Romper el hielo
August 13, 2025
Capítulo 32
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Nathan
¿Cómo coño puedo llevarme yo más culpas que Henry?
Va desnuda de un lado para otro mientras se prepara para ir a la cama,
ignorando mi existencia. No me queda más que imaginar cómo debe de estar
sintiéndose, con la certeza de que Aaron ha vuelto a liarla otra vez.
Ni siquiera sé lo que ha dicho ahora. Sin embargo, Henry tiene razón: estoy
furioso porque debería haber hecho algo hace semanas. Entiendo por qué
Anastasia quiere concederle el beneficio de la duda, dejarle espacio para
madurar y ser el amigo que cree que puede ser.
Por lo que me ha contado sobre su amistad y los buenos momentos con él,
puedo comprender su reticencia a cortar la relación. El problema es que yo sé
lo que él va diciendo a sus espaldas y ella no. Tomé una decisión, más o
menos justificada, y me lo he guardado todo para mí.
Soy egoísta, no quiero que me asocie a mí con el dolor que casi con seguridad
va a sentir. No quiero ver cómo se viene abajo cuando se dé cuenta de lo
cabrón que es ese tío.
:
Stassie estaba profundamente dormida en mi regazo cuando oí el
característico ruido de una bronca. En nuestras fiestas no suele haber peleas;
ya tenemos bastante durante los partidos, no necesitamos ese tipo de
movidas también en nuestro tiempo libre.
Ahora que además están por aquí Anastasia y Lola, la necesidad de mantener
la paz es todavía mayor. Cuando por fin me metí en la casa, Henry le estaba
partiendo la cara a puñetazos a Aaron, y Bobby y JJ le estaban quitando de
encima a otros dos tíos. Ni siquiera creo que Henry se hubiera dado cuenta
de que estaban ahí, y en el momento en que lo aparté de Aaron, empezó a
darse de hostias con otro tío como un puto gilipollas.
Yo levanté a Aaron del suelo, no para pegarle, sino para que se largara, y
entonces se lanzó a por mí. Pega como un chaval que no se ha peleado en su
vida, pero me dio un buen golpe en la cara y consiguió hacerme un poco de
sangre en la mejilla.
Lola me ha pegado más fuerte alguna vez que me he comido el último
paquete de sus cereales favoritos.
Lo agarré por el cuello y lo inmovilicé contra la pared, muy tentado de
descargar en él todo mi odio. Al sentir su pulso martillear bajo mis dedos, lo
agarré más fuerte y me clavó la mirada. Forcejeó mientras lo amenazaba y le
dije que si volvía a verlo por ahí, le daría por fin una razón para meterme en
problemas.
Incluso en el fervor del momento, no soy tan tonto como para no ver la
trampa que quería tenderme Aaron. Skinner está deseando hacerme
responsable de todo; no puedo darle munición.
Stas resopla mientras se pasea alrededor de mi escritorio, apartando los
libros que hay esparcidos. Tiene una rutina muy específica, así que sé que
está buscando el cepillo, porque siempre se cepilla el pelo después de lavarse
los dientes. Es increíble estar con la chica más predecible del mundo.
—No me importa que me ignores, Anastasia —le digo mientras miro cómo se
:
le mueve el culo—. Porque yo también te estoy ignorando. —Suelta una
carcajada, pero no muerde el anzuelo—. Y sé dónde está tu cepillo, pero no
te lo puedo decir porque te estoy ignorando.
Espero que en cualquier momento venga corriendo y se abalance sobre mí,
me inmovilice y me exija información. ¿Quizá me la sonsaque a besos? No lo
sé. Soñar es gratis. Pero no lo hace, ni por asomo; solo me dedica un corte de
mangas y sigue buscando.
Su frustración va en aumento, así que espero pacientemente a que claudique.
Me mira espatarrado en la cama y pienso que se va a derrumbar, pero en
lugar de eso, se da cuenta de dónde está el cepillo y se acerca furiosa.
Pone los brazos en jarra y ladea la cadera.
—Deja de mirarme las tetas y enséñame las manos.
—Hola, cariño. Me alegro de volver a oír tu voz.
—Sé que lo tienes escondido, y llevas quince minutos mirándome mientras lo
busco, a sabiendas de que lo tienes tú —refunfuña, esforzándose al máximo
por reprimir una sonrisa. Disfraza la diversión de frustración porque sabe que
he sido más listo que ella—. Te odio.
—Ni lo confirmo ni lo desmiento, porque en este instante te estoy ignorando.
Da un paso hacia mí, lo suficiente para que la atrape y tire de ella, haciendo
que su cuerpo caiga sobre el mío.
—Está detrás de la almohada, ¿a que sí? —Le hundo los dedos en los
costados para hacerle cosquillas hasta que empieza a retorcerse, chillar y reír,
y entonces sé que la he recuperado—. Qué pesado eres.
Siento su cuerpo cálido y suave contra el mío. Me mira con las mejillas
sonrosadas y una sonrisa relajada. Le retiro el pelo de la cara y le beso la
punta de la nariz.
Suspira y me acaricia la tirita de la mejilla.
:
—No necesito que me defiendas —susurra.
Conozco bien su carácter insolente y terco, pero a veces me sorprende su
vulnerabilidad.
—Ya sé que no, pero merece la pena defenderte. Cualquier corte, cualquier
moratón, cualquier punzada de ira o de frustración; todo merece la pena.
Mataría por defenderte porque mereces tener a alguien que haga eso por ti, y
no hay nadie más preparado para eso que yo.
Se le llenan los ojos de lágrimas que amenazan con caer, pero las aparta con
un parpadeo y exhala un suspiro entrecortado.
—Bésame.
No necesito que me lo repita, y cuando la beso, todo parece arreglarse. Hay
algo distinto entre nosotros, algo más profundo, algo real. No me puedo
imaginar cómo se siente ahora mismo al saber que alguien que le importa ha
traicionado su confianza.
—Te prometo que mañana te lo cuento todo, ¿vale?
—Bueno.
Ya está despierta cuando abro los ojos, me pregunto cuánto tiempo lleva
comiéndose la cabeza. Yo también le estoy dando vueltas al hecho de que le
prometí que se lo contaría todo. Tiene la cabeza hundida en mi pecho, las
piernas entrelazadas con las mías, y me hace pensar que no seré capaz de
volver a despertarme solo nunca más.
—¿En qué piensas?
—En la alcachofa de tu ducha.
Levanto una ceja.
—¿Por qué?
:
—Porque tiene mucha presión. Es mi favorita.
Por fin me doy cuenta de lo que dice y salgo de la cama, arrastrándola
conmigo. Me echo a reír y le doy un cachete en el culo mientras ella también
se ríe. Anoche no se molestó en vestirse, así que la meto directamente en la
ducha, bajo el chorro caliente, mientras yo me quito los calzoncillos y me
meto con ella.
—Pierna —digo, señalándome el pecho. Ella se apoya en la pared, me mira
con un destello travieso en los ojos y levanta la pierna sin esfuerzo. Cojo la
alcachofa de la pared y enciendo la ducha, asegurándome de que está a la
máxima presión posible—. ¿Lista?
Ella asiente, mordiéndose el labio inferior y acariciándome el pecho. Le
coloco el chorro entre los muslos y yo mismo empiezo a jadear de deseo
mientras ella pone los ojos en blanco.
—Ah —gime, hundiéndome los dedos en la piel.
No le lleva mucho rato, porque la presión es muy intensa. Empieza a arquear
la espalda y me agarra con más fuerza; sé que está a punto, así que retiro la
alcachofa y observo su cara de frustración mientras su orgasmo se desvanece.
No dice nada, pero se le escapa otro gemido, probablemente involuntario, así
que vuelvo a colocarle la alcachofa, esta vez un poco más lejos, y la muevo en
pequeños círculos.
—Nathan…
—¿Qué, cariño?
Me roza el ombligo con las uñas y me recorre un escalofrío. Tiene la cabeza
hacia atrás, y su boca me busca. La agarro del cuello con la mano libre y le
tiro del labio inferior con los dientes. Está a punto otra vez: empieza a
temblarle la pierna sobre mi pecho y dice con desesperación:
—Por favor, déjame correrme.
:
—Mmm… —Retiro la ducha otra vez—. No.
—Me estás torturando —gimotea cuando vuelvo a apuntarle con el chorro de
agua al clítoris y recupera el camino al orgasmo. Finalmente, cansado de la
expectación, dejo caer su pierna y ella protesta—. Nate, fóllame, por favor.
—¿No era esta tu favorita?
Me rodea el cuello con los brazos y se pone de puntillas.
—Nada me gusta más que tú. Tú eres mi favorito.
La cojo en brazos, la saco de la ducha y agarro una toalla para envolverla. En
cuanto la dejo en la cama, ella se tumba boca abajo y levanta el culo con una
mejilla apoyada en el colchón, y se vuelve para mirarme. «¿Cómo puedo
tener tanta suerte?».
—Estoy a diez segundos de volver a meterme en la ducha, Hawkins. Sola —
murmura mientras sacude el culo de un lado para otro con impaciencia.
Me tumbo despacio en la cama sobre ella, ignorando el brazo que me agarra
para que vaya más rápido.
—Qué coño más bonito, Anastasia —susurro, rozándole con la polla entre los
pliegues, viendo cómo se le eriza toda la piel de la espalda cuando la acaricio
con la punta.
—Entonces espabila y fóllatelo —suspira cuando me pongo en posición—. Por
favor.
—Qué impaciente —canturreo, y entonces la agarro de las caderas y la
penetro, jadeando al notar lo mojada que está.
Se me ponen los ojos en blanco mientras me aprieta con fuerza. Empieza a
sacudirse, y su culo redondo me golpea las caderas mientras me folla con
gemidos entrecortados.
—Joder, eres perfecta —gruño, ladeando la cabeza.
:
Me pongo de cuclillas y tiro de su cuerpo para acercarlo a mí, penetrándola
hasta el último centímetro.
—Es enorme.
—Pero puedes con ella.
Estoy a punto. Casi. El sonido de su piel rebotando contra la mía solo lo
supera cuando la oigo gemir mi nombre y veo cómo juguetea con sus tetas.
Deslizo la mano entre sus piernas y le froto el clítoris inflamado, utilizando la
otra mano para inclinar su cabeza hacia mí.
—¿Vas a correrte para mí?
—Aah.
—¿Eres mi chica?
Me mira y me quedo sin aliento.
—Sí.
—Muy bien, cariño —susurro con orgullo—. Estoy a punto…
Se lo debe de haber tomado como una carrera, porque sus movimientos se
vuelven torpes y bruscos mientras la atravieso una y otra vez. Le tiembla todo
el cuerpo, levanta los brazos para hundirlos en mi pelo y prácticamente grita:
—Nathan, ah, joder, joder…
Es lo único que necesito para estallar; mis huevos se contraen y exploto
dentro de ella, dejándome caer sobre su hombro empapado en sudor. No
quiero dejarla ir, pero tengo que hacerlo porque, por increíble que sea
correrse dentro de ella, es un poco sucio y arruina el momento.
—¿Me vas a traer un paño caliente como en las novelas románticas? —
bromea.
—Puedo ofrecerte papel higiénico y una toallita húmeda, si tengo.
Se levanta torpemente de la cama canturreando y se dirige al baño mientras
:
mi semen le resbala por el interior del muslo.
—Voy a empezar a obligarte a volver a usar condones. Te estás viniendo
arriba.
—¡Deja de decirme que tengo la polla grande si no quieres que me devore mi
propio ego! —grito a su espalda, sonriendo ante las carcajadas que salen del
baño.
Después de asearse, Stassie quiere volver a la cama y acurrucarse conmigo.
¿Quién soy yo para negarme?
—Bueno, entonces ¿qué implicaciones tiene ser tu chica? —me pregunta con
cautela, mientras traza dibujos en mi pecho con el dedo.
Me lo pienso un momento para ir con pies de plomo y no cagarla.
—Es básicamente todo lo que ya eres y haces, solo que puedo decir que eres
mi chica sin miedo a espantarte.
—¿Y cómo te llamo yo? No puedo llamarte «mi chico», eso es raro.
—Sí que puedes… O tu novio, si no. O como quieras, lo que te haga sentir
más cómoda, señorita con fobia al compromiso. —Se queda callada un rato
más de lo que me gustaría—. Me da igual lo que me llames, Stassie. Los
nombres no importan, lo importante es estar contigo. Sé que voy un poco a
tope y bromeo, pero quiero que sepas que también es la primera vez que hago
esto. Nunca he tenido novia y nunca me he comprometido con nadie. Aunque
tres meses no parezca mucho tiempo, soy un tío que sabe cuándo está seguro
de algo. Y estoy seguro de ti.
—Yo también estoy segura de ti —susurra, acariciándome la mejilla con el
pulgar—. Sé que algunas cosas han sido un poco desastrosas y caóticas, pero
me alegro de que me hayas apoyado con todo esto.
Se queda callada y pensativa, pero le doy tiempo para ordenar sus
pensamientos. Empiezo a quedarme dormido cuando se aclara la garganta.
:
—Estoy lista para oír lo que ha dicho de mí. ¿Podemos hablar con Henry?
Me lo temía, por eso he querido retozar un poco antes. Estaba claro que ella
también buscaba distraerse, pero bueno, tal vez saberlo le venga bien.
—Claro que sí, voy a buscarlo. Aunque igual mejor ponte unos pantalones,
para no intimidarlo demasiado.
Me da un golpecito en el brazo y se ríe.
—Creo que todos subestimamos a Henry.
Creo que tiene razón.
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