LAURA JIMÉNEZ
DESCARTES
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LAURA JIMÉNEZ
DESCARTES. TEORÍA EPISTEMOLÓGICA
Descartes se preocupa por el conocimiento y se plantea la cuestión: ¿Cómo puedo avanzar con
seguridad en el camino del conocimiento?
Era consciente de los muchos errores que a lo largo de los siglos habían sido presentados y
defendidos como verdades incuestionables → (heliocentrismo y geocentrismo)
Y él se pregunta si la razón humana es una herramienta valiosa y eficaz, ¿por qué hace progresar a
la ciencia y no a la filosofía?
Descartes propone un método eficaz, un método deductivo de una información general se
obtiene una concreta en el que una verdad induce a otra necesariamente. Este método era el
utilizado por los geómetras. Introduce un método matemático en la filosofía, para dotar a la razón
humana de un criterio definitivo e inapelable.
Descartes junto con Galileo, ven en la matemática una ciencia racional que introduce el orden, en
el caos que nos proporciona la experiencia. Ambos participan en la veneración platónica de las
matemáticas.
En el libro El discurso del método, Descartes establece cuatro reglas fundamentales de su método:
- Evidencia (intuición): No aceptar nada como verdadero sin conocer evidentemente que lo
sea. Es decir, no se puede admitir nada que sea dudoso o confuso.
- Análisis: Dividir cada una de las dificultades que se examinara en tantas partes como sea
posible para resolverla mejor.
- Síntesis: Conducir por orden mis pensamientos, comenzando por los objetos más simples
para acceder a los conocimientos más complejos.
- Enumeración: Hacer los recuentos y revisiones generales para estar seguro de no omitir
nada.
Descartes define método: “conjunto de reglas ciertas y fáciles que hacen imposible para quienes
las sigan exactamente tomar lo falso por verdadero y que conducen gradualmente al conocimiento”.
La duda y la primera verdad.
Descartes comienza las Meditaciones Metafísicas planteando la situación en la que él personalmente
se encuentra respecto al conocimiento. Esta situación es de escepticismo y confusión por lo que el
problema más urgente es el de averiguar si efectivamente hay algo verdadero en el mundo.
Según el pensador, lo más sensato es cuestionarse todos los conocimientos recibidos e ir a la
búsqueda de verdades indudables. Su famosa duda es:
- universal: ya que afecta a todo lo real.
- metódica: es una estrategia para alcanzar la primera certeza.
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- teorética: afecta a mis conocimientos pero no a mi conducta.
Descartes dedicará la primera meditación a examinar los principales motivos de duda que podrán
afectar a todos sus conocimientos:
- Incertidumbre de los datos sensoriales: durante milenios los hombres afirmaron que la
Tierra inmóvil era el centro del universo. Los sentidos nos han engañado muchas veces, por
lo tanto, Descartes pone en duda los datos recibidos por éstos.
“Por ejemplo si metemos un palo en el agua, esté parecerá torcido; cualquiera
puede confundir un sonido con otro.”
- Errores de razonamiento: El ser humano los comete a menudo, por lo que es válido dudar
de todos los razonamientos tomados como demostrativos.
- Dificultad para distinguir el sueño de la vigilia: Al despertar es cuando reconozco el sueño
como sueño, no mientras sueño. Existe la posibilidad de que todos los pensamientos del
estado de vigilia sean en realidad sueños que no reconozcamos como tales.
- Hipótesis de genio maligno: supone la existencia de un genio maligno, astuto y engañador
que le lleva a considerar como evidentes cosas que no lo son.
En la segunda meditación, constata la situación en la que se encuentra, viéndose obligado a
dudar de todo. Su duda no es escéptica, es un paso que se da con la esperanza de encontrar
después una verdad indudable. La duda se auto-supera: cuando dudo, pienso, y la acción de
pensar implica la existencia de un ser que piensa. "Pienso, luego existo" (Cogito, ergo sum).
El cogito se capta mediante la intuición. Es la primera verdad incuestionable, es evidente, clara y
distinta.
Uno de los grandes problemas derivados del proceso de la duda es el denominado solipsismo
subjetivista: sólo podemos estar seguros de nuestra propia existencia, de nuestra conciencia
subjetiva, porque yo pienso, luego yo existo.
El cogito ergo sum cumple dos funciones bien determinadas:
- Justifica la existencia del yo pensante diferenciado del cuerpo. El cuerpo, percibido
mediante los sentidos, se encuentra bajo la duda metódica
- Se convierte en un principio modélico. Todo lo que sea evidente, claro y distinto como este
primer principio, será aceptado como primera verdad.
Una vez descubierta esa primera verdad, el filósofo se propondrá reconstruir sobre ella el edificio
del saber. Como racionalista que es utilizará la razón, las ideas innatas y el método deductivo para
conocer la realidad.
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DESCARTES: TEORÍA METAFÍSICA
Descartes define sustancia como realidad que existe de forma que no necesita de ninguna otra
realidad para existir. Aplicando su método, Descartes distingue las tres sustancias que forman la
totalidad de lo real:
- Sustancia infinita (Dios o Res Divina). Es la que se ajusta plenamente a la definición. Es la
garantía de todo el sistema cartesiano.
- Sustancias finitas: yo pensante (res cogitans) y el mundo (res extensa). No necesitan de nada
más para existir, salvo de Dios.
Cada sustancia está caracterizada por una serie de propiedades o atributos. Estos pueden
manifestarse bajo la forma de diversas cualidades cambiantes o modos.
Res cogitans
La res cogitans es una sustancia finita, imperfecta y dotada de razón. Le corresponde el atributo del
pensamiento y el modo del entendimiento y de la voluntad.
La duda metódica y universal nos ha llevado a una verdad incuestionable: la existencia de un yo
pensante, de un conciencia, de una res cogitans, de un alma.
Descartes afirma que puedo dudar de la existencia de mi cuerpo y del mundo que me rodea,
porque tengo información de los sentidos y estos no son fiables, pero no puedo dudar de la
existencia de mis pensamientos, de mis ideas, de mi subjetividad. La subjetividad es el conjunto de
pensamientos, representaciones... que fluyen en mi yo.
El pensador afirma que no tenemos la seguridad de que estas representaciones subjetivas se
correspondan con hechos del exterior. El gran reto que debe superar es encontrar la manera de
conocer si las ideas sobre el mundo no son sueños ni ilusiones, es decir, conocer si hay cosas
objetivas y cómo son estas cosas.
El yo piensa diferentes ideas:
- Adventicias o adquiridas: provienen de fuera, de la experiencia sensible, de mi percepción
del mundo o de la enseñanza. Pueden resultar erróneas. Ejemplo el sol.
- Facticias o artificiales: inventamos nosotros mismos. Ejemplo un centauro
- Innatas o naturales: emergen de la facultad de pensar. Nuestra mente las capta y ha de
aceptarlas sin poder modificar nada (Dios, libertad...). Desde la idea de perfección
Descartes plantea la demostración de la existencia de Dios.
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Res Divina
Sustancia infinita, perfecta, con una razón perfecta. Le corresponde el atributo de la infinitud y no
tiene modo porque si no, no sería perfecta.
Descartes considera que el yo pensante no es perfecto y la misma duda metódica se ha establecido
para corregir sus errores; pero posee la idea de perfección. Si tenemos conciencia de nuestra
naturaleza imperfecta es porque sabemos en qué consiste una naturaleza perfecta y nos
comparamos con ella.
Esta idea de perfección innata en nosotros es la idea de un ser perfecto: es la idea de Dios. Esta
idea no puede provenir de nosotros, seres imperfectos; por lo tanto, tiene que haber sido una
realidad divina la que ha hecho surgir en nuestras mentes.
Del conjunto de ideas que posee el yo pensante sobresale la idea innata de Dios.
La demostración de la existencia de Dios es una pieza fundamental en la metafísica cartesiana. Ya sé
que fuera de mi yo hay otra realidad, la sustancia perfecta, un ser que no puede permitir que mis
ideas claras y distintas sean un engaño. Dios se convierte en garantía de conocimiento. En Dios
existen las grandes verdades eternamente establecidas por Él; todas las verdades matemáticas que
descubrimos están en Dios; las leyes de la naturaleza son decretadas por Dios de la misma manera
que un rey decretó leyes en sus reinos.
En sus argumentos a favor de la existencia de Dios, Descartes incorpora el argumento ontológico de
san Anselmo. Así como la idea de triángulo es inseparable de sus propiedades (la suma de sus
ángulos es igual a 180º), la esencia de Dios es inseparable de su gran propiedad, la existencia.
Res extensa
Materia (cuerpo extenso y mundo extenso). Sustancia finita, imperfecta con cualidades primarias y
secundarias. Le corresponde el atributo de la extensión y el modo del movimiento y la figura que
presentan los objetos del mundo material.
- Primarias : las que se pueden medir. Objetivas
- Secundarias: no se pueden medir. Subjetivas
La duda permite a Descartes afirmar la existencia de una primera sustancia, el yo pensante. A su
vez, el yo pensante descubre una segunda sustancia, Dios. Pero, ¿qué ocurre con el mundo
exterior y con mi propio cuerpo?
Pero si yo tengo una idea clara de mi cuerpo y existe un Dios perfecto y veraz, este Dios, que me
ha creado racional, no puede permitir que me engañe cuando hago uso de mi razón.
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La materia o res extensa constituye la tercera sustancia de la metafísica cartesiana. Cualquier vida, la
de mi propio cuerpo, la de los animales o la de las plantas, no es nada más que un mecanismo, un
conjunto de piezas articuladas y extensas que fabrican movimiento. El yo pensante y la materia
pertenecen a órdenes diferentes.
Si el yo pensante y la materia son dos sustancias independientes, ¿cómo se explica que mi yo
pensante decida ir a dar una vuelta y a continuación mi cuerpo ejecute la decisión? Descartes
resolvió estas cuestiones con la explicación siguiente: en medio de nuestro cerebro se encuentra
la glándula pineal, y en ella se alojaría el alma, que desde allí se conectaría con el cuerpo para
modificar los movimientos de este.
Esto es una aporía ya que como Descartes explica nada espiritual tiene extensión, y por lo tanto, el
alma no debería localizarse en ningún lugar
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DESCARTES: TEORÍA ANTROPOLÓGICA
Descartes tiene una concepción dualista del ser humano. Este es un compuesto de alma y de
cuerpo, de res cogitans y res extensa:
Res cogitans
La res cogitans es una sustancia finita, imperfecta y dotada de razón. Le corresponde el atributo del
pensamiento y el modo del entendimiento y de la voluntad.
La duda metódica y universal nos ha llevado a una verdad incuestionable: la existencia de un yo
pensante, de un conciencia, de una res cogitans, de un alma.
Descartes afirma que puedo dudar de la existencia de mi cuerpo y del mundo que me rodea,
porque tengo información de los sentidos y estos no son fiables, pero no puedo dudar de la
existencia de mis pensamientos, de mis ideas, de mi subjetividad. La subjetividad es el conjunto de
pensamientos, representaciones... que fluyen en mi yo.
El pensador afirma que no tenemos la seguridad de que estas representaciones subjetivas se
correspondan con hechos del exterior. El gran reto que debe superar es encontrar la manera de
conocer si las ideas sobre el mundo no son sueños ni ilusiones, es decir, conocer si hay cosas
objetivas y cómo son estas cosas.
El yo piensa diferentes ideas:
- Adventicias o adquiridas: provienen de fuera, de la experiencia sensible, de mi
percepción del mundo o de la enseñanza. Pueden resultar erróneas. “Ejemplo el sol”.
- Facticias o artificiales: inventamos nosotros mismos. “Ejemplo un centauro”
- Innatas o naturales: emergen de la facultad de pensar. Nuestra mente las capta y ha de
aceptarlas sin poder modificar nada (Dios, libertad...). Desde la idea de perfección
Descartes plantea la demostración de la existencia de Dios.
Res extensa
Materia (cuerpo extenso y mundo extenso). Sustancia finita, imperfecta con cualidades primarias y
secundarias. Le corresponde el atributo de la extensión y el modo del movimiento y la figura que
presentan los objetos del mundo material.
→Cualidades primarias: Cuantificables. Son objetivas
→Cualidades secundarias: No cuantificables. Son subjetivas
La duda permite a Descartes afirmar la existencia de una primera sustancia, el yo pensante. A su
vez, el yo pensante descubre una segunda sustancia, Dios. Pero, ¿qué ocurre con el mundo
exterior y con mi propio cuerpo?
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La materia o res extensa constituye la tercera sustancia de la metafísica cartesiana. Cualquier vida, la
de mi propio cuerpo, la de los animales o la de las plantas, no es nada más que un mecanismo, un
conjunto de piezas articuladas y extensas que fabrican movimiento. El yo pensante y la materia
pertenecen a órdenes diferentes.
Si el yo pensante y la materia son dos sustancias independientes, ¿cómo se explica que mi yo
pensante decida ir a dar una vuelta y a continuación mi cuerpo ejecute la
decisión? Descartes resolvió estas cuestiones con la explicación siguiente: en medio de nuestro
cerebro se encuentra la glándula pineal, y en ella se alojaría el alma, que desde allí se conectaría
con el cuerpo para modificar los movimientos de este.
Esto es una aporía ya que como Descartes explica nada espiritual tiene extensión, y por lo tanto, el
alma no debería localizarse en ningún lugar
Según Descartes el hombre es esencialmente su mente, su pensamiento; y el pensamiento es el
alma. Alma y cuerpo no se necesitan mutuamente para existir y su unión es accidental.
Para Descartes las pasiones juegan un papel importante en el hombre. Las define como "el reflejo
de los movimientos del cuerpo en el alma". Son pasiones el amor, el odio, la alegría, la tristeza... El
alma las debe dominar con la razón.
El cuerpo, como toda cosa extensa, como toda la materia, está gobernada por leyes mecánicas que
lo determinan, de la misma manera que está gobernada una máquina como un reloj. El
comportamiento de todos los cuerpos, de toda la naturaleza, es expresable mediante leyes
mecánicas y deterministas.
Si el yo pensante no fuera una sustancia completamente separada y desligada del cuerpo, no
habría lugar para la libertad. La libertad es un bien cuya existencia Descartes proclamó; solo
porque era libre podía dudar de todo. El alma es una sustancia que no se puede someter a las leyes
mecánicas y deterministas que rigen el cuerpo.
El mecanicismo que se desprende del dualismo antropológico (alma libre y cuerpo regido por las
leyes mecánicas) tuvo implicaciones positivas y negativas. Por un lado, estimuló la búsqueda
biológica y médica. Las máquinas se pueden desmontar, y si el cuerpo es una máquina, es posible
llevar a cabo todo tipo de disecciones en cuerpos humanos; esta idea favoreció el avance de la
medicina. Por otro lado, si toda la materia y toda la naturaleza son consideradas como una máquina,
la naturaleza queda al servicio del hombre. Este puede hacer cuanto quiera con la materia y con los
animales, pues es su amo y señor; una postura alejada del ecologismo de nuestros días.
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DESCARTES: TEORÍA ÉTICA
Descartes no tuvo un interés teórico por la moral, sino práctico. No elaboró una teoría moral, sino
que enumeró unas reglas que le permitieran actuar en la vida.
El pensador era consciente de que para relacionarnos con los demás necesitamos algún tipo de
guía que oriente nuestro comportamiento.
Por eso propuso seguir unas normas básicas que sirvieran como una “moral provisional” que
pudiera ayudar hasta que hubiera una teoría ética completa y adecuadamente elaborada.
Descartes afirma que el fin del hombre es la consecución de la felicidad.Y propone una serie de
reglas o máximas para conseguirlas.
En la tercera parte del Discurso del método se encuentra su exposición fundamental sobre moral,
que puede complementarse con algunas precisiones de Las pasiones del alma y de alguna de sus
cartas, principalmente a la princesa Isabel.
Las reglas morales se derivan del método. Descartes enumera cuatro:
- Primera Regla. Hay que someterse a las costumbres y normas del país, conservar la
religión vigente y seguir las opiniones más moderadas. Descartes es prudente busca lograr
la felicidad individual, siendo libre y viviendo tranquilo, para lo cual era necesario
acomodarse a la sociedad en que se encontraba. Esto le proporcionaba seguridad al
respetar y no criticar la policía, ni la religión, ni la moral establecida.
- Segunda Regla. Ser firme y resuelto en las acciones, siguiendo incluso las opiniones
dudosas, una vez aceptadas. A veces hay que actuar sin estar absolutamente seguros,
porque no todo está en nuestro poder, salvo los pensamientos. La virtud de esta regla es
liberarse de arrepentimientos y remordimientos, propios de espíritus libres y vacilantes,
porque es la razón la que debe obligar a la voluntad a tomar decisiones.
- Tercera Regla. En lugar de intentar cambiar el orden del mundo y del destino, debo
adaptarme a ellos y vencer las pasiones, y vivir en la creencia de que lo único que podemos
alcanzar a tener bajo control son nuestros pensamientos. Hay que desear lo que se puede
alcanzar y olvidarse de lo que sea imposible. De este modo, podremos mantenernos
contentos y felices.
- Cuarta Regla. Elegir la mejor ocupación posible, que consiste en “dedicar mi vida entera a
cultivar mi razón y a progresar en el conocimiento de la verdad”.
El cumplimiento de estas reglas morales contribuye a que se pueda alcanzar la felicidad”.