14.
- DERECHO DE PERSONAS, COSAS Y ACCIONES (CONTINUACIÓN):
ANTECEDENTES DE HECHO Y CONSECUENTES DE DERECHO
La Lógica formal aristotélica, basada en silogismos analíticos que trabajan únicamente
con premisas verdaderas o falsas, no ha llegado a consolidarse en el campo del ius. Ante
la necesidad de afrontar correctamente los problemas en torno a la dinámica de la relación
jurídica, los autores, a partir de M. T. CICERÓN, se han centrado en el campo de la
Tópica y la Retórica, disciplinas complementarias referidas a las leyes de la razón
humana, que operan con premisas opinables, verosímiles, probables o meramente
convincentes. No han operado con cuestiones cerradas, mediante una solución definitiva,
sino frente a asuntos que están sujetos a discusión y debate desde la dualidad de
posiciones subjetivas enfrentadas, tratando de llegar a una respuesta, que suponga el
triunfo de una de las posiciones en litigio, o bien de una tercera vía que presente elementos
procedentes, en parte, de una y, en parte, de otra.
En este sentido, la argumentación jurídica muestra dos manifestaciones fundamentales.
La primera de ellas es la relativa a la acreditación de aquellos hechos jurídicos que
conforman el caso práctico. Se trata de dar respuesta a la denominada quaestio facti.
Mientras que el segundo modo de argumentación, centrado en la llamada quaestio iuris,
viene a determinar cuál es, en concreto, el Derecho aplicable al caso que ha sido
acreditado previamente1.
14.1 La idea de prueba de los hechos jurídicos, expresados mediante proposiciones
descriptivas
Ante todo, prueba es actividad cognoscitiva de la práctica jurídica, realizada tanto en vía
extraprocesal preventiva como procesal, tendente a poner de manifiesto la certeza y
credibilidad de las alegaciones de hecho realizadas por el sujeto. Más en particular, la
prueba se circunscribe a determinados trámites procesales relativos a la aportación del
material indiciario y a su valoración. Se trata de un deber o carga, onus probandi, que
corresponde a una de las partes, sin perjuicio de la competencia del magistrado-juez. En
el proceso civil y en el proceso penal acusatorio, corresponde plenamente a la parte
interesada que alega y afirma un hecho, mientras que, en el proceso penal inquisitivo, el
magistrado asume la función instructora.
Definimos la prueba, probatio factorum, como argumentación o inferencia judicial, cuyas
premisas son los indicios notorios, directos o indirectos, aportados por la parte
correspondiente, para llegar a la conclusión de la acreditación o no del caso concreto
cuestionado2. A partir de la recepción de la Dialéctica y la Retórica, distinguimos cuatro
modalidades: A.- Reconocimiento inmediato de hechos exentos; B.- Prueba principal por
1
Ante todo, tenemos presente la expresión “da mihi factum, dabo tibi ius”, máxima de origen canónico que
es indicativa del principio dispositivo frente al inquisitivo. Asimismo, iura novit curia (principio medieval
de raíz romana, que impone al juez el deber de conocer el Derecho, de asesorarse y de interpretarlo, sin
poder alegar oscuridad; De qua re iudex cognoverit pronuntiare cogendus erit: D. 5, 1, 7, 4 pr.). Puede
incluso corregir el razonamiento demostrativo de las partes. Estos aforismos establecen una dualidad de
regímenes jurídicos, puesto que, por un lado, imponen a las partes litigantes, actor y reo, la carga de la
prueba de los hechos alegados, onus probandi, y, por otro, imponen al magistrado-juez el deber de conocer
el derecho y resolver cualquier caso que pueda plantearse.
2
En Digesto 22, 3 De probationibus et praesumptionibus, encontramos diversos fragmentos de la
jurisprudencia clásica relativos a esta materia de la acreditación de los hechos dudosos o cuestionados. A
partir de ellos, podemos llegar a establecer que los “sujetos” de la prueba son, por un lado, la parte que
afirma el hecho, no aquella que lo niega y, por otro, el juez encargado de valorar los medios probatorios
aportados. Asimismo, “objeto” de la prueba es la alegación de certeza de determinados hechos, no notorios,
ni asimilados, controvertidos.
indicios notorios directos; C.- Prueba supletoria por indicios notorios indirectos
(praesumptio facti vel hominis) y D.- Criterios supletorios
A.- Reconocimiento inmediato de hechos exentos
Tiene por objeto los hechos que pasamos a definir a continuación:
Notorio: Es aquel que resulta evidente por sí mismo y accesible a todos de modo
permanente, que no necesita prueba y no admite controversia y que, además, constituye
indicio para probar el no notorio. Por ejemplo, un terremoto, el comportamiento habitual
en público de una persona, la vida práctica política, económica y social, el elemento
corporal de la costumbre y la posesión, etc. La notoriedad viene centrada en el ámbito de
los hechos objetivos perceptibles por los sentidos, no en el de los subjetivos internos no
susceptibles de tal percepción sensorial. Se asimila al notorio, en el sentido de que no
admite controversia, el acta de notoriedad o documento escrito redactado de modo
inmediato por fedatario público sobre datos externos y objetivos. Su medio de
manifestación es la escritura pública, con arreglo al aforismo scripta manent. La
notoriedad, pues, ha de ser entendida en sentido amplio, de modo que no solo comprende
el “hecho notorio considerado en sí mismo” que todos pueden percibir, sino determinados
“indicios notorios de otros hechos no notorios”.
Ficticio: Es aquel que viene reconocido por la norma, por razón de utilidad, a pesar de no
ser real (Ej. Tomar la voluntad del representante como si fuera la del representado).
Presunto iuris et de iure: Es aquel que viene reconocido por la norma, por razón de
utilidad, sin necesidad de prueba, a pesar de ser dudoso y sin admitirse prueba en
contrario. Presunto iuris tantum: Es aquel que viene reconocido por la norma, también
por razón de utilidad, sin necesidad de prueba, a pesar de ser dudoso, pero mientras no se
pruebe el hecho contrario (Ejs. 1297 CC).
No controvertido: Es aquel hecho no notorio que en ningún momento ha sido objeto de
duda, sino que ha sido admitido por ambas partes sin más como evidente, por confesión
expresa o de modo tácito.
Juzgado: Es aquel hecho que ya ha sido declarado probado en sentencia firme.
B.- Prueba principal por indicios directos notorios
Tiene por objeto o quaestio facti los hechos que no son notorios ni asimilados a ellos, es
decir, no evidentes por sí mismos. Nos centramos, pues, en el hecho controvertido, esto
es, aquel que, en principio, es afirmado por una de las partes contratantes y negado por la
contraria, de tal modo que la afirmación ha de ser probada, no la negación. Se basa en
tópicos o criterios racionales de argumentación probable. Tal argumentación se realiza a
través de unas premisas y términos medios, entre los que destacan los indicios notorios,
esto es, documentos escritos en que se refleja la realización del hecho controvertido. Estos
indicios notorios pueden ser públicos o privados, inmediatos, cuando el redactor ha
presenciado el hecho, o mediatos, cuando dicho redactor se limita a recoger aquello que
otros, las partes o los testigos, han presenciado. Se distingue también entre indicios de
descripción o de transcripción, puesto que unos tratan de describir los elementos objetivos
externos y otros de transcribir los elementos subjetivos internos, como la voluntad o el
consenso. El acta de notoriedad es descriptiva y la escritura pública negocial suele
describir y transcribir.
C.- Prueba supletoria por indicios indirectos
Es aplicable a hechos que no son susceptibles de prueba directa, como los subjetivos
internos. No se basa en los tópicos de la razón de probabilidad, sino en criterios de
convicción. Se admite por razones prácticas, en relación con hechos subjetivos internos
que no son susceptibles de aprehensión por los sentidos. Es medio de carácter no objetivo,
sino subjetivo, pues reside en la convicción del juez. Praesumptum facti vel hominis es,
por tanto, aquel hecho de cuya existencia ha quedado convencido el juez por acumulación
de indicios indirectos suficientes.
D.- Criterios subsidiarios
Supuesto el deber inexcusable de juzgar y sentenciar y dado que en la vida práctica puede
producirse el caso en que falte la plenitud de la prueba o en que la prueba sea dudosa, se
establecen diversos criterios subsidiarios favorables, por razones de utilidad (in dubio pro
reo, in dubio contra fiscum, in dubio pro operario, favor libertatis, favor testamenti etc.).
14. 2 La idea de interpretación3 del Derecho aplicable al caso acreditado
La interpretatio presenta particular interés e importancia por diversas razones. En primer
lugar, porque su alcance no se limita a dar la solución singular ad hoc del caso práctico
planteado, sino porque además establece una respuesta razonada o precedente
jurisprudencial susceptible de ser aplicado a otros casos futuros asimilables. Por tanto, la
conclusión de este tipo de razonamiento jurídico afecta o puede afectar tanto al campo
facultativo como al prescriptivo.
En segundo lugar, la modalidad de argumentación interpretativa adoptada constituye el
criterio fundamental para establecer una clasificación de los diversos ordenamientos
jurídicos en el marco de referencia del Derecho comparado, agrupándolos por afinidades
en determinadas “familias”. En este sentido, es tradicional, la distinción entre los
ordenamientos anglosajones del case law system, en los que tiene rango prevalente la
equidad, y los continentales del code law system, en los que la prioridad corresponde al
método deductivo, sin perjuicio de la equidad como criterio complementario o
alternativo. Así sucede en materia de arbitraje ex bono et aequo.
La complejidad del razonamiento y argumentación de carácter interpretativo o
demostrativo reside en el hecho de que en él tienen cabida elementos heterogéneos que
responden a las diversas dimensiones del fenómeno jurídico. Se afirma, con frecuencia,
que en dicho razonamiento conviven y se interrelacionan los tres modos a través de los
cuales lo jurídico se manifiesta, a saber, Derecho objetivo, Hecho jurídico, Derecho
subjetivo.
Entendida como actividad reglada y oficial, ya desde época clásica, la interpretación o
demostración del derecho aplicable y aplicado al caso singular acreditado presenta tres
modalidades fundamentales: A.- Principal; B.- Supletoria; C.- Subsidiaria.
A.- La “interpretación principal” es aquella de carácter inmediato y meramente
declarativo, que tiene lugar cuando el caso práctico queda subsumido de forma clara y
3
A partir de los hechos acreditados, se plantea el problema de la determinación del Derecho aplicable,
quaestio iuris. Se trata de una inferencia que realiza el juez, poniendo en conexión el ordenamiento jurídico
y el caso, considerando las argumentaciones de las partes. Pero la interpretación no basta; es preciso ir más
allá y considerar, además, la “ponderación de la equidad”, a propósito de la cuantificación de los elementos
del caso, así como de la coherencia entre los precedentes y subsiguientes. En último término, es precisa la
efectiva “aplicación” del Derecho, en virtud de una decisión de la voluntad que acata la disposición
declarativa o que la impone de modo forzoso.
precisa en la literalidad de la norma y ello viene avalado por las respuestas o las reglas
jurisprudenciales unánimes4.
A falta de unanimidad, el intérprete debe optar, entre las diversas doctrinas admitidas, por
aquella que considere mejor fundada (… si dissentiunt iudici licet quam velit sententiam
sequi). Pero esta corresponde ya al segundo tipo de interpretación.
B.- La “interpretación supletoria” es aquella de carácter clarificador, integrador,
corrector, etc., que se da en defecto de la anterior, en casos de oscuridad, ambigüedad,
concurrencia de normas, falta de previsión o laguna, etc.
C.- Por último, al igual que ocurre en materia probatoria, contamos aquí con criterios
interpretativos subsidiarios, supuesto el deber inexcusable del juez de pronunciarse sobre
todo asunto de que tenga conocimiento (in dubio pro reo, in dubio contra fiscum, in dubio
pro operario, favor libertatis, favor testamenti etc.).
El tópico interpretativo más antiguo habría sido el de la razón de equidad, puesto que
permite resolver el caso singular por inducción (ex bono et aequo) y crear precedentes
casuísticos que resulten útiles para otros casos posteriores (aequitas paribus in causis
paria iura desiderat). Pero, con el paso del tiempo, las costumbres son objeto de
redacción y van promulgándose las leyes escritas, al tiempo que los juristas elaboran
repertorios de reglas o libri regularum.
A partir de entonces, junto a la equidad, puede hablarse de la interpretación literal que se
desarrolla, de manera inmediata y no controvertida. En este sentido, se afirma que in
claris non fit interpretatio. Tiene lugar cuando entre el caso práctico y el tipo
preestablecido existe plena correspondencia, de modo que no se plantea duda alguna
sobre su significado y alcance. Se impone entonces la necesidad de recurrir al modo más
sencillo de argumentación demostrativa o interpretativa, según expresan los aforismos
citados, al mismo tiempo que se prohíbe al intérprete introducir distinciones no previstas
en la ley (Ubi lex non distinguit, nec non distinguere debemus).
A pesar de que el aforismo in claris non fit interpretatio parece excluir, por completo, la
argumentación en este caso, lo cierto es que resulta imprescindible aquí también el
recurso a un razonamiento de subsunción más o menos complicado. En efecto, en un
primer momento histórico, se aplica un criterio estrictamente literal o formal, pero, a
partir de la Causa Curiana, el método se hace más complejo, de modo que abarca
conjuntamente tanto la letra como el espíritu de la norma. Esto supuesto, puede afirmarse
que, en caso de coincidencia entre la letra y el espíritu de la norma, la solución resulta
inmediata. Pero si existiera discrepancia, estaríamos ante otro tipo de argumentación, la
supletoria. Entonces tendría lugar el enfrentamiento de las dos orientaciones clásicas; la
que da preferencia a las palabras, verba, o la que otorga prevalencia a la voluntas. Aunque
con el tiempo llegará a prevalecer esta segunda opción (D. 33, 10, 7, 2: Prior atque
potentior quam vox est mens dicentis), he aquí un texto del Digesto en que la opinión
dominante parece inclinarse por el criterio formalista externo (D. 32, 25, 1: Cum verbis
nulla ambiguitas est, non debet admitti voluntatis quaestio).
En conclusión, prueba e interpretación son dos actividades propias de la competencia del
juez que el legislador no puede asumir de modo pleno y definitivo.
4
G. 1, 7: … si in unum sententiae concurrunt id quod ita sentiunt legis vicem optinet.