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Cuento

Sofía alquila un apartamento en un edificio que supuestamente solo tiene doce pisos, pero descubre un botón desgastado del piso 13 en el ascensor. Tras experimentar ruidos extraños y encontrar un pasillo polvoriento que lleva a un apartamento idéntico al suyo, se encuentra con una versión de sí misma que le advierte sobre no ignorar las señales. Aterrorizada, Sofía decide mudarse dos días después, cuestionándose sobre el destino de su otra yo.

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Cuento

Sofía alquila un apartamento en un edificio que supuestamente solo tiene doce pisos, pero descubre un botón desgastado del piso 13 en el ascensor. Tras experimentar ruidos extraños y encontrar un pasillo polvoriento que lleva a un apartamento idéntico al suyo, se encuentra con una versión de sí misma que le advierte sobre no ignorar las señales. Aterrorizada, Sofía decide mudarse dos días después, cuestionándose sobre el destino de su otra yo.

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El apartamento del piso 13

Cuando Sofía alquiló el apartamento, le dijeron que el edificio solo tenía doce pisos.
Aun así, el ascensor mostraba un botón desgastado con el número 13, hundido por el
uso. Preguntó al portero. Él bajó la mirada y dijo que era un error viejo, que nadie había
vivido ahí desde hacía años.

Sofía no creyó en supersticiones. Hasta la primera noche.

A las 2:17 a.m., escuchó pasos sobre su techo. Lentamente. Como si alguien caminara
descalzo. Recordó que vivía en el último piso. No había nadie arriba.

La segunda noche, los pasos se detuvieron frente a su puerta. No tocaron. Solo


esperaron.

La tercera noche, el ascensor se detuvo solo. Las puertas se abrieron y, por primera vez,
el piso 13 se iluminó. Un pasillo largo, idéntico al suyo, pero cubierto de polvo y
silencio.

No debería haber salido. Lo sabía. Pero algo —curiosidad, soledad, o ambas— la


empujó.

En el fondo del pasillo había una puerta entreabierta. Dentro, vio su apartamento.
Exactamente igual. Excepto por una diferencia: ella estaba sentada en el sofá, llorando.

Retrocedió aterrada, pero la otra Sofía levantó la cabeza y la miró directo a los ojos.

—No cometas mis errores —dijo—. No ignores las señales. No te quedes cuando ya
sabes que debes irte.

El ascensor sonó detrás de ella. Cuando Sofía volvió a su piso, el botón 13 había
desaparecido.

Se mudó dos días después.

A veces, al pasar frente a edificios altos, se pregunta qué habrá sido de la otra. Y si, en
algún lugar, alguien está a punto de presionar un botón que no debería existir.

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