Lo compartimos con
nuestros lectores.

Transcripción documento sobre pedazo de madera en la histórica Casa de Tucumán45

“En la ciudad de Tucumán a los catorce días del mes de enero de 1897: En el local
ocupado por la Administración de Correos y Telégrafos en el cual como joya histórica
se conserva el Salón donde fue jurada la Independencia Argentina el 9 de julio de 1816,
y en ocasión de verificarse en él una compostura recojo un trozo del enmaderado del
techo el cual divido en varios pedazos distribuyo entre mis amigos y otras personas
notables del país, como reliquia que todo buen Argentino debe guardar con veneración.

45
Nota aclaratoria: No brindamos referencia del topográfico del documento pues aún no tiene número de
ubicación definitiva pues está en proceso de descripción.

51
Para constatar la procedencia del adjunto pedazo de madera firmo la presente en
unión de varios señores que comprueban la verdad de lo dicho”.
Rubricas: Andrés Soffia (posiblemente el que escribió la nota), Basavilbaso, Albarracín,
Villegas, Mazza, Carballo, Rodríguez y Peña.
Contiene sellos de oficina de clasificación, oficina de listas y de expedición de Correos
y telégrafos de Tucumán, 9 de julio de 1897. ●

52
Detalle de la madera del techo de la Sala de Jura de la Independencia inserta en el documento. (AGN).

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