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ZILIO

El documento analiza los terremotos de Haití y Chile en 2010 desde una perspectiva geográfica, destacando que, a pesar de la mayor magnitud del sismo chileno, los efectos devastadores se sintieron más en Haití debido a su vulnerabilidad social, política y económica. Se argumenta que los desastres no son meramente naturales, sino que dependen de la exposición y vulnerabilidad de las poblaciones afectadas, y se propone un enfoque que considera las interacciones entre factores geológicos y sociales. La investigación se basa en un análisis cualitativo y cuantitativo de las características geológicas y geográficas de los eventos sísmicos y sus impactos en las comunidades.
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ZILIO

El documento analiza los terremotos de Haití y Chile en 2010 desde una perspectiva geográfica, destacando que, a pesar de la mayor magnitud del sismo chileno, los efectos devastadores se sintieron más en Haití debido a su vulnerabilidad social, política y económica. Se argumenta que los desastres no son meramente naturales, sino que dependen de la exposición y vulnerabilidad de las poblaciones afectadas, y se propone un enfoque que considera las interacciones entre factores geológicos y sociales. La investigación se basa en un análisis cualitativo y cuantitativo de las características geológicas y geográficas de los eventos sísmicos y sus impactos en las comunidades.
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Zilio, María Cristina; D'Amico, Gabriela; Báez, Santiago;

Palacios, Facundo; Aranda Alvarez, María del Carmen

Una mirada geográfica sobre las


problemáticas geológicas y
geomorfológicas: Riesgo e
incertidumbre en los terremotos de
Haití y Chile
XIX Jornadas de Investigación y Enseñanza de la Geografía

15 al 16 de noviembre de 2017

Zilio, M.; D'Amico, G.; Báez, S.; Palacios, F.; Aranda Alvarez, M. (2017). Una mirada
geográfica sobre las problemáticas geológicas y geomorfológicas: Riesgo e incertidumbre
en los terremotos de Haití y Chile. XIX Jornadas de Investigación y Enseñanza de la
Geografía, 15 al 16 de noviembre de 2017, La Plata, Argentina. En Memoria Académica.
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[Link]
UNA MIRADA GEOGRÁFICA SOBRE LAS PROBLEMÁTICAS GEOLÓGICAS Y
GEOMORFOLÓGICAS. RIESGO E INCERTIDUMBRE EN LOS TERREMOTOS DE
HAITI Y CHILE, 2010
María Cristina Zilio, Gabriela Mariana D´Amico**, Santiago Baez, Facundo Palacios y María
Aranda Álvarez
Centro de Investigaciones Geográficas / Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias
Sociales (UNLP - CONICET). Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FaHCE).
Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
mzilio@[Link]

EJE TEMÁTICO 2. Problemas ambientales

RESUMEN

En 2010, con pocos días de diferencia, tembló la Tierra enérgicamente en Chile y Haití. Si
bien el sismo chileno fue mucho más intenso que el haitiano, con Magnitud Momento de
8,8 y 7,3 respectivamente, los efectos más catastróficos los sufrieron y sufren los haitianos,
como consecuencia de su mayor vulnerabilidad social, política y económica.
Este trabajo, desarrollado dentro de la cátedra de Geografía Física II (Geomorfología), es
enfocado desde la Teoría Social del Riesgo y tiene como objetivo establecer las causas de
los desastres “naturales” desde una postura alternativa al enfoque tradicional, entendiendo
la vulnerabilidad en el contexto de sus orígenes políticos, sociales y económicos. Con un
ejemplo concreto, se pretende demostrar que los desastres no son naturales y que
dependen en mayor o menor medida del grado de exposición y de la vulnerabilidad de la
población. Se deben tener en cuenta, para su análisis, tanto la peligrosidad como la
incertidumbre que, junto a las dimensiones ya mencionadas, constituyen interactivamente
el riesgo.
Metodológicamente se ha trabajado con bibliografía específica, llevando adelante una
indagación cuanti y cualitativa tanto de las características geológicas de los terremotos
como las características geográficas de los lugares afectados y de su población, a fin de
realizar un estudio comparativo del riesgo asociado a ambos sismos.

Palabras clave: Geografía Física - riesgo - incertidumbre

INTRODUCCIÓN

En 2010, en menos de dos meses, dos países latinoamericanos sufrieron los efectos de
intensos sismos. Un terremoto, con una Magnitud Momento 7.3, asoló la capital haitiana el
12 de enero. Otro temblor, pero con una Magnitud Momento 8.81, sacudió el centro-sur de

* Profesora Adjunta de la cátedra Geografía Física II (FaHCE - UNLP). Investigadora en el Centro


de Investigaciones Geográficas / Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales
(UNLP - CONICET). FaHCE - UNLP, 50 entre 124 y 125 s/n, Ensenada. mzilio@[Link]

Ayudante Diplomado de la cátedra Geografía Física 2 (FaHCE - UNLP). Investigadora en el Centro
de Investigaciones Geográficas / Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales
(UNLP - CONICET). Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FaHCE). Universidad
Nacional de La Plata (UNLP), 50 entre 124 y 125 s/n, Ensenada, República Argentina / Centro de
Estudios Integrales de la dinámica Exógena (UNLP-CIC). FCNyM, UNLP. Calle 64, N°3. La Plata,
República Argentina. gdamico@[Link]

Alumno/a adscripto a la cátedra
1La comunidad científica, en particular la United States Geology Survey, utiliza la escala de
Magnitud Momento (Mw). Mide el “momento sísmico”, o sea, la energía liberada por un terremoto.
Chile, el 27 de febrero. Pese a que el sismo chileno fue mucho más intenso, los efectos
más catastróficos los sufrieron y sufren los haitianos, como consecuencia de su mayor
vulnerabilidad social, política y económica.
Este trabajo, desarrollado dentro de la cátedra de Geografía Física II, es enfocado desde
la Teoría Social del Riesgo y tiene como objetivo establecer las causas de los desastres
“naturales” desde una postura alternativa al enfoque tradicional2, entendiendo la
vulnerabilidad en el contexto de sus orígenes políticos, sociales y económicos. Se pretende
demostrar –con ejemplos concretos- que los desastres no son naturales y que dependen
en mayor o menor medida del grado de exposición y de la vulnerabilidad de la población.
Se deben tener en cuenta, para su estudio, tanto la peligrosidad como la incertidumbre,
que junto a las dimensiones ya mencionadas, construyen interactivamente el riesgo.
La explicación sobre el origen de los terremotos ha ido variando en función de las diferentes
culturas y su forma de ver al mundo. Las concepciones naturalistas sobre las catástrofes
producidas por los terremotos evolucionaron a partir del desarrollo de las ciencias
geológicas. Hacia mediados del siglo XX, Holmes (1971), después de una enumeración de
efectos destructivos sobre las ciudades, ponía todo el peso de la responsabilidad en los
terremotos. Más cercanos en el tiempo, Tarbuck y Lutgens consideran que “los edificios de
albañilería no reforzada son la amenaza más grave a la seguridad durante los terremotos”
(Tarbuck y Lutgens, 2005: 325).
Las tendencias actuales rompen con la visión naturalista: “los peligros son naturales, los
desastres son evitables”. Para poder entender los desastres naturales, así como
prevenirlos y recuperarse de los mismos, dicen Romero y Maskrey (1993) es necesario
desprenderse de malas interpretaciones. Por un lado, suponer tanto que se deben a
fuerzas sobrenaturales como naturales: “lo que antes era considerado castigo divino ahora
se le llama castigo de la naturaleza. Por otro lado, usar como sinónimos dos conceptos
muy diferentes, el: ‘fenómeno natural’ y el ‘desastre natural’ (Romero y Maskrey, 1993: 6).
El fenómeno solo provoca un desastre cuando los cambios producidos afectan una fuente
de vida con la cual el hombre contaba o un modo de vida realizado en función de una
determinada geografía.
Metodológicamente se ha trabajado con bibliografía general y específica, tanto a nivel
teórico como empírico., llevando adelante un indagación cuanti y cualitativa tanto de las
características geológicas de los terremotos como las características geográficas de los
lugares afectados y de su población, a fin de realizar un estudio comparativo del riesgo
asociado a ambos sismos. En la selección de los indicadores se tiene en cuenta que estos
son constructos sociales.

MARCO TEÓRICO

Esta nueva perspectiva en la consideración de los desastres ha servido de punto de partida


para comenzar a construir un nuevo marco teórico de la asignatura. En esta primera
aproximación, partimos de tres premisas básicas:
1. La Geografía es una ciencia social. La Geografía Física es un componente
inseparable de esa Geografía y no está escindida de las problemáticas sociales y
económicas, por ende, está enmarcada en las ciencias sociales. Geografía Física II
(Geomorfología) es una parte de la Geografía Física, de la que se separa solo con fines
didácticos.
Consideramos que la Geografía es una ciencia social que estudia la relación sociedad-
naturaleza, por ende, no puede prescindir del estudio de los aspectos físicos, ya que los

No tiene grados porque es una escala adimensional sin un techo máximo. Los autores de esta escala
convirtieron la información del “momento sísmico” a una escala comparable a la de Richter para que
pudiera ser entendida fácilmente por el público en general.
2
Hasta muy avanzado el siglo XX, toda la responsabilidad en los desastres se atribuía a los
fenómenos naturales.
.
objetos y procesos naturales –al igual que los artificiales- son objetos y procesos
geográficos (Santos, 2000). Pero, si bien es imprescindible su estudio no debemos ignorar
que la artificialización del espacio obliga al geógrafo a ir más allá del estudio del medio
físico natural y ocuparse del medio físico construido, asociado a procesos de organización
espacial, entendiendo al espacio geográfico como resultado de una construcción social
histórica (íbid, 2000). El conocimiento de ese ambiente construido desempeña un rol
fundamental en la localización de los acontecimientos actuales y, a decir de Santos “se
contrapone a los datos puramente sociales de la división del trabajo”. (íbid, 2000: 118-119)
2. El estudio geográfico desde una mirada ambiental es un enfoque superador de la
dicotomía Geografía Física/Geografía Humana.
Los planteamientos ambientales, expresa Reboratt, pueden ser una propuesta superadora
de la vieja dicotomía y podrían “volver a ubicar a la Geografía como ´bisagra entre
ciencias´” (Reboratti, 2011: 6). Ya lo afirmaba Beck al hablar de la sociedad del riesgo, “la
naturaleza ya no puede ser pensada sin la sociedad y la sociedad ya no puede ser pensada
sin la naturaleza (…) Los problemas del medio ambiente no son problemas del entorno,
sino (en su génesis y en sus consecuencias) problemas sociales, problemas del ser
humano, de su historia, de sus condiciones de vida, de su referencia al mundo y a la
realidad, de su ordenamiento económico, cultural y político” (Beck, 1989: 89-90). Santos
también tenía una visión superadora de esa dicotomía al afirmar que todos los objetos son
geográficos, “pertenecen al dominio tanto de lo que se denomina Geografía Física como al
dominio de lo que se llama Geografía Humana y, a través de la historia de esos objetos,
(…) esa Geografía Física y esa Geografía Humana se encuentran” (Santos, 2000: 62).
Trabajamos con un enfoque ambiental, donde el ambiente es considerado como un sistema
complejo y dinámico que incluye la interrelación entre la sociedad y la naturaleza. Se realiza
una abstracción de la realidad para estudiar las geoformas pero sin descuidar el estudio de
las complejas interrelaciones existentes. Como expresa Andrade (2006), su estudio debe
desarrollarse teniendo en cuenta la complejidad del entorno, el ambiente cambiante, la
influencia de éste sobre la Sociedad y el rol de la misma en su modificación.
Dicha complejidad, como afirma Morin (1998), es mucho más que la multiplicidad de los
componentes y la diversidad de sus interrelaciones ya que incluye una imprevisión
potencial (no calculable a priori) respecto al funcionamiento de sus componentes que nos
conduce a hablar de incertidumbres. Explica que la complejidad es uno de los grandes
retos del conocimiento actual. Amplia esta idea de complejidad cuando afirma que la
Geografía, ciencia compleja por principio, “recupera sus perspectivas multidimensionales,
complejas y globalizantes. (...), amplificándose hasta convertirse en ciencia de la Tierra de
los hombres" (Morin, 2002: 28 - 31).
3. El abordaje de determinadas problemáticas cuyo disparador se relaciona con
fenómenos geológicos y geomorfológicos desde la Teoría Social del Riesgo nos invita a
buscar sus causas no sólo en los eventos naturales sino también en el ambiente social,
político y económico. Riesgos y desastres son una construcción social.
Con el enfoque tradicional de la asignatura, los contenidos se centraban en el estudio de
estructuras y procesos geomorfológicos, teniendo como base de toda explicación el
principio del Uniformismo, propuesto por Hutton en 1788, y sintetizado en la frase “el
presente es la clave del pasado”.
En la búsqueda de nuevas dimensiones de análisis, en el año 2017 se ha comenzado a
trabajar con un enfoque ambiental, analizando algunas problemáticas desde la Teoría
Social del Riesgo. Si bien la asignatura se ocupa básicamente del estudio de las geoformas
(Geomorfología) y algunos temas geológicos necesarios para una mejor comprensión de
las características de la “epidermis” de la Tierra, no desconocemos el rol de la sociedad.
Todos los cambios que se producen sobre el relieve, y en particular los desastres, no se
deben exclusivamente a eventos naturales. También son el producto del medio social,
político y económico (diferente del medio natural) debido a la forma en que estructura la
vida de diferentes grupos de personas (Blaikie et al., 1996). Por este motivo, resulta
significativo trabajar desde una perspectiva que considera, en el análisis, “las
heterogeneidades de la sociedad implicada, sus situaciones diferenciales y su diferencial
respuesta a un contexto –mundo- homogéneo” (Natenzon, 1995: 11).

El desastre como concepto históricamente construido

La siguiente cronología nos muestra los cambios que se han ido registrando en la
consideración de los desastres y los riesgos. Hasta mediados del siglo XX, los estudios
provenían de las Ciencias de la Tierra, las Ingenierías y la Ecología Humana, pero desde
la segunda mitad se incorpora la dimensión social: Economía Política de los Desastres,
Sociología, Antropología. Se comienza hablar de los desastres y riesgos como una
construcción social (Ríos y Natenzon, 2015).
En la década del 80, comienza a desarrollarse el estudio social de los desastres en
Latinoamérica pero, según Maskrey (1993), su difusión ha estado restringida por varios
factores: su desarrollo como un campo marginal en comparación con la investigación
realizada desde las ciencias naturales e ingenieriles, el no acceso a bibliografía
especializada, la poca difusión de las publicaciones realizadas y la ausencia de estructuras
institucionales adecuadas.
Los años noventa fueron declarados por la ONU como el Decenio Internacional para la
Reducción de los Desastres Naturales, exhortando a los países en desarrollo a participar
activamente en la reducción de la vulnerabilidad al desastre. Siguiendo esa línea, la OEA
ha hecho del manejo de los peligros naturales un área prioritaria y, al respecto, ha publicado
un manual (OEA, 1993).
A partir de los grandes desastres tecnológicos acaecidos en el último cuarto de siglo XX,
como los de Bhopal y Chernobyl, surgieron nuevos planteos sociológicos y antropológicos,
destacándose los trabajos de Beck y de Giddens como referentes teóricos. Beck (1989)
habla de un nuevo paradigma de la sociedad del riesgo, donde la producción social de
riqueza va acompañada sistemáticamente por la producción social de riesgos. Habla de
“un volcán civilizatorio”3 que encierra el surgimiento de nuevos riesgos y conflictos sociales
a partir del desarrollo técnico-económico mismo. Tras la pluralidad de intereses, amenaza
y crece la realidad del riesgo, que ya no respeta las diferencias y las fronteras sociales y
nacionales. Al elaborar la Teoría de la Sociedad del Riesgo, rompe con la tradición
naturalista en la interpretación de los desastres. Una década después, afirma que “los
pilares básicos que sustentaban (dicha teoría) a principios de los noventa, se mantienen
en el siglo XXI, a la vez que se refuerza su carácter global, hasta el punto de que hoy la
«sociedad del riesgo» ha pasado a ser la «sociedad del riesgo global»” (Beck, 2000: 9).
Por su parte, Giddens habla de riesgo y peligro en el mundo moderno y explica que ambos
conceptos están estrechamente relacionados, pero no son la misma cosa. “Lo que el riesgo
presupone es el peligro, no necesariamente el conocimiento del peligro mismo” (Giddens,
1993: 43). La modernidad, afirma, es un fenómeno de doble filo. Por un lado, se han creado
oportunidades enormemente mayores para que los seres humanos disfruten de una
existencia más segura y recompensada, aunque el acceso a la misma sea
extremadamente desigual. El lado oscuro está representado por la amenaza de una
confrontación nuclear y por los conflictos militares reales. En otro de sus libros, Giddens
afirma que el mundo en el que nos encontramos hoy no se parece mucho al que
pronosticaron, “en lugar de estar cada vez más bajo nuestro control, parece fuera de él, un
mundo desbocado“ (Giddens, 2000: 4). Considera que la ciencia y tecnología luchan por
contrarrestar los riesgos que ellas mismas crearon y que muchos de los riesgos e
incertidumbres nuevos nos afectan independientemente de donde vivamos y de lo
privilegiados o marginados que seamos. Los dos sociólogos se refieren a una sociedad
globalizada y en constante riesgo como consecuencia del desarrollo técnico-económico
mismo pero en ambos se observa una visión pesimista sobre el futuro de la Humanidad.

3 Beck (1989) titula “Sobre el volcán civilizatorio. Los contornos de la sociedad del riesgo” a la
primera parte de su libro La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad (1989).
Implícita o explícitamente hacen referencia a peligros y amenazas, vulnerabilidad, riesgo e
incertidumbre.
Sus trabajos comenzaron a ser utilizados en Argentina por Morello, Hardoy, Herzer y
Natenzon. Luego de un breve trabajo conjunto, los tres primeros pasan a integrar “La Red
de Estudios Sociales de Prevención de Desastres en América Latina”, con sede en
Panamá. Más conocida como La Red, ésta va “En-redando y Des-enredando4 a un
importante número de instituciones y profesionales del continente americano”, con el
objetivo de estimular y fortalecer el estudio social de la problemática del riesgo y definir, a
partir de ello, nuevas formas de intervención y de gestión en el campo de la mitigación de
riesgo y prevención. Desde su creación en 1992, se han publicado numerosos trabajos,
entre los que se destacan “Vulnerabilidad”, de Blaikie y otros (1996), que ha sentado las
principales bases teóricas, y “Los desastres no son naturales”, compilado por Maskrey
(1993).
A partir de la Teoría de la Sociedad del Riesgo, Natenzon comienza a trabajar la Teoría
Social del Riesgo y la presenta en una conferencia en San Pablo, en 1994. Forma un
equipo de investigación –del que participa Andrade5 durante un tiempo-. Más adelante,
crea el PIRNA (Programa de Investigaciones en Recursos Naturales y Ambiente), en el
Instituto de Geografía de la UBA. En 2015, modifica su propuesta, enriqueciendo
especialmente los conceptos de peligrosidad y vulnerabilidad (Ríos y Natenzon, 2015).
Con esta visión de los desastres, estamos transitando desde la certeza de la ciencia
moderna a la incertidumbre y los riesgos de la ciencia posnormal (Funtowics y Ravetz,
1993) y avanzando hacia el paradigma de la complejidad. El principio uniformista buscaba
certezas. Está estrechamente relacionado al concepto de ciencia moderna que “se basa
en la suposición de que el mundo natural se comporta de una manera constante y
predecible que puede comprenderse mediante el estudio atento y sistemático” (Tarbuck y
Lutgens, 2005: 7). Con una propuesta superadora, Ravetz (1993) explica que si bien la
ciencia ha avanzado hacia la certidumbre y el control del mundo natural, es la incertidumbre
la que domina en la actualidad con respecto a las decisiones ambientales y tecnológicas a
escala global. Estas ideas se relacionan con el pensamiento de Giddens “se suponía que
el riesgo era una forma de regular el futuro, de normalizarlo y traerlo bajo nuestro dominio.
Las cosas no han resultado así. Nuestros mismos intentos por controlar el futuro tienden a
volver hacia nosotros, forzándonos a buscar formas diferentes de ligarlo a la incertidumbre”
(Giddens, 2000: 14). También Beck (1989) pone fin a las certezas al explicar que la relación
entre los riesgos y los efectos nocivos actuales o potenciales del sistema de producción
industrial abre una posibilidad infinita de incertidumbres. Coincidentemente, afirma Morin
que “el mayor aporte de conocimiento del siglo XX fue el conocimiento de los límites del
conocimiento. La mayor certidumbre que nos ha dado es la imposibilidad de eliminar lo
incierto, no solo en la acción, sino en el conocimiento (…) Conocer y pensar no es llegar a
una verdad totalmente cierta, es dialogar con la incertidumbre” (Morin, 2002: 59-63).

EL DATO EMPÍRICO COMO CONSTRUCTO SOCIAL EN EL ANÁLISIS DE LAS


DIMENSIONES DE LA TEORÍA SOCIAL DEL RIESGO

Para el abordaje de las cuatro dimensiones que construyen interactivamente el riesgo en


el marco teórico planteado, se propone el análisis de una serie de indicadores que han sido
elegidos en función de la lectura de bibliografía general y sustantiva tanto a nivel teórico
como empírico.
Resulta primordial rescatar la conceptualización de los datos empíricos como constructos
sociales. Desde una perspectiva sociológica, Best (en Correa Tellez, 2003; 155) analiza

4 Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina (La Red).


[Link]
5 Como Profesora Titular de la cátedra Geografía Física Argentina del Departamento de Geografía

y Directora del CIG (FaHCE), incorpora la Teoría Social del Riesgo a la UNLP.
los datos como “construcciones sociales capaces de configurar visiones de mundo, darnos
determinada idea de los hechos y las problemáticas sociales, pudiendo convertirse, en
algunos casos, en instrumentos de manipulación” (Best, en Correa Tellez, 2003; 155). Tras
bambalinas, en la construcción de los datos operan supuestos ideológicos, metodológicos,
presupuestarios, entre otros, que afectan las decisiones sobre qué y cómo cuantificar e
incluso, sobre cómo y para quiénes publicar los resultados.
Al momento de seleccionar datos estadísticos de Chile y Haití desde una perspectiva
comparativa, resulta pertinente identificar la metodología utilizada para abordar la
construcción planteada y las instituciones que se encargan de llevar a cabo dicho análisis.
Es importante destacar, además, la pertenencia institucional de los autores que han
realizado trabajos académicos tanto explicativos como propositivos sobre ambos
terremotos. En general, el abordaje del terremoto haitiano ha sido realizado desde afuera¸
por ejemplo, a través del proyecto SISMO-HAITÍ de la Universidad Politécnica de Madrid.
En cambio, los trabajos académicos que investigan distintas aristas del terremoto chileno
presentan, en la mayoría de los casos, autores de ese país.

Peligrosidad

En particular, el relevo de información acerca de fenómenos como los terremotos se realiza


a partir de instituciones nacionales (de existencia, en particular, en países con elevado
riesgo sísmico) e internacionales. En este sentido, Chile cuenta en la actualidad con el
Centro Sismológico Nacional6, institución oficial dependiente de la Universidad de Chile,
creado en 2013 en respuesta al gran terremoto ocurrido tres años antes. El centro cuenta
con una red de sensores, un sistema de comunicación de señales y un centro de
procesamiento de datos, que son liberados a través de un protocolo de comunicación a las
entidades que requieren la información. En cambio, la ausencia de instituciones nacionales
de relevamiento de datos sísmicos en Haití, probablemente debido a la menor recurrencia
de eventos de este tipo y a cuestiones institucionales, político-administrativas y
económicas, hace necesaria la referencia a instituciones internacionales o regionales. En
cuanto a instituciones legitimadas por la comunidad científica a nivel internacional para el
análisis de datos sísmicos, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS por sus siglas
en inglés) es uno de los organismos cuyos datos son generalmente citados en los trabajos
académicos. Posee una red de sensores, en cooperación con otras instituciones,
localizados en distintos lugares del planeta, contando, en relación a nuestro estudio, con
dos en el norte de Chile y uno en República Dominicana (fronterizo con Haití).

Tabla 1. Promedio anual de terremotos, basada en observaciones desde 1900, y ocurrencia de


terremotos en 2010, según USGS.

Fuente: Adaptado de González et al (2011).

La Tierra tiembla más de un millón de veces por año. Estadísticas del USGS (Tabla1) nos
muestran que solo algo más de un centenar de ellos supera la magnitud 6 (González et al,
2011). Sin embargo, la mayor parte de estos sismos no son percibidos por los seres
humanos ya sea porque son de muy baja magnitud o porque se producen en zonas
deshabitadas. Cuando observamos los datos de 2010, vemos que Chile fue afectado por

6 Si bien el centro opera desde 2013, deriva del Servicio Sismológico Nacional, creado en 2008 y
tiene una amplia trayectoria en el análisis estadístico de terremotos.
un terremoto “muy grande”, mientras que Haití sufrió un terremoto “grande”, al igual que
otros 21 lugares.
Natenzon (1995) entiende que la peligrosidad hace referencia a todos los fenómenos físico-
naturales que por razón del lugar en el que ocurren, su severidad y frecuencia, pueden
afectar de manera adversa a los seres humanos, a sus estructuras o actividades. Con la
actualización de su propuesta, Ríos y Natenzon (2015) proponen pensar en la cualidad
peligrosa de los fenómenos en tanto construcción social. Ya sean fenómenos naturales,
artificiales o combinados, los mismos son percibidos de forma peligrosa en la medida en
que puedan afectar al normal desarrollo de la vida en la sociedad. En este sentido, los
autores establecen que en la actualidad, “no existe la peligrosidad, sino muchas, diversas
peligrosidades”.
Analizamos a continuación indicadores específicos del concepto de peligrosidad en los
sismos que afectaron a Chile y Haití, en 2010. Se comparan en un cuadro (Tabla 2) las
características principales de ambos eventos físicos.

Tabla2. Cuadro comparativo de los terremotos de Chile y Haití, en 2010.

Fuente: González et al. (2011).

Terremoto tsunamigénico en Chile. Chile ostenta un dramático ranking histórico a nivel


mundial7. Según datos verificados por el USGS, fue afectado por dos de los diez terremotos
de mayor magnitud desde 1900: el mega-terremoto de Valdivia encabeza la lista (1960,
Magnitud Momento 9.5, 14 minutos de duración). El del 27 de febrero de 2010, que alcanzó
su máxima intensidad en la región centro-sur de Chile, se encuentra en el sexto lugar. El
sector comprendido entre las regiones de Valparaíso y de La Araucanía fue decretado
como “zona de catástrofe”. Lo más devastador no fue el terremoto, sino el tsunami ocurrido
como consecuencia del mismo. Se estima que este último provocó más de 500 muertes,
cientos de personas desaparecidas y millones de damnificados, afectando severamente
las ciudades y pueblos de la zona, generando graves daños a viviendas, edificios e
infraestructura vial (Morales Muñoz, 2010; Barrientos, 2010).
El terremoto, que afectó a Chile en 2010, se originó debido al desplazamiento de la placa
de Nazca bajo la placa Sudamericana (Figura 1), en un área de unos 450 kilómetros de
longitud por 150 kilómetros de ancho (Barrientos, 2010). En el caso del mega-terremoto de
1960, la longitud de ruptura fue de unos 1000 km (González et al., 2011).
La convergencia entre estas placas -a una velocidad variante entre 6.5 a 7 cm/año- es la
responsable de la ocurrencia de los grandes terremotos en Chile, sin embargo, “en la región
de contacto no existe desplazamiento relativo, ambas placas se encuentran trabadas”
explica Barrientos (2010: 416). Afirma que a medida que la convergencia continúa, y al
estar “trabadas” las placas, se comienza a producir una deformación elástica en las
mismas, en cercanías a la zona de contacto (Figura 2). Esta deformación se acumula con
el correr del tiempo hasta que la misma alcanza un punto crítico, momento en el que se

7[Link]
activa la falla en el contacto y se genera el terremoto, permitiendo que la placa de Nazca
penetre finalmente bajo la Sudamericana.

Figura 1. Configuración tectónica de las áreas estudiadas .

Fuente: USGS.

A partir del concepto anterior de “placas trabadas” podemos entender mejor la idea de “gap”
sísmico o zona sin grandes terremotos recientes, que sirvió de base para pronosticar este
terremoto, con una magnitud comprendida entre 8.0 y 8.5. Si bien toda la costa chilena
tiene una gran actividad sísmica, caracterizada además por terremotos de gran magnitud,
hay sectores que no han sufrido grandes eventos sísmicos durante largos períodos de
tiempo. El sismo de 2010 ocurrió en un reconocido gap o laguna sísmica, existente entre
Concepción y Constitución. En la zona mencionada no se tenía constancia de ningún
terremoto de gran magnitud desde el año 1835, en el que Darwin había descrito un gran
sismo. En este gap, en la década del 90 fueron instalados receptores de GPS que
permitieron estimar con certeza que la ocurrencia de un gran terremoto podría producirse
en cualquier momento (González et al, 2011; Ruiz y Madariaga, 2012).
En términos de réplicas, siguiendo con el planteo de Barrientos (2010), su ocurrencia es
un proceso natural que se origina como consecuencia de la alteración del campo de
tensiones internas de las placas al producirse el evento mayor. Es de esperar que ocurran
en la zona que ha sido fracturada, como así también en los extremos de la zona de ruptura.
El autor destaca también que la probabilidad de ocurrencia de otro evento sísmico de
iguales dimensiones al evento mayor en la misma región es muy bajas.

El terremoto haitiano. El terremoto que sacudió Haití en enero de 2010 fue devastador:
un tercio de los 9 millones de habitantes se vio afectado de forma directa, un millón de
personas perdió su casa, y más de 200.000 perdieron la vida. Los funcionarios del gobierno
tuvieron grandes dificultades a la hora de responder, ante los muchos edificios, escuelas y
hospitales destruidos, incluso el palacio presidencial (Naciones Unidas Y Banco Mundial,
2010). Si bien la energía liberada por el terremoto principal fue mucho menor a la liberada
en el terremoto chileno, se incrementó su potencial destructivo al tener su hipocentro a
escasa profundidad y a unos 15 kilómetros de Puerto Príncipe, caracterizado por las
condiciones de pobreza extrema de sus habitantes-.
Haití, que comparte la isla de La Española con la República Dominicana, se encuentra en
el límite entre dos placas tectónicas (Figura 1): la placa del Caribe se mueve
aproximadamente 19-20 mm/año hacia el este-noreste respecto a la placa Norteamericana
(lo que en geología se considera como una falla lateral izquierda). Con estas tasas de
movimiento, cuando pasa tiempo suficiente, se puede llegar a acumular energía elástica
capaz de producir eventos muy significativos.
Para Granja Bruña et al (2011), la interacción de las placas mencionadas ha creado varios
sistemas de fallas activas (y que por lo tanto pueden causar terremotos), entre ellas la
Septentrional, al norte de Haití y la de Enriquillo-Plantain Garden. Estudios sismológicos,
geológicos y geodésicos indican que una o varias fallas subsidiarias a esta última, han sido
las responsables del trágico sismo. Para estos autores, el trágico evento de 2010 cuestiona
los mapas previos de peligrosidad sísmica de la región, que no señalaban la zona como
extremadamente peligrosa, por no haber producido terremotos destructivos durante los dos
últimos siglos.

Consecuencias geológicas de ambos terremotos. Como efectos inducidos por los


temblores estudiados deben mencionarse los procesos de remoción en masa, como
derrumbes y deslizamientos de terreno y desprendimiento de rocas, relacionados con
sectores con gran pendiente, como acantilados y laderas de cerros –en algunos casos
desencadenados por procesos antrópicos- y procesos de licuefacción del suelo (Morales
Muñoz, 2010). Estos procesos produjeron daños en distintas obras de ingeniería (casas,
caminos, puentes, etc.).

EXPOSICIÓN Y VULNERABILIDAD

La exposición se refiere a las construcciones materiales y a la distribución de la población


en el territorio. Es la cristalización material de las acciones sociales. Los conocimientos
necesarios de esta dimensión se refieren a aspectos territoriales y poblacionales: hay que
saber el número de personas expuesta, dónde están ubicadas, si están concentradas o no,
dónde están la infraestructura y los bienes, cuál es la localización de los centros para poder
atender a la gente en la emergencia, dónde poder instalar los centros de evacuados, etc.
La exposición es lo que materialmente está frente a la peligrosidad; entonces, también es
necesario conocer la configuración territorial, las distribuciones geográficas y las
localizaciones de esa materialidad (Natenzon, 2004)

Tabla 3. Indicadores para el análisis de la dimensión de exposición.

Fuente: elaboración propia en base a datos de USGS y: (a) Banco Mundial; (b) Gobierno de Haití,
2010; (c) Cavallo et al., 2010; (d) Secretaría General de la Presidencia de Chile, 2011.

Los datos de la Tabla 3 muestran, como ya se ha mencionado al hablar de peligrosidad,


que el epicentro en Haití coincidió con el área metropolitana de Puerto Príncipe a diferencia
del sismo chileno que estuvo más alejado de grandes concentraciones demográficas. A
esta situación inicial, en Haití, se suma la falta de planificación urbana y los servicios e
infraestructura carenciados y no preparados para sismos.
Para Blaikie et al (1996), la vulnerabilidad tiene que ver con las características de una
persona o grupo desde el punto de vista de su capacidad para anticipar, sobrevivir, resistir
y recuperarse del impacto de una amenaza natural. Implica una combinación de factores
que determinan el grado hasta el cual la vida y la subsistencia de alguien quedan en riesgo
por un evento distinto e identificable de la naturaleza o de la sociedad.
Hay situaciones en las que la población está realmente expuesta a sufrir daño de ocurrir
un evento natural peligroso (Romero y Maskrey, 1993), por ejemplo cuando la gente ha ido
poblando terrenos que no son buenos para vivienda, por el tipo de suelo, por su ubicación
inconveniente con respecto a avalanchas, deslizamientos, inundaciones, etc.; cuando ha
construido casas muy precarias, sin buenas bases o cimientos, de material inapropiado
para la zona, que no tienen la resistencia adecuada, etc. y cuando no existen condiciones
económicas que permitan satisfacer las necesidades humanas.

Figura 2. Mapa actual de densidad de población para las áreas cercanas a los epicentros de los
terremotos de Chile y Haití de 2010.

Fuente: modificado de: Comisión Europea, datos sobre asentamientos humanos,


[Link]

También debe quedar claro que nuestra definición de vulnerabilidad tiene incorporada una
dimensión temporal. Como se trata de daño a los medios de vida y no sólo a la vida y
propiedad lo que está en peligro, los grupos más vulnerables son aquellos que también
tienen máxima dificultad para reconstruir sus medios de subsistencia después del desastre.
Ellos son, por lo tanto, más vulnerables a los efectos de los subsiguientes eventos del
desastre (Blaikie et al, 1996). Esta situación se visibiliza especialmente en la recuperación
de Haití (Figura 3).

Figura 3. Adaptado del esquema conceptual del riesgo de desastres.

Fuente: UNFPA-LACRO (2014).


.
Para el estudio de estas dimensiones, nuevamente el criterio de elección de la fuente de
datos remitió a la posibilidad de analizar indicadores de manera comparativa para ambos
países. En este sentido, el Índice de Desarrollo Humano construido y publicado por el
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), es uno de los parámetros
mayormente utilizados para el análisis comparativo del desarrollo, aunque al constituir un
índice a partir de una fórmula estadística que combina indicadores con valores
promediados, es, a decir de Best, una cifra engañosa (Best, en Correa Tellez, 2010), Como
aproximación a la incorporación de la dimensión de desigualdad, el PNUD también elabora
otros índices alternativos como el IDH ajustado por desigualdad. Asimismo, el índice de
Gini (Calculado en base al coeficiente homónimo) otorga una aproximación a la
interpretación de la desigualdad en la concentración de ingresos de la población.
Chile presenta mejores condiciones económicas en comparación con Haití (tabla 4). Si bien
el Índice de Gini no acusa diferencias significativas (siguiendo la tendencia general de los
países latinoamericanos), el resto de los indicadores muestran una brecha muy marcada.
Se desagregan los parámetros del IDH para una mejor comprensión. Con respecto al IDH,
Chile presenta un valor alto que lo ubica en el puesto 45, en tanto Haití presenta un valor
bajo y ocupa el puesto 145. Cuando se considera el IDH ajustado por desigualdad, ocupan
los lugares 43 y 125, respectivamente.

Tabla 4. Indicadores socioeconómicos seleccionados para la dimensión de vulnerabilidad.

Fuente: Elaborado a partir de datos de informe ONU, 2010, excepto (a) Fondo monetario
Internacional –valores estimados-; (b) Banco Mundial.

En resumen hay condiciones de vulnerabilidad física detrás de las cuales hay causas
socioeconómicas. Hay pueblos que han sido construidos desde su origen sin ningún o con
muy poco criterio de seguridad y puede llamárseles vulnerables por origen, y
adicionalmente hay pueblos enteros, casas, canales de riego, reservorios, puentes, etc.
que con el tiempo van envejeciendo y debilitándose, debido a los factores señalados, a lo
cual denominamos vulnerabilidad progresiva (Romero y Maskrey, 1993).

INCERTIDUMBRE

Barrenechea et al. (2000) definen dos tipos de incertidumbre: la relacionada con las
limitaciones en el estado del conocimiento, denominada incertidumbre técnica, y la
vinculada a indeterminaciones en cuanto a competencias institucionales y aspectos
normativos, conceptualizada como incertidumbre social.
Para Natenzon (1995), para algunas problemáticas, la ciencia no tiene un conocimiento
suficiente de las mismas, o incluso la certeza de que sean problemáticas en sí. Sin
embargo, por los valores puestos en juego cada vez que se desencadena un fenómeno
natural de magnitud, la urgencia política debe dar respuestas inmediatas, por lo que reducir
la incertidumbre social resulta un factor clave a la hora de minimizar el riesgo.
En la Tabla 5 se analizan los indicadores seleccionados para dilucidar la incertidumbre. Se
observa una acuciante diferencia entre ambos países. Haití se encuentra prácticamente
desprovisto de estrategias de prevención y, solo con posterioridad al sismo, se instalaron
unas pocas estaciones de monitoreo. Chile, en cambio, ha sabido responder con
estrategias y planes para prevenir o mitigar los posibles desastres
Tabla 5. Indicadores propuestos para la dimensión de incertidumbre.

Fuente: elaboración propia en base a: (a), Dorfeuille, 2013; (b) Saez del Pino, 2011; (c) ONEMI.

El número de víctimas producidas por el tsunami tiene que ver directamente con esta
dimensión. Según Ramírez y Aliaga Sandoval (2012), una serie de escandalosos errores y
omisiones en los sistemas de información entre el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico
de la Armada de Chile (SHOA) y de la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del
Interior (ONEMI), determinaron graves fallas en la toma de decisiones y que se cancela la
alerta de llegada de grandes olas.

RIESGO

El riesgo se refiere a un potencial evento. Si esta potencialidad se concreta, el resultado


puede convertirse en desastre. Cuando hablamos de riesgo estamos aludiendo a un
proceso social de múltiples determinaciones. Incorporar este punto de vista permite pensar
que para afrontar catástrofes de las características mencionadas se debe incluir en el
análisis todo el conocimiento existente a fin de determinar el riesgo que se corre. Estos
conocimientos implican por lo menos cuatro dimensiones que ordenan la información
necesaria para la previsión. Hemos sintetizado estas dimensiones en cuatro palabras
clave: peligrosidad, exposición, vulnerabilidad e incertidumbre (Natenzon, 2004).
El riesgo social ha sido definido como un resultado imprevisto que sucede como
consecuencia de nuestras propias actividades o decisiones, en lugar de serlo por obra
divina, la fortuna o la fatalidad. Hay riesgo cuando podemos cuantificar, cuando podemos
establecer una probabilidad de ocurrencia de determinado evento. Cuando no es posible
establecer esa probabilidad con respecto a qué va a ocurrir ya no nos encontramos en una
situación de riesgo sino de incertidumbre y, en consecuencia, no tenemos posibilidades
de predecir o prever qué va a acontecer (Natenzon, 2004: 2)
La incertidumbre está colocada en el ámbito de la toma de decisiones pues emerge de la
falta de conocimientos sobre el riesgo en cuestión. Cuando no se sabe qué va a ocurrir
pero de todos modos es necesario resolver el problema porque hay valores e intereses
sociales en juego y no es posible esperar los plazos de la ciencia para obtener la
información y los conocimientos requeridos entonces habrá que basarse en otros
elementos de juicio: la percepción de los actores involucrados y la toma de decisiones
políticas. Negar la existencia de incertidumbres –hecho usual en la emergencia de eventos
catastróficos– las incrementa. En cambio, reconocer que las incertidumbres existen e
incorporarlas como una dimensión más en el análisis es el primer paso para manejarlas y
transformarlas en riesgo. La peligrosidad, la vulnerabilidad y la exposición caracterizan y
definen el riesgo. En la incertidumbre, en cambio, no hay números para poner, y entonces
la resolución será eminentemente política (Natenzon, 2004: 2-3).
A MODO DE CIERRE

“La contraposición naturaleza/sociedad es una construcción del siglo XIX que servía al
doble fin de dominar e ignorar la naturaleza” (Beck, 1989:13). Esta concepción propia del
paradigma positivista tuvo su correlato en la Geografía, dando origen a la clásica dicotomía
Geografía Física/Geografía Humana. Desde fines del siglo pasado, esta visión se ha
transformado. Para este sociólogo, al igual que otros cientistas sociales, la relación
sociedad naturaleza es necesariamente dialéctica.
Riesgos y desastres geológicos son una construcción social, motivo por el cual no están
relacionados exclusivamente a eventos naturales y se deben tener en cuenta, en palabras
de Natenzon “las heterogeneidades de la sociedad implicada, sus situaciones diferenciales
y su diferencial respuesta a un contexto –mundo- homogéneo” (Natenzon, 1995: 11),.
“Hay una «fuerza de atracción» sistemática entre la pobreza extrema y los riesgos
extremos” (Beck, 1989: 47). Cuando se analiza específicamente a Haití, uno de los países
más pobres del mundo, se observa que la magnitud del desastre es producto no solo de
una peligrosidad sísmica importante (factor que comparte con Chile), sino de una elevada
vulnerabilidad relacionada con su historia. En palabras de Rofman (1974), este país aún
está inmerso dentro de una estructura de dominación neocolonial a diferencia de Chile que
ha logrado una autonomía mayor en el desarrollo de sus fuerzas productivas. Mientras que
Chile ha sabido responder con estrategias y planes para prevenir o mitigar los posibles
desastres, el destino de Haití continúa -parafraseando a Beck-, “adscripto al peligro” ya que
no capitalizó los mismos en políticas de prevención que reduzcan la incertidumbre.
Al ser uno de los países más pobres del planeta, Haití también es uno de los más
vulnerables. Su IDH es muy bajo. Sus construcciones no estaban preparadas para
desastres de este estilo y por eso fueron más los derrumbes. La menor profundidad del
sismo y la cercanía a la ciudad más poblada fueron responsables de la intensidad de las
ondas superficiales.
Los chilenos “no corren cuando hay terremotos” porque desde niño/as saben que los
temblores son una constante en sus vidas y participan de simulacros en forma regular
(Robino, 2015). Como dice Zamorano (2015), en el "país más sísmico del mundo" rara vez
se desploma un edificio. Esto se debe a la planificación urbana y al uso de construcciones
antisísmicas. Las normas de construcción son fundamentales. Exigen uso de materiales y
estudios que encarecen mucho la construcción, y aun así, como se demuestra sismo tras
sismo, parecen respetarse.
Se necesita una adecuada planificación que regule a través de normativas, hacia dónde y
cómo puede crecer la ciudad. Si bien en algunos casos sería necesaria la reubicación,
coincidimos con Musset (1996), que hay tantos intereses contrapuestos y resistencias que
el traslado de la ciudad en conjunto no se considera una opción. Ante esto, es imperante
que la planificación no se refiera exclusivamente a regulaciones de índole urbano e incluya
medidas de prevención y mitigación relacionadas con la educación y protocolos de
actuación. Graves errores en el sistema de información y toma de decisión han sido los
responsables de las muertes por tsunami.
En síntesis, con esta mirada de la Geografía Física 2 se intenta transitar del paradigma
positivista hacia el paradigma de la complejidad propuesto por Morin (1998: 32), quien
afirma que “lo enredado, lo inextricable, el desorden, la ambigüedad, la incertidumbre, son
rasgos de la complejidad”.

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 Datos sociodemográficos del Fondo Monetario Internacional [Link]
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