Otra demanda para el Estado
Políticas públicas de
comunicación y ciudadanía
La política pública de comunicación tiene que perseguir el
interés ciudadano para construir mediaciones que hagan
sostenible el desarrollo de medios populares, comunitarios
o cooperativos, con arraigo local que contribuyan a
garantizar el derecho a la comunicación por encima de los
intereses del mercado.
Por Marcelo Valente
14 de julio de 2020
La comunicación es una de las condiciones para que el ciudadano
pueda participar de manera activa en la sociedad civil, ese espacio que
se sitúa entre el Estado y el mercado y que es irremplazable para el
funcionamiento de la democracia dado que constituye, agrega y
redefine intereses pluralistas, genera zonas de igualdad y promueve el
diálogo. Por consiguiente, la finalidad de la política pública de
comunicación no puede ser otra que efectivizar para la ciudadanía la
vigencia del derecho humano a la comunicación.
Conforme lo dicho, el objetivo central de esta política —diseñada,
planificada y ejecutada desde el principio de la comunicación como
derecho humano— apunta a que la esfera pública no quede
mediatizada por una comunicación monopólica cuyo fin es consolidar
los intereses del establishment. En otras palabras, su sentido es que la
sociedad civil no quede atrapada por una mediatización dominante,
privada y concentrada, sino que sus integrantes puedan aspirar a
construir mediaciones propias, haciendo sostenible el desarrollo de
medios populares (comunitarios o cooperativos) o pequeños y
medianos medios privados de arraigo local que vinculen contenido con
territorio.
Hacer efectivo el derecho humano a la comunicación es, por tanto, una
prioridad impostergable, no una elección entre otras. En tal sentido, la
pregunta es qué y cuánto debe hacer el Estado para actuar como
garante de la diversidad de expresiones comunicacionales y fortalecer
el funcionamiento de la sociedad civil para que la disputa simbólica y
cultural por el poder y la construcción del sentido no quede atrapada
en la telaraña de los intereses del mercado.
En el contexto entonces del desafío de hacer viable una comunicación
popular y democrática de calidad, que contribuya a que cada argentino
pueda ser titular del derecho a la información y la comunicación,
planteamos aquí algunas propuestas que apuntan a desenganchar la
actividad de los medios populares de los imperativos de la ganancia y
reinventar un bien público, a saber:
Financiar el funcionamiento del sector mediante aportes
económicos para la adquisición de equipamiento, actualización
tecnológica y garantizar una dotación mínima de trabajadores
registrados. La pauta publicitaria puede ser una respuesta para
superar urgencias en el corto plazo pero no para el mediano y largo.
Promover la producción de contenidos que reflejen valores
históricos, regionales y sociales vinculados a las pantallas, antenas
y medios gráficos de difusión, defendiendo la producción nacional y
la inclusión social.
Impulsar el desarrollo de herramientas tecnológicas orientadas,
entre otras cuestiones, a la convergencia tecnológica, facilitando la
distribución y acceso de contenidos audiovisuales y gráficos en los
distintos dispositivos digitales.
Generar instancias de capacitación y asistencia técnica para
mejorar el desarrollo y mejora de la gestión del conjunto de los
medios populares (construcción de agenda y producciones locales,
estrategias de comercialización, administración, etcétera).
Alentar la cooperación y el asociativismo entre los integrantes del
sector para que actúen como un sistema que supere la
fragmentación actual.
Interactuar con la red pública de medios de gestión estatal para
federalizar la agenda informativa del país.
Crear un registro nacional de formadores de comunicación popular,
a fin de garantizar la financiación de los procesos de formación
priorizando la presencia de actores territoriales.
Otro aspecto a destacar es que la sostenibilidad de las acciones para
proteger el derecho humano a la comunicación es, antes que una
cuestión meramente económica, un proceso organizativo, social y
político. Por ello, surge la necesidad de una ventanilla única para que
la gestión estatal sea eficiente y eficaz y no se dispersen los recursos
destinados al sector de la comunicación popular por superposición de
planes o falta de articulación entre organismos.
Asimismo, la lucha por un sistema de medios públicos independientes
no termina con la financiación. Una vez que se hayan creado las
condiciones materiales para este nuevo sistema, es preciso asegurarse
que siga siendo democrático y controlado por quienes lo gestionan y
miembros representativos del público para que funcione de manera
transparente y de abajo hacia arriba; es decir, en un diálogo constante
con los miembros de la comunidad.
Ahora bien, proponer inversiones públicas en los medios de
comunicación para asegurar y proteger el derecho humano a la
comunicación puede generar objeciones. Una es la preocupación de
que un sistema subsidiado públicamente beneficie a los gobernantes o
que puede ser una pendiente resbaladiza hacia el autoritarismo. La
otra es su costo.
Respecto de la primera objeción, en las naciones democráticas de todo
el mundo subsidian a los medios mientras disfrutan de ese beneficio
democrático. Los medios públicos y las democracias más fuertes a
menudo van de la mano. No obstante, cualquier sistema de medios
públicos debe erigir un firewall para separarlo tanto del gobierno como
de otras influencias poderosas. Y, aunque el gobierno desempeñe un
papel administrativo clave en el establecimiento y la protección de
este sistema, éste debería ser operado de manera independiente a fin
de facilitar el escrutinio público.
Siguiendo con la objeción por el costo, y frente a las dificultades por las
que atraviesa el país, plantear que el Estado financie a los medios
populares puede parecer un desatino. Sin embargo, no lo es. Construir
una estrategia que haga posible el tránsito desde el capitalismo salvaje
al desarrollo con inclusión social necesita del derecho humano a la
comunicación para garantizar la participación democrática de los
ciudadanos en la sociedad civil.
+ Comunicador, integrante de Codehcom y de Desmadejando Ideas