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Crisis de La Monarquía Borbónica. La Guerra de La Independencia (1808 - 1814) - 1.1. La Crisis Del Reinado de Carlos Iv (1788 - 1808)

resumen del bloque 4 de historia de españa (1788 – 1833)
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Crisis de La Monarquía Borbónica. La Guerra de La Independencia (1808 - 1814) - 1.1. La Crisis Del Reinado de Carlos Iv (1788 - 1808)

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BLOQUE 4: LA CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN (1788 – 1833): LIBERALISMO FRENTE A ABSOLUTISMO.

1. CRISIS DE LA MONARQUÍA BORBÓNICA. LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA (1808 – 1814).


1.1. LA CRISIS DEL REINADO DE CARLOS IV (1788 - 1808).
A) LA MONARQUÍA DE CARLOS IV.
Durante el reinado de Carlos IV, el poder quedó en manos de Manuel Godoy, cuya política de
alianzas con Francia — tras la derrota frente a la Convención y bajo la presión de Napoleón —
arrastró a España a conflictos con Gran Bretaña y culminó en la devastadora derrota de Trafalgar.
La crisis financiera llevó a Godoy a aplicar medidas impopulares, como nuevos impuestos y un
intento de desamortización, que generaron rechazo entre nobleza, clero y campesinado. Su
creciente influencia provocó además la hostilidad del príncipe Fernando. El malestar social,
agravado por epidemias y hambre, desembocó finalmente en motines que responsabilizaban a
Godoy de la grave situación del país.

B) EL MOTÍN DE ARANJUEZ.
La crisis española se profundizó cuando Godoy, con el apoyo de Carlos IV, firmó en 1807 el
Tratado de Fontainebleau, que permitía la entrada del ejército napoleónico en España para invadir
Portugal y preveía su reparto entre Francia y España, otorgando a Godoy un principado.
La presencia de tropas francesas en ciudades como Barcelona, Vitoria y Madrid generó un
creciente malestar popular.
En este clima estalló el Motín de Aranjuez (18 de marzo de 1808), impulsado por nobles y
eclesiásticos, que logró la destitución de Godoy y la abdicación de Carlos IV en favor de Fernando.
Al pedir Carlos IV ayuda a Napoleón para recuperar el trono, el emperador aprovechó la debilidad
de la monarquía española y decidió invadir el país para incorporarlo a su imperio.

C) LA MONARQUÍA DE JOSÉ BONAPARTE.


Napoleón convocó a Carlos IV y Fernando VII a Bayona y allí ambos abdicaron en su favor, lo que
permitió al emperador nombrar a su hermano José I como rey de España. Se aprobó entonces el
Código de Bayona, que proclamaba la igualdad legal y fiscal de los españoles. José I intentó aplicar
reformas para desmontar el Antiguo Régimen, como la eliminación de señoríos y mayorazgos o
medidas desamortizadoras, pero encontró muy poco apoyo porque gran parte de la población
consideraba ilegítimo al nuevo monarca.

1.2. LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA (1808-1814).


A) LA REVUELTA POPULAR Y LA FORMACIÓN DE JUNTAS.
El 2 de mayo de 1808, el intento de trasladar a la familia real a Bayona provocó un levantamiento
popular en Madrid, duramente reprimido por las tropas francesas de Murat. El ejemplo se extendió
por toda España, donde surgieron Juntas locales que apoyaban a Fernando VII y llenaban el vacío
de poder. Pronto se formaron Juntas Provinciales, que asumieron la soberanía, declararon la
guerra a Napoleón y buscaron apoyo británico. Tras la derrota francesa en Bailén, estas Juntas
crearon la Junta Suprema Central en Aranjuez, con figuras como Floridablanca y Jovellanos, para
coordinar la resistencia y gobernar en nombre de Fernando VII. Ante el avance francés, la Junta se
trasladó a Sevilla y finalmente a Cádiz, último bastión español protegido por la flota británica.

B) ACTITUDES SOCIALES, POLÍTICAS E IDEOLÓGICAS.


Durante esta Guerra coexistieron dos grandes posiciones. Por un lado, los afrancesados,
formados por pensadores e intelectuales que apoyaron a José I y su proyecto reformista. Por otro,
la mayoría de la población integró el frente patriótico contra la invasión francesa, aunque con
motivaciones distintas: la nobleza y el clero defendían el retorno del absolutismo con Fernando
VII; los ilustrados esperaban que la restauración del rey permitiera modernizar el país; y los
liberales vieron en la guerra la oportunidad de transformar el sistema político.

C) LAS ETAPAS DE LA GUERRA. LA IMPORTANCIA DE LAS GUERRILLAS.


Napoleón pensó que la invasión sería rápida y fácil, debido a la desorganización de la resistencia española.
●​ Comenzó con una primera etapa (mayo‑octubre de 1808) en la que el ejército francés
mostró su incapacidad para dominar la península. La resistencia de ciudades como Girona,
Zaragoza o Tarragona frenó su avance, y las derrotas de Bailén y El Bruc obligaron a José I a
abandonar Madrid y a las tropas francesas a replegarse hacia el norte.
●​ La segunda etapa (1808‑1812) estuvo marcada por la hegemonía militar francesa, reforzada
por la llegada de Napoleón y más de 150.000 soldados. Aunque lograron restablecer a José I en
Madrid y ocupar gran parte del territorio, no pudieron tomar Cádiz, que se convirtió en un bastión de
resistencia. En estos años cobró gran importancia la guerrilla, formada por grupos irregulares que
hostigaban continuamente a los franceses y dificultaban su control del territorio, obligando a
Napoleón a desviar recursos desde otros frentes europeos.
●​ La tercera etapa (1812‑1814) se inició con la ofensiva aliada dirigida por Wellington,
favorecida por la retirada de tropas francesas hacia la campaña de Rusia. La victoria en
Arapiles(julio de 1812) cambió el rumbo de la guerra, y en 1813 los franceses fueron derrotados en
Vitoria y San Marcial, siendo expulsados de la península salvo algunos focos en Cataluña. El
conflicto concluyó con el Tratado de Valençay (1813), en el que Napoleón reconoció a Fernando VII
como rey de España.

2. LOS INICIOS DEL LIBERALISMO EN ESPAÑA. LAS CORTES DE CÁDIZ Y LA CONSTITUCIÓN DE 1812.
El contexto de la Guerra de Independencia creó las condiciones propicias para establecer en
España una constitución como norma suprema. Esta debía basarse en la soberanía nacional, la
división de poderes y la creación de instituciones representativas, además de suprimir los
privilegios estamentales y gremiales con el objetivo de favorecer el desarrollo del capitalismo y
modernizar el país.

A) LA CONVOCATORIA DE CORTES.
Ante su incapacidad para dirigir la guerra, la Junta Suprema Central decidió disolverse, aunque
antes convocó Cortes. Mientras se organizaban, una regencia de cinco miembros asumió el poder
y promovió una amplia consulta nacional, coordinada por las Juntas Provinciales, para definir las
reformas necesarias. La respuesta general señalaba que el reinado de Carlos IV había llevado a
España a la ruina y que era imprescindible poner fin al absolutismo.
La elección de diputados y su reunión en Cádiz resultaron muy difíciles por el contexto bélico, lo
que obligó a sustituir a muchos representantes por personas ya presentes en la ciudad. El
ambiente liberal gaditano influyó decisivamente en los elegidos.
Las Cortes se inauguraron en septiembre de 1810 y el sector liberal se impuso, estableciendo una
única cámara y rompiendo con la representación estamental. En su primera sesión aprobaron el
principio de soberanía nacional, según el cual el poder reside en los ciudadanos representados en
las Cortes.

B) LA CONSTITUCIÓN DE 1812.
La Constitución de 1812, conocida como La Pepa por promulgarse el 19 de marzo, se convirtió en
el modelo de todas las constituciones españolas del siglo XIX. Elaborada por una comisión desde
1811 y debatida en plena guerra, su aprobación fue difícil debido al enfrentamiento entre liberales y
absolutistas. Con sus 384 artículos, regulaba de forma exhaustiva todos los aspectos de la vida
política y social.
La Constitución incluía una declaración de derechos que reconocía la libertad de pensamiento y
opinión, la igualdad ante la ley, el derecho de petición, la libertad civil y el derecho a la propiedad.
Definía la nación como el conjunto de los ciudadanos de la península y de las colonias americanas.
Establecía una monarquía limitada con división de poderes: unas Cortes unicamerales con
sufragio universal masculino e indirecto, un rey con iniciativa legislativa y veto suspensivo
(siempre refrendado por los ministros), y un poder judicial independiente, base del Estado de
derecho.
Impulsó reformas decisivas: reorganización de la Hacienda, creación de un ejército nacional con
servicio obligatorio, enseñanza primaria pública y gratuita, nueva división provincial con
diputaciones y ayuntamientos, y la Milicia Nacional como fuerza ciudadana. Mantuvo la
confesionalidad católica del Estado.

C) LA ACCIÓN LEGISLATIVA DE LAS CORTES.


Aprobaron un amplio conjunto de leyes destinadas a desmontar el Antiguo Régimen y construir un
Estado liberal.
Entre sus medidas destacaron la supresión de los señoríos jurisdiccionales, el fin de los
privilegios de la Mesta; la abolición de los mayorazgos y la desamortización de bienes
comunales para obtener recursos y aliviar la deuda pública.
También se decretó la abolición de la Inquisición, la libertad de imprenta, yde trabajo, lo que
implicaba la desaparición de los gremios y la unificación del mercado.
Sin embargo, pese a su carácter profundamente reformista, la obra legislativa de Cádiz tuvo escasa
aplicación práctica. La guerra dificultó su puesta en marcha y, tras el regreso de Fernando VII, el
absolutismo fue restaurado, anulando casi por completo la experiencia liberal gaditana.

3. RESTAURACIÓN DEL ABSOLUTISMO E INTENTOS LIBERALES DURANTE EL REINADO DE FERNANDO VII


(1814 – 1833).
El regreso de Fernando (“El Deseado”), planteó el problema de integrar al monarca absoluto,
dentro de un sistema constitucional.

A) LA RESTAURACIÓN DEL ABSOLUTISMO (1814 – 1820).


Tras la aprobación de la Constitución de 1812, los liberales desconfiaban de que Fernando VII
aceptara el nuevo orden constitucional. Aunque inicialmente el rey aparentó someterse a la
Constitución al llegar a Madrid, los absolutistas —nobleza y clero— vieron en su regreso la
oportunidad de restaurar el Antiguo Régimen. Organizados en torno al Manifiesto de los Persas,
presionaron al monarca y movilizaron al pueblo en defensa del absolutismo.
Finalmente, Fernando VII rompió sus promesas y, mediante el Real Decreto de 4 de mayo de
1814, anuló la Constitución y toda la obra de Cádiz, reinstaurando el absolutismo. Poco después
restableció las instituciones señoriales, la Inquisición y los privilegios de la Mesta.
Desde 1815, el rey intentó reconstruir un país devastado por la guerra, con una economía hundida
y con las colonias americanas en plena lucha por su independencia. Los gobiernos se sucedieron
sin éxito, mientras la sociedad había cambiado profundamente: los campesinos rechazaban volver
a pagar tributos, la burguesía exigía la Constitución y los empresarios se oponían al retorno de los
gremios. Además, la incorporación de antiguos guerrilleros al ejército generó un sector militar liberal
que protagonizó varios pronunciamientos.
Ante estas tensiones, la respuesta de Fernando VII fue una represión sistemática, que incluyó el
encarcelamiento y asesinato de numerosos liberales.

B) EL TRIENIO LIBERAL (1820 – 1823).


En 1820, el pronunciamiento de Riego obligó a Fernando VII a restaurar la Constitución de 1812.
Las nuevas Cortes liberales reactivaron las reformas gaditanas (desamortización, fin de señoríos y
gremios, modernización administrativa y fiscal, Milicia Nacional). El rey boicoteó el proceso y
conspiró con potencias absolutistas. Las reformas generaron rechazo entre campesinos, nobleza e
Iglesia, alimentando revueltas absolutistas. A ello se sumó la división liberal entre moderados y
exaltados, que debilitó el régimen.

C) LA DÉCADA OMINOSA (1823 – 1833).


Ante la inestabilidad del país, en abril de 1823, los Cien Mil Hijos de San Luis, dirigidos por el
duque de Angulema, entraron en la península y restauraron a Fernando VII como monarca
absoluto.
Tras restaurar el absolutismo, Fernando VII desoyó las recomendaciones europeas de moderación
y aplicó una fuerte represión contra los liberales. La economía siguió empeorando por la pérdida
colonial, y el rey, incapaz de limitar los privilegios nobiliarios, buscó desde 1825 el apoyo de la
burguesía financiera e industrial, a la que recompensó con un arancel proteccionista favorable a
Cataluña. Su creciente impopularidad alcanzó incluso a los realistas, y en 1827 estalló en Cataluña
la revuelta ultraconservadora de los Malcontents. En la corte, estos sectores empezaron a
respaldar a Carlos María Isidro como alternativa dinástica ante la falta de heredero del monarca.

D) EL CONFLICTO DINÁSTICO.
El nacimiento de Isabel en 1830 parecía asegurar la continuidad dinástica, pero la Ley Sálica,
vigente desde Felipe V, impedía que una mujer heredara el trono. Para garantizar los derechos de
su hija, Fernando VII derogó la Ley Sálica mediante la Pragmática Sanción para asegurar la
sucesión de su hija Isabel, lo que provocó el rechazo de los carlistas. Durante la grave enfermedad
del rey en 1832, estos intentaron restaurar la ley en favor de Carlos María Isidro. María Cristina,
consciente de que solo los liberales podían sostener los derechos de Isabel, se acercó a ellos:
como regente provisional formó un gobierno reformista, decretó una amplia amnistía y preparó la
defensa frente al carlismo. A la muerte del rey en 1833, Isabel fue proclamada heredera y María
Cristina regente, mientras Carlos María Isidro se autoproclamó monarca, desencadenando
sublevaciones en el norte y Cataluña que iniciaron la Primera Guerra Carlista.
3.1. LA INDEPENDENCIA DE LA AMÉRICA HISPANA.
A) LA AMÉRICA ESPAÑOLA A FINALES DEL S. XVIII.
En el siglo XVIII, la América hispana prosperó gracias a las reformas borbónicas, el auge comercial
y las plantaciones esclavistas. Surgió entonces una élite criolla rica pero marginada por el control
económico español y la alta fiscalidad, lo que alimentó sus primeras aspiraciones independentistas.
La independencia de Estados Unidos mostró que la ruptura con la metrópoli era posible y se
convirtió en modelo, mientras Gran Bretaña apoyó los movimientos emancipadores para debilitar a
España y abrir el mercado americano.

B) EL PROCESO DE INDEPENDENCIA.
En 1808, en plena Guerra de la Independencia, los criollos rechazaron someterse a José I y
formaron Juntas autónomas que asumieron el poder en los territorios americanos, sin obedecer a
la Junta Suprema Central. Pronto surgieron focos secesionistas: en el Virreinato del Río de la
Plata, José de San Martín impulsó la independencia argentina (1810); en Nueva Granada y
Venezuela, Simón Bolívar lideró el movimiento emancipador; y en México, Miguel Hidalgo y José
María Morelos encabezaron la lucha independentista.
Las concesiones de Cádiz no frenaron el avance independentista, y la restauración absolutista de
Fernando VII, junto con su política represiva, aceleró la ruptura. Aunque sus tropas recuperaron
temporalmente algunos territorios, Paraguay (1811) y Argentina (1816) ya se habían emancipado. *
●​ Entre 1819 y 1821, las victorias de San Martín y Bolívar permitieron la creación de la Gran
Colombia, mientras Iturbide logró la independencia mexicana. La derrota española en
Ayacucho (1824) aseguró la emancipación de Perú y Bolivia. Tras estas independencias,
España solo conservó Cuba, Puerto Rico y Filipinas en el ámbito colonial.

Entre 1819 y 1821, las victorias de San Martín en Bacayá y Carabobo facilitaron la creación de la
Gran Colombia, origen de Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá. En México, Agustín de
Iturbide logró sumar a la Iglesia y a las élites y proclamó la independencia en 1821. Finalmente, la
derrota española en Ayacucho (1824) consolidó la emancipación de Perú y Bolivia.
Con estas independencias se puso fin a la presencia española en América continental, quedando
bajo dominio español únicamente Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

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