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Dirección
Carlos Sanz Mínguez, Universidad de Valladolid
Secretaría
Roberto Matesanz Gascón, Universidad de Valladolid
Consejo de Redacción
Juan Francisco Blanco García, Universidad Autónoma de Madrid
Joaquín Barrio Martín, Universidad Autónoma de Madrid
José Carlos Coria Noguera, Universidad de Granada
Javier Pinto Sanz, Universidad de Valladolid
Elvira Rodríguez Gutiérrez, Universidad de Valladolid
Roberto Sendino Gallego, Universidad de Valladolid
Pablo de Castro Martín, Universidad de Valladolid
Rafael Vega José
Consejo Asesor
Andrés María Adroher Auroux, Universidad de Granada
Silvia Alfayé Villa, Universidad de Zaragoza
Martín Almagro Gorbea, Real Academia de la Historia, Madrid
Jesús R. Álvarez Sanchís, Universidad Complutense de Madrid
Luis Berrocal Rangel, Universidad Autónoma de Madrid
Sebastián Celestino Pérez, Instituto de Arqueología – Mérida (CSIC)
María Rosario García Huerta, Universidad de Castilla – La Mancha
Raimon Graells i Fabregat, Universidad de Alicante
Alberto J. Lorrio Alvarado, Universidad de Alicante
Luis Luis, Fundación Côa Parque, Portugal
Ana María Niveau de Villedary y Mariñas, Universidad de Cádiz
Juan Pereira Sieso, Universidad de Castilla – La Mancha
Fernando Quesada Sanz, Universidad Autónoma de Madrid
Alonso Rodríguez Díaz, Universidad de Extremadura
Gonzalo Ruiz Zapatero, Universidad Complutense de Madrid
Margarita Sánchez Romero, Universidad de Granada
Elisa Rosa B. de Sousa, Universidad de Lisboa, Portugal
Luis Valdés García, Real Academia de la Historia, Vizcaya Proyecto Pintia
Equipo de investigación 2021
Periodicidad
Anual
Instrucciones de publicación Director
[Link] Carlos Sanz Mínguez
Universidad de Valladolid
Edición
Centro de Estudios Vacceos Federico Wattenberg Codirectora de la excavación arqueológica
Universidad de Valladolid Elvira Rodríguez Gutiérrez
3 EDITORIAL
ARTÍCULOS
5 El alfar vacceo de Tordehumos (Valladolid). Primeros resultados de las
prospecciones y excavaciones arqueológicas desarrolladas
Rubén Justo Álvarez, Alfonso Muñoz Martín, Carlos Sanz Mínguez, José Carlos
Coria Noguera, Inés de la Peña Fernández-Cañadas y Elvira Rodríguez Gutiérrez
23 Pessoi y otras formas de reutilizar las cerámicas. Aproximación a las piezas
recortadas de Pintia (Padilla/Pesquera de Duero, Valladolid)
José Carlos Coria Noguera y Carlos Sanz Mínguez
43 Fíbulas anulares hispánicas vacceas a través del registro de Pintia:
la tecnología de cabecera remachada y su pervivencia
Elvira Rodríguez Gutiérrez y Carlos Sanz Mínguez
71 Simbolismo calendárico en la iconografía del equipo metálico de tipo Monte
Bernorio de la tumba 32 de la necrópolis de Las Ruedas (Padilla de Duero,
Peñafiel, Valladolid)
Roberto Matesanz Gascón
85 Ciudades en el entorno del territorio vacceo
Juan Francisco Blanco García
99 Objetos singulares de la Hispania céltica, de su realidad material al
contenido inmaterial
Luis Valdés e Isabel Arenal
VARIA
119 El puente antiguo de Peñafiel sobre el río Duero
Estudio histórico y arquitectónico
Salvador Repiso Cobo
Resumen
El conjunto de fíbulas recuperado en la Zona Arqueológica Pintia, situada entre los términos municipales de
Padilla y Pesquera de Duero (Valladolid), supera los tres centenares y medio de ejemplares. De esta abultada
colección, cincuenta y ocho piezas se pueden adscribir al modelo que E. Cuadrado denominó anular hispánica. El
estudio del conjunto de anulares a través de una nueva propuesta tipológica, adaptada a este registro, nos pue-
de servir de muestra extrapolable al mundo vacceo. Veremos, además, con mayor detenimiento, una particular
variante, identificada por uno de nosotros como tipo 19 o de cabecera remachada, muy relacionada con piezas
de orfebrería vaccea.
La cifra de ejemplares del tipo 19 documentados en Pintia se ha visto duplicada en los últimos años, alcan-
zándose un total de nueve piezas, una de las cuales proporciona contexto preciso al haber sido recuperada en
una tumba bien conservada; las posibles derivaciones que pudo tomar, basándonos en su peculiar sistema de
montaje, puede situarla como el prototipo de otro modelo muy habitual en la meseta Norte: el 4g o de anillo
grueso con cartela.
Para realizar este trabajo sobre las fíbulas anulares siderado la prolongación del eje en torno al cual
hispánicas (FAH en adelante) del ámbito vacceo, he- se articula el resorte que en el ámbito meseteño
mos tomado como muestra la colección recuperada generalmente es de muelle. La presencia del aro no
en la Zona Arqueológica Pintia, por ser el yacimiento solo facilita la sustentación del puente por ambos
más y mejor estudiado de esta etnia prerromana. extremos ―cabeza y pie―, sino que además otorga
Localizada entre los términos municipales de Padilla estabilidad a la fíbula cuando está prendida. Este
y Pesquera de Duero, en el extremo oriental de la rasgo resultó crucial en el éxito de este modelo y
provincia de Valladolid y del territorio vacceo (fig. desde sus orígenes (siglo VI a. C.) surgirán un gran
1), Pintia cuenta con una abultada colección de im- número de subtipos y diversas variantes en talle-
perdibles que alcanza los trescientos setenta ejem- res de gran parte del solar peninsular, lo que pro-
plares, cifra poco habitual para un solo yacimiento. piciará que su producción alcance los momentos
Pese a que un importante porcentaje se halla en es- finales del Hierro II. En virtud del aro aparece la
tado fragmentario, hemos podido identificar tipoló- sujeción caudal, otro de los elementos exclusivos
gicamente 239 ejemplares, de los cuales al menos de la anular hispánica, si bien no todos los subtipos
58 se corresponden con este modelo, constituyen- la incluyen. Surge cuando el pie, una vez superada
do el 24 % de la muestra. Mientras otros tipos de la mortaja, remata en una lámina o lengüeta que
fíbulas encuentran representación en las diversas se abraza al anillo para fijarse a él y evitar, en los
áreas funcionales del yacimiento, la totalidad de las modelos forjados, que este se abra. Para reforzar
anulares pintianas proceden de su necrópolis de Las la abrazadera y mantenerla en su sitio se añade un
Ruedas. fino alambre, a ambos lados de esta, que arrolla
Antes de entrar en materia, conviene recordar un número variable de espiras. En ocasiones, esta
brevemente cómo se estructura este imperdible: sujeción caudal se prolonga por todo el anillo con
el componente que lo singulariza es el anillo, con- carácter meramente ornamental.
En la colección pintiana contamos con 17 anula- esta se incorpore como elemento decorativo (Sanz,
res en estado óptimo y el resto (41 piezas), pese a su 1997: 360), y Ch= resorte de tipo charnela (bien sea
conservación fragmentaria, son o contienen elemen- de bisagra o de tope osculador) (Cuadrado, 1957: 12).
tos inequívocos de este modelo. Con todo, y aunque La unión de piezas se expresa con un guion (-) y la
gran parte de este conjunto se puede identificar con independencia con una barra (/).
alguna de las tipologías establecidas, conviene tener
presente que toda clasificación no deja de ser un 1.1. Tipología
constructo contemporáneo artificial que trata de dis- De nuestro conjunto, formado por 58 ejemplares
criminar lo principal de lo accesorio. Así sucede con (figs. 2, 3 a 5 y 7), hemos conseguido ordenar 53 de
la pionera de E. Cuadrado (1957), un amplio trabajo ellos, teniendo en cuenta que 4 fragmentos de anillo
basado en criterios morfológicos y funcionales que no se han podido encajar en ninguna categoría (780,
ha servido de referente en posteriores estudios (Na- 788, 792 y 5554)2 y que la fíbula 3665 (fig. 12: 2)es de
varro, 1970; Iniesta, 1983; Martín Montes, 1984a y cerámica por lo que no se rige por los mismos pará-
1984b; Ruiz, 1989; Argente, 1994; etc.). metros mecánicos que el resto.
Para agrupar las anulares de la colección pintiana
nosotros aplicaremos una clasificación elaborada ad Tipo 1. Fíbulas hechas a mano o forjadas. Contamos
hoc, basada fundamentalmente en dos criterios: el con 22 ejemplares asimilables a este grupo, aunque
modo de fabricación y la estructura. Aunque todos los 3 de ellos (4157, 4121 y 4123) están incompletos por
autores mencionados tienen en cuenta, entre otros, lo que desconocemos cuántos elementos los compo-
tales razonamientos, en un principio pretendíamos nían. En cuanto al resto, hemos tratado de situarlos
seguir la de Argente (1994: 66-68), pues su campo de en uno u otro apartado, en función del número de
estudio presenta paralelismos étnicos-culturales con piezas de su estructura, estableciendo primero las
el nuestro, propios del ámbito meseteño. Sin embar- distintas posibilidades:
go, la clasificación planteada por este autor no resuel- 1.1. Configuradas por dos piezas: el puente gene-
ve determinados problemas, ni la propia terminología ra el resorte de muelle y el anillo es independiente
empleada nos parece la más adecuada al denominar (P-R-Ag/An): 0 ejemplares.
a sus tipos 6C y 6D, como fíbulas semifundidas y 1.2. Configuradas por tres piezas: dos variantes.
fundidas. Aun admitiendo que tales vocablos están 1.2a. Puente, anillo y resorte de muelle son in-
muy extendidos en la bibliografía especializada (Ruiz, dependientes (P/An/R-Ag): 0 ejemplares.
1989; Sanz, 1997; González, 1999; etc.), no somos 1.2b. El puente genera el resorte de muelle,
partidarios de utilizar esta clasificación ahora pues el anillo es independiente y presenta suje-
entendemos que sensu stricto todas ellas son piezas ción caudal (P-R-Ag/An/S): 13 ejemplares, 9
fundidas al ser productos broncíneos. Por ello prefe- seguros (4139, 4141, 4142, 4144, 4146, 4167,
rimos hablar de tres tipos de fíbulas: forjadas, mixtas 4150, 4161 y 719) y 4 probables (4152, 4156,
y fabricadas a molde1. En el primer grupo entrarían 745 y 746).
aquellos imperdibles en los que aun contando con 1.3. Configuradas por cuatro piezas: puente, ani-
partes que pudieron ser elaboradas a molde, para su llo, resorte de muelle y sujeción caudal (P/An/R-
montaje hubieron de ser forjadas, esto es, trabajadas Ag/S): 6 ejemplares (4158, 718, 790, 778 y 3552) y
mediante martilleado hasta alcanzar la forma desea- probablemente 4163.
da pudiendo afectar tanto al puente y a sus distintas
partes (mortaja, pie, resorte) como al anillo. Conside- Tipo 2. Fíbulas mixtas. Contamos con 17 ejemplares
ramos mixtas a las que cuentan con un puente he- identificables con esta categoría establecida en fun-
cho a molde, cuyo ensamblaje no requiere de forja ción del tipo de puente moldeado y del sistema de
para su montaje debido a la propia mecánica de estas montaje. En relación con el primero planteamos dos
piezas. Finalmente, el tercer grupo alude a aquellos grupos:
ejemplares en los que el grueso de la pieza es un solo 2.1. Puente con cabeza perforada para el paso
elemento pues puente y anillo son solidarios al haber del anillo. De los 8 ejemplares contabilizados, 4
compartido el mismo molde. de ellos (2984, 2919, 4149 y 4164) carecen de re-
sorte. A partir de las diferencias en el sistema de
cierre establecemos dos variantes, ambas se con-
1. Propuesta tipo-cronológica para las figuran con tres elementos.
FAH pintianas 2.1a. Resorte de muelle (P/An/R-Ag): 2 ejem-
plares (4145 y 753).
Tras lo dicho veamos qué estructuras y formas de ela- 2.1b. Resorte de charnela, de bisagra o tope
boración tienen las anulares pintianas. Seguiremos de gancho (P/An/Ch): 2 ejemplares (4143 y
algunas de las abreviaturas ya empleadas por uno de 4148).
nosotros, por las que P= puente; An= anillo; R= resor- 2.2. Puente con cabeza rematada en un eje para
te (muelle); Ag= aguja y S= sujeción caudal, aunque su remachado en el anillo perforado. Frecuente-
46 Elvira Rodríguez Gutiérrez y Carlos Sanz Mínguez
mente lleva sujeción caudal, en buena parte de las plares cuyo resorte se genera a partir de la aguja, con
ocasiones ocupando prácticamente todo el anillo. puente independiente al muelle el cual se sujeta al aro
Lo identificamos con el tipo 19 de Sanz (1992). Sin mediante una o varias espiras, también llevan sujeción
embargo, dado que el sistema de cierre puede va- caudal por lo que se componen de cuatro piezas (P/
riar, así como el número de elementos que confor- An/R-Ag/S). En este caso, basándonos en las fíbulas
man cada ejemplar, distinguiremos tres variantes. que han perdido la abrazadera o aparece desplazada
Con todo, de los 9 ejemplares pintianos, 5 de ellos (4158, 790, 3552), sabemos que los anillos tampoco
no pueden adscribirse a ninguna de ellas por estar están cerrados. Por otro lado, no contamos con fíbulas
incompletos (3683, 4159, 789, 721 y 4155). de dos únicas piezas, montadas bajo el esquema P-R-
2.2a. El resorte de muelle se genera a partir Ag/An, pues ello requeriría de un anillo cerrado que
de la aguja y el anillo presenta sujeción caudal. no necesitara el refuerzo de la sujeción. Finalmente,
Es el esquema clásico y se compone de cuatro tampoco disponemos de fíbulas cuyo resorte se con-
piezas: P/An/R-Ag/S. Se observa de forma se- forme exclusivamente con la aguja, en las que el puen-
gura en 4 ejemplares: 739, 4246, 4154 y 4153. te y el anillo sean independientes, y que carezcan de
2.2b. La aguja está suelta, sin muelle. Obser- sujeción (P/An/R-Ag).
vable en piezas recargadas de orfebrería que Todo lo dicho indica que, en este sistema de mon-
también se componen de cuatro piezas: P/An/ taje, en el que cada elemento se incorpora individual-
Ag/S: 0 ejemplares. mente mediante forjado, la sujeción caudal es un
2.2c. La aguja suelta, sin muelle, y además ca- elemento estructural necesario y no un mero objeto
rece de sujeción caudal, por lo que cuenta con ornamental.
3 elementos: P/An/Ag: 0 ejemplares. En el tipo 2 hemos englobado las piezas que con-
sideramos mixtas porque portan un puente hecho a
Tipo 3. Fíbulas a molde. Son 14 ejemplares en los que molde, a lo que se suma otra condición y es que en su
puente y anillo son una unidad moldeada, aunque en montaje apenas requiere de forja. La primera varian-
6 de ellos desconocemos con exactitud si están con- te (2.1) acoge a las fíbulas cuyo arco presenta cabeza
figurados por dos o tres piezas (779, 795, 4162, 747, y a veces pie perforados para dar paso al anillo. Este
4160 y 4151). El resto lo situamos en una de las dos sistema está relacionado tradicionalmente con la apli-
variantes propuestas a partir del número de piezas cación de resortes de tipo charnela, muy habituales
que lo componen: en el Levante peninsular y otros territorios iberos del
3.1. Conformadas por dos piezas (P-An/R-Ag): interior, así como en la Celtiberia, aunque en este ám-
Puente y anillo conforman una unidad, y el resorte bito con menor profusión. Al margen de los 4 puentes
de muelle otra; es una composición que cumplen perforados que no han conservado el resorte, conta-
4 ejemplares (4140, 4147, 4165, y 821). mos con dos piezas que incluyen el muelle (4145 y
3.2. Conformadas por tres piezas (P-An/R-Ag/S): 753); estas, se podrían asimilar a los tipos de Cuadra-
Igual que la anterior, pero incluye a mayores la do 4j o navecilla con chaflanes laterales (4145) y al
sujeción caudal ya decorativa; lo percibimos en 4 tipo 2a de timbal hemisférico (753), por lo que puede
ejemplares (4138, 756 y 696) y probablemente en tratarse de reparaciones locales en piezas importadas
la pieza 4166. (Iniesta, 1983: 113; González, 1999: 94), aunque no
necesariamente. Respecto a las dos fíbulas que sí que
De todo ello observamos, grosso modo, que 22 han conservado la charnela, cabe mencionar que una
fíbulas se pueden adscribir a nuestro tipo 1, lo que es de tipo bisagra (4143) y la otra de tope de gancho
representa un 41,5 %, 17 al tipo 2 (32,1 %) y 14 al tipo (4148). La tecnología empleada en este sistema de
3 (26,4 %). cierre (agujas configuradas con plaquitas perforadas
Si entramos en un análisis pormenorizado, respec- para la inserción del anillo u otras con topes o pesta-
to al primero de los tipos, que recordemos englobaría ñas concebidas para mantener la tensión del cierre)
a aquellos ejemplares cuyo montaje requiere del for- parecen proceder de talleres especializados por la
jado de todos sus elementos, percibimos que la tota- delicadeza que conlleva la elaboración de este tipo de
lidad de las fíbulas en las que el puente se proyecta elementos.
para generar el muelle del resorte también cuenta con La presencia de estos puentes perforados en un
sujeción caudal, por lo tanto, se compone de tres pie- oppidum vacceo en un elevado porcentaje (15,1 %)
zas (P-R-Ag/An/S). Algo natural si se tiene en cuenta llama nuestra atención, si bien no todas tienen por
que los anillos en los que se puede visualizar la zona qué ser elementos importados. Sabemos que, el po-
caudal, al no estar cubierta por la abrazadera, no están tente mundo vetón, a priori mejor situado para la re-
cerrados (745 y 746). Otros anillos sí que lo están, al- cepción de objetos meridionales a través del corredor
guno de ellos, como el 4150, empleando un interesan- extremeño, cuenta con 220 FAH de las cuales 22 po-
te sistema de enchufado o embutido de un extremo seen resorte de charnela, es decir, un 10 % (Camacho,
en el otro, sin que ello signifique que pueda prescindir 2020: 34). Sobre ello podemos extraer varias conclu-
de la abrazadera ni de la sujeción. Asimismo, los ejem- siones: la primera es que los puentes perforados no
Fíbulas anuales hispánicas vacceas a través del registro de Pintia 47
fueron concebidos exclusivamente, al menos en el lar porcentaje de piezas: del subtipo 2.1, de puente
ámbito meseteño, para alojar resortes de charnela; perforado, contamos con ejemplares foráneos proce-
otra posibilidad es que algunos de estos puentes se dentes de distintos ámbitos (meridional y meseteño
produjeron localmente imitando ejemplares clara- oriental) y respecto al subtipo 2.2, puente con eje
mente foráneos (4143 y 4148), y de ahí que sus re- para el remachado, lo consideramos de creación local
sortes sean de muelle; y una tercera opción es que (16,9 %). Finalmente, sobre el 26 % de las fíbulas a
este tipo de piezas llegaran desde estaciones celtibé- molde, tipo 3, si bien algunas de ellas no cuentan con
ricas, de mayor contacto con el mundo ibérico, como sujeción caudal (pues como hemos comentado ya no
ocurrirá con las readaptaciones laténicas de cabecera la necesitan), sí que hay ejemplares que la conservan,
perforada. siguiendo quizá la tradición de las montadas a mano
Además, en este tipo 2 hemos incluido una subes- y de las de tipo 2.2 o cabecera remachada, las cuales
pecie exclusivamente vaccea/meseteña (tipo 2.2). incorporan el uso de este alambre con fines ornamen-
Contiene un puente macizo, de mayor o menor gro- tales como veremos.
sor, que hubo de elaborarse a molde y su montaje
conlleva el remachado de la cabecera con el anillo, 1.2. Aspectos cronológicos
por lo que ambas piezas se han configurado para ser Pero, ¿cuándo se elaboraron tales producciones
ensambladas bajo esta mecánica. Sobre este tipo de o en qué momentos llegaron esos elementos de im-
fíbulas trataremos más adelante; ahora únicamente portación al territorio vacceo? La secuencia evolutiva
comentaremos que en el conjunto pintiano hay 9 lineal, generalmente aceptada en el estudio de las
ejemplares que representan el 16,9 % de la muestra. fíbulas, está basada en los modos de fabricación e
Por otro lado, cabe mencionar que, aunque general- implica que las piezas forjadas son más antiguas que
mente este tipo de fíbulas parecen presentar resortes las mixtas y que las elaboradas a molde. Sin embargo,
de muelle (subtipo 2.2a) se ha observado, en ejem- esta sucesión no siempre resulta tan nítida; además
plares de orfebrería (fig. 8) y en un ejemplar broncí- la fabricación a molde de piezas cuya estructura es
neo de Paredes de Nava (fig. 7: 13), otro sistema de relativamente sencilla no parece que supusiera un
cierre en el que la aguja carece de resorte (subtipo obstáculo para los broncistas meseteños desde los
2.2b), pues su extremo proximal está aplanado y per- inicios de su producción (ss. V-IV a. C.). En estos pri-
forado para el paso del anillo, por lo que esta queda meros compases en Pintia ya se documentan tipos de
suelta. Además, el ejemplar palentino mencionado imperdibles de grandes puentes cruciformes elabora-
tiene otra peculiaridad y es que carece de sujeción no dos a molde y después rematados a forja, amén de
por pérdida sino porque nunca la tuvo (subtipo 2.2c). otras manufacturas siderúrgicas tecnológicamente de
Finalmente, del tipo 3, caracterizado porque mayor complejidad, como los puñales de tipo Monte
puente y anillo se configuran en un único molde, he- Bernorio (Sanz, 1990, 1997, 2002, 2010 y 2016). Se-
mos documentado 14 ejemplares, de los cuales 6 es- gún C. González (1999: 98), los puentes forjados tan
tán incompletos por lo que no se puede concretar el habituales en los yacimientos de la submeseta Nor-
número de piezas que los conformaban. En función te, «en una zona arévaca-vaccea», fueron producidos
de esto, hemos distinguido dos variantes: en la 3.1, en talleres locales desde mediados del s. V a. C. Para
los imperdibles están estructurados en dos elemen- Cabré y Morán (1977: 136-137) las piezas de nuestro
tos (P-An/R-Ag) y son 4 ejemplares; tampoco faltan tipo 3, con puente y anillo solidarios, se localizan en
fíbulas de la variante 3.2, compuestas por tres ele- estaciones pre-celtibéricas (Valdenovillos, Hijes y Ca-
mentos (P-An/R-Ag/S), a mayores incluyen la sujeción rabias), desde principios del s. IV a. C., si bien pudie-
caudal exclusivamente para su engalanado, dado que ran situarse en un periodo anterior pues no aparecen
por el modo de fabricación este alambre ya no resulta asociadas a cerámica torneada (Cabré y Morán, 1977:
utilitario. Las fíbulas del tipo 3 representan en el con- 143). De hecho, los últimos estudios apuntan a que
junto pintiano el 26,4 %. este fósil-guía está plenamente establecido en ám-
De modo que, recapitulando, observamos varias bito celtibérico desde el s. V a. C. (Sánchez Climent,
formas de fabricación de fíbulas anulares hispánicas 2015: 521).
en Pintia. El tipo 1 es el más habitual representado Veamos qué información cronológica nos puede
en un 41,5 %; de ellas buena parte repite el mismo aportar el análisis de este conjunto en su propio con-
esquema de montaje manual en el que el puente ge- texto (fig. 6). Tal y como ya advirtió uno de nosotros,
nera al resorte de muelle (P-R-Ag/An/S) (tipo 1.2b), a partir del conjunto de piezas disponibles en aquel
un 24,5 % del total. Si bien tampoco falta el otro sis- momento (30 FAH, si bien 21 de ellas fueron recogi-
tema en el que el resorte-aguja es independiente del das en superficie por un particular), la cronología es-
puente (tipo 1.3), aunque es menos frecuente (11,3 timada para las anulares, con base en la estratigrafía
%). Ambos comparten el empleo de la sujeción cau- horizontal establecida en la necrópolis de Las Ruedas
dal como elemento estructural, probablemente por- (Sanz, 1990; 1997: 467-476; Sanz y Pedro, 2015: 8;
que los anillos no están cerrados. Las fíbulas mixtas, Sanz y Rodríguez, 2019, 2020, 2021a y 2021b), es de
tipo 2, presentan dos variantes que cuentan con simi- entre los ss. V y III a. C. (Sanz, 1997: 359-390). La cues-
52 Elvira Rodríguez Gutiérrez y Carlos Sanz Mínguez
tión ahora es si podemos afinar algo más con la in- ya, con carácter general, no se producían anulares
formación disponible actualmente, aunque seguimos hispánicas.
manejando fechas flotantes. Finalmente, la fíbula 756, ya de nuestro tipo 3, se
Si observamos la distribución de las anulares ha localizado en un área considerada del II a. C. e in-
hispánicas en dicha planimetría general (los recu- cluso del I a. C., concretamente en el sector G2h2, si
perados en tumbas, los de posición secundaria con bien en posición secundaria.
probable desplazamiento por diversos agentes no- Las que sí que parecen mantener la concordancia
civos o los documentados en hoyos de furtivos) nos entre su datación y la zona de localización en Las Rue-
siguen proporcionado las mismas cronologías (ss. das son las de nuestro subtipo 2.2 (tipo 19, de cabe-
V-III a.C.), que hemos comparado con las fechas que cera remachada), que situamos entre los ss. V-IV a.
proponen otros autores para tratar de acercarnos a C. Además, uno de estos ejemplares (3683) formaba
los momentos en que fueron fabricadas y/o emplea- parte de la tumba 247a (Sanz, 2012: 8), localizada en
das en el registro funerario, al menos en algunas de buen estado de conservación por lo que proporciona
ellas. Antes de comenzar, hemos de advertir que las un contexto preciso de estos momentos iniciales.
21 FAH de la colección T. Madrazo, fueron recogidas Por otro lado, la pieza de nuestro tipo 3, 696
en superficie, tras la acción nociva del arado, en la presenta una posición en Las Ruedas, sector VI-AE,
zona meridional del cementerio, considerada la de correspondiente al s. III a. C., seguramente de me-
mayor antigüedad (ss. V-IV a. C.), por lo que no han diados, lo que resultaría concordante con su posible
sido incluidas en nuestro mapa. momento de fabricación, teniendo en cuenta la evo-
De manera que el grueso del conjunto parece lo- lución que propondremos para el modelo 19 de ca-
calizarse en la franja cronológica mencionada, aun- becera remachada hasta dar lugar a la estructura de
que hay algunas excepciones e importantes matices cartela fundida (4g, de Cuadrado).
que trataremos de explicar y que atañen a los ejem- Similares cronologías ofrecen los ejemplares recu-
plares 756, 778, 4167 y 3552. perados con metodología arqueológica en el área sur
Si comenzamos por las de nuestro tipo 1 o forja- de Las Ruedas, de nuestro subtipo 2.1 (de cabeza per-
das, consideradas por la tradición como más antiguas forada), (4164, 2919, 2984, 753), lo que encaja con las
por su forma de montaje, vemos que contamos con dataciones propuestas por otros autores (Cuadrado,
5 ejemplares completos recuperados con metodolo- 1957: 61; Argente, 1994: 71; González, 1999, etc.).
gía arqueológica —3 (719, 778 y 4167) pertenecen al Otra pieza sobre la que cabe llamar la atención es
subtipo 1.2, compuestos por tres elementos, y los 2 la 4166, una peculiar fíbula con un puente de timbal
restantes (718 y 3552) al subtipo 1.3, formados por ―a medio camino entre las variantes 2e con montan-
cuatro piezas—; todos ellos asimilables al tipo 4a de tes y 2g de cúpula (Cuadrado, 1957 y 1960)―, elabo-
Cuadrado, quien situaba estas producciones desde el rada a molde con el anillo, nuestro tipo 3. El resorte
s. V a. C., y de forma similar Argente (ss. V-III a. C.). (perdido) probablemente era de muelle a juzgar por
Sin embargo, surge cierta discordancia respecto a las el importante número de arrollamientos que recu-
piezas pintianas 778 y 3552: el ejemplar 778, ha sido bren la mayor parte del aro, tomado quizá de la tra-
localizado en el sector G1c9, con fechas que lo sitúan dición local de cabecera remachada o de las forjadas.
entre los ss. II al I a. C. Con todo, posee característi- Se recuperó en el sector II-AH cuya cronología estima-
cas que a priori denotan arcaísmo como la sujeción da es de finales del III a. C. Podría estar bien situada
caudal compuesta por un excesivo número de espiras cronológicamente pues las propuestas de otros au-
para engalanar la pieza (Martín Montes, 1984a: 38). tores las colocan entre el s. IV-III (tipo 2e) (González,
La otra fíbula, 3552, pertenecía a la tumba infantil 1999: 81-82) y s. II a. C. (tipo 2g) (Cuadrado, 1960: 93)
(127b), bien conservada y fechada entre los ss. II y I y Argente para sus tipos 6D o fundidos, entre el III y el
a. C.; pese a su cronología fue depositada en la zona I a. C. (1994: 77).
meridional o “vieja” del cementerio. El desajuste que De todo ello se puede extraer que las distintas
supone la presencia de una sepultura tardía en un formas de fabricación de anulares hispánicas se reali-
área antigua podría responder a un ordenamiento del zaron en talleres pintianos probablemente desde sus
espacio cementerial de carácter familiar y/o clientelar primeros compases (ss. V-IV a. C.), de forma práctica-
(Sanz y Rodríguez, 2019: 12). El hecho de que una pie- mente sincrónica, llegándose a gestar en ese proceso
za arcaica, como la 3552, se haya recuperado en un de elaboración algún subtipo nuevo, como el de cabe-
conjunto como el 127b (fig. 11), de cronología moder- cera remachada (subtipo 2.2 o tipo 19). Por otro lado,
na, indujo a considerarla una reliquia heredada por la y aun siendo conscientes de que en términos gene-
joven protagonista de esta sepultura (Sanz y Romero, rales las fíbulas anulares extendieron su producción
2008: 9; Romero y Sanz, 2009: 79 y 96; 2010: 458). durante toda la segunda Edad del Hierro, alcanzando
En cuanto al ejemplar 4167 se trata de una mi- en algunos enclaves el cambio de era, la fabricación
niatura tipo 4b de Cuadrado que se recuperó en po- del modelo anular en Pintia no debió de superar el
sición secundaria (sector II-AY), una zona moderna s. III a.C. Si bien contamos con escasas piezas que no
de la necrópolis, de plena romanización, cuando siguen este planteamiento como la 778 que se loca-
Fíbulas anuales hispánicas vacceas a través del registro de Pintia 53
Fig. 6. Distribución de las fíbulas anulares hispánicas en la estratigrafía horizontal de la necrópolis de Las Ruedas de Pintia.
54 Elvira Rodríguez Gutiérrez y Carlos Sanz Mínguez
lizó en una zona del cementerio que se corresponde Necrópolis de Las Ruedas de Pintia (Padilla de Duero,
con los siglos II-I a. C.; o la 4167, en un contexto ce- Valladolid): 9 fíbulas fragmentarias, 4 de ellas ya pu-
menterial del siglo I d. C. Sobre estas pensamos que blicadas (4153, 4154, 4155 y 4159) (Sanz, 1992 y 1997)
deben ser pervivencias, trasmitidas de generación en y otras 5 aún inéditas, de las cuales 4 se hallaron en
generación, como la reliquia 3552 de la tumba 127b, posición secundaria (4246, 739, 789 y 721) y la quin-
quizá con un valor añadido relacionado con el tránsi- ta (3683) en contexto preciso dentro de la tumba 247
to favorable al más allá, como veremos en el análisis (fig. 10) (Sanz, 2012: 8). Ninguna se encuentra com-
contextual. pleta, 6 corresponden a anillos (4153-4155, 739, 721
No debemos olvidar que al tiempo que se fabrica- y 4246) y 3 a puentes (4159, 789 y 3683) (fig. 7: 1 a 9).
ban las distintas anulares descritas en Pintia también
se producían otros modelos de fíbulas, como el de Necrópolis de Miraveche (Burgos): 1 ejemplar com-
doble resorte de puente en cruz o el de pie alzado. pleto, a excepción de la aguja, procedente de la tum-
Asimismo, la incorporación de nuevos tipos llegados ba 31 (Schüle, 1969: taf. 139: 21; Sanz, 1992: fig. 1:
tempranamente del mundo centroeuropeo dará lu- 1). Sin duda es la pieza mejor conservada de todo el
gar a readaptaciones locales laténicas, muchas de conjunto y la que muestra detalles desconocidos en
ellas en hierro. otros ejemplares como los taladros en disposición
El hecho de que las anulares hispánicas de Pintia diametralmente opuesta al eje de la pieza, para an-
restrinjan su producción a los siglos V-III a. C., al tiem- clar el extremo de las sujeciones (fig. 7: 10).
po que se alterna la fabricación de otros modelos,
podría deberse al peso de las modas imperantes que Necrópolis de Villamorón (Burgos): 2 hallazgos in-
comparecen al calor de un dinámico comercio a me- completos y descontextualizados, correspondientes a
dia y a larga distancia, lo cual ha quedado patente en un puente y a un anillo (Martínez Burgos, 1924: 223,
diversos objetos de cultura material recuperados en citado en: Sanz, 1992: fig. 1: 2 y 3; Sanz y Carrascal,
este yacimiento, originarios de otros territorios, así 2016: 34) (fig. 7: 11 y 12).
como en otras producciones de inspiración foránea,
pero de sabor vacceo. Yacimiento de La Ciudad (Paredes de Nava, Palen-
cia)3: 1 pieza miniatura de bronce, en perfecto estado
de conservación (Cuadrado, 1960: fig. 7: 8), de anillo
2. FAH de tipo 19 (subtipo 2.2 en este perforado en la cabecera, en cuyo orificio queda an-
trabajo) o cabecera remachada clado y remachado el puente. Carece de sujeción cau-
dal y muestra una llamativa aguja libre, sin muelle,
Ya hemos dicho que este subtipo se caracteriza por- como en los ejemplares áureos.
que posee un sistema de montaje arcaico que con-
siste en el remachado de la cabeza del puente en Tesorillo de San Martín de Torres (León): 1 ejemplar
el orificio abierto en el anillo a tal fin. Esta acción completo en plata forrado con lámina de oro (Delibes
propicia que, en la base de la pieza, bajo el anillo, y Esparza, 1989; Delibes, 2002; Sanz y Carrascal, 2016:
se aprecie la protuberancia o remache cuya función 32-33). La pieza muestra un magnífico estado de con-
es la fijación de ambos elementos. Tanto puente servación y la zona basal de la cabecera permite ver
como anillo decrecen progresivamente en su grosor; que se trata de una pieza fabricada en plata, de cabe-
el primero más levemente, de forma más marcada cera remachada y toda ella forrada en oro (fig. 8: 1).
el segundo. Ambos elementos son macizos con ten-
dencia o de sección plenamente circular. Algunos Tesoro 1 de Arrabalde (Zamora): 2 ejemplares áureos
ejemplares conservan un alambre arrollado en tor- (Delibes y Martín Valls, 1982; Delibes, Martín Valls y
no al anillo en buena parte de su superficie con fines Esparza, 1996). El ejemplar publicado habitualmente
ornamentales. es el más completo y la zona de remachado queda
La nomenclatura, tipo 19, dada por uno de oculta por una placa circular áurea (fig. 8: 3). Por el
nosotros (Sanz, 1992), está relacionada con la contrario, la pieza menor carece de la chapa en esa
propuesta por Cuadrado (1957 y 1960) y amplia- zona, lo que permite identificar sin duda el sistema de
da por Martín Montes (1984a y 1984b) hasta el remachado característico de estas piezas (fig. 8: 2)4.
tipo 18.
El Bierzo (León): Esta pieza, a decir de G. Delibes
2.1. Inventario (1994-1995: 68), es «muy voluminosa, en oro, del
Actualmente el registro general de anulares re- tipo documentado en Arrabalde 1 o San Martín de To-
machadas se compone de 17 ejemplares, todos ellos rres. Se conoce exclusivamente a través de una escue-
localizados en la meseta Norte. Pintia atesora el 53 % ta descripción y de una fotografía de Luengo», que
de la muestra, pero veamos en qué número y dónde afortunadamente para nuestro estudio recoge la cara
se localiza cada una de las piezas documentadas (figs. inferior de la fíbula (fig. 8: 4) y permite comprobar el
7 y 8): sistema de remachado también aquí.
Fíbulas anuales hispánicas vacceas a través del registro de Pintia 55
Fig. 7. Fíbulas anulares hispánicas de cabecera remachada (tipo 2.2 o tipo 19). 1 a 9. Necrópolis de Las Ruedas de Pintia (Valladolid). 10. Tum-
ba 31 de Miraveche (Burgos). 11 y 12. Villamorón (Burgos). 13. Palencia (quizá Paredes de Nava).
56 Elvira Rodríguez Gutiérrez y Carlos Sanz Mínguez
Un último ejemplar debe ser mencionado, aun- que atañen a la zona perforada donde se remachará
que casi con seguridad no corresponda ya a este tipo la pieza. Ello parece denotar cierto grado evolutivo
de montaje con remachado. Es una fíbula de plata pues contamos con algunos de gran sencillez al com-
que pese a mostrar arrollamientos áureos en el anillo, ponerse de una pequeña superficie circular aplana-
puente y aro parecen haber sido moldeados en una da y horadada, como el de la pieza 4153, levemente
sola pieza. Pudo formar parte del tesoro 1 de Palencia distinto al de la fíbula 4155 cuya área ya no es tan
(aunque no es seguro) (fig. 9: 8)5, (Del Álamo, 2009: laminar. La FAH 721, por su parte, presenta ya una pe-
336-355; Pérez y Delibes, 2012: 65). queña zona cúbica, y un paso más serían los dados
Pasaremos a continuación revista a las diferentes o pequeñas cartelas plenamente configuradas de los
partes de este grupo tan peculiar de FAH, con la in- imperdibles 739 y 4246. Tal sería el caso de los anillos
tención de poder analizar su caracterización y trans- de Villamorón y de Miraveche (fig. 7: 12 y 10).
formación. En cuanto a los tres puentes pintianos del subtipo
Unos de los rasgos más llamativos de este tipo es 2.2 cabe mencionar que son macizos y amorcillados y
la profusión de arrollamientos que cubren por com- que su diferencia de grosor no es tan marcada como
pleto o en gran medida, la superficie de los anillos. en otros modelos posteriores elaborados a molde,
Algunos de los aros pintianos han conservado una como el de tipo 4g de cartela, si bien sí que se observa
serie abultada de espiras generadas a partir de la su- cierto decrecimiento desde la cimera a los extremos,
jeción caudal, del resorte o en algunos casos, parecen lo cual también es apreciable en el villamorico y en el
ser tramos de hilo independiente. El ejemplar 739, palentino (fig. 7: 11 y 13).
lo conserva íntegramente en la práctica totalidad de Pero, ¿de dónde parte este sistema de montaje,
su superficie, mientras que los anillos 4153, 4154 y sigue un prototipo o resulta de la creatividad espon-
4246 están libres de dicho hilo en la zona diametral- tánea?
mente opuesta al eje del puente, más engrosada. Tal
engrosamiento del aro quizá pudiera servir de tope 2.2. Fíbula de pivote ¿antecedente o mera analogía?
para evitar el deslizamiento de esta sujeción, lo que Como es bien sabido, en la península Ibérica, des-
se complementa en la pieza de Miraveche con unos de al menos el s. X a. C. se documenta cierta variedad
pequeños orificios cónicos en la base de esta zona del de imperdibles procedentes del entorno mediterrá-
anillo para anclar dicha sujeción (fig. 7: 10). neo, tanto oriental (ámbito egeo/cretense), como
El ejemplar 4246 muestra que los arrollamientos central o itálico. Estos primeros modelos se caracteri-
no siempre se desarrollan a partir de la sujeción o del zan porque están estructurados en una sola pieza, sal-
resorte, pues en este caso el muelle conservado (dos vo alguna excepción como las fíbulas de pivote y sus
espiras) presenta una sección claramente superior a la variantes. Estas se componen de un puente acodado
del alambre situado bajo él y por tanto de disposición con uno de sus extremos rematado en un vástago o
posterior. De hecho, en esta pieza el hilo se asió al ani- eje cuya función es la de ser insertado en la aguja, la
llo, al menos en la zona de la cabecera, antes que el re- cual contiene a su vez una cabeza o pivote para ser
sorte pues este aparece sobrepuesto y lo mismo pare- enchufada, por lo que este tipo de imperdibles carece
ce ocurrir en el ejemplar miravechano. Lo que induce de resorte.
a pensar que posiblemente al aro, una vez moldeado Los orígenes y el desarrollo del grupo de fíbulas
y dado su característica forma, pero antes de su rema- que Cuadrado (1963) denominó «de pivote» y Alma-
chado, se le arrollaba el alambre para su engalanado, gro Basch (1966) «de dos piezas», son imprecisos,
lo que explicaría que la abrazadera caudal recogiera, entre otros motivos por su gran antigüedad, carencia
además de la parte abierta del anillo, la cuerda de la de asociaciones directas y un registro relativamente
sujeción. Para conseguir un aspecto de homogenei- escaso. En los primeros trabajos publicados eran con-
dad, dicha abrazadera incluiría una decoración incisa sideradas elementos extrapeninsulares y su existencia
de líneas paralelas que simulan las propias espiras tan- se enmarcaba entre los ss. X y VI a. C. En la actualidad
to en las piezas más antiguas como la 739 de Pintia se acepta que son piezas ibéricas y las cronologías ba-
o la de la tumba 31 de Miraveche (fig. 7: 4 y 10), así rajadas las sitúan igualmente entre el Bronce Final y la
como en otras que consideramos más evolucionadas. primera Edad del Hierro (s. XI a.C. al VI a. C.)
Nos referimos a una fíbula de Paredes de Nava (fig. 9: A juzgar por el registro conservado el sistema
6) a cuya ancha abrazadera se le practicaron sendas de pivote, basado en un mecanismo de dos piezas,
incisiones pese a que en apariencia no tuvo sujeción no debió de tener mucho éxito. Baste comparar su
alguna, y a un ejemplar de Monte Bernorio (fig. 9: 4) número y distribución por la Península con otros
con la práctica totalidad del anillo cubierto por tales modelos primigenios ibéricos, como los de doble
líneas incisas, salvo en las zonas medias (eje diame- resorte. Además, se ha planteado que su uso pudo
tralmente opuesto al del puente), libres de decoración verse limitado a determinados actos de carácter
como en los ejemplares más antiguos. funerario o diplomático, sin descartar otros mera-
Por otro lado, los distintos anillos de este tipo con- mente ornamentales (Carrasco, Pachón y Gámiz,
servados en Pintia muestran diferencias morfológicas 2016: 135).
Fíbulas anuales hispánicas vacceas a través del registro de Pintia 57
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Fig. 8. Fíbulas anulares hispánicas de oro y plata. 1. San Martín de Torres (León). 2 y 3. Arrabalde 1 (Zamora). 4. El Bierzo (León). 5. Palencia.
(Fotografías: 1. Museo de León; 2 y 3. CEVFW-UVa; 4, Luengo (1990: 161). 5. Hispanic Society of America; dibujos: 1 y 2: según Ángel Rodrí-
guez-Germán Delibes/UVa).
58 Elvira Rodríguez Gutiérrez y Carlos Sanz Mínguez
El trabajo citado recoge buena parte de las fíbu- datada entre los ss. XI y IX a. C, con preferencia por este
las de pivote de la península Ibérica cuya cifra ronda último (Delibes, 1978). De Soto de Tovilla (Tudela de
las cuatro decenas. En su distribución cartográfica es- Duero) es otra fíbula de codo ad occio, quizá de entre
tos autores distinguen varios focos relacionados con los ss. X y IX a.C.; ejemplares que se han considerado
tradiciones étnico-culturales, y perciben uno en la elementos de prestigio procedentes del mundo meri-
meseta Norte, con un total de 8 ejemplares descon- dional (Quintana y Cruz, 1996: 54, 201).
textualizados (incluyendo las estaciones celtíberas de De manera que en el núcleo central duriense de lo
Numancia y Valdenarros, Soria); otro en la Celtiberia, que andando el tiempo será el territorio vacceo con-
refiriéndose a Teruel y Guadalajara, con unas siete tamos con imperdibles desde el Bronce Final, de codo
piezas; el foco albaceteño cuenta con dos ejemplares; (simple o ad occio), de los que pudieron derivar las
el del NE (Cataluña) y Levante, sería el más potente fíbulas de pivote.
con más de una veintena de piezas (Graells, 2014: Sanz (1992) ya percibió analogías entre el sistema
Tab. 2), y, finalmente, el andaluz cuenta con 2 fíbulas de cierre del modelo de pivote y la anular hispánica de
de pivote, una en Sevilla (Coria del Río) y otra en Gra- tipo 19. La distancia cronocultural y la falta de datos
nada (cerro de la Mora). Su origen y desarrollo lo si- arqueológicos siguen constituyendo formidables obs-
túan, con carácter general, desde finales del s. XI has- táculos para establecer alguna asociación coherente,
ta no más allá del IX a. C. (Carrasco, Pachón y Gámiz, aunque lo más probable es que no existiera ningún tipo
2016: 140). Además, crean una clasificación tipológi- de conexión y la fíbula de pivote transitara por una vía
ca englobando a todos los ejemplares documentados. muerta, sin recorrido. La aparición de otro modelo con
A partir de ella y de hallazgos que consideran proce- un sistema tremendamente eficaz, como fue el doble
dentes de contextos claros y revisando otras propues- resorte, debió de favorecer su sustitución que pudo in-
tas establecen una franja cronológica que las sitúa ex- ciarse en torno al s. VIII a.C. Sin embargo, como hemos
clusivamente en el Bronce Final. Tal valoración entra visto, no faltan ejemplares de pivote en las postrime-
en contradicción con otros hallazgos bien fechados, rías del Primer Hierro, si bien no resultan abundantes
como ocurre con algunos del NE en contextos fiables (como tampoco lo fueron en momentos anteriores). El
de entre finales del s. VIII a. C. hasta inicios del VI a. C. más próximo a nuestra zona de estudio se localizó en
(Graells, 2014: 250) o en el yacimiento alicantino de Sanchorreja (Ávila), en excavaciones de la década de los
La Fonteta donde un ejemplar prácticamente comple- treinta del siglo pasado, en un nivel donde además se
to fue recuperado en un nivel del s. VI a. C. (Camacho recuperaron dos fíbulas de doble resorte, un fragmento
et al., 2022: 183), así como los dos celtibéricos de El de cerámica torneada y una plaquita de hierro. Malu-
Ceremeño (Herrería, Guadalajara), uno de necrópolis quer (1958: 64) situó a este nivel d en un momento
(tumba 115) y otro de hábitat (vivienda c), situados precedente a la llegada de la cerámica torneada ibérica,
en el Hierro I, ss. VIII-VI a.C. (Cerdeño y de Miguel, concretamente en el s. VI a.C. No resultaría extraño que
2022). desde el castro vetón, alguno celtibérico o directamen-
Respecto al ámbito meseteño, los 8 ejemplares de te del mundo levantino, alguna fíbula de pivote alcan-
pivote localizados en estas latitudes no cuentan con zara, en forma de bien importado, en primera instancia
contextos precisos y en la mayoría de los casos ni si- a alguna de las estaciones soteñas distribuidas al sur del
quiera se conoce su procedencia segura, más allá de Duero, tal y como debió de ocurrir previamente con las
viejas referencias generales tales como Meseta caste- fíbulas ad occio, aunque hasta el momento carecemos
llana, Castilla y León o meseta Norte. Únicamente la de de datos que lo confirmen.
la colección P. Saturio se asocia a Burgos y dos piezas a
Sanchorreja (Ávila). Por otro lado, hay otros dos ejem- 2.3. Proceso evolutivo de la FAH tipo 19, subtipo 2.2
plares de gran antigüedad, elaborados en una sola pie- en este trabajo, o cabecera remachada
za, que se consideran «modelos transicionales entre Ya hemos visto cómo el registro de este modelo,
los tipos arcaicos de codo y los modernos de pivote» por más exiguo que sea, denota cierta evolución mor-
(Carrasco, Pachón y Gámiz, 2016: 126). Se trata de dos fológica rastreable a partir de varios ejemplares que
hallazgos burgaleses, uno de contexto funerario, locali- estimamos de fechas altas. Su limitado número y su
zado en un dolmen en Las Loras (Las Arnillas, Moradillo quebradizo sistema de cierre parecen indicar que el
de Sedano) (Delibes, Rojo y Sanz, 1986: fig. 14) y otro modelo tuvo poca repercusión y terminó por extin-
en Villamorón, sin contexto preciso, documentado guirse como le debió de suceder a la fíbula de pivote.
tempranamente por varios autores. Recordemos que Su reducida producción manifiesta su fallida operati-
en este enclave turmogo se recuperaron, con posterio- vidad y se ha pensado que pudo ser un «simple ensa-
ridad, fíbulas anulares del esquivo tipo 19. yo tipológico» (Sanz, 1992: 41).
En la provincia de Valladolid, en el entorno de Pin- En efecto, la fragilidad de este sistema parece cla-
tia, existen otros ejemplares situados cronológicamen- ro a tenor de la escasez de hallazgos, sin embargo, 6
te en el Bronce Final III: en La Requejada de San Román ejemplares se han conservado completos (fig. 7: 10 y
de Hornilla, en el relleno de un enterramiento triple, se 13; fig. 8: 1 a 4), si bien cabe recordar que al menos
localizó una fíbula de codo hispánica, de tipo Huelva, 3 de ellos formaban parte de tesoros, por lo que sus
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Fig. 9. Fíbulas anulares hispánicas de bronce: 1. Tumba 31 de Miraveche (Burgos). 2. Necrópolis de Las Ruedas, Pintia (696). 3. Miraveche
(Museo de Burgos). 4. Monte Bernorio (Museo de Santander). 5. Colección Aragón Nieto (n.º inventario 7847? MAN). 6. Palencia (quizá Pa-
redes de Nava, n.º inventario 1051. Museo de Palencia). 9. Necrópolis de Fuentesanz (Monasterio de Rodilla, Burgos. Museo de Burgos). 10.
Villanueva de Teba (Museo de Burgos). 11. Carabias (Fotografía: Fototeca Cabré). Fíbulas anulares hispánicas de plata y oro: 7. San Martín de
Torres (León). 8. Palencia (Museo de Palencia e Hispanic Society of America, n.º inventario R3175.).
últimos lugares de deposición fueron escondrijos, lo manifiesto, hubo de extenderse en el tiempo y tomar
que facilitó su conservación. varios caminos, tal y como sucedería con las piezas de
Por otro lado, la trasformación que debió de expe- orfebrería como tendremos ocasión de analizar más
rimentar este modelo desde sus inicios, ya puesta de adelante.
60 Elvira Rodríguez Gutiérrez y Carlos Sanz Mínguez
La FAH miniatura procedente probablemente de hallazgos que documenta (aunque advierte que son
Paredes de Nava (fig. 7: 13) fue recogida por Cuadra- una muestra representativa) son palentinos, sobre
do (1960) en su estudio sobre las anulares del norte todo los 4g de cartela en su variante a, de puente
de la Meseta, referidas a los tipos 2g de cúpula, 4g o liso.
anillo grueso con cartela y 7 o de puente ancho. Para Además, este autor pone en relación la distribu-
este autor existen una serie de fíbulas que imitan a ción y origen de estos imperdibles con el puñal de
los prototipos de anillo grueso con cartela, que bajo tipo Monte Bernorio al que considera propio de la
nuestra opinión son las distintas variantes de nues- cultura Miraveche-Monte Bernorio. Todos los esta-
tro subtipo 2.2 o de cabecera remachada. Tales imi- dios tecnológicos de este arma (fases: formativa, de
taciones presentan ciertas similitudes con aquellas desarrollo 1 y 2, y de expansión) se han documenta-
objeto de su estudio; se refiere a dos ejemplares de do en el yacimiento pintiano, que cuenta además con
Numancia, uno de Miraveche (Cuadrado, 1960: fig. 7: el mayor número de ejemplares de su primera fase,
7) y el de Palencia mencionado (Cuadrado, 1960: fig. por lo que estos puñales se consideran originarios del
7: 8). Dejando a un lado los ejemplares sorianos, por mundo vacceo (Sanz, 1990; 1997; 2002; 2010; 2016);
alejarse demasiado de la morfología que nos intere- desde el territorio duriense alcanzaría otras áreas del
sa, la pieza miravechana (fig. 9: 3) presenta puente ámbito meseteño (autrigona, turmoga, berona, veto-
y anillo engrosados y lisos, como en el tipo 19, aun- na y en menor medida celtibérica), donde en algunos
que a diferencia de este aquella fue elaborada en el de estos talleres se reproducirían dando lugar a una
mismo molde, como la 4g de cartela. Sin embargo, el producción local.
ejemplar palentino es claramente de cabecera rema- Respecto a las fíbulas sabemos que el núcleo
chada, aunque con peculiaridades, tal y como hemos burebano conocía las anulares de tipo 19 temprana-
comentado. Cuadrado (1960: 87-88, fig. 7: 8) intuyó mente pues el guerrero de la tumba 31 de Mirave-
que algunos rasgos de esta pieza, como las incisiones che, datada en la primera mitad del s. IV a.C. (Sanz,
simulando espiras en la abrazadera, provenían de 1990; 1992; 1997, etc.), contaba entre su importan-
ejemplares más antiguos, al tiempo que percibía la te ajuar, además de con la panoplia militar —espada
independencia de puente y de anillo, aunque no llegó de tipo Miraveche, puñal Monte Bernorio, caetra,
a mencionar el sistema de remachado. arreos de caballo, puntas de lanza y de jabalina—,
En este grupo de imitaciones (fig. 9) cabría incor- con otros elementos relacionados con el atuendo
porar la anular pintiana 696, sobre la que cabe recor- personal como cuatro fíbulas: la anular hispánica de
dar que es maciza y lisa, con un puente de grosor va- tipo 19, muy probablemente importada, una de do-
riable, aunque no tan adelgazado en el pie como las ble resorte de puente en cruz y dos de pie alzado.
4g de cartela lisa. Asimismo, el yacimiento turmogo de Villamorón ha
Pero veamos qué rasgos característicos presenta el proporcionado dos FAH de este tipo que pudieron
modelo 4g o de anillo grueso con cartela establecido estar asociadas a placas de cinturón de tipo Bureba
por Cuadrado. Este se define porque puente y anillo y a puñales bernorianos de tipología antigua (Sanz,
son macizos, de grosor notable y desigual, y están ela- 1992: 41).
borados conjuntamente en un molde. El puente pre- El mundo burebano recibiría diversos objetos
senta una zona caudal extremadamente adelgazada, procedentes de otros territorios en forma de regalos
la cabecera consiste en una cartela cuadrangular, y ge- diplomáticos, dotes o mercaderías. Algunos de ellos,
neralmente la pieza presenta decoración incisa. Pero, los que contaran con mayor aceptación, serían reela-
¿cómo surgió la idea de conformar esa cabecera maci- borados en talleres locales, como debió de suceder
za de forma cúbica? Para Cuadrado (1960: 67) la carte- con los puñales bernorianos, dando lugar a nuevos
la es «sin duda, una reminiscencia de la robusta pieza productos de gran vistosidad acorde al nivel de ri-
cúbica de otras fíbulas, que se perforaba para el paso queza de estas comunidades. Asimismo, cabe tener
del anillo». No se quedó lejos, pero erró al considerar en cuenta que, en la zona palentina, se desarrollaban
al puente como la parte perforada; de haber tenido co- importantes oppida vacceos, tales como Pallantia o
nocimiento de las piezas inéditas de las excavaciones Intercatia donde igualmente pudieron surgir este tipo
de 1923 en Villamorón probablemente habría identifi- de anulares tipo 4g, tal y como parece atestiguar el
cado correctamente la filogenia del modelo. registro arqueológico, si bien tales hallazgos carecen
No obstante, la intuición y el buen hacer preside de contextos precisos. Desde estos centros de poder
su trabajo sobre las anulares del norte de la Meseta. este tipo de fíbulas podrían haber alcanzado otros en-
En función del número de hallazgos, de sus localiza- claves de su entorno tales como Villamorón, Monte
ciones y cronologías, Cuadrado (1960: 96) plantea Bernorio o Miraveche.
que los tres grupos de fíbulas, objeto de su estudio,
surgieron en un amplio espacio que interpreta como 2.4. Fíbulas anulares hispánicas de cabecera rema-
turmogo, siguiendo a Sánchez Albornoz, desde don- chada en la orfebrería vaccea
de se exportarían a otras áreas vecinas, entre media- Un aspecto verdaderamente sorprendente del
dos de los ss. III y II a. C. Pero, buena parte de los tipo de montaje analizado es su presencia también
Fíbulas anuales hispánicas vacceas a través del registro de Pintia 61
en la joyería prerromana. El problema fundamental En cuanto a las dos piezas zamoranas, similares a
radica en explicar la cronología normalmente baja esta, en la mejor conservada, que además es la de
otorgada a estas joyas (ss. II-I a. C.) y el mantenimien- mayor tamaño, el sistema de remachado solamente
to en ellas de un sistema de remachado que en los se intuye a partir de la forma circular de la chapita de
ejemplares broncíneos parece no rebasar el s. IV a. C. oro que le remeda y cubre externamente. Por fortu-
Pero vayamos por partes y presentemos primero el na, en el otro ejemplar puede observarse con clari-
registro al que nos referimos y partamos de la asun- dad, como consecuencia de lo que parece la pérdida
ción de una idea principal: son las piezas de plata y del chapado en esa zona, que compartía este sistema
oro llevadas por las elites de estas sociedades prerro- de montaje entre anillo y puente, y asimismo que su
manas las que servirían de modelo de inspiración a interior era de plata.
otras más humildes realizadas en bronce y, en buena Tanto en el ejemplar de San Martín de Torres,
lógica cabría pensar que los diversos pasos evolutivos como en el de menor tamaño de Arrabalde y tam-
deberían mostrar su reflejo en unas y otras de forma bién en el de El Bierzo observamos que la forma en
paralela. Aquí, sin embargo, nos toparemos con un in- que puente y anillo entran en unión es la más sencilla
conveniente insalvable: con no ser muchos los ejem- posible, es decir, una simple perforación en el anillo
plares broncíneos que nos permitan trazar la evolu- sin apenas engrosamiento o refuerzo de esta zona
ción del tipo 19 hasta llegar a los tipos 4g, en el caso debilitada, contrariamente a como ocurre en ejem-
de las fíbulas de oro y plata todavía son menos; inten- plares más evolucionados que incorporan un prisma
tar establecer una seriación tipológica con los apenas cúbico o cartela. Comparten también, con respecto
cinco ejemplares existentes estaría abocado al fraca- al tipo 19 broncíneo, unos puentes anchos, macizos,
so. Pero, por suerte, tenemos el espejo broncíneo en un tanto amorcillados, y lisos que, sin embargo, serán
el que las clases elevadas, pero más humildes que los engalanados con láminas áureas a base de gránulos y
equites, se miraban y desde el fondo del mismo po- filigrana en ambos extremos de contacto con el aro.
demos intuir cómo evolucionaron esas preseas desde Este conserva el típico arrollamiento filiforme en toda
un momento antiguo (y más austero) a otro moderno la superficie del anillo, salvo en la zona media donde
(y más barroco) que a su vez influiría en la gestación se incorporan sendos apéndices circulares que sobre-
de un nuevo tipo broncíneo: el 7 de Cuadrado. salen a modo de orejetas o asas. Una aguja libre, sin
Los ejemplares a los que nos referimos (fig. 8) resorte de ningún tipo, queda anclada en el anillo a la
constituyen parte de la orfebrería vaccea (Sanz y Ro- izquierda de la cabecera del puente.
mero, 2009b; Romero y Sanz, 2010; Sanz y Carrascal, La analogía entre estas fíbulas de plata y oro, ha-
2016; Sanz, 2021) o «celtibérica» para otros (Cuesta, lladas en sendos tesoros, y las de tipo 4g de cartela
Delibes y Esparza, 2010: 397-436). Elaborados en oro ya fue observada al estudiar las llamadas «joyas de
y plata y con decoración barroca, su apariencia sería barro», como la FAH cerámica 3665 recuperada en
inspiradora (Delibes y Esparza, 1989: 119) para los la tumba 153 de Las Ruedas (Sanz y Romero, 2009b).
modelos meseteños estudiados por Cuadrado (1960), La presencia de estas imitaciones cerámicas de joyas
entre los que se encuentra el tipo 4g de anillo grueso en tumbas infantiles como la 127b y, en especial para
con cartela y el tipo 7 de puente ancho. el caso que nos interesa, la 153, configura un gesto
Las piezas de joyería formaban parte de tesorillos simbólico de gran interés ya que pudiera expresar el
localizados en San Martín de Torres (León) (Delibes y carácter hereditario de las preseas originales y la ex-
Esparza, 1989; Delibes, 2002) y en Arrabalde (Zamo- clusión de este tipo de ítems del registro funerario, en
ra), así como otros ejemplares de El Bierzo (Delibes la línea de lo descrito por Chapa y Pereira (1991:32)
y Martín Valls, 1982; Delibes, Esparza y Martín Valls, para el mundo ibérico.
1996) y posiblemente de Palencia (Delibes, 2002; Del Ahondando en esa idea de las joyas como he-
Álamo, 2009; Pérez y Delibes, 2012). rencia que permanece en el ámbito cotidiano y no
Martín Montes (1984a: 42) categorizó estas joyas se traslada al simbólico de la muerte, podríamos
con el tipo 8a de navecilla con decoración y apéndices preguntarnos si la fíbula anular de la tumba 31 de
laterales, maciza y lisa (variante a), para diferenciarlas de Miraveche, correspondiente a un verdadero caba-
las de tipo 4g, con las que parecían compartir el mismo llero de la más alta jerarquía social autrigona, ha-
esquema estructural a partir de la elaboración a molde bría constituido, a semejanza de la pieza cerámica
de puente y anillo. Sin embargo, en la fíbula de San Mar- de la tumba 153 pintiana, una réplica, en este caso
tín de Torres (León) (Delibes, 2002: 214 y ss., figs. 1, 2 y broncínea, con destino al registro funerario, y que
4) se pudo constatar que el sistema de montaje de este otra similar en plata quedara en la familia, que iría
imperdible era el de cabecera remachada, observable pasando de generación en generación. Tal razona-
en la base donde había perdido el chapado áureo, lo que miento nos llevaría a pensar en algunas piezas de
puso además de manifiesto que originalmente esta fíbu- rasgos atávicos perdurando en el tiempo, y paulati-
la se elaboró en plata y fue recubierta posteriormente namente enriquecidas en momentos más avanzados
con un laminado de oro (Sanz y Romero, 2008: 54; 2010: (chapados áureos con filigrana y granulado, anillas
443, fig. 7; Sanz y Carrascal, 2016: 31). laterales, etc.).
62 Elvira Rodríguez Gutiérrez y Carlos Sanz Mínguez
También pudiera haber ocurrido un trasvase en último aspecto, la aguja de San Martín de Torres fue
sentido contrario si en el s. IV a. C. los tesoros vacceos construida mediante su plegado en torno al anillo, lo
aún no tuvieran carta de naturaleza, lo que llevaría a que permite ver las dos mitades yuxtapuestas fun-
pensar en las piezas broncíneas como inspiradoras de didas en el extremo aguzado; tal proceder incide en
esas primeras joyas en plata. la idea de que puente y anillo ya estarían montados
Sea como fuere la dirección del préstamo en ese cuando se incorporó la nueva aguja.
primer momento, en las posteriores imitaciones de En suma, joyas cuyo prolongado uso habría exigido
bronce veríamos al menos dos tiempos: uno en el actualizaciones, añadidos y reparaciones hechas con
que el sistema de anclaje remachado del puente en mejor o peor fortuna, que traducen una biografía lar-
el anillo sería visible, evolucionando desde anillos ga y una probable transmisión de generación en gene-
simplemente perforados hasta los reforzados por un ración. Por su parte, la pieza cerámica 3665 muestra
cubo cada vez más sólido, que habría dado lugar a las el barroquismo característico de estas joyas que, en
fíbulas anulares hispánicas de cartela o 4g, con puen- un momento de mediados del s. II a. C. en que pode-
tes gruesos y lisos. El segundo tiempo sería aquel en mos datar la tumba 153 en la que apareció, vemos que
el que las fíbulas anulares de plata habrían sido em- ya habrían incorporado las asas u orejetas. Aunque lo
bellecidas con los chapados de oro, gránulos y filigra- verdaderamente importante de esta pieza es que nos
nas, ocultando ya el peculiar sistema de embutido; de permite comprender, de un lado, la restricción de es-
esta forma nacerían las imitaciones de los ejemplares tas preseas al mundo de los vivos, y de otro, su carác-
broncíneos de puente y anillo solidario realizados a ter hereditario, de manera que la muerte prematura
molde, del tipo 7a y 7b, que enfatizan la decoración del destinario de la misma llevara a representarla sim-
característica de fíbulas como las de Arrabalde o San bólicamente en su tumba, a fin de simular la recepción
Martín de Torres, mediante el empleo de botones e de la fortuna y legado familiar.
incisiones que remedan aquellos gránulos y filigranas,
en las que los puentes se acintan y ensanchan para po-
der desarrollar el barroquismo característico (fig. 9). 3. Análisis contextual y social de las FAH
Esto nos lleva a plantear que, efectivamente, las de Pintia
fíbulas anulares de San Martín de Torres o las de Arra-
balde serían piezas de cierta antigüedad antes de ser El alto grado de deterioro padecido por el registro fu-
tuneadas, de un momento tal vez de final del IV a. nerario de Pintia ha imposibilitado que la totalidad de
C. o inicios del III a. C. como muy tarde, lo que pro- las piezas aquí tratadas se hayan podido recuperar en
porcionaría margen suficiente para que este tipo de sus contextos precisos, esto es, en sepulturas. Tanto
montaje estuviera vigente y pudiera ser observado e es así que de las 58 FAH que conforman esta colección
imitado. únicamente 5 de ellas se asocian a conjuntos funera-
Por su parte la pieza de plata y oro de Palencia, rios. El resto de las piezas cabe pensar que también
aunque no podemos comprobar con exactitud cómo formarían parte de tumbas, pero por diversos moti-
se construyó, parece responder a un modelo de puen- vos (arada, expolio en combinación con desidia ins-
te y anillo fundido, por lo que representaría un hito titucional, etc.), lamentablemente, no se han podido
técnica y tipológicamente más avanzado en el tiempo documentar en sus posiciones originales. Con todo,
(carente del atavismo de los ejemplares remachados), aquellas localizadas con metodología arqueológica
que igualmente encontraría su equivalente broncíneo guardan cierta proximidad con su lugar de origen lo
en ejemplares como el de Carabias (fig. 9: 11). que nos ha permitido realizar estimaciones cronoló-
Así pues, en relación con estas piezas de orfebrería gicas, a partir de la estratigrafía horizontal establecida
parece necesario insistir en la imagen de pastiche que en Las Ruedas.
transmiten, resultado probablemente de diversas re- El análisis de contextos cerrados de naturaleza
modelaciones y «puestas al día». De esta forma cabría mortuoria puede ofrecer datos de interés sobre la
entender el desconcertante y heterogéneo resultado condición social de los fallecidos cuyos ajuares con-
analítico de composición de las piezas de Arrabalde en taban con fíbulas anulares, además de otros objetos.
cada una de sus partes (Perea y Rovira, 1995, citado Disponemos además de modernos estudios antropo-
en: Delibes, 2002: 214, nota 3), la diferente factura lógicos realizados sobre las cremaciones, aunque el
de los arrollamientos filiformes o acintados de ambas mayor grado de exigencia diagnóstico incide negati-
(fig. 8: 2 y 3), la presencia de una orejeta macizada vamente en el número de determinaciones de sexo
en el anverso de la pieza arrabaldina menor (fig. 8: 2) alcanzadas. A ello se suman otros condicionantes re-
–estos apéndices poseen un rehundido central en el lacionados con la recogida de los restos y su inclusión
que se insertan placas con filigrana que aquí no se- en la urna, una vez apagada la pira teniendo en cuen-
ría posible incluir, creando una disimetría anómala–, ta que probablemente esta se realizaba en una zona
o, finalmente también la inclusión de agujas sueltas, de cremación comunitaria, sin olvidar la propia alte-
carentes de resorte, más acordes con los broches en ración del registro arqueológico. Con todo, podemos
omega que con las FAH. Además, en relación con este conocer la edad de algunos de los finados y en oca-
Fíbulas anuales hispánicas vacceas a través del registro de Pintia 63
siones incluso el sexo; en este aspecto, en aquellos en triples (20 y 247). Veamos a quiénes pertenecieron y
los que no ha sido posible determinar su condición se qué tipos de ajuares poseían.
han aplicado otro tipo de valoraciones relacionadas La tumba 11 contenía los restos de dos individuos,
con sus ajuares personales que, si bien son de carác- uno adulto (de entre 17 y 60 años) y otro infantil (de
ter apriorístico, pueden resultar de utilidad, aunque 0 a 6 años), cuyo sexo no se ha podido determinar an-
con las prevenciones necesarias. tropológicamente en ninguno de los dos casos (Gar-
Dicho lo cual, sabemos que las FAH se localizaron cía Alcalá, 2021), aunque el primero quizá pudiera
en sepulturas individuales (153), dobles (11 y 127b) y tratarse de una mujer. Pese a la alteración del depósi-
64 Elvira Rodríguez Gutiérrez y Carlos Sanz Mínguez
to se recuperaron en asociación con los restos óseos, za perforada) o 4c de Cuadrado, que, aunque incom-
sendas cuentas de bronce y de vidrio azul, con sus pleta, no presenta tales huellas. El conjunto también
respectivos colgantes, que pudieron corresponderse contenía una fusayola decorada y un botón de bronce
con uno o dos collares; todos con signos de termoal- (Sanz, 1997: 59-60). Por la localización de este con-
teración por su paso por la pira con los cadáveres. No junto funerario en Las Ruedas, sector II-J, se le sitúa
así la FAH 2919 (fig. 3), de nuestro subtipo 2.1 (cabe- en el s. IV a. C.
Fíbulas anuales hispánicas vacceas a través del registro de Pintia 65
La tumba 20, según el análisis antropológico de crónica e identificada con un individuo femenino de
los restos, pudo pertenecer a tres personas. Uno de entre 20 y 40 años (Pastor et al., 2010: 133). Tres con-
los paquetes óseos se halló agrupado, y se ha identi- juntos femeninos, con probables vínculos familiares,
ficado con un individuo adulto, de entre 30-40 años, de elevado estatus social, a juzgar por la riqueza de
y a uno infantil, de 0 a 12 años. Asimismo, otros res- los ajuares y las ofrendas que acompañaron a sus res-
tos dispersos, a cierta distancia, eran de un adulto, tos óseos, entre los que destaca el de la pequeña con
de 30 a 60 años; en ninguno de ellos se pudo deter- 69 piezas. Otro dato significativo por su excepciona-
minar el sexo (García Alcalá, 2021). El conjunto alte- lidad en Las Ruedas es su asociación con un bustum
rado pudo pertenecer a un hombre y a una mujer, vinculado a los ritos de cremación in situ de estas
acompañados de un infante. Los ajuares se compo- mujeres. Además, se documentó un silicernium que
nían ―además de la fíbula termoalterada 2984 (fig. pone de manifiesto la celebración de un banquete de
3), también del subtipo 2.1 (cabeza perforada) o 2e despedida a juzgar por los restos cerámicos y faunís-
de Cuadrado―, de un vaso trípode hecho a mano y ticos, entre los que cabe destacar algunos de cánido
de vajilla torneada fina anaranjada relacionada con con marcas de descarnación, práctica muy restringida
la ingesta de bebida y alimentos (siete copas de gran en el cementerio de Las Ruedas.
formato, tres cuencos y un vaso), así como de una El ajuar de la pequeña, considerada una princesi-
canica decorada. Además, contaba con armas, tales ta, ofrecía numerosa vajilla vascular compuesta por
como un puñal de tipo Monte Bernorio de fase de un gran recipiente, dos jarros de pico, una copa, una
desarrollo-1 con su tahalí y un fragmento de punta taza y tres cuencos. También en pasta fina anaran-
de lanza. Se recogieron abundantes restos de ofren- jada comparecían más de una docena de botellitas
das de fauna, si bien dispersas, de caprino, ovino y o ungüentarios. Como urna cineraria se empleó una
suido (Sanz, 1997: 65-67). olla de pasta común y otra olla similar contenía las
Por su parte la tumba 247 se halló en buen esta- ofrendas de fauna (ovicaprino) (Pastor et al., 2011).
do de conservación, y perteneció a tres individuos. En En cerámica urdida había varias fuentes barquifor-
la urna del conjunto 247a (fig. 10) se depositaron los mes, con decoración a peine, dos cyathus, dos bo-
restos de dos infantes, de sexo indeterminado, uno tellas bruñidas y vasos de borde reentrante; y las
de aproximadamente un año y otro de entre 5 y 6. producciones singulares, de carácter profiláctico,
El grupo 247b se corresponde con un individuo adul- están representadas por diecinueve canicas, una
to, mayor de 20 años, de sexo indeterminado, según sonaja cilíndrica excisa y una cajita salero zoomorfa
el análisis antropológico (Pastor et al., 2012), proba- realizada con maestría. Llaman la atención las dos
blemente de un varón. La urna del primer conjunto, pequeñas piezas espiraliformes, quizá zarcillos para
con los restos de dos infantes (uno de ellos quizá de el pelo, «joyas de barro» —como la FAH de cerámi-
una niña), es un vaso hecho a mano, el cual contenía ca 3665, de la tumba 153—. Por otro lado, el ajuar
además el fondo de otro vaso urdido, una fusayola, la metálico lo componen dos grapas (quizá de un cin-
FAH 3683 (subtipo 2.2 o cabecera remachada), ocho turón), una pulserilla, una aguja de coser, abalorios
pulseras de bronce, un broche o un tahalí, y un cu- y/o colgantes en bronce de un collar, sin olvidar va-
chillo afalcatado, ambos en hierro. A esto hay que rias cuentas de vidrio y una de ámbar procedente del
sumar más de cien cuentas de collar de vidrio azul, Báltico, según análisis físico-químicos (Prieto y Sanz,
entre ellas dos de mayor tamaño y una de aspecto 2015: 72-77). También cabe destacar el número de
nacarado que, junto con algunas conchas de denta- fíbulas que contenía esta sepultura, se trata de seis
lium y berberecho, conformarían un aparente collar. piezas de diversos modelos (una de tipo La Tène, una
Por su parte, la tumba 247b, contenía como urna un expresiva cabeza de lobo y tres resortes gigantes de
cuenco hecho a mano y pudo pertenecer a un varón piezas indeterminadas y la FAH, 3552, una miniatu-
cuyo ajuar se componía de elementos militares tales ra-reliquia). Por otro lado, contaba con utensilios mi-
como una caetra y algunas piezas de un puñal Monte niaturizados en hierro, relacionados con la manipula-
Bernorio, al que pudo pertenecer el tahalí depositado ción del fuego (parrillita y pinzas) y con un huevo de
en la urna de la 247a, lo que ha llevado a plantear ánade muy bien conservado con decoración bicroma
la existencia de un vínculo familiar entre los finados de tonos rojizos y negruzcos. Ya hemos comentado
(Sanz, 2012: 6-8). El área de localización de esta se- que pese a su localización en Las Ruedas en un área
pultura triple en Las Ruedas, sector E2e4, así como los considerada antigua (sector E2f6), estos conjuntos se
propios elementos que componen su ajuar inducen a han situado en función de los materiales que confor-
situarla en al menos el s. IV a. C. man sus ajuares, entre los ss. II y I a. C. (Romero y
La sepultura 127b (fig. 11) perteneciente a un in- Sanz, 2009: 79 y 96, fig. 2; 2010: 458; Sanz y Romero,
dividuo infantil de 6 o 7 años, según el análisis antro- 2008: 9, fig. 6; Sanz y Carrascal, 2014: 37; Sanz, 2015:
pológico, conformaba una tumba doble con la 127a, 262-281; Sanz, Carrascal y Rodríguez, 2014; 2017;
perteneciente a una mujer, de entre 30 y 40 años (J. 2019: 29-33).
Velasco, citado en: Sanz, Carrascal y Rodríguez, 2019: Finalmente, la tumba 153 (fig. 12) perteneció a un
32). A escasos metros se localizó la tumba 128, sin- individuo joven, de entre 13 y 20 años, de sexo in-
66 Elvira Rodríguez Gutiérrez y Carlos Sanz Mínguez
determinado (Pastor et al., 2010: 47), probablemente de veinte ungüentarios (uno en cerámica negra bru-
una joven de la aristocracia vaccea. Junto a la urna ñida), y varias botellas; también se hallaron ollas de
cineraria se depositó un formidable ajuar conforma- pasta común, una empleada de urna y el resto para
do por 114 objetos de distinta naturaleza. El amplio contener las ofrendas de fauna (ovicaprino y suido)
repertorio cerámico, de pasta fina anaranjada, lo (Pastor et al., 2011). Las producciones hechas a mano
componen elementos vasculares de diversos tama- son vasitos, botellas bruñidas y un pequeño plato,
ños y utilidades tales como crateriformes, pequeños elaboradas para los ritos de despedida. No faltan las
vasos, una fuente, una tacita y la base de un recipien- producciones singulares con más de veinte canicas,
te utilizado como tapadera; además, cuenta con más dos tintinnabula, una sonaja en forma de bola, y ex-
Fíbulas anuales hispánicas vacceas a través del registro de Pintia 67
cepcionalmente seis cajitas saleros zoomorfas. Por Asimismo, y en este sentido, cabe destacar el elevado
otro lado, las ocho pequeñas pellas de cerámica se e inusual número de imperdibles de variada tipología
han identificado con abalorios o colgantes, «joyas de que fueron depositados en la tumba 127b por lo que
barro». El conjunto metálico de hierro se compone de quizá, con carácter general, los imperdibles poseían
un pequeño asidero, quizá de un cajoncito de madera ciertas propiedades mágico-religiosas.
(algo deformado), y de una fíbula simétrica; en bron- Pero había otros elementos, en los ajuares objeto
ce hay dos agujas de coser, dos arillas y dos colgantes de estudio, que parecen poseer también este tipo de
de tipo aguja, amén de una cuenta de ámbar del Bálti- atributos, entre otras funcionalidades. La sepultura
co. El ajuar también contenía restos de una cáscara de 127b, de la niña-princesa, poseía objetos asociados
huevo. Su disposición en el cementerio de Las Ruedas universalmente con la guarda mediante la produc-
(sectores G2e1/G2e2) y la naturaleza y tipología de la ción de sonido, tales como una bella sonaja con de-
mayor parte de los elementos de su ajuar la sitúan en coración excisa y un collar con diversos abalorios.
el s. II a. C. (Romero y Sanz, 2009: 81; 2010: figs. 5, 6 y Asimismo, otros conjuntos poseen sendos collares
21; Sanz y Romero, 2009a: 6-13; 55-5; Romero et al., (tumba 11, 247a y 153) y sonaja y tintinnabula, como
2013: 108-109, figs. 10 y 11; Sanz y Carrascal, 2012: la sepultura 153. Y al hilo de esto, también la aplica-
41, fig. 5; 2016: 24-35; Sanz, 2015: 267-268; Sanz, Ca- ción de la técnica excisa pudo tener una connotación
rrascal y Rodríguez, 2014; 2017; 2019: 34-36). bienhechora, además de su sentido ornamental. Por
Muy probablemente, los enterramientos dobles último, la presencia en tumbas de determinadas sus-
o triples se realizaban entre individuos del mismo tancias como la costosísima sal, depositada en cajitas
grupo familiar, quizá entre mujer (madre)/infante, zoomorfas (tumbas 127b y 153), o los huevos de ave
como en los conjuntos 11, 20 y con seguridad en el (tumbas 127b y 153) se relacionan con fines protec-
127, y la de dos niños, ñas/varón tal vez en la tum- tores y regeneradores, deseables en cualquier caso
ba 247. En cualquier caso, tanto los pequeños como para un favorecer viaje al más allá.
los adultos de estas sepulturas eran parte de la aris-
tocracia local. Los ajuares de todos estos conjuntos
estaban formados, entre otros, por objetos exóticos 4. Consideraciones finales
tales como collares de vidrio azul (tumbas 11, 127b
y 247a) y cuentas de ámbar del Báltico (tumbas 127b A través de este estudio hemos tratado de realizar
y 153), y en algún caso (127b) por ambos elementos. una aproximación al mundo de la FAH, cuyo registro
Por otro lado, en prácticamente todas las sepulturas peninsular es uno de los más abultado y complejo,
(20, 127b, 153 y 247) comparecen cerámicas urdidas entre los distintos modelos de imperdibles prerroma-
o «de tradición», formas atávicas reproducidas con nos, plagado de tipos, subtipos y variantes. Asimismo,
fines litúrgicos (Sanz, 2015: 272). Tampoco faltan y a pesar de contar con las distintas clasificaciones
elementos de vajilla vascular para la celebración del gestadas por varios especialistas (Cuadrado, 1957 y
banquete, con recipientes adecuados para contener 1960; Martín Montes, 1984a y 1984b; Iniesta, 1983;
vino y otras sustancias costosas, como la sal, deposi- Ruiz, 1989; Argente, 1994; González, 1999) hemos
tada en cajitas zoomorfas, sin olvidar la presencia de preferido elaborar una sencilla tipología, sin ánimo
numerosas ollas toscas con ofrendas de fauna y algún de aportar mayor confusión al estudio de este tipo
cuchillo de hierro para el trinchado de viandas. de imperdibles, sino que se adecuara a la colección
Nos hallamos, sin ninguna duda, ante conjuntos de anulares pintiana. Según lo que hemos observado,
suntuosos, aunque entre ellos se observa cierta gra- los modos de fabricación vacceos, al menos los docu-
dación. Tales diferencias bien pueden estar relaciona- mentados en Las Ruedas, parecen ser más estandari-
das con las cronologías de estas sepulturas, ya que la zados que otros conjuntos tales como el carpetano,
sociedad pintiana, y con ella el grupo dirigente, fue vetón o celtibérico, probablemente porque estas so-
experimentando un desarrollo exponencial iniciado ciedades se situaban en territorios mucho más per-
en el momento de su fundación (s. V a. C.), hasta al- meables a los influjos ibéricos. En cuanto a nuestra ti-
canzar su culmen en los momentos previos a la roma- pología, su consolidación requerirá de futuros análisis
nización (ss. II-I a. C.). metalográficos en curso que nos permitan constatar
Por otro lado, resulta llamativo que las FAH com- la producción a molde de determinadas piezas como
parezcan en tumbas en las que alguno de sus protago- los puentes de cabecera remachada (subtipo 2.2 o
nistas es un individuo infantil, además en asociación tipo 19), sobre las que albergamos naturales dudas.
directa con los restos, si bien las sepulturas 11 y 20 Con todo, la estandarización de ciertas formas de
padecían cierta alteración. A tenor de lo expuesto en fabricación parece bien constatada en las piezas de
determinadas ocasiones y/o para algunos individuos, nuestro tipo 1 o forjadas, especialmente en el subtipo
las fíbulas anulares en Pintia debieron de contener 1.2b, consistente en el montaje manual de la pieza
ciertos valores profilácticos, adquiridos quizá desde formada por tres elementos, en el que invariable-
su uso en vida y extensibles al mundo de ultratumba mente el puente genera el resorte el cual remata en
u otorgados exclusivamente para el ámbito ctónico. la aguja, al margen del número de espiras que confor-
68 Elvira Rodríguez Gutiérrez y Carlos Sanz Mínguez
man al muelle; el anillo es independiente y presenta co, reconocido y reconocible en el seno de estas co-
sujeción caudal. munidades prerromanas. Encontrarse entre las más
Respecto al subtipo 2.2 o tipo 19, tras los nuevos vistosas de las joyas vacceas, explicaría su interés y
ejemplares documentados, podría plantearse que éxito de emulación a nivel más asequible mediante su
su origen se encuentra en talleres vacceos, proba- abundante reproducción en bronce, dentro del grupo
blemente pintianos, desde donde alcanzaría otros de fíbulas que Cuadrado caracterizó como de la Me-
enclaves. Este modelo pudo tomar varios caminos seta Norte, entre las que los tipos 4g y 7 destacarían
evolucionando tempranamente (finales del s. IV-ini- por su fidelidad a los originales de plata y oro.
cios del III a.C.) hacia las piezas de plata y de oro, las
cuales experimentaron a lo largo de distintas gene-
raciones, numerosas remodelaciones y «puestas al Notas
día» lo que propició su recargada apariencia actual;
otra senda llevó a sustituir en ejemplares broncí- 1. Convendría ratificar mediante análisis metalográficos, de los que
no disponemos, la estructura de los diversos elementos que cons-
neos la cabecera remachada del anillo por la cartela tituyen estas fíbulas, lo que podría introducir algunos cambios en
maciza, y en consecuencia su elaboración en molde, nuestra propuesta.
desembocando en las que Cuadrado denominó tipo
2. Los números hacen referencia a la identificación de los materia-
4g o de anillo grueso con cartela. A su vez, las pie- les en la base de datos datapintia.
zas de orfebrería tuneadas con lámina de oro que
3. Aunque no es seguro, probablemente esta pieza (Museo de Pa-
incluyen filigrana y granulado constituyeron la inspi- lencia, n.º inv. 1051) proceda de este yacimiento según la informa-
ración de los modelos broncíneos tipo 7 de puente ción proporcionada por el director del Museo, a quien deseamos
ancho, de Cuadrado. expresar nuestro agradecimiento por las facilidades prestadas para
El paso consistente en la unión de puente/anillo a su estudio y documentación.
molde, imitando la cartela y el aspecto amorcillado, 4. Deseamos expresar nuestro agradecimiento al personal del Mu-
pudo surgir en alguno de los oppida vacceos, quizá en seo de Zamora por su amabilidad y diligencia a la hora de facilitar-
nos la consulta de las FAH de Arrabalde.
la Pallantia del Arlanza más próximo al mundo turmo-
go y/o autrigón. Por lo que respecta a la configuración 5. Las imágenes superior e inferior son cortesía del Museo de Pa-
de la pieza miniatura paredana (fig. 9: 13), diremos que lencia y de la Hispanic Society of America, respectivamente, a quie-
nes reiteramos nuestro agradecimiento.
la misma resulta en cierta medida contradictoria, por
cuanto puente de cabecera remachada y anillo perfo- 6. No descartamos, en cualquier caso, su relación con una aguja
simple o libre de los broches anulares, considerados prototipos de
rado sin cartela constituyen rasgos claramente atávi- las FAH por Almagro Basch (1966).
cos, mientras que la ausencia de sujeción y sobre todo
la aguja suelta (¿préstamo de las fíbulas o broches en
omega?)6 apuntan a momentos de cronología avanzada.
En otro orden de cosas, resulta probable que la Bibliografía
franja cronológica propuesta para el uso y producción
de las FAH en la necrópolis pintiana (segunda mitad Almagro Basch, M. (1966): “Sobre el origen posible de las
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aún nos son desconocidos, por lo que carecemos de
los herederos del autor, como parte de su Obra Com-
análisis comparativos que muestren las costumbres pleta. Disponible en: [Link]
de los vivos y las creencias aplicadas a los muertos, obra/sobre-el-origen-posible-de-las-mas-antiguas-fibu-
pudiendo variar notablemente nuestra percepción las-anulares-hispanicas--0/ [consulta: 09-enero-2021].
sobre este aspecto. Sin embargo, al menos en lo rela- Argente Oliver, J. L. (1994): Las fíbulas de la Edad del
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