El documento aborda la importancia del discipulado personal en las iglesias evangélicas, argumentando que es más efectivo que el discipulado colectivo para el desarrollo espiritual de nuevos creyentes. Se propone entrenar a creyentes fieles para que discipulen a otros, enfatizando que el discipulado implica un compromiso personal y atención individual. Además, se discuten los enemigos del discipulado y la necesidad de redefinir su concepto para incluir una interacción más profunda entre el discipulador y el discípulo.