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Filósofos PAU

El documento presenta un análisis de las filosofías de Platón y Aristóteles, destacando sus enfoques sobre la política, la ética y el conocimiento. Platón se centra en la búsqueda de una polis justa y el conocimiento de la idea de bien, mientras que Aristóteles propone un enfoque empírico y considera al ser humano como un 'zoon politikon' que necesita vivir en comunidad. Además, se comparan las visiones de Kant y Aristóteles sobre la ética, subrayando las diferencias entre la ética de la virtud de Aristóteles y la ética deontológica de Kant.

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El documento presenta un análisis de las filosofías de Platón y Aristóteles, destacando sus enfoques sobre la política, la ética y el conocimiento. Platón se centra en la búsqueda de una polis justa y el conocimiento de la idea de bien, mientras que Aristóteles propone un enfoque empírico y considera al ser humano como un 'zoon politikon' que necesita vivir en comunidad. Además, se comparan las visiones de Kant y Aristóteles sobre la ética, subrayando las diferencias entre la ética de la virtud de Aristóteles y la ética deontológica de Kant.

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Filosofía

2ºbach

PLATÓN
CONTEXTO DE PLATÓN

Platón pertenece a la Edad Antigua. A raíz de la muerte de su maestro


Sócrates, Platón sufre una profunda crisis vital, la cual provoca que gran
parte de su filosofía se centre en la política, en un deseo por fundar una
polis justa. Asume así el giro antropológico que habían protagonizado los
sofistas y Sócrates, frente a la preocupación por la physis de los
presocráticos.
En Atenas, Platón fundó en el año 387 a.C. la Academia: una escuela en la
cual se enseñaba música, astronomía, matemáticas y como culminación
de los estudios, filosofía.

Aunque en tiempos de Platón ya había cambiado el paradigma del mito al


logos, Platón con frecuencia usa los mitos como recurso pedagógico. En
este fragmento en peculiar, Sócrates (personaje por cuya boca se expresa
Platón), como interlocutor principal, explica el mito de la caverna a
Glaucón.

COMENTARIO DE TEXTO DE LA REPÚBLICA, LIBRO VII

El texto que nos disponemos a comentar forma parte de La República,


Libro VII de Platón, la cual pertenece a su periodo de madurez. El
fragmento se inicia tras el relato de Sócrates, personaje por cuya boca se
expresa Platón, cuando se dispone a explicárselo a su interlocutor,
Glaucón.

La caverna y el fuego simbolizan el mundo sensible, lo que hay fuera de


ella y el sol representan el mundo inteligible. Platón establece un
paralelismo entre la luz del fuego en la caverna y el poder del sol en el
exterior.

Los prisioneros de la caverna somos los seres humanos, encadenados a


un mundo sensible, de sombras: carecemos de educación y creemos
verdaderas las sombras que se ven proyectadas en el fondo de la cueva,
ignorando a la auténtica realidad (las ideas).

Las sombras son el reflejo de las cosas sensibles, y son producidas por la
luz del fuego, al proyectarse sobre los objetos.
El camino de ascenso y la salida del prisionero son el método del
conocimiento
(dialéctica) hacia el mundo inteligible. Gracias a la dialéctica, el prisionero
recorre de modo ordenado el reino de lo inteligible: es preciso continuar
ascendiendo o esforzándose intelectualmente de idea en idea, hasta la
idea de bien. El sol simboliza la idea de bien, idea suprema y causa de
todo lo existente. Se trata de la realidad suprema y de la verdad más
plena a la que podemos aspirar, la que nos hace “sabios”.

Conocer la idea de bien es clave para la comprensión del mundo y para


acceder a la verdad, pero también es el fundamento ético-político: quien
conoce el bien actuará moralmente y estará capacitado para gobernar.
Esta defensa del intelectualismo moral implica que los sabios o filósofos
son los que están capacitados para gobernar, pues son los únicos que
conocen la verdad, la idea de bien.

RELACIÓN PLATÓN-PRESOCRÁTICOS

Los presocráticos centraron su filosofía en el arjé, mientras que platón se


centró en la política, en la búsqueda de una polis justa.
La filosofía platónica fue influenciada por filósofos presocráticos, como por
ejemplo Heráclito. Heráclito pensaba que todo el mundo está en
constante cambio (devenir de las cosas). De él Platón aplica dichas
características del devenir (cambiante e intermitente) al Mundo Sensible.

Por otro lado, Parménides afirmaba que el cambio es una simple


apariencia, pues lo que es no puede dejar de ser, no puede no ser. Así,
Platón implanta dichas características del Ser a las Ideas (únicas, eternas
e inmóviles) del Mundo Inteligible. Platón también hereda de Parménides
los conceptos ‘doxa’ y ‘episteme’ que aplicará a su dualismo
epistemológico.

Platón, además, tuvo influencia de Pitágoras, que consideraba los


números y las matemáticas como el origen de la naturaleza, aunque
Platón no veía las matemáticas como un arjé, sino con un enfoque hacia la
educación, pues pensaba que era una vía para llegar a la Idea del Bien.

RELACIÓN PLATÓN-ARISTÓTELES

Platón y Aristóteles son dos de los pilares de la filosofía occidental, pero


representan dos enfoques muy distintos. Platón parte de un dualismo
ontológico: hay un mundo sensible, cambiante y engañoso, y un mundo
inteligible, eterno y verdadero, donde habitan las Ideas. El conocimiento
verdadero consiste en recordar esas Ideas que el alma contempló antes
de encarnarse, por eso su teoría del conocimiento es innatista y
racionalista.

Aristóteles, discípulo de Platón, rompe con este dualismo. Para él, no


existen dos mundos, sino uno solo compuesto por sustancias formadas de
materia y forma. Niega la existencia de las Ideas separadas y defiende
que el conocimiento comienza en los sentidos y se eleva a lo universal por
abstracción. Es decir, introduce una epistemología empirista y una
ontología hilemórfica.

En ética, Platón cree que la justicia se logra cuando cada clase social
cumple su función y el alma sigue la razón. Aristóteles, en cambio, habla
de virtud como hábito, equilibrio y punto medio, y sitúa el fin último en la
eudaimonía (felicidad). Así, aunque ambos buscan el conocimiento, la
virtud y el bien, sus caminos son profundamente distintos.

ARISTÓTELE
S
CONTEXTO DE ARISTÓTELES

Aristóteles es uno de los filósofos más influyentes de la filosofía clásica.


Nacido en Estagira, fue el educador del conocido Alejandro Magno tras la
muerte de su maestro Platón. Tuvo una gran influencia platónica, aunque
desarrolló su propio pensamiento, abarcando casi todos los ámbitos del
saber humano.
Tras veinte años de estudio en la Academia de Platón, fundó en Atenas su
propia escuela, el Liceo, que tenía un enfoque empírico de los distintos
aspectos que se trataban. Los estudiantes de su escuela eran conocidos
como “peripatéticos” por su costumbre de caminar mientras debatían.

Vivió en un contexto marcado por la grandeza de la civilización griega,


pero también por los desafíos que enfrentaban las polis griegas en el siglo
IV a.C. El declive de Atenas como modelo político tras la derrota en la
Guerra del Peloponeso y la expansión del poder macedonio influyó
profundamente en su pensamiento.

COMENTARIO DE POLÍTICA, LIBRO I DE ARISTÓTELES

Su obra Libro I de la política de Aristóteles contiene un enfoque empírico,


un razonamiento teleologísta y una visión ética. Aristóteles concibe al ser
humano como un “zoon politikon” (animal político) por naturaleza, que
requiere de la polis, la forma más perfecta de asociación humana, para
desarrollarse plenamente, adquirir las virtudes y como fin o propósito
(telos) alcanzar la felicidad, pues todo esto no sería posible en la vida
fuera de la polis, agruparnos (familia, casa, aldeas, ciudad) de manera
natural. Aquel que viviera fuera de una sociedad sería una “bestia” pues
no sabría cómo relacionarse, o un “dios”, puesto que no necesitaría vivir
en comunidad.

–.-.-.-.- En el Libro I de Política, Aristóteles sostiene como tesis que el ser


humano es, por naturaleza, un animal político (zoón politikón), es decir,
un ser que solo puede alcanzar su plenitud viviendo en comunidad. Para
él, la polis (ciudad-Estado) no es un invento artificial, sino el resultado
natural de un proceso evolutivo que parte de la familia y la aldea hasta
llegar a la ciudad, donde el hombre realiza su racionalidad y moralidad.

La palabra naturaleza se relaciona directamente con esta visión, ya que


Aristóteles considera que la vida política no es opcional, sino parte
esencial del ser humano. Quien vive al margen de la polis —dice— es “o
una bestia o un dios”, porque no participa en el uso de la razón ni en la
búsqueda del bien común, que son propios del ser humano por
naturaleza.

Así, el fragmento se vincula con esta palabra al defender que la


organización política es conforme a la esencia del hombre, y que vivir
en sociedad no es una imposición externa, sino una expresión natural de
nuestra condición racional y social.

RELACIÓN ARISTÓTELES-PLATÓN
Platón y Aristóteles son dos de los pilares de la filosofía occidental, pero
representan dos enfoques muy distintos. Platón parte de un dualismo
ontológico: hay un mundo sensible, cambiante y engañoso, y un mundo
inteligible, eterno y verdadero, donde habitan las Ideas. El conocimiento
verdadero consiste en recordar esas Ideas que el alma contempló antes
de encarnarse, por eso su teoría del conocimiento es innatista y
racionalista.

Aristóteles, discípulo de Platón, rompe con este dualismo. Para él, no


existen dos mundos, sino uno solo compuesto por sustancias formadas de
materia y forma. Niega la existencia de las Ideas separadas y defiende
que el conocimiento comienza en los sentidos y se eleva a lo universal por
abstracción. Es decir, introduce una epistemología empirista y una
ontología hilemórfica.

En ética, Platón cree que la justicia se logra cuando cada clase social
cumple su función y el alma sigue la razón. Aristóteles, en cambio, habla
de virtud como hábito, equilibrio y punto medio, y sitúa el fin último en la
eudaimonía (felicidad). Así, aunque ambos buscan el conocimiento, la
virtud y el bien, sus caminos son profundamente distintos.

RELACIÓN ARISTÓTELES-HOBBES

Aristóteles y Hobbes reflexionan sobre la política, pero con enfoques


opuestos.

Aristóteles defendía que el ser humano es un “zoon politikón” por


naturaleza que precisa una vida en la polis para desarrollarse plenamente
y llegar a alcanzar la felicidad. Somos seres sociales que convivimos con
los demás, nos agrupamos (familia, casa, aldeas y ciudad) y formamos
sociedades de manera natural. De ahí que la función de la política es la de
lograr el bien común para la sociedad.

La teoría política de Hobbes, autor contractualista de la modernidad, es


completamente diferente. En su obra “El Leviatán”, Hobbes presenta a
través del concepto de “homo homini lupus” (el hombre es un lobo para el
hombre), un estado de “guerra de todos contra todos”, siendo esta la
verdadera naturaleza del ser humano. Mientras que Aristóteles proponía
un Estado democrático basado en la clase media, para Hobbes es
necesario un Estado fuerte y autoritario que se posicione por encima de la
sociedad y cuyo poder sea empleado para mantener la disciplina y el
orden social. Pero la creación de tal Estado no es natural, sino artificial, se
trata de un pacto para huir de una situación natural de peligro y de guerra
constante. Por miedo, los individuos ceden su libertad a cambio de
protección.
Es decir, mientras Aristóteles concebía la unión política como algo natural
que fomentaba las virtudes de los ciudadanos, para Hobbes la unión
política surge para buscar protección ante la maldad intrínseca del ser
humano.

RELACIÓN ARISTÓTELES-KANT

Ambos desarrollan éticas racionales, pero desde paradigmas distintos.


Aristóteles plantea una ética de la virtud: el bien es aquello hacia lo que
todo tiende, y la felicidad (eudaimonía) se alcanza cultivando hábitos
virtuosos que perfeccionan la naturaleza humana. La virtud se adquiere
con la práctica, y su criterio es el justo término medio.

Kant, por su parte, rechaza las éticas basadas en la felicidad o las


consecuencias. Propone una ética deontológica: la moralidad consiste en
actuar por deber, conforme al imperativo categórico, que exige obrar de
forma que la máxima de tu acción pueda ser ley universal. Es una ética
formal, universal y basada en la autonomía de la razón.

Aunque ambos valoran la razón, Aristóteles ve la moral como un arte de


vivir bien, y Kant como una ley interior estricta, desligada de deseos o
fines externos.

KANT
CONTEXTO DE KANT

Immanuel Kant nació en Konigsberg (Prusia), donde residió la mayor parte


de su vida. Vivió durante el siglo XVIII, conocido como el Siglo de las
Luces, en el cual se sustituye la tradición supersticiosa y oscura de la
religión por una fe absoluta en la razón y el progreso. Asimismo, en una
época en la que coexistían dos posturas diferentes: los racionalistas (fe en
la razón, Descartes) y los empiristas (fe en los sentidos, Hume) que Kant
sintetizará mediante su postura crítica (criticismo), el Idealismo
trascendental.

En 1784, en el apogeo de la Ilustración, Kant publicó su ensayo “Qué es la


Ilustración”, en el cual aborda el surgimiento del pensamiento crítico y la
razón como herramientas para lograr la emancipación individual. En su
escrito, hará referencia a Federico II, ya que convive durante su reinado.
Con su famosa frase “sapere aude”, Kant es el máximo representante de
la Ilustración alemana. Para Kant, la Ilustración será la salida del hombre
de su autoculpable minoría de edad, pues es el deber de cada individuo
atreverse a pensar por sí mismo.

COMENTARIO DE ¿Qué es la ilustración?

Kant no sólo critica la comodidad que los tutores proporcionan al inhibir la


autonomía, sino que también señala el papel central del miedo como un
medio para mantener el control. Para él, superar este miedo y aceptar la
responsabilidad de pensar por uno mismo es el núcleo de la Ilustración y
el auténtico progreso humano.

El texto permite entender cómo Kant estructura su argumento en torno a


la autonomía del pensamiento, la lucha contra el conformismo y la
importancia de la libertad como condición para la Ilustración.

En el fragmento de ¿Qué es la Ilustración?, Kant sostiene que la Ilustración


es el proceso por el cual el ser humano sale de su minoría de edad, es
decir, de su incapacidad para servirse de su entendimiento sin la guía de
otro. La tesis del texto es que la Ilustración consiste en alcanzar la
mayoría de edad intelectual, que solo es posible mediante el uso libre
y público de la razón.

La palabra mayoría de edad se relaciona con la idea de autonomía del


pensamiento, una condición en la que el individuo se libera de tutores
externos —como la religión, el Estado o la tradición— y empieza a pensar
por sí mismo. Según Kant, esta emancipación no se produce de forma
natural, sino que requiere valor, educación y libertad para cuestionar
lo establecido.

Por tanto, el texto conecta con esta palabra al presentar la Ilustración


como una invitación al uso responsable de la razón. La mayoría de edad
no es simplemente cumplir años, sino atreverse a pensar con criterio
propio, lo que convierte al ciudadano en sujeto libre y moralmente
maduro.

RELACIÓN KANT-ARISTÓTELES

Ambos desarrollan éticas racionales, pero desde paradigmas distintos.


Aristóteles plantea una ética de la virtud: el bien es aquello hacia lo que
todo tiende, y la felicidad (eudaimonía) se alcanza cultivando hábitos
virtuosos que perfeccionan la naturaleza humana. La virtud se adquiere
con la práctica, y su criterio es el justo término medio.
Kant, por su parte, rechaza las éticas basadas en la felicidad o las
consecuencias. Propone una ética deontológica: la moralidad consiste en
actuar por deber, conforme al imperativo categórico, que exige obrar de
forma que la máxima de tu acción pueda ser ley universal. Es una ética
formal, universal y basada en la autonomía de la razón.

Aunque ambos valoran la razón, Aristóteles ve la moral como un arte de


vivir bien, y Kant como una ley interior estricta, desligada de deseos o
fines externos.

RELACIÓN KANT-RACIONALISMO/EMPIRISMO

Racionalismo y Empirismo son dos posturas antagónicas frente al


problema del conocimiento que Kant sintetizará con su “Idealismo
trascendental”.

Por un lado, los racionalistas como Descartes tenían fe ciega en la razón y


las ideas innatas, y desconfiaban de los sentidos. Por otro lado, los
empiristas como Hume consideraban que las capacidades de la razón son
limitadas y se dejaban guiar por los sentidos y reducían el conocimiento a
la experiencia.

Al principio, en su periodo precrítico, Kant era racionalista pero tras la


lectura de Hume despierta del “sueño dogmático de la razón” dando lugar
a su periodo crítico. En este periodo, se posiciona en el criticismo,
conciliando ambas posturas y superándolas al afirmar que “todo
conocimiento comienza con la experiencia” (se aleja de Descartes) “pero
no se acaba en ella” porque el sujeto aporta estructuras racionales (se
aleja de Hume). Es decir, el conocimiento tiene una base empírica pero
después pasa por los filtros del espacio y el tiempo propios del sujeto
activo, después se aplican las categorías y la razón ordena el
conocimiento dándole significado. De este modo, conseguimos un
conocimiento universal al formar juicios sintéticos a priori, solo posibles
en física y matemáticas. (Ejemplo: el triángulo tiene 3 lados).

RELACIÓN KANT-MARX

Kant y Marx representan dos concepciones muy distintas de la libertad y


del progreso humano, aunque ambos parten del legado ilustrado y buscan
la emancipación del ser humano. Kant lo hace desde una perspectiva
idealista y racionalista; Marx, desde una visión materialista e
histórica.
Para Kant, la libertad es autonomía moral: actuar según leyes que uno
mismo se da mediante la razón. Esta autonomía se expresa en el
imperativo categórico, que exige obrar según máximas que puedan
valer como ley universal. Su ética es formal, universal y desinteresada.
Cree que todos los seres racionales deben ser tratados como fines en sí
mismos, no como medios.

Marx, sin embargo, considera que esa libertad kantiana es solo formal y
abstracta, ya que ignora las condiciones materiales reales en las que
vive la mayoría. En su opinión, los derechos universales y la moral
racional no son neutros, sino que reflejan los intereses de la burguesía.
Para él, la verdadera libertad solo puede alcanzarse cuando se
transformen las estructuras sociales y económicas que generan
desigualdad y alienación.

Mientras Kant pone el énfasis en el deber individual y el juicio moral, Marx


lo hace en la praxis colectiva y en el cambio revolucionario. No basta
con actuar moralmente: hay que transformar el mundo. En definitiva,
Kant representa la moral del sujeto racional autónomo; Marx, la crítica a
una sociedad que impide que ese sujeto exista realmente.

Ambos buscan la dignidad humana, pero por caminos distintos: Kant


desde la razón y la ética; Marx desde la lucha social y la economía.
MARX

CONTEXTO DE MARX

Karl Marx (1818–1883) desarrolló su pensamiento en el contexto de la


transición entre la Primera y la Segunda Revolución Industrial, lo que
generó profundos cambios socioeconómicos. La caída del feudalismo
ascendió a la burguesía y el proletariado, sustituyendo la agricultura por
trabajo industrial asalariado.
Marx tuvo influencia hegeliana en cuanto a la dialéctica (tesis, antítesis y
síntesis) pero en lugar de centrarse en el espíritu, Marx se enfocó en las
condiciones materiales de la historia (materialismo histórico). Desarrolló
esta teoría junto a Engels en el “Manifiesto Comunista” (1848).
Además, un concepto clave en su filosofía fue el de alienación,
inspirado en Feuerbach.

En esta obra, Marx introduce las ideas principales de su materialismo


histórico y su marxismo, haciendo una crítica hacia el capitalismo. Las
relaciones productivas son el verdadero motor de la historia.

COMENTARIO DE “PRÓLOGO” A LA CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA DE LA


ECONOMÍA POLÍTICA

En este fragmento del Prólogo a la Contribución a la crítica de la


economía política, Marx expone como tesis central que la estructura
económica de una sociedad (la infraestructura) determina su
organización política, jurídica e ideológica (la superestructura). Es
decir, no son las ideas las que cambian la historia, sino las condiciones
materiales de existencia.

La palabra infraestructura hace referencia a las relaciones de


producción (quién produce, cómo y para quién), mientras que
superestructura abarca instituciones como el Estado, las leyes, la religión
o la moral. Marx sostiene que la historia avanza por luchas de clases, y
que cuando la infraestructura cambia (por ejemplo, al pasar del
feudalismo al capitalismo), también cambia la superestructura.

Así, el fragmento se relaciona con estos conceptos al presentar una visión


materialista y estructural de la sociedad, en la que el cambio
económico es la base real de toda transformación social.

RELACIÓN MARX-KANT

Kant y Marx representan dos concepciones muy distintas de la libertad y


del progreso humano, aunque ambos parten del legado ilustrado y buscan
la emancipación del ser humano. Kant lo hace desde una perspectiva
idealista y racionalista; Marx, desde una visión materialista e histórica.

Para Kant, la libertad es autonomía moral: actuar según leyes que uno
mismo se da mediante la razón. Esta autonomía se expresa en el
imperativo categórico, que exige obrar según máximas que puedan valer
como ley universal. Marx considera que esa libertad kantiana es solo
formal y abstracta, ya que ignora las condiciones materiales reales. Para
él, la verdadera libertad solo es posible transformando las estructuras
sociales y económicas que generan desigualdad.
Mientras Kant resalta el deber individual, Marx defiende que no basta con
actuar moralmente, hay que transformar el mundo. Ambos buscan la
dignidad humana, pero Kant lo hace desde la razón ética y Marx desde la
lucha social.

RELACIÓN MARX-HEGEL

La frase de Hegel ‘‘Todo lo real es racional, y todo lo racional es real’’ dio


lugar a dos tendencias radicalmente distintas: la derecha hegeliana (más
conservadora), y la izquierda hegeliana (que atiende más a la realidad
como un proceso de transformación). La izquierda hegeliana no
justificaba la situación vigente, pues entendía que el movimiento
dialéctico no había concluido; además, mostraba una actitud crítica y
progresista, de la que Marx era partidario.

Si bien Marx compartía el proceso dialéctico con Hegel y reconocía en él


un punto crucial de su filosofía, no compartía la concepción hegeliana de
que lo real es una manifestación de la Idea, pues para Marx lo ideal no era
más que lo material. También toma de Hegel su mecanismo de dialéctica
de tesis (afirmación), antítesis (negación) y síntesis (negación de la
negación) como motor del desarrollo de la historia, pero no como lo había
situado él sino en la realidad racional concreta y material del hombre
(materialismo histórico).

Como vemos, la dialéctica es para ambos cambio y contradicción pero


mientras que la dialéctica de Hegel es teórica, la de Marx es práctico-
revolucionaria. La dialéctica en Marx no conduce a la recuperación o
restauración de una supuesta unidad perdida, sino a subrayar las
contradicciones y a la construcción de una nueva sociedad en donde sea
posible la emancipación social.
NIETZSCH
E
CONTEXTO DE NIETZSCHE

Friedrich Nietzsche (1844-1900) desarrolla su pensamiento en la segunda


mitad del siglo XIX (Edad Contemporánea), un periodo de profundos
cambios sociales, políticos y científicos. Europa vivía la consolidación del
capitalismo industrial tras la Revolución Industrial, el auge del
nacionalismo y la unificación de Alemania (1871). La influencia de la
Ilustración, el positivismo y el racionalismo seguía vigente, pero
empezaban a surgir críticas a la razón y al progreso ilimitado, sobre todo
desde la filosofía y la literatura.

En el ámbito filosófico, Nietzsche se opone al idealismo de Kant y Hegel,


así como al materialismo histórico de Karl Marx. También critica la fe
ciega en la ciencia como fuente absoluta de verdad. Su pensamiento se
inscribe en la “crisis de la modernidad”, denunciando la decadencia de los
valores occidentales, especialmente la moral cristiana, a la que considera
una moral de esclavos basada en la resignación y el sacrificio.

Influido por los presocráticos, Schopenhauer y la tragedia griega,


Nietzsche desarrolla una filosofía vitalista. Su crítica a la metafísica y su
estilo provocador lo convierten en un precursor del existencialismo y el
postestructuralismo, marcando profundamente la filosofía del siglo XX.

COMENTARIO DE NIETZSCHE

En este fragmento, Nietzsche plantea como tesis que “Dios ha muerto”, lo


que simboliza la crisis de valores absolutos en la cultura occidental. El
filósofo denuncia que, tras siglos de dominio de la moral cristiana, el ser
humano ha perdido los fundamentos en los que apoyaba su sentido de la
vida, dejando un vacío existencial.

Esta idea se relaciona directamente con el concepto de nihilismo, que


consiste en la negación de todo valor, propósito o verdad objetiva.
Nietzsche interpreta que, al desaparecer la fe en Dios y en una verdad
universal, el hombre queda desorientado y sin referencias morales, en un
mundo que ya no tiene un sentido dado.

Sin embargo, Nietzsche no se detiene en esta negación, sino que la


considera una oportunidad: solo al reconocer la muerte de los viejos
valores, el ser humano puede crear los suyos propios y convertirse en el
superhombre. Así, el fragmento expresa una crítica al nihilismo pasivo y
una invitación a superarlo con una nueva afirmación de la vida.

RELACIÓN NIETZSCHE-HERÁCLITO

Nietzsche compartía el relativismo y el escepticismo propios de los


sofistas y aplaudía a Heráclito por situarse en contra de las ideas
metafísicas. Frente a las concepciones eleatas de que el ser era una
unidad fija, inamovible y sustancial, Heráclito afirmaba que el ser era un
perpetuo devenir y que el mundo se hallaba en un movimiento incesante.
Además, adelantándose a Hegel, el filósofo griego aseguraba que el
mundo real consistía en un equilibrado ajuste de tendencias opuestas.
Asimismo hereda la lucha de contrarios de Heráclito para elaborar su
célebre distinción entre lo apolíneo y lo dionisíaco.

Nietzsche toma de Heráclito su idea del ser como entidad maleable y


cambiante, para justificar su rechazo a la metafísica y la ciencia en
general, cuyo estudio sólo da lugar a “momias conceptuales”. El filósofo
alemán criticaba la propensión humana a conceptualizar y categorizar el
mundo, pues no sólo daba lugar a conocimiento irreal, sino que limitaba la
realidad material.

No obstante, Nietzsche también criticaba el logos de Heráclito como


fuerza que guía el devenir de las cosas; pues el cambio hay que aceptarlo,
no tratar de encontrarle una explicación.

RELACIÓN NIETZSCHE-PLATÓN

En el plano ontológico, Platón diferenciaba dos mundos: uno sensible,


aparente y cambiante; y otro racional donde residen las Ideas y las
realidades perfectas y eternas. Para Nietzsche, este dualismo es el peor y
más duradero error de la cultura occidental, pues la invención de un
mundo diferente al sensible es un síntoma claro de resentimiento hacia
nuestra vida. Al no ser capaz de afrontar la existencia como es, con su
lado apolíneo y también dionisíaco, el filósofo inventa un mundo aparte.
Tacha también este hecho de egipticismo, pues refleja el miedo a la
noción del devenir.

Nietzsche se opone totalmente al dualismo epistemológico de Platon y la


universalidad de la verdad, dijo que la realidad no se puede conocer y
menos “racionalmente”, no podrá entenderse mediante momias
conceptuales ni leyes sino como algo más cercano a lo metafórico. Los
sentidos son quienes nos “hablan” sobre la vida y captan su dinamismo.

Finalmente, en el plano moral, Nietzsche se oponía totalmente a la moral


platónica, que derivará en la moral cristiana, tachándola de contranatural:
contraria a la vida. Platón continúa el intelectualismo moral de Sócrates,
teoría clave para entender el bien, la justicia y la verdad. Nietzsche en
cambio pensaba que los valores eran aquellos que favorecen la vida y la
satisfacción corporal.

RELACIÓN NIETZSCHE-KANT

Del pensamiento epistemológico de Kant, Nietzsche toma la idea de que


el noúmeno sea imposible de aprehender por el ser humano, pero
radicaliza este planteamiento afirmando que todo conocimiento está
determinado por las características del sujeto cognoscente (psicológicas,
sociales, físicas, etc.).

Nietzsche enriqueció la corriente gnoseológica que Kant revolucionó en su


momento con la introducción del lenguaje. Asimismo defendió que la
obsesión de la filosofía por la metafísica (con su aprehensión del ser y su
esencia y su teoría de la causalidad) estaba enraizada en el carácter
sustancialista de la gramática, en la que priman las estructuras sujeto-
predicado y el verbo ser. Si cambiáramos nuestro lenguaje, también lo
haría nuestra forma de percibir la realidad.

Nietzsche además arremetió contra la ética formal de Kant y llegó a


referirse a la moral de Kant, hija de la de Sócrates, como moral de
esclavos, basada en el miedo, la debilidad y el resentimiento. En su lugar,
reivindicó la moral de los señores, nacida del afán de vivir, de la fortaleza
propia del “Superhombre”. La misma intencionalidad de la voluntad del
superhombre estaba más allá del bien o del mal; debía ser individual y no
estar supeditada a las intenciones de los demás, desbancando así el
carácter universal de la moral kantiana.

SIMONE DE
BEAUVOIR
CONTEXTO DE SIMONE DE BEAUVOIR

La filosofía de Simone de Beauvoir se sitúa en la Edad Contemporánea,


y nace del caos del siglo XX, una etapa profundamente marcada por la
Primera y Segunda Guerra Mundial, la Revolución Rusa, la Gran Depresión
y la Guerra Fría; que generaron un ambiente de incertidumbre existencial
y desconfianza en las estructuras tradicionales de sentido.

En este contexto emerge el existencialismo, una corriente filosófica


centrada en la libertad, la angustia y la responsabilidad individual. Jean-
Paul Sartre, figura clave del movimiento y pareja intelectual de Beauvoir,
defendía que el ser humano no nace con una esencia definida, sino que se
construye a través de sus elecciones ("Estamos condenados a ser libres").

Beauvoir adopta este enfoque y lo aplica a su propia vida y obra. En El


segundo sexo (1949), denuncia que la mujer ha sido históricamente
definida como “el otro” del hombre, reducida a un objeto pasivo. Simone
de Beauvoir es una figura pionera tanto del feminismo de la Segunda Ola
como precursora de debates actuales sobre género, sexualidad e igualdad
estructural. Su obra anticipa temas del feminismo de la Tercera Ola, como
la crítica al patriarcado estructural y la construcción social del género.

COMENTARIO DE “EL SEGUNDO SEXO”

En el fragmento de El segundo sexo, Simone de Beauvoir sostiene como


tesis que la condición femenina no es una esencia natural, sino una
construcción social que ha sido impuesta por la cultura patriarcal. Es
decir, la mujer ha sido históricamente definida como “el Otro”,
subordinada al varón y excluida de la plena libertad y autonomía.

Esta idea se relaciona directamente con el concepto de feminismo, ya que


esta corriente de pensamiento y acción política denuncia precisamente la
desigualdad estructural entre hombres y mujeres. Beauvoir, desde una
perspectiva feminista, cuestiona el papel tradicional asignado a la mujer y
reclama la necesidad de liberarla de los estereotipos que la limitan.

La frase “no se nace mujer, se llega a serlo” resume esta crítica: no hay
una naturaleza femenina, sino una educación y una sociedad que forman
a la mujer como ser subordinado. Por tanto, el texto conecta con el
feminismo en su objetivo de desmontar los roles de género y alcanzar una
sociedad más justa e igualitaria.

RELACIÓN SIMONE DE BEAUVOIR-ARISTÓTELES

La filosofía de Simone de Beauvoir se opone de forma clara al


pensamiento esencialista de Aristóteles. El estagirita sostiene que todo
ser tiene una esencia que determina su finalidad—la del hombre,
gobernar; la de la mujer, obedecer— y que precede a su existencia.
Además, Aristóteles considera que la mujer es naturalmente inferior al
varón, destinada a ser gobernada.

Frente a esta concepción, Beauvoir, influida por el existencialismo de


Sartre, defiende que “no se nace mujer, se llega a serlo”, lo que implica
que la existencia precede a la esencia: el ser humano no está definido por
su biología ni por su naturaleza, sino que se va haciendo a través de sus
decisiones y acciones libres; y critica con dureza la tradición filosófica
occidental, incluida la aristotélica, por haber contribuido a justificar la
subordinación histórica de la mujer. Denuncia que esa “naturaleza
femenina” ha sido una construcción cultural para mantener el dominio
masculino.

RELACIÓN SIMONE DE BEAUVOIR- KANT

Ambos defienden la libertad y la autonomía, aunque desde contextos y


enfoques muy distintos. Desde el punto de vista kantiano, el ser humano
puede alcanzar la emancipación gracias a su racionalidad mientras que
Beauvoir pondrá en el centro la experiencia concreta del sujeto,
especialmente de la mujer, dentro de una sociedad patriarcal. No
obstante, la pereza y la cobardía podían impedir que el hombre asumiera
su propia libertad, lo que se asemeja a la mala fe en las mujeres que por
comodidad o temor, renuncia a su libertad y responsabilidad, dejándose
definir por otros.

Kant consideraba a las mujeres más emocionales y menos racionales que


los hombres. Pensaba que su papel estaba principalmente en el ámbito
doméstico y que no estaban hechas para las tareas intelectuales o
políticas. Indudablemente, la postura de Beauvoir es antagónica, ella
ahonda en la consecución de los Derechos, sobre todo de aquellos que
liberen realmente a las mujeres del yugo del machismo y el patriarcado.

RELACIÓN SIMONE DE BEAUVOIR-MARX

Ambos autores abogan por la emancipación de los oprimidos a través de


la conciencia de su situación y la lucha por la igualdad y la justicia social,
pero manteniendo unas diferencias clave.

Mientras que para Marx la alienación se aplicaba al proletariado que no


veía cómo la burguesía les robaba parte de su trabajo a través de la
plusvalía, para Beauvoir las mujeres viven alienadas contentándose con
su rol de madres y esposas.

Marx propuso la emancipación del proletariado a través de la revolución,


que surgiese por la toma de conciencia, la famosa conciencia de clase.
Simone de Beauvoir también reclama que la única forma de cambiar la
situación vigente es mediante la acción y llama a las mujeres para que
tomen conciencia de su opresión.

RELACIÓN SIMONE DE BEAUVOIR-NIETZSCHE


Simone de Beauvoir recibe una notable influencia de Nietzsche en su
crítica a los valores tradicionales y en su defensa de la libertad individual.
Nietzsche rechaza la moral cristiana, a la que llama moral de esclavos,
porque considera que exalta la sumisión y reprime la voluntad de poder
del individuo. Esta crítica inspira a Beauvoir en su análisis de cómo la
mujer ha sido educada para aceptar su rol subordinado como algo
moralmente correcto.

En El segundo sexo, Beauvoir retoma la idea nietzscheana de que los


valores son construcciones históricas, y denuncia que la cultura occidental
ha definido a la mujer como “lo Otro” respecto al varón, negándole la
posibilidad de ser un sujeto libre.

No obstante, Beauvoir se distancia de Nietzsche en su visión de la mujer.


Mientras él mantiene una actitud misógina, ella construye una filosofía
existencialista y feminista que busca precisamente romper con esas
visiones. Así, recoge su impulso transgresor, pero lo reorienta hacia la
emancipación femenina.

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