HIMNOS
1. TODO A CRISTO En el monte calvario estaba una cruz,
Emblema de afrenta y dolor,
Todo a Cristo yo me rindo Y yo amo a Jesús que murió en la cruz
Con el fin de serle fiel; Por salvar al más vil pecador.
Para siempre quiero amarle,
Y agradarle solo a Él. CORO
¡Oh! Yo siempre amaré a Jesús,
CORO En mis triunfos, su gloria veré;
Yo me rindo a Él, Y algún día en vez de una cruz,
Yo me rindo a Él, Mi corona Jesús me dará.
Todo a Cristo yo me entrego,
Quiero serle fiel. Aunque el mundo desprecie la cruz de
Jesús,
Todo a Cristo yo me rindo, Para mí tiene suma atracción,
Y a sus pies postrado estoy, Pues en ella llevó el Cordero de Dios
Los placeres he dejado, De mi alma, la condenación.
Y le sigo desde hoy.
En la cruz de Jesús, do su sangre vertió
Todo a Cristo yo me rindo, Hermosura contemplo sin par,
Sí, de todo corazón; Pues en ella el Cordero inmolado murió,
Yo le entrego alma y cuerpo, Para darme pureza y perdón.
Busco hoy su santa unción.
Yo seré siempre fiel a la cruz de Jesús,
Todo a Cristo yo me rindo, Sus desprecios con él sufriré;
Siento el fuego de su amor, Y algún día feliz con los santos en luz,
¡Oh, que gozo hay en mi alma! Para siempre su gloria tendré.
¡Gloria, gloria a mi Señor!
4. ¿QUÉ ME PUEDE DAR PERDÓN?
2. ¡CUAN GRANDE ES EL!
¿Qué me puede dar perdón?
Señor, mi Dios, al contemplar los cielos, Sólo de Jesús la sangre
El firmamento y las estrellas mil; ¿Y un nuevo corazón?
Al oír tu voz en los potentes truenos Sólo de Jesús la sangre.
Y ver brillar el sol en su cenit:
CORO
CORO Precioso es el raudal,
Mi corazón entona la canción, que limpia todo mal;
¡Cuán grande es él! ¡Cuán grande es No hay otro manantial,
él! sólo de Jesús la sangre.
Mi corazón entona la canción,
¡Cuán grande es él! Fue el rescate eficaz,
¡Cuán grande es él! sólo de Jesús la sangre;
Trajo santidad y paz,
Al recorrer los montes y los valles sólo de Jesús la sangre.
Y ver las bellas flores al pasar;
Al escuchar el canto de las aves Veo para mi salud,
Y el murmurar del claro manantial: sólo de Jesús la sangre,
Tiene de sanar virtud,
Cuando recuerdo del amor divino sólo de Jesús la sangre.
Que desde el cielo al Salvador envió;
Aquel Jesús que por salvarme vino Cantaré junto a sus pies,
Y en una cruz sufrió por mí y murió: sólo de Jesús la sangre.
El Cordero digno es,
Cuando el Señor me llame a su presencia, sólo de Jesús la sangre.
Al dulce hogar, al cielo de esplendor,
Le adoraré cantando la grandeza
De su poder y su infinito amor:
3. EN EL MONTE CALVARIO